29 Jun 2009

¿Qué está pasando en Irán? (I)

Escrito por: Cordura el 29 Jun 2009 - URL Permanente

Nota previa: Quizá pueda pensarse que este modesto blog ha tardado en pronunciarse sobre lo que acontece en Irán, y más siendo que el tema iraní es recurrente en el mismo (ver, p. ej., 1, 2 y 3) así como en un medio afín. Al margen de otras consideraciones (tiempo limitado, sobre todo), había que evitar precipitarse. Otros, desde posturas encontradas, cayeron en ese error, del que nadie está libre salvo que extreme la prudencia. Ahora, con más datos a nuestro alcance y una mejor perspectiva, quizá nuestros análisis puedan conjurarlo.

* * *

Para comprender la actual situación iraní, hay que contextualizar. Con tal fin, nos remontaremos a unas décadas atrás para luego ir retornando al punto actual.

Golpe anglosajón contra la democracia iraní
A principios de los cincuenta del siglo XX, los británicos controlaban el petróleo iraní. Lo hacían a través de la Anglo-Iranian Oil Company (la más tarde llamada British Petroleum, hoy BP).

En agosto de 1953, un golpe de estado angloestadounidense, fruto de la “Operación Ajax”, derribó a Mohamad Mosadeq, el primer ministro iraní, quien había sido elegido democráticamente dos años antes. El político persa se caracterizaba por defender la soberanía de su país frente al exterior y había osado nacionalizar el petróleo. Una vez depuesto, quedó encarcelado de por vida y el petróleo volvió a ser controlado por Occidente (ya no sólo por los británicos).

De este modo, los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido, adalides de la democracia en el mundo, acabaron con una monarquía constitucional. Sin importarles, por ejemplo, que destacados iraníes de pasado pro nazi aún reciente, como el general Zahedi, ocupasen cargos prominentes en el régimen golpista. Ni que luego éste fuera sucedido por una larga dictadura del sha Reza Pahlevi, fiel aliado de esas potencias.

Revolución y república islámica
En febrero de 1979 triunfó la revolución iraní que echó al sha del poder. Participaron en ella diversos movimientos, desde liberales hasta marxistas pasando por islamistas de diferentes tendencias.

Fueron los chiítas de Jomeini quienes acabaron prevaleciendo, implantando una república islámica y, posteriormente, proscribiendo al resto de organizaciones políticas. En 1988 masacraron a buen número de militantes muyaidines e izquierdistas que habían contribuido a la revolución. Los primeros venían caracterizándose por perpetrar atentados terroristas que costaron la vida a varios dirigentes del régimen; pero los segundos, en particular los comunistas del Tudeh, no compartían esas prácticas y también fueron duramente reprimidos. A raíz de ello, el relevante ayatolá Montazeri, ya un crítico por entonces, se distanció definitivamente de Jomeini y perdió por ello su condición de sucesor de éste como “Líder Supremo” de la nación.

El jomeinista Musaví
El pintor y arquitecto Mir Hosein Musaví, actual líder de la oposición al presidente Ahmadineyad, fue el primer ministro del líder revolucionario Jomeini entre 1981 y 1989. Quien ahora es presentado en la prensa occidental, por lo general de manera implícita, como defensor de la democracia nunca se ha desmarcado de la república islámica ni del padre de la misma, el carismático Ruholá Jomeini. Quien estos días protagoniza la versión iraní de las “revoluciones de colores”, verde en su caso, y al que la prensa del sistema llama “conservador moderado”, no se anduvo con contemplaciones cuando fue corresponsable de la represión de los disidentes políticos durante los años en que era el brazo ejecutor, o más bien ejecutivo, del “Líder Supremo”.

Es interesante mencionar que tampoco tuvo escrúpulos para involucrar a su país en el caso “Irán-Contra”, por el cual su gobierno obtenía armas de su enemigo número uno, Estados Unidos, usando a “Israel” como intermediario (!!!), gracias a lo cual la superpotencia financiaba a la Contra nicaragüense y lograba que por medio de la influencia iraní fueran liberados rehenes norteamericanos en el Líbano. Hay que decir, con todo, que la inmoralidad mayor del “Irán-Contra” no fue tanto la iraní como la estadounidense.

Con tal historial, resulta llamativo que Musaví haya declarado estos días, en relación con el recuento parcial de los votos a que se ha comprometido el régimen iraní, que una comisión «nombrada por el Consejo (de Guardianes) no puede lograr una valoración justa». El candidato presidencial no ignora que dicho Consejo, una suerte de Tribunal Constitucional a la iraní, es el mismo órgano clave de la república islámica que, en virtud de sus competencias, le dio el beneplácito para presentarse a las elecciones. Y, por supuesto, el mismo que amparó la represión de años atrás, en la que participase destacadamente el propio Musaví.

