30 Mar 2008
El gran político disfrazado (IV): ¿Intrépido justiciero, o delincuente?
Reanudamos la serie sobre el estentóreo personaje que lleva ya demasiados años envenenando la convivencia entre los españoles. Lo hacemos, una vez más, desde la indignación pero no sin respeto, e incluso con cariño: estamos sobre todo ante un enfermo moral (hecho constatable a poco que se le siga en cualquiera de sus frentes mediáticos, particularmente en esa radio "cristiana" que los obispos han puesto a su servicio). El miedo que inspira se relativiza en el acto si se contempla al tambor desde esa perspectiva. Superar ese miedo es esencial para desenmascararle socialmente, algo que a la vez constituye un modo de ayudar a este pobre hombre.
Vimos ya que se trata de un gran político-propagandista disfrazado de periodista, un pseudoliberal y un pseudomoralista. Pero aún nos queda completar la caracterización de alguien que todos los días prorrumpe en tono justiciero e inclemente contra quienes, según él, cometen actos intolerables y/o tienen propósitos inconfesables.
Muchos lo siguen cual si fuera una especie de Supermán de las Ondas: acaso la última esperanza frente a la completa reprogramación ideológica a la que las oscuras fuerzas combinadas de la masónica progresía, "la" ETA, los demás separatistas, el islam e incluso la delincuencia común, todas ellas bajo la dirección de "Zetapé", quieren condenar a España (mejor dicho, a "Ex-paña"). El problema es que, dejando a un lado el terrorismo, este hombre no exhibe unas artes éticamente menos reprochables que aquéllos a los que tanto denuesta, sino más bien todo lo contrario. Para empezar, ahí está su constante empecinamiento en insultar a todos aquéllos que osamos pensar diferente que él, al menos en materias "sensibles". O sus manejos para conformar una derecha político-mediática en la que sólo quepan los suyos.
Por eso no es raro que ni siquiera en ámbitos ideológicos afines a los de su entorno falten los críticos del Gran Líder de la Derechosa (GLD). Así ha venido ocurriendo en la propia derecha política (1 y 2) y mediática. Aún más llamativas han sido las frecuentes críticas por parte de muchos católicos que, como tales, se han levantado contra el rudo locutor (entre ellos, periodistas, portavoces de escuelas católicas romanas, "cristianos de base" y hasta un insistente abad) y en general contra la cadena Cope.
Pero las fechorías del GLD han llegado a traspasar los límites legales. Numerosas son ya las demandas presentadas contra él, por más que en algunas ocasiones tan poderoso personaje haya logrado que fueran retiradas. El partido ERC, el juez Fanlo, el político Ruiz Gallardón, el diario ABC, el que fuera director de éste José Antonio Zarzalejos, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) son algunos de los querellantes. Casi todos le han imputado delitos de injurias o similares, y en algunos casos ya ha sido emitida la sentencia condenatoria (ver 1 y 2).
Por desgracia, verse incurso en estos procesos judiciales, o incluso haber sido condenado, no ha mitigado la soberbia de nuestro hombre. Así ha sucedido, por ejemplo, con Ruiz Gallardón, quien se querellase hace casi dos años y contra quien recientemente tuvo a bien pronunciar la expresión "hijo de Satanás". Semejante chulería se la puede permitir quien, como ya vimos, es capaz de lograr que varios líderes del PP testifiquen contra uno de sus miembros más insignes, cosa de la cual el GLD no duda en jactarse. Detalle éste que, por cierto, no demuestra precisamente valentía, como tampoco parecen demostrarla hechos como su incomparecencia a una de las citas de los numerosos procesos judiciales abiertos contra él, y sobre todo su falaz autoexculpación en relación con la querella presentada por el SUP a raíz de sus difamaciones a varios policías encargados de la investigación del 11-M, amparándose en (y, en la práctica, culpando a) las noticias del diario El Mundo que, según decía, se limitaba a comentar (ver también).
Tamaño carrerón ha hecho que algunos pidan pena de cárcel para él, no sin buenas razones y aun a riesgo de alimentar su victimismo. La libertad de expresión tiene unos límites legales y constitucionales que el GLD ha rebasado gran número de veces, adentrándose en el terreno delictivo. Cabe preguntarse si este titiritero no hubiera sido ya puesto entre rejas de no contar con la poderosa influencia que posee.
Sí, titiritero, dicho sea sin el menor matiz ofensivo. Él sí que ha usado ese calificativo con dicho matiz, popularizándolo entre amplios sectores de la Derechosa sociológica. Lo ha empleado, en particular, contra las figuras del mundo de la canción y la farándula. Pero, en rigor, a él le encaja mucho más que a ellos por cuanto ya es conocido cómo maneja los hilos de la Derechosa, incluidos los del principal partido de la oposición.
Son muchas las razones por las cuales ante el "dilema" entre si estamos ante un valeroso justiciero o ante un delincuente, no es razonable decantarse por la primera opción. Sea como fuere, sobran los indicios para considerar al espíritu losantiano un auténtico cáncer social.
[La imagen que acompaña a este artículo es una viñeta publicada por El Roto en El País.]

54 comentarios · Escribe aquí tu comentario
YoGroucho dijo
Suscribo todo lo que dices, aaaahhh pero la iglesia es la iglesia y este poco hombre tiene buen respaldo.
ana dijo
Creo que este señor se cargara , primero a los lideres de PP, y al propio PP, por que quiere dirigir este partido, desde la sombra, y a el le votaría solamente la extrema derecha, por lo que como sigan las consignas de Losantos , no ganaran en la vida, unas elecciones, se quedaran en 10 millones, y cuando se les vayan muriendo los votantes más mayores no se donde pescaran nuevos votos. Un saludo
Cordura dijo
Por desgracia, Ana, creo que los acontecimientos mundiales seguirán abonando el terreno para que sujetos como éste medren política y mediáticamente.
No se olvide, por lo demás, que el PP ha seguido estos años sus consignas y ha subido en más de cuatrocientos mil votos. (Eso sí, como comenta YoGroucho, buena parte del éxito del GLD se debe a que la ICR ha pasado a la ofensiva... ¡y la ICR sigue teniendo mucho predicamento por estos lares!).
Cordiales saludos.
Flashman dijo
No puedo añadir ni una coma a lo expuesto en tu post, Cordura.
Un cáncer social y una ruina moral. La última víctima que se ha cobrado es María Cristina Castro, la única candidata alternativa a Mariano Rajoy para presidir el PP y que, tras protagonizar un encontronazo en antena con éste Jomeini de pacotilla, abandona sus pretensiones ante la avalancha de insultos y amenazas recibidos en su email.
Audio del cara a cara con Losantos:
http://www.radiocable.com/cristina-castro-se-enfrenta-a-losantos-34634.html
Entrevista en La Gaceta que lo provocó:
http://www.gaceta.es/26-03-2008+maria_cristina_castro_muchos_centro_izquierda_votarian_un_pp_renovado,noticia_1img_1enc,1,1,15832
Y finalmente desaparece de la escena:
http://blogs.periodistadigital.com/microfono.php/2008/03/28/rajoy-competidor-pp-cristina-castro-0987
Un nuevo triunfo de la democracia interna habitante en el PP:
Cordura dijo
Cierto, Flashman (ya uno de los enlaces de mi 'post' remitía al audio de ese "careo").
La verdad es que esta mujer parecía demasiado honrada como para poder prosperar como dirigente de la derecha, máxime teniendo en cuenta que ésta sigue mediatizada por la Derechosa.
manolo dijo
Lo siento, nenas, pero la libertad de expresión es la libertad de expresión. No conseguiréis que el único que nos cuente las "verdades" sea vuestro Gabilondo de baba caída. Os gustaría, pero no lo conseguiréis. QUEREMOS SABER.
Gloria in excelsis Deo.
Chaparron dijo
Otra vez con el condenado «simplismo bipolar» de los «hunos» y de los «hotros» como diría el maestro Unamuno: La SER (ufff) o la COPE (puajjj)... ¿Y no hay más?. Aunque ahora habla un «hotro»: la manoli (para hablar a su nivel).
Antes intentemos FIJARNOS en el «gran argumento» que utilizan para defender lo indefendible: la «libertad de expresión»... un «sagrado nombre» que nos debe paralizar y llenar de revente temor...
«Libertad de expresión» como «patente de corso» para la difamación y la propaganda del odio, ya me conozco lo que implica: «la ley de la jungla» donde ganará el más bestia (o el protegido por el patrón más bestia) a la hora de emplear masivamente la tergiversación, la difamación y la incitación de los bajos instintos. Es decir, lo que vemos todos los días con la telebasura.
Yo me cisco en esa condenada «libertad de expresión». Soy un irreverente, y a mí los «sagrados nombres» no me paralizan («España», «Democracia»...) Y es más, en el ejercicio de la libertad de expresión, yo expreso libremente que sería saludable que todas las manolis acabasen como determinaba el antiguo código sajón para las maledicentes. Estudien historia y lo averiguarán...
Y Cordura tiene desgraciadamente razón: «los acontecimientos mundiales seguirán abonando el terreno para que sujetos como éste medren política y mediáticamente».
Es más, buena parte de la izquierda no quiere ser otra cosa que ser el «poli bueno» que acompaña al «malo».
Sé que esto no anima, pero es mejor no ilusionarse, pues la desilusión es peor.
martinica dijo
Hagan el favor de no meterse con don Federico Jiménez Losantos, que es un gran profesional, que nunca insulta, nunca menosprecia, nunca ridiculiza, nunca tensiona, nunca exagera, nunca echa más leña al fuego, nunca hace chistes a costa de los demás, nunca se inventa motes para zaherir a nadie, y nunca se basa en insidias ni sospechas indemostrables. Y, consecuente con su profunda formación cristiana, antes está dispuesto a poner la otra mejilla que a pelear con nadie, porque es un bendito de Dios. Por eso lo ha puesto ahí emisora episcopal, para que con su ejemplo fomente la paz, la concordia, el entendimiento y las virtudes cristianas entre todos los españoles.
Si no fuera suficientemente conocido, este Losantos podría causar asombro. Porque admitiendo por un momento, a los solos fines dialécticos, que Zapatero pudiera equivocarse mucho, muchísiiiimo, por un simple cálculo de probabilidades alguna vez, aunque solo fuera una, tendría que acertar. Pues bien, para Jiménez Losantos no existe ni siquiera esa única vez.
Cordura dijo
MANOLO, persona:
Es triste ver cómo las crías de las camadas losantianas venís aquí con la prepotencia puesta. Cosas de ese espíritu diabólico. Es raro, muy raro, que venga alguno de vosotros dispuesto a dialogar realmente. Como prueba de que os sentís más fuertes, de que el Gran Poder del Sistema os ampara, llegáis, insultáis y os marcháis. Así ha sucedido aquí ya muchas veces.
E invocáis la libertad de expresión... Pongamos que a un locutor le diera por insultarte gratuitamente desde las ondas, o por calumniar a algún allegado tuyo, muy querido y próximo a ti. Y que lo hiciera, además, por acumular poder. ¿Seguirías invocando la libertad de expresión?
Vuestros "argumentos" no resisten ni un instante de confrontación dialéctica. Por eso llegáis, insultáis y os marcháis. Sólo os importa ganar. Por supuesto, avasallando.
Y el colmo es verte usar el nombre de Dios en vano.
Más dura será la caída (ver Santiago 2: 13).
Cordiales saludos en cualquier caso.
RogRabbit dijo
Frecuentemente se agradecería que las clases de ética, fuesen precedidas por una exhibición práctica de la misma.
Este es un caso evidente, el post, insultante y totalitario, pretende que todos los que lleguemos aquí, lo hagamos en un tono humilde y acatador. Típico de la progresía. Guardianes de la moral, de la verdad y de la virtud ciudadana.
Federico molesta. Esto es obvio. Pero molesta porque dice lo que la progresía no quiere oir. Y eso es molestia doble. El elenco totalitario de izquierdistas que maman de los impuestos de los que trabajan en europa, no puede quedarse impasible ante tamaña osadía, que pone en riesgo su mamandurria. Como siempre.
