03 Dic 2008

Canción de adiós

Escrito por: Pat el 03 Dic 2008 - URL Permanente

Últimamente no estoy a gusto contigo. Supongo que cuando te pedí tiempo lo supusiste. Todo el mundo sabe que pedir tiempo no es más que un eufemismo. Ahora llego con la certeza. Y es que de pronto venir a verte se me hacía cuesta arriba, y de hecho he tenido que hacer un esfuerzo para venir hoy a decir adiós.

Por favor, no quiero escenas. Sabes tan bien como yo que el amor es eterno mientras dura, pero no dura eternamente.

Te he dado un trocito de mi vida, cuaderno con año y medio de relatos, recuerdos, vivencias y sentimientos. Y no, por supuesto que aunque nuestros caminos se hayan separado, no he dejado de escribir, ni pienso hacerlo. Pero ahora… necesito intimidad, necesito tiempo, necesito volar.

No te preocupes por mí, estaré bien. Y tú igual.

Gracias, muchas gracias por todo. Me has descubierto muchas cosas. Me has descubierto incluso a mí misma.

Fue muy bonito mientras duró, y no sé tú, pero yo me quedo con lo bueno.

Hasta siempre, Reflexiones.

Fuiste la luz de mi vida
y mi musa preferida
pero todo se acabo
fuiste mi cruz de rosario
mi suerte en el calendario
la dueña de mi colchón

Fuiste un tango puro y duro
escrito en papel oscuro
que no quiero ni cantar
una guitarra sin cuerdas
un collar falso de perlas
que nunca vieron el mar

Fuiste un jardín de malvones
un vinilo sin rayones
una dama de verdad
que duro 15 minutos
y ahora me dejas el luto
de no querer verte mas

Fuiste una lady Madonna
fuiste un gol de Maradona
fuiste la mano de dios
fuiste todo pero fuiste
yo no se si me entendiste
que te estoy diciendo adiós

Fuiste un "día que me quieras"
fuiste Gardel y Le Pera
y la Isla de Camarón
fuiste en Madrid, Hortaleza
y en Buenos Aires princesa
reina de mi corazón

Fuiste la luz de mi vida
y mi musa preferida
que ya no puedo expirar
ni un canto ni una ranchera
ni un solo verso siquiera
solo esta canción de adiós

Fuiste la luz de mi vida
y mi musa preferida
que ya no puedo expirar
ni un tango ni una ranchera
ni un solo verso siquiera
solo esta canción de adiós

Y este fue mi testamento
de un amor que de contento
no me dejó ni el sudor
solo queda despedirme
con voz ronca pero firme
el mal trago ya paso

Medio vals mitad ranchera
le pongo el nombre que quieras
y lo pinto Rock and Roll
aquí adelante de todos
le estoy diciendo a mi modo
te estoy diciendo a mi modo
buena suerte, chau, adiós...

Canción de adiós.
Coti.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

10 Nov 2008

No hablo de sábados

Escrito por: Pat el 10 Nov 2008 - URL Permanente

Pablo tiene ya siete años, y el otro día me dio por pensar en que tampoco quedaba ya tanto tiempo para disfrutar de él como niño. Ya sé que es un pensamiento agonías y poco constructivo, pero eso es lo que pensé, qué le voy a hacer. (¿O sí? ¿Qué sería de nosotros si no le diéramos valor al tiempo?) Lo cierto es que ya ahora y los fines de semana Pablo me persigue para que le organice algún plan con algún amigo... De modo que supongo que, con doce o trece años, comenzará rápidamente esa mutación en un ser llamado adolescente, que huirá de sus padres, del sentido común, buscará todos los límites con la única motivación de saltárselos, y cuyo único referente válido son los amigos. Bien, esto es necesario, todos hemos pasado por ellos, yo de hecho guardo todavía bastantes recuerdos, que si la autoafirmación, la personalidad, y bla bla bla.... Yo me imagino que los adultos del futuro deben ser gentes con personalidades de la hostia, dado que ahora su etapa previa o adolescencia dura entre diez y veinte años. Así que ponte a contar, Patricia. Pablo tiene siete.... Te quedan como mucho cinco años, ¡cinco! para disfrutar de un niño que no se quiere ir a la cama, que quiere que veas Star Wars con él, que mires cómo juega a la consola, que leas los cuentos que se inventa, que leas con él por las noches, que hagas un puzzle con él, que vayas al cine con él, y que la única noche que se puede acostar tarde, la del sábado, la emplees con él. Cinco años para ser partícipe de su vida antes de que nos eche a patadas. Claro, la idea del sábado por la noche viendo una peli familiar es demoledora, es como quitar el coto al más importante espacio exclusivo para la pareja que aún persiste. Pero... ¿cuántos sábados nos quedan para disfrutar de niño? Y después... después todo será pareja. De modo que cada cosa a su tiempo. Y éste parece ser el de pareja en clandestinidad.