Las revoluciones de colores
Características del aún joven siglo XXI son las llamadas “revoluciones de colores” (la “Revolución Naranja” de Ucrania, la “Revolución de las Rosas” de Georgia, la “Revolución de los Tulipanes” en Kirguizistán, etc.).

El esquema que siguen es bastante típico (ver, por ejemplo). Incluye movilizaciones supuestamente inspiradas en la no violencia (por lo cual a veces también se las llama “revoluciones de terciopelo”, como la de Praga de 1989), amplia participación estudiantil, de ONG y de sectores de la clase media, identificación del movimiento con un color o con un objeto colorista (flores), creciente presión internacional, etcétera. Como herramientas, se hace amplio uso de Internet y de los mensajes (y vídeos) procedentes de teléfonos móviles.

La apariencia que dan es la de tratarse de movimientos espontáneos, surgidos por lo general como reacción a la arbitrariedad de un régimen de corte autoritario. La realidad no coincide exactamente: la financiación y orquestación de estos “golpes suaves” desde Estados Unidos es ampliamente reconocida hasta por la prensa del Sistema (incluidos no sólo el británico The Guardian, sino también The Washington Post y The New York Times). No es extraño que cuando estas revoluciones triunfan, sus gobiernos sean tan afines a Occidente y sus políticas económicas tiendan a ajustarse a patrones propios del capitalismo neoliberal.

Lo que viene aconteciendo en Irán de unas semanas a esta parte se ajusta con bastante precisión al esquema indicado. Sin embargo, la realidad iraní parece demasiado compleja, tanto desde el punto de vista interno cuanto externo, como para permitir que sólo una revolución de colores pueda precipitar un cambio de régimen.

El cerco “democrático” al Irán de Jamenei y Ahmadineyad
En los últimos años, como parte de su campaña belicista para conquistar el mundo, los gobiernos anglosajones vienen sometiendo a un duro acoso al pueblo iraní valiéndose de infundios y medias verdades. Que si un supuesto programa nuclear bélico (desmentido, no ya por los inspectores de la ONU, incluida la marioneta Al Baradei, sino hasta por la propia CIA). Que si colaboración con los “terroristas” de Hamás y Hezbolá, pero lo dicen los mismos terroristas que invaden países (Afganistán, Irak…) y masacran a sus pueblos, los mismos que arman hasta los dientes a los terroristas de “Israel”. Que si el régimen iraní viola los derechos humanos, pero los acusadores resultan ser no sólo los susodichos exterminadores de poblaciones civiles (¿no es el derecho a la vida un derecho humano fundamental?), sino además los promulgadores y defensores de la PATRIOT Act y otras leyes que conculcan los derechos del detenido, así como los torturadores de Guantánamo, Abú Ghraíb y las cárceles secretas de la CIA.

El cerco a Irán sigue en lo básico el mismo guión que siguió el asedio al Irak de Sadam Huseín, culminado con una guerra de agresión todavía vigente. A pesar de que ese guión se demostrase falaz en el caso iraquí (recordemos las célebres “armas de destrucción masiva”), respecto a Irán hasta la progresía, entonces más bien crítica, viene cerrando filas con el imperialismo aunque eso implique la gestación de nuevas agresiones contra todo un pueblo. Y viene haciéndolo desde que estaba Bush en el poder. ¿La excusa? Que el régimen iraní es “islamista radical”. Incluso buena parte de la extrema izquierda queda, cuando menos, inmovilizada por esta excusa. De este modo se hace tributaria del Nuevo Orden Mundial nacido del 11-S, cuyo enemigo oficial es justamente el “islamismo radical”. El chivo expiatorio capaz de concitar los esfuerzos “defensivos” de progres y antiprogres, así como la pasividad de un gran sector de la “izquierda real”.

* * *

Para no alargar más esta entrega, lo dejamos aquí. En la(s) próxima(s), analizaremos más detenidamente los hechos de estos días para ver, por ejemplo, cómo el seductor Obama se ajusta fielmente al guión establecido contra Irán. Subrayaremos también que la presente situación iraní refleja además serias discordias dentro del régimen, desprestigiado ya no sólo por la propaganda sino por las irregularidades electorales reconocidas por el propio Consejo de Guardianes. Y trataremos de extraer las implicaciones de lo que acontece para el futuro del pueblo iraní (éste, y no su régimen, es el que realmente nos importa, sin perjuicio de reclamar un respeto hacia la soberanía de ese país) y para la política internacional de nuestros días.

02 May 2009

La gripe cochina: Terror fácil y hediondos intereses

Escrito por: Cordura el 02 May 2009 - URL Permanente

Las epidemias han asolado países a lo largo de la historia. Dejando a un lado las plagas bíbicas, recordemos las pestes medievales que diezmaron la población europea. También afectaron a los continentes asiático y africano. Todavía a mediados del siglo XIX, una pandemia de peste surgida en China se prolongaría hasta el siglo XX y causaría millones y millones de muertos.

