06 Oct 2008

La espada de Yerman

Escrito por: Pat el 06 Oct 2008 - URL Permanente

Los días siempre empiezan igual. No hay nada que avise de que algo va a ser diferente. Para pillarte a traición. Sin darte tiempo para digerir.

Seis y veinte. Suena el despertador. Ducha. Toca pelo. Café. Metro. Oficina. Enciendo el ordenador. Abro el correo. Bla blá, bla blá. Lo de siempre. Diez y media. Levanto la cabeza. Busco a Eva, a Manu y a Yerman. Consigo captar la mirada de alguno de ellos. Es la señal. Nos levantamos y vamos a la cafetería. Bla blá, bla blá.

Nos sentamos alrededor de una mesa redonda. Manu va a pedir los cafés porque es un caballero. Yerman se acerca a la barra para ayudarle a llevarlos a la mesa porque es un caballero. Yo voy a buscar un taburete que falta y se lo ofrezco al que le falta porque soy un caballero. Eva cuida la mesa porque es un caballero. Y todos los días cambiamos los roles porque somos caballeros.

Cuatro cafés. Uno en vaso templado, dos en taza templados. El mío caliente, para abrasarme. Bla blá, bla blá.

Yerman pide la palabra. Le cuesta, pero nos callamos. Me han buscado un trabajo en otra empresa, o lo acepto o en noviembre me echan. Me quedan cinco días.

No. Espera. Esto no es lo de siempre. Has roto la cadena. A traición. Y me pregunto cómo se comporta uno como siempre cuando como siempre cambia, así, sin avisar. Manu dice qué asco. Manu dice que cada vez queda menos gente afín. Yerman no entiende y pregunta ¿qué? Y es que no puede pensar. Manu contesta que cada vez quedan menos personas con las que se lleva bien. Somos cuatro gatos. Bueno, a partir de la semana que viene sólo tres, puntualizo. Eva dice que le da mucha pena. Yo miro a Yerman, que está triste. Y tengo ganas de abrazarle, pero no lo hago, porque como me ha pillado a traición, aún no he obtenido respuesta al cómo comportarme cuando como siempre deja de ser como siempre. Removemos el café. Y fumamos. Y miramos al suelo. Y respiramos hondo. Y nos hacemos más duros mientras aún no hemos asimilado que dentro de cinco días ya nadie pedirá el café en vaso.

Los días empiezan siempre igual. Aunque no lo vayan a ser. Incluso aunque sepamos que no lo van a ser. Seis y veinte. Suena el despertador. Bla blá, bla blá. Es el último día que está Yerman. Hoy va a ser igual pero mañana no. Así que tampoco hoy va a ser igual. Porque un último día no puede ser igual que los demás.

Ducha. Toca pelo. Café. Metro. Oficina. En mi mesa encuentro una espada de espuma. Reluce y brilla. Hay otra en la de Manu. Y otra en la de Eva. Germán se acerca. Las vais a necesitar, nos dice. Sólo quedáis tres, y tenéis que resistir.

Diez y media. Después de encontrarse nuestras miradas nos dirigimos los cuatro al café. Cuatro cafés. Uno en vaso templado, dos en taza templados, uno en taza caliente para abrasarme. Todos sobre la mesa redonda. Os voy a echar de menos, dice Yerman. Yo aprieto los dientes, vuelvo a tener ganas de abrazarlo y vuelvo a contenerlas apretando la empuñadura de mi espada. Miro la mesa redonda. Y por mucho que diga que las pilló en el chino, yo sé bien que las sacó de una piedra. Y sé que tengo que ser valiente porque soy un caballero. Y con espada en la mano me siento más segura ante el futuro, y los días diferentes que queden por llegar. Aunque me pregunto si también servirá para llenar el vacío que a partir de mañana habrá tras un café con leche en vaso.

