11 May 2008

¿Gracias a la vida?

Escrito por: Cordura el 11 May 2008 - URL Permanente

«¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? [...] Todas las cosas son más fatigosas de lo que el hombre puede expresar. [...] Miré todas las obras que se hacen bajo el sol y vi que todo es vanidad y correr tras el viento.»
(Salomón)



¿Qué esperabas de la vida a los 6, 8, 12, 15 años de edad, y qué esperas ahora? Si aún esperas...

Es probable que de entonces acá hayas sufrido más de un desencanto que ha hecho de ti alguien “maduro/a” a la fuerza. ¿Ya eres de los que, cuando te preguntan “Qué tal”, respondes “Vamos tirando”? Con todo, puede que te sientas razonablemente feliz... aunque el adverbio ya es sintomático.

No me lo cuentes, pero tal vez arrastras demasiadas frustraciones y sueños rotos (hablamos de sueños legítimos y realistas, no de ser el “rey del mambo” ni de que un día volarías por encima de los tejados). Acaso tu vida está consumida por la rutina, los horarios, el cruel despertador, viviendo para trabajar (eso sí, deseando que llegue el “finde") en lugar de trabajando para vivir. Si, por el contrario, eres completamente dichoso/a, no hace falta que sigas leyendo: estas líneas no han sido pensadas para ti.

Si todo ha ido más bien “regular” en el pasado, tal vez aún esperas que el porvenir lo remedie, a pesar de que miras al futuro con recelo. O quizá te has resignado pero te dices que eso no es malo: no se le puede pedir a la vida más de lo que puede dar. Además, eres de los que “saben disfrutar” los buenos momentos que aquélla ofrece, alguna “juerga” que otra incluida (aunque al llegar la noche, como me recordaba alguien muy querido, cada cual se encuentra a solas con su amargura).

Eso, en el ámbito estrictamente personal; pero, ¿qué decir del plano colectivo? Es posible que seas (¿que fueses?) de esas personas que hicieron suyo el anhelo de una sociedad menos hipócrita y torticera, más serena y saludable. ¿Qué encuentras hoy?

¿Cuál es el balance que haces de la vida a tus 16, 25, 40, 53, 68, 85 años de edad...?

* * *

No es cuestión de adentrarse en las tinieblas del autoanálisis, ni de mortificarse con la “psicopatología de la vida cotidiana”, ni siquiera de torturarse con inseguridades más o menos metafísicas a lo Woody Allen. Has vivido y ya te es dado sacar algunas conclusiones. Puede que no hayas reparado en ello, pero quizá en tu vida hoy prevalece más una que otra de las dos certezas existenciales (el mal y la esperanza), y seguramente el peso relativo entre ambas no es el que podías experimentar hace cinco, diez, veinte o treinta años. ¿Qué fue de tu plan de vida, si alguna vez lo tuviste?

En este mes se cumplen cuarenta años de “Mayo del 68”. En aquellos días sucesivamente idealizados y desmitificados, la juventud burguesa de Francia lanzó un estruendoso grito de inconformidad con el Sistema. Lo hizo, en general, sin base ni objetivos claros. Pidieron “lo imposible”... y cosecharon el fracaso (pero, ¿era realmente imposible?). A toro pasado, uno se pregunta cómo nadie pudo creer entonces que aquel estallido entre idealista y hedonista fuera contemplado por muchos como una amenaza revolucionaria. Pero no es eso lo que nos interesa aquí. Lo relevante es que ese mayo muchas personas expresaron su insatisfacción existencial. Y que entonces (era también la época 'hippie', y la de los Beatles, y la de los derechos civiles, y la de la creciente oposición al genocidio vietnamita) buena parte del mundo todavía contemplaba el futuro con esperanza.

Lo que queda hoy es tan amargo que cabe preguntarse si no habría sido mejor que la humanidad jamás hubiera alcanzado (gracias a la reflexión filosófica, científica e histórica, y a la dedicación artística) sus actuales niveles de autoconciencia. Quizá Hegel no tenía razón.

* * *

Entre las virtudes del Mayo del 68, que sin duda las tuvo, cabe incluir que promovió un enfoque más amplio de la liberación humana que el propio de la óptica meramente marxista, centrada en la lucha de clases. Movimientos o corrientes como el feminismo, el ecologismo, el antimilitarismo, incluso el antiglobalismo... le deben mucho al espíritu del Mayo francés. Aunque algo miopes todos ellos y necesitados de profunda autocrítica, no hay duda de que dejaron al desnudo la obscena hipocresía, la barbarie esencial y las graves carencias sociales que definen al Sistema.

¿Para qué? Hoy la mujer tal vez sea un poco más libre (¿quizá sólo en apariencia?) y no está claro que sea más feliz. Aunque envuelto en polémica, el cambio climático es ya un hecho admitido, pero ante el que sus propios notarios, los científicos, manifiestan resignación. La lógica de la guerra no sólo no ha sido superada sino que, gracias a los chivos expiatorios, se la exalta con la anuencia o el silencio de la mayoría, y encima se hace en plena Década para la Cultura de la Paz. Y el imperio global, caiga quien caiga, descarga su peso cada vez más agobiante (con tropas en el 70% de los países del mundo, pero trayendo una amenaza aún mayor sobre las conciencias), mientras ya casi nadie cuestiona activamente el capitalismo.

Toda una tentación, si creías en horizontes colectivos, para refugiarte en tu vida personal... Pero antes de que caigas en ella, de pronto recuerdas que ya llegó la crisis económica, con sus repercusiones en el día a día de casi todos...

Seamos serios: a poco experimentados que estemos ya en esto de la vida, difícilmente creeremos que pueda colmar las más íntimas aspiraciones humanas.

¿No habrá llegado la hora de alzar la vista?

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.»
(Jesús de Nazaret)

07 May 2008

¿El papa, contra Irán?

Escrito por: Cordura el 07 May 2008 - URL Permanente

«Nosotros respetamos al Papa y a todos quienes están interesados en la paz y la justicia» (Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, 19.9.06).

“En medio de la crisis, Irán envía carta a Benedicto XVI”, titulaba otro medio el 27 de diciembre del mismo año 2006. «El papa Benedicto XVI recibió hoy al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Manusher Muttaki, quien le entregó un mensaje del presidente Mahmud Ahmadineyad, anunció el Vaticano. En la entrevista, el Papa “reafirmó el papel que la Santa Sede piensa ejercer por la paz en el mundo, no como autoridad política, sino religiosa y moral, haciendo un llamamiento a las conciencias para que los problemas de los pueblos se resuelvan siempre en el diálogo, la mutua comprensión y la paz”.»

Justo un año después, el presidente iraní enviaba “saludos navideños” a Benito 16, jefe supremo del Vaticano.

Pero nada de eso, como tampoco los regalitos que ocasionalmente se intercambiaron delegaciones de ambos estados, garantizaba realmente un futuro halagüeño para el pueblo iraní, condenado por el Imperio, por la pasividad de las gentes y... ¿por el propio monarca de Roma? (Ver también).


En línea con los belicistas

De hecho, en septiembre de 2006, cuando los tambores de guerra contra Irán ya llevaban muchos meses sonando, el papa pronunciaba su tristemente célebre discurso antiislámico de Ratisbona, entrando públicamente de lleno con él en la estrategia imperial de choque de civilizaciones (a pesar de que, en línea con muchos otros documentos papales, ese mismo discurso a la vez contenía declaraciones pro diálogo).

