16 Jul 2010

Las máximas del “patriota”

Escrito por: Cordura el 16 Jul 2010 - URL Permanente

«¡Que te libren tus ídolos cuando clames!, pero a todos ellos se los llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que en mí confía tendrá la tierra por heredad y poseerá mi santo monte.»
(Isaías 57: 13).

Lo más significativo del fervor patriótico-futbolero de estos días no son los incidentes habidos, muertes incluidas. Ni las celebraciones ruidosas y chabacanas, con algún jurgolista metido a 'showman' a pesar de su escasa gracia. Ni el escupitajo de Piqué. Ni los pechos al aire en la Gran Vía de no sé qué famosa de la tele. Ni siquiera creo que lo sea el propio hipernacionalismo españolista, tan absurdo, desatado estos días, con una (inédita) profusión de banderitas, aún visibles aquí y allá.

Lo más significativo ha sido la alegría, o mejor dicho, la desmesura de la misma. Demasiada por tan poco. Mucho ruido para tan pocas nueces (¿o es que son muchas “nueces” meter más bolas por una puerta que los rivales?). Es cierto, según todos los expertos nacionales y extranjeros, que “España” jugó bien (y que, por ello, “necesitó” recurrir menos al juego duro que otras selecciones). Es probable que fuera la mejor. Pero esto, reconózcase, no hace más relevante el motivo de fondo (el relativo a las bolas). ¿Y acaso la celebración hubiera sido menor si “España” hubiera ganado injustamente?

La desmesura en cuestión refleja muchas frustraciones ocultas, pero quizá también numerosas huidas hacia delante. En tamaña explosión de alegría, orgásmica, hay que ver un alto grado de insatisfacción latente que busca colmarse por la vía hedonista. A la vez, un ansia de pertenencia e incluso de inmanencia (la disolución en el Uno-Todo es siempre la aspiración última, consciente o no, de quien no aguanta más su condición de individuo). Sed de absolutos y autoengaños masivos. Carnaza de la buena en la Era Neorreligiosa.

La sociedad española estaba más al límite de lo que muchos creían. Pero eso la hace más madura para la tiranía emergente. La idolatría que en estas semanas estamos presenciando gracias al éxito jurgolero confirma, para quien tuviera dudas, que la ilustrada Modernidad está muerta y enterrada. Incluso la Posmodernidad, pues nuestro tiempo lo preside ya firmemente un determinado espíritu irracional y religioso (por desgracia, en el peor sentido de la palabra). “España nos une”, hemos leído en otro blog. La selección, (supuesto) cemento cohesionador de una nación con una unidad históricamente precaria, llega a suplantar a la nación misma (ver, más abajo, el punto 7 de “Las máximas del 'patriota'”). «Esa adoración por la bandera yo no la he visto nunca antes», osa declarar, y no precisamente como crítica, una conocida periodista, ya veterana. “Adoración” (¿se le escapó?), de eso se trata. Por increíble que parezca. Adoración de una bandera y de unos ídolos heroicos que se pasearon en carroza por el centro de Madrid (pero, ¿acaso no llegó a crearse años atrás hasta una religión en honor a un jurgolista, quizá el mejor de la historia?). Adoración como ebriedad arrodillada, como sustitutivo de la mediocridad y el fracaso cotidianos, como dulce evasión y fusión con el Todo supremo encarnado en sus mejores avatares.

Pagana desmesura. En las líneas siguientes nos concentraremos en una de las principales consecuencias de la misma, la más instrumentalizable políticamente: esa manifestación de patriotismo en su versión más visceral y epidérmica. El guiado por el deber (de oculta matriz totalitaria) de identificarse, idolátricamente, con la “Patria”. Sin más. Pero que, debidamente manipulado, puede servir de base para la más atroz subordinación al Poder. Para la definitiva pérdida de nuestra condición de ciudadanos.

* * *

“Las máximas del 'patriota'” se publicaron en La Excepción el 23.9.03. Semanas después, el 7.10.03, apareció en el mismo medio una “versión positiva” de las mismas (ibíd.), obra de un buen amigo y compañero. A continuación, reproducimos ambos textos por parecernos especialmente apropiados para el momento presente.

Las máximas del “patriota”
© J. F. S. P.

