09 Jun 2008

Otoño en Niagara-on-the-lake

Escrito por: Ali el 09 Jun 2008 - URL Permanente

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Y aunque solo estás unas pocos de paso, hay lugares que te envuelven en su embrujo. Cuando empecé el viaje aquel día no me imaginé que iba a conocer este lugar. Este pequeño pueblo cercano a la Cataratas del Niágara, en pleno otoño y con las tiendas a pleno rendimiento preparando la llegada de las Navidades.

Nunca me ha gustado ese manía de los americanos de empezar la Navidad dos meses antes de que en realidad empiece. Pero tengo que reconocer que este pueblecito todo tenía su encanto. Desde la típica tienda de adornos de Navidad hasta esa pequeña pastelería con las galletas de jengibre.

Esto sí que es un verdadero otoño.

05 Jun 2008

Pensando en futuros viajes

Escrito por: Ali el 05 Jun 2008 - URL Permanente

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Pillada en uno de esos viajes que te hacen pensar. En una de esas ciudades que te dejan una huella. Esos sitios a los que siempre quieres volver porque te han sabido a poco. Desde lo alto de ese centro comercial que todos visitan y en el que nadie compra, me puse a pensar en mi pillaron.

Y es que últimamente pienso en los sitios a los que gustaría volver y no en sitios nuevos para visitar. Pienso en que me encantaría volver a Dublín, mi segunda ciudad adoptiva (la primera siempre será Salamanca), andar por sus calles y gastar el poco dinero que me queda en las librerías irlandesas. Sueño con volver a Roma y pasar unos días en Niagara-on-the-lake, ese pueblecito que me robó el corazón y que tanto paz me trajo.

Lo bueno de todo es que ya he estado allí y me quedan las fotos y el recuerdo, pero no puedo dejar de pensar en el regreso.

29 May 2008

¿Por qué no me gustan los aeropuertos?

Escrito por: Ali el 29 May 2008 - URL Permanente

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La última vez que estuve en un aeropuerto no estuve sola. Tal vez por eso no sentí lo que siento cuando estoy sola y me parece que estoy en un limbo internacional del que no sé cómo salir o si quiero hacerlo.

Tal vez ya os he contado mi secreto, o tal vez no. Ahí va a bocajarro y sin anestesia: No me gustan las despedidas. Tal vez por eso no me gusten los aeropuertos. Porque aunque son muchas las bienvenidas que veo cuando estoy en un aeropuerto, son algunas despedidas de las que siempre me acuerdo.

26 May 2008

Ciudadana del mundo

Escrito por: Ali el 26 May 2008 - URL Permanente

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A veces cuando viajo, me gusta perderme por las calles de esas ciudades que no conozco. Me gusta dejar mi guía a un lado y perderme por complicadas callejuelas y vivir el ritmo de la ciudad que visito.

Pero otras veces me dejo llevar por lo que todo el mundo ve. Por esos lugares que aparecen en películas famosas o en las series que veo a la hora de la siesta. Eso me pasó con esta zona de Madrid. El oso y el madroño, el kilómetro 0 o el famoso cartel de TIO PEPE era algo que no me podía perder de Madrid. Pero de todo lo que visité, me sigo quedando con algo que no esperaba sentir cuando lo visité por primera vez.

Que a pesar de que mucha gente de la que vive en Madrid no ha nacido allí, se sienten parte de la ciudad. Porque como me dijo una vez alguien que conocí en Madrid, esta ciudad nos acoge en su vientre como si fuesemos sus hijos. Y tal vez eso sea lo que más me gusta de viajar. Olvidarme que soy de un determinador lugar para sentirme por unos días ciudadana de esa ciudad y de su mundo.

22 May 2008

Soñando con Europa

Escrito por: Ali el 22 May 2008 - URL Permanente

He vuelto a soñar. He vuelto a soñar pensando en los viajes que me tocará hacer el año que viene. Y mientras soñaba me di cuenta de que lo hacía despierta. En medio de aquel montón de gente que gritaba y lloraba de alegría, allí estaba yo soñando con hacer mi mochila y conocer otro país de Europa.

Pero yo no era la única. Había cientos de personas, que como yo, soñaban despiertos con futuros viajes y futuras alegrías. Pero como no se vive del futuro, sino del ahora, aquí me tienes... pensando que todavía estoy soñando y que nada de lo vivido el domingo fue verdad.

Y que critiquen lo que quieran, después de casi 26 años esperando esto ya ha llegado. Nos ha costado 95 años, pero ya no es un sueño, Europa es una realidad.

13 May 2008

Leyendo y viajando

Escrito por: Ali el 13 May 2008 - URL Permanente

La mayoría de las veces los libros nos ayudan a viajar a otros países, nos ayudan a conocer costumbres que en nuestra pequeña pecera no tienen cabida y sin darnos cuenta nos encontramos rodeados de personas nuevas que nos acompañan durante días por aguas totalmente distintas a las nuestras.