Incluso mucho antes de esa fecha, el 1º de enero de 2006, algunos vieron en su mensaje de Año Nuevo un ataque velado al régimen iraní, al que habría acusado de «incitar a sus ciudadanos a ser hostiles hacia otros países» (lo que sería una alusión a comentarios de Ahmadineyad contra el régimen “israelí”, sistemáticamente tergiversados por la prensa occidental como si denotasen el propósito de arrasar el país hebreo).

Pero sería sobre todo después de Ratisbona cuando llegarían sucesivas alusiones papales a Irán, siempre en línea acusadora y alguna de ellas (lo que ya es “mucho” tratándose del sinuoso lenguaje vaticano) nombrando de manera explícita a ese país. Así, el 8 de enero de 2007, Ratzinger reclamó a su gobierno «que acepte lo que ha calificado como “propuestas legítimas” para negociar su polémico plan nuclear», asumiendo por entero la postura imperial al respecto.

El 29 de julio de ese mismo año (fecha en la cual la ONU ya había emitido tres resoluciones sancionadoras contra el régimen persa), usó un lenguaje que llevaba meses siendo empleado frente a Irán, al afirmar que «cada vez es más actual y urgente el compromiso por alentar la no proliferación de armas nucleares, promover un progresivo y compartido desarme nuclear y favorecer el uso pacífico y seguro de la tecnología nuclear a favor de un auténtico desarrollo» (destacado añadido, como en todas los demás casos). Hay que recordar que el contencioso artificial con Irán se basa en acusaciones, jamás demostradas, de que «que viola sus compromisos bajo el tratado de No Proliferación Nuclear».

El 9 de octubre, dirigiéndose a los dirigentes del Congreso Mundial Judío en una reunión celebrada en el Vaticano, Benito 16 subrayó que Irán era «un asunto de gran preocupación» para él. Tales palabras, pronunciadas ante esos interlocutores (que sin duda las escucharon complacidos), sólo podían tener un sentido crítico hacia el régimen iraní, acorde con los planes bélicos del Imperio y de los sionistas más guerreristas. Al parecer, según la misma fuente, el papa también habló de «su preocupación sobre el auge del antisemitismo, describiendo que deseaba usar las herramientas educativas para contrarrestar el odio de los dirigentes iraníes hacia el pueblo judío e Israel». (Por cierto, como recoge esa misma crónica, el gobierno de Ahmadineyad niega insistentemente ser antisemita e Irán alberga la más numerosa comunidad hebrea de la región –a excepción de “Israel”–; agreguemos que dicha minoría étnica cuenta con representación en el parlamento iraní y tiene garantizados legalmente catorce días al año para celebrar sus festividades religiosas).

El 18 de octubre fue Celestino Migliore, observador permanente de la "Santa" Sede ante Naciones Unidas, el encargado de hablar a favor de la “no proliferación de armas nucleares”.

Todavía en 2007, el 11 de diciembre Benito 16 se mostraba preocupado” por la amenaza nuclear” y volvía a emplear la expresión no proliferación”. Significativamente, las palabras del papa llegaron sólo poco más de una semana después de hacerse público un informe interno de una agencia dependiente de la propia administración estadounidense que, para fastidio de los principales responsables de ésta, negaba el peligro atómico iraní.

El jefe supremo de la ICR no aludió directamente a este asunto durante su estancia en Estados Unidos. Es llamativo, no obstante, que el 14 de abril de 2008, justo la víspera de ese viaje, efectuara unas jugosas declaraciones sobre la necesidad del desarme, recogidas por la agencia vaticana Zenit. Particular mención merece que dijera: «Se da una tendencia a sobreponer la economía civil a la militar, como demuestra la continua difusión de bienes y conocimientos de “doble uso”, es decir, el civil y el militar. Este riesgo es grave en los sectores biológico, químico y nuclear, en los cuales los programas civiles no serán nunca seguros si no se da el abandono general y completo de los programas militares y hostiles».

Aunque las palabras del llamado sumo pontífice” eran, como a menudo sucede, más bien ambiguas, lo cierto es que dado el momento elegido para decirlas, los antecedentes ya recogidos aquí, y la coyuntura internacional en su conjunto, no resulta muy difícil captar sus intenciones. ¿Qué país viene siendo acusado en estos últimos años de desarrollar un programa (nuclear) de doble uso”, en el que el uso civil sería “fachada” del uso militar? No parece que haga falta responder.


¿El discurso confirmatorio?

El 18 de abril pasado, Benito 16 pronunciaba ante la asamblea general de la ONU el discurso más esperado de su viaje a Estados Unidos. Se trataba de una buena ocasión para ver si hacía alguna alusión al “contencioso iraní”. Lo cierto es que, pese a que casi nadie lo ha constatado, varios comentarios del papa en ese discurso fueron reveladores y seguramente agradaron mucho a los sectores imperialbelicistas. Veamos uno de los párrafos:

«El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de proteger. Este principio ha sido definido sólo recientemente, pero ya estaba implícitamente presente en los orígenes de las Naciones Unidas y ahora se ha convertido cada vez más en una característica de la actividad de la Organización. Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención la que causa un daño real. Lo que se necesita es una búsqueda más profunda de los medios para prevenir y controlar los conflictos, explorando cualquier vía diplomática posible y prestando atención y estímulo también a las más tenues señales de diálogo o deseo de reconciliación.»

Toda una apología de la guerra “protectora” (téngase en cuenta que el uso de la fuerza militar está contemplado en la Carta de la ONU). Muy “oportuna” en el contexto presente. Condenando, incluso, la no intervención (bélica incluida, claro). Y usando los típicos eufemismos del Sistema, como ése de la “comunidad internacional”. No olvidemos que el Imperio decretó hace unos años la expulsión de Irán de dicha “comunidad”, condenándolo como uno de los miembros del “Eje del Mal”. Conocido es, además, que uno de los argumentos que a veces esgrimen quienes acosan a Irán es que su gobierno viola los derechos humanos (cosa que, por otra parte, no carece de fundamento... sin perjuicio de admitir que no es en modo alguno el único que lo hace, ni de recordar que quienes más le acusan de ello llevan estos años demostrando ser expertos violadores de tales derechos; p. ej., ver).

Benito 16 estaría, por tanto, evocando a Irán en las mentes de quienes escucharon (o leyeron) su discurso. Pero veamos más. En el párrafo siguiente, tras varias consideraciones sobre el “principio de la 'responsabilidad de proteger'”, agrega:

«Cuando eso ocurre [la grave violación de la libertad y dignidad humanas], los fundamentos objetivos de los valores que inspiran y gobiernan el orden internacional se ven amenazados, y minados en su base los principios inderogables e inviolables formulados y consolidados por las Naciones Unidas. Cuando se está ante nuevos e insistentes desafíos, es un error retroceder hacia un planteamiento pragmático, limitado a determinar “un terreno común”, minimalista en los contenidos y débil en su efectividad.»

¿A qué “nuevos desafíos” se refiere Benito? Aunque en buena lógica es más bien Irán el país “desafiado” por la prepotencia imperialista, lo cierto es que el término 'desafío' en relación con ese país (la expresión 'desafío iraní', en particular) viene dando mucho juego a los grandes propagandistas occidentales desde que se inició el acoso al mismo (ver, p. ej., 1, 2 y 3). Por lo demás, las últimas palabras de la cita que nos ocupa, incluido ese rechazo a una respuesta “débil” a tales “desafíos”, sin duda harían las delicias de todos los halcones (pro) imperiales a poco que reparasen en ellas. Por ejemplo, las de éstos.