Decálogo que recoge sentimientos y convicciones comunes a una especie de patriotas muy extendida por ahí (por fortuna, no todos son de este tipo).

1. Si otro país deja en mal lugar al mío, se trata de un hecho inadmisible, y requiere de mi gobierno una enérgica respuesta, cuando menos diplomática (pero no demasiado diplomática). Si es mi país el que deja en mal lugar a otro, será porque éste se lo merece, y es prueba de que el mío tiene una digna y respetable presencia internacional.

2. Si otro país ocupa militarmente el mío, es una invasión intolerable que exige la inmediata resistencia bélica, por todos y cualesquiera medios a nuestro alcance, con vistas a expulsarlo y procurando, si es posible, masacrar a su ejército. Si es mi país el que ocupa a otro, se trata de una valerosa intervención tal vez llamada, quién sabe, a (re)construir un glorioso y heroico imperio nacional.

3. Si unos sujetos extranjeros o independentistas atentan contra la vida de compatriotas míos, se trata de terroristas despreciables, violentos asesinos, monstruos viles que merecen la mayor reprobación y la más horrenda de las suertes. Si es el ejército de mi país el que efectúa, o apoya, un ataque contra otra nación con resultado de víctimas civiles, se trata de una desgracia colateral a la noble causa (civilizatoria, preventiva, defensiva...) que ha movido a mi país a actuar allí.

4. Si pretende n llegar extranjeros a mi país, en particular si se trata de pobres con raza y/o cultura muy diferente a la nuestra, ha de controlarse y restringirse al máximo su entrada y, cuando les sea admitida, debe exigírseles una escrupulosa observancia de las normas de mi país, así como una plena e inmediata adaptación cultural a todas nuestras costumbres. Si son compatriotas míos los que emigran, deben ser tratados con el máximo respeto por el país de acogida, permitiéndoseles establecer todo tipo de casas nacionales, regionales o clubes patrióticos, cuando no colonias demográficas, a fin de facilitarles la preservación de su identidad nacional.

5. Si mi país es económicamente débil en todos o algunos sectores productivos, éstos deben ser amparados por medidas, cláusulas o uniones internacionales de corte proteccionista. Si mi país es fuerte en todos o algunos sectores, entonces respecto a ellos ha de establecerse el máximo grado de libre comercio internacional.

6. En cualquier conflicto de mi país con otra u otras naciones, deben prevalecer la verdad y la justicia salvo que, por culpa de ello, mi patria pueda resultar perjudicada política, económica o moralmente.

7. Si la selección de fútbol de otro país gana injustamente un importante partido a la del mío (por ejemplo, debido a erróneas decisiones arbitrales), se trata de un latrocinio que ha mancillado nuestro honor patriótico (a fin de cuentas, la selección de mi país es mi país), y debería apelarse a las más altas instancias internacionales competentes para que el encuentro se repitiese o, al menos, para que el árbitro se llevase una durísima sanción. Si es, en cambio, la selección de mi país la que obtiene el triunfo merced al arbitraje, lo importante es que se ha ganado, y todo buen patriota debería salir a la calle para celebrarlo.

8. Si la selección de fútbol de mi país gana de la manera que sea, pero sobre todo si es brillante, hemos ganado. Si pierde con toda justicia, vapuleada por un rival superior, vaya porquería de equipo tenemos... ¡Es intolerable que el seleccionador haya convocado a esos jugadores!

9. Si nuestro/a representante en el Festival de Eurovisión gana las votaciones, se confirma que nuestra canción era la mejor. Si queda en mala posición, es porque varios países se han coaligado contra el nuestro y se han votado entre sí.

10. En suma: mi país es bueno por definición, y es esencialmente puro, a pesar de ciertos accidentes temporales; por este motivo está llamado a un destino glorioso en la tierra, y cualquier obstáculo que se interponga en su camino ha de considerarse un agravio frente al cual todos los patriotas deben levantarse en el acto.


Las máximas alternativas
© Guillermo Sánchez Vicente

A instancias de un lector, nos hemos animado a redactar una versión “en positivo”, mostrando opciones alternativas a las máximas del “patriota”.

