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“…Por estos pagos, está, aunque cada vez menos, muy extendida la figura del pequeño comerciante, principalmente en los pueblos donde no hay quórum suficiente para instalar una gran superficie y que sea rentable. Este gremio da a lugar lo que aquí se llama els botiguers (los tenderos, de botiga, tienda), y es una red bastante estructurada, en especialidades según los artículos en venta, y así cada uno vive de su negocio y sólo mirando de reojo el escaparate del vecino.
En nuestro pueblo en los tiempos que hablo, el comercio era de lo más singular. Mayoritariamente eran pequeñas tiendas, que vendían al detalle, los artículos mas dispares, desde un real de aguardiente hasta unidades de cerillas ya que había quien no podía comprar ni una caja entera. Sitios donde se encontraba de todo o casi de todo como Currito o comercial Moto-Bici, el estanco de Modesta y el de Juana Herrera, cada uno en su especialidad. Las frutas, verduras y carnes las teníamos en la plaza de abastos, donde se concentraban hortelanos venidos incluso desde la Puente (Puente Genil).
Eran tiempos difíciles, de relativa escasez, por decirte que había quien se dedicaba al alquiler de huesos de jamón para darle consistencia a los pucheros, que era plato de diario. El industrial en cuestión poseía varios huesos que transportaba en un saco y cobraba a tanto, el tiempo de permanencia en la olla. Imagínate lo que podría sacar el último arrendador.
También era corriente, ver de tanto en tanto a uno que pregonaba gafas para la vista cansada, el personal se limitaba a probar la que mejor se le acomodaba dentro de un muestrario limitado.
Había en cambio buenas tiendas de calzado y ropas, y para ayudar a su expansión, estas últimas, contaban con la ayuda inestimable de los diteros, con sus cortes de tela sobre el hombro, iban de casa en casa dejando su mercancía, el importe se repartía en pequeños plazos y el cobro diario. ¡Cuantos ajuares se llegaron a hacer de este modo!
Del comercio de telas, había uno, que se desplazaba por los cortijos en compañía de otro, y para vender mas, se hacia pasar por portugués, y el otro era el intérprete En una ocasión les ofrecieron algo para beber y el intérprete aceptó un vaso de vino para él y pidió para el portugués, que como era gente muy rara, agua con sal, con esto reforzaban la nacionalidad del vendedor, no veas la cara del falso luso bebiendo el brebaje.
Y ya no te digo sobre los vendedores ambulantes, molletes, rosquitas de garbanzo, papas de menta, las tortas, los chupetitos, figuras todas que daban colorido y animaban las calles pregonando sus mercancías y cada uno le daba su toque personal en las letras y música de los reclamos, ahí esta si no, lo de ¡molletes calientes ¡ simplemente o mas melodioso ¡molletitos de Vázquez calentitos ¡
Hubo una vez uno, que vendía madroños, el tío de los madroños, que al grito de ¡Y ya apareció el perdio!, pregonaba su venta, este mensaje tan aparentemente inocente fue mal interpretado y le costó al hombre un buen disgusto, si investigas te dirán qué le pasó realmente a este personaje que además no era de Campillos. “
A.V.G
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nadrox dijo
Sencillamente, magistral.
Estimado A.V.G., menudo relato; has conseguido crear una máquina del tiempo que me ha transportado -“in ictu oculis” como diría J.P.- a los sonidos de la infancia, ocultos pero no olvidados para los que hace tiempo comenzamos a peinar canas o a intentar disimularlas.
Qué pueblo más sabio es el que todavía se refiere a Puente Genil como “La Puente”, que sabe distinguir -tal vez sin darse cuenta- entre los realengos de Puente Don Gonzalo de sus vecinos de Miragenil, perteneciente a la jurisdicción del Marquesado de Estepa, un pueblo junto a otro, separados por un río, tan distantes y tan cercanos.