Está bien que os irrite Federico, me alegro. Profundamente. Y me alegro porque por mucho que os duela, vuestro doble reasero, ese con el que defendéis el derecho a la libertad de expresión de asesinos que matan y amenazan, o con el que defendéis a tiranos bananeros o golpistas convictos cuando os interesa y con el que a la vez atacáis al que usa la palabra, os retrata con una precisión indiscutible. Es un verdadero placer observar vuestra irritación.
Por cierto, Cordura, no se si te habrás "olvidado" de mencionar que la demanda de uno de los miembros del SUP, ha sido sobreseída. Entiendo que en estas condiciones, lo que hacéis los progres es cambiar la Ley a vuestro antojo, apoyados en la "amplia mayoría social" a quienes pagáis el voto, de nuevo, con los impuestos de todos.
Por favor, seguid, esto es aun mas gustazo que el Media Mart.
Rog
Rebelde dijo
Pues yo opino que sin gente como él, los que somos verdaderamente de derechas estaríamos desamparados. Estaríamos empantanados en la pseudo-derecha oficial del PP, acomplejada y volcada hacia el "ganar votos como sea". Tal vez sea una derecha más antipática y más "crispada" de la que hay ahora, que quizás a los de izquierdas os cueste imaginar, pero será la que defienda la base de este malhadado partido: Liberalismo económico a ultranza y conservadurismo moral. Eso, le pese a quien le pese, es, lo que queremos los de derecha. Ganar votos a base de sacrificar principios, eso que se los queden otros. Para eso ya tenemos un "Partido Socialista" que de socialista tiene lo mismo que yo.
Un saludo y enhorabuena por el blog, Cordura.
Cordura dijo
ROG:
Vaya, parece que hemos tocado materia "sensible". Veo, amigo, que cuando de política se trata, tiendes a perder la frialdad y aplicas sin contemplaciones el trazo grueso, la segunda persona del plural y la acusación generalizada y, en mi modesta opinión, infundada. [Todo esto resulta tanto más triste por cuanto, recientísimo como está nuestro debate "evolutivo" previo, ya deberías saber que este blog se ajusta poco a los criterios de la progresez.]
Dices que el artículo es "insultante y totalitario" y que pretende que vengáis "en un tono humilde y acatador". No podrás, creo, fundamentar ni lo de "insultante" (aunque admito que es más discutible) ni lo demás. Quien venga a tratar este tema será igual de bien recibido como quien llegue a tratar cualquier otro. Eso sí, será de agradecer que lo haga con respeto. De lo contrario, se le reclamará que lo haga, como aprovecho a hacerte ahora a ti.
Sobre el GLD ya hemos aportado un montón de evidencias. Éste es el cuarto (quinto, en realidad, pues hubo uno fuera de la serie) texto que le dedicamos. Todos ellos están repletos de referencias documentales, como es fácil comprobar. Se basan, además, en un bagaje de diaria atención a los pasos del más que presunto delincuente (la Justicia 'dixit') que nos ocupa. Y, por supuesto, no pueden ser exhaustivos.
En cuanto a ti, te dedicas a descalificar mucho pero hablas poco, demasiado poco, sobre las evidencias presentadas contra tu admirado "periodista". Ésas son las que primeramente, ya que ése es el tema, deberían merecerte algún juicio moral. Es decir, algo más que respuestas y descalificaciones 'ad hominem' contra quienes osamos denunciar las fechorías de ese pobre hombre. Algo más que hirientes y gratuitas calumnias sobre que defendemos a "asesinos que matan y amenazan", o "a tiranos bananeros o golpistas convictos" (cosas que jamás podrás demostrar en lo tocante a nosotros; a diferencia de ti y del GLD, aquí se condena TODA violencia, así como cualquier tipo de acción antidemocrática, sin perjuicio de reconocer que las hay más y menos graves).
Ignoraba, e ignoro, eso que me cuentas sobre el sobreimiento parcial en relación con la demanda del SUP. ¿Serías tan amable de documentarlo? Piensa, en todo caso, que eso sólo supondrá/ía una gota en un océano: sigue vigente todo lo demás, en algunos casos con sentencias ya dictadas.
[No sé a qué te refieres exactamente con eso del "elenco totalitario de izquierdistas que maman de los impuestos de los que trabajan en europa". Si ocurre eso, me parece muy mal. Como me lo parece que la entidad político-religiosa que es dueña de la cadena Cope, donde trabaja tu modélico Fede, siga percibiendo financiación pública pasados tantos años desde que se comprometió a autofinanciarse... Muy "liberal" eso, sin duda. Tampoco sé a qué aludes con eso de "cambiar la Ley a vuestro antojo". En todo caso, si es cierto que lo hacen los progres, díselo a ellos. Nunca me identifiqué con los tales. Por último, ignoro por completo el sentido de tu referencia a "Media Mart".]
Cordiales saludos.
REBELDE:
Grato es verte de nuevo por aquí. En tu caso, se agradece la cruda sinceridad: contigo no hay peligro de medias tintas (eso es bueno; y me recuerda, como ya dije, a mi tan admirado como profundamente equivocado amigo Friedrich Nietzsche).
Me preocupa, con todo, que sigas a ese gurú de la ondas, un infeliz hitlerillo que a este paso acabará muuuuuuy mal, y que se hace rico y poderoso a costa de arruinar la convivencia entre los españoles. Aún me gustaría verle redimido, pero a cada paso que da sólo cava más hondo su tumba moral.
Un saludo y gracias por la cordialidad.
RogRabbit dijo
Ah, perdona, Cordura, es verdad.
Se me olvidó mencionar que todo lo que he escrito lo he escrito sin el "menor matiz ofensivo". Espero que esto sea suficiente para acallar las quejas.
Es cierto que el artículo debe ser "materia sensible", desde el momento en que merece un post en tu blog. Yo sólo he respondido al post, como lo he hecho en otros, y creo haber adoptado el tono del post, que es lo que me parece justo. Porque, personalmente, el término "Derechosa sociológica" que supongo te parecerá muy apropiado y divertido, personalmente me parece ofensivo.
La justicia también "dixit" que Sopena y algunos periodistas de "El Plural" están condenados a pagar 60.000 euros (20 veces la condena de Losantos) a la AVT, y tu fijación con GLD sigue siendo imperturbable, tanto como para decir que JL es el "mas presunto delincuente" sin ni siquiera mencionar el otro "pequeño detalle". Puestos a mas o menos presuntos y delincuentes, creo que hay también donde morder. El fallo en la ecuanimidad resulta manifiesto.
Me indicas que en tu texto hay "numerosas evidencias". Cordura, por favor, no insultes mi inteligencia (que tampoco es que sea para echar cohetes), pero es que en tu texto, gran parte de los enlaces que consideras "evidencias" son enlaces a tus propios textos dentro de este blog. ¿Hablas en serio de evidencias?. Me empiezas a preocupar. Tienes en el post nada menos que 33 enlaces (links), de ellos, siete (un 20%), son tus propias opiniones al respecto. Otra evidencia son dos enlaces a un medio, algunos de cuyos colaboradores tienen sentencias en firme por difamación, otros dos o tres a Público, el periódico de ZP a quien JL sacude sin contemplaciones. Y también el Pais, que entiendo que te aloja y te da cancha con el blog, pero que ya sabemos "la derecha que desea", es decir, la derecha progre y centrista (que nadie sabe lo que es, a ver si me lo explicas de una vez por todas) que preconizaba el Sr Polanco, que en paz descanse. Pues si a la opinión le llamas evidencia, tenemos un serio problema semántico.
En cuanto a lo del SUP, no he dicho eso, he dicho que ha sobreseído la demanda de uno de sus miembros (un ex-miembro en concreto que le había demandado), en concreto es es el ex-policía Kalaji. Puedes encontrar la noticia en muchos lugares de Internet. Su demanda y la del SUP están fundamentadas en los mismos hechos, aunque es cierto que el SUP amplía algo las acusaciones. El tiempo dirá.
En lo referente a la libertad de expresión de ciertos elementos, ya que tan beligerante eres con un locutor de radio, que quieres que te diga, Cordura. Las omisiones son a veces tan explícitas como lo explícitamente reseñado. Ya ves, a mí particularmente no me parece que un medio de comunicación sea especialmente peligroso, ese criterio sólo lo han tenido los tiranos totalitarios y bananeros, insisto. Un ejemplo: Hugo Chávez, que se cepilla por el artículo uno a los medios de comunicación que le son más molestos. Supongo que por "anti-bolivarianos". Este post tiene para mí ese inconfundible tufillo. Me parece más peligroso Chavez, Correa, y Toro Sentado que FJL. A este ultimo puedo borrarle de mi dial si quiero, como los ciudadanos de Venezuela, Perú, Ecuador o Bolivia. A quien no se quitan de encima son a los otros.
Y es verdad, me dedico a descalificar, pero ni mas ni menos de como haces tu, que tu post no hace otra cosa que descalificar. Hay que saber aceptar el tono que uno mismo imprime a sus textos.
La Iglesia Católica no es nada liberal. Ni creo que nadie en su sano juicio pueda afirmarlo. Pero en ese aspecto tiene una gran ventaja; nunca afirma que sea liberal. Al contrario de otros, que presumen de pedigree liberal pero sus comportamientos distan mucho de sugerir ese marchamo. Como liberal, no me siento aludido por el comentario al respecto, ni siquiera por que manifiestes que yo opino que Losantos es modélico. Losantos es un tipo que resulta duro de roer, que ni siquiera los disparos le han amedrentado, y que dice exactamente lo que le pasa por la cabeza. A veces, con manifiesto desacierto, pero otras veces acierta "en todo el bebes". Cuando está pasado de vueltas o tiene el día de Benny Hill, no te pierdes nada escuchando los 40 principales. El día en que está inspirado, no deja títere con cabeza. ESO es lo que suele molestar de Losantos, eso y el hecho de que no se disfrace de talante para decir las cosas, como hacen otros, y hacer lo contrario. Yo le prefiero a él con sus aciertos y sus desaciertos y sin aceptar que es ningún modelo de nada.
En cuanto a cambiar la Ley, amigo mío, parece que estos cuatro años hemos estado en lugares diferentes. ¿No te habrás pegado un sabático cuatrienio en Santo Domingo?.
Un Saludo.
Rog
Rebelde dijo
A mí me parece que en el caso de Losantos también hay una cruda sinceridad, fundamentalmente su programa está hecho para los que pensamos como él, y no se esconde en llamarse "derecha" o "liberal"(imagino que en el estricto sentido económico del término) o conservador. No es el caso de Pedro J. (no hay más que echar una ojeada a su diario para ver la mezcla de progresía con derechismo enmascrado - pero más de lo primero) o el de la mayoría de la clase dirigente del PP, una derecha que no es capaz de representarse a sí misma y a la que votamos única y exclusivamente en función del voto útil y por simpatía con alguna vieja gloria, hoy denostada, del partido.
Flashman dijo
Las opiniones no siempre son respetables. Yo podría decir que RogRabbit tiene pinta de pederasta y que, por ello, debe ser pederasta, y utilizar mi bitácora para proclamarlo a los cuatro vientos y generar un rumor al respecto. ¿Estaría ejerciendo libremente mi derecho a la libertad de expresión? Lógicamente no. Esa libertad de opinar termina donde comienza el derecho al honor de RogRabbit, y si yo no dispongo de pruebas, habida cuenta de tratarse de una imputación que sobrepasa el simple insulto para entrar en el terreno de la calumnia (delito tipificado en el código penal), me convertiría de facto en un calumniador digno de ser denunciado.
La libertad de expresión termina donde comienza la libertad del vecino a no ver respetado su derecho al honor. Me parece increíble que haya personas necesitadas de una explicación como ésta y que ni aun así sean capaces de entender que el paraguas de la libertad de expresión no puede abarcar las calumnias ni las injurias.