Conclusiones... provisionales

Naturalmente, siempre habrá quien diga que insinuamos “demasiado”. Y que verá, incluso, benéficas intenciones en ésas y sobre todo en otras de las palabras del discurso del papa ante Naciones Unidas y de otros discursos vaticanos. Hasta es perfectamente posible que las vea de buena fe. “Destripar” el lenguaje y la diplomacia vaticanos no es cosa fácil. Requiere un cierto grado de familiaridad con ellos, además de no poco espíritu crítico.

Por nuestra parte, aun sin dogmatizar, no tenemos ninguna duda: sabemos a qué carta está jugando el “humano, demasiado humano” Joseph Ratzinger; no en vano él se debe al eje que, además, tanto le conviene. Por eso, ante preguntas más o menos ingenuas como ésa de un católico romano que invita al papa a pronunciarse contra la guerra (“¿Y la guerra, Papa Benedicto?”), respondemos que éste, el mismo que no emitió una sola palabra de condena contra el Genocida en Jefe durante su viaje a Estados Unidos, no se olvida de ella, aunque no sea para impedirla. Y que no es de extrañar que, a las pocas semanas de su visita, conozcamos que los demócratas, el partido supuestamente contrario a Bush, «aprueban fondos para operaciones clandestinas» en un paso más de la escalada bélica contra el pueblo iraní.

01 May 2008

¿Evolución, o diseño inteligente? (II): La complejidad irreducible

Escrito por: Cordura el 01 May 2008 - URL Permanente

«Parece totalmente absurdo, lo confieso espontáneamente, suponer que el ojo, con todas sus inimitables disposiciones para acomodar el foco a diferentes distancias, para admitir cantidad variable de luz y para la corrección de las aberraciones esféricas y cromática, pudo haberse formado por selección natural. [...] Si se pudiera demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haberse formado de ninguna forma por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso semejante.»
(Charles Darwin, El origen de las especies, Barcelona, Planeta-DeAgostini, 1985, págs. 222, 227)

Eso que en su momento (en 1859, año de la primera edición de El origen...) fue presentado por Darwin en pasajes como los recogidos en la cita previa (ver capítulo VI de su obra), se llegaría a conocer con el tiempo, sobre todo gracias al bioquímico ex evolucionista estadounidense Michael Behe, como el problema o el argumento de la complejidad irreducible. Behe publicó en 1996 su impactante libro Darwin's Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution (La caja negra de Darwin: El desafío bioquímico a la evolución), donde “la caja negra” designa el interior de la célula, una gran desconocida en tiempos de Darwin.

En pocas palabras, se puede decir que dicha obra es una respuesta a la última parte de la cita darwiniana de cabecera, pues Behe declara que actualmente disponemos de numerosos ejemplos de máquinas moleculares complejas (no sólo el ojo que tanto inquietaba a Darwin), los cuales destruyen por completo la teoría de la selección natural.

Sin embargo, aunque no de manera tan amplia, explícita y rigurosa, el fenómeno de la complejidad irreducible ya había sido abordado mucho antes en un contexto crítico de la teoría de la evolución. Lo podemos ver, por ejemplo, en esta otra cita de principios del siglo XX que, siquiera de modo parcial, alude a ello:

«Sobre la extrema pequeñez de las variaciones beneficiosas: El ilimitado tiempo geológico requerido por la teoría original de Darwin está estrechamente vinculado con su punto de vista acerca de la extrema pequeñez de los pasos mediante los cuales el progreso se había conseguido. Las palabras que él usa constantemente al hablar de las variaciones son “ligeras", "pequeñas”, “extremadamente graduales”, “gradaciones insensibles”... Pero pronto, en la discusión al respecto, Mivart mostró que “diminutas variaciones incipientes en cualquier dirección especial” carecerían de valor, pues, para ser de utilidad en cualquier caso, deben ocurrir en cantidad considerable. Y además, para que sea de utilidad permanente, una variación en un órgano debe estar acompañada por otras numerosas variaciones en otras partes del organismo» (G. F. Wright, “The passing of evolution”, en The Fundamentals [1917], ed. de 1958).

Añádase a esto que, en buena lógica, tendría que tratarse de variaciones simultáneas o casi simultáneas, pues de otro modo no se comprende cómo podría asegurarse la funcionalidad del órgano en cuestión. Al requerirse, además –dada la "extrema pequeñez" de las mismas–, una verdadera infinidad de ellas, se concluye que para creer en que pueda culminarse con éxito el proceso es precisa una fe quizá tan ciega como las "fuerzas de la naturaleza" (léase, el azar) en las que se deposita, y que son las que supuestamente podrían propiciarlo.

Volviendo a Behe, para él la complejidad irreducible supone entonces que es imposible explicar la organización de ciertos sistemas bioquímicos por medio de una evolución gradual o por partes, la cual sencillamente no podría permitir que funcionasen. Esto desacreditaría por entero tanto al darwinismo como al neodarwinismo.

* * *

Al considerar estos temas, y en particular el fenómeno que aquí especialmente nos ocupa, resulta gratificante comprobar que el principal fundador de la teoría de la evolución, Charles Darwin, era un auténtico científico que se planteaba dudas e incluso retos a sus propias teorías (ver de nuevo la cita superior). Nada que ver con la actitud que frecuentemente se observa en los medios académicos actuales, caracterizada por un dogmatismo que poco tiene que envidiar al viejo espíritu inquisitorial. Una actitud que, de manera vergonzosa, se hizo patente hace unos meses en nuestro país (cuando determinadas universidades prohibieron la presentación de un paradigma científico alternativo al oficial), pero que hemos tenido ocasión de comprobar también en las "páginas" de este humilde blog.

De hecho, la presente entrada es continuación de la serie intermitente iniciada hace ya más de un mes (dando lugar a un debate que, si bien ya atenuado, se prolonga hasta la actualidad), en la que pretendemos cuestionarnos la verdad sobre la evolución. Adjuntamos tres nuevos vídeos con la conferencia de Woodward entonces presentada, el último de los cuales (sexto de la serie) entra ya en el asunto de la complejidad irreducible (partiendo del ejemplo de una ratonera, analizando procesos complejos como el de la coagulación de la sangre o el de la formación de una simple proteína).

[Nota: Quien desee ver, desde ya mismo, la serie completa de los catorce vídeos (de entre cinco y diez minutos cada uno), no tiene más que pinchar aquí y proceder sucesivamente.]

27 Abr 2008

La Visita (y III): El falso Dios y la “ley natural”

Escrito por: Cordura el 27 Abr 2008 - URL Permanente

[Nota previa: La presente serie, que aquí concluye, no busca ofender a nadie, católicos romanos incluidos. Tampoco es un ataque personal, sino la denuncia de un sistema espurio que, en opinión del autor, antepone su voluntad de Poder a cualquier otra consideración.]

«Soy católica. Rezo. Pero no puedo creer en quien me quiere
arrojar a Dios a la cara como una piedra.»

(María Zambrano)

Con motivo de la visita del señor Benito 16 a las metrópolis del Imperio, su amigo George W. le regaló generosamente los oídos. En particular, usó repetidamente con él un término (blasfemo) muy del agrado del aludido: “Santo Padre” (ver 1 y 2). Aún más explícita, si cabe, resultó la divinización de Ratzinger cuando, poco antes de la visita, el genocida estadounidense dijo que al mirarle veía «a Dios». (Bush tiene buenas razones para estar agradecido a su amigo Joseph; por ejemplo éste, cuando aún no era papa, dejó bien claro cuál era el candidato del Vaticano para las elecciones de 2004, a pesar de que oficialmente el católico romano era el abortista John Kerry).

