24 Mar 2012

Poesía desde el VIH /SIDA

Escrito por: José Ramón Enríquez el 24 Mar 2012 - URL Permanente

Publicado en el diario Reforma, Sección Cultura, el 23 de marzo de 2012.

La belleza está en la esencia de la poesía. Pero no se reduce a los brillos agradables de lo deseado. Va más allá. También habita en la crueldad de no poder abarcarla o, peor aún, de ver cómo se destruye. Seguramente tal belleza cruel es la que más páginas memorables ha dado a los poetas.

Quienes en los primeros tiempos del VIH/SIDA estuvimos cerca de un ser bello que recibió el diagnóstico de positivo, sabemos del miedo, del dolor y de la rebeldía ante algo que era injusto no sólo por inesperado, sino porque su origen estaba en lo más hermoso de los humanos: el amor. Los fluidos del amor se volvieron mortales.

Y la belleza se volvió entonces miedo antes de dar paso, en la mayoría de las víctimas, al heroísmo, tanto en la lucha por la propia vida cuanto en la solidaridad con sus iguales.

Aunque cada día más el VIH/SIDA puede ser controlado gracias a cocteles de medicamentos hasta convertirse en una enfermedad crónica, cuando el diagnóstico es tardío o no se tiene acceso siquiera a algún médico, entonces la injusticia resulta infame: son los más pobres, los abandonados de siempre quienes sufren sin los auxilios que existen para otros.

¿Puede surgir de ahí la poesía, cuando toda belleza parece corromperse? Sí, y gracias al amor, otro de sus elementos esenciales. Amor se necesita para poetizar la belleza cruel que habita en lo indeseable.

Y Diagnóstico po(e)sitivo, el libro de poemas de Raúl Lugo, recientemente publicado en Mérida por la Editorial Dante, es un testimonio que se vuelve poesía. Un testimonio de amor y de confianza desde el conocimiento de los más débiles entre quienes padecen el VIH/SIDA.

Raúl Lugo no es un caso común dentro de la estructura eclesial a la cual pertenece. Él acude a un Cristo crucificado aquí y ahora, no duro y entronizado en el Cubilete.

Pero es además un poeta que maneja con rigor cada palabra y teje en ritmos largos la belleza que habita en los contrarios. El bien, la verdad y la belleza tienen su correlato en el mal, la mentira y la fealdad. Testigo del miedo y el dolor, el poeta lo es también del amor y de la entrega. Pero enfatiza su vergüenza porque nada consigue borrar la injusticia primigenia.

Su libro arranca con un poema que lleva por título "Diagnóstico" en el que la víctima siente "el odio de Dios transformado en palabra" y concluye con otro "Al Crucificado", a quien ve "enhiesto en el sacrificio. Con altivez / doloroso y gallardo. El Jesús de la Cruz ... / ¡Sangrientamente bello!"

El libro de Lugo es la historia de una conversión, en el sentido exacto de la palabra: convertirse en víctima. No sólo participar de la belleza cruel que la define, sino convertirla en poesía.

Aunque muchos sacerdotes han acompañado enfermos, la postura de la Iglesia en el primer momento no pudo ser más vergonzosa. Golpeó como sólo sabe hacerlo cuando se siente martillo de herejes. Definió que "esa peste rosa" era "castigo de Dios para los sodomitas".

A muchos nos enfurecieron palabras tan estúpidas pero a otros los lastimaron más que el diagnóstico de positivo. La jerarquía ayudó a criminalizar a las víctimas. Entonces, Raúl Lugo publicó un libro en el que, como sacerdote, pedía perdón a los homosexuales por un linchamiento eclesial de siglos.

Ahora, en la pureza de su poesía más íntima, se vuelca entero en un poemario memorable.

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10 Mar 2012

De Hair al soldado Manning

Escrito por: José Ramón Enríquez el 10 Mar 2012 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, 9 de marzo de 2012.

Un nuevo centro cultural, El Tapanco, se inaugura en Mérida. Se trata de un espacio independiente que eligió para abrir sus puertas el espectáculo Tribu Hair, basado en la ópera rock.

La aparición de un nuevo espacio independiente siempre resulta emocionante y bienvenido, sobre todo en el interior de la República que apenas cuenta con lo que hoy suele llamarse "espacios de pequeño formato" y antes llamábamos teatros de cámara, los cuales han sido semilleros para grupos y actores que han hecho historia en nuestros escenarios.

Al tiempo de aplaudir al Tapanco sentimos el miedo a que la realidad económica acabe por vencerlo. Aparte de los esfuerzos indudables, heroicos, de quienes se han entregado a darlo a luz (Bryant Caballero, Alejo Medina, Addy Téyer, Ulises Vargas, Mabel Vázquez y Oswaldo Ferrer), hay dos factores que sabemos indispensables para su permanencia: la afluencia de un público que acompañe la energía creadora y los apoyos tanto públicos como privados.

Eso que solemos llamar (y debemos hacerlo sin vergüenza) mecenazgo ha estado presente en la historia del teatro y el primer mecenazgo debe ser el del Estado, como lo fuera desde tiempos de Esquilo.