Por eso me gusta leer. Porque sin quererlo, se me abren puertas nuevas. Porque sin quererlo respiro aires nuevos y ni siquiera tengo que trasladarme a esos limbos de babel que son para mi los aeropuertos. Porque viajo en cada página y me ayuda a conocer mejor mi vida y esas otras vidas a las que no sé si algún día llegaré a conocer in situ.

Y sin darme cuenta, como si el tiempo fuese traicionero y no quisiera revelar sus intenciones hasta este mismo día, me doy cuenta de que he cumplido otra mayoría de edad. Que ese mes de mayo, he cumplido 18 años yendo mes tras mes a una biblioteca de pueblo. Y que yendo allí he conocido mundos y personas que nunca imagine.

Porque viajar no consiste solo en desplazarte. Porque los viajes se pueden hacer sentados en un rincón de nuestro salón, sentados en nuestro sillón favorito.

28 Abr 2008

Ciudades para volar

Escrito por: Ali el 28 Abr 2008 - URL Permanente

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Y cuando estoy en una ciudad diferente, cuando salgo de mi pecera quiero volar. Y hay ciudades que me lo permiten. Ciudades que dejan volar mi imaginación, me dejan volar con su metro y sus esculturas me dicen que un día dejaré de ser pez. Cuando mis escamas se transformen en alas y pueda salir volando. Pero entonces encontraré que he perdido la cabeza, que me he vuelto irremediablemente loca y que siempre habrá algo que me ate o que me detenga.

Pero yo seguiré loca por volar. Por conocer otras ciudades y volar por sus cielos que tanto me llaman la atención. Tal vez sea un locura. Lo sé. Pero se supone que he perdido la cabeza...

25 Abr 2008

Cielos del mundo

Escrito por: Ali el 25 Abr 2008 - URL Permanente

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Muchas veces no importa el cielo baje el que estés una noche. Todos parecen iguales, aunque con mayor o menor concentración de contaminación. Pero cuando estoy en una ciudad distinta a la mía me gusta mirar al cielo. Tal vez sea una tontería, pero nunca he tenido una fijación por la luna. Nunca me ha llamado excesivamente la atención ese gran lunar blanco. Lo que siempre me he parado a mirar son los cielos azules de esas otras ciudades.

Tal vez porque he nacido y crecido en un clima tan lluvioso, siempre me llaman la atención esas ciudades en las que aunque haga un frío artíco, cada mañana me saluda un sol implacable. Como en Salamanca.

Esa ciudad que adoptó cuando cumplí la mayoría de edad y de la que siempre guardaré mis mejores recuerdos. Esta foto es de ese cielo. De esos días en los que amanece soleado y que, a medida que avanza el día, se vuelve lluvioso. Es tan extraña esa combinación de azul y blanco. Ese cielo despejado y esas nubes que anuncian tormenta. Y es raro, porque muchas veces me siento así. Tranquilidad y tempestad. ¿Influirá que sea Geminis en esta dualidad que tengo dentro de mí ultimamente?

24 Abr 2008

Seis segundos de oscuridad

Escrito por: Ali el 24 Abr 2008 - URL Permanente

COMO AYER FUE EL DIA DEL LIBRO Y EL JURADO DE UN CERTAMEN DE RELATOS CORTOS NO FALLÓ EN MI FAVOR. AQUÍ OS DEJO UN RELATO QUE HE ESCRITO... ES MI PEQUEÑO REGALO POR EL DÍA DEL LIBRO.

SEIS SEGUNDOS DE OSCURIDAD

Cuando el sol se esconde al llegar el atardecer, todo parece tranquilo en la pequeña bahía de la ciudad costera. En esos momentos en los que todo parece en calma, la luz anaranjada del sol tiñe las piedras de un tono rojizo, el mar adquiere un aire misterioso y el cielo parece el infierno salido del centro de la tierra.
Todo está en calma, sólo se escucha el mar. Las olas que van y vienen, la marea que cada vez se hace más alta y el viento que parece murmurar palabras que nadie entiende.

En lo alto del acantilado se ve una silla hecha de hierro forjado. Está bañada con pintura antioxidante para que la sal marina y el viento del puerto no la hagan envejecer con los años. Es más alta que un árbol, como si hubiese crecido aspirando ser asiento para los dioses. Es parte de un monumento dedicado a las mujeres de los pescadores, que pacientes se sentaban cada tarde y esperaban ver entrar por la bahía a los barcos en los que faenaban sus maridos. Se sentaban, cosían, esperaban, hablaban y sólo sonreían aliviadas cuando veían aparecer las naves de sus parejas por el horizonte que intuían lejano y traicionero.
Justo enfrente del acantilado donde rompen las olas con fuerza se ve una isla con un faro. Desde tierra la estructura parece pequeña. Pero en realidad es alta y vigorosa y tan blanca que incluso aunque no sea de noche, la luz de sus paredes lo ilumina todo. Del conjunto destaca el techo que tiene forma de tejado de templo japonés, como si el faro tuviera delirios de grandeza y quisiera iluminar las lejanas costas de oriente.
Todo parece en calma. Nadie se sienta ya a esperar, ningún barco vuelve de faenar el duro cantábrico y sólo de vez en cuando alguien revisa el mecanismo electrónico del viejo faro. Ninguna mujer queda ya, sólo la silla esperando.