En 1918-1919 causó estragos la impropiamente llamada “gripe española”, generada a partir de un virus originalmente aviar. No menos de 40-50 millones de personas perdieron la vida en todo el mundo.

Pero quizá no es tan conocido el uso de los microorganismos biológicos como arma bélica y/o al servicio del poder, a pesar de que tiene una larga historia. Un ejemplo es el largo asedio de Caffa (actual Teodosia, en Crimea) que padecieron los genoveses a manos de los tártaros en el siglo XIV. En medio del mismo, hacia 1347, los sitiadores sufrieron un brote de peste que empezó a ocasionarles gran mortandad. A raíz de ello, no tuvieron mejor idea que arrojar los cadáveres, sirviéndose de catapultas, por encima de los muros de la ciudad. Así contagiaron la bacteria asesina a los genoveses sitiados. Más tarde los propios genoveses transmitirían a otros la “peste negra”, que se extendió por toda Europa durante años.

No muchos siglos después, las epidemias contagiadas por los europeos a los americanos (“amerindios”) serían importantes para la colonización de América. De hecho, publicaciones serias hablan de “La guerra biológica en la conquista del nuevo mundo”. Así ocurrió, por ejemplo, a raíz de la llegada de los españoles a México en el siglo XVI, aunque históricamente ha sido habitual negar intencionalidad bacteriológica por parte de los conquistadores.

En ese contexto, es interesante aludir a los “padres peregrinos” que desde la primera mitad de siglo XVII marcarían la “prehistoria” de los Estados Unidos de América. Eran ingleses huidos de la persecuión religiosa que venían padeciendo en su país y que llegaron al nuevo continente en el célebre Mayflower. Según el libro 'Los textos que cambiaron la historia' (capítulo “El Pacto del Mayflower”, págs. 291-302), no les costó hacerse con tierras, pues fueron bien acogidos por los indígenas. A cambio, contagiaron a éstos enfermedades como la viruela, que eran desconocidas en América y frente a las cuales los indios no estaban inmunizados. Las muertes de éstos fueron masivas. Los colonos, al comprobar cómo ellos sobrevivían mientras sus anfitriones perecían, dieron gracias a Dios por ello. «Acababa de nacer la teoría del Destino manifiesto» (ibíd., pág. 300), según la cual quedaba legitimada la expansión de los colonizadores por aquellos nuevos territorios, fuera cual fuese el precio para los autóctonos.

Con tales antecedentes y esa mentalidad, no es extraño que no mucho después se realizase «el primer ensayo de guerra química al entregar a los indios mantas contaminadas con viruela para que murieran con más rapidez» (ibíd., pág. 301; ver también)

[Por cierto, el autor del libro mencionado, muy crítico entonces con el imperialismo anglosajón, no es otro que César Vidal Manzanares, hoy destacado integrante de la Brigada Antiprogre y uno de los principales cantores de dicho imperialismo.]

La plaga presente
La gripe porcina que saltó al primer plano de la actualidad hace algo más de una semana está rodeada de incógnitas. Plantearemos aquí unas cuantas a modo de interrogantes:

1. «Hay que estar preparado para lo peor […] No podemos detener el contagio de este virus», declaraba Anne Schuchat, directora en funciones de Salud Pública del estadounidense CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades), al poco de saltar la noticia (destacados siempre añadidos). «“Entre un 40% y un 50% de la población europea” tendrá la nueva gripe», afirmó una semana después Angus Nicoll, jefe del programa contra la gripe del Centro Europeo del Control de Enfermedades (ECDC). «Una vez declarada la fase de alerta prepandémica 5, pasar a la 6 es inevitable.» Y según la OMS, la agencia sanitaria de la ONU, la situación es «muy grave e impredecible».

¿Están hablando de que los ciudadanos del siglo XXI debemos resignarnos ante el avance de este mal cual si de una inexorable plaga medieval se tratara?

2. Ya a comienzos del pasado mes de marzo, en la localidad de La Gloria, situada en el estado mexicano de Veracruz, «una gripe que derivaba en muchos casos en problemas respiratorios afectó al 60% de los residentes», que apenas superan los 2.200. De allí procede el considerado “paciente cero” de la enfermedad que nos ocupa, un niño de 5 años. Se da la circunstancia de que muy cerca de La Gloria se ubica una granja porcina que cría cada año un millón de cerdos* «y que favorece la proliferación de moscas debido a las “lagunas de abono” derivadas de la explotación».

¿Es sólo una desgraciada coincidencia que la propietaria de esa granja sea una firma estadounidense con sede en Virginia, la Smithfield Foods, que es por cierto la principal productora y procesadora mundial de carne de cerdo? ¿Y que se trate de una empresa repetidamente sancionada en su país por contaminación ambiental? (Ver también).