Quizá algunos reduzcan este asunto a “lenguaje diplomático”, a mero simbolismo o incluso a “cosas de Bush”. Tanto en la progresía (término empleado aquí sin matiz peyorativo) como fuera de ella es raro encontrar personas que comprendan el fenómeno de la ICR, la entidad político-religiosa vigente más duradera de la historia. No suele entenderse que para su más alta jerarquía es vital recibir honores divinos, pues, como por otra parte debiera resultar obvio, tal tratamiento conlleva el reconocimiento e incluso la implícita concesión de un gran poder (esto es aún más cierto en la presente Era Neorreligiosa).

Ignorantes muchas de ellas en asuntos religiosos, esas personas raramente reparan en ciertos hechos. Por ejemplo, la ausencia de clamorosas respuestas frente a ese tratamiento en la “América protestante” (todavía a finales de los cincuenta se reeditaba con fines apologéticos The Fundamentals, un compendio de textos teológicos representativos de la poderosa corriente Evangelical, y que entre otras cosas llamaba a Roma “el Antagonista de la Nación” norteamericana; recuérdese que Estados Unidos no tuvo relaciones diplomáticas con el actual Vaticano hasta 1984; ver igualmente). Tan pasiva reacción puede indicar tanto la falta de genuina religiosidad entre la mayor parte de los “protestantes” norteamericanos, como la eficaz labor político-diplomática pacientemente realizada por el papado para meterse a ese país en el bolsillo.

La “ley natural”

Como había previsto algún fino vaticanólogo (y como también supo ver Lluís Bassets), el tema realmente clave de los discursos de Benito 16 en Estados Unidos fue el de la “ley natural”, sutil y eficaz arma de poder en manos de este papa neoescolástico. No en vano, según recuerdan sus portavoces, «en sus tres años de pontificado, el Santo Padre ha insistido en la importancia de la ley natural para la convivencia entre las naciones y dentro de cada sociedad» (ver también).

Preparando el viaje, Ratzinger ya había afirmado que esperaba que el gobierno estadounidense, «basado en la verdad evidente por sí misma de que el Creador ha atribuido a cada ser humano ciertos derechos inalienables, continúe encontrando en los principios de la ley moral común, consagrados en sus documentos fundacionales, una guía segura para ejercer su liderazgo en la comunidad internacional» (aquí y en el resto, destacados añadidos). [Por cierto, ¿a alguien puede sorprenderle que luego el presidente estadounidense se dedicase a deificarlo?] Y en su mensaje a los católicos estadounidenses previo a la visita, comentó: «Haced a los otros lo que queréis que ellos os hagan a vosotros, no les hagáis lo que no queréis que ellos os hagan a vosotros. Esta “regla de oro” se encuentra en la Biblia pero vale para todos, también para los no creyentes. Es la ley escrita en la conciencia humana, y en ella podemos todos reencontrarnos, de modo que el encuentro de las diferencias sea positivo y constructivo para la entera comunidad humana.»

En una entrevista concedida durante el vuelo a Estados Unidos (en la que se aludió a su supuesto papel de «conciencia de la humanidad»), Benito volvió a la «ley natural», «los valores comunes de la humanidad», señalando que «es importante que exista esta convergencia entre las culturas que han encontrado un consenso sobre el hecho de que estos valores son fundamentales, que están inscritos en el propio ser humano». Luego, ya ante Bush en la Casa Blanca, se refirió a la «convicción» de los fundadores de la nación norteamericana «al proclamar la “verdad evidente por sí misma” de que todos los hombres han sido creados iguales y dotados de derechos inalienables, fundados en la ley natural y en el Dios de esta naturaleza». En su posterior encuentro con los obispos estadounidenses, esgrimió la "ley natural" frente a «la “dictadura del relativismo”» que, «al fin y al cabo, no es más que una amenaza a la libertad humana, la cual madura sólo en la generosidad y en la fidelidad a la verdad».

En su discurso ante la ONU, la engarzó una vez más con los derechos humanos, aprovechando hábilmente que este año se conmemora el sexagésimo aniversario de su Declaración Universal. En esa importante alocución, cuyo verdadero alcance apenas se ha atisbado, subrayó que la «legalidad» debe estar unida a «la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin»; añadió que «los derechos y los consiguientes deberes […] son el fruto de un sentido común de la justicia, basado principalmente sobre la solidaridad entre los miembros de la sociedad y, por tanto, válidos para todos los tiempos y todos los pueblos», recordando nuevamente la “regla de oro” (en otra de sus formulaciones clásicas). Seguidamente cuestionó el derecho de los estados a decir la última palabra sobre las «aspiraciones» de las personas, abogando por «una visión de la vida enraizada firmemente en la dimensión religiosa» para garantizar la dignidad de la persona.

El núcleo de un programa de dominación universal

Mensajes de este tenor deberían resultarnos hartos familiares, especialmente en España. Con motivo de polémicas como las del matrimonio homosexual (análisis aquí) y la asignatura Educación para la Ciudadanía (ver también), el sutil argumento de la “ley natural” ha sido y es la base ideológica de las campañas romanistas correspondientes.

Pero es difícil toparse con un argumento más falaz. Y a poco que se analice el asunto (el problema es cuántos lo hacen…), se verá que es fácil desmontarlo. Su “truco” consiste en confundir lo privado (de esa entidad político-religiosa) con lo público (el ámbito externo a la misma). En fin, lo de siempre tratándose de la ICR, sólo que ya a escala global, "católica" (universal), y avanzando rápidamente en su programa totalitario.

En principio, el éxito del argumento de la “ley natural” radica en una idea más o menos intuitiva que todos tenemos sobre unos valores innatamente compartidos. Pero la cosa se complica cuando nos preguntamos cuáles son esos valores. El meollo de la falacia que nos ocupa reside no en que el papa defienda unos determinados valores, sino en que afirma que en el fondo esos valores son objetivos y comunes a todos los seres humanos, incluidos “los no creyentes”. Caben, por ello, preguntas como éstas:

1. ¿De dónde se saca Benito 16 que los (supuestos) “valores comunes de la humanidad” están “inscritos en el propio ser humano” o incluso que la bíblica “Regla de Oro” está “escrita en la conciencia humana”? La historia del pensamiento occidental muestra el perenne debate entre innatistas y empiristas, dogmáticos y relativistas, idealistas y utilitaristas... sobre el conocimiento moral. A lo más que pudo llegar Kant, en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres, fue a una máxima muy genérica de respeto universal e intersubjetivo; y en todo caso, aunque de los más brillantes, él sólo fue uno de los muchos grandes filósofos que han existido.

2. ¿Sobre qué base lógica y “racional” puede sentar Ratzinger que es, por ejemplo, una “verdad evidente por sí misma” la idea de que el fuerte tiene que respetar al débil? Muchas culturas, triste es recordarlo, dieron históricamente por sentado lo contrario.

3. ¿Cómo puede pretender el jefe supremo de la ICR que prácticas como la eutanasia o la homosexualidad (típicos caballos de batalla romanistas) son contrarias a la “ley natural”, de acuerdo con “un sentido común de la justicia” que sería propio de todos los seres humanos? Ni la mera lógica, ni la historia de las costumbres, ni el presente favorecen una conclusión así. Solamente por fe (ciega) en quien la enuncia podríamos asumirla.

