15 Ene 2012

“Todas íbamos a ser reinas” (pero cambiamos de idea en el camino…)

Escrito por: Paulina Morales Aguilera el 15 Ene 2012 - URL Permanente

Hace unos días fui con inmenso interés a ver la recién estrenada película sobre la vida de Margaret Tatcher, La Dama de Hierro, interpretada magistralmente por Meryl Streep. Mi motivación inicial tenía que ver fundamentalmente con mi interés por la política, en cuyo contexto el nombre de la Primera Ministra británica había sido parte indiscutible de esos personajes que –según veía yo- manejaban el mundo, especialmente en tiempos de la guerra fría. Pese a ser una niña en aquella época, términos como este no me resultaban ajenos.

La otra razón de mi interés por este film tenía que ver con el desempeño de una actriz tan impresionante como Streep, a quien he seguido fielmente. Siempre, y aún en registros tan diversos, ella se roba la pantalla, lo llena todo con su presencia, con sus interpretaciones que rozan la perfección. Quería, entonces, ver cómo encarnaba a un personaje tan complejo y mundialmente conocido, lo que presumiblemente aumentaba las expectativas y el riesgo de crítica. A este respecto sólo puedo decir que ella, como siempre, no decepciona en lo absoluto. Es más, como señaló Carlos Boyero, crítico de cine, en el diario El País: Meryl Streep “ borda a la Dama de Hierro desde fuera y desde dentro. Están justificados todos los premios que va a recibir.”

Volviendo a la propia Tatcher, a poco andar de la película me di cuenta de un hecho muy importante para mi apreciación final de la misma: yo la había visto en muy pocas ocasiones, en imágenes, quiero decir; mi conocimiento era mucho más teórico que gráfico a este respecto. Aún así, por supuesto, tenía grabada la clásica imagen de Tatcher con su rostro imperturbable, su peinado siempre perfecto y su impostura de mujer poderosa. Fuera de ello, mi conexión con ella había estado dada por otros dos sucesos. Uno, por medio de una tía vive hace alrededor de cuarenta años en Inglaterra y que en sus visitas a Chile siempre hablaba de ella, o en contra de ella, mejor dicho; yo era una niña que oía sus expresiones de disgusto siempre que le preguntaban por la gobernante. El otro momento en que “reapareció” Tatcher en mi vida fue a raíz de la detención en Londres del dictador chileno Augusto Pinochet (1998), que estuvo más de un año preso en sueño británico, primero en The Clinc y luego en la residencia de Virginia Waters. Allí acudió, pues, Margaret Tathcher a visitarlo, seguramente para demostrarle solidaridad, para presionar al Parlamento de su país ante las decisiones que debían tomar respecto de la suerte del dictador, o para agradecerle su contribución a la lucha anticomunista en los setenta y ochenta. En especial, es probable que le haya agradecido el apoyo brindado en la guerra de las Malvinas, que enfrentó a la potencia británica con Argentina por el destino de un grupo de islas al sur del mundo. Vergonzosamente para muchos chilenos/as, en aquellos años, Pinochet apoyó a Inglaterra en vez de a la hermana y fronteriza República Argentina.

Con estas “imágenes” dando vueltas en mi cabeza fui a ver La Dama de Hierro, denominación que –de paso- debo decir que me impresionaba profundamente siendo una niña, porque en aquellos años quienes tenían esa gruesa y firme constitución en el espacio público eran casi exclusivamente hombres, el poder no era cosa de mujeres, eso estaba claro. Entonces, esta mujer resultaba una excepción a la regla, una excepción en toda regla. Claramente, por el abismo político que había entre su pensamiento y el de mi entorno familiar, sin embargo, no podría haberla admirado jamás, aunque no dejaba de llamar mi atención, puedo hoy reconocerlo.

Ciertamente, la película no ha cambiado mi opinión de Tatcher en términos políticos, eso está claro. No obstante, me permitió redescubrir una figura que siempre había mirado y evaluado desde un punto de vista esencialista, a decir verdad. Me di cuenta que sabía poquísimo sobre su vida personal, por ejemplo. La película contribuye a contar con un relato más humano, más completo de un personaje tan conocido y a la vez desconocido para muchos/as. No salí del cine sintiendo devoción por ella ni planteándome cuán equivocada estaba en mis apreciaciones ideológicas. Pero sí pude plantearme cuestiones relativas a las dificultades que debió enfrentar esta mujer en su camino a la primera magistratura, un camino plagado de obstáculos a los que ella supo hacer frente con astucia para llegar donde llegó, finalmente.