1. Tanto si otro país deja en mal lugar al mío como si es mi país el que deja en mal lugar a otro, habrá que analizar fríamente las razones por las que ha ocurrido así, y comprobar en qué medida han sido afectadas las personas de uno u otro país (muchas veces el que un país “deje mal” a otro no implica más que una herida en el “orgullo nacional”, sin repercusiones reales más que para los “patriotas”). En la mayoría de las ocasiones lo más sensato es no tomar partido ni por uno ni por otro, a fin de no incurrir en el indeseable simplismo bipolar.

2. Si otro país ocupa militarmente el mío, buscaré en Dios la templanza de ánimo y las fuerzas para asumir el mayor de los heroísmos en tiempo de guerra: apostar por la paz de forma activa, aun a costa de arriesgar mi vida. (Quienes toman las armas ponen en riesgo su vida y la de sus compatriotas, con resultado seguro de numerosas muertes. Cuando la población colabora con acciones de resistencia pacífica, aun produciéndose bajas por la exposición desarmada al ejército invasor, son mucho menores que cuando el pueblo toma las armas para repeler al agresor). Si es mi país el que ocupa a otro, exigiré que se detenga la matanza.

3. Si unos sujetos extranjeros o independentistas atentan contra la vida de compatriotas míos, se trata de terroristas despreciables, violentos asesinos, monstruos viles que merecen la mayor reprobación y un castigo justo conforme al estado de derecho. Si es el ejército de mi país el que efectúa, o apoya, un ataque contra otra nación con resultado de víctimas civiles, los crímenes serán considerados de la misma gravedad que en el caso anterior.

4. Si pretenden llegar extranjeros a mi país, ha de aplicarse una legislación que busque el difícil equilibrio entre respetar sus derechos (entre los que nunca figurará cualquier actividad que lesione los derechos fundamentales recogidos en nuestra Constitución; es decir, se aplicarán las mismas normas que a los nativos) y exigirles responsabilidades (como ha de exigírsenos a los nativos, cosa que no siempre se hace). Si son compatriotas míos los que emigran, deberían seguir (y aplicárseles) en el país de destino esos mismos principios enunciados.

5. Tanto si mi país es económicamente débil como si es fuerte en todos o algunos sectores, deberá fomentar entre los demás países un sentido de la responsabilidad global ante problemas globales, tratando de respetar los derechos básicos (empezando por la subsistencia alimentaria) de todo el mundo.

6. En cualquier conflicto de mi país con otra u otras naciones, deben prevalecer la verdad y la justicia a pesar de que, como consecuencia de ello, mi patria pueda resultar perjudicada política, económica o moralmente.

7. Tanto si la selección de fútbol de otro país gana injustamente un importante partido a la del mío, como si es la selección de mi país la que obtiene el triunfo merced a un arbitraje dudoso, aplicaré al fútbol la reflexión que Groucho Marx hizo sobre la caja tonta: “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro”.

8. Si la selección de fútbol de mi país gana brillantemente, es una buena ocasión para que los aficionados al fútbol de cualquier país hayan disfrutado de este entretenido deporte; si pierde por los méritos del equipo contrario, los verdaderos aficionados al fútbol (son poquísimos; ver ¡Qué poco gusta el fútbol! ) habrán disfrutado en la misma medida por la calidad del juego.

9. Tanto si nuestro/a representante en el Festival de Eurovisión gana las votaciones como si queda en mala posición, aplicaré los principios establecidos en los puntos 7 y 8, según me guste más (punto 8) o menos (punto 7) este tipo de canciones.

10. En suma: ningún país es mejor que otro esencialmente; si acaso circunstancialmente. Pero como lo de “país” es en gran medida una abstracción, mi atención se dirigirá sobre todo a las personas que accidentalmente habitamos en uno u otro (personas de toda raza, tribu, lengua y pueblo), considerando la dignidad de todas ellas igualmente preciosa.