Sobre la demanda ganada por Losantos, ha sido sobre el policía de origen sirio Kalaji en relación al 11-M. Kalaji le denunció por calumnias y el juez ha sobreseido el caso. Desconozco si pertenece al SUP, pero la demanda de éste sindicato ha sido planteada con posterioridad. Luego está la del ex-jefe TEDAX Sánchez Manzano, la de Gallardón. Le espera una primavera caliente al talibán de las ondas...
Sobre El Plural, es un bodrio de proporciones similares a Libertad Digital pero de orientación contraria, todo lo que le caiga me parecerá poco si se lo merece. Pero RogRabbit, ¿para tí en éste caso no hay atentado contra la libertad de expresión?
A Sopena ya le dedican toda clase de piropos en la Red Liberal, ¿también te pasas por ahí para decirles que hablen de las condenas judiciales a Losantos?
Aaaayyy...
Cordura dijo
ROG:
Aunque se te huele la ironía, es de agradecer que tú también escribas, o desees escribir, de manera no ofensiva. Pero eso no basta: además lo que digas tiene que ser verdad. Y el caso es que no lo eran varias de las acusaciones que hacías en tu anterior comentario, ya te lo he dicho. De ahí que las quejas sigan estando justificadas.
Hace tiempo que acuñé el término 'Derechosa' y tú deberías saberlo porque ya te di la referencia ( http://javzan.freehostia.com/nuestras_claves/glosario.htm ). Fue justamente para distinguirlo de la despectiva expresión 'derechona' (usada por la respetable progresía), así como de la etiqueta 'ultraderecha' (en relación con la extrema derecha clásica). Además, porque no es exactamente igual que ninguna de las dos. En este blog he repetido más de una vez que no hay intención peyorativa en dicho término. Se trata de una especie de neologismo (al menos como sustantivo) que considero útil para caracterizar una realidad sociológica nueva y propia de la emergente Era Neorreligiosa. Ni me divierte ni me deja deja de divertir; simplemente lo considero útil. Por supuesto, eres libre de de hacer los juicios de intenciones que te plazcan, pero recuerda que lo que no está en tu mano es leer mi mente. Así que estaría bien que respetases lo que se te dice. A fin de cuentas, cuando necesitamos ser duros no dudamos en serlo (pero nunca con propósito hiriente, por la sencilla razón de que no sirve para nada).
Que Sopena y tantos otros también tengan líos con la Justicia es algo que no hace al caso, aunque por supuesto seas libre de recordarlo. Al hacerlo incurres en el típico simplismo bipolar, como recordaba Chaparrón. Respeto que para ti sea tan o más peligroso Sopena que el GLD, pero a mí me parece que el poder del segundo es incomparablemente mayor (‘El Singu’ surgió, de hecho, para hacer frente a ‘Liberticidas Digitales’, pero es obvio que no tiene la misma influencia). A mi modesto entender, la emergencia de la Derechosa acontece justo a la par con la decadencia de la progresía. Ésta es una teoría mía, creo que muy realista, con la que puedes estar o no de acuerdo, pero no deberías acusarme por sostenerla (¿o es que tampoco tú, siguiendo el ejemplo del GLD o el de S-B, vas a respetar la libertad de conciencia de los que pensamos diferente? [Por cierto, hablando de dinero: entre el caso ERC y el del juez Fanlo, el GLD está condenado a pagar 63.000 euros; y, ojo, que tiene en curso otros casos que pueden serle aún más gravosos: recordemos el de sus gratuitas injurias a Gallardón y el del SUP, p. ej. En cualquier caso, no es tanto un problema de quién tiene que pagar más sino de quién hace más daño; en mi opinión, suele hacerlo quien tiene más poder.] Por lo demás, te remito a lo que te dice Flashman.
No tergiverses mis palabras, amigo: he hablado de “un montón de evidencias”, pero en relación con cinco textos, no sólo con el último. Veo que te has tomado la molestia de catalogar los diferentes enlaces, aprovechando para descalificar las fuentes. Demasiado bien sabes que cito todo tipo de medios, incluidas varias veces al del propio GLD (lo cual curiosamente omites). Y que la clave del asunto no radica aquí en la orientación del medio enlazado, sino en que lo citado sea o no una verdad contrastable (te desafío a que demuestres que no lo es). ¿O es que sólo van a ser fiebles las fuentes de tu cuerda? ¡Pues vaya liberal!
¿Que cito también textos míos previos...? Pues claro, porque están llenos de otros enlaces a medios de lo más variados (con preponderancia en algún caso de LD). No cito, pues, mis “opiniones”, sino a tales otros medios pasando por mis textos, como depósitos de dichos enlaces. En cuanto a ‘El País’, éste no es un blog oficial de ese medio, y si escogí este ámbito (donde, por cierto, hay más de un blog derechista e incluso derechoso) fue simplemente porque me gustó más estética y funcionalmente. [‘El País’ tiene sus propios blogs oficiales, pero La Comunidad es un servicio aparte.]
Compruebo que lo que dices sobre Kalaji y el SUP (que mantiene otras demandas) es cierto. No hay problema en admitirlo, pero tampoco desmiente, ni mucho menos, el grueso de lo que hemos dicho en el artículo. [Recuerda, por cierto, que el GLD ya fue condenado, bien que muy tibiamente, por otro juez que le prohibió usar una retahíla de insultos; puedes verla aquí: http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/2008/3/5/al-habla-jefe-rajoy (Es un texto mío, pero en él doy, como en otros casos, la fuente periodística de donde lo saqué).]
Me parece respetable tu opinión de que “las omisiones son a veces tan explícitas como lo explícitamente reseñado”, pero aquí estamos hablando de la ley, no de opiniones personales. Por lo demás, me temo que el peligro del GLD no desaparece por “borrarle del dial” (entre otras cosas porque también sale en su tele, y en Internet, y en ‘El Mundo’...), del mismo modo, a otra escala, que el genocida George W. Bush no deja de ser genocida porque yo ignore la información que se transmite sobre sus fechorías. ¿O nos vas a hacer tragar, a estas alturas, que el GLD es “un simple locutor de radio”? ¡Díselo a la casi totalidad de dirigentes del PP, quienes jamás osan criticarle en público, y muy raramente contradecirle de manera abierta!
Es curioso cómo te amparas en lo que yo supuestamente hago para hacer tú, presuntamente, lo mismo (usar mi “tono”, “descalificar”...). ¡Hombre, no me imites en lo malo! :-) Pero es que yo no creo haber descalificado a nadie, lo que he hecho es ofrecer una serie de datos que evidencian cómo el GLD se descalifica a sí mismo, por su propia conducta. Por mi parte, tanto aquí como en textos previos, he insistido en que este personaje merece ser tratado con respeto, e incluso con cariño. Cuando sugiero incluso cárcel para él es también por su bien (nada hace tanto daño al infractor como la impunidad, pues le hace perder la noción del bien y el mal). Eso sí, siempre que pida un castigo para alguien será un castigo proporcionado y dentro de los límites de la ética y el derecho, así como me opondré a cualquier abuso o desproporción (jamás toleraría, por ejemplo, desde mi modesta posición, que al genocida Bush se le aplicara la misma receta de tortura y muerte que él viene aplicando con tantísima gente; para mí nunca dejará de ser PERSONA).
Contra lo que dices, la ICR de un tiempo a esta parte va, y mucho, de liberal. Revisa sus “Líneas Cope”, por ejemplo (son editoriales de la cadena, es decir, pronunciamientos oficiales). O su reiteración, desde el CVII, en la defensa verbal de la libertad religiosa. (Otra cosa son sus hechos, claro). O las declaraciones de sus obispos en la famosa manifestación del 30-D pasado, acusando al gobierno de poner en peligro la libertad y la democracia que ellos dicen defender (por cierto, en aquel acto apareció, por videoconferencia, el jefe del Vaticano, un estado monárquico-despótico; es, además, el jefe de la ICR, una entidad político-religiosa caracterizada por cualquier cosa menos por la participación democrática de sus fieles [por cierto, frente a lo que vemos en la Escritura que hacía la iglesia primitiva: véase Hechos 15, p. ej.]).
A mí no me molesta lo que dices que molesta del GLD: eso mismo lo hacía, por ejemplo, José María García y me daba más o menos igual (sin gustarme su estilo, claro). Lo que me parece grave en este sujeto al que tanto admiras es lo que ya he expresado en cinco artículos sobre él en este blog, y que no voy a repetir aquí. Pero, por supuesto, es muchíiiiiiiiiiiiisimo más grave que una cuestión de “formas” y de “sinceridad” (ésta, por cierto, aun sin las comillas, y al menos en su acepción de franqueza, en modo alguno es una virtud).
Lo de “cambiar la ley” te lo preguntaba sin segundas. Pero allá tú.
Cordiales saludos.
REBELDE:
P. José R. es, en cierto sentido, aún más falso y peligroso que su aliado el GLD. En la Kope parecen el “poli bueno” y el “poli malo”, sobre todo cuando discrepan (en asuntos menores, claro).
Al margen de eso, reitero que la sinceridad, y menos la cruda, no es una virtud en absoluto.
RogRabbit dijo
Las opiniones, querido Flashman, no siempre son respetables como dice. Pero aunque no lo sean, no siempre son delitos.
El respeto y la legalidad son cuestiones diferentes. Por ello también le aclaro que no he defendido en ningún momento la calumnia, la injuria o la difamación. Otra cosa es que usted opine que Losantos las ejerce. Si el juez opina como usted, el señor Losantos deberá pagar su culpa. Ya le tocó con el juez Fanlo. Y le tocó porque, al contrario del juez, el no se retractó de lo dicho. No se menciona aquí la frase del juez que desencadenó todo el asunto, supongo que por aparentar cierta veracidad en el discurso. El escarnio a una víctima de terrorismo por el hecho de serlo tiene una cierta dosis de cobardía. Que ultimamente se practica con alegría y pecho henchido.
Kalaji pertenecía al SUP, lo que ignoro es si actualmente pertenece. Y supongo que le espera un año movido a Losantos. O quien sabe si a sus demandantes. La Justicia es inescrutable.
Para mí es libertad de expresión hasta que un juez dice fundamentadamente lo contrario. Es lo justo, en democracia la presunción de inocencia es una de las bases del sistema. No hubiera comentado nada sobre el Sr. Sopena si la condena no fuese en firme (y supongo que la recurrirá, como haría cualquier medio), pero es una condena al fin y al cabo. Como la de Losantos en el asunto del Juez.
Visito poco la Red Liberal, por no decir que no la visito. Visito más a Pedro Schwartz, Revel, Gasset, y algunos articulistas que son de mi agrado como Girauta, el propio Losantos, Carlos R. Braun y el blog Heterodoxias. Pero prefiero leer al enemigo.
Un Saludo.
Rog
LOBO dijo
CORDURA MIRA ESTO,BUENO OYE:
http://atalantidas.blogspot.com/
El mito de Jesús de Nazaret
OYELO PARA QUE VEAS LO QUE PIENSA UN FILOLOGO DE NIVEL INTERNACIONAL.
YO NO ME LO CREO.
TE LO RECOMIENDO ENCAREZIDAMENTE
LOBO dijo
LOS SERMONES DE SEMANA SANTA DE BENEDICTO XVI:
1. Domingo de Ramos
16 de marzo del 2008
Queridos hermanos y hermanas, año tras año el pasaje evangélico del Domingo de Ramos nos relata el ingreso de Jesús en Jerusalén. Junto a sus discípulos y a un grupo creciente de peregrinos, Él subió desde las llanuras de Galilea hacia la Ciudad Santa. Como peldaños de esta subida, los evangelistas nos han transmitido tres anuncios de Jesús referidos a su Pasión, señalando con esto al mismo tiempo el ascenso interior que se estaba cumpliendo en esta peregrinación. Jesús está en camino hacia el templo, hacia el lugar donde Dios, como dice el Deuteronomio, había querido “fijar la sede” de su nombre (cf. 12, 11; 14, 23). El Dios que ha creado el cielo y la tierra se ha dado un nombre, ha permanecido invocable, más aún, ha permanecido casi tangible por parte de los hombres. Ningún lugar puede contenerLo y, sin embargo, o precisamente por esto, Él mismo se da un lugar y un nombre, a fin de que Él personalmente, el Dios verdadero, pueda ser venerado como Dios en medio de nosotros. Gracias al relato sobre Jesús cuando tenía doce años de edad, sabemos que Él ha reverenciado al templo como la casa de su Padre, como su casa paterna. Ahora vuelve a este templo, pero su recorrido va más allá: la última meta de su subida a Jerusalén es la Cruz. Es la subida que la Epístola a los Hebreos describe como el ascenso hacia la tienda no fabricada por manos de hombre, hasta encontrarse en presencia de Dios. El ascenso hacia la presencia de Dios pasa a través de la Cruz. Es el ascenso hacia “el amor hasta el extremo” (cf. Jn 13, 1), el cual es el monte verdadero de Dios, el lugar definitivo del contacto entre Dios y el hombre.