Sin embargo, este sábado sonaron todas las alarmas, y se convirtieron en algo contundente como sólo la realidad sabe ser, cuando Pablo dijo lo siguiente:

  • Pues yo, cuando sea mayor, aunque gane mucho dinero (porque va a ser futbolista, como todos – atrás quedaron sus sueños de ser obrero o bombero.), no me voy a ir a otra casa. Y voy a vivir siempre con vosotros.

Al menos añadió que nos prestaría dinero de hacernos falta.

Bueno, después del susto que da eso al principio, siempre queda un consuelo, pues, sabiendo que nos quedan todos los sábados del mundo, da menos cargo de conciencia el que sus noches sigan siendo, en exclusiva, de papá y mamá.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

03 Nov 2008

Adorable Amanda

Escrito por: Pat el 03 Nov 2008 - URL Permanente

Todo ocurrió a raíz de esa tarde. Mi nombre es Víctor. Yo soy un tipo normal, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni feo ni guapo. Quizá por eso, porque las parejas tienden a encontrar un equilibrio, o al menos esa es la tesis que sostiene mi amiga Linda, jamás pensé que podría tener a mi lado a una mujer como Amanda. Porque, qué bien le pusieron el nombre. Quién imaginaría una Amanda fea y antipática. Amanda… del latín amandus, adorable, que debe ser amada. Dios, y ¡vaya si lo era!

Pero, ojalá pudiera seguir hablando en presente. De hecho lo haría si no hubiera sido por lo de aquella fatídica tarde. Después de seis meses de levitación junto a ella, y de otras tantas cosas mucho menos espirituales, decidimos hacer un viaje juntos. Qué digo viaje, una escapada, que dónde va a parar, es mucho más romántico.

Cochino dinero. Sí, y cochinas compañías low cost, que ofrecen precios increíbles siempre que uno vuele un viernes por la mañana y regrese un domingo por la mañana también. Bueno, era eso o nada. Y un hotel poco céntrico que probablemente no dispondría de habitaciones matrimoniales. Pero lo de apretarse en una de noventa no iba a ser problema. Sólo faltaba conseguir ese viernes de vacaciones. Y llegó esa tarde, la de tomar la decisión en función de lo hablado en los respectivos trabajos:

  • Mi amor, yo no he tenido problemas. He podido cogerme el día.

  • Víctor, cariño, yo no me he arriesgado, si me dijeran que no, no tendría más remedio que odiarles por privarme de esos días perdida contigo en Roma, y odiarles supondría ir a trabajar con el entrecejo fruncido, y un rictus en la boca, y soportar ocho horas diarias de crispación, y tener que buscar otro empleo donde no tener motivos para odiar a nadie, y ahora con la crisis es complicado, y, mi amor, es tan sencillo sin necesidad de tomar riesgos…

  • Pero Amanda, querida, quién podría negarte nada, ¡a ti!

  • Actúas como si el mundo entero estuviera enamorado de mí.

  • Pues debería… Pero, entonces, ¿nuestra escapada?