El apoyo de los programas federales, por generosos que sean, tiene un fin lógico y deja en ese momento a la intemperie a los grupos (pienso en "México en Escena" y en "40 Grados", comandado sin descanso por Raquel Araujo).

Si los estados y municipios, que cuentan con casas vacías y espacios subutilizados, los arreglaran para teatros de cámara, con la infraestructura y operación mínimas (iluminación, pago de electricidad, técnicos) estoy cierto de que, sin exigir erogaciones excesivas, estarían dando salida a recursos que de otra forma se pierden o se olvidan, por impresionantes y hasta faraónicas que parezcan otras fórmulas.

Obviamente deberán constituirse también comités para elegir a grupos o a proyectos que podrán hacer uso de ellos.

Mientras esto se entienda, es de esperar que espacios como El Tapanco cuenten con un apoyo estatal al cual tienen plenamente derecho.

En cuanto a la ópera rock Hair, de los actores y libretistas James Rado y Gerome Ragni, y con la música de Galt MacDermot, vale la pena recordar que fue estrenada en 1967, un año antes de que ocurriera la matanza de My Lai en Vietnam (antes, pues, de que los norteamericanos medios supieran plenamente lo que ahí ocurría) y armó un verdadero escándalo mundial desde su puesta en escena en el off-off-Broadway hasta su consagración gracias a la espléndida película de Milos Forman.

No puedo dejar de pensar en el joven soldado Bradley Manning, víctima actual de una guerra tan injusta y estúpida como la de Vietnam, que tiene sobre su cabeza la posibilidad de una sentencia de muerte o, en un "acto de generosidad" de los halcones yankees, la pena "menor" de una cadena perpetua. Si conocemos lo que apenas hace unos días el ponente de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Juan Ernesto Méndez, refirió sobre la auténtica tortura a la que Manning fue sometido durante su arresto, no sabría yo cuál de las dos penas resulta mejor para un joven (además homosexual) como Manning.

No sé si todo el grupo que estrenó Tribu Hair en El Tapanco tenga clara conciencia de lo que ataca, pero sí la tienen el director Francisco Solís y la Coordinadora General Addy Téyer.

Larga vida al esfuerzo de El Tapanco. Y no olvidemos nunca a los soldados Manning que enfrentan un poder salvaje.

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25 Feb 2012

Prostituto y ladrón

Escrito por: José Ramón Enríquez el 25 Feb 2012 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 24 de febrero de 2012.

En Nuestra Señora de las Flores cuenta Jean Genet cómo un policía de la cárcel de Cherche-Midi, que escribía la ficha acerca de sus costumbres, le señaló con la punta del índice tendido, pero sin tocarla, una palabra en el papel: "Esta palabra (no se atrevió a pronunciar homosexual) ¿se escribe junto o separado?"

Él debió corregir la ortografía de una ficha que habría de perseguirlo por las cárceles de Francia y marcarlo como homosexual, prostituto y ladrón: "Me quedé enajenado".

En una epifanía, vio entonces cómo los ángeles de Dios "son detalles, encuentros, coincidencias del mismo tipo que ésta: el juego de una punta o tal vez la encrucijada de los muslos de la bailarina que hace florecer en lo hondo de mi pecho la sonrisa de un soldado amado". Aquel policía de la cárcel de Cherche-Midi "tuvo el mundo en sus dedos un instante, y lo miró con la severidad de una maestra".

Genet, al escribir su primera novela, era todavía un presidario en espera de condena y se preparaba en unos Ejercicios Espirituales llenos de oraciones para alcanzar amor, consolaciones, desolaciones y epifanías que habría de plasmar en Nuestra Señora de las Flores, en personajes como Adrian Baillon cuyo apodo da nombre a su libro, o Divine, Mignon, Gabriel.., aun en Paul Ragon quien vivía en Rue Vaugirard (tenía la misma edad que tengo hoy) y murió asesinado por Nuestra Señora de las Flores con su blanquísima corbata.

Genet concluyó y fechó su obra en la Cárcel de Fresnes en 1942. Hace, pues, 70 años. En México la publicó Juan Pablos 30 años después y yo la leí por primera vez en 1975, a mis 30 años, la edad en que debe haber muerto Divine, "santa y asesinada por la tuberculosis", tras lanzar su último escupitajo de sangre. Ese mismo que inmortalizó Lindsay Kemp en Flowers, y vimos conmovidos Bruce y yo en el Liceo de Barcelona en 1977.

La danza de las cifras nunca es casual, bien lo sabían pitagóricos y cabalistas. "Son detalles, encuentros, coincidencias..."

Por ejemplo, este año se cumplen 30 del genocidio de Sabra y Chatila, campo al que Genet fue uno de los primeros occidentales en entrar para testificar, en Cuatro horas en Chatila, un horror perpetrado por falangistas cristianos y bajo la inacción (o la invitación a la acción) de tropas israelíes.

El mea culpa de Ari Folman, uno de aquellos soldados judíos, se plasmó en su inagotable poema cinematográfico Vals con Bashir, en el 2008.