30 Sep 2008

Idiota

Escrito por: Pat el 30 Sep 2008 - URL Permanente

Soy uno de esos tipos que pueden llegar a correr el riesgo de considerarse listos. Los éxitos intelectuales son capaces de alimentar una vanidad recalcitrante. Acierto un asombroso número de preguntas en los concursos de la tele, pero desde casa, para no apabullar. Mi intuición y capacidad analítica me hacen adelantarme a los Ministros de Economía en cuanto a tendencias económicas, e incluso a los propios ciclos. Y en mi trabajo, cuando surge una cuestión complicada, mi opinión es de obligada referencia. Mis compañeros y amigos me admiran, y yo se lo digo. No me admiréis en voz alta, que después tiene que ocurrir algo para darme cuenta.

Algo como cuando compré la cámara de vídeo. Yo era un gran aficionado a la fotografía, especialmente a la fotografía vertical. La fotografía vertical me conmueve. Pero entonces compré la cámara, y busqué planos imposibles, e imágenes subyugantes. Y antes de darme cuenta estaba filmando con la cámara al revés. Pero no me di cuenta en el momento, sino cuando me puse a editar la cinta y vi a toda esa gente con los pies en el lado izquierdo del monitor y la cabeza en el derecho. Y pensé en que tendría que dar la vuelta a la tele, porque esa realidad invertida no servía ni como cine experimental. Y pensé que después de todo no era tan listo. Era uno más. Y yo se lo conté a mis amigos, para que me creyeran. Y dejaran de contribuir a hacerme sentir aquello que no soy.

Y es que es mucho más duro darse cuenta de sopetón, cuando pasa algo, que tratar de contener la arrogancia día a día. Para eso fue muy útil dejarla marchar, pues lo de la cámara no deja de ser anecdótico. Pero cuando a diario me llega su recuerdo, y la pienso andando con sus zapatitos y su sonrisa amplia mirándome feliz, con sus pies a la derecha de mi cabeza, y su cabeza a la izquierda, pues los recuerdos son así de caprichosos y experimentales, me pongo en mi sitio, y me digo que después de todo no soy tan listo. Después de todo soy un idiota que correría el riesgo de creer lo contrario si no fuera por ella, las imágenes invertidas, y unas cuantas cosas más.

28 Sep 2008

Qué nos ocultan nuestros hijos

Escrito por: Pat el 28 Sep 2008 - URL Permanente

Hace unas semanas leí un artículo que se llamaba como este post. Como parte interesada, aunque bien pudiera imaginarme el contenido, lo leí con avidez. Se había elaborado un estudio con una serie de jóvenes, que de forma anónima, habían consentido escribir aquello que jamás contarían a sus padres. Los resultados eran los esperados y más. Tengo novia, mantengo relaciones sexuales, bebo alcohol, me he emborrachado, he probado drogas, hago peyas, no tengo amigos. Esta última me dejó impresionada. ¿Con qué fin un niño puede ocultar esto? Pues en el fondo con el mismo por lo que ocultan todo lo demás, pero con este ejemplo queda mucho más claro. Una cosa es que los padres quieran a los hijos. Pero otra muy distinta es que los padres se sientan orgullosos de ellos. Y ese niño con problemas sociales, poco popular, nada líder y sin amigos, no quiere decepcionar a sus padres. Al igual que el que se emborracha, la que ha abortado, y el que fuma porros. Y es que, a pesar de tanta rebeldía, tanta adolescencia, y tanta autoafirmación, existe en la gran mayoría de nosotros la necesidad de no decepcionar. La necesidad de saber que tus padres se sienten orgullosos de tí. Y en cierto modo, es una necesidad que se mantiene a lo largo del tiempo: desde la infancia hasta la madurez.

Así que cuando hoy, mientras comíamos, me ha comentado mi padre: "he escrito tu nombre en Google y han salido un montón de cosas", de entrada me he acordado del artículo de antes, porque me he sentido como una adolescente abriendo el papel de aquello que les oculto. De modo que ahora respiraré hondo como una adulta, esperando no defraudar...

24 Sep 2008

El desatasco

Escrito por: Pat el 24 Sep 2008 - URL Permanente

Ayer, Mateo, un compañero de la oficina, se dirigió a mí y me dijo:

- Patricia, tú que eres ama de casa, ¿me puedes ayudar con un problemilla?