3. Según El País, el citado ECDC, el mismo que advierte sobre la terrible y generalizada plaga que nos espera en Europa, aconseja que la población se vacune. La cosa resulta paradójica porque aún no existe la vacuna, y en el mejor de los casos se la espera para el próximo mes de septiembre.

¿Quizá es que el ECDC ya está abriendo el camino para que las farmacéuticas hagan su agosto? Como la OMS, que según el diario El Mundo afirma que «a mediados de mayo estará listo el material de base que enviarán a las farmacéuticas para iniciar el desarrollo de la vacuna». De acuerdo con Marie P. Kieny, directora de Investigación de la OMS, «los fabricantes ya se han comprometido». Claro, y de mil amores. ¿O es que piensa Kieny que lo harán gratis?

4. Pero una cosa es la vacuna, para prevenir nuevos casos, y otra los antivirales, capaces de impedir un desenlace fatal de la enfermedad ya adquirida si la enfrentan a tiempo. El más célebre es el Tamiflu, creado por la estadounidense Gilead Sciences y actualmente producido y comercializado por la suiza Roche, aunque con él compite el Relenza, de la británica Glaxo-Smith-Kline.

Keiji Fukuda, director adjunto de la OMS, ha declarado que Roche donó a su organismo cinco millones de dosis de Tamiflu en 2005, en plena alarma por la gripe aviar.

Tan generosa donación, al parecer, no debe de haber impedido que Roche haya obtenido enormes ganancias gracias al Tamiflu, que según dicha compañía ya habría sido usado en el tratamiento de cincuenta millones de personas. Fukuda añade que en la actualidad «Roche está incrementando su producción».

Por cierto, de las ventas netas de Tamiflu, Roche paga entre un 14 y un 22%, según escala, a Gilead Sciences, que por algo fue la firma inventora del producto. Es así como también se enriquecen los accionistas de esta poderosa compañía.

Pero, de nuevo, ¿es sólo una maldita casualidad que entre éstos se encuentre Donald Rumsfeld, quien, como lo recoge la propia web de la empresa, fuera directivo de Gilead desde 1988 y presidente desde 1997, para dejar este cargo en 2001 al ser nombrado ministro de Defensa de George W. Bush, lo cual en absoluto impidió que mantuviera una fortuna en acciones de la compañía?

Y, ¿es sólo fruto del sorprendente azar que en 2005, ocupando aún ese cargo el torturador Rumsfeld, su superior el Genocida en Jefe lograse que el parlamento estadounidense destinase mil millones de dólares a la compra y distribución de Tamiflu, al socaire de la alarma por la gripe aviar?

5. A estas alturas no viene mal recordar un testimonio importante y aún reciente. Su autor es un destacado político aún en activo, Siti Fadilah Supari, el todavía en la actualidad ministro de Salud de Indonesia. Hace unos meses, a primeros de septiembre de 2008, la agencia France-Presse difundía una noticia llamativa (aún más ahora) relacionada con él. Su país venía siendo uno de los principales afectados por la gripe aviar, pero resulta que desde diciembre de 2006 su gobierno había decidido dejar de compartir las muestras del virus con la OMS.

¿Por qué? El motivo aducido era el temor a que las compañías farmacéuticas usasen esas muestras para elaborar vacunas que luego fueran demasiado caras para los países pobres. Pero más adelante, el ministro, en su libro It's Time for the World to Change: Divine Hands Behind Avian Influenza (Es tiempo de cambiar el mundo: Manos divinas detrás de la gripe aviar), había ampliado sus críticas al sistema sanitario global «injusto y neocolonialista», mostrando sus sospechas de que Estados Unidos estuviera usando el virus para desarrollar armas biológicas.

Según Supari, los países ricos podrían estar creando “nuevos virus” y enviándolos a los países en desarrollo con el fin de crear mercados en los que las compañías farmacéuticas vendiesen sus vacunas. «Indonesia envía un virus [muestras] a la OMS pero de repente acaba en manos del gobierno estadounidense. Entonces éste convierte el virus en dólares y nosotros desconocemos el tipo de investigación [efectuada]», declaró. «El virus es transformado en vacunas [enviadas a] Indonesia, e Indonesia tiene que comprarlas, y si no las compra, vuelta a empezar; al final los países desarrollados crean nuevos virus que son enviados a los países en desarrollo». El ministro añadía: «La conspiración entre superpotencias y organizaciones globales [evidente alusión a la OMS] no es una teoría, no es retórica, sino que es algo que he experimentado yo mismo.»

6. En los pasados días hemos visto también referencias al asunto de la gripe porcina en estos términos: «…la hasta ahora desconocida y extraña gripe». «El virus es una extraña mezcla nunca antes vista de virus típicos de los cerdos, pájaros y humanos, agregó el CDC.» «“De dónde rayos sacó todos esos genes, no lo sé”, comenta en la revista Nature el virólogo Robert Webster.» «Nunca había sido vista antes en el espacio viral», se le oye declarar en un vídeo a John Carlo, director médico del Condado de Dallas.

