20 Jun 2008

En urgencias

Escrito por: Pat el 20 Jun 2008 - URL Permanente

Soy perezosa para ir al médico, siempre lo he sido. Con Internet es fácil, mostrando un poco de interés, adquirir conocimientos sobre muchas cosas, hasta de medicina. Así que una vez di con mi diagnóstico y el medicamento adecuado, fui a una farmacia. Pero allí el no fue rotundo. Internet tiene sus limitaciones, como por ejemplo no extender recetas.

No me quedó más remedio que ir a Urgencias. Allí me atendieron enseguida, y comprobé con cierto orgullo que el diagnóstico del doctor coincidía con el mío, y le decía a la farmacéutica para mis adentros (¿lo ves? ¿lo ves?). Pero él también tenía que demostrarme que además de recetas, podía hacer cosas que sobrepasan las capacidades del ciberespacio, como pedirme una analítica para quedarse más tranquilo, después de la sorpresa del diagnóstico.

Me dejan en un box, con una vía puesta por si acaso, durante un par de horas esperando los resultados. La sala de urgencias está pegada a la sala de urgencias pediátricas, y unidas por una ventanita que tenían abierta, justo en frente de mi camilla.

Todo está bastante tranquilo. Al hombre que estaba tumbado a mi lado lo mandan a la sala de espera a esperar sus resultados. Un señor al fondo acaba de entrar con taquicardias, y trae un informe de un cardiólogo. Habla muy fuerte. Como él habla fuerte, las enfermeras le replican fuerte. De así me entero de todo. Y le dicen que la prueba que le van a hacer duele un poco, pero que si sigue sus instrucciones lo hará menos doloroso. El señor manda a buscar a su hijo. Y se escucha por megafonía “familiares de Pedro García (nombre ficticio) acudan a urgencias”. Y llega el hijo, y Pedro García que habla muy fuerte le dice que vaya a por su chaqueta, que dentro tiene toda su documentación. “Pero es que está en el coche”. “Pues da igual, vete a por ella”.

El pediatra que está hablando con el móvil en la sala contigua corta la llamada. Mientras, instalan a un niño de unos 8 o 9 años en una camilla también frente a la ventana. Al niño lo veo regular. La madre es alta, delgada, mechas rubias clásicas, coleta, vaqueros y cinturón estiloso. Se mantiene junto al hijo. Alrededor tres enfermeras y el pediatra.

De pronto gritos. ¡No me toque! ¡No me toque! ¡Qué hace! ¡Mamá! ¡No! ¡No! Llora pero no se rinde, y sigue gritando. Lo sujetan entre todos. Pero él sigue gritando. Sólo se le oye a él. Hasta se ha callado Pedro García el de las taquicardias. ¡¡¡¡¡Voy a morir!!!! ¡¡¡¡VOY A MORIR!!!! Eso dice el niño. Miro la cara del médico que le está tomando una muestra de sangre, y la de la madre. Ambos se sonríen. Bueno, parece que no va a ser hoy. Y sigo lo que el pequeño ha convertido en un drama épico sin serlo. Y me acuerdo del día en que a Pablo le llevé a hacerse una analítica. Y cuando fue él sabía lo que iba a pasar. Y estuvo tranquilo. Y no lloró. Ni tuvo miedo. Claro, ese niño se encontró con el panorama así de sopetón, e igual con las prisas nadie le explicó lo que iba a suceder. Y el pánico campó a sus anchas. Cierran la ventana y dejo de ver al niño.

Pienso que yo he llegado allí sola, sin nadie a quien avisar por megafonía. Pero tengo el bolso con la documentación junto a mí, en la camilla. No me tienen que hacer ninguna prueba dolorosa. Me han hecho una analítica como al pequeño. Pero no he llorado y no he gritado. Y eso que voy a morir. Como él. Y como el de las taquicardias. Como mi médico y como el pediatra. Pero no ahora. Y no tengo miedo. Sé que no me voy a quedar allí. Y pienso que es una suerte no tener miedo. Porque así puedo esperar mis resultados dormitando, ahora que se ha hecho silencio.

Yo no tengo miedo, pero cuánto miedo hay en un Hospital. Miedo a la pérdida, miedo al dolor, miedo al miedo.

Mis resultados llegan al tiempo que los de Pedro García, y mientras me quitan la vía, me dan mi receta y me mandan a casa, a él se lo suben a planta. Nada grave, pero por quedarnos tranquilos mejor pasa la coche aquí, le dicen.

Y de pronto me siento un poco triste. Como si los miedos de los demás me hubieran acercado un poco a los míos. Y a la soledad de estos pasillos.

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mari dijo

leiendo estos mis lagrimas fluian, una por haberlo pasado como paciente y otra por sentir ese dolor cuando era auxiliar de clinica y sentir como y cuando alguien se tiene que marchar, pero lo que sentistes y vistes, habla de tu buen corazón, porque no todos-as nos damos cuenta de esto.Un beso te quiere Mari, tu hada, y gracias por ser como eres.