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21 comentarios · Escribe aquí tu comentario

raravis dijo

bravo
di que si

Claudette - www.saperlipotte.com

Claudette - www.saperlipotte.com dijo

Ni fu ni fa. Me gusta ver las cosas como se presentan en su presente y después mantenerlas en la memoria pero solo como referencia en el acervo acumulado. Los que ganaron la Copa Mundial me merecen el respeto de las personas que se esfuerzan y como no los conozco uno por uno les respeto a todos por igual, incluso a aquellos que saltaban gozando de un triunfo que creian de todos estando en su perfecto derecho de así creerlo.
Es mezquino intentar sacar punta a todo lo que da satisfacción colectiva intentando denigrar a los actores, a los espectadores y a los políticos de turno porque estos últimps no son mas que administradores de lo que ya existía antes de que nacieran. Y por eso si no lo puedes hacer mejor, no tienes derecho a criticar.

Cordura dijo

Observaciones interesantes las tuyas, Claudette. En mi opinión, la mayoría no carentes de tino. Lo que me pregunto es si realmente has entendido nuestra postura. Veamos:

1. Nadie ha negado aquí el valor del esfuerzo de esos jugadores (por cierto, un valor superbién remunerado). Lo que se cuestiona es la verdadera relevancia, para la colectividad, de lo que han conseguido.

2. Tampoco tengo problema en concordar en que “aquellos que saltaban gozando de un triunfo” tenían derecho a creer que era suyo. La cuestión es, no ya si lo era realmente (que sí, pues no olvidemos que a los jugadores millonetis les pagamos con el dinero de todos), sino si eso es realmente bueno (sobre todo, tan bueno como parece desprenderse por tanta alegría) para ellos y para el resto de la colectividad.

3. No es cierto que hayamos tratado de “denigrar” a nadie. Ni denigrar, ni adorar, como hacen otros. Procuramos exponer las cosas tal cual son. Por ejemplo, los Villa y compañía son muy buenos jugando al fútbol, vale. Pero el fútbol no es más que un juego. Punto (o así debería ser).

4. En cuanto a los “políticos de turno”, dices que “no son mas que administradores de lo que ya existía antes de que nacieran”. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Que están exentos de crítica? ¿Desde cuándo no se les puede criticar por no ser capaz de hacerlo “mejor” que ellos? (Por cierto, ¿acaso es difícil mejorar lo que lo hacen ellos?).

Sería conveniente que aclarases tus palabras.

Saludos cordiales.

riflher dijo

Pasar del grupo A al B es el primer paso evolutivo necesario. Sólo a partir de ahí podemos avanzar. En todo caso, el problema es el patrioterismo y también el patriotismo. No son tan distintos si lo pensamos fríamente. Sólo es cuestión de formas. Las burdas e incultas y las finas y educadas. El final del trayecto es el mismo para todos. En cuanto al fútbol, veo siempre más una excusa para emborracharse y correrse una juerga que otra cosa por parte de forofos, aficionados normales y ocasionales. Y cierto es, hay un altísimo grado de insatisfacción en todo esto. También sin que la selección hubiera ganado el mundial seguría ahí en espera de vanales alegrías a falta de nada mejor.
Enmadejado laberinto este asunto de las patrias. Qué bien estaríamos sin ellas.
Un saludo.

Jose Luis Forneo

Jose Luis Forneo dijo

Yo no creo que una panda de supermillonarios se merezcan respeto alguno por hacer su trabajo. Me merecen mucho mas respeto los millones de trabajadores que por mucho menos dinero sostienen la economia nacional (en este caso "nacional" se refiere a cualquier nacion, por lo que pierde su caracter patriotero), muchos de ellos inmigrantes, y que sin embargo los mediocres que salen a celebrar el triundo de los otros (porque no tienen ninguno propio) no aplauden ni admiran.

El futbol no es lo que estos payasos bienpagados (de Espana o del mundo entero) hacen en las ligas-espectaculo (por cierto supermachistas, porque el deporte que se fomenta es el del machote musculoso, mientras hay futbol femenino que nadie ve), sino un deporte donde un grupo de jugadores disputan por disfrutar de un esfuerzo fisico comun y aplicando unas reglas determinadas (sin embargo de este deporte nadie se acuerda).