Décadas antes, en 1970, con una escenografía magistral de Alejandro Luna, un poderoso Ludwik Margules montó Severa vigilancia, de Genet, con José Alonso, Fernando Balzaretti y Miguel Flores, insuperables. Esa obra que es un canto a la belleza masculina, al amor entre hombres, al monacato carcelario y al crimen y traición como culminaciones de lo beatífico, electrizó a muchos, entre los cuales me incluyo. Como me electrizó 20 años después (en 1990, plenas perestroika y glásnot) la puesta del grupo soviético Satyricon de Las Criadas, que causó polémica en México y, estoy cierto, Genet hubiera aplaudido a rabiar.

Así pues, mi relación con ese "prostituto y ladrón", convicto y confeso en páginas que han marcado un hito en la historia de la narrativa y del teatro contemporáneos, viene de hace más de 40 años. Una vida de compartir los sueños.

Hace apenas dos años se cumplió el centenario del nacimiento de Genet, y el año pasado cumplió 25 de haber muerto.

Merece ser recordado a los 70 de fechar una obra maestra imprescindible.

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13 Feb 2012

El teatro del poder

Escrito por: José Ramón Enríquez el 13 Feb 2012 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 10 de febrero de 2012.

En cualquier país y época, la transmisión del poder requiere de una puesta en escena que divierta o aterrorice satisfactoriamente a súbditos y ciudadanos. Hoy, en los países democráticos, cualquier proceso electoral es una puesta en escena. Mejor, peor o simplemente pasable pero siempre puesta en escena.

Si el poder no se celebra con escenografías, iluminaciones, vestuarios y actores convincentes, según la definición que se haya dado a sí mismo, siente más o menos perdida su legitimidad. No importa que, en las democracias, se confiese depositario de una soberanía que no es suya: aun así las puestas en escena debe resultar impresionante.

México sufre un año de transmisión del poder con malos actores y carencia de textos. La dramaturgia patria ha sido desplazada por los guiones de video clips o, peor aún, por anuncios televisivos tan caros cuanto inútiles.

Al momento, el PRI parece volver por sus fueros, bien asentado en su capacidad de corrupción y en su estructura territorial, con un actor que balbucea en cuanto deja de funcionarle el apuntador electrónico. Guapo, eso sí, con una estrella de televisión como compañera y una serie de historias picantes que, bien manejadas, pueden hacer las delicias del respetable.

El lobo de mar que pudo haberle ganado la candidatura se retiró por alguna razón que escapa a los simples mortales. Para no romper la unidad, se dice. Por presiones de Atlacomulco, se susurra. Como sea, su puesta en escena sólo necesita de la alegría celebratoria que en 70 años el PRI ejerciera impecablemente.

El PAN se dio con todo pero ya está unido, con una mujer como candidata capaz de remontar al PRI. O eso se piensa. Por si las dudas su puesta en escena será también celebratoria aunque entre bambalinas habrá de ejecutar todas las maniobras que le vio hacer al PRI durante 70 años, implacablemente.

Y algo que insisten en llamar izquierda, va como PRD, PT, Se Me Olvida el de Dante Delgado y como Morena. Todas, agrupaciones para aupar a quien se ha sentido siempre elegido por el dedo Dios: Andrés Manuel López Obrador.

Mientras cualquier dramaturgia estorba al PRI y al PAN, AMLO se ve obligado a cambiar el tono de tragedia histórica para entrar a la comedia romántica con happy end. De cualquier forma el exceso de palabras y el uso de conceptos le resultan peligrosos.

La puesta en escena para este año se veía aburrida y vacua. Como discurso de campañas tan sólo venía apelando a la desmemoria, al desinterés y al fatalismo generales.

Ante tal panorama no puede dejarse de aplaudir la entrada en escena de un nuevo actor: Cuauhtémoc Cárdenas, que cuenta con una dramaturgia abierta para reanudar ese debate que, en su momento, sacara al PRI de Los Pinos.

Cárdenas pone 46 puntos sobre la mesa. Los ofrece a sus correligionarios como Propuesta Programática para el 2012: “Un México para todos. Un país de iguales, con justicia, libertad y soberanía”. Algunos de ellos chocan de frente con las posturas mantenidas por AMLO y otros deberán discutirlos en las izquierdas.

Vienen de las Tesis del XIX y penúltimo Congreso del Partido Comunista o del Convenio entre el PMS y la Corriente Democrática del cual surgiera el PRD. Otras vienen del Nacionalismo Revolucionario, lógicamente en su vertiente cardenista.

Cárdenas merece una ovación agradecida por su entrada a escena. Trae una dramaturgia para discutir más allá de la figura, el género o el rencor trocado en amor y paz. Bienvenido Ingeniero.

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28 Ene 2012

El Hamlet de Segovia

Escrito por: José Ramón Enríquez el 28 Ene 2012 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 27 de enero de 2012.

Entiendo a quienes han aprendido el castellano para leer al Quijote. Pienso que Goethe lo debió haber hecho para leer a Calderón. La vocal débil y la fuerte que se repiten en la obertura de la magna obra calderoniana tienen una violencia que supera cualquier aparataje escénico: “Hipogrifo violento que corriste parejas con el viento”.