La ciencia médica de nuestros días parece estupefacta ante esta variante de “gripe porcina”. Su virus es más bien una tan mortal como exótica combinación «de una cepa de virus de gripe humana, una cepa de virus de gripe aviaria, y dos cepas separadas de virus de gripe porcina». ¿Tendrá algo que ver con ello el hecho de que el propio John Carlo, antes citado (un funcionario oficial de la Sanidad estadounidense), haya declarado que se trata de una “variante de la gripe porcina que ha sido cultivada en un laboratorio”?

7. En los días previos al estallido de la crisis porcina, con fecha de 23 de abril, la agencia Europa Press difundió la noticia de la desaparición de “tres frascos de un virus peligroso” de un laboratorio militar del estado norteamericano de Maryland, concretamente el laboratorio Fort Detrick. Al parecer, los recipientes contenían «muestras de Encefalitis Equina Venezolana (EEV), un virus que afecta a los caballos y que se puede transmitir a los humanos por los mosquitos». No eran, pues, de gripe aviar ni porcina, pero la noticia resultaba muy significativa sobre todo cuando uno o dos días después se declaraba la crisis sanitaria actual. El hecho de que se tratase de un laboratorio militar y de que tales muestras, lógicamente, se guardan herméticamente (con mayor razón si es un centro de esas características) desató las especulaciones.

Algunos, relacionándolo con la crisis presente, hablaron de “bioterrorismo”. Otros recordaron teorías como la “doctrina del shock, así llamada por la autora crítica canadiense Naomi Klein, para quien las grandes potencias no tienen empacho en aterrorizar a los pueblos para, aprovechando el estado de shock consiguiente, colarles medidas regresivas en materia económica y política, recortando sus derechos y libertades.

[Los hay, incluso, que relacionan la influenza porcina con los chemtrails, esas estelas químicas “excesivas” de los aviones que, según ellos, de unos años a esta parte pueden verse en los cielos, y que podrían ser una vía contaminante utilizada por los gobiernos contra la población mundial.

La teoría de los chemtrails en principio suena altamente especulativa, pero recientemente una noticia de la Associated Press, agencia sistémica donde las haya, ha venido “en ayuda” de sus adherentes: “Obama se plantea [recurrir a] la ingenería del clima”(ver también ).]

Reflexión final
Por nuestra parte, encontramos significativa la reaparición en poco tiempo de una gripe mortal de dimensiones tan notables (hace escasos años, “aviar”; ahora, “porcina-aviar-humana”). No deja de preocuparnos que ocurra en un contexto histórico, que arranca desde el 11-S, signado por sospechosos macroatentados, guerras “legitimadas” por ellos (la War on Terrorism) y una crisis económica presente que, como la sanitaria que nos ocupa, nos viene siendo pintada con los caracteres más tenebrosos.

Pero tantos indicios de manipulación, por desgracia, no parecen suscitar suficiente indignación en la gente. Pocos han reparado, por ejemplo, en una reveladora noticia: “El Gobierno mexicano asume la facultad de irrumpir en los inmuebles por la gripe porcina” . Aprovechando la situación de “excepcionalidad”, el poder se autoconcede el derecho de violar los derechos de las personas, avasallando su propiedad y su intimidad.

Por todo ello, animando al espíritu crítico de nuestros lectores, una vez más nos preguntamos:
¿Qué está pasando aquí? «¿No perseguirá [tanta crisis, tanto miedo inducido] encaminarnos, al fin, hacia un gobierno mundial, objetivo acariciado por quienes anhelan controlarnos a todos y estandarizarnos ya de manera definitiva?»

* A propósito de los cerdos, estos días se ha destacado el hecho de que son especialmente resistentes a muchos virus, como el de la gripe de 1918 (que en cambio mata a todos los demás mamíferos en los que se ha probado). Eso, que es bueno para el propio cerdo (su resistencia le permite preservar su vida), lo hace sin embargo tanto más peligroso para el ser humano. «Los cerdos son reservorios de viejos virus humanos [y aviares], listos para nuevas pandemias», afirma Guang-Zhi Tong, del Instituto Veterinario de Shanghai. Se nos reitera estos días que comer cerdo no propaga la gripe, pero la presencia entre nosotros de millones de cerdos, destinados al consumo humano, ha permitido la conservación de la enfermedad.

A algunos, esta cualidad de los simpáticos puercos como portadores de enfermedades transmisibles a los seres humanos no puede dejar de recordarnos las advertencias religioso-sanitarias de la Escritura: ver, por ejemplo, Levítico 11: 7-8. [Todo lo cual lo decimos sin ignorar que, probablemente, los pobres gorrinos no sean los cerdos por excelencia en esta historia.]