  • Está todo resuelto. Me voy a poner enferma. Llamaré el viernes, antes de ir al aeropuerto, y diré que tengo fiebre. Y ya está.

  • ¿Así de fácil? ¿Y de verdad que no va a suponer un problema?

  • No, ya lo tengo todo pensado. Mi jefe está con gripe. Y Caridad. El jueves comenzaré a estar congestionada. Me pondré a medio día ese blush tan rosa, que me deja la cara como la cerdita Peggie, y me dirán “Amanda, estás colorada, ¿tienes calor?” Y yo diré, no, pero me encuentro mal, siento escalofríos. Y pediré un analgésico. Dejaré pagada la quiniela semanal, con la excusa de que tengo cambio, pues no me gusta no jugarla… ya sabes, amor, te vas un día, tocan un montón de millones, y todos tus compañeros se hacen ricos menos tú. Lo que me haría odiar nuestra escapada y por ende a ti, a quien culparía de tener que seguir trabajando para vivir, y no hay nada que desee menos que odiarte, mi amor, bien lo sabes. Por último, activaré el desvío de llamadas, por si en un momento dado me llamaran a casa, que automáticamente se filtren a mi móvil. ¿Qué te parece? He estado dándole mil vueltas, y salvo que el avión se estrellara el viernes, cosa que por otro lado, haría que todo este embrollo dejara de tener ninguna importancia, no hay forma de que se sepa mi mentira.

  • Bueno, mi amor, si lo tienes tan claro y es tan sencillo…

Todo acabó ahí. Compramos los billetes, y tras una acaramelada despedida con palabras de amor en italiano, nos fuimos cada uno a su casa.

Entonces me quedé pensando conmigo mismo. No podía dejar de darle vueltas a la explicación que me había dado mi querida Amanda. Lo tenía todo perfectamente pensado. No habría necesitado mentir, ¡por todos los santos! ¡si es funcionaria!. ¿Por qué lo habría hecho? ¿Por puro placer? ¡Qué vicio tiene! Hasta se iba a maquillar ex profeso para el teatro. Amanda no sólo era adorable, sino también calculadora y fría. Me imaginé nuestra vida juntos, y la posibilidad de que, de pronto un día, tras habernos dicho te quiero mil veces antes de ir a trabajar, y en un montón de SMS, al volver a casa tras una ardua jornada, encontrar la cerradura cambiada. O quizás podría ser peor. Quizás no me quisiera, y estuviera conmigo por puro interés, y en Roma esperara darme el golpe de gracia. No sé, robarme la cartera, romperme mis gafas con montura al aire, o incriminarme en algún asesinato.

Por eso a lo mejor no todo el mundo le daba lo que ella quería. ¡Claro! Por desconfianza. Algo maligno y perverso debía esconderse en esa cara tan maravillosa y dulce, en esas manos perfectas, en ese pecho turgente y en sus piernas firmes. Era imposible. Claro, y más para mí. Que soy normalito tirando a del montón, pero claro como el agua clara, pues eso se me ve a leguas. Además, y ahora que lo pensaba, seguro que sus dorados cabellos no los parió así su madre, elemental, ahora todo encaja. ¡Es teñida la muy puta! Seguro que es pelirroja, en pocos años le saldrá una verruga en la nariz, por la noche vuela sobre una escoba, y tiene un minino negro escondido en algún lugar.

Completamente aterrorizado me resolví a terminar con aquella pesadilla que mi mala suerte me había deparado, y la llamé.

  • Amanda, eres una bruja calculadora y fría que vas a buscar mi ruina, y ¡quién sabe si algo peor! ¿Sabes lo que te digo? ¡Hemos terminado!

Y así, de esa manera, por el camino de la prudencia y la rectitud, me alejé, muy a mi pesar, de la maravillosa Amanda. Y caminé de nuevo hacia esa normalidad de la que nunca debí haber salido.

------------------------------------------------------------------

------------------------------------------------------------------

En este relato no he podido evitar tomar prestada una frase que dice de sí mismo un buen amigo, que sin embargo es de todo menos del montón. Ahí quede como homenaje.