4. Este hombre se dice cristiano (mucho más: se proclama “el Vicario de Cristo en la Tierra”), pero en la práctica, al modo de la tradición romanista y escolástica, antepone la teología natural a la Revelación. Esta última, lejos de confiar en la razón humana como fuente de conocimiento moral básico, llama a desconfiar de ella: «Engañoso es el corazón [la mente] más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17: 9; según la Biblia, son palabras del mismo Dios). Si Benito aceptase realmente la Caída (Génesis 3) y sus tremendas consecuencias para el ser humano, difícilmente podría confiar en la naturaleza humana, como lo hace al exaltar la “ley natural” (que, de acuerdo con su maestro Tomás de Aquino, sería «la participación de la ley eterna en la criatura racional», incluida su faceta moral; ver también). Antes bien, concordaría con el apóstol Pablo en que nuestra ley natural no es ajena a la «ley del pecado que está en mis miembros»).

5. ¿No sería la propia existencia del papado, más bien, una negación de la “ley natural” según la concibe el papa? Hemos visto que se adhiere a la máxima de que “todos los hombres han sido creados iguales”, asociándola con dicha ley; pero, ¿no es cierto que justamente él –en razón del puesto que ocupa y por tratarse de la persona más endiosada del planeta–, junto con todos aquéllos que lo reconocen como su papa, ofrece el mayor contraejemplo a la universalidad de la aceptación natural de dicha máxima?

* * *

Cabrían aquí muchas otras consideraciones pero es preciso terminar. Concluyendo, pues, sólo es “racionalmente” plausible la obsesión papal en la “ley natural”, que Benito quiere imponer como norma para todas las relaciones humanas, si aceptamos que él se erija en su único Intérprete autorizado, dadas sus prerrogativas pseudodivinas.

En otras palabras, sólo aprobará "racionalmente" la ideología romanista centrada en la “ley natural” quien admita que el monarca vaticano es el “Juez de las conciencias”, usurpando así el papel que la Escritura reserva única y exclusivamente para Dios.

24 Abr 2008

La Visita (II): La piedad como espectáculo

Escrito por: Cordura el 24 Abr 2008 - URL Permanente


Todavía muchos recuerdan a Juan XXIII, "el Papa Bueno". Tal sobrenombre sin duda servía para distinguirle de otros que le precedieron. El que éstos, como aquél, portasen títulos más que beatíficos (explícitamente divinos, de hecho) como "Santo Padre" y "Su Santidad" no bastó para asociarlos del mismo modo con la bondad.

Ya es sintomático que haya que preguntarse si quien se arroga el título de "Vicario de Cristo" (este último es el único "bueno" según los Evangelios) es o no una buena persona. Pero resulta aún más necesario en el caso del papa actual. Para responderlo, aquí nos ceñiremos a un par de detalles de su visita a Estados Unidos: 1. Sus alusiones directas a los escándalos de pederastia en la ICR norteamericana (incluido su inesperado encuentro con las víctimas). 2. Su visita, de marcado carácter "devocional", a la "Zona Cero". Ambos gestos le granjearon (o reforzaron) su fama de hombre bueno.

Encubrimiento

Antes que papa, Ratzinger fue durante casi veinticuatro años el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Como tal, era su misión ocuparse, entre otros asuntos, de la conducta sexual de los clérigos de la ICR en todo el mundo. Conocidos son los escándalos de pederastia en Estados Unidos desde que, hace unos años, sus víctimas por fin empezaron a denunciarlos en masa. Conocido es también, aunque quizá no tanto, cómo el futuro papa se dedicó a encubrirlos (ver también). Se conoce menos que en Texas se interpuso una demanda judicial contra él por ese encubrimiento. A raíz de ello, siendo ya papa, sus abogados solicitaron su inmunidad. Ésta le fue graciosamente concedida por el gobierno de George W. Bush, invocando el rango de jefe de estado del acusado. No hubo ni rectificación ni arrepentimiento público por parte de éste, sólo influencias.

Tampoco hubo expreso arrepentimiento en la visita a Estados Unidos, pese a que algunos medios hablaron de "autocrítica" papal o incluso de 'mea culpa'. Interpretación tanto más insólita por cuanto lo que hizo Benito 16, en su discurso a los obispos estadounidenses, fue pronunciar una impersonal descripción del asunto, según la cual «la respuesta a esta situación [de abusos sexuales] [...] ha sido tratada a veces de pésimo modo»; palabras que por el contexto cabe interpretar como un velado reproche hacia quienes gestionaron esa "respuesta" allí, es decir, el propio clero norteamericano (de hecho, algunos medios hablaron de "recriminación"; ver también).

Con sus alusiones a los escándalos sexuales del clero y gracias a su encuentro con las víctimas, la imagen que ha quedado es la de un papa que reconocía el pecado de la iglesia e incluso, de algún modo, pedía perdón por él. Habría sido, pues, un gesto de humildad y de compasión hacia las víctimas.

En la práctica, lo que hizo fue señalar un vergonzoso pecado cometido por otros. En ningún momento aludió a su propia y personal responsabilidad. Por lo demás, la visita ha servido para dar carpetazo al asunto de los abusos.

Rezando en la "Zona Cero"

«Cada movimiento del Papa ha sido impresionante. Su visita al World Trade Center ha sido una bendición y una experiencia increíble. [...] Su mensaje de consuelo, paz, esperanza, amor es algo en lo que todos estamos de acuerdo». Son palabras del teniente Eddie Mullen, agradeciendo la visita papal a la "Zona Cero". El 11 de septiembre de 2001, Mullen fue uno de los primeros en llegar a las Torres Gemelas para ofrecer su ayuda.

«Él de verdad comprende lo que pasó aquí y cómo éste fue un ataque a gente que ama la libertad en todo el mundo y a la gente que quiere poder practicar su religión. Creo que él siempre fue un hombre de paz y un hombre que cree que deberíamos vivir juntos y está rezando por todos». Así habló, por su parte, Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York. Otra muestra relevante de cómo el llamativo gesto del papa (que rezaba mientras todos los asistentes le miraban en silencio) ha sido interpretado de manera positiva.

Lo que quizá la mayoría de los medios y otros observadores no han tenido en cuenta es que ese proceder no tiene nada de cristiano. El Cristo al que Benito dice representar subrayó que sus seguidores debían evitar la ostentación pública de su devoción. Él mismo, pese a ser el Maestro, se recataba de todos cada vez que oraba (ejemplos: 1, 2 y 3). Todo esto es algo que el gran teólogo Joseph Ratzinger, autor de un best seller sobre Jesús, no puede ignorar. Sin embargo, ante el mundo entero (el evento se televisaba), «el Papa no pronunció ningún discurso, sólo se arrodillo y rezó en silencio, y después dijo una plegaria...» Dejando aparte esa plegaria en voz alta, ¿qué propósito tuvo la previa actitud orante y silenciosa "durante varios minutos"? ¿Quizá el de mostrar al mundo el espectáculo de su "gran piedad"? Parece la respuesta más razonable.

[Por cierto, ¿irá algún día Ratzinger a la "zona cero" de Bagdad? En la guerra de Irak, según las estimaciones menos pesimistas, la cifra de víctimas mortales ha sido ya de casi cincuenta veces más que las tristemente fallecidas en el 11-S.]

* * *

«En los postreros días vendrán tiempos peligrosos, porque habrá hombres [...] que tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia; a éstos evita» (2 Timoteo 3: 1-2, 5).

Analizando lo expuesto hasta aquí junto con otros datos sobre este personaje (como su complicidad con el Imperio), o con rasgos más generales de la "dignidad" que ostenta (como el blanco inmaculado del característico traje papal), no resulta ilegítimo concluir que los gestores del papado conocen el valor de la apariencia de piedad como fuente de poder en nuestro tiempo. Es gracias a ella que esa institución goza hoy en día de una autoridad moral que para sí quisiera cualquier otra instancia política.