Pienso que ello ocurre con la obra de todos los grandes. Y así como me siento un privilegiado por conocer mi lengua, me confieso torpemente incapacitado para gozar con las demás. Me quedo a las puertas, mendigando anécdotas o imaginando peripecias.

Pero sé que la peripecia no es el alma de la tragedia. No lo es el tampoco el relato. Ambos podrían agotarse en el ensayo filosófico o en el periodismo. El alma está en la respiración del texto. Esa que trae a Rosaura cruzando los aires como un misil alado desde las postrimerías del Siglo de Oro.

Y a eso no puedo acceder ni en Esquilo ni en Eurípides ni tampoco en Shakespeare.

Si bastara con anécdotas y peripecias tendría razón de ser la frase lapidaria atribuida a Stendhal: “Los versos fueron inventados para ayudar a la memoria. Conservarlos en el arte dramático es rendir tributo a la barbarie”. Y sería justa la lección de estilo también a él atribuida: leer todos los días el Código Napoleónico.

No. El arte dramático arranca de la respiración de un poeta. De su aliento vital. De cuanto diferencia al ser vivo del cadáver.

Y Shakespeare escribió en verso no para la memoria sino porque tal era su respiración. Inclusive lo combinó con la prosa, como al hacer hablar a su extraordinario Falstaff, para dar una respiración opuesta a la cortesana.

Hay espléndidos traductores de Shakespeare, entre ellos el mexicano Alfredo Michel. Pero la reducción a la nueva lengua deja fuera la respiración del verso. Yo mismo he tratado de darle mi respiración a Shakespeare en versiones en verso, pero sé que ha sido una respiración artificial.

Juan José Gurrola hizo una versión de Hamlet partiendo de que “está fuera de Shakespeare. Se sale de todas las obras que escribió, aunque de muchas maneras la presagien. Hamlet sólo puede compararse con Don Quijote o con el Ulises de Joyce... Es como un prisma... La puedes ver como a la teoría cuántica, por muchos lados, y no tiene solución”.

Sí. Al hablar de Hamlet sé que no me basta la anécdota del príncipe melancólico si no logro escuchar su respiración entrecortada y la violencia verbal de su bipolaridad.

Por eso agradezco tanto la traducción que de Hamlet ha hecho Tomás Segovia y a la que me referí en una colaboración anterior. El verso de Tomás sí consigue traerme la respiración original del melancólico.

Era preciso un maestro del metro, verso y acento para encontrar, en referencia a la que el llama silva modernista, que “si yo escucho la métrica de Hamlet con mi oído español.., ¡oigo el mismo sistema! Si prescindo de la nomenclatura... de la métrica en inglés... lo que yo oigo es una métrica donde predomina... un verso que puede tener 10, 11 o 12 sílabas, pero con el acento de fin de verso sistemáticamente en la 10ª, y con otros acentos fijos en la 6ª o en la 4ª, o a la vez en ésta y la 8ª. Mi oído reconoce perfectamente ese ritmo.”

En la traducción de Tomás se ha producido la esencia del arte dramático: un poeta re encarna en otro, magnífico, que le presta su propio aliento vital para expresarse.

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14 Ene 2012

Estela o discusión

Escrito por: José Ramón Enríquez el 14 Ene 2012 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 13 de enero de 2012.

En año de adiós presidencial, uno momento lamentable, porque pudo haberse evitado, ha sido la inauguración de la Estela de Luz. Hay quien la ha comparado con la toma de posesión, pero aquella no pudo hacerse de otra forma y esta pudo deslizarse sin pretender que comulgáramos con ruedas de molino.

Si ya se había gastado corrupta e inmoralmente en esa estupidez de nuevo rico, debió entregarse a lo bajito, con vals Sobre las olas, para recordar a doña Carmelita Romero Rubio. Pero venderla como “símbolo de la unidad de los mexicanos” lo volvió un esperpento.

Don Porfirio ganó con la Columna de la Independencia que ahí seguirá, si no le cae encima la Estela en algún temblor mal calculado.

De los actos conmemorativos, incluidos relojes en las plazas, pirotecnia, desfiles alegóricos con Coloso incluido, yo rescataría el formidable programa de televisión que llegó a más de 150 programas: “Discutamos México”.

Fernando Serrano, coordinador de la serie, invitaba a los conductores para que estos, libremente, lo hicieran con los participantes. Ello permitió que desfilaran posturas e ideologías diversas y encontradas.

Por ejemplo, ante la vacuidad de los discursos en año de elecciones, quisiera retomar el 123, sobre Derechos Humanos. Al menos me servirá para explicar por qué he decidido anular mi voto.

El programa lo condujo Rodolfo Stavenhagen. Él puso sobre la mesa la falta de derechos efectivos del mundo indígena y Sergio Aguayo hizo dos afirmaciones indispensables: no existe “compromiso con las víctimas” (se les llama “quejosos”, cuando son víctimas, apuntó Álvarez Icaza) y es enorme la “magnitud de su soledad”.