Marina dijo

Los hospitales son curiosos. Cuando me encontraba en una de las salas de espera de uno de los hospitales de Sevilla esperando a que naciera mi sobrina, me acordé de que entre aquellas mismas paredes había vivido dos años antes, durante muchos días, la enfermedad de una persona muy querida, que finalmente falleció. Pensé que era muy llamativo vivir en el mismo sitio la mayor pena y la mayor alegría de mi vida. Pero así es la vida, supongo, llena de contrastes y contradicciones.

Un beso enorme =)

celia-lor

celia-lor dijo

Hola nena que te tengo abandonada, venía a otra cosa pero me he quedado leyendo con calma y que quieres que te diga has descrito el día a día de una sala de urgencias y la soledad del que esta allí, asustado y solo. Espero que estes bien.Bicos
Venía a pedirte que te pasaras por este enlace LA MARCHA BLANCA

NEKANE dijo

POR FAVOR MARI EL HADA, NOS DEJA POR ACOSO,
POR FAVOR, ENTRAR EN SUN ÚLTIMO COMENTRIO, NOS NECESITA,
ES UNA PERSONA QUE HA SUFRIDO MUCHO EN ESTA VIDA....
CUENTO CONTIGO : http://lacomunidad.elpais.com/mari/2008/6/20/decision-20-junio-del-2008
ENTRA ADECIRLE ALGO, ESTO TIENE QUE TERMINAR!!!!!!!!!!

oscar-patsi dijo

¿Que opinas del Bicing?
Próximo martes en la revolución de las mariposas.
Hospitales? Buff...
Besos

karmen-jt dijo

Buf!! Yo también soy perezosa para ir al médico, sobre todo para mi misma. Siempre se me pasan toda clase de revisiones por falta de tiempo, desgana y pereza. No me gustan los hospitales, ni las salas de espera.. y supongo que es por ese miedo que nos produce ver en los demás lo que nos puede suceder a nosotros en cualquier momento: el dolor, la enfermedad, la muerte... nuestra fragilidad.
Un beso, buena crónica de urgencias. Espero que no fuera nada.

anamgrs dijo

Sí es inquietante el ambiente de un hospital, supongo porque se sabe o intuye que ahí pasan cosas, quizá no todas malas, pero no dejan de pasar. Lo bueno es ir lo menos posible y poquito rato, algo así como tú, pinchazo y a casa. Un beso.

crguarddon dijo

Yo soy perezosa para ir a urgencias, he ido tantísimas veces, que me he sensibilizado en exceso. Y se siente mucha tristeza en urgencias. Pero fíjate, creo que podría evitarse, un poco más de información, un poco más de educación en casa, un poco más de trato humano, hay que mirar a la persona que está detrás de un diagnóstico. No sé. Miedo no me da, ninguno. Y a mis hijos tampoco, hasta ahí controlo. Espero que estés bien. Un beso Pat.

Recuerdo el post donde hablabas de tu hijo y lo valiente que fue. Me encanto, me hizo pensar en los míos.

cloti

cloti dijo

huy!! afortunadamente no he ido nunca o casi nunca a urgencias ( nunca por mí) y menos mal pues en las pediátricas y en días de fiesta ( coincidiendo con la fiebre benigna que han tenido mis hijos siendo bebés y que no era grave) se pone aquello de bote en bote y la verdad siempre me he vuelto pa casa con el niño y la fiebre sin ser atendida. me da más miedo el remedio que la enfermedad. la verdad es que es una cuestión de suerte pues yo ODIO los hospitales, el ambiente, la tensión en ocasiones el trato vejatorio que recibes ( no hablo de ningún lugar concreto, más bien de personas sin pudor o escrúpulos). pero bueno, he tenido suerte de no tener nada grave .
lo de los niños es tal cual, pero es igual con los mayores, si nos explicaran todo bien, no tendríamos tanto miedo, nos acercaríamos a la cosa con menos aprensión. Para mí lo peor ha sido un premolar que me sacaron hace dos años. Y Francia y su manía de no tener pudor alguno y hacerte desnudarte delante del médico, de enfermeras y de quien sea, sin darte u na puñetera batita......... son anormales.
besos

blackdragon dijo

Los que trabajamos en algún hospital vemos situaciones de este tipo habitualmente, creo que nuestros cerebros discriminan toda esa información,... no hay otra forma de trabajar

Por cierto, ¿puedes ayudar a John Shark? Necesita saber que quiere decir "Es muß geschlossen sein" y seguro que, con el video que hay en su último post, podrás decirle donde se ha de dirigir para su etapa final.

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Algunas veces la cabeza se me llena de pensamientos. En tiempos los fui escribiendo, en papeles que he ido guardando y perdiendo, como se pierde todo aquello que no se comparte. Quizás alguien haya reflexionado sobre las mismas cosas y se vea reflejado, quizás no y le den qué pensar, o quizás sí y haya llegado a otras conclusiones (que espero comparta...)

¿Quién soy? Una mujer, una persona, una más de las que madrugan cada mañana y viajan espachurradas en un vagón de metro cada mañana y cada tarde, y se cruzan por la calle con cientos de personas como las que puedan estar leyendo ahora, como tú, una más dentro de este mundo, con su cabecita propia, con sus ideas, con su corazón y su mundo. Tan igual y tan distinta. Como todos.

Mis artículos quizás puedan decir más....

Patricia

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