Con esto presente, se hace más necesario que nunca atender a la amorosa advertencia del Maestro:

«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7: 15-16).

22 Abr 2008

La Visita (I): Para qué fue B16 a Estados Unidos

Escrito por: Cordura el 22 Abr 2008 - URL Permanente

«¿El papa? ¿Cuántas divisiones tiene?»
(Stalin –según Churchill– en respuesta a Pierre Laval cuando éste le apremió
a tolerar el catolicismo romano en la URSS para apaciguar al papa)

La visita de Benito 16 a la tierra de su amigo George W. ha durado nada menos que seis días. Para analizarla, como siempre que se trata de la alta política vaticana, es preciso leer entre líneas:

1. Los propósitos declarados. El monarca vaticano anunció «el carácter eminentemente religioso y pastoral de su viaje», así como que tendría encuentros ecuménicos y se dirigiría a la ONU en relación con «el sexagésimo aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos». Además, en círculos próximos al papado, se añadió que llegaba «para sanar heridas» de la iglesia católica estadounidense.

2. Los propósitos reales. Se trataba de imprimir un nuevo acelerón a la historia en el sentido de un poder creciente para la ICR. Para ello, contando con la docilidad de gobernantes y representantes religiosos norteamericanos (fundamentalistas incluidos), Ratzinger puso un énfasis bien dosificado en la "ley natural" (obsesión ya típica de su reinado; para varias menciones durante la visita, ver 1, 2, 3, 4 y 5), de la cual la ICR se erige en intérprete para toda la humanidad. Se trata de un canto de sirena del que otro día habremos de ocuparnos detenidamente, pero que el astuto "obispo de Roma" supo aderezar con regalitos para los oídos de mentes progresistas ("derechos humanos", "multilateralismo"...), de Evangelicals ("defensa de la vida", moral...), de dictadores izquierdistas (por encontrar en sus bonitas palabras "la antítesis de la política de brutalidad y fuerza” de Bush), de judíos (honrados por su atención) y, por supuesto, de sus anfitriones (loas a Estados Unidos y a su gobierno [ver también], ausencia de críticas a éste, alusión indirecta a Irán en la víspera de la visita...).

Antecedentes

Es preciso recordar la historia reciente para comprender mejor el marco en el que ha tenido lugar tan rimbombante visita:

1. Establecimiento en los años ochenta, por parte de Ronald Reagan y Juan Pablo II, de la "Santa Alianza", así llamada a principios de los noventa (ver también; y aquí, un análisis de la misma).

2. Caída del comunismo (finales de los ochenta), con destacada participación papal.

3. Brutales atentados conocidos como "el 11-S", verdadero comienzo del siglo XXI. El acontecimiento determinaría una aceleración en la emergencia de la Era Neorreligiosa.

4. Guerra de Irak (marzo de 2003), cuyos largos prolegómenos sirvieron para ajustar la relación entre Estados Unidos y el Vaticano, a exigencia de éste. La "Santa Alianza" quedó renovada en forma del eje Washington-Vaticano.

5. Muerte de Juan Pablo II (abril de 2005), con decisiva y arrodillada presencia de tres presidentes norteamericanos y de su secretaria de estado. Una auténtica demostración de fuerza.

6. Elección, semanas después, del anciano Ratzinger como nuevo papa, tras ser durante más de dos décadas el brazo derecho del anterior. Esto confirmó que el Vaticano estaba a gusto con los frutos de su estrategia en los años previos.

7. Discurso antiislámico de Ratisbona (septiembre de 2006): Benito 16 entraba públicamente de lleno en la estrategia imperial.

8. Preparativos para la guerra contra Irán, con oportunas intervenciones papales o vaticanas sobre el "programa nuclear". Así, el 8 de enero de 2007, Ratzinger reclamó a ese país «que acepte lo que ha calificado como “propuestas legítimas” para negociar su polémico plan nuclear», asumiendo por entero la postura imperial al respecto. El 29 de julio de ese mismo año (fecha en la cual la ONU ya había emitido tres resoluciones sancionadoras contra el régimen persa), usó un lenguaje que llevaba meses siendo empleado frente a Irán, al afirmar que «cada vez es más actual y urgente el compromiso por alentar la no proliferación de armas nucleares, promover un progresivo y compartido desarme nuclear y favorecer el uso pacífico y seguro de la tecnología nuclear a favor de un auténtico desarrollo» (destacado añadido). El 18 de octubre fue Celestino Migliore, observador permanente de la "Santa" Sede ante Naciones Unidas, el encargado de hablar a favor de la "no proliferación de armas nucleares". Todavía en 2007, el 11 de diciembre Benito 16 se mostraba "preocupado" por la "amenaza nuclear" y volvía a emplear la expresión "no proliferación" (hay que recordar que el contencioso artificial con Irán se basa en acusaciones, jamás demostradas, de que «que viola sus compromisos bajo el tratado de No Proliferación Nuclear»). Significativamente, las palabras del papa llegaron sólo poco más de una semana después de hacerse público un informe interno de una agencia dependiente de la propia administración estadounidense que, para fastidio de los principales responsables de ésta, negaba el peligro atómico iraní.

Que sepamos, el jefe supremo de la ICR no ha aludido a este asunto durante su estancia en Estados Unidos. Es llamativo, no obstante, que el 14 de abril de 2008, como lo recoge la agencia vaticana Zenit, efectuara unas jugosas declaraciones sobre la necesidad del desarme. Particular mención merece que dijera: «Se da una tendencia a sobreponer la economía civil a la militar, como demuestra la continua difusión de bienes y conocimientos de "doble uso", es decir, el civil y el militar. Este riesgo es grave en los sectores biológico, químico y nuclear, en los cuales los programas civiles no serán nunca seguros si no se da el abandono general y completo de los programas militares y hostiles».

Con demasiada frecuencia, para entender las declaraciones del llamado "sumo pontífice" es preciso deconstruirlas. Así ocurre con éstas, pero lo cierto es que dado el momento en el que fueron dichas, los antecedentes ya recogidos aquí, y la coyuntura internacional en su conjunto, no resulta muy difícil desentrañarlas. ¿Qué país viene siendo acusado en estos últimos años de desarrollar un programa (nuclear) de "doble uso", en el que el uso civil sería "fachada" del uso militar? No hará falta añadir que su principal acusador es el gobierno estadounidense. Justo por ello no parece trivial señalar que las declaraciones papales se produjeron justo en la víspera del inicio de su viaje a las metrópolis imperiales.

La otra visita

Pero hay más. Curiosamente el mismo 15 de abril en que llegaba Benito 16 a Estados Unidos daba comienzo otra visita no mucho menos relevante, y de la que no pocas personas, sorprendidas, se enterarían sólo una vez iniciada: la del primer ministro británico, Gordon Brown, quien pasaría tres días por allí. Extraño... pues nadie podría ignorar (pese a las excusas aquí recogidas), y mucho menos los asesores de este alto mandatario, que su viaje quedaría totalmente eclipsado por los fastos en honor al papa. Retengamos, pues, también ese dato.

Diversos medios (ver 1, 2 y 3) centraron la visita de Brown en su propósito de tratar con el gobierno estadounidense los problemas relativos a la actual crisis financiera occidental. Pero, al margen de que abordasen ese asunto, el hecho es que el día 17 (el último de su visita), tras hablar con el presidente estadounidense, el premier británico pidió públicamente nuevas sanciones contra Irán. Resultaba, pues, evidente que ese tema había sido tratado en la cumbre de ambos líderes anglosajones (ver también).