Gloria Ramírez señaló el nudo de la cuestión. Hoy los mexicanos, todos, debemos aprender que “tenemos derecho a tener derechos”. Después entró de lleno al tema para mi vital: el derecho a decidir sobre el propio cuerpo.

Recordó que el PAN, a su triunfo en Chihuahua, modificó las leyes para volver delincuentes a las mujeres en los casos de aborto. Hoy esta sigue siendo la postura panista, a la que se ha unido el PRI en varios estados con razones puramente electoreras, por lo cual me resulta imposible dar mi voto al primero e inmoral otorgarlo al segundo.

Álvarez Icaza señaló varias veces la discriminación de la comunidad lésbico-gay y Miguel Carbonell planteó como “una batalla cultural ganada por la sociedad mexicana el matrimonio entre personas del mismo sexo” en el DF.

Se logró con una Asamblea mayoritariamente del PRD pero con un Jefe de Gobierno que ya no era López Obrador.

Debemos recordar cómo, años antes, cuando se iban a votar en el DF las sociedades de convivencia, AMLO impidió que se ganaran. Algunos lo achacaron a estrategias de acercamiento con el Cardenal (lo cual ya sería gravísimo) y otros supimos por voces cercanísimas a él, que estaba personalmente en contra por cuestiones religiosas. Al contrario de su laico modelo juarista, AMLO, al menos en cuestiones de aborto y de matrimonio gay, no cree en el laicismo.

Esto explica su postura: mandar esos temas a plebiscito, lo cual es peor que la conocida postura panista y que la de un PRI capaz de vender lo que sea al mejor postor. AMLO, sin amor, lanza a una minoría a ser linchada por una mayoría obviamente adoctrinada por las iglesias (incluida la suya) y definitivamente homófoba. Por razones de sobrevivencia, me sería imposible darle mi voto, aunque a él le tenga sin cuidado.

Este es un tema para discutir México y no estelas esperpénticas.

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24 Nov 2009

Poe y el infierno

Escrito por: José Ramón Enríquez el 24 Nov 2009 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 20 de noviembre de 2009.

¡Cómo nos hace falta Jorge Ibargüengoitia! A la lideresa de un PRI realmente existente, que presume de feminista, y se viste de indígena con modelos de Dior, y pacta con la ultraderecha panista no sólo para impedir mínimas causales de aborto sino para encarcelar a las más lastimadas de entre las más jodidas, ¿quién podría explicárnosla sino Ibargüengoitia? Y en ese PRI disfrazado de PT, ¿quién sino él podría dilucidar la Asunción a los Cielos de Juanito? ¿Y la canonización de Martín Esparza por un obispo al que guardo, sin ironía alguna, el mayor de mis respetos y mi admiración inquebrantable, aunque confunda con el Subcomandante Marcos a un charro surgido de los modos más vergonzosos que legó Fidel Velázquez? Pero cada pueblo ha perdido al humorista que no se merecía.

Mientras tanto, yo releo la diatriba que, a propósito de Poe (estamos en su bicentenario), lanza Baudelaire contra la democracia y no puedo estar de acuerdo, porque.., no. Porque soy y seguiré siendo un demócrata (como sigo y seguiré admirando al único obispo de izquierda que tenemos en activo, aunque bendiga a Martín Esparza), y creo que si no es con democracia ni otro milagro del Tepeyac puede salvarnos. Seguramente es mi fe la de un personaje de Jorge Ibargüengoitia.

Pero la diatriba antidemocrática de Baudelaire prefiero pasarla rápido para quedarme con otros conceptos de un gran poeta que, generosamente, rescató y promovió para las generaciones a las que yo pertenezco a un inmenso poeta del profundo Sur norteamericano. Finalmente comparto la repugnancia que le causaba a Baudelaire esa burguesía que algún día fuera sujeto revolucionario y ya para su tiempo era detentadora de un poder que conserva hasta la fecha, destilado hasta los excesos de un neoliberalismo que ni Poe se atreviera a soñar.

No soy de los que piensan que Edgar Allan Poe era un mal escritor. Aun sin leer inglés creo que una prosa que tradujo Cortázar en dos volúmenes de casi mil páginas cada uno, tenía que haberlo seducido para emprender semejante empresa, y para hilar tan fino una Introducción como la suya.

A dos siglos de su nacimiento y a siglo y medio de su trágica muerte, Poe me seduce, como a millones de lectores suyos, porque es profundamente humano y porque envidio su capacidad para hacer del sueño su espacio vital, con todas las consecuencias del hecho: la incomprensión y el rechazo, el doloroso amasiato con el alcohol, la incapacidad de amar más en la vida que en el dolor profundo de la muerte.

La mirada de Poe, en todas las imágenes que de él conservamos, nos habla de una profunda tristeza, pero de una tristeza que todos hemos conocido y a la que tenemos miedo. Sí. Es en mucho la tristeza de quien ha viajado suficientemente por el delirium tremens. Mis antiguos amigos teporochos lo reconocerían de inmediato como uno de los suyos: “ese ha visto el diablo”, me dirían. Pero es también el fruto destilado de la melancolía, y también en la melancolía de verdad (no sólo la que hoy se diagnostica tan fácilmente como depresión) se suele ver al diablo.