Pensé en la escisión femenina, sobre la que ha teorizado la mexicana Marcela Lagarde, como un fenómeno que explica la falta de solidaridad entre las propias mujeres, no sólo de éstas en relación con los hombres. Efectivamente, como suele ocurrir (aunque no como fruto de un orden natural) las mujeres son/somos muchas veces más duras y exigentes al jugar a otras pares en ámbitos públicos. ¿Significa esto que nos equivocamos con Tatcher o que fuimos poco compasivas? Tampoco, no es lo que quiero decir. Difícilmente podría compartir alguna de sus posiciones y decisiones políticas. No obstante, la película me permitió empatizar con una mujer que tuvo que enfrentar infinitas dificultades que son consecuencia de un orden patriarcal que históricamente ha reservado sitiales de segunda categoría para las mujeres. Y resulta que en ese contexto, en ese orden aparentemente dado e incuestionable, Tatcher decidió ir (a) por más. Más aún, al profundo machismo enquistado en la sociedad británica, se sumó un clasismo implacable que le enrostró en innumerables ocasiones durante su ascenso al poder su status de hija de un tendero, como también su condición de foránea a las élites del poder.

Tatcher fue en muchos aspectos una mujer de su tiempo, pero en uno fundamental optó por un camino distinto, como lo señala en la primera parte de la película: rechazó el rol tradicional de esposa y madre abnegada que la sociedad había trazado para ella. Por eso, creo firmemente que esta película tampoco es un relato dulcificado de una mujer ahora anciana a la cual se le deban “perdonar sus pecados”. Es un relato humano, con todo lo que ello significa. En ese contexto, las referencias a Denis, su marido por largas décadas hasta su muerte, resultan nutritivas para entender mejor a la persona/ personaje. Se dice que en una entrevista en los años de la gobernante, Denis fue preguntado acerca de “quién llevaba los pantalones en casa”. Con su sentido del humor tan característico, la respuesta del marido fue de antología: “yo llevo los pantalones, y a veces también los plancho”…

“Todas íbamos a ser reinas”, como reza un hermoso verso de la poetisa chilena Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura en 1945). Todas, Margaret y la propia Gabriela, nuestras abuelas, nuestras madres, nosotras mismas. A todas la historia nos había contado que podíamos reinar en ese espacio delimitado que es el hogar. Sin embargo, muchas cambiamos de idea en el camino, porque anhelábamos un reino más grande, tan grande como el de los hombres para reinar en igualdad de condiciones. O cambiamos de idea porque simplemente ya no queríamos ser reinas, sino mujeres anónimas pero dueñas de nuestro propio destino.

Cuando lo pienso así, me doy cuenta de que esos sueños de la niña y joven Margaret no son tan distintos a los que tenemos millones de mujeres en el mundo y que, por tanto, hay algo que nos aúna pese a las innumerables diferencias. Si lo que nos une puede engendrar solidaridad y lo que nos diferencia puede generar diversidad, entonces la lucha de las mujeres tiene y tendrá mucho sentido, por siempre.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

Escribe tu comentario

Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Avatar de Paulina Morales Aguilera

Un cuarto propio

… “para escribir novelas, es necesario que una mujer cuente con dinero y con un cuarto propio”… (Virginia Woolf, Cambridge, 1928).

Este blog pretende ser un espacio de reflexión y análisis crítico sobre temas de actualidad, especialmente en relación con Chile y España, lugares a los que me encuentro vitalmente conectada. En ese marco, especial relevancia cobran dos áreas temáticas. Por una parte, lo relativo a las mujeres y sus luchas cotidianas y permanentes por mayores espacios de libertad y de igualdad de oportunidades en relación con los hombres. Por otra, la política como ámbito de reflexión y de acción indispensable para la vida en sociedad. En ambos casos, lo que se ubica como trasfondo es la apuesta irrenunciable por una convivencia más humana, más libre y más justa para todos y todas.

Paulina Morales Aguilera

ver perfil

Últimos Comentarios

Amigos

Fans

Ídolos

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):