He de reconocer que me habría sentido menos ofendida si me hubiera calificado de culo pera que de ama de casa. Cosa que no entiendo, porque me parece una profesión muy respetable, y de hecho a veces me gustaría ser más apañada para ciertas cosas, y saber coger el bajo de los pantalones, con qué producto salen las manchas de tinta en la ropa, hacer taladros, o qué supermercado es el más barato. Pero lo cierto es que salvo porque sé cocinar, me considero un ama de casa absolutamente mediocre. Y no sólo eso, sino que, por motivos que desconozco, me siento profundamente orgullosa de serlo. De modo que no entiendo demasiado bien por qué entre todas las mujeres que poblamos la pradera, y siendo él más amo de casa que yo (vive solo, luego se ocupa de la casa al 100%), se haya dirigido a mí para tales menesteres. De modo que, aguanté el dardo de Mateo como pude, y con los ojos llenos de ira contenida, escuché atenta sus problemillas:

- Pues el caso es que creo que se me ha atascado el fregadero. Soy un poco desastre, y a lo mejor no retiro del todo bien la comida que cae, y… el caso es que me he ido esta mañana y lo he dejado rebosando de agua porque no la tragaba He intentado con un desatascador de ventosa (y me escenifica el trabajo, para mayor desagrado), pero nada ¿Qué puedo hacer?

Entonces le respondí con una gran sonrisa lo que toda buena ama de casa como yo haría:

- Llamar a un fontanero.

Dado que la conversación fue en voz alta, Mateo tuvo la suerte de que la oficina estaba llena de amos y amas de casa que dieron pie a un brain storming de soluciones, de entre las que destacaron: quitar el codo de la tubería y desatascar (el menos popular después del de llamar al fontanero), comprar un desatascador químico y echar coca-cola y posos de café.

Esta mañana Mateo se ha venido a tomar café con los de siempre. Y no he podido evitar decirle “pero cabronazo, ¿qué cojones es lo que te hace pensar en mí cuando buscas una ama de casa?” Su respuesta fue la siguiente “buscaba alguien que me contestara con cariño. ¿A quién se lo iba a preguntar?”. Buenos reflejos, Mateo. No obstante le aclaré, que nunca está de más dejar las cosas bien claritas: “pues el día en que busques cariño, procura obviar lo de ama de casa”.

Y espero que con el tiempo consiga aclarar el por qué de mi empeño personal en distanciarme lo posible de lo que pudiera generalmente considerarse ser una buena ama de casa. Nunca se sabe, igual llega un día en que esa cualidad no se me atranque....

23 Sep 2008

Domesticar

Escrito por: Pat el 23 Sep 2008 - URL Permanente

Estas noches estoy leyendo con Pablo El Principito. Tocó el sábado el capítulo del zorro. El zorro le pide al principito que le domestique. ¿Y qué es domesticar? pregunta Pablo. ¿Y qué es domesticar? pregunta el principito. Domesticar es crear lazos.

- “¿Crear lazos?

- Seguro_ dijo el zorro. Tú no eres para mí más que un niño parecido a cien mil niños y no te necesito. Yo no soy para ti más que uno más entre cien mil zorros. Ahora bien, si tú me domesticaras, nos necesitaríamos el uno al otro. Tú serías para mí el único en el mundo, como yo lo sería para ti…

- Empiezo a comprender_ dijo el principito_ hay una flor, y parece que me ha domesticado. “

Entonces, comprende el principito que, a pesar de haber encontrado un jardín de rosas iguales que la suya, la suya sigue siendo única en el mundo.

Y yo me conmoví, como siempre que tomo consciencia de ello. Y pienso en Pablo y Miguel, y en los lazos que nos unen, que les han convertido para siempre y sin condiciones, en únicos en el mundo.

18 Sep 2008

El club de los jueves: Llamando a las puertas del cielo (Bonustrack)

Escrito por: Pat el 18 Sep 2008 - URL Permanente

Después de haberme despedido, y antes de dejarlo, me gustaría compartir este relato que escribí en el taller y que en su día no publiqué. He de avisar que su humor negro podría herir susceptibilidades, quien avisa no es traidor. El tema era "Paraíso".

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Yo nunca he tenido grandes amigos. Ni siquiera imaginarios cuando era pequeño. Tengo un piso lleno de mierda, una oficina sin ventanas, la obligación de madrugar cada mañana, y una ciudad adoptiva donde reina el caos.