25 Abr 2009

Signos de los tiempos (II): Obama, Vaticano, violaciones, racismo...

Escrito por: Cordura el 25 Abr 2009 - URL Permanente

Segunda entrega de esta serie. Recordemos que su propósito es poner énfasis en aquellos hechos que nos permiten entender lo que pasa realmente en el mundo.

Violadas por sus compañeros de armas
He aquí un escalofriante dato (más) de para qué sirven los ejércitos y las guerras, en especial los del país militarmente más poderoso de la tierra:

«El 30% de las mujeres han sido violadas mientras servían en el Ejército por sus propios compañeros, el 71% han sido agredidas sexualmente y el 90% acosadas.»

Y ahora recuérdese que nuestro mundo se está tornando cada vez más militarista y belicista...

Pulso Vaticano-Obama para dejar claro quién manda aquí
Un par de noticias recientes ilustran cómo la superpotencia vaticana, no contenta con ser un estrecho aliado del Imperio, quiere ir más allá:

El Vaticano cree vergonzoso que la abortista Kathleen Sebelius sea la Secretaria de Salud de EEUU

La abortista en cuestión es, al parecer, católica romana. Lo interesante es notar cómo, si bien se meten con ella, de paso lo hacen con quienes la han nombrado: «Su nombramiento es la fuente de la mayor vergüenza [...]. Si ella no está comprometida con la salvaguardia de la vida humana desde su inicio mismo, no deberían serle confiadas las cuestiones de salud y servicios humanos de nuestra nación.»

Ya son 42 los obispos que se oponen a la presencia de Obama en la Universidad de Notre Dame

Todo un destacamento episcopal, cerrándole las puertas al recién elegido presidente (contra quien, por cierto, no cargaron demasiado las tintas por su abortismo durante la campaña electoral, a diferencia de lo que hicieran años antes con John Kerry).

La “Santa” Sede se permite vetar a posibles embajadores norteamericanos por razones ideológicas

Desde luego, no muchos otros estados pueden decir (hacer) lo mismo. El hecho es que el Vaticano ha vetado a Caroline Kennedy por apoyar el aborto y las investigaciones con células madre.

¿A qué puede obedecer, realmente, todo esto?


Obama dejará impunes a los torturadores

Aunque no sin cierta ambigüedad, eso es lo que se desprende finalmente de las distintas declaraciones del gobierno obámico (se ve que en esto la cantinela es más bien: “No, we can't”):

Obama no perseguirá a los miembros de la CIA implicados en torturas

Así, no es raro que otros, como este vocero de la ultraderecha mediática española, se atrevan a relativizar el asunto: «El informe difundido el lunes por la Administración Obama demuestra que en Guantánamo no hubo torturas. Hubo durísimos interrogatorios contra los más peligrosos terroristas que ha conocido la Humanidad hasta donde alcanza la memoria.» Por cierto, quizá habría que preguntarle a este buen hombre si haría esas precisiones semánticas si él fuera sometido a actos como «la manipulación de la dieta, desnudez, empujar al interrogado contra superficies flexibles, bofetadas, medidos golpes en el abdomen, posiciones forzadas, agua fría, privación de sueño, uso de insectos para causar terror y simulaciones de ahogamiento».

Todo indica, en cualquier caso, que gracias a personajes como Obama y el citado ultraderechista, pero sobre todo gracias a los poderes fácticos que marcan el rumbo al planeta, la tortura sólo seguirá aplicándose con la autorización de las más altas instancias. Cabe preguntarse, además, si no irá estando cada vez mejor vista.

El papado intimida al mundo
Consciente de su acrecido poder, de un tiempo a esta parte el Vaticano viene dando un paso más y ya no se conforma con presionar. Ahora, además, intimida abiertamente (por supuesto, haciéndose el intimidado; no se olvide que son maestros en victimismo):

El Vaticano acusa a Bélgica de intimidar al Papa

«La Secretaría de Estado toma nota [véase quién intimida realmente] con pesar de ese paso, inusitado en las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Reino de Bélgica y deplora que una Asamblea Parlamentaria haya creído oportuno criticar al Santo Padre [véase, además, gracias al cuidadoso orden de las palabras que emplean, lo “feo” que resulta criticar nada menos que al “Santo Padre”] a partir de un extracto de una entrevista sacado de contexto.»

¿No está amenazando, en la práctica, y aunque todavía veladamente, a quienes osan criticar sus actos?

El pretexto es que el parlamento belga tuvo la cara dura de aprobar una resolución instando al gobierno de ese país a condenar las declaraciones que sobre el preservativo hizo Benito 16 en África.

La reacción vaticana es coherente con su política, iniciada hace escasos años, de crear “observatorios antidifamación religiosa” (ejemplo), que tienden a considerar como tal opiniones de los medios que a menudo ni siquiera son propiamente críticas, sino meras descripciones. Pero es que esta gente sabe que el victimismo es un factor de poder.

