18 Ago 2007

Campillos: Aproximación a su intrahistoria (17)

Escrito por: Alfonso Valencia Lozano el 18 Ago 2007 - URL Permanente

Figuras de un pueblo

El placero

Me dice mi diccionario de bolsillo refiriéndose al placero en su 4ª acepción: “Dicho de una persona ociosa, que anda en conversación por las plazas”.
Para mí el placero forma parte del paisaje interior y exterior de la Plaza. Hay distintas categorías de placeros según en qué plaza se ubiquen, los hay más humildes y más soberbios, más “enteraos” en el argot popular.

Si observamos una postal de principios del siglo pasado ya aparecen los primeros placeros e imagino que los actuales serán sus descendientes.

El placero es un ser muy peculiar y con los años y las muchas horas de práctica ha desarrollado unas técnicas muy sutiles de observación: se nos presenta como un ser distraído que suele mirar hacia el suelo, pero solo con un ojo, el otro ha copiado formas de actuar del camaleón y así hace un barrido de toda la plaza y sabe en todo momento lo que pasa en ella y siempre tiene un oportuno comentario que hacer a los otros placeros que normalmente se congregan en grupos de a cinco. Si se pasa de ese número ya la situación pasa a situación de descontrol. Algún placero cuando coge a su presa no la suelta hasta que no la despelleja. Otros son más pacíficos y se limitan a verlas venir sin practicar ningún tipo de depredación o a tomar el sol. Según la climatología, buscan la sombra o el sol.Para ello los placeros, que constituyen un lobby muy fuerte en las estructuras del pueblo han exigido y conseguido que los nuevos edificios tengan soportales.

Pero con la irrupción del automóvil podría parecer que el placero era una figura en extinción. Nada más lejos de la realidad. El placero ha evolucionado y ha conseguido memorizar todas las matrículas de los coches locales y así conociéndolas no tiene por qué mirar directamente a los pasajeros y tomarles la medida en forma de traje. Pero no fiándose de su práctica-que casi nunca les falla- al pasar el vehículo a su altura miran el coche de una manera tan rápida que el ojo humano no puede percibir pero que al placero le ha bastado para comprobar si va un pasajero que escape a su control. Esta velocidad en el giro rápido de la cabeza fue medida por un radar de la Guardia Civil el 6 de Enero y fue instalado en la Torre de la Iglesia para unos estudios de antropología.

Los comentarios que le merecen al placero todo lo que pasa por su radio de acción los hace solapadamente, incluso-los más atrevidos- tapándose la boca, técnica que también se ha impuesto en la retransmisión de los partidos de fútbol porque ya hay expertos en la lectura del movimiento de los labios.

En fin, una figura la del placero a tener en cuenta. Habría que instituir en Campillos “El día del Placero”. Hemos cambiado de siglo, pero el Placero sigue siendo rey en Plaza.

Otro espécimen parece ser que es el fijo del casino. También tienen su aquel. Con un ojo, el ABC y con el otro, la gente que pasa. Como su compañero de fatiga-en algún momento de la mañana o de la tarde se intercambian los puestos- el fijo del casino tampoco mira a los ojos sino de cintura para abajo.

A.V.L



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César Rodríguez D.

César Rodríguez D. dijo

Dios creó los números naturales, el resto es creación del hombre, dijo una vez Leopoldo Kronecker.

Días atrás se escuchaba decir: "El tiempo trae loco a los animales". Aquellas temperaturas templadas provocaban que las cigüeñas no emigrasen. El ruiseñor, las golondrinas y el cuco llegarían tarde, más tarde. Y yo recuerdo desde cuando era niño la cantinela de aquel viejo refrán: "Si el cuco no canta en marzo o en abril, o el cuco se ha muerto o la fin va venir".

Pero hete aquí que el tiempo ha vuelto a ser como debiera ser: Frío. Este frío hace que la biología no esté callada dando vía libre a la esperanza más allá de las especies autónomas (encinas, lentiscos y coscojas). Las nieves y el frío están haciendo más cosas. Por ejemplo que este Foro vuelva a renacer como si tuviera en cuenta aquel aserto del divino Cicerón cuando afirmaba que las verdades se corrompen con las mentiras y también con el silencio. Y ha tenido que ser la maestría de nuestro insondable y querido ALVALLO quien, al cabo de un mes, se dijera "allá que voy".

Se nos repantiga sobre el baúl de los recuerdos de su infancia y primera juventud cuando nada escapaba a su mirada atenta. No es que él lleve las riendas de los ajetreos campilleros de aquella época en la posguerra. Por eso no entona murgas después de misa, y si te he visto no me acuerdo. Tampoco entra en broncas ni en follones que tuvo que haberlos como en todas partes. Con la elegancia de un Sergio Lifar bailando la Consagración de la Primavera, Alvallo nos recuerda y narra a su Campillos desde esa tierra fértil que es el cariño a todas las cosas, alegrías y gentes; gentes y alegrías que convivieron con su edad y al unísono al desarrollo de su estatura y de sus carnes.

Desde el "ágora" campillera que ha sido y aún sigue siendo La Cruz Blanca, un lugar de contratación para jornaleros cuando rompía el amanecer, brinca Alvallo a la biopsia del "placero". Lo entra bien, no a las bravas. Lo rejonea con tiempo y saber. Porque el "placero" que sienta el culo a las mismas horas y en el mismo lugar, buscando sol o sombra según lo pida el cuerpo, va a cosa hecha, tan pejiguera como siempre como los otros, ni tanto así de más, soberana manera de ser también animal que dice para sí: ¡Toma er sol cuerpesito! Se rodea de comparsas. Charlan y otean el movimiento de cuantas liebres surcan o pasean el entorno. Las gentes ágiles que van a galope por la cuenta que les trae, y aquellas otras de aceite alcanforado, lentas, como sin rumbo, unas veces cabreadas, o también luciendo el palmito de mocitas con herencia. El placero y sus cómites hablan y hablan todo lo que saben de buena tinta. Uno se monda la garganta y escupe un gargajo contra el pie de una farola bien meada por los perros. Cuando todo está dicho, va uno y consulta su reloj de marca "Cyma" porque el cuerpo pide comer, y ahí os quedáis. Alvallo algún día nos dirá que aquel enamoradizo placero se nos fue para siempre, se murió de un "paralís".

Cuando vivimos en una sociedad que sólo cultiva lo superficial, es de agradecer que Alvallo hable de ese entrañable e increíble país que no hay quien borre de su memoria. Se trata de encontrarse nuevamente el hoy con el ayer, como el que dice que no podemos ir por la vida con el puño cerrado, sino abierto a la búsqueda del apretón de manos.

Dios creó los números naturales, el resto es obra de los hombres. Pero, si el cuco no canta en marzo o en abril, o el cuco está muerto, o la fin va venir.


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Sobre este blog

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El blog de Alfonso Valencia.- Perfiles de un pueblo

Nació en Campillos(Málaga)
Bagaje cultural: Maestro de Primera Enseñanza, Licenciado Filología Románica y buenas dosis de autodidactismo
Ocupación actual: Jubilado
Actividades: Entre otras, la recuperación del pasado a través de ejercicios literarios en lo que es ayudado por algunos con semejante inquietud
Ambiciones: Entre otras, recorrer el tramo final del camino en paz consigo mismo y con los demás.
Creencias: Las que han ido sobreviniendo y han permanecido
Ideología política:No sabe no contesta
Cualidad que valora en los demás: El uso del humor, de la ironía que no del sarcasmo
Rasgo que rechaza:La humillación gratuita del más débil

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