Pero sin embargo, cuando apareció esa manchita en mi brazo y me puse a hablar con ella, me pareció de lo más natural. Veíamos juntos la tele, le enseñaba las fotos de las revistas del corazón, le comentaba las noticias. Hasta hacíamos crucigramas. Aunque he de reconocer que en esto mi amiga no era de gran ayuda. Antónimo de paraíso. El de cielo, infierno. Pero el de paraíso... mi vida, por ejemplo. Mierda, no cabe.

La manchita estaba encantada con mi compañía. Y, al igual que las plantas, con mi conversación, crecía cada día. Y se puso tan gorda y lustrosa que daba gloria verla.

Entonces fue cuando se me pasó por la cabeza: ¡No serás un cáncer cabrón que me está matando!

- Es un cáncer cabrón que le está matando.
Y yo que pensaba que era usted uno de esos hipocondríacos patológicos, que llegan siempre a consulta pidiendo un montón de pruebas sin tener nunca nada. Y qué voy a hacer yo, pues atender a esos pobres locos, para que se vayan tranquilos. Pero usted, señor Vázquez, usted sí que se puede marchar tranquilo, no es usted hipocondríaco. Eso sí, vigile su dieta, que el colesterol lo tiene un poco alto. Y deje de fumar.

Salí de allí impresionado. No podía creerlo. No de mi mancha. ¡La muy puta! Ten amigos para esto. En la calle levanté la mirada y ese cielo siempre gris me conmovió por su belleza. Y por la calle sólo me crucé con mujeres hermosas. Y me dejaría sodomizar si con ello pudiera tener la opción de volver a trabajar a mi mugrienta oficina durante veinte o treinta años más. Después de todo lo de mugrienta era un decir...

Y ahora... ¿de qué me sirve saber que el paraíso es la vida, ahora que estoy llamando a las puertas del cielo?

(Si alguien pensó que podría tratarse de Bob Dylan, se equivocó de medio a medio.....)

Club de los jueves: Adiós

Escrito por: Pat el 18 Sep 2008 - URL Permanente

Llaman a mi puerta con dos golpecitos breves. Mientras me acerco a abrir pienso en Juan. Juan tuvo una pitón. De mascota. Juan tuvo una pitón, y ratones vivos para alimentarla. La compró pequeña. Pero todo crece. Y la sacaba de la urna, y la dejaba libre por la habitación. Y la cogía, y la acariciaba. Pero un día dejó de comer. Pasaron varias semanas y la pitón no probaba bocado. Así que acudió al veterinario preocupado por ella. El veterinario le dijo que el animal estaba sano. Que si había dejado de comer era para hacer hambre, porque tenía en mente una presa más grande. ¿Qué otros animales tienes en casa? Le preguntó. Juan no vivía con nadie más.
La pitón fue sacrificada.

Abro despacio. Coque entra, hola tío. Va hasta la nevera y coge una lata, enciende un cigarro y comienza a hablar. Que ha conseguido una nueva sala, que en un mes tocamos, que por qué no fui ayer al ensayo, que los temas de Álvaro están casi listos, que el mío lo está retocando Juan. Vuelve a la sala. Que es cojonuda. Van a cobrar entrada. Nos van a pagar. Poco. Que la web sigue creciendo. Que si he visto las estadísticas. Que si he visto las descargas. Que por qué no fui ayer al ensayo.
Coque, lo dejo.

Coque no entiende. Yo se lo explico, pero él no lo entiende. Que qué coño le estoy contando de perderme en el camino, de coger aire, de otra vida. Me dice que el grupo es mi vida. Me dice que deje las drogas, que levante el culo y vaya a ensayar. Me dice que soy un artista. Coque sabe muchas cosas, como el sentido de mi vida. Pero no entiende lo que le digo. Porque Coque no quiere entender. Yo antes tampoco quería.
Coque se da cuenta de que no voy a cambiar. Y me dice que soy un mierda y un cobarde.
Pero yo sé lo que soy. No soy un artista. No soy un mierda. Soy lo que soy.