Y a su vez está inspirado en un pequeño suceso con alguien que no tiene blog, por lo que no haré reseña, pero que, aun sin ella, lo sabrá al leerlo. Gracias por la inspiración. Entre otras muchas cosas....

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

29 Oct 2008

Halloween costume

Escrito por: Pat el 29 Oct 2008 - URL Permanente

A mi profesora de inglés, y a sus amigos, les encanta disfrazarse. Suelen organizar fiestas de disfraces una vez al mes. Después nos lo cuenta en clase.

Alguna vez incluso se ha traído la cámara y nos ha enseñado las fotos sin ningún tipo de pudor.

Así que ayer, aunque el tema elegido para la clase fue un artículo acerca de la piratería, del cual no voy a hablar pues mi amigo Eme lo hace muchísimo mejor que yo, mi profe no pudo pasar por alto la fiesta de Halloween. Por supuesto va a hacer fiesta el viernes. Y lo mejor de todo es que nos contó cuál era el disfraz que este año estaba arrasando en la USA: Sarah Palin costume.

Who else could be so scaring?

Estos yankis, después de todo, son unos cachondos.

Definitivamente me encantan mis clases de inglés.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

26 Oct 2008

Niño guapo mimo

Escrito por: Pat el 26 Oct 2008 - URL Permanente

Hace casi un año escribí Los ojos del que mira, y hace unos días, una lectora lo leyó y me dejó un comentario en el que me pedía mi opinión sobre un artículo leído en el 20 Minutos.

Resulta que en este artículo se afirma que según un estudio canadiense, los niños guapos reciben mayor atención por parte de sus padres que los feos. Y aquí lo primero que se me viene a la cabeza es que, ya resulta dudoso que un investigador determine y con qué criterios, qué niños son o no guapos, pero, ¿qué hay de aquello que se dice de que para un padre, su hijo es siempre el niño más guapo del mundo?. Pues de ser así, los resultados del estudio son fruto nada más que de la más pura casualidad. ¿O será que, en realidad, la belleza sí es objetiva , y tanto los investigadores como los padres no estamos ciegos, y sabemos cuándo tenemos un hijo guapo y cuándo es feo para así poder discriminarlo? Me explico: en este artículo afirmaban con más tacto, que a los guapos les daban el privilegio de sentarlos en el carrito de la compra o en la sillita de paseo en un porcentaje mucho mayor que a los feos. Ese es el gesto que los señores investigadores toman como evidencia de que un padre está más pendiente del niño, y se siente orgulloso de él pues lo exhibe. En realidad otros padres no sé, pero yo no tengo ninguna venda en los ojos. que mis hijos no son los más guapos del mundo PERO PARA MÍ son preciosos, y los más guapos del mundo. Y lo que también tengo claro es que no les subo en el carro de la compra como premio por ser guapos, o al menos por serlo a mis ojos, no. Los meto en el carro para que no salgan corriendo por el supermercado, para que no me llenen el carro con un montón de cosas que no necesito, y para que no se tiren al suelo con una rabieta cada vez que les digo que no se puede comprar aquello de lo que se han encaprichado. Es decir, y no creo que sea la única, YO NO USO EL CARRO DE LA COMPRA PARA EXHIBIR A MIS HIJOS, SINO COMO ELEMENTO DE CONTENCIÓN.

Dice el artículo también, que a los niños feos, o menos agraciados (vaya eufemismo), los padres les hacen menos caso, y les dan más libertad. Quiero creer que los sesudos estadistas y sociólogos habrán tenido en cuenta, al hacer la muestra, la edad de los niños... Lo primero, porque los niños que usan silla de paseo, o se meten en el carro de la compra, son niños de corta edad. Y los que van sueltos, sin vigilancia, son más mayores. Que, en general, no solo han perdido ya la gracia de los bebés, sino que encima suelen estar mellados. Y fíjate por donde, yo llevo en el carro al pequeño de mis dos hijos, y suelto al mayor. ¿Porque el pequeño es más mono y el mayor no está en su mejor momento? NO, NO Y NO. Porque el mayor sabe comportarse (bueno, casi siempre), y el pequeño se perdería y me obligaría a estar corriendo con el carro detrás de él por todo el supermercado. Solución: atarlo a la silla, o contenerlo en el carro.