Todavía podemos denunciar todo esto libremente. ¿Por cuánto tiempo?

El presidente iraní osa decir la verdad en la cumbre de la ONU sobre el racismo
La prensa del Sistema ha visto con muy malos ojos que en una conferencia mundial sobre racismo alguien se atreva a condenar... el racismo. En este caso, el del estado “israelí”, cuya legislación, pero no más que sus actos, difícilmente pueden escapar a esa calificación.

De hecho, la susodicha prensa ha hecho de Mahmud Ahmadineyad, como de costumbre, el malo de la película: “Irán revienta la cumbre contra el racismo”. Y todo, por calificar como “cruel y racista” a un estado cruel y racista.

Los civilizadísimos delegados occidentales, con digno y erguido porte, abandonaron la sala ante semejante abyección (cosa que, como bien recuerda Santiago Alba, se les olvidó hacer en foros previos ante los genocidios “israelíes” o ante recientes masacres cometidas por el pacífico Occidente). Por cierto, al parecer, y según el embajador español ante la ONU, Javier Garrigues, la deserción se produjo siguiendo una consigna previa. Todo un canto, occidentalísimo, a la libertad de conciencia.

19 Abr 2009

La gran paradoja humana

Escrito por: Cordura el 19 Abr 2009 - URL Permanente

[Texto aparecido el 30 de noviembre de 2002 en La Excepción]

Grandes pensadores, a lo largo de la historia, se han preguntado por la esencia del hombre. Son raros, sin embargo, los que se han adentrado en el auténtico meollo del problema humano. Quizá porque aceptarlo echa por tierra los lindos ensueños humanistas.

Muy probablemente, si se hiciera una encuesta mundial sobre la condición moral del ser humano, la gran mayoría de las respuestas vendrían a decir algo así como “en parte buena y en parte mala”. Se trata de una visión intuitiva, más o menos superficial y más o menos consciente, que parece compartir un amplio porcentaje de nuestros congéneres. Pero que ha sido, además, avalada por conspicuos cerebros de todos los tiempos. “Mitad ángel, mitad demonio”, nos han dicho que es el hombre.

Justamente por ello, la teología popular, la literatura (no siempre la más excelsa) e incluso el cine de animación han insistido en que los humanos podemos ser igual de receptivos a la tentación del mal (pintado como un oscuro diablillo, tridente en mano, con cuernos y otros rasgos repulsivos) que a la invitación al bien (el angelito blanco que nos habla al oído opuesto). He aquí la versión maniquea, dualista, bipolar… a que ha quedado reducido el gran conflicto cósmico del que nos hablan las Escrituras judeocristianas.

La cuestión relativa a la condición moral del ser humano es tan vital como frecuentemente ignorada por la historia del pensamiento. (Ésta se ha limitado, la mayor parte de las veces, a pasar de soslayo sobre ella, con la lógica consecuencia de que han sido ya demasiados los sistemas éticos, sociales, políticos, ideológicos e incluso utópicos abocados a darse de bruces con la realidad). Dicha cuestión forma parte fundamental de la pregunta por la naturaleza ontológica del hombre (ver Dualismo antropológico griego y judeocristianismo), es decir, la que inquiere por su ser y su composición global y elemental (física, psíquica, espiritual, material, atómica, energética…).

A menudo no se tiene lo bastante en cuenta que la respuesta básica que se dé al asunto ontológico condiciona mucho la que se ofrezca, a su vez, para resolver la cuestión de la moralidad intrínseca al ser humano. No es de extrañar, por ejemplo, que el dualismo antropológico se acompañe también de un dualismo moral. Así, y aun a riesgo de simplificar un poco, podemos afirmar que tanto la filosofía (neo)platónica como la religión católica romana (que se nutre de aquélla no mucho menos que del cristianismo) tienden a correlacionar la “parte espiritual” del ser humano (al menos, la más noble y elevada) con su tendencia al bien; y la “parte material” (cuando menos, la más baja), con su inclinación al mal.

A diferencia de esa visión pagana, la concepción monista que ofrece la Biblia, a la vez que integra espíritu y materia en un todo indisociable, sostiene en coherencia con ello que ese todo es o plenamente bueno o plenamente malo en un sentido moral. En concreto, habla de un hombre (plenamente) “bueno” anterior a la Caída, y (plenamente) “malo” con posterioridad a ella. No hay, pues, lugar para el maniqueísmo antropológico.[1]

Caída, historia y corazón humano
Si se acepta la Caída y las consecuencias implicadas tal como las describe el texto bíblico, la historia humana resulta mucho más fácil de comprender que si se parte de cualquier otro supuesto; también el futuro se vuelve mucho más previsible. La trayectoria de la humanidad, en el marco espacio-temporal en vigor, ha estado, está y estará inexorablemente abocada al mal, por la sencilla razón de que el ser humano porta una naturaleza caída, plenamente mala.[2] Con semejante base, y en dicho marco, es imposible otro destino.