Tal vez por eso uno de los textos más herméticos de Poe me resulte tan seductor: Silencio. Esa pesadilla en la que habla con el demonio en un espacio infernal que en nada se parece al lugar común del infierno cristiano:

“Y de improviso levantóse la luna a través de la fina niebla espectral y su color era carmesí. Y mis ojos se posaron en una enorme roca gris que se alzaba a la orilla del río, iluminada por la luz de la luna: Y la roca era gris y espectral y alta; y la roca era gris. (…) y al volverme y mirar otra vez hacia la roca vi que los caracteres decían DESOLACIÓN.”

Reconocemos la horrible epifanía. Aunque el diablo se ría, nosotros no podemos. Se manifiesta el mal donde no hay viento y el agua es sangre ya. Donde toda la ridiculez que Ibargüengoitia vio en una clase en el poder que se alimenta inclusive de sí misma, suicida y lamentable, adquiere por fin su terrible sentido: esta es la tierra que habremos de heredar a los que vengan. Es la visión de Poe que hoy entendemos. Es el infierno.

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10 Nov 2009

La gesticulación como destino

Escrito por: José Ramón Enríquez el 10 Nov 2009 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 6 de noviembre del 2006.

A 30 años de la muerte de Rodolfo Usigli y 62 del estreno de El gesticulador, revisar ambos es adentrarse en lo más profundo del ser nacional.

Estamos tan lejos de la Revolución dentro de la cual nació Usigli que ya preparamos los festejos de su Centenario. Y, aunque estamos ya a siete años de la “salida” del PRI, aún podemos afirmar que la gesticulación somos todos: priístas fieles a su partido, priístas tránsfugas y disfrazados del logo que se diseñó para las izquierdas o aun del blanquiazul escudo que algún día se quiso demócratacristiano, “congelados” a la manera de Bukowski, amnésicos de toda la vida y hasta esas víctimas que aunque sea en una ráfaga de instante devienen victimarios.

En Del fraude al milagro. Visión de la historia en Usigli (UAM, 2009), afirma Bruce Swansey:

El gesticulador –he aquí la causa por la cual sigue ejerciendo su fascinación-- impone al espectador una disciplina tanto estética como ética en la medida en que no puede ver desfilar la agonía de César Rubio de manera impune. En cierta forma, el drama que vive César Rubio es el del espectador, atrapado también en una maraña de signos falaces cuya lectura resulta estratégica para su sobrevivencia. A fuerza de simular, Rubio transforma su naturaleza.”

Sólo en “cierta forma” porque sólo él pudo hacerse pasar verosímilmente por un héroe trágico, pero todos soñamos con que llegue el momento en que la simulación nos haga ricos. Ricos y poderosos y admirados y merecedores de tanta cortesanía como nosotros hemos ejercido.

Arrinconada aquella enseñanza evangélica de que “la verdad nos hará libres” aspiramos humildemente a que la gesticulación nos haga padres de la patria.

Pero es muy complejo el laberinto en que estamos metidos para conseguir tales laureles. Octavio Paz lo llamó El laberinto de la soledad, Roger Bartra nos ve dando vueltas como ajolotes en nuestra Jaula de la melancolía, Jorge Portilla atinó en el centro de nosotros todos al vernos desde una Fenomenología del relajo. Y también son muy complejos el laberinto, la jaula y la fenomenología del propio personaje que fue Rodolfo Usigli. Para entenderlo a mayor profundidad era necesario un libro como el de Swansey, mexicano pero con suficientes años lejos del hogar como para ajustar su lente sin las deformaciones de la inmediatez.

Bruce Swansey ve el bosque en toda su amplitud pero también conoce los árboles porque son entrañablemente suyos. Además, es un investigador acucioso y un escritor brillante. Para las nuevas generaciones que no lo han tenido en el aula ni leído sus artículos semanales, vale la pena transcribir la solapa con la cual los editores (Álvaro Ruiz Abreu es Director de Publicaciones de la UAM) lo presentan en Del fraude al milagro:

“Fundamentalmente escribidor, Bruce Swansey se ha desempeñado como viajero, docente, crítico de teatro y literatura, cronista de lo que se percibe mediante la mirada lateral, narrador y, pro expresas rupturas vitales, algo poeta. Fue profesor de la UAM-Xochimilco en la carrera de Comunicación social y tuvo durante años una columna de crítica en Proceso. También ha publicado en la Revista de la Universidad de México. Actualmente es profesor de la Dublin City University en el área de estudios literarios e interculturales.”

Tras entrar por la muy sugestivo puerta de la claustrofobia de Ensayo de un crimen, desde la cual analiza la cuestión familiar y la construcción de la personalidad del joven Rodolfo Usigli, Swansey se acerca a sus “comedias impolíticas”. Va comparando estos primeros escarceos dramáticos del autor con sus posteriores textos teóricos. Y, para completar su Visión de la historia en Usigli, como reza el subtítulo de su libro, Swansey se acerca analíticamente a las tres “Coronas”.