* * *

Stalin, el zorro genocida, quizá no conocía la verdadera naturaleza de la ICR y el Vaticano cuando, según Churchill, preguntó despectivamente cuántas divisiones tenía el papa. Acaso ignoraba que la fuerza de éste, entre otras cosas, radica paradójicamente en no tener división alguna, y sí la diplomacia más sutil y poderosa del mundo. Décadas más tarde, los sucesores de Stalin seguramente entendieron esto al comprobar el papel decisivo desempeñado por Wojtyla, "el papa polaco", en el desmoronamiento de su sistema.

Quienes desde luego sí parecen comprender esto muy bien son los sucesores actuales de Churchill y de Roosevelt (lo dos líderes presentes junto a Stalin en la célebre Conferencia de Yalta). No es raro, por ello, que colmen al monarca vaticano de unas atenciones que incluso rebasan la pleitesía (hablaremos de ello a lo largo de la presente serie). Ni que, cada vez más bajo la protectora sombra papal, sigan tramando los próximos pasos que decidirán el destino del mundo.

17 Abr 2008

Las dos grandes certezas (o los ejes de la vida)

Escrito por: Cordura el 17 Abr 2008 - URL Permanente

«[La religión cristiana enseña] dos verdades a la vez: que hay un Dios, del cual los hombres son capaces, y que hay una corrupción en la naturaleza, la cual los hace indignos de él. Importa por igual a los hombres conocer estos dos puntos, y resulta igualmente peligroso al hombre conocer a Dios sin conocer su propia miseria y conocer su propia miseria sin conocer al Redentor que puede curarlo de ella.»
(Blas Pascal)

Pascal las llama "verdades". Yo aquí prefiero llamarlas "certezas" porque así las vivo, pero respetando a quien no las tenga por tales. (No se sigue de esto ni que no sean verdades absolutas, ni que el pensador francés no respetase a quien no las creyera). Se trata de lo que la Escritura llama "pecado" y "salvación" (ver, p. ej., Salmo 72: 9, Lucas 1: 77 y Romanos 7: 15-25).

Se les puede, además, y aunque nunca pase de ser algo aproximado, dar un sentido puramente "laico" (arreligioso): mal y esperanza. Respecto al primer término, todos tenderemos a estar de acuerdo en que el mundo no es perfecto y en que hay en la vida cosas tales como el dolor y la injusticia. El segundo término será la clave, sobre todo a medio y largo plazo, para poder convivir con el mal sin quedar consumidos por él.

* * *

Lo que sí estamos en condiciones de afirmar taxativamente es que ambos conceptos son los dos ejes de la vida humana, que lo son para todo el mundo, y que además lo son en un plano existencial. Esto es algo que se hace más evidente conforme se tiene un mínimo de perspectiva vital, aunque ser más o menos consciente de ello dependerá de las tendencias reflexivas del sujeto. Se trata, en cualquier caso, de algo tan real como la propia vida humana, por no decir que esos dos polos son justamente los que la definen (al menos, tal como la conocemos desde la Caída; o, de nuevo en términos laicos, desde el comienzo histórico de la consciencia del mal).

Ver la vida sobre esta base arroja una luz especial en el presente momento de la historia. A fin de cuentas, para el humano consciente, ésta se entreteje con su biografía, pero es que esto es aún más cierto en la presente Era Global (y muy pronto, globalitaria).

En el apogeo de la Edad Moderna, bajo el programa ilustrado, con las promesas ideológicas decimonónicas... muchos vislumbraron para la humanidad un futuro esperanzado. Reinaban males sin cuento, epidemias y explotación a raudales, abrumadoras falta de higiene y mortandad infantil, pero el mundo depositaba su fe en la Razón y en la Técnica.

Hoy la especie humana se siente vieja. En vez de a la kantiana mayoría de edad ha accedido de golpe a una ancianidad, más que madura, triste y resabiada. Las orgías bélicas del siglo XX y el desaforado violentismo presente, bélico y terrorista, ya no invitan al optimismo. Tampoco lo hacen la degradación ecológica y la constatación del "esto es lo que hay" ultracapitalista. Más o menos entrevistas, sombras totalitarias ennegrecen el horizonte, acaban por desgarrar al ser humano (ya previamente escindido de la naturaleza) respecto al mundo, y lo sumen en una angustia más o menos patente. Entre quienes carecen de una visión trascendente de la vida (que son mayoría), los más lúcidos empiezan a ver el futuro truncado, cual cuello de botella obturado por un tapón hermético y asfixiante.

* * *

«No hay mayor señal de una extrema debilidad de espíritu que desconocer cuál es la desdicha de un hombre sin Dios», agrega Pascal. E insiste: «El hombre sin Dios está en la ignorancia total y en una desdicha inevitable.»

Una vez más, traduzcámoslo a términos "laicos", donde el Dios Redentor equivale a "esperanza" en el porvenir: ¿Cabe una desgracia mayor que la invasión de la desesperanza? De la vida entonces sólo queda el otro término (el mal), ¿y quién podrá soportarlo?

Por eso el humano se aferrará a la idea de que otro mundo es posible, quizá cada vez con menos fe y más autosugestión. También por eso muchos se negarán a aceptar la hipótesis de la monstruosidad dominante, resistiéndose a admitir claras evidencias y negando sin analizarlo el conspiracionismo que tal hipótesis implica (acaso lo hemos visto en el debate suscitado aquí). "¿Cómo digerir tanto horror sin una contrapartida suficiente?", se preguntan sus corazones. No podemos culparlos, aun si se autoengañan, con tal que su negación arraigue en que se ven abocados a quedarse con el peor eje de la vida, siendo que esa amenaza es superior a ellos... como sin duda lo sería para cualquiera de nosotros en sus mismas circunstancias.

* * *

Al final, ahí radica el secreto de la felicidad, de la única felicidad posible: en cómo cada cual se relaciona con los dos polos de la vida, el del mal y el de la esperanza. Dependerá de dónde recaiga tu énfasis, pero un énfasis realista para ti (la mera autosugestión acaba fallando).

Quizá la gran pregunta es, sobre todo en nuestro tiempo: ¿Cómo se puede preservar la segunda si, pura y simplemente, "esto es lo que hay"?

Buen viaje nocturno, hermanos.

13 Abr 2008

Torres Gemelas: ¿Quién las tiró?

Escrito por: Cordura el 13 Abr 2008 - URL Permanente

Nos contaron que el 11 de septiembre de 2001 unos "islamistas" extranjeros secuestraron dos aviones, desviaron sus rutas y acabaron estrellándolos contra dos de los edificios más emblemáticos de la "capital del mundo". Semejante humillación a la superpotencia política, económica y militar del planeta daría lugar al comienzo de la "Justicia Infinita", luego renombrada como "Libertad Duradera" y que finalmente se quedó en "Guerra contra el Terrorismo" (tres nombres a cual más orwelliano).

El 11-S, como se conoció desde entonces al tremendo acontecimiento (que incluyó también un extraño ataque al Pentágono y una no menos extraña caída de un avión en Pennsylvania), marcó un decisivo acelerón histórico. Secuelas del mismo fueron las salvajes agresiones bélicas a Afganistán (legalizada por la ONU pero criminal a fin de cuentas) y a Irak (ilegal pero al Imperio poco le importó). Asimismo, buen número de macroatentados atribuidos a la red Al Qaeda, supuesta autora del 11-S, destacando por su repercusión mediática los de Madrid (11-M) y Londres (7-J). Además de ellos hubo no pocos amagos y/o "atentados frustrados". Al día de hoy, aparte de la permanente sombra de nuevas masacres de ese tipo, se yergue la amenaza de agresión contra el pueblo iraní, a cuyo régimen, inevitablemente, se le atribuyen simpatías por las armas de destrucción masiva y vínculos con Al Qaeda.