Durante el ingreso a Jerusalén, la gente rinde homenaje a Jesús como hijo de David, con las palabras del Salmo 118 [117] de los peregrinos: “¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!” (Mt 21, 9). Luego, Él llega al templo. Pero allí, donde debía ser el espacio del encuentro entre Dios y el hombre, Él encuentra comerciantes de animales y cambistas que, con sus negocios, ocupan el lugar de oración. Es cierto que los animales que había allí a la venta estaban destinados al sacrificio de inmolación en el templo. Además, no se podían usar en el templo las monedas en las que estaban representados los emperadores romanos (quienes eran adversarios del Dios verdadero), por eso era necesario cambiarlas por monedas que no tuvieran imágenes idolátricas. Pero todo esto podría haber sido erigido más lejos: el espacio donde ahora sucedía esto debía ser, según había sido diseñado, el atrio de los paganos. De hecho, el Dios de Israel era el único Dios de todos los pueblos. Y aunque, para decirlo de alguna manera, los paganos no entraban en el interior de la Revelación, sin embargo podían asociarse, en el atrio de la fe, a la oración al único Dios. El Dios de Israel, el Dios de todos los hombres, estaba a la espera siempre también de sus oraciones, de sus búsquedas, de sus invocaciones. Ahora, por el contrario, primaban los negocios – negocios legalizados por la autoridad competente que, a su vez, participaba de las ganancias de los mercaderes. Los mercaderes actuaban en forma correcta, según las disposiciones vigentes, pero este mismo ordenamiento legal era corrupto. “La avidez es idolatría”, dice la Epístola a los Colosenses (cf. 3, 5). Ésta es la idolatría que Jesús encuentra y frente a la cual cita a Isaías - "Mi casa será llamada casa de oración " (Mt 21, 13; cf. Is 56, 7) - y a Jeremías - "Pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones” (Mt 21, 13; cf. Jer 7, 11). Contra el ordenamiento malinterpretado, Jesús defiende con su gesto profético el orden verdadero que se encuentra en la Ley y en los Profetas.
Todo esto nos debe hacer pensar también a nosotros como cristianos: 'nuestra fe es lo suficientemente pura y abierta, para que a partir de ella también “los paganos”, las personas que hoy están en búsqueda y tienen sus interrogantes, puedan intuir la luz del único Dios, asociarse en los atrios de la fe a nuestra oración y con su preguntar convertirse quizás también ellos en adoradores? 'La conciencia que la avidez es idolatría está presente también en nuestro corazón y en nuestra praxis de vida? 'No será que, probablemente y de diversas maneras, dejamos entrar a los ídolos también en el mundo de nuestra fe? 'Estamos dispuestos siempre a dejarnos purificar de nuevo por el Señor, permitiéndoLe expulsar de nosotros y de la Iglesia todo lo que se Le opone?
Pero en la purificación del templo hay en juego algo más que la lucha contra los abusos, ya que se preconiza una nueva hora de la historia. Ahora está comenzando lo que Jesús había anunciado a la samaritana, al responder a su pregunta respecto a la adoración verdadera: “ha llegado el momento, y es éste, en el que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre busca tales adoradores” (Jn 4, 23). Ha concluido el tiempo en el que se inmolaban animales para Dios. Desde mucho tiempo atrás los sacrificios de animales habían sido una sustitución lastimosa, un gesto de nostalgia del verdadero modo de adorar a Dios. La Epístola a los Hebreos ha puesto como lema de la vida y del obrar de Jesús una frase del Salmo 40 [39]: "Tú no has querido ni sacrificios ni ofrenda, pero me has preparado un cuerpo" (Hb 10, 5). En lugar de los sacrificios cruentos y de las ofrendas de alimentos se introduce el cuerpo de Cristo, se introduce Él mismo. Solamente “el amor hasta el extremo”, sólo el amor que se dona totalmente a Dios en favor de los hombres es el culto verdadero, el sacrificio verdadero. Adorar en espíritu y en verdad significa adorar en comunión con El que es la verdad; significa adorar en comunión con su Cuerpo, en el que el Espíritu Santo nos reúne.
Los evangelistas nos narran que, en el proceso contra Jesús, se presentaron falsos testigos, quienes afirmaron que Jesús había dicho: “puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días” (Mt 26, 61). Frente a Cristo clavado en la Cruz, algunos que se burlaban de Él hacen referencia a la misma frase, al gritarle: “Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, ¡sálvate a ti mismo!” (Mt 27, 40). La versión justa de la frase, tal como salió de la boca del mismo Jesús, es la que ha transmitido Juan en su relato de la purificación del templo. Frente al pedido de un signo con el que Jesús debía legitimarse para una acción de ese tipo, el Señor respondió: “Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré” (Jn 2, 18 y ss.). Juan agrega que, al recordar ese acontecimiento luego de la Resurrección, los discípulos comprendieron que Jesús había hablado del Templo de su Cuerpo (Jn 2, 21 y ss.). No es Jesús quien destruye el templo: éste es entregado a la destrucción mediante la actitud de aquéllos que, en lugar de encuentro de todos los pueblos con Dios, lo han transformado en una “cueva de ladrones”, en un lugar para sus negocios. Pero como ocurre siempre a partir de la caída de Adán, el fracaso de los hombres se convierte en la ocasión para un compromiso todavía más grande del amor de Dios respecto a nosotros. La hora del templo de piedra, la hora del sacrificio de los animales estaba superada: que ahora el Señor expulse a los mercaderes no sólo impide un abuso, sino que indica el nuevo obrar de Dios. Se forma el nuevo Templo: Jesucristo mismo, en quien el amor de Dios se inclina sobre los hombres. Él, en su vida, es el Templo nuevo y viviente. Él, que ha pasado a través de la Cruz y ha resucitado, es el espacio viviente de espíritu y vida en el que se realiza la adoración justa. De este modo, como culminación del ingreso solemne de Jesús en Jerusalén, la purificación del templo es además el signo de la inminente ruina del edificio y de la promesa del nuevo Templo; es la promesa del reino de la reconciliación y del amor que, en comunión con Cristo, se instaura más allá de toda frontera.
San Mateo, cuyo Evangelio escuchamos a lo largo de este año, se refiere al final del relato del Domingo de Ramos, luego de la purificación del templo, a dos pequeños acontecimientos que, nuevamente, tienen carácter profético y una vez más nos revelan claramente la verdadera voluntad de Jesús. Inmediatamente después de la frase de Jesús sobre la casa de oración de todos los pueblos, el evangelista continúa de esta manera: “En el templo se le acercaron ciegos y cojos y Él los curó”. Además de esto, Mateo nos dice que los niños repetían en el templo la aclamación que los peregrinos habían entonado cuando Él ingresó a la ciudad: “Hosanna el Hijo de David” (Mt 21, 14 y ss.). Jesús contrapone su bondad sanadora al comercio de animales y a los negocios con dinero. Aquélla es la verdadera purificación del templo. Él no se presenta como destructor, tampoco viene con la espada del revolucionario. Viene con el don de la curación. Se dedica a aquéllos que, a causa de su enfermedad, son arrojados a los confines de la vida y a los límites de la sociedad. Jesús muestra a Dios como Aquél que ama, y su poder como el poder del amor. Nos dice entonces qué es lo que formará parte para siempre del culto justo de Dios: curar, servir, la bondad que sana.
Están también los niños que rinden homenaje a Jesús como hijo de David y entonan el “Hosanna”. Jesús les había dicho a sus discípulos que, para entrar en el Reino de Dios, ellos deberían volver a ser como niños. Él mismo, que abraza al mundo entero, se ha hecho pequeño para venir a nuestro encuentro, para encaminarnos hacia Dios. Para reconocer a Dios debemos abandonar la soberbia que nos deslumbra y que quiere llevarnos lejos de Dios, como si Dios fuese nuestro competidor. Para encontrar a Dios es necesario ser capaces de ver con el corazón. Debemos aprender a ver con un corazón joven, que no es obstaculizado por prejuicios y que no se deslumbra por intereses. Es por eso que en los pequeños que Lo reconocen, porque poseen un idéntico corazón libre y abierto, la Iglesia ha visto la imagen de los creyentes de todas las épocas y también su propia imagen.
Queridos amigos, en esta hora nos asociamos a la procesión de los jóvenes de ahora, una procesión que atraviesa toda la historia. Junto a los jóvenes de todo el mundo vamos al encuentro de Jesús. A partir de Él nos dejamos guiar hacia Dios, para aprender de Dios mismo el modo recto de ser hombres. Con Él agradecemos a Dios, porque con Jesús, el Hijo de David, nos ha regalado un espacio de paz y de reconciliación que abraza al mundo. Recémosle a Él, a fin de que también nosotros seamos con Él y a partir de Él mensajeros de su paz, a fin de que en nosotros y en torno a nosotros crezca su Reino. Amén.
2. Jueves Santo. Misa crismal
20 de marzo del 2008
Queridos hermanos y hermanas, cada año la Misa Crismal nos exhorta a entrar en ese “sí” a la llamada de Dios que hemos pronunciado en el día de nuestra Ordenación sacerdotal. "Adsum – eccomi!", hemos dicho como Isaías, cuando sintió la voz de Dios que preguntaba: "'A quién mandaré y quien irá por mí?". "¡Aquí estoy, mándame!", respondió Isaías (Is 6, 8). Luego el Señor mismo, mediante las manos del Obispo, nos impuso las manos y nosotros nos hemos ofrecido para llevar a cabo la misión que Él nos confiara. En forma sucesiva hemos recorrido muchos caminos en el marco de su llamada. Podemos afirmar siempre lo que san Pablo, luego de años de servicio al Evangelio (servicio muchas veces fatigoso y marcado por sufrimientos de todo género), escribió a los corintios: "Nuestro celo no disminuye en ese ministerio que, por la misericordia de Dios, nos ha sido confiado " (cf. 2 Cor 4, 1). "Nuestro celo no disminuye". Oremos en este día, para que ese celo se encienda siempre, para que se alimente permanentemente de la llama viva del Evangelio.