Pero concluye:

“Queda, pues, en el centro de su obra El gesticulador, principio y fin de todos sus textos, síntesis de lo mejor, de lo más fidedigno que supo dar al público y al país precisamente porque ahí expresó lo que él creía que era la verdad, asumiendo un auténtico riesgo existencial.”

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25 Oct 2009

Solares y la Revolución

Escrito por: José Ramón Enríquez el 25 Oct 2009 - URL Permanente

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 23 de octubre del 2009.

Hace casi 20 años se estrenaba El Jefe Máximo, obra de Ignacio Solares sobre el encuentro de dos fantasmas, el del Padre Pro y el de Plutarco Elías Calles, en dos espacios fantasmales: el despacho de Calles y un escenario de nuestros días. Encuentro imposible que, sin embargo, debió darse en la soledad de un general, ya muy anciano, que practicaba el espiritismo.

En ésa como en toda su obra, Solares se mantenía al margen y permitía que sus personajes se expresaran. Huía del juicio moral. Descartaba tanto el homenaje acrítico como la diatriba sin sentido que llenan nuestros libros de historia patria no sólo hasta deshumanizarla sino hasta volverla incomprensible y ridícula.

Recuerdo que al término de las funciones, los protagónicos recibían sus felicitaciones, además de por su calidad actoral (¡Miguel Flores y Jesús Ochoa!) por sus seguidores ideológicos: callistas y neocristeros fortalecían argumentos y nos llenaban de anécdotas. Se veían reflejados porque Solares había sabido tocar la médula de la historia, que trasciende lo académico y aun todo "realismo" para perderse por los caminos del sueño.

Cuando montamos El Jefe Máximo, Solares había publicado dos novelas modélicas: La noche de Ángeles y Madero, el otro. Son dos viajes al interior de cada uno de sus personajes con la cordialidad y sabiduría de quien quiere entenderlos aunque se sabe separado por décadas y se acepta heredero de muchos de aquellos ideales, miembro de una generación también victimada por traiciones, manipulación y violencia.

Una reflexión como la de Solares borra cualquier sombra de oportunismo ante las "festividades" de los Centenarios que hoy nos atosigan. Sin embargo, es ejemplo de lo que debería de hacerse: entrar a la historia con el bisturí bien afilado, el corazón a punto para compartir el pathos contradictorio de los unos y de los otros, y con la pluma dispuesta para el texto litúrgico que merecen personajes de tal calibre.

Vuelve hoy Ignacio Solares a ofrecernos el oficio de su bisturí, las contradicciones de su corazón y el vuelo de su pluma en un nuevo libro, Ficciones de la Revolución Mexicana (Alfaguara, 2009), que en relatos breves permite el desfile de una serie de personajes centrales, todos amables y odiosos, al mismo tiempo y en los mismos sentidos. Personajes posibles e imposibles, en momentos definitivos para la forja del México de hoy que ya nada tiene ver con ellos pero que es, sin duda, resultado de sus dudas, sus errores, su violencia, sus sueños, sus vidas y sus muertes.

Como un ejemplo de las contradicciones que rompen toda lógica está la muerte de Gustavo, el hermano del Presidente. Solares dibuja la escena con maestría. ¿Quién es responsable de la muerte de ese inocente? ¿Huerta, que había demostrado su condición de chacal exterminando a indígenas como él mismo, sólo que mayas, en las postrimerías de la Guerra de Castas yucateca? ¿Su propio hermano, Francisco I. Madero, el apóstol que, como Juana de Arco, seguía sus voces? Obviamente la orden partió de Huerta, pero ¿no pudo impedirla Madero, y al hacerlo cambiar el rumbo de la Revolución? El bisturí afilado nos lleva a 1887, cuando Arnulfo Arroyo pudo haber asesinado a Don Porfirio y Bernardo Reyes tomar su sitio para neutralizar a figuras como Venustiano Carranza, al cual vemos expandirse, en otra escena inolvidable: la de su encuentro con Ángeles, revolucionario puro, y con Obregón, cínico genial. Encuentro que significa la sentencia de muerte de Ángeles y lo lleva, por una extraña vía, de Madero hasta Villa. Ficciones, del gran escritor que es Solares nos enfrenta a la realidad no superada: México conservó el cinismo de los más y extravió la grandeza de los menos.

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10 Oct 2009

Sindicalismo en el teatro

Escrito por: José Ramón Enríquez el 10 Oct 2009 - URL Permanente

La reciente toma de las instalaciones del Centro Universitario de Teatro por miembros del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México que ahí laboran ha provocado una serie de protestas y subsiguientes comentarios que vale la pena traer a cuento porque afectan al teatro mexicano en su conjunto.