Me has hecho recordar, de sopetón, a otros vendedores ambulantes que aparecían de vez en vez por el pueblo, como los que venían arrastrando su vieja mobilete al son de la musiquilla peculiar que salía de su flauta, un pegadizo dorremifasol-solfamiredo, seguida de la voz de reclamo con la que ofrecían sus servicios, “el afilaoó”; o qué decir de aquellos que compraban la lana vieja, o los que aparecían todos los veranos vendiendo melones de Benameji. Son sonidos que permanecen grabados en la memoria de cuantos hemos vivido en Campillos, como los de la campanilla de las ánimas, con su tilín-tilín, o el soniquete de “…haga bien a quien pudiere”.
Y los sabores… ¿conocisteis los polos a real que vendían en Pineda?
Gracias mil.
JPR dijo
Pace Tua, o sea, Con Permiso.
Amigos Alfonso et alii.
Mientras deshago la maleta de mi largo viaje al s. XII, os envío, como memoria y recuerdo, esta carta que escribí un día de enero de otro año a Paco Rengel, de Pedrera, cuando me invitó a que escribiera en su Revista Basketconfidencial.com. No sé si os servirá.
Decía así:
En Málaga, una tarde de enero de dos mil dos, metiéndome en camisa de once varas.
A Francisco Rengel.
Dilecto amigo:
Sigo sin saber de qué puedo hablar acerca de baloncesto. Puedo relatarte cómo - contaba yo ya 10 años - llegó a mi pueblo el balonmano, y contarte aquél primer partido que vi. Fue en el parque, sobre un albero mojado por la lluvia del cielo gris de los inviernos de Campillos (Málaga).
Mi experiencia de baloncesto en aquellos tiempos de Bachiller con babero en aquel infando Colegio, se reduce a la buena voluntad que ponía en intentar coger entre mis parvas manos aquel enorme balón de cuero, pesado ya de por sí, y más aún por la arenilla que se le iba acumulando con el agua que dejaban a caer las negras nubes desde arriba.
Nunca he sido alto, y, ese día, debajo del aro sin red, me envalentoné, entré a por un rebote y, hete aquí que aquel inmenso balón de cuero fue a caer a plomo sobre mi cabeza, poblada aún de negra cabellera con un mechón blanco.
Aquello no era lo mío. El fútbol sí, de portero, pese a mis uno sesenta y tantos. Y algunas veces, de ocho, de interior derecha; sobre todo, un domingo en que Rafael Llamas me colocó de interior diestro en punta. Bergel, José Rodríguez Bergel, extremo derecho, driblaba como nunca aquella luminosa mañana, y este que te escribe empalmó, desde fuera del área, dos pases suyos consiguiendo dos de los más hermosos y escasos goles que logró en su corta trayectoria como delantero.
Como cancerbero conserva aún mi memoria, que ya flaquea, recuerdos buenos. Me quedo con aquél encuentro Peñarrubia vs. Campillos, en el que, no sé aún cómo, lo paré todo. Me golpeaban los peñarrubieros, pero yo iba siempre a por el balón. Además estaba Marcelo, mi defensa gitano, mi amigo Marcelo. Una vez que le dieron otra patada, ahora en la cara, al hijo de Alonso, - que adoraba a D. Antonio Ramallets -, se tiró a la garganta del rival, y se armó la que se armó.
Era un 19 de marzo, un día de san José. Aún me quedan huellas de esa dura batalla en aquel noble y sumergido pueblo, al pie de las hermosas montañas que le daban nombre.
Había conseguido ser titular y, pese a la fisura que me causó en la mano que llaman diestra la bota mal encauzada del ariete de enfrente, seguí jugando. Si iba al médico, me pondría una escayola, y ¡adiós a la portería! No iba yo a dejar escapar aquella ocasión que tanto había esperado. Pero llegó Valencia, Diego. Estudiaba en Barcelona, y no podía acercarse cada domingo a Campillos. Yo andaba por calle Elvira, en casa de Doña Rita, en Granada, con mi griego y mi latín, y sí podía coger el tren, venirme a ver a mi novia, y jugar. Pero llegó Valencia, y Valencia, portero de raza, se quedó con la portería. Reserva, otra vez. Pero buen reserva.