Por último, en el artículo señalan que los padres solían estar más orgullosos de tener hijos varones, pues también les prestaban mayor atención que a las niñas. Esto es lo que me falta por leer para saber que los sesudos expertos no tienen ni idea de niños, o los traductores de inglés o francés. Quien tenga contacto directo con pequeños sabrá que, en términos generales, las niñas son más dóciles y más tranquilas que los niños. ¿Están entonces los padres más pendientes de los niños por un orgullo especial hacia el varón? NO. Están más pendientes porque su niño varón es un culo inquieto, no como esa nena tan mona que sin que la madre se desgañite no se mueve de su lado. Pero en NINGÚN momento creo que un padre esté pensando en la belleza objetiva de sus hijos. En general, son el carácter del propio niño y su edad, los que determinan las necesidades de atención por parte de sus padres. Y no que sean niños de portada, o simplemente simpáticos. Porque, después de todo, ¿hay un niño feo? Yo creo que no.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

21 Oct 2008

Tamborilero en abril

Escrito por: Pat el 21 Oct 2008 - URL Permanente

Aparece el niño por la cocina como aparecen los grumos en la bechamel. Lleva un walkman puesto, de los de antes, y no me dice nada, deambula concentrado. Y mientras remuevo enérgicamente la dichosa bechamel con los dichosos grumos que no se deshacen, intento descifrar qué canturrea. Más que nada porque juraría haber acabado con todas las cintas cassette que quedaban por casa. “na na na na na.... pastooooor, ro po pon pon”.

Villancicos.... precisamente tuvieron que salvarse ellos....

Mientras me resbalan las gotas de sudor por las sienes me digo a mí misma que las Navidades son una mierda. Odio a los centros comerciales que me la traen ya la última semana de octubre. Pero que mi propio hijo la meta en mi casa en este caluroso mes de abril es un ataque personal. Pero a mi hijo no puedo odiarlo. En cambio al extractor sí, porque a pesar de amortiguar El Tamborilero con su ruido inhumano, no consigue ensordecerlo por completo. Ni tampoco la ausencia de mi hijo, que ha cogido la puerta y se ha ido, tal como llegó. No así los putos grumos.

¿Y ahora qué? Ahora me quedo yo con la ola de calor recién estrenada la primavera, sudando la gota gorda entre sartenes, y con la mierda de la Navidad. Ro po pon pon.

Y recuerdo a mi madre como se recuerda a quienes ya no están, cuando era yo niña y me lo cantaba, -el villancico, digo-, y cantábamos mientras colocábamos el árbol, y el nacimiento. Que mi madre no está muerta, pero ¿y si lo estuviera? Si lo estuviera sería horrible. Sería imposible tener Navidad. La Navidad sería una mierda, mucho más que una mierda, sería una crueldad inhumana, pero institucionalizada, para mayor escarnio. Ro po pon pon.

Que uno se pasa el año intentando meter sus recuerdos en algún lugar escondido y cómodo, para seguir con el día a día, y de pronto llegan las Navidades y todo se desmorona, y suena el Tamborilero y los dichosos recuerdos cobran vida propia, salen del cajón, y se ponen a pasear como quieren, y las nostalgias, y aquellos momentos felices que ya no se van a volver a repetir, y las tristezas por ese nunca más. Como este que me ha dejado aquí ahora el niño. Ro po pon pon....

Este momento tan dulce: él, con su walkman del pasado, canturreando con esa lengua de trapo un villancico, que ni siquiera le he enseñado yo, sino un dichoso coro infantil, y ya no me tendrá a mí en la memoria cuando sea adulto y lo escuche como tengo yo a mi madre, que algún día no estará. Este momento que ha pasado a convertirse en uno de esos recuerdos irrepetibles e indelebles, aparecerá el día en que él tampoco esté. Que parece que va a estar siempre incordiando mientras sudo como un pollo para quitar los grumos de la bechamel para croquetas que no se va a comer. Pero no, porque también se irá.