* * *

El rápido impacto mediático del 11-S (todos pudimos presenciar en directo el choque del segundo avión contra la Torre Sur) dejó helado al mundo y temblando acerca de qué pasaría entonces. El país más poderoso y no siempre el más pacífico había sido golpeado brutalmente, así que el cabreo de sus gobernantes tenía que ser monumental. Con toda la atención concentrada en Nueva York y Washington, desde donde llegaban, aunque filtradas, escenas desoladoras, la mala conciencia te invadía si osabas hacer uso de tu espíritu crítico en aquellos momentos e incluso en los días y semanas sucesivos (no obstante, algunos sí lo hicieron, p. ej. 1 y 2). Era como si, de algún modo, todos fuéramos culpables, o algo parecido, de aquella vil agresión múltiple. El Imperio "tenía derecho" no sólo a sentirse airado, sino a manifestarlo en forma de represalias bélicas, y en cambio nadie lo tenía a contrariarle.

La hipnosis siempre se ha entendido como un estado alterado de conciencia y, por tanto, de conducta. O, al menos, como una sugestión (influencia manipuladora) que adormece las instancias críticas.

El hipnotista inglés Harry Cannon define la hipnosis como «un mecanismo fisiológico por el cual una sugestión va directamente al subconsciente y es aceptada por él. Para que esto ocurra se necesitan cuatro cosas: un foco de atención, un sobresalto, la propia sugestión y que no haya crítica sobre la sugestión por el intelecto consciente». Cuando se cumplen estos requisitos, la sugestión arraiga en el subconsciente y se convierte en acción. «Esto simplemente quiere decir que la sugestión se ha sobrepuesto a la mente.»

El 11-S fue seguramente el episodio de hipnosis colectiva más abarcante y espectacular de la historia (al menos, no se me ocurre otro comparable). Naturalmente, fue así gracias a las modernas tecnologías: televisión, Internet y otros medios de propaganda.

Así, en el 11-S tenemos los requisitos que da Cannon para la hipnosis:

–El foco de atención: las torres neoyorquinas impactadas por los aviones.
–Un sobresalto: la noticia misma, tan espectacular, con todo lo que implicaba.
–La propia sugestión: desde el principio ya se nos dirigió la atención en un determinado sentido (versión oficial; autocensura de los medios).
–Ausencia de crítica sobre la sugestión: cosa que ocurrió debido a lo espectacular de la noticia y las imágenes; he aquí la clave de la hipnosis, que adormece nuestras instancias críticas.

Pero es que junto con la impresión en nuestras retinas, entraba también una ampia información adjunta: la de la versión oficial del 11-S en todos sus detalles. Que nos hizo creer, por ejemplo, y desde un primer momento, que la represalia de la superpotencia humillada era legítima; y que lo era, concretamente, contra Bin Laden y los talibanes, lo que justificaba la agresión a Afganistán (aún en curso). Esa legitimidad al día de hoy no ha sido probada, pero da igual: fuimos hipnotizados desde el principio.

Lo cierto es que desde el 11-S, la mayoría de los que hoy cuestionan la versión oficial han tardado mucho en liberarse de la hipnosis. Sólo cinco o seis años después empezó a haber una masiva y creciente conciencia crítica. Desde entonces, a aislados cuestionamientos previos (ver también) se han ido agregando serias dudas en voz alta e incluso impugnaciones cada vez más numerosas que quizá a algunos les lleven a pensar en el estallido de un clamor generalizado. Políticos como Chávez, Castro, Cosssiga, el parlamento japonés, los actores y actrices Charlie Sheen, Marion Cotillard, Sharon Stone, científicos, arquitectos e ingenieros... y un gran número de asociaciones y otras iniciativas presentes en muchos países (ver, p. ej., 1, 2, 3, 4 y 5), todos ellos, mediante sus intervenciones públicas, han estimulado al movimiento existente para esclarecer la verdad desnuda sobre el 11-S. Pero todavía es en muchos círculos (medios del Sistema) un tabú cuasirreligioso cuestionar la versión oficial (y, quizá, un riesgo nada desdeñable hacerlo).

* * *

A la vista de vídeos informativos como el que adjuntamos (breve grabación de cómo se desmoronaron las torres), considerando hechos como la caída ese mismo día del llamado Edificio 7 (perteneciente también al World Trade Center, no impactado por ningún avión y ubicado a relativa distancia de las Torres; ver vídeo sobre su hundimiento), y teniendo en cuenta que el territorio y el espacio aéreo estadounidense ya eran entonces los más protegidos del mundo, la pregunta sigue siendo: ¿Quién tiró las Torres Gemelas?

10 Abr 2008

El gran político disfrazado (y V): Sus padrinos

Escrito por: Cordura el 10 Abr 2008 - URL Permanente

«La verdad os hará libres.»
Jesús de Nazaret

Llega a su fin esta serie. Una serie tristísima, por tener que denunciar las fechorías de alguien que contamina la vida de toda España (arrogándose el monopolio de la verdad y la moralidad mientras fomenta guerras de todo tipo). Primero, porque no es grato referirlas. Segundo, porque tampoco lo es centrarse tan negativamente en un individuo. Si lo hacemos es porque lo estimamos necesario y a la postre positivo tanto para la sociedad afectada como para el propio protagonista de tanta desmesura. Una y otro, en la medida de su receptividad, deberán elegir cómo reaccionar a estas denuncias.

El Gran Líder de la Derechosa (GLD), ya lo vimos, lleva años con el disfraz de periodista puesto. "Oculto" tras el embozo, escudado en la libertad de expresión y en su poder político-mediático, este cabecilla al que nadie eligió en democráticas urnas puede permitirse atacar grosera y a menudo injustamente a los políticos al uso y a tantos otros sin recibir una réplica proporcional a sus ataques. Estos últimos sólo son, en cualquier caso, un mero y sucio medio para seguir mangoneando la política española con asombrosa impunidad (gracias a Dios, no absoluta).

Bien es verdad que en estos días, a raíz de la insuficiente derrota de Rajoy y de los pasos postelectorales dados por éste, nuestro hombre no está en sus mejores momentos. Parece que su hasta hace poco subordinado a regañadientes, se le está revolviendo. Pero, tras un mes de vacilaciones, el GLD ya va perfilando su plan para reemplazar al díscolo.

* * *

Cuando el genial detective Sherlock Holmes era ya un ídolo para muchos lectores, su creador, Arthur Conan Doyle, contó al mundo que Sherlock tenía un hermano, de nombre Mycroft, que le superaba ampliamente en dotes deductivas y pertenecía a un curioso club para insociables (el "Club Diógenes").

El malvado GLD también tiene algún "hermano" que lo supera, en su caso en astuta malicia y cínica frialdad, algo que debe reconocerse en beneficio de aquél (ahí está "don César Vidal", sinuosísimo personaje que cuenta con su propio programa en la poderosa cadena Cope y que también merecería una serie en nuestro humilde blog). Pero, sobre todo, tiene padrinos que sobrepasan incluso su poder; es más: de ellos depende el suyo.

Pues, aunque titiritero, el GLD es también títere. A él también le manejan, aunque sin duda lo sabe. Son los amos de la Cope, los obispos (no sólo españoles) de la ICR. Los mismos que prefirieron prescindir de un contertuli