En realidad, fuera de la defensa que de ellos hace el Delegado Sindical Asunción Ramírez Chon, en el excelente reportaje de Carlos Paul de La Jornada, las posturas que he podido conocer tanto en diarios nacionales como en redes sociales han sido de rechazo y condena. Me llama la atención que un Delegado Sindical, miembro de la comunidad teatral desde hace años y quien sabe que una huelga debe seguir lo marcado por el Contrato Colectivo y por la Ley Federal del Trabajo, defienda una toma que no es más que un simple secuestro, del cual son víctimas la Universidad en su conjunto y, muy especialmente, los estudiantes a quienes todos en el CUT se deben.

Fotografías que han circulado por la red muestran cómo las clases fueron impartidas en la explanada, durante el tiempo en que estuvo tomada la escuela. Y ello lo testifica Luz Emilia Aguilar en su colaboración semanal de Excélsior. La reconocida investigadora ubica así el problema:

"El CUT no es un teatro común, se trata de una escuela para la formación y experimentación teatrales... El acceso de los estudiantes al equipo de sonido, iluminación y tramoya es fundamental para cumplir con los planes de estudio. Ceder a las exigencias de un puñado de técnicos hasta hace poco coadyuvante responsable y respetuoso... significaría un golpe mortal a la probada calidad de esta escuela, que ha dado mucho de lo mejor del capital humano con el que cuenta el teatro de arte en nuestro país... Es increíble que un puñado de trabajadores secuestre el CUT".

No puedo menos que suscribir cada palabra de Luz Emilia como lo ha hecho toda la comunidad teatral. Pero lo ocurrido no ha quedado ahí y vale la pena alentar un debate que toca la médula del hecho teatral en México, sobre todo en un momento en que los recortes presupuestales amenazan como nunca a la cultura.

Entre otras reflexiones ha circulado públicamente una carta cuyos responsables son David Olguín y Jorge Vargas, y a la cual se sumaron desde un primer momento Claudio Obregón, Rosa María Bianchi y Gabriel Pascal, entre otros, figuras con la mejor reputación ética y estética.

El tema da para un debate mucho mayor. Pero en la brevedad de esta columna sólo quisiera iniciarlo al rescatar algunos puntos centrales de esta carta (la suscribo por completo) que, al referirse a lo ocurrido en el CUT, plantea:

"Sabemos que prácticas semejantes han convertido a los teatros del INBA en botín para el saqueo sistemático de los presupuestos a través del régimen de horas extras. Ahí los técnicos parasitan los espacios, exprimen los presupuestos y obstaculizan la práctica teatral en espacios que a la comunidad artística le son cada vez más inaccesibles e inhóspitos...
"La base del conflicto radica en que los técnicos del CUT pretenden ignorar el doble propósito de los teatros... para el público y para la formación actoral... quieren impedir que los alumnos hagan uso del equipo técnico obstaculizando, así, una de las grandes virtudes del CUT: la formación integral de la gente de teatro...
"Defendemos el derecho de los artistas profesionales y de los estudiantes de teatro a mantener sus espacios fuera de los manejos y manipulaciones de los sindicatos que, lamentablemente, hoy son uno más de los cánceres que tienen postrado al teatro nacional."

Las organizaciones sindicales eficaces son triunfos irrenunciables de la clase trabajadora, pero décadas de clientelismo y corporativismo corrupto han introducido la búsqueda de privilegios por la fuerza del chantaje o los intercambios electoreros.

Debe seguir el debate pues, junto con los destinatarios del arte, los estudiantes y trabajadores de la cultura resultamos víctimas de prácticas indefendibles.

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José Ramón Enríquez

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pánico escénico

Dramaturgo, poeta, director de teatro y actor, nació en la Ciudad de México siendo parte de la primera generación de hijos de refugiados españoles.
Su experiencia abarca actividades que van desde el periodismo hasta la docencia, lo que le ha llevado a coordinar artísticamente el proyecto de Laboratorios del Teatro Santa Catarina y dirigir el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información “Rodolfo Usigli” del INBA, así como el Centro Universitario de Teatro de la UNAM; recibiendo galardones como el Wilberto Cantón, el Seki Sano, el Jacinto Guerrero y el Juan Ruiz de Alarcón.
Como escritor cuenta con varios libros publicados de poesía, teatro y ensayo. En tanto director de escena, ha montado obras de autores como Ignacio Solares, Lope de Vega, Juan José Millás, Carlos Fuentes, Federico García Lorca, el Arcipestre de Hita, María Elena Aura, Sergio Magaña, Samuel Beckett y Miguel Ángel Canto, entre otros; además de textos propios. Y como dramaturgo, han sido llevadas a escena sus obras «Jubileo», bajo la dirección de Luis de Tavira, en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón; «Madre Juana», dirigida por Francisco Marín, en el Teatro José Peón Contreras; «La manta que las cobija», dirigida por Rogelio Luévano, en Casa del Teatro; la ópera «Alicia», con música de Federico Ibarra y dirección de Luis Miguel Lombana, en el Palacio de Bellas Artes, o «Matar chavitos», bajo la dirección de Antonio Crestani, en el Centro Cultural Helénico; entre otras. Ha sido maestro de la Universidad Modelo y de la Licenciatura de Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores y socio fundador de Teatro Hacia el Margen, A.C.

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