Al mismo tiempo, el Jueves Santo es para nosotros una ocasión para preguntarnos siempre de nuevo: 'A qué le hemos dicho “sí”? 'Qué es este “ser sacerdote de Jesucristo"? El Canon de nuestro Misal, que fue redactado probablemente ya a fines del siglo II en Roma, describe la esencia del ministerio sacerdotal con las palabras con las que se describía en el libro del Deuteronomio (18, 5. 7) la esencia del sacerdocio veterotestamentario: astare coram te et tibi ministrare [estar de pie en tu presencia y servirte]. En consecuencia, son dos las tareas que definen la esencia del ministerio sacerdotal: en primer lugar, el "estar frente al Señor". En el Libro del Deuteronomio esto se lee en el contexto del precepto previo, según el cual los sacerdotes no recibían ninguna porción de terreno en Tierra Santa, ya que ellos vivían de Dios y para Dios. No se ocupaban de las habituales labores necesarias para el sustento de la vida cotidiana. Su profesión era “estar delante del Señor” –contemplarLo, estar a Su disposición. De este modo, en definitiva, la frase indicaba una vida en la presencia de Dios y, con ello también, un ministerio en representación de los otros. Así como los otros cultivaban la tierra, de la que también vivía el sacerdote, de la misma manera éste mantenía el mundo abierto hacia Dios, debía vivir con la mirada dirigida a Él. Si esta frase se encuentra ahora en el Canon de la Misa, inmediatamente después de la consagración de los dones, luego de la entrada del Señor en la asamblea en oración, entonces esto indica para nosotros el estar delante del Señor presente, es decir, indica a la Eucaristía como centro de la vida sacerdotal. Pero también aquí lo señalado va más allá. En el himno de la Liturgia de las Horas que durante la cuaresma introduce el Oficio de Lecturas –el Oficio que en la vida monástica se rezaba durante la hora de la vigilia nocturna, delante de Dios y por los hombres – se describe una de las obligaciones de la cuaresma con el imperativo: arctius perstemus in custodia – permanezcamos en guardia en la forma más profunda. En la tradición del monacato sirio, los monjes eran caracterizados como “los que están de pie”; el estar de pie era la expresión de la actitud vigilante. Lo que aquí se consideraba que era deber de los monjes, podemos verlo también con razón como expresión de la misión sacerdotal y como interpretación justa de la frase del Deuteronomio: el sacerdote debe ser alguien que vigila, debe estar en guardia frente a las potencias apremiantes del mal. Debe mantener despierto al mundo para Dios. Debe ser alguien que está de pie: erguido frente a las corrientes de la época; erguido en la verdad; erguido en el esfuerzo a favor del bien. En el sentido más profundo, estar delante del Señor debe ser siempre también un hacerse cargo de los hombres en el Señor, quien a su vez se hace cargo de todos nosotros en el Padre. Y debe ser un hacerse cargo de Él, de Cristo, de su palabra, de su verdad, de su amor. El sacerdote debe ser recto, impávido y dispuesto a recibir ultrajes a causa del Señor, como muestra el libro de los Hechos de los Apóstoles: ellos estaban “contentos de haber sido ultrajados, por amar el nombre de Jesús" (5, 41).
Pasemos ahora a la segunda frase, la que el Canon retoma del texto del Antiguo Testamento – "estar delante de ti y servirte". El sacerdote debe ser una persona recta, vigilante, una persona que está erguida. A todo esto se agrega entonces el servir. En el texto veterotestamentario, esta frase tiene un significado esencialmente ritual: a los sacerdotes se les reservaba todas las acciones del culto previstas por la Ley. Pero este obrar según el rito era catalogado como servicio, como una labor de servicio, y así se explica con qué espíritu debían ejercerse esas actividades. Al asumir la palabra “servir” en el Canon, este significado litúrgico del término se adopta en un cierto modo, en forma acorde a la novedad del culto cristiano. Lo que el sacerdote hace en ese momento, en la celebración de la Eucaristía, es servir, cumplir un servicio a Dios y un servicio a los hombres. El culto que Cristo ha efectuado al Padre ha sido el de ofrecerse hasta el extremo por los hombres. El sacerdote debe insertarse en este culto, en este servicio. De este modo, la palabra “servir” comporta muchas dimensiones. Por cierto, ante todo forma parte la recta celebración de la Liturgia y de los Sacramentos en general, realizada con la participación interior. Debemos aprender a comprender cada vez más la sagrada Liturgia en toda su esencia, desarrollar una viva familiaridad con ella, para que se convierta en el alma de nuestra vida cotidiana. Es así que celebramos en modo justo, es así que emerge desde sí el “ars celebrandi”, el arte de celebrar. En este arte no debe haber nada que sea artificial. Si la Liturgia es una labor central del sacerdote, significa también que la oración debe ser una realidad prioritaria que hay que aprender siempre de nuevo y cada vez más profundamente en la escuela de Cristo y de los santos de todas las épocas. Ya que la Liturgia cristiana, por su naturaleza es también siempre anuncio, debemos ser personas que tienen familiaridad con la Palabra de Dios, la aman y la viven. Sólo entonces podremos explicarla de modo adecuado. "Servir al Señor" – el servicio sacerdotal significa precisamente también aprender a conocer al Señor en su Palabra y hacerlo conocer a todos los que Él nos confía.
Por último, forman parte del servir también otros dos aspectos. Nadie está tan próximo a su señor como el siervo que tiene acceso a la dimensión más privada de su vida. En este sentido, “servir” significa vecindad, requiere familiaridad. Esta familiaridad conlleva también un peligro: que lo sagrado continuamente encontrado por nosotros se convierta para nosotros en algo habitual, con lo cual se apaga el temor reverencial. Condicionados por todas las costumbres, no percibimos más el hecho grande, nuevo y sorprendente: que Él mismo está presente, nos habla, se dona a nosotros. Debemos luchar sin tregua contra este acostumbramiento a la realidad extraordinaria, contra la indiferencia del corazón, reconociendo una y otra vez nuestra insuficiencia y la gracia que hay en el hecho que Él se pone así en nuestras manos. Servir significa vecindad, pero sobre todo significa también obediencia. El siervo está bajo la frase “¡no se haga mi voluntad, sino la tuya!” (Lc 22, 42). Con esta frase, Jesús ha librado en el Huerto de los Olivos la batalla decisiva contra el pecado, contra la rebelión del corazón caído. El pecado de Adán consistió precisamente en el hecho que él quiso realizar su voluntad y no la de Dios. La tentación de la humanidad es siempre la de querer ser totalmente autónoma, de seguir solamente la propia voluntad y de considerar que solamente así seríamos libres, que solamente gracias a una similar libertad sin límites el hombre sería completamente hombre. Pero justamente así nos ponemos en contra de la verdad, pues la verdad es que nosotros debemos compartir nuestra libertad con los otros y podemos ser libres únicamente en comunión con ellos. Esta libertad compartida puede ser verdadera libertad, sólo si con ella entramos en lo que constituye la medida misma de la libertad, si entramos en la voluntad de Dios. Esta obediencia fundamental que forma parte del ser humano - un ser no desde sí y sólo por sí mismo -, se torna todavía más concreta en el sacerdote: no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Él y a su Palabra que no podíamos concebir por nosotros solos. Anunciamos la Palabra de Cristo en una forma justa sólo en comunión con su Cuerpo. Nuestra obediencia es un creer con la Iglesia, un pensar y hablar con la Iglesia, un servir con ella. En esto se hace presente siempre también lo que Jesús predijo a Pedro: “serás llevado adonde no quieras”. Este hacerse guiar hacia donde no queremos es una dimensión esencial de nuestro servir, y es precisamente lo que nos hace libres. En este ser guiados, que puede ser contrario a nuestras ideas y proyectos, experimentamos lo nuevo: la riqueza del amor de Dios.
"Estar delante de Él y servirLo". Jesucristo, como el verdadero Sumo Sacerdote del mundo, ha otorgado a estas palabras una profundidad antes inimaginable. Él, que como Hijo era y es el Señor, ha querido convertirse en ese siervo de Dios que ha previsto la visión del Libro del profeta Isaías. Ha querido ser el siervo de todos. Ha representado la totalidad de su sumo sacerdocio en el gesto del lavado de los pies. Con el gesto del amor hasta el extremo, Él lava nuestros pies sucios, con la humildad de su servir nos purifica de la enfermedad de nuestra soberbia. De este modo nos hace capaces de convertirnos en comensales de Dios. Él ha descendido, y el verdadero ascenso del hombre se realiza ahora en nuestro descender con Él y hacia Él. Su elevación es la Cruz. Es el descenso más profundo y, como amor impulsado hasta el extremo, es al mismo tiempo la culminación del ascenso, la verdadera “elevación” del hombre. "Estar delante de Él y servirLo" significa ahora entrar en su llamada de siervo de Dios. La Eucaristía como presencia del descenso y ascenso de Cristo remite de este modo siempre, más allá de sí misma, a los múltiples modos del servicio del amor al prójimo. En este día, pidamos al Señor el don de poder decir nuevamente, en el sentido mencionado, nuestro “sí” a su llamada: “Aquí estoy. Mándame, Señor” (Is 6, 8). Amén.
3. Jueves Santo. Misa en la Cena del Señor
20 de marzo del 2008
Queridos hermanos y hermanas, san Juan inicia su relato sobre cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos con un lenguaje particularmente solemne, casi litúrgico. “Antes de la fiesta de Pascua, Jesús, sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, luego de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13, 1). Ha llegado la “hora” de Jesús, hacia la cual estaba dirigido su obrar desde el comienzo. San Juan describe con dos palabras lo que constituye el contenido de esta hora: pasaje (metabainein, metabasis) y amor /"agape". Las dos palabras se explican recíprocamente, ambas describen en forma conjunta la Pascua de Jesús: cruz y resurrección, la crucifixión como elevación, como “pasaje” a la gloria de Dios, como un “pasar” del mundo al Padre. No es como si Jesús, luego de una breve visita en el mundo, ahora simplemente partiese y retornara al Padre. El pasaje es una transformación: Él lleva consigo su carne, su ser hombre. Es como si sobre la cruz, en el donarse a sí mismo, Él se fundiese y transformase en un nuevo modo de ser, en el que ahora está siempre con el Padre y al mismo tiempo con los hombres. Transforma la Cruz, el acto de muerte, en un acto de donación, de amor hasta el extremo. Con esta expresión “hasta el extremo”, Juan anticipa la última frase de Jesús en la Cruz: todo ha llegado a su término, “se ha cumplido” (19, 30). Mediante su amor, la Cruz se convierte en "metabasis", transformación del ser hombre en el ser partícipe de la gloria de Dios. En esta transformación, Él nos envuelve a todos nosotros, atrayéndonos dentro de la fuerza transformadora de su amor, al punto que en nuestro ser con Él, nuestra vida se convierte en “pasaje”, en transformación. Así recibimos la redención, es decir, el ser partícipes del amor eterno, una condición a la que tendemos con nuestra entera existencia.
Este proceso esencial de la hora de Jesús es representado en el lavado de los pies, en una especie de acto simbólico profético. En éste, Jesús pone de manifiesto, precisamente con un gesto concreto, lo que el gran himno cristológico de la Epístola a los Filipenses describe como el contenido del misterio de Cristo. Jesús depone los atuendos de su gloria, se ciñe con el “paño” de la humanidad y se hace esclavo. Lava los pies sucios de los discípulos y los hace así capaces de acceder al banquete divino al que Él los invita. En lugar de las purificaciones cultuales y exteriores que purifican ritualmente al hombre, pero dejándonos tal como somos, se introduce el baño nuevo: Él nos purifica mediante su palabra y su amor, mediante la donación de sí mismo. “Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he anunciado”, dirá a los discípulos en el discurso sobre la vid (Jn 15, 3). Él nos lava siempre de nuevo con su palabra. Sí, si acogemos las palabras de Jesús con una actitud de meditación, de oración y de fe, ellas desarrollan en nosotros su fuerza purificadora. Día tras día estamos como cubiertos con una suciedad que reviste múltiples formas: palabras vacías, prejuicios, una sabiduría reducida y alterada. Se infiltra continuamente en nuestro ser íntimo una semifalsedad de múltiples formas o una falsedad clara y evidente. Todo esto ofusca y contamina nuestra alma, nos amenaza con la incapacidad para la verdad y para el bien. Si acogemos las palabras de Jesús con un corazón atento, ellas se revelan como verdaderos lavados, como purificaciones del alma y del hombre interior. Es esto a lo que nos invita el pasaje evangélico del lavado de los pies: que nos dejemos lavar siempre de nuevo por esta agua pura, hacernos capaces de la comunión conviviente con Dios y con los hermanos. Pero del costado de Jesús, luego del golpe de lanza del soldado, salió no sólo agua, sino también sangre (Jn 19, 34; cf. 1 Jn 5, 6. 8). Jesús no sólo ha hablado, no sólo nos ha dejado palabras. Él se dona a sí mismo. Nos lava con la fuerza sagrada de su sangre, es decir, con su donarse “hasta el extremo”, hasta la Cruz. Su palabra es más que un simple hablar, es carne y sangre “para la vida del mundo” (Jn 6, 51). En los santos Sacramentos, el Señor se arrodilla siempre de nuevo delante de nuestros pies y nos purifica. ¡RecémosLe, a fin de que del baño sagrado de su amor seamos siempre impregnados más profundamente y así seamos verdaderamente purificados!
