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¿Despolitizamos el blog?
“En mi libro El crepúsculo de las ideologías (1965) formulé la ley sociológica de que cuanto mayor es el desarrollo cultural y económico de una sociedad, menos factible resulta la adopción de las decisiones públicas en función de ideologías y más se imponen los criterios estrictamente racionales o científicos.
Cuando apareció mi obra, los ideólogos, tanto de la derecha como de la izquierda, reaccionaron con unánime hostilidad. Era natural: se quedaban sin su instrumento de trabajo y su medio de vida. Unos argumentaron empíricamente: las ideologías políticas continuaban apareciendo en los programas de los partidos, en los procesos electorales, en los medios de comunicación de masas, y en ciertas contiendas intelectuales (alguna, como el socialismo real, se encontraban en plena expansión planetaria). Otros argumentaron especulativamente con razones distintas e incluso contradictorias. Alguno añadió: «Esto ya lo dijo Bell tres o cuatro años antes.» A esta objeción, tan reveladora de la envidia hispánica y de un complejo de inferioridad celtibérico, apenas he prestado atención.”
Esto decía en el año 2000 Gonzalo Fernández de la Mora, Filósofo y Ministro de Obras Públicas con Franco, el que en 1973 inauguró la carretera que casi terminó con el aislamiento de Málaga en su acceso Norte jubilando parcialmente la de los Montes o de Colmenar y se reafirmaba en lo dicho acerca del fin de las ideologías que quedan reducidas hoy a los políticos profesionales y en menor medida al reducido grupo de palmeros que van recogiendo las migajas que los jefes de filas van dejando.
El resto se limita a verlas venir y a cambiar el sentido de su voto según la expectativa de mejora en sus condiciones de vida salvo las excepciones de rigor de los que en si mismos o en su familia han sido víctimas de los horrores de una guerra del pasado y que identifican setenta años después a los que hay ahora con los que había antes. Y este sentimiento es difícil de soslayar. Ya se habló el otro día de que los sunnitas y chiítas vienen odiándose desde el siglo VII de nuestra era. Esperemos que el mito de las dos Españas o lo que quede de ambas desaparezca antes en el tiempo.
Este largo preámbulo es para afirmar que los que escriben en el blog sin ser políticos profesionales sí tienen distintas sensibilidades que por las razones que fueren aparecen periódicamente al lado de Marquitos, del Maera, de las tertulias del Anguila, del árbitro Corregidor, del colegio de Macías, del Huerto y Mercadona, de Floripondio, Malaño y el camino de los Pilones, de Cuadrito y el que echaba once en una noche-se puso previamente de acuerdo con la Cuti para que lo corroborara-, de la Peña Kimber y la Volcana, del harakiri de los falangistas en las Cortes franquistas y en todos los ayuntamientos…Y acabo la enumeración que habrá que continuar más adelante enriquecida seguramente por más aportaciones que me han prometido.
Esas sensibilidades, aunque muchas cabras tiren siempre a los mismos montes, y sin saber de donde te viene ese sentir- y sin haber sufrido menoscabo ni en la vida ni en la hacienda- que hacen que te caigan mejor unos políticos que otros, mejor Gallardón que Zaplana, mejor Felipe que Josemari, mejor Clinton que Bush, mejor Julián Besteiro que Alejandro Lerroux o Carrillo, mejor Juan XIII que Pío XII, mejor...
A.V.L
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