24 Abr 2008

Seis segundos de oscuridad

Escrito por: Ali el 24 Abr 2008 - URL Permanente

COMO AYER FUE EL DIA DEL LIBRO Y EL JURADO DE UN CERTAMEN DE RELATOS CORTOS NO FALLÓ EN MI FAVOR. AQUÍ OS DEJO UN RELATO QUE HE ESCRITO... ES MI PEQUEÑO REGALO POR EL DÍA DEL LIBRO.

SEIS SEGUNDOS DE OSCURIDAD

Cuando el sol se esconde al llegar el atardecer, todo parece tranquilo en la pequeña bahía de la ciudad costera. En esos momentos en los que todo parece en calma, la luz anaranjada del sol tiñe las piedras de un tono rojizo, el mar adquiere un aire misterioso y el cielo parece el infierno salido del centro de la tierra.
Todo está en calma, sólo se escucha el mar. Las olas que van y vienen, la marea que cada vez se hace más alta y el viento que parece murmurar palabras que nadie entiende.

En lo alto del acantilado se ve una silla hecha de hierro forjado. Está bañada con pintura antioxidante para que la sal marina y el viento del puerto no la hagan envejecer con los años. Es más alta que un árbol, como si hubiese crecido aspirando ser asiento para los dioses. Es parte de un monumento dedicado a las mujeres de los pescadores, que pacientes se sentaban cada tarde y esperaban ver entrar por la bahía a los barcos en los que faenaban sus maridos. Se sentaban, cosían, esperaban, hablaban y sólo sonreían aliviadas cuando veían aparecer las naves de sus parejas por el horizonte que intuían lejano y traicionero.
Justo enfrente del acantilado donde rompen las olas con fuerza se ve una isla con un faro. Desde tierra la estructura parece pequeña. Pero en realidad es alta y vigorosa y tan blanca que incluso aunque no sea de noche, la luz de sus paredes lo ilumina todo. Del conjunto destaca el techo que tiene forma de tejado de templo japonés, como si el faro tuviera delirios de grandeza y quisiera iluminar las lejanas costas de oriente.
Todo parece en calma. Nadie se sienta ya a esperar, ningún barco vuelve de faenar el duro cantábrico y sólo de vez en cuando alguien revisa el mecanismo electrónico del viejo faro. Ninguna mujer queda ya, sólo la silla esperando.

El mar, el cielo y el viento parecen hoy tranquilos. Y en la aparente quietud del atardecer, comienza a iluminar el faro. Al principio apenas se nota su luz, pero poco a poco comienza a hacerse latente hasta que se convierte en una guía imprescindible para las almas solitarias de la noche.
Ambos, silla y faro, parecen ajenos a sus distintas realidades. El uno ilumina el futuro de los marineros que lo ven desde la lejanía y la otra se estanca en el pasado de esas mujeres que tanto tiempo miraron hacia el infinito. Ninguno parece querer revelar su secreto. Pero en la oscuridad todo se hace más sonoro. Lo que antes parecía un murmullo ahora es un lamento. Lo que antes parecían pequeñas caricias ahora son besos furtivos del viento. La noche vuelve intenso lo que antes era apenas perceptible y la quietud que parecía dueña de la bahía ya es sólo un débil recuerdo, convirtiéndose segundo a segundo en una brisa fría que trae el amor incondicional a los amantes. Los mismos que se miran día tras día en la distancia, que aguantan la lluvia, el granizo o el frío norteño. Esos que se conforman con mirarse a la cara durante horas y que esperan para dar rienda suelta a su amor cuando la luna despierta los secretos inconfesables.
Ese sentimiento guardado a la luz del sol que cada atardecer va creciendo con el viento y con las olas. Un amor prohibido entre silla y faro, separados por el mismo mar que es cómplice de sus besos, que desean ser amantes aunque un océano se empeñe en alejarlos.

Y es entonces cuando la oscuridad se convierte en imprescindible, el más mínimo haz de luz se hace aterrador y la noche bendice el amor que se antoja imposible. La penumbra es la perfecta aliada para los amantes distanciados y secretos, que sólo se rompe cuando, cada seis segundos, el faro lo ilumina todo con su luz cegadora. Cada seis segundos el viento y la marea son los únicos sabedores de lo que pasa. El viento trae las caricias y el mar lleva los besos. Y durante esos seis segundos de oscuridad, la silla y el faro se saben queridos. Ambos descubren, durante esos momentos, que la espera ha merecido la pena, que durante esos breves instantes la oscuridad es la dueña de sus vidas.
Pero entonces hasta esa luz, guía para las almas nocturnas, se convierte en molesta. Y la silla espera que la bombilla del faro se estropee y el faro anhela no brillar con tanta fuerza. Con tanta energía lo desean, que la naturaleza se alía con ellos de nuevo. Y así aparece la bruma, que hace que todo sea confuso y sin sentido y engañando hasta al más astuto de los mirones.
Cuanto más oscura es la luna y más nublada está la noche, más disfrutan los amantes de los segundos de oscuridad absoluta en los que no se siente molestados por miradas indiscretas o por murmullos de desaprobación. Y esos instantes, nadie puede imaginarse lo que pasa entre ellos.

Pero no todas las noches son tranquilas como hoy. Cuando los amantes sienten desesperanza, el mar y el viento se enfurecen. Son tan altas las olas y el agua rompe con tanta fuerza en las rocas, que la dura piedra cede y suelta pequeñas lágrimas por la triste silla.
Otras noches, el aire se vuelve cálido como cuando dos enamorados se han dejado llevar por el juego amoroso y el agua se queda tranquila después de la tormenta que trae la reconciliación.
Y aunque no todas las noches sean iguales, siempre les acaba sorprendiendo el primer rayo de sol matutino, como el de hoy.

Ya está amaneciendo. La luz del faro pierde su influencia sobre el cielo y la tierra y poco a poco el alba deja intuir lo que será un nuevo día en la pequeña bahía de la ciudad costera. Comienzan a aparecer los barcos y los visitantes más madrugadores suben los primeros metros del acantilado, mientras los amantes intuyen su despedida.

Mientras el sol se despereza y la luna se acuesta, la silla y el faro se resisten a dejar escapar ese calor han compartido esta noche. Y ambos se resisten ante la llegada del adiós, alargan los últimos segundos de oscuridad compartida, participando en una última certeza. Que dentro de algunas horas volverán a sentirse vivos durante seis segundos en la oscuridad.

Y aunque muchos son cómplices de esta vida paralela, todos hacen oídos sordos a las palabras murmuradas y no quieren ver los besos en silencio como si el universo conspirase para ellos.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

blasftome dijo

Silla, faro, amantes, enamorados,....: Voy -ráudo- a apagar la luz que la oscuridad es su principal aliado.
Besos.

Ali dijo

Blas seguro que ellos te lo agradeceran eternamente.
Besos

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