Se va. Y escucho el puñetazo que pega en la puerta metálica del ascensor. Me siento aliviado. Ya se lo he dicho. Intento respirar. Y pensar en mi nueva vida. Pero no veo nada. Está en blanco. Pienso en la antigua, en la que está escrita. Pienso en Coque, en Álvaro, en Juan. Escucho nuestras canciones en la cabeza. Pienso en ellos, pero no puedo verlos. Sólo veo a la pitón. Recién sacrificada. Y entonces se produce la tragedia.


Esta semana Carmen nos dijo que el relato debía comenzar con "Llaman a mi puerta con dos golpecitos breves." y terminar con "Y entonces se produce la tragedia".

Llevo muchos meses con el taller, de hecho, cuando Ana y yo ideamos, jamás creímos que podría alcanzar estos niveles de participación y seguimiento. Nació pequeño y fue creciendo poco a poco. Y puse toda mi ilusión. Desde que el jueves nacía un tema nuevo comenzaba a funcionar la maquinaria. Buscar una idea, adecuarla, escribirla, presentarla, esperar ansiosa las correcciones y propuestas de los compañeros, leer, corregir y proponer mejoras para los suyos, y el jueves por fin publicar. He aprendido mucho, he conocido a mucha gente, y me he divertido. Fue genial hasta el día en que creció demasiado. Y los jueves comenzaron a comérselo todo. Hasta las ganas. Y comencé a sentirme incómoda y con presión. El otro día, un tipo, Declarado Demente, me comentaba lo siguiente "no entiendo eso de poneros deberes semanales". Y me quedé pensando. Hasta ahora jamás lo habría considerado un "deber". Pero de pronto lo sentí así. Y entendí que era el momento de sacrificar la pitón. Y ahora llega la tragedia, es decir, el duelo. Pero será a mi manera. Esta noche publicaré el relato que censuré por su alto contenido en humor negro hace varias semanas, como epílogo. Y será un funeral con risas. Y seguiré escribiendo relatos. Cuando surjan. Como surjan. O lo que surja.

Muchas gracias por haberme acompañado en esta aventura.

Mucha suerte, compañeros! (esto te lo tomo prestado, Carlos)

Adiós.

BLOODY: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu

CÁSTOR OLCOZ: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com

CRARIZA: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza

CRGUARDDON: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon

ELEFANTEFOR: http://lacomunidad.elpais.com/elefantefor

ESCOCÉS: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces

JANPUERTA: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta

KARMEN-JT: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt

LOUIS DARVAL: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/blackdragon
REICHEL: http://andyesisaidyesiwillyes.wordpress.com/

SR. CAPULLO: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo

UN ESPAÑOL MAS: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/un-espanol-mas

XARBET: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/f-menorca

(Por cierto, unos se van, pero otros vienen: se estrena esta semana Blackdragon)

15 Sep 2008

Dos anfibios

Escrito por: Pat el 15 Sep 2008 - URL Permanente

A Pablo le regalaron una tortuga, un galápago, por su cumple. La llamó Charly, Chal-li para los amigos. Días más tarde fuimos a por una compañera, no es bueno que la tortuga esté sola. El nombre lo eligió Miguel sin vacilar. Wall-E.

El caso es que mientras duraron las vacaciones, Chal-ly y Wall-E disfrutaron con mis hijos de unos días con los abuelos. Con jardín, con los paseos por la pradera, con todos los niños a su alrededor admirándolas y deseándolas. Un niño me dijo que qué morro tenía Pablo, que él le había pedido una a su madre y le había dicho que no. Claro, le contesté, es que no has diseñado bien la estrategia. Tú prueba de la siguiente forma: primero pides un perro, después un gato, después un conejo, más tarde un hámster, cucarachas, escarabajos ... y al final... tendrás la tortuga. A Pablo le funcionó.

Con la vuelta al cole llegó la vuelta a casa. Y junto a las 7 maletas, los cromos de la liga de fútbol, los dos álbumes, la colección de consolas, y los dos niños, llegaron las tortugas. Tras decidir que el lugar idóneo para ellas era la cocina debajo del radiador para hacerles más leve el invierno, las dejamos dar unas carreras por el pasillo, les pusimos agua limpia, un festín de jamón en lugar del pienso asqueroso, y un beso de buenas noches. Es broma.