Si escuchamos el Evangelio con atención, podemos vislumbrar en el acontecimiento del lavado de los pies dos aspectos diferentes. El lavado que Jesús ofrece a sus discípulos es ante todo simplemente acción suya – el don de la pureza, de la “capacidad para Dios” ofrecida a ellos. Pero el don se convierte luego en un modelo: la tarea de hacer lo mismo los unos por los otros. Los Padres de la Iglesia han calificado esta duplicidad de aspectos del lavado de los pies con las palabras "sacramentum" y "exemplum". En este contexto, "Sacramentum" significa no uno de los siete sacramentos, sino el misterio de Cristo en su totalidad, desde la encarnación hasta la cruz y la resurrección. Esta totalidad se convierte en la fuerza sanadora y santificadora; la fuerza transformadora para los hombres se convierte en nuestra "metabasis", en nuestra transformación en una nueva forma de ser, en la apertura para Dios y en la comunión con Él. Pero este nuevo ser que Él simplemente nos da, sin mérito alguno de nuestra parte, debe luego transformarse en nosotros en la dinámica de una nueva vida. La totalidad de don y ejemplo, que encontramos en la perícopa del lavado de los pies, es característica de la naturaleza del cristianismo en general. En relación con el moralismo, el cristianismo es algo superior y diferente. Al comienzo no está nuestro hacer, nuestra capacidad moral. El cristianismo es ante todo don: Dios se dona a nosotros, no nos da algo sino que se da a sí mismo. Y esto acontece no sólo al comienzo, en el momento de nuestra conversión: Él permanece continuamente como el que dona. Una y otra vez nos ofrece sus dones y nos precede siempre. Por eso el acto central del ser cristiano es la Eucaristía: la gratitud por haber sido gratificados, la alegría por la vida nueva que Él nos da.
Pero con esto no permanecemos como destinatarios pasivos de la bondad divina. Dios nos gratifica como “socios” [partner] personales y vivos. El amor donado es la dinámica del “amar juntos”, quiere ser en nosotros una nueva vida a partir de Dios. Así comprendemos la palabra que, al término del relato del lavado de los pies, Jesús dice a sus discípulos y a todos nosotros: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros; como yo los he amado, de la misma manera amaos también los unos a los otros” (Jn 13, 34). El “mandamiento nuevo” no consiste en una norma nueva y difícil, que hasta ahora no existía. El mandamiento nuevo consiste en amar juntos con Aquél que nos ha amado primero. Así debemos comprender también el Sermón de la montaña. Éste no significa que Jesús haya dado en ese momento preceptos nuevos que representaban exigencias de un humanismo más sublime que el precedente. El Sermón de la montaña es un camino de entrenamiento en el identificarse con los sentimientos de Cristo (cf. Fil 2, 5), un camino de purificación interior que nos conduce a un vivir juntos con Él. Lo nuevo es el don que nos introduce en la mentalidad de Cristo. Si consideramos esto, percibimos cuán lejos estamos frecuentemente en nuestra vida de esta novedad del Nuevo Testamento; cuán poco damos a la humanidad el ejemplo de amar en comunión con su amor. En este sentido, quedamos en deuda con ella respecto a la prueba de credibilidad de la verdad cristiana, la cual se demuestra en el amor. Precisamente por esto queremos orar tanto más al Señor para que, mediante su purificación, nos haga maduros para el nuevo mandamiento.
En el Evangelio del lavado de los pies, el diálogo de Jesús con Pedro presenta todavía otro detalle de la praxis de la vida cristiana, a la que, para concluir, queremos dirigir nuestra atención. En un primer momento, Pedro no quiso dejarse lavar los pies, pues este trastocamiento del orden, es decir, que el maestro – Jesús – lave los pies, que el amo asuma el servicio del esclavo, contrastaba totalmente con su temor reverencial hacia Jesús, con su concepto de la relación entre maestro y discípulo. “No me lavarás jamás los pies”, dice a Jesús con su pasión habitual (Jn 13, 8). Es la misma mentalidad que, luego de la profesión de fe en Jesús, Hijo de Dios, en Cesarea de Filipo, lo había impulsado a oponerse a Él, cuando anticipó la condenación y la cruz: “¡Esto no te sucederá jamás!”, había declarado Pedro categóricamente (Mt 16, 22). Su concepto del Mesías acarreaba una imagen majestuosa, de grandeza divina. Debía aprender siempre de nuevo que la grandeza de Dios es diferente de nuestra idea de la grandeza; que aquélla consiste precisamente en descender, en la humildad del servicio, en la radicalidad del amor hasta la total auto-inmolación. Y también debemos aprenderlo siempre de nuevo, porque sistemáticamente deseamos un Dios del éxito y no de la Pasión; porque no estamos en condiciones de darnos cuenta que el Pastor viene como Cordero que se dona y nos conduce así a los pastos apropiados.
Cuando el Señor dice a Pedro que sin el lavado de los pies él no podría tener parte con Él, inmediatamente Pedro pide con ímpetu que le sean lavadas también la cabeza y las manos. A continuación sigue la frase misteriosa de Jesús: “quien se ha bañado sólo necesita lavarse los pies” (Jn 13, 10). Jesús alude a un baño que sus discípulos, según las prescripciones rituales, ya habían llevado a cabo; para la participación en el banquete solamente era necesario el lavado de los pies. Pero naturalmente hay oculto en esto un significado más profundo. 'A qué alude? No lo sabemos con certeza. En todo caso, tengamos presente que el lavado de los pies, según el sentido de todo el capítulo, no indica un Sacramento específico particular, sino el "sacramentum Christi" en su totalidad – su servicio de salvación, su descenso hasta la cruz, su amor hasta el fin, que nos purifica y nos hace capaces de Dios. Pero aquí, con la distinción entre el baño y el lavado de los pies, se hace perceptible además una alusión a la vida en la comunidad de los discípulos, a la vida en la comunidad de la Iglesia, una alusión que quizás Juan quiere transmitir conscientemente a las comunidades de su tiempo. Ahora parece claro que el baño que nos purifica definitivamente y que no debe ser repetido es el Bautismo – el estar inmersos en la muerte y resurrección de Cristo, un hecho que cambia profundamente nuestra vida, dándonos como una nueva identidad que se conserva, si no la arrojamos como hizo Judas. Aunque permanezcamos con esta nueva identidad, por la comunión de vida con Jesús, tenemos necesidad del “lavado de los pies”. 'Por qué? Me parece que la Primera Epístola de san Juan nos da la clave para comprenderlo. En ella se lee: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, él – que es fiel y justo – nos perdonará los pecados y nos purificará de toda culpa” (1, 8 y ss.). Tenemos necesidad del “lavado de los pies”, del lavado de los pecados de cada día, y por eso tenemos necesidad de la confesión de los pecados. No sabemos cómo se ha desarrollado esto precisamente en las comunidades joáneas. Pero la dirección indicada por las palabras de Jesús a Pedro es obvia: para ser capaces de participar en la comunidad de vida con Jesucristo debemos ser sinceros, debemos reconocer que también pecamos, pese a nuestra nueva identidad de bautizados. Tenemos necesidad de la confesión, tal como ella toma forma en el Sacramento de la reconciliación. En éste, el Señor nos lava siempre de nuevo los pies sucios y nosotros podemos sentarnos a la mesa con Él.
Pero de este modo asume un nuevo significado también la palabra con la que el Señor ensancha el "sacramentum", haciéndolo el "exemplum", un don, un servicio para el hermano: “Si entonces yo, el Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13, 14). Debemos lavarnos los pies unos a otros en el servicio cotidiano recíproco del amor. Pero debemos lavarnos los pies también en el sentido que siempre de nuevo nos perdonemos los unos a los otros. La deuda que el Señor nos ha perdonado es siempre infinitamente más grande que todas las deudas que otros puedan tener respecto a nosotros (cf. Mt 18, 21-35). El Jueves Santo nos exhorta a esto: a no dejar que el rencor hacia el otro se convierta en lo más profundo en un envenenamiento del alma; nos exhorta a purificar continuamente nuestra memoria, perdonándonos recíprocamente de corazón, lavando los pies los unos a los otros, para así poder ir juntos al banquete de Dios.
El Jueves Santo es un día de agradecimiento y de alegría por el gran don del amor hasta el extremo que el Señor nos ha hecho. Queremos orar al Señor en esta hora, a fin de que el agradecimiento y la alegría se conviertan en nosotros en la fuerza de amar juntos con su amor. Amén.
4. Viernes Santo. Via Crucis
21 de marzo del 2008
Queridos hermanos y hermanas, también en este año hemos recorrido el camino de la cruz, el Vía Crucis, volviendo a evocar con fe las etapas de la pasión de Cristo. Nuestros ojos han vuelto a contemplar los sufrimientos y la angustia que nuestro Redentor tuvo que soportar en la hora del gran dolor, que supuso la cumbre de su misión terrena. Jesús muere en la cruz y yace en el sepulcro. El día del Viernes Santo, tan impregnado de tristeza humana y de religioso silencio, se cierra en el silencio de la meditación y de la oración. Al volver a casa, también nosotros, como quienes asistieron al sacrificio de Jesús, nos golpeamos el pecho, evocando lo que sucedió. 'Es posible permanecer indiferentes ante la muerte del Señor, del Hijo de Dios? Por nosotros, por nuestra salvación se hizo hombre, para poder sufrir y morir.
Hermanos y hermanas: dirijamos hoy a Cristo nuestras miradas, con frecuencia distraídas por disipados y efímeros intereses terrenos. Detengámonos a contemplar su cruz. La cruz, manantial de vida y escuela de justicia y de paz, es patrimonio universal de perdón y de misericordia. Es prueba permanente de un amor oblativo e infinito que llevó a Dios a hacerse hombre, vulnerable como nosotros, hasta morir crucificado.
A través del camino doloroso de la cruz, los hombres de todas las épocas, reconciliados y redimidos por la sangre de Cristo, se han convertido en amigos de Dios, hijos del Padre celestial. «Amigo», así llama Jesús a Judas y le dirige el último y dramático llamamiento a la conversión. «Amigo», llama a cada uno de nosotros, porque es auténtico amigo de todos nosotros. Por desgracia, no siempre logramos percibir la profundidad de este amor sin fronteras que Dios nos tiene. Para Él no hay diferencia de raza y cultura. Jesucristo murió para liberar a la antigua humanidad de la ignorancia de Dios, del círculo de odio y violencia, de la esclavitud del pecado. La Cruz nos hace hermanos y hermanas.
Pero preguntémonos, en este momento, qué hemos hecho con este don, qué hemos hecho con la revelación del rostro de Dios en Cristo, con la revelación del amor de Dios que vence al odio. Muchos, también en nuestra época, no conocen a Dios y no pueden encontrarlo en el Cristo crucificado. Muchos están en búsqueda de un amor o de una libertad que excluya a Dios. Muchos creen que no tienen necesidad de Dios.
Queridos amigos: Tras haber vivido juntos la pasión de Jesús, dejemos que en esta noche nos interpele su sacrificio en la cruz. Permitámosle que ponga en crisis nuestras certezas humanas. Abrámosle el corazón. Jesús es la verdad que nos hace libres para amar. No tengamos miedo: al morir, el Señor destruyó el pecado y salvó a los pecadores, es decir, a todos nosotros. El apóstol Pedro escribe: «sobre el madero llevó nuestros pecados en su cuerpo a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia» (I Pedro 2, 24). Esta es la verdad del Viernes Santo: en la cruz, el Redentor nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, que nos creó a su imagen y semejanza. Permanezcamos, por tanto, en adoración ante la cruz.