Es triste que todos estos frustrados que salen a celebrar su miseria, convertida en alegria focalizandola en un triundo mediatico de unos jugadores poco patriotas que hacen su trabajo a cambio de jugosos beneficios, y con un componente nada patriotico -salvo el del escudo en el pecho, vacio de contenido-, no sean capaces de luchar por nada, ni de lograr nada que les alegre tanto como por el triundo de la seleccion, en su vida normal. En el fondo, el objetivo esta cumplido. Los animales domesticos celebran triunfos ajenos para que no intenten celebrar los suyos propios. Que la seleccion nacional consiga un exito inutil como este (inutil para los españoles), ayuda a que estos no pretendan exigir sus propios triunfos colectivos en su vida diaria, y que, al fin y al cabo, el rebaño se quede mas o menos contento aunque su vida sea una mierda.

Comparto las máximas del decálogo alternativo. La verdad es que las patrias podrian llamarse también corrales, y que sean no mas que una forma de mantener al ganado bien controlado, mientras los pastores, los que viven de él, los parásitos, no tienen patria (aunque nos engañen haciendonos pensar que sí).

trasindependiente dijo

Muchas gracias por ofrecernos este artículo tan denso e interesante. Quiero destacar, además de las máximas alternativas, que corresponden a lo que un ciudadano democrático puede llegar a ser, esa desmesura de la que hablas que es complementaria de la frustración presente (y que es de temer que tenga un gran futuro). Y también es fundamental lo que dices sobre la huida hacia delante. En esos parámetros de frustración y huida se mueven los ciudadanos españoles, con los que la clase política actúa como si no les reconociera su ciudadanía.

Saludos.

rb

rb dijo

Muy interesante el texto, cosas muy correctas y otras que no concuerdo, eso de no resistirse por la fuerza a una invasion militar es una barbaridad... asi acaban siempre los malos ganando y ademas si se supiera, las invasiones iban a ser pan de cada dia....
Pero en fin, las utopías son buenas a nivel individual, cuando se hacen colectivas pueden llevar a cosas imposibles o inlcuso negativas....

En cambio lo del futbol es una verguenza, ese nacionalismo del deporte y mas de profesionales que van al dinero y al negocio.... recuerdo que con Franco los socialistas decian que usaban el fubol para 'opio del pueblo'... se ve que ahora les ha gustado el 'opio' a los democratas aun más.

Cordura dijo

RB:

No tiene por qué haber planteamiento utópico alguno (en el sentido de quimérico), ni desde la trascendencia (que es nuestra postura), ni desde fuera de ella.

No lo hay desde ella porque en ese plano rige la certeza en que existe un Dios al timón. Una vez depositada en él la fe, lo que nos ocurra será lo que él haya querido. Pero será para bien (ver Romanos 8: 28).

No lo hay desde fuera de ella porque arriba se habla de “apostar por la paz de forma activa”. Negarse al uso de la fuerza no implica dejar de señalar al agresor su pecado. Existen otras formas de resistencia aparte de la violenta, cuyos siniestros resultados ya todos conocemos.

Lo utópico es pensar que con el método habitual, probadamente nefasto, vaya a mejorar nada.

Un saludo.

polonia210

polonia210 dijo

Hola Cordura, te mando este enlace. Por cierto, lo de los reptilianos me parece una tomadura de pelo para mezclar realidad y ficción y crear confusión (te he leido en investigar 11-s):

http://polonia210.blogspot.com/2010/07/las-puertas-giratorias-entre-capital-y.html

Cordura dijo

Estamos de acuerdo, Polonia.

Flashman

Flashman dijo

El primer decálogo es escalofriante, por lo real. De eso va el mundo actual.

El segundo es, simplemente, quimérico. El mundo no es así, las personas no son así. O hasta el momento no han demostrado serlo. Es un sueño.

Se avecinan tiempos muy duros.

Guillermo

Guillermo dijo

Gracias por el comentario, Flashman. Estoy de acuerdo en que es utópico que el cien por cien de los ciudadanos de un país aplique ese decálogo. Pero tú y yo sí podemos esforzarnos por, al menos de forma personal, llevarlo a la práctica, y fomentar que otros también lo hagan. En ningún sitio he profetizado que todo un país vaya a llevarlo a la práctica; más bien me temo que será lo contrario, de ahí la necesidad de que el mayor número de personas asumen ese tipo de valores.

Kuribayashi

Kuribayashi dijo

En una hipotética sociedad revolucionaria, el deporte profesional no debería existir.

Cordura dijo

Si es genuinamente revolucionaria, no existirá, en efecto.