Y entonces dejaré de lamentarme por tener que estar metida en centros comerciales que odio porque me destrozarán el alma con los villancicos desde el mes de octubre, porque ya no tendré a nadie a quien hacer un regalo, ni adornos que comprar. Y entonces... entonces las Navidades sí que serán una mierda. Y no estas del mes de abril.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

13 Oct 2008

De primero será pisto

Escrito por: Pat el 13 Oct 2008 - URL Permanente

El restaurante tenía decoración moderna y mesas muy juntitas. Así los clientes, sin girar la cabeza, pueden ver la pinta de los platos que ya han pedido sus vecinos, cosas de la visión periférica. Y también compartir conversaciones.

A mi derecha se sienta una mujer sola. Espera un rato, entre cinco y siete minutos. Y se sienta pasado este tiempo un hombre enfrente. Ella comienza un soliloquio. Que yo no quería oír, pero lo oigo.

. ¿Para qué me dices una hora? ¿Eh? ¡¡¡Si después vas a llegar cuando te sale de los CO-JO-NES!!! Que tú tienes tus horarios y yo los míos. Te recuerdo que yo estoy en mi periodo de prueba. ¿Qué quieres? ¿Eh? ¿Qué no lo pase? ¿Eh? ¿Qué me vaya a la puta calle? ¿Tal y como están las cosas? ¿Tú es que no te has enterado o qué? ¿Eh? Que se está cayendo todo. ¡¡¡TODO!!!. ¡Todo se va a la mierda! De verdad que estoy intentando que no me jodas la comida pero no puedo. Es que no voy a ser capaz de comer. Definitivamente me has jodido la comida.

Sigue durante un rato más, y mientras va gritando, empuña un hacha y le va cortando en pequeños pedacitos iguales, que junto con la sangre que cae en la mesa a mí me recuerda al plato de pisto que ha pedido el señor de mi izquierda.

Cuando termina, el señor adquiere de nuevo su forma original, como el Coyote cuando, después de haberse metido accidentalmente el explosivo dirigido al Correcaminos por el culo, vuelve segundos más tarde a perseguirlo alegremente.

Y con voz templada y sin despeinarse, le pregunta:

“¿Te pasa algo?”.

El camarero les toma nota. Ella pide pisto. Debí suponerlo.

Cuando se lo sirvieron me pregunté si sería una mujer de palabra. A priori había varios puntos en contra: ya por su aspecto físico, no parecía tener facilidad para que se le cerrara el estómago, ni siquiera ante un retraso de entre cinco y siete minutos. Y podría llegar a pensar que el ayunar para hacer sentir culpable a su pareja por aquellos entre cinco y siete minutos sería demasiado, después de haberlo descuartizado públicamente. Aunque todo el mundo sabe que si no se cumplen las amenazas no tienen ningún efecto pedagógico. Y, mientras la veo ahora comerse el pisto a dos carrillos con mi -en ese momento desafortunada- visión periférica, y sin clarificar si la culpable fue su naturaleza o su magnanimidad, sé que no es, no, una mujer de palabra.

Miro a mi acompañante. Arquea las cejas. Yo sonrío de lado. Y no hace falta decir nada. Y en ese restaurante de decoración moderna y mesas juntitas, nadie sabe, nadie más que nosotros, que el Correcaminos nos cae gordo, y un poquito hijo de puta.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

06 Oct 2008

La espada de Yerman

Escrito por: Pat el 06 Oct 2008 - URL Permanente

Los días siempre empiezan igual. No hay nada que avise de que algo va a ser diferente. Para pillarte a traición. Sin darte tiempo para digerir.