Cristo, danos la paz que buscamos, la alegría que anhelamos, el amor que llene nuestro corazón sediento de infinito. Esta es nuestra oración en esta noche, Jesús, Hijo de Dios, muerto por nosotros en la cruz y resucitado al tercer día. Amén.
5. Vigilia Pascual
22 de marzo del 2008
Queridos hermanos y hermanas, en su discurso de despedida, Jesús anunció a los discípulos su inminente muerte y resurrección con una frase misteriosa: "Me voy y vuelvo a vuestro lado" (Jn 14,28). Morir es partir. Aunque el cuerpo del difunto aún permanece, él personalmente se marchó hacia lo desconocido y nosotros no podemos seguirlo (cf. Jn 13,36). Pero en el caso de Jesús existe una novedad única que cambia el mundo. En nuestra muerte el partir es una cosa definitiva, no hay retorno. Jesús, en cambio, dice de su muerte: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". Justamente en su irse, él regresa. Su marcha inaugura un modo totalmente nuevo y más grande de su presencia. Con su muerte entra en el amor del Padre. Su muerte es un acto de amor. Ahora bien, el amor es inmortal. Por este motivo su partida se transforma en un retorno, en una forma de presencia que llega hasta lo más profundo y no acaba nunca. En su vida terrena Jesús, como todos nosotros, estaba sujeto a las condiciones externas de la existencia corpórea: a un determinado lugar y a un determinado tiempo. La corporeidad pone límites a nuestra existencia. No podemos estar contemporáneamente en dos lugares diferentes. Nuestro tiempo está destinado a acabarse. Entre el yo y el tú está el muro de la alteridad. Ciertamente, amando podemos entrar, de algún modo, en la existencia del otro. Queda, sin embargo, la barrera infranqueable del ser diversos. Jesús, en cambio, que a través del amor ha sido transformado totalmente, está libre de tales barreras y límites. Es capaz de atravesar no sólo las puertas exteriores cerradas, como nos narran los Evangelios (cf. Jn 20, 19). Puede atravesar la puerta interior entre el yo y el tú, la puerta cerrada entre el ayer y el hoy, entre el pasado y el porvenir. Cuando, en el día de su entrada solemne en Jerusalén, un grupo de griegos pidió verlo, Jesús contestó con la parábola del grano de trigo que, para dar mucho fruto, tiene que morir. Con eso predijo su propio destino: no se limitó simplemente a hablar unos minutos con este o aquel griego. A través de su Cruz, de su partida, de su muerte como el grano de trigo, llegaría realmente a los griegos, de modo que ellos pudieran verlo y tocarlo en la fe. Su partida se convierte en un venir en el modo universal de la presencia del Resucitado, en el cual Él está presente ayer, hoy y siempre; en el cual abraza todos los tiempos y todos los lugares. Ahora puede superar también el muro de la alteridad que separa el yo del tú. Esto sucedió con Pablo, quien describe el proceso de su conversión y Bautismo con las palabras: "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20). Mediante la llegada del Resucitado, Pablo ha obtenido una identidad nueva. Su yo cerrado se ha abierto. Ahora vive en comunión con Jesucristo, en el gran yo de los creyentes que se han convertido –como él define– en "uno en Cristo" (Ga 3, 28).
Queridos amigos, se pone así de manifiesto, que las palabras misteriosas de Jesús en el Cenáculo ahora –mediante el Bautismo– se hacen de nuevo presentes para vosotros. Por el Bautismo el Señor entra en vuestra vida por la puerta de vuestro corazón. Nosotros no estamos ya uno junto al otro o uno contra el otro. Él atraviesa todas estas puertas. Ésta es la realidad del Bautismo: Él, el Resucitado, viene, viene a vosotros y une su vida a la vuestra, introduciéndoos en el fuego vivo de su amor. Formáis una unidad, sí, una sola cosa con Él, y de este modo una sola cosa entre vosotros. En un primer momento esto puede parecer muy teórico y poco realista. Pero cuanto más viváis la vida de bautizados, tanto más podréis experimentar la verdad de esta palabra. Las personas bautizadas y creyentes no son nunca realmente ajenas las unas para las otras. Pueden separarnos continentes, culturas, estructuras sociales o también acontecimientos históricos. Pero cuando nos encontramos nos conocemos en el mismo Señor, en la misma fe, en la misma esperanza, en el mismo amor, que nos conforman. Entonces experimentamos que el fundamento de nuestras vidas es el mismo. Experimentamos que en lo más profundo de nosotros mismos estamos enraizados en la misma identidad, a partir de la cual todas las diversidades exteriores, por más grandes que sean, resultan secundarias. Los creyentes no son nunca totalmente extraños el uno para el otro. Estamos en comunión a causa de nuestra identidad más profunda: Cristo en nosotros. Así la fe es una fuerza de paz y reconciliación en el mundo: la lejanía ha sido superada, estamos unidos en el Señor (cf. Ef 2, 13).
Esta naturaleza íntima del Bautismo, como don de una nueva identidad, está representada por la Iglesia en el Sacramento a través de elementos sensibles. El elemento fundamental del Bautismo es el agua; junto a ella está, en segundo lugar, la luz que, en la Liturgia de la Vigilia Pascual, destaca con gran eficacia. Echemos solamente una mirada a estos dos elementos. En el último capítulo de la Carta a los Hebreos se encuentra una afirmación sobre Cristo, en la que el agua no aparece directamente, pero que, por su relación con el Antiguo Testamento, deja sin embargo traslucir el misterio del agua y su sentido simbólico. Allí se lee: "El Dios de la paz, hizo subir de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna" (cf. 13, 20). En esta frase resuena una palabra del Libro de Isaías, en la que Moisés es calificado como el pastor que el Señor ha hecho salir del agua, del mar (cf. 63, 11). Jesús aparece como el nuevo y definitivo Pastor que lleva a cabo lo que Moisés hizo: nos saca de las aguas letales del mar, de las aguas de la muerte. En este contexto podemos recordar que Moisés fue colocado por su madre en una cesta en el Nilo. Luego, por providencia divina, fue sacado de las aguas, llevado de la muerte a la vida, y así –salvado él mismo de las aguas de la muerte– pudo conducir a los demás haciéndolos pasar a través del mar de la muerte. Jesús ha descendido por nosotros a las aguas oscuras de la muerte. Pero en virtud de su sangre, nos dice la Carta a los Hebreos, ha sido arrancado de la muerte: su amor se ha unido al del Padre y así desde la profundidad de la muerte ha podido subir a la vida. Ahora nos eleva de la muerte a la vida verdadera. Sí, esto es lo que ocurre en el Bautismo: Él nos atrae hacía sí, nos atrae a la vida verdadera. Nos conduce por el mar de la historia a menudo tan oscuro, en cuyas confusiones y peligros corremos el riesgo de hundirnos frecuentemente. En el Bautismo nos toma como de la mano, nos conduce por el camino que atraviesa el Mar Rojo de este tiempo y nos introduce en la vida eterna, en aquella verdadera y justa. ¡Apretemos su mano! Pase lo que pase, ¡no soltemos su mano! De este modo caminamos sobre la senda que conduce a la vida.
En segundo lugar está el símbolo de la luz y del fuego. Gregorio de Tours narra la costumbre, que se ha mantenido durante mucho tiempo en ciertas partes, de encender el fuego para la celebración de la Vigilia Pascual directamente con el sol a través de un cristal: se recibía, por así decir, la luz y el fuego nuevamente del cielo para encender luego todas las luces y fuegos del año. Esto es un símbolo de lo que celebramos en la Vigilia Pascual. Con la radicalidad de su amor, en el que el corazón de Dios y el corazón del hombre se han entrelazado, Jesucristo ha tomado verdaderamente la luz del cielo y la ha traído a la tierra –la luz de la verdad y el fuego del amor que transforma el ser del hombre. Él ha traído la luz, y ahora sabemos quién es Dios y cómo es Dios. Así también sabemos cómo están las cosas respecto al hombre; qué somos y para qué existimos. Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo más íntimo de nosotros mismos. Por esto, en la Iglesia antigua se llamaba también al Bautismo el Sacramento de la iluminación: la luz de Dios entra en nosotros; así nos convertimos nosotros mismos en hijos de la luz. No queremos dejar que se apague esta luz de la verdad que nos indica el camino. Queremos preservarla de todas las fuerzas que pretenden extinguirla para arrojarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer cómoda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz. En las promesas bautismales encendemos, por así decir, nuevamente, año tras año esta luz: sí, creo que el mundo y mi vida no provienen del azar, sino de la Razón eterna y del Amor eterno; han sido creados por Dios omnipotente. Sí, creo que en Jesucristo, en su encarnación, en su cruz y resurrección se ha manifestado el Rostro de Dios; que en Él Dios está presente entre nosotros, nos une y nos conduce hacia nuestra meta, hacia el Amor eterno. Sí, creo que el Espíritu Santo nos da la Palabra verdadera e ilumina nuestro corazón; creo que en la comunión de la Iglesia nos convertimos todos en un solo Cuerpo con el Señor y así caminamos hacia la resurrección y la vida eterna. El Señor nos ha dado la luz de la verdad. Esta luz es también al mismo tiempo fuego, fuerza de Dios, una fuerza que no destruye, sino que quiere transformar nuestros corazones, para que nosotros seamos realmente hombres de Dios y para que su paz actúe en este mundo.
En la Iglesia antigua existía la costumbre de que el Obispo o el sacerdote después de la homilía exhortara a los creyentes exclamando: "Conversi ad Dominum" –volveos ahora hacia el Señor. Eso significaba ante todo que ellos se volvían hacia el Este –en la dirección del sol naciente como señal del retorno de Cristo, a cuyo encuentro vamos en la celebración de la Eucaristía. Donde, por alguna razón, eso no era posible, dirigían su mirada a la imagen de Cristo en el ábside o a la Cruz, para orientarse interiormente hacia el Señor. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la conversio, de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera. A esto se unía también otra exclamación que aún hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: "Sursum corda" –levantemos el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción– levantad vuestros corazones, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro Bautismo: Conversi ad Dominum –siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser "convertidos", dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor. En esta hora damos gracias al Señor, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro corazón. Y lo pedimos así: Sí, Señor, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, colmados del fuego de tu amor. Amén.
6. Domingo de Pascua
23 de marzo del 2008
"Resurrexi, et adhuc tecum sum. Alleluia! He resucitado, estoy siempre contigo. ¡Aleluya!". Queridos hermanos y hermanas, Jesús, crucificado y resucitado, nos repite hoy este anuncio gozoso: es el anuncio pascual. Acojámoslo con íntimo asombro y gratitud.
"Resurrexi et adhuc tecum sum – He resucitado y aún y siempre estoy contigo". Estas palabras, entresacadas de una antigua versión del Salmo 138 (v.18b), resuenan al comienzo de la Santa Misa de hoy. En ellas, al surgir el sol de la Pascua, la Iglesia reconoce la voz misma de Jesús que, resucitando de la muerte, colmado de felicidad y amor, se dirige al Padre y exclama: Padre mío, ¡heme aquí! He resucitado, todavía estoy contigo y lo estaré siempre; tu Espíritu no me ha abandonado nunca. Así también podemos comprender de modo nuevo otras expresiones del Salmo: "Si escalo al cielo, allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro... Por que ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día; para ti las tinieblas son como luz" (Sal 138, 8.12). Es verdad: en la solemne vigilia de Pascua las tinieblas se convierten en luz, la noche cede el paso al día que no conoce ocaso. La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre.
"He resucitado y estoy aún y siempre contigo". Estas palabras nos invitan a contemplar a Cristo resucitado, haciendo resonar en nuestro corazón su voz. Con su sacrificio redentor Jesús de Nazaret nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, de modo que ahora podemos introducirnos también nosotros en el diálogo misterioso entre Él y el Padre. Viene a la mente lo que un día dijo a sus oyentes: "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27). En esta perspectiva, advertimos que la afirmación dirigida hoy por Jesús resucitado al Padre, – "Estoy aún y siempre contigo" – nos concierne también a nosotros, que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo, si realmente participamos en sus sufrimientos para participar en su gloria (cf. Rm 8,17). Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, también nosotros resucitamos hoy a la vida nueva, y uniendo nuestra voz a la suya proclamamos nuestro deseo de permanecer para siempre con Dios, nuestro Padre infinitamente bueno y misericordioso.
