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Querido Alfonso Valencia: 
Santander es mucho Santander. No s&#243;lo, aunque tambi&#233;n, lo que describe Pereda en "Pe&#241;as Arriba". La plaza porticada, escenario donde Ataulfo Argenta con su batuta de n&#225;car dirig&#237;a en verano Parsifal, El crep&#250;sculo de los dioses, sinfon&#237;as de Mendelssohn, de Liszt, etc., guarda memoria de muchas guerras. A pocos metros, hacia el palacio de la Magdalena, hay unos despe&#241;aderos inmensos por donde arrojaban unos santanderinos a otros santanderinos durante la guerra. En el mismo cementerio de Santander fue fusilado un chaval, un ni&#241;o, all&#225; por los a&#241;os cincuenta. Y yo recuerdo a una Ciudad que ped&#237;a la muerte del muchacho (porque hab&#237;a dado muerte a un guardia civil), y a las pocas horas se deshac&#237;a en l&#225;grimas. 

Unos santanderinos fueron los que pusieron a Franco a caballo. T&#250; bien sabes que hab&#237;a un campillero que todos los veranos iba a verlo (Manolo el Soleta). Otros santanderinos acaban de derrocarlo, o mejor dicho guardarlo en otro lugar. As&#237; somos los hombres, igual que las mujeres sin refajos ni faltriqueras, pues en todos hay un psique femenil, que unas veces ama y otras abandona. No tenemos remedio. 

De vez en cuando alzamos el busto para que nos vean el escote.
Un saludo cordial, amigo Alfonso
C&#233;sar R. Docampo

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