Cuando hoy he vuelto a casa me he enterado de la noticia. Chal-ly había desaparecido. Justo la tarde en que me traían el colchón nuevo y el pedido de la compra. Pues justo esta tarde, me la he pasado arrastrando el sillón, sacando el lavaplatos, el zócalo de la cocina, rastreando bajo las camas, bajo la cómoda, detrás de las puertas. Bueno, se supone que debe aguantar tiempo sin comer. Saldrá, supongo. Pablo, ayúdame, que es tu tortuga. Bueno, al principio estaba muy preocupado, pero es que ya se me ha pasado.

Lo típico.

Por la noche con la linterna la vi. Debajo de la nevera, al fondo. Claro, la nevera, el único cacharro que no era capaz de arrastrar, la muy ladina. Estaba quieta, sin moverse. Mierda, ya se ha muerto. Rubén construye con papel de forrar libros un artilugio para sacarla. Pero lo uso yo, que si está muerta le da asco. Eso es un equipo. La saco angustiada. Yo, no Chal-ly, que dormía plácidamente la muy cabrona. Igual había elegido ese lugar para hibernar, leí por Internet que algunas lo hacían. Lavé al bicho verde, lo devolví con su compañero, les castigué sin rampa.

Desde luego, si hace unos años me dicen que me voy a dedicar a criar hijos, me habría reído, si además me dicen que voy a llenar la casa de anfibios me descojono, pero si encima aseguran que voy a arrastrar un lavaplatos que no he movido en siete años, vamos, nunca desde que el instalador lo puso en su sitio, para encontrar a uno de ellos (anfibios, se supone, si se me pierde un niño sé que debería buscarlo dentro)... en fin, en ese caso habría pensado que mi interlocutor no tendría ni la más puta idea de quien soy. Y va a resultar que la que no tenía ni idea era yo. Lo que me van enseñando las circunstancias. Benditas circunstancias.

Pillar seguro

Escrito por: Pat el 15 Sep 2008 - URL Permanente

Este sábado podría haberme sorprendido el verme a mí misma bailando descalza en la tarima de un bar, completamente sobria. Pero lo que me sorprendió realmente fue el ver en el baño, junto a la máquina de preservativos, una máquina que por tres euros, expendía lujuriosos tangas.

Esa idea se le debió ocurrir a alguien después de ver el Diario de Bridget Jones. Yo, sin embargo, como desde hace años sé que voy a pillar seguro, me he olvidado por completo de las bragas color carne. Vaya, me he olvidado incluso de las bragas.

Y es verdad que siempre pillo con el mismo. Pero aunque pueda parecer que eso no tiene ningún mérito... qué coño, yo creo que lo tiene todo.

Y feliz por no necesitar hacer uso de la máquina fantástica, bailé descalza, y me dejé llevar.

11 Sep 2008

Respuestas

Escrito por: Pat el 11 Sep 2008 - URL Permanente

Cuando era pequeño no entendía gran cosa. Para eso estaban mis padres, como un google en mi infancia. Yo preguntaba por qué, y ellos contestaban. Y como hay cosas que yo no debía saber, a veces la respuesta era porque sí, o porque lo digo yo. Me gustaba más la segunda, porque me resultaba más fácil entender que ellos, los grandes sabedores tenían la respuesta, y no un simple sí. O un simple no. Pero es que el sí y el no no son tan simples. Esto se aprende con los años.