El mar, el cielo y el viento parecen hoy tranquilos. Y en la aparente quietud del atardecer, comienza a iluminar el faro. Al principio apenas se nota su luz, pero poco a poco comienza a hacerse latente hasta que se convierte en una guía imprescindible para las almas solitarias de la noche.
Ambos, silla y faro, parecen ajenos a sus distintas realidades. El uno ilumina el futuro de los marineros que lo ven desde la lejanía y la otra se estanca en el pasado de esas mujeres que tanto tiempo miraron hacia el infinito. Ninguno parece querer revelar su secreto. Pero en la oscuridad todo se hace más sonoro. Lo que antes parecía un murmullo ahora es un lamento. Lo que antes parecían pequeñas caricias ahora son besos furtivos del viento. La noche vuelve intenso lo que antes era apenas perceptible y la quietud que parecía dueña de la bahía ya es sólo un débil recuerdo, convirtiéndose segundo a segundo en una brisa fría que trae el amor incondicional a los amantes. Los mismos que se miran día tras día en la distancia, que aguantan la lluvia, el granizo o el frío norteño. Esos que se conforman con mirarse a la cara durante horas y que esperan para dar rienda suelta a su amor cuando la luna despierta los secretos inconfesables.
Ese sentimiento guardado a la luz del sol que cada atardecer va creciendo con el viento y con las olas. Un amor prohibido entre silla y faro, separados por el mismo mar que es cómplice de sus besos, que desean ser amantes aunque un océano se empeñe en alejarlos.

Y es entonces cuando la oscuridad se convierte en imprescindible, el más mínimo haz de luz se hace aterrador y la noche bendice el amor que se antoja imposible. La penumbra es la perfecta aliada para los amantes distanciados y secretos, que sólo se rompe cuando, cada seis segundos, el faro lo ilumina todo con su luz cegadora. Cada seis segundos el viento y la marea son los únicos sabedores de lo que pasa. El viento trae las caricias y el mar lleva los besos. Y durante esos seis segundos de oscuridad, la silla y el faro se saben queridos. Ambos descubren, durante esos momentos, que la espera ha merecido la pena, que durante esos breves instantes la oscuridad es la dueña de sus vidas.
Pero entonces hasta esa luz, guía para las almas nocturnas, se convierte en molesta. Y la silla espera que la bombilla del faro se estropee y el faro anhela no brillar con tanta fuerza. Con tanta energía lo desean, que la naturaleza se alía con ellos de nuevo. Y así aparece la bruma, que hace que todo sea confuso y sin sentido y engañando hasta al más astuto de los mirones.
Cuanto más oscura es la luna y más nublada está la noche, más disfrutan los amantes de los segundos de oscuridad absoluta en los que no se siente molestados por miradas indiscretas o por murmullos de desaprobación. Y esos instantes, nadie puede imaginarse lo que pasa entre ellos.

Pero no todas las noches son tranquilas como hoy. Cuando los amantes sienten desesperanza, el mar y el viento se enfurecen. Son tan altas las olas y el agua rompe con tanta fuerza en las rocas, que la dura piedra cede y suelta pequeñas lágrimas por la triste silla.
Otras noches, el aire se vuelve cálido como cuando dos enamorados se han dejado llevar por el juego amoroso y el agua se queda tranquila después de la tormenta que trae la reconciliación.
Y aunque no todas las noches sean iguales, siempre les acaba sorprendiendo el primer rayo de sol matutino, como el de hoy.

Ya está amaneciendo. La luz del faro pierde su influencia sobre el cielo y la tierra y poco a poco el alba deja intuir lo que será un nuevo día en la pequeña bahía de la ciudad costera. Comienzan a aparecer los barcos y los visitantes más madrugadores suben los primeros metros del acantilado, mientras los amantes intuyen su despedida.

Mientras el sol se despereza y la luna se acuesta, la silla y el faro se resisten a dejar escapar ese calor han compartido esta noche. Y ambos se resisten ante la llegada del adiós, alargan los últimos segundos de oscuridad compartida, participando en una última certeza. Que dentro de algunas horas volverán a sentirse vivos durante seis segundos en la oscuridad.

Y aunque muchos son cómplices de esta vida paralela, todos hacen oídos sordos a las palabras murmuradas y no quieren ver los besos en silencio como si el universo conspirase para ellos.

23 Abr 2008

¿Alguien me invita a Roma?

Escrito por: Ali el 23 Abr 2008 - URL Permanente

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Repito la pregunta: ¿Alguien me invita a Roma? Yo pongo la guía...

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