Seis y veinte. Suena el despertador. Ducha. Toca pelo. Café. Metro. Oficina. Enciendo el ordenador. Abro el correo. Bla blá, bla blá. Lo de siempre. Diez y media. Levanto la cabeza. Busco a Eva, a Manu y a Yerman. Consigo captar la mirada de alguno de ellos. Es la señal. Nos levantamos y vamos a la cafetería. Bla blá, bla blá.

Nos sentamos alrededor de una mesa redonda. Manu va a pedir los cafés porque es un caballero. Yerman se acerca a la barra para ayudarle a llevarlos a la mesa porque es un caballero. Yo voy a buscar un taburete que falta y se lo ofrezco al que le falta porque soy un caballero. Eva cuida la mesa porque es un caballero. Y todos los días cambiamos los roles porque somos caballeros.

Cuatro cafés. Uno en vaso templado, dos en taza templados. El mío caliente, para abrasarme. Bla blá, bla blá.

Yerman pide la palabra. Le cuesta, pero nos callamos. Me han buscado un trabajo en otra empresa, o lo acepto o en noviembre me echan. Me quedan cinco días.

No. Espera. Esto no es lo de siempre. Has roto la cadena. A traición. Y me pregunto cómo se comporta uno como siempre cuando como siempre cambia, así, sin avisar. Manu dice qué asco. Manu dice que cada vez queda menos gente afín. Yerman no entiende y pregunta ¿qué? Y es que no puede pensar. Manu contesta que cada vez quedan menos personas con las que se lleva bien. Somos cuatro gatos. Bueno, a partir de la semana que viene sólo tres, puntualizo. Eva dice que le da mucha pena. Yo miro a Yerman, que está triste. Y tengo ganas de abrazarle, pero no lo hago, porque como me ha pillado a traición, aún no he obtenido respuesta al cómo comportarme cuando como siempre deja de ser como siempre. Removemos el café. Y fumamos. Y miramos al suelo. Y respiramos hondo. Y nos hacemos más duros mientras aún no hemos asimilado que dentro de cinco días ya nadie pedirá el café en vaso.

Los días empiezan siempre igual. Aunque no lo vayan a ser. Incluso aunque sepamos que no lo van a ser. Seis y veinte. Suena el despertador. Bla blá, bla blá. Es el último día que está Yerman. Hoy va a ser igual pero mañana no. Así que tampoco hoy va a ser igual. Porque un último día no puede ser igual que los demás.

Ducha. Toca pelo. Café. Metro. Oficina. En mi mesa encuentro una espada de espuma. Reluce y brilla. Hay otra en la de Manu. Y otra en la de Eva. Germán se acerca. Las vais a necesitar, nos dice. Sólo quedáis tres, y tenéis que resistir.

Diez y media. Después de encontrarse nuestras miradas nos dirigimos los cuatro al café. Cuatro cafés. Uno en vaso templado, dos en taza templados, uno en taza caliente para abrasarme. Todos sobre la mesa redonda. Os voy a echar de menos, dice Yerman. Yo aprieto los dientes, vuelvo a tener ganas de abrazarlo y vuelvo a contenerlas apretando la empuñadura de mi espada. Miro la mesa redonda. Y por mucho que diga que las pilló en el chino, yo sé bien que las sacó de una piedra. Y sé que tengo que ser valiente porque soy un caballero. Y con espada en la mano me siento más segura ante el futuro, y los días diferentes que queden por llegar. Aunque me pregunto si también servirá para llenar el vacío que a partir de mañana habrá tras un café con leche en vaso.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

30 Sep 2008

Idiota

Escrito por: Pat el 30 Sep 2008 - URL Permanente

Soy uno de esos tipos que pueden llegar a correr el riesgo de considerarse listos. Los éxitos intelectuales son capaces de alimentar una vanidad recalcitrante. Acierto un asombroso número de preguntas en los concursos de la tele, pero desde casa, para no apabullar. Mi intuición y capacidad analítica me hacen adelantarme a los Ministros de Economía en cuanto a tendencias económicas, e incluso a los propios ciclos. Y en mi trabajo, cuando surge una cuestión complicada, mi opinión es de obligada referencia. Mis compañeros y amigos me admiran, y yo se lo digo. No me admiréis en voz alta, que después tiene que ocurrir algo para darme cuenta.

