07 Oct 2008
¿APOCALIPSIS?
Sorprendente, inesperado y entendible Apocalípsis.
¿APOCALIPSIS?
En aquel fabuloso país todo el mundo era un lector compulsivo. Sabían, desde tiempos inmemoriales, que lo leído nos sigue por y para siempre; que no hay lecturas desprecibles y que no se puede discriminar entre libros aparentemente accidentales o secundarios y lecturas supuestamente trascendentales; eso queda para los comisarios literarios, con sus dogmas sobre cuáles son los libros indispensables, y como consecuencia, quiénes son los escritores sustituibles y los insustituibles en cada momento.
Decía que todos,sin exclusión, leían muchísimo; tanto que no había tiempo material para escribir. Había que devorar los millones de libros, folletos, revistas y ediciones digitales publicados. Además entendían que lo que se tenía que decir estaba ya dicho en lo publicado anteriormente.
Y sucedió algo inaudito, alguien se enteró que un joven universitario se estaba atreviendo a escribir un libro como dios manda, con mil doscientas páginas.
Las autoridades culturales decidieron que había que saber cómo se las apañaba; y nada mejor que contemplarlo en un estadio deportivo con multitud de cámaras de televisión y periodistas para dar noticia exacta del acontecimiento.
Lo colocaron en el centro, con su mesa, silla, flexo y su bolígrafo, y los focos dirigidos a su imagen. El recién llegado se sentó y no se atrevió a recibir con gesto alguno el estruendo con el que fue recibido por el público que abarrotaba el estadio; tampoco entendió los aplausos ensordecedores.
Y dio comienzo la actuación; se puso a escribrir en silencio en unas cuartillas el libro que hacía dos días había comenzado. Los demás lo contemplaban también en silencio, en un silencio asombrado, casi infinito. ¿De quién se trataba?.Alguien comentó:"Es un escritor, por lo visto el único que queda en este país, y de los poquísimos de todo el mundo".
El citado escritor era envidiado y admirado con gran respeto, pues sabían que había que mimarlo hasta sus últimos días. Era el único que no tenía miedo a enfrentarse al temido espanto que pudiera salir de las palabras publicadas en el papel, y de los pocos en el mundo entero que sabían distanciarse de las cosas y los hechos, y desde el exterior plasmarlos. Allí donde los demás sólo veían vida monótona y aburrida, es decir no merecedora de ser contada ni cantada, él encontraba imaginación para posibles aventuras.
Sabían también que era el último reducto del país para no seguir con el adocenamiento y alienación en los que habían caído sin darse cuenta. Era la inteligencia y el compromiso para mejorar a cada una de las personas y quizá el punto inflexible para hacer remontar de nuevo la libertad.
¿El Apocalisis podría llegar acaso algún día de una forma parecida?, o ¿Más bien sucedería como en aquel país ancestral, donde antes de entregar el original para editarlo, el escritor fue quemado junto con el libro a la vista de todas las cámaras y reporteros, para seguir igual?.
¡Todos a leer y nadie a escribir!, fue la consigna gubernamental.
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