Es decir, no pseudorrevolucionaria (como los fascismos y comunismos, pero también islamismos, aún recientes).

Hará falta superar lo meramente humano para verlo.

Un cordial saludo.

Helmut Tröger dijo

Mi comentario tiene que ver con el concepto de patria, en castellano se dice madre patria y en alemán se dice padre patria, sera seguramente porque un padre es severo y exige mas de nosotros en cambio que una madre es mas permisiva y tolerante.

jjm

jjm dijo

con el permiso de Miguel Hernández, supongo:

“Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?”

http://www.youtube.com/watch?v=qcS43tSqIyg

atienzabelen dijo

Escribes muy bien, aunque con demasiadas cursivas, etc.

Estoy de acuerdo en lo fundamental y en desacuerdo en la superficie.

Esto es: que malo tiene que la gente que esta frustrada por tantas cosas de repente busque una idolatria patriotera y se eche a la calle? Es como las fiestas de carnaval medievales. Celebran un dia. Al otro dia se val al curro, se les olvida el patriotismo, reniegan de Zapatero, de Dios, de su madre, de su tierra... de todo...

Si, los que no pertenecemos celebramos mas las victorias simbolicas por tonterias como el futbol. Hay estudios sobre eso. Por ejemplo a la comunidad gay le gusta mas Eurovision que a la hetero. Tiene que ver con encontrar formas de pertenecer de alguna forma en espacios en que somos aislados.

Yo celebre la victoria. Sin desnudarme. Sin patriotismo. Sin banderas. Habia habido tanta tristeza, tanta crisis, tantas malas noticias. Que mira, el pulpo y toda la parafernalia fue una distraccion no solo necesaria, curativa.

Cordura dijo

Preguntas, Manuela, “que malo tiene que la gente que esta frustrada por tantas cosas de repente busque una idolatria patriotera y se eche a la calle”.

Pues que, pese a lo que dices después, eso no es flor (o cardo) de un día. Tanta desmesura, que es lo que venimos señalando, refleja una enfermedad social. La irracionalidad latente ayer pudo manifestarse idolatrando (lo que para mí es necio 'per se') a unos millonarios, hoy exigiendo la continuidad de la brutal tradición “taurina”... y mañana reclamando la persecución de grupos sociales previamente estigmatizados desde el Poder. Para mí los síntomas son como para pensárselo.

En fin, podría extenderme más, pero ya lo hice también en el hilo precedente a éste (el de “Nueva derrota de España”). Gracias por lo de las cursivas.

jjm

jjm dijo

Qué obsesión: ¡Los millonarios! ¿Cuánto vale ese argumento?... ¡Hijos de padres agrarios! Como el Iniesta del cuento.

Vírico

Vírico dijo

Muy buenas

Pues sí, millonarios. Millonarios a costa de la estupidez supina de unos pobres diablos que los sostienen.
¡Menuda obsesión para que no critiquemos a los "pobrecitos" millonarios, que son millonarios porque sí, no porque se hayan deslomado trabajando o ingeniando cosas beneficiosas para los demás!

Y la idolatría es una necedad.
Y una perversión porque la idolatría patriotera sirve para adulterar u olvidar el Patriotismo, como otras idolatrías (como las religiosas) sirven para pervertir u olvidar el mensaje de esa religión.

jjm

jjm dijo

Por cada doce millonarios de esos han practicado deporte, cosa que al parecer es buena, quizá quince mil jóvenes… Algunos, luego de años (como es el caso de Julio Iglesias) se lesionan… y truncan sus expectativas (pero Julio Iglesias ya era millonario, él sí…).
Otros como Iniesta… al ser tan rica, la familia… se la llevan con ellos…
He utilizado, de mi tiempo, a lo largo de mi vida quizá menos de 50 horas a ver fútbol,
aunque de joven lo haya practicado (mil veces menos que el ciclismo, por ejemplo).
Claro que para llegar ahí hay que deslomarse y vencer infinidad de obstáculos, tanto o más que los que hemos tenido la suerte de crear cosas útiles para los demás… ¡Lo importante es aprovechar los talentos!
La idolatría puede estar hasta en la crítica sistemática… Y también la falsa diosa Envidia es un ídolo muy fetiche…

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