Algo como cuando compré la cámara de vídeo. Yo era un gran aficionado a la fotografía, especialmente a la fotografía vertical. La fotografía vertical me conmueve. Pero entonces compré la cámara, y busqué planos imposibles, e imágenes subyugantes. Y antes de darme cuenta estaba filmando con la cámara al revés. Pero no me di cuenta en el momento, sino cuando me puse a editar la cinta y vi a toda esa gente con los pies en el lado izquierdo del monitor y la cabeza en el derecho. Y pensé en que tendría que dar la vuelta a la tele, porque esa realidad invertida no servía ni como cine experimental. Y pensé que después de todo no era tan listo. Era uno más. Y yo se lo conté a mis amigos, para que me creyeran. Y dejaran de contribuir a hacerme sentir aquello que no soy.

Y es que es mucho más duro darse cuenta de sopetón, cuando pasa algo, que tratar de contener la arrogancia día a día. Para eso fue muy útil dejarla marchar, pues lo de la cámara no deja de ser anecdótico. Pero cuando a diario me llega su recuerdo, y la pienso andando con sus zapatitos y su sonrisa amplia mirándome feliz, con sus pies a la derecha de mi cabeza, y su cabeza a la izquierda, pues los recuerdos son así de caprichosos y experimentales, me pongo en mi sitio, y me digo que después de todo no soy tan listo. Después de todo soy un idiota que correría el riesgo de creer lo contrario si no fuera por ella, las imágenes invertidas, y unas cuantas cosas más.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

28 Sep 2008

Qué nos ocultan nuestros hijos

Escrito por: Pat el 28 Sep 2008 - URL Permanente

Hace unas semanas leí un artículo que se llamaba como este post. Como parte interesada, aunque bien pudiera imaginarme el contenido, lo leí con avidez. Se había elaborado un estudio con una serie de jóvenes, que de forma anónima, habían consentido escribir aquello que jamás contarían a sus padres. Los resultados eran los esperados y más. Tengo novia, mantengo relaciones sexuales, bebo alcohol, me he emborrachado, he probado drogas, hago peyas, no tengo amigos. Esta última me dejó impresionada. ¿Con qué fin un niño puede ocultar esto? Pues en el fondo con el mismo por lo que ocultan todo lo demás, pero con este ejemplo queda mucho más claro. Una cosa es que los padres quieran a los hijos. Pero otra muy distinta es que los padres se sientan orgullosos de ellos. Y ese niño con problemas sociales, poco popular, nada líder y sin amigos, no quiere decepcionar a sus padres. Al igual que el que se emborracha, la que ha abortado, y el que fuma porros. Y es que, a pesar de tanta rebeldía, tanta adolescencia, y tanta autoafirmación, existe en la gran mayoría de nosotros la necesidad de no decepcionar. La necesidad de saber que tus padres se sienten orgullosos de tí. Y en cierto modo, es una necesidad que se mantiene a lo largo del tiempo: desde la infancia hasta la madurez.

Así que cuando hoy, mientras comíamos, me ha comentado mi padre: "he escrito tu nombre en Google y han salido un montón de cosas", de entrada me he acordado del artículo de antes, porque me he sentido como una adolescente abriendo el papel de aquello que les oculto. De modo que ahora respiraré hondo como una adulta, esperando no defraudar...

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

Sobre este blog

Avatar de Pat

Reflexiones

Algunas veces la cabeza se me llena de pensamientos. En tiempos los fui escribiendo, en papeles que he ido guardando y perdiendo, como se pierde todo aquello que no se comparte. Quizás alguien haya reflexionado sobre las mismas cosas y se vea reflejado, quizás no y le den qué pensar, o quizás sí y haya llegado a otras conclusiones.

Hasta aquí, un año y medio de reflexiones.

Junio 2007-Noviembre 2008

ver perfil »

Tags

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):