Cuando era pequeño mi madre me llevaba a veces a andar por la ciudad, por Navidad, para ver las luces. Y miraba las luces boquiabierto. Y veía que algunas personas estaban en las aceras sentadas mirando al suelo, y pedían algo para comer. Y mi madre me daba una monedita y me decía que se la diese. Y yo se la daba. Aunque las monedas no fueran para comer, que mi madre no paraba de decirme que no me las podía meter en la boca, y que me podía ahogar. Y yo se lo contaba a papá al llegar a casa y papá le regañaba a mamá, y le decía que no me enseñaba caridad, sino a mantener a alcohólicos y pedigüeños. Y yo preguntaba que qué era un pedigüeño. Por no ponerme pesado, porque tampoco sabía qué era la caridad, ni los alcohólicos. Y mi madre me decía que eran personas que no tenían dinero para tener una casa ni para comer, y entonces lo pedían.
Después llegaban las fiestas, y venían mis tíos y mis primos a cenar a casa, y después a comer a la de los abuelos. Y cantaba villancicos, y cuando terminaba me daban monedas y a veces billetes, aunque no estuviera sentado en la acera mirando al suelo, y aunque mi madre me dijera que no me las podía meter en la boca. Y yo les pregunté que si lo hacían por caridad. Y se rieron. Entonces mi padre me decía al llegar a casa que se las diera para el banco. Y yo pensaba que si mi padre, poco amigo de la caridad, y de los alcohólicos, se lo quería dar al banco, el banco sí que debía necesitar mi dinero, y que no tendría casa ni comida, ni amigos. Y el banco me dio mucha pena. Y me sentí muy feliz por poder ayudarlo.

Ya soy mayor. Y de mayor uno debería entender todas esas cosas que de niño debían esperar. Ya he crecido. Ahora sé lo que se puede conseguir con dinero. Aunque muchas veces no sé para qué. Sé que el banco no tiene casa, ni comida, ni amigos, porque no es ninguna persona. Ya no me da pena, y no intento ayudarlo, pero le doy mi dinero. Los que sí me siguen dando pena son las personas que continúan sentadas en las aceras, pero sigo sin entender por qué están allí. Y no las ayudo. Porque las limosnas me dan vergüenza. Y tampoco sé por qué. Y así me sigue pasando con todo. Así que cuando vi a mi pequeño por primera vez en el nido del hospital, me sentí una estafa de padre porque no podría ser su google, y le dije en voz baja que no me preguntara cosas difíciles, porque aunque los padres debían saberlo todo, yo todavía no entendía nada, y le pedí perdón, y le prometí intentar aprender con él. Y de momento, era mejor sonreír y cantar.

Ya soy mayor. Ahora sé que el sí y el no no son tan simples. Esto se aprende con los años.
Esta mañana, mi hijo me acompañaba por la calle y me he parado a sacar dinero del banco, y me ha preguntado que por qué pedía dinero a la cajera, y le he contestado que porque no tenía, y me ha preguntado que si somos pobres y le he contestado que no, y me ha preguntado que si el banco nos estaba regalando dinero porque era muy bueno y le he dicho que no, y me ha preguntado que por qué el banco no era muy bueno, me he quedado un rato pensando. Y le he contestado porque no. Y mi hijo me ha dicho no pasa nada, papá, no tienes que saberlo todo.

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Esta semana eligió Crariza. Él texto debía incluir una frase de una canción Disney.

Esta semana han participado:

BLOODY: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/gmonteliu

CÁSTOR OLCOZ: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/sixto-l-hotmail-com

CRARIZA: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crariza

CRGUARDDON: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/crguarddon

ELEFANTEFOR: http://lacomunidad.elpais.com/elefantefor

ESCOCÉS: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/escoces

JANPUERTA: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/janpuerta

KARMEN-JT: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/karmen-jt

REICHEL: http://andyesisaidyesiwillyes.wordpress.com/

ROSA: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor

SR. CAPULLO: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/srcapullo

XARBET: http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/f-menorca

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Reflexiones

Algunas veces la cabeza se me llena de pensamientos. En tiempos los fui escribiendo, en papeles que he ido guardando y perdiendo, como se pierde todo aquello que no se comparte. Quizás alguien haya reflexionado sobre las mismas cosas y se vea reflejado, quizás no y le den qué pensar, o quizás sí y haya llegado a otras conclusiones (que espero comparta...)

¿Quién soy? Una mujer, una persona, una más de las que madrugan cada mañana y viajan espachurradas en un vagón de metro cada mañana y cada tarde, y se cruzan por la calle con cientos de personas como las que puedan estar leyendo ahora, como tú, una más dentro de este mundo, con su cabecita propia, con sus ideas, con su corazón y su mundo. Tan igual y tan distinta. Como todos.

Mis artículos quizás puedan decir más....

Patricia

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