Un domingo, Diego se lesionó, ante el Pontanense. Tuve que vestirme aprisa y salir corriendo al campo, ponerme en la portería de arriba, la que daba al Cuartefalange. ¡Ay, amigo!, el extremo izquierdo del Pontanense se escapó por su banda, alzó la vista, engatilló un disparo, fuerte y raso, cerca del poste derecho, y allí estuve yo, jersey negro de veinte duros, mechón lanzándome a por el balón redondo y echándolo a corner. Paradón que no se olvida.
Ahora que ya hace tiempo que perdí aquella espesa cabellera negra del día aquel del rebote y el balón encima de mi cabeza, cuando voy a mi pueblo, me acerco al Sancta Sanctorum del fútbol, el Bar de Antonio Luna. Antonio me recuerda cariñosamente partidos que dice que yo jugué, y me llama “buen guardameta”. Sus palabras, la charla con los amigos de siempre, unas copas de manzanilla y las tapas de Luna, le renuevan a uno el alma y piensa en la fortuna que ha tenido al poder ser de su pueblo, haber estudiado griego y latín y, además, disfrutar con el deporte.
Pero, en fin, si quieres, hablaremos de baloncesto, de ¿Alachachán?, —el ruso que me cautivó en la pantalla blanca y negra del Zenith de mi suegro—, de Paco Moreno, de Héctor Quiroga, Guardiola, Pozo, del Guadaljaire,... ¿Aunque, a quién importa eso, Paco? Piénsalo.
Fortiter amplectitur: J. Palacios
P. D. Amigo Nadrox: Gracias por tus Latines, pero me parece que esa expresión es in ictu oculi.
Bene valeas = que te vaya bien.
amago dijo
Conservadores y liberales
De este hecho no tengo muchos datos , me lo contó mi madre y a ella también se lo contaron y ya sabéis lo que pasa con la tradición oral ,no siempre es exacta.
Calculo que sería sobre 1876 después de unas elecciones que ganaron los conservadores , sé que hubo unas en Marzo de ese año , los liberales acusaron a estos de pucherazo . Mi bisabuelo , Pedro Govantes Sánchez que era liberal , no tuvo otra idea que liarse a tiros contra la casa de un Casasola que vivía en calle San Sebastián .
Mi madre cuenta que cuando ella era pequeña todavía se podían ver las señales de los balazos en la puerta .A consecuencia de esto mi bisabuelo estuvo preso unos meses en el Castillo de Santa Catalina en Cádiz , allí se fue con toda su familia y calculo que no lo pasarían del todo mal pues estando en un sitio tan maravilloso como es Cádiz y llevándose seguramente a sus criados … La gente bien de aquellos tiempos no se andaba con tonterías . Vamos ,que cualquiera de nosotros que se vaya a veranear a la playa pasa más calamidades que pudieran pasar ellos a pesar de estar presos ,pienso yo.
Como he dicho antes la historia puede tener sus matices , si alguno de vosotros la conoce o conoce a alguien que la pueda aclarar me gustaría que lo comentara ya que tengo gran curiosidad en saber lo que realmente pasó .
Menos mal que hoy en día no tenemos pistolas si no más de uno estaríamos veraneando en Alahurin .
Un saludo cariñoso a todos y por favor no escribáis tanto en latín que mis hijos han hecho todos ciencias y no tengo diccionario.
Amago
toni dijo
Me gustó el relato, recirdé lo mal se pasó en la postgerra española, también recuerdo que iban por los pueblos y cambiaban por loza, vasos, platos, unos que llevaban esto en las aguaeras de sus mulos por cañamo, las alpargatas de cañamo ya usadas dieron tras muchos pasos sus frutos, también el que por la calle hacía sonar su pito-flauta ¡¡ El afilador!! . El que, trasportaba en una pipa en su carro con su grito de..! El aguaor! y como no el Estañador, este arreglaba los lebrillos, platos y fuentes de loza, ponía con una maña total unas lañas (cada vez que grapo algun documento lo recuerdo) Estas lañas eran de un tipo de alambre grueso que a la medida de lo que hacía falta este buen artesano, acoplaba. Hay infiniddad de inventos de esa época y algunos me recordaron este simpatico relato del amigo Campillos. un saludo de toni
lorri dijo
kiero q pongan la imagen naa mas!!!! =( me va a ir mal en la prueba de mañana!!!
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