Entramos así en la profundidad del misterio pascual. El acontecimiento sorprendente de la resurrección de Jesús es esencialmente un acontecimiento de amor: amor del Padre que entrega al Hijo para la salvación del mundo; amor del Hijo que se abandona en la voluntad del Padre por todos nosotros; amor del Espíritu que resucita a Jesús de entre los muertos con su cuerpo transfigurado. Y todavía más: amor del Padre que "vuelve a abrazar" al Hijo envolviéndolo en su gloria; amor del Hijo que con la fuerza del Espíritu vuelve al Padre revestido de nuestra humanidad transfigurada. Esta solemnidad, que nos hace revivir la experiencia absoluta y única de la resurrección de Jesús, es un llamamiento a convertirnos al Amor; una invitación a vivir rechazando el odio y el egoísmo y a seguir dócilmente las huellas del Cordero inmolado por nuestra salvación, a imitar al Redentor "manso y humilde de corazón", que es descanso para nuestras almas (cf. Mt 11,29).
Hermanas y hermanos cristianos de todos los rincones del mundo, hombres y mujeres de espíritu sinceramente abierto a la verdad: que nadie cierre el corazón a la omnipotencia de este amor redentor. Jesucristo ha muerto y resucitado por todos: ¡Él es nuestra esperanza! Esperanza verdadera para cada ser humano. Hoy, como hizo en Galilea con sus discípulos antes de volver al Padre, Jesús resucitado nos envía también a todas partes como testigos de su esperanza y nos garantiza: Yo estoy siempre con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Fijando la mirada del alma en las llagas gloriosas de su cuerpo transfigurado, podemos entender el sentido y el valor del sufrimiento, podemos aliviar las múltiples heridas que siguen ensangrentando a la humanidad, también en nuestros días. En sus llagas gloriosas reconocemos los signos indelebles de la misericordia infinita del Dios del que habla al profeta: Él es quien cura las heridas de los corazones desgarrados, quien defiende a los débiles y proclama la libertad a los esclavos, quien consuela a todos los afligidos y ofrece su aceite de alegría en lugar del vestido de luto, un canto de alabanza en lugar de un corazón triste (cf. Is 61,1.2.3). Si nos acercamos a Él con humilde confianza, encontraremos en su mirada la respuesta al anhelo más profundo de nuestro corazón: conocer a Dios y entablar con Él una relación vital en una auténtica comunión de amor, que colme de su mismo amor nuestra existencia y nuestras relaciones interpersonales y sociales. Para esto la humanidad necesita a Cristo: en Él, nuestra esperanza, "fuimos salvados" (cf. Rm 8,24)
Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor. Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros. Éstas esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado (cf. 1 P 2, 24-25) y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor, se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada. El anhelo es que precisamente allí se multipliquen los testimonios de benignidad y de perdón.
Queridos hermanos y hermanas, dejémonos iluminar por la luz deslumbrante de este Día solemne; abrámonos con sincera confianza a Cristo resucitado, para que la fuerza renovadora del misterio pascual se manifieste en cada uno de nosotros, en nuestras familias y nuestros Países. Se manifieste en todas las partes del mundo. No podemos dejar de pensar en este momento, de modo particular, en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz. Invoquemos la plenitud de los dones pascuales por intercesión de María que, tras haber compartido los sufrimientos de la Pasión y crucifixión de su Hijo inocente, ha experimentado también la alegría inefable de su resurrección. Que, al estar asociada a la gloria de Cristo, sea Ella quien nos proteja y nos guíe por el camino de la solidaridad fraterna y de la paz. Éstos son mis anhelos pascuales, que transmito a los que estáis aquí presentes y a los hombres y mujeres de cada nación y continente unidos con nosotros a través de la radio y de la televisión. ¡Feliz Pascua! .
FUENTE:VATICANO
Flashman dijo
RogRabbit:
Las opiniones no siempre son delitos, claro que no, para determinar eso tenemos a los tribunales. Pero como las calumnias y las injurias no se persiguen de oficio (salvo que el mancillado sea miembro de la casa real, que ya manda huevos) es el afectado quien tiene que personarse en el juzgado e interponer denuncia. Y le asiste su derecho a hacerlo, faltaría más. Celebro que así lo admitas ya que tu primera réplica iba encaminada a echarle un capote a Cocorico Jiménez Losantos sin hacer aprecio del posible delito en el que podía estar incurriendo, cosa que si haces posteriormente. Nunca es tarde si la dicha es buena.
En el caso del Fanlo, no es que no se retractara, es que ni se presentó a la vista, por lo que el juez determinó que reconocía el extremo por el que se le denunciaba.
Y sobre Sopena, es que según la lógica desplegada en tu primera réplica, la "rata albina", como se le conoce en círculos libegggales, merecería el mismo capote que le has echado a Cocorico, salvo que utilices un rasero para los "tuyos" y otro distinto para los "enemigos", como maniqueamente los denominas. Pero ya he visto que has depurado tu postura.
RogRabbit dijo
Maticemos adecuadamente, Flashman.
JL, al igual que Sopena, es un comunicador. Al contrario que Sopena, es un tipo culto. Al igual que Sopena, tiene mucha mala baba. Esto son opiniones, como todo lo escrito aquí, donde las "evidencias", como dice Cordura, no pasan de premisas circulares.
Pero no gastaría ni dos teclazos de mi PC en poner un post para poner de vuelta y media a Sopena o para pedir su encarcelamiento, procesamiento judicial, aislamiento social, expulsión mediática o nada que se le pareciese. ¿Por qué?, por dos razones fundamentales.
La primera es que si el tipo es de la catadura que a mi opinión le merece, mi atención al individuo ha de ser coherente con mi opinión. Cero. Pero pienso que puede decir lo que le venga en gana, hasta que un damnificado (que no soy yo, dicho sea de paso, porque a mí poco daño me hace este señor), le ponga una demanda. Es decir, nunca emplearía el apelativo que has comentado. Y entiendo que en el circo mediático se haga, porque unos y otros saben que el pueblo quiere ver casquería delante de los micrófonos. Desafortunadamente, el pueblo les da la razón con insistente claridad.
La segunda porque, como dije, ese tipo de pulsiones censoriales (es un cáncer social, es un peligro para la convivencia, etcétera) me parecen tentaciones totalitarias. Porque sólo se basan en la molestia que suscitan sus opiniones. Y vemos con demasiada frecuencia como esos mismos términos se usan para acabar con la pluralidad. Es decir, identifico mi irritación por las manifestaciones del personaje con el bien social, ético y moral. Lo cual tiene un fondo bastante turbio desde mi perspectiva. Si el tipo difama, que lo pague. Pero eso no puede ser pretensión para que nadie quede inhabilitado en ningún aspecto, si no lo dice la Ley. Porque puede ser que no siempre difame.
JL no necesita que yo le ayude en nada, me sobreestimas. Ni siquiera puedo aunque quisiera. El es mayorcito para ser responsable de lo que dice, que para eso cobra. Como su homónimo en el otro bando que sucede igual. Si se pasa, que pague. Es lo que tiene funcionar al límite para disputarse la audiencia, a veces pisas la raya.
Pero olvidas que en el post, no se habla de un delito en concreto, aunque se mencionan causas pendientes, sino que se censura en términos generales su línea editorial. La mención a las demandas y al delito son meramente instrumentales. El post va mucho más allá. Y en ese "más allá" es donde me he situado yo al comentar en este hilo.
El mencionar la palabra "respeto" seguida de una retahila de improperios es una actitud muy...(¿cómo diría yo?)... ¿zapateril?. Creo que ese es el justo término, hacer lo contrario de lo que se anuncia. El primer párrafo habla de un "retrato" (deberíamos repasar el DRAE con estas cosillas de las palabras y tal) desde el respeto, y acto seguido se le denomina cobarde (con respeto, eso sí), se explicita que emplea artes equiparables al terrorismo (desconocer la diferencia entre un micrófono y una pistola es como desconocer la que existe entre un pene y una silla, has de tener cuidado donde te sientas), sectario, soberbio, chulo, victimista, tirititero (sin ánimo de insultar, quede claro :D ) , delincuente y cáncer social. Todo ello dentro del más exquisito cariño, como ha quedado patente.
No he tenido tiempo siquiera a acumular tal cantidad de insultos en mi primera intervención y tengo una llamada de atención. De lo cual no me quejo, sino de la escasa ecuanimidad del anfitrión en este caso concreto. Incluso se le tilda de difamador cuando debería emplearse técnicamente el término "supuesto difamador", si atendemos al purismo estilista (tal y como se hace cuando interesa, como ha sido el caso de mi primera intervención).
En fin, que es evidente que Federico no os gusta.
Pero entonces no os entiendo. Si tanto os saca de quicio ¿para qué le escucháis y os amargáis la mañana?. Este tema, sin embargo, yo lo tengo clarísimo; anda que no hay dónde elegir.
CORDURA
Es tan evidente (me lo pones a huevo y no he querido usarlo por obvio) que después de poner a parir también la credibilidad de GLD me lo señales como "evidencia", que creía que era mejor dejar el tema aparcado. Ahora bien, si quieres lo comentamos :D
Saludos, amigos.
Rog
Saludos.
Rog
maskullas dijo
Yo no sé a ustedes, a mi los mamotretos me agotan.
Parecéis barbudos universitarios... de esos que discutían durante un mes por una coma. jaja
Cordura dijo
MASKULLAS:
No te falta razón.
ROG:
Hombre, echas de ver tu escuela cuando faltas a la verdad de modo recalcitrante: sabes que aquí hay mucho más que "opiniones" y "premisas circulares"; sabes que hemos dado no pocas evidencias documentales, es decir, HECHOS (en todo caso, sigue en pie el desafío a que demuestres que no son tales; no todo ha de ser retórica, amigo). Hechos, por cierto, que van mucho más allá de las "molestias que causan" las "opiniones" del GLD (¿va a tener que insultar, a difamar, a calumniar, a presionar hasta lo intolerable... a ti y a tu familia para que lo comprendas?). Hechos que, contra lo que dices, hablan no ya de uno, sino de muchos "delitos concretos". Se ve que los que os dejáis "tocar" por el espíritu losantiano perdéis toda objetividad (una pena... no creo que honre a tu inteligencia rendir pleitesía a un canalla semejante).
[Es muy triste, por cierto, aunque quisiera creer que lo has dicho por error, que afirmes que el artículo "explicita que [el GLD] emplea artes equiparables al terrorismo", cuando precisamente antepuse eso de "dejando a un lado el terrorismo".]
Que no tienes reales argumentos lo prueba el hecho de cómo cambias de "unos" a "otros" (tan pronto niegas que difame, como afirmas que es "un comunicador", como derivas a que es cuestión de gustos... !!!). Pero aun así te respondo extensamente, con perdón de Maskullas, y a beneficio de los eventuales incautos que puedan llegar por aquí (¡ay, cuánto dais que hacer los que os dedicáis a enredar!
)
Que el GLD sea culto lo hace aún más peligroso, más refinado en su maldad (en parte por eso el amigo César Vidal es aún peor). Pero tu comparación entre el GLD y Sopena, que sin duda haces para "inocentar" al primero, presenta debilidades tan serias como éstas:
1. Sopena tiene un historial penoso. Aún recuerdo cómo durante el felipismo, rigiendo los destinos de RNE, actuaba de comisario político puro y duro. Pero en cuanto a antecedentes delictivos, lo suyo es anecdótico en comparación con lo del GLD. Por eso, si gastases "dos teclazos" o dos mil pidiendo su encarcelamiento, nadie te tomaría en serio. Es absurdo comparar a alguien que se pasa TODOS