09 Ene 2009

Viagra femenina

Escrito por: Soraya Ildefonso el 09 Ene 2009 - URL Permanente

Quisiera hablar hoy de un medicamento para la libido de las mujeres, que salió al mercado hace un año aproximadamente, pero del que no he vuelto a oír hablar; lo cual me parece preocupante. Se trata de un parche cutáneo que segrega hormonas masculinas; o sea, testosterona, que por lo que yo sé en plan culturilla general (porque no entiendo de biología ni endocrinología ni farmacología ni nada similar) tenemos tanto hombres como mujeres, lo que pasa que en este último caso ganan los estrógenos a los andrógenos ( es decir, nuestra parte fémina es más numerosa que la varonil –en la mayoría de los casos- y viceversa respecto a lo que ocurre en los hombres –en la mayoría de los casos también, claro, no se ofendan los hermafroditas o cualquier otro individuo).

El caso es que me parece el colmo. Puede que piensen que cuando sea más mayor no me reiré tanto de las viagras que proliferan como setas. Es mi opinión personal, pero creo que estas cuestiones no las resuelve una pastillita. Y la igualdad de géneros no se refiere a que si los hombres disponen de un afrodisíaco medicamentoso las mujeres también tienen el mismo derecho. Es como decir que como el fumeteo era cosas de hombres, nosotras hemos sido igual de imbéciles al pasarnos al tabaco, empezando por Catherine la grande del siglo XVIII y pasando por Sarita Montiel y su fumando espero.

A no ser que tengas una disfunción real de las gónadas (para entendernos, los huevos u ovarios) dudo mucho que lo más adecuado sea ingerir química prefabricada y ajena a tu organismo. Se inventan pirulas para todo: adelgazar, depresión, dejar de fumar, etc. Puesto que es más fácil tomarse algo que hacer esfuerzos psicológicos para mejorar o cambiar nuestros hábitos. En fin, todo está inventado y si no está por inventar, y de paso lucramos al gran mundo farmacéutico. No estoy en contra de la medicina tradicional sino todo lo contrario. Mis experiencias con las que llaman alternativas o modernas me ha convencido de que la acupuntura, homeopatía y demás son un fraude. Pero claro, al igual que los videntes o las agencias matrimoniales.

Si la sociedad demanda lujuria femenina, ¿no será que no hay hombres lo suficientemente hombres para hacer gozar a una chica? Uffff, tranquilos, esto último iba de coña irónica sexista. Y por supuesto, que vivan los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, travestis, heteros y cualquier otro ser asexuado o sexual.

15 Oct 2008

Tratado de la sexualidad

Escrito por: Soraya Ildefonso el 15 Oct 2008 - URL Permanente

Dicen (los que ven documentales de la 2) que entre los animales en general es frecuente una sexualidad polígama u homosexual. También hay casos de bisexualidad o hermafroditismo. Exactamente igual que en el género humano, aunque nuestra cultura actual y algunas religiones pretendan imponernos la moda monógama. Los animales no se esconden cuando fornican, de lo que se desprende que también los hay voyeurs y exhibicionistas. Claro que, en “animalandia” todo es lícito. ¿Porqué? Quizá asociamos el mundo animal con la ausencia de raciocinio o inteligencia, aunque asimismo lo relacionamos inconscientemente con la ingenuidad salvaje de las fieras. Por tanto, que lo hagan los animales no es malo, pero si lo hace el género humano es una depravación. De todos es sabido y aceptado que el modelo sociocultural de familia ha evolucionado en los últimos tiempos, de modo que nadie se escandaliza (o no debiera hacerlo) porque un niño tenga 2 madres, 2 padres, uno solo, o una abuela y un gato. No pretendo debatir tan espinoso asunto ya que, todos sabemos que, al igual que la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer, las diferentes opciones sexuales también siguen siendo una pelea continua.
A lo que voy es a poner sobre el tapete la cuestión de la monogamia, poligamia, poliandria e infidelidad. Tengo mi propia teoría al respecto, que os expongo a continuación:

Monogamia: dícese de las relaciones sexuales entre una pareja, heterosexual u homosexual (entre lesbianas o gays), que puede mantener relaciones afectivas paralelas con terceros (llamémosles “amigos”) pero sin derecho a sexo. Aunque esto último está sujeto a múltiples interpretaciones, dependiendo de lo “liberales” o “tradicionales” que sean los miembros (o miembras) que conforman el emparejamiento. A saber:
- “Amigos sin derecho a roce”
- “Amigos con derecho a roce”, es decir, que se puede flirtear, besuquear y caricias varias sin consumar acto sexual alguno.
El quid de la cuestión es que esta opción sexual sólo permite la sexualidad simultánea entre las 2 personas implicadas. Si un día se está con uno y al otro con otro, considérese monogamia si previamente se ha roto la relación anterior. De lo contrario, quemémosle en la hoguera por infiel, inmoral y ligero/a de cascos.

Poligamia: dícese de las relaciones sentimentales y sexuales alegres, o sea, entre más de dos personas simultáneamente. No confundirse con orgías, nada tiene que ver. Una persona que mantiene relaciones con más de una persona, no tiene porqué hacerlo a la vez. Además, la poligamia implica la existencia de relaciones sentimentales, no sólo el contubernio. Lo malo es que esto sólo sucede en beneplácito de los hombres en la religión musulma, así que descartamos esta elección por machista.

Poliandria: dícese de la infrecuente condición, más que alegre, en la cual una mujer tiene derecho a un harén de bomberos de Bilbao, por ejemplo. Imagínense si es inusual que yo misma desconocía su existencia feliz (me ha documentado un bloguero generoso). Pero no vayamos a hacernos ilusiones; parece ser que semejante invento poliándrico se daba en la Grecia Antigua o en el Tíbet por razones meramente patriarcales de supervivencia de la etnia, al haber exceso de varones.

Infiel: dícese del personaje absolutamente impúdico, lujurioso y sinvergüenza que tiene la osadía de dejarse llevar por los instintos naturales y animales del sexo. Bromas y religiones aparte, el sistema socio-político nos ha idiotizado hasta el punto de considerarnos traidores por dejar aflorar benévolos sentimientos hacia otras personas. Mientras uno sea leal y congruente a sus propias ideas sobre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo honesto y lo abusivo, no debiera considerársele (y mucho menos sentirse uno mismo) desleal ¿a qué o a quién? ¿Acaso no es lícito experimentar deseo, ternura, pasión, empatía o simplemente ganas de compartir nuestro cuerpo y/o sentimientos y pensamientos con “otro”?

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