16 Ago 2012

Medallas,no medallitas de la Virgen

Escrito por: Pablo Alcázar el 16 Ago 2012 - URL Permanente

Analizar el mundo, sin aportar soluciones para los males que lo aquejan, no deja de ser una forma de lamento. Cuando uno no puede cambiar el mundo, se dedica a llorarlo, que es lo que prácticamente hacemos todos. El lamento como exorcismo que sitúa al que denuncia y llora la injusticia del lado de los buenos: llora el izquierdista que señala las maldades del mercado, de los bancos, de los especuladores, pero que sigue utilizando los instrumentos de análisis y proponiendo las soluciones del siglo XIX; llora el republicano que engorda día a día la lista de los abusos y la prepotencia de los monarcas y de sus familiares, y que ofrece, como solución taumatúrgica, la restauración de la República, en un momento en que el odio hacia los políticos, incluso en los Estados republicanos, es similar al que se siente por los banqueros y, asimismo, llora la feminista de observatorio y subvención que, amparándose en la brutalidad de algunos machos para con sus mujeres, intenta siempre sacar tajada dialéctica, paridades y discriminaciones positivas, instalada en la queja sempiterna de “lo mal que se ha portado el patriarcado con nosotras”. Inquietan mucho más al oportunista y ambicioso de Gallardón, en sus planes de arrebatar a las mujeres alguno de sus derechos, las 11 medallas –de 17- obtenidas por las atletas españolas en Londres que todas la llantinas interesadas “de género” con las que nos han abrumado, y nos abruman, compañeras políticas, bien colocadas ellas y sus hombres, en puestos de relevancia social muy bien retribuidos. Hay sin embargo quien -la escritora estadounidense Erica Jong, por ejemplo- en medio del barullo, es capaz de decir cómo cambiar algunas cosas: “Si una mujer quiere ser poeta”, o, se me ocurre, campeona olímpica, “debe escuchar la respiración de hombres / durmientes; debe escuchar los espacios entre esa respiración. […] / No debe escribir sus poemas con pene artificial; / debe rezar para que sus hijos sean mujeres; / debe perdonar a su padre su esperma más / valiente”. Pide igualmente Jong a la futura poeta que no escriba sus poemas “con sangre menstrual” ni haga odas “a sus abortos” ni guise “caldos de viejos sueños de unicornio”. Es trabajoso lo que propone la escritora: que las mujeres renuncien al envoltorio satinado que las hacía invisibles en el pasado, que abominen de lo que el patriarcado fijó como “la esencia de la mujer”. Que se atrevan a andar con naturalidad por el nuevo camino sin los escapularios y los detentes que protegían a una señorita del XIX. Nada de medallicas de la Virgen, sólo medallas, y de oro.

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6 comentarios Escribe tu comentario

pazcirujano dijo

Me ha encantado el artículo, ya hay mujeres (muy jóvenes todavía) que tengo la suerte de conocer como alumnas, que no parecen arrastrar el lastre de las que vivimos aquellos tiempos en que España era gris y casposa. viven con naturalidad y son brillantes en sus carreras con naturalidad, todo es cuestión de tiempo. Y a Gallardón que le zurzan, su verdosa ambición le rezuma por los poros y no tiene ni gracia...
Buen fin de semana. Paz

Pablo Alcázar

Pablo Alcázar dijo

pazcirujano, el vendaval especulativo pone en peligro cualquier conquista social y cualquier avance. Y de la misma manera que las guerras sacaron a las mujeres de sus casas para ocupar el puesto de los hombres ausentes, la actual e imprevisible situación puede querer meterlas otra vez en casa y con las aspiraciones quebradas. Y lo que hoy es 'natural' mañana se puede volver raro. Seamos, de todas maneras, optimistas y pensemos que el formidable avance de las mujeres en los últimos 150 años proseguirá en los próximos. Otra cosa no es imaginable. Gracias. Buen fin de semana, amiga.

trasindependiente dijo

La sutileza, como la que tu ofreces en este magníico artículo, está del lado de la superación del enfrentamiento entre lo masculino y lo femenino, y del lado de la superación de cualquier definición dada, de esas que no permiten seguir caminando por la senda de la libertad.

Gracias por mi y por ellas, y saludos.

Pablo Alcázar

Pablo Alcázar dijo

trasindependiente, gracias por tu comentario. He llegado a pensar, tras leer el comentario que transcribo a continuación, obra acaso de "una poeta de esencias" que no me había expresado bien:
"En cada ser existe un “dorado”, hay que descubrirlo, compartirlo, sin prejuicios, ni temores, esos ya los ha impuesto la sociedad y la historia. Es el momento de CREAR, con mayúsculas; nuevas formas de pensar, nuevas maneras de actuar. Para ello, hemos de tener la valentía de aceptar que no somos perfectos, que la vida en sí misma es un camino de aprendizaje. La soberbia en muchas ocasiones ciega a los listos, calla a los inteligentes, convirtiéndonos en grandes “tontos” dueños de la verdad.

¿Seremos capaces de quitarnos la fronda de los frágiles ojos, el betún de los oídos y el tapirujo mental que nos soslaya, aprendiendo a ver, escuchar y pensar?".
Pero compruebo, tras leerte, que tú sí sabes por dónde voy. Gracias, amigo. Un saludo.

Mª Victoria Prieto Grandal

Mª Victoria Prieto Grandal dijo

Me gusta la crítica que haces sobre “la queja sempiterna” de las feministas de observatorio y subvención, las cuales no sé donde estaban al final del franquismo, cuando formábamos las asambleas feministas clandestinas y nos formábamos en el feminismo con unas cuantas “biblias” imprescindibles como “El segundo sexo “ de Simone de Beauvoir o “La mística de la feminidad” de Betty Friedan. Siempre que se me queja alguna sin motivo, porque está rodeada por hombres normales, o sea buenos, me viene a la memoria los versos de una famosa canción de Joaquín Sabina, donde en un contexto diferente, dice:
“…ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,…”

Muy buena esta entrada. Salud!

Pablo Alcázar

Pablo Alcázar dijo

María Victoria, Guiomar, la amada y musa de Machado, al que se acercó por interés y al que nunca quiso, una señora muy aprovechada, también escribió un libro emblématico de esta actitud tradicional de algunas mujeres. Le puso "Esencias". La actitud de poetas grandes como Guillén o Rosales con esta mujer fue curiosa: más relacionada con el cotilleo que con la literatura. Se complacían ellos en enterarse de las minucias de la relación de don Antonio con esta prenda. Guillén le hizo el prólogo de su libro "Sí, yo soy Guiomar" y entre los libros que legó Luis Rosales a la Biblioteca de Andalucía, figura un ejemplar de "Esencias",¡Cotillas!

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