Ahora bien, no negaré que la afirmación anterior presenta problemas que suscitarán rápidas objeciones: “Es cierto que la historia humana no ha logrado jamás escapar al mal pero, ¿acaso no ha habido en ella ni un solo período, por breve que haya sido, de auténtico progreso moral, siquiera en algunos ámbitos espacio-temporales?” Y, sobre todo: “¿No nos cabe constatar, por pocas que sean, y más aún desde una perspectiva cristiana, mejoras morales genuinas en ciertas personas?” La respuesta en ambos casos es afirmativa, por más que aún pudiéramos seguir haciendo no pocos matices frente a esas objeciones. ¿Cuál es la causa de que lo sostenido en el párrafo anterior sea cierto, pero no al cien por cien? Sencillamente, el hecho feliz de que la naturaleza humana, y el Mal, no constituyen el único agente que interviene en la historia del mundo, ni siquiera el único que actúa en el corazón humano, que es donde se fragua en gran medida ese devenir histórico. De acuerdo con la concepción bíblica, Dios interviene en la historia, e incluso ha ubicado a un “intruso” dentro de la naturaleza humana, extrínseco a ella, y audible a través de la voz de la conciencia. Ésta, no se olvide, es ajena a las inclinaciones naturales del hombre, y su presencia sirve, más bien, para tratar de frenarlas e invitarnos a reconducirlas.

Pero es aquí donde llegamos a…



La gran paradoja humana
Se dirá y volverá a decir que el hombre es un “ser” (o incluso un “animal”) “racional”; y otros responderán, e insistirán, que no, que lo que define al ser humano es justamente lo contrario, su irracionalidad (no se confunda con a-racionalidad). O, mediante otras tentativas, se nos recordará que la nuestra es la única especie capaz de hablar, o de reír, o de experimentar autoconciencia…

Al margen del grado de acierto, no pequeño, de cualesquiera de esas definiciones, lo importante es que ninguna de ellas llega al meollo de la problemática humana, a su más grave circunstancia (por hablar en términos orteguianos). Pues aquellas caracterizaciones, valiosas para el análisis tipológico (y comparativo con otras especies), apenas llegan a rozar la verdadera condición humana.

Esta condición verdadera, esta gran circunstancia trágica que es la única de verdad relevante para el ser humano, tiene la forma de una tremenda paradoja: El ser humano debe pero no puede. Con semejante realidad, ¿cómo no va a ser el individuo de nuestra especie alguien condenado, al menos en principio, a la ansiedad, al tormento interior, al sentimiento de culpa, y a desear evadirse por medio de las drogas y adicciones (en cualesquiera de sus formas), de la mística o del suicidio…?

La maldad humana es, en realidad, la impotencia para el bien, que nos es ajeno por naturaleza.[3] No podemos obrar el bien y, sin embargo, algo dentro de nosotros, pero extraño a nosotros, nos exige que lo hagamos… ¡¿Cabe una condición más absurda que la humana?! (Y, ¿dónde quedan, por cierto, los bellos cantos al libre albedrío de nuestra especie?).

Confrontada por la ética a hacer el bien, y no sólo a título meramente formal y externo, sino íntimo y auténtico, mi naturaleza se rebela y clama: “¡No puedo!” Pero la voz de la conciencia no cede por ello en su exigencia: “¡Debes!” ¿Cómo puede ser esa voz un emisario de Dios, concebido éste como el sumo amor? No podría serlo, no podríamos hablar de un Dios-Amor, salvo que ésa no fuera la única forma en que él interviene en nuestras vidas…

La Biblia nos dice, por cierto, que Dios no se limita a decirme “¡Debes!”; también se ofrece a salvarme de mi impotencia (“Ahora no puedes, pero gracias a mí podrás un día…”). A través de esa voz (el “¡Debes!” que ha insertado en mí) me apremia a darle la razón a mi naturaleza, a hacer mío su grito: “¡No puedo!” He ahí la humildad (ver Modestia y humildad), que no es otra cosa que el reconocimiento de mi impotencia, de que sin ayuda externa jamás podré llegar a cumplir con lo que me exige el “¡Debes!”.

La propuesta esperanzada del cristianismo bíblico (ver Mateo 11: 28-30; Romanos 7: 15-25) es justamente ésa: “Admite tu debilidad, reconoce tu impotencia, no niegues tu maldad natural. Y arrójate, como un niño, en los brazos de Quien puede dejar la gran paradoja humana convertida en un macabro recuerdo del pasado.”

[1] Tampoco, en realidad, para ningún tipo de maniqueísmo cósmico, en la medida en que existe una distancia infinitamente abismal, trascendental, entre el Bien (Dios Creador) y el Mal (originado en una criatura; ver El origen del mal). No cabe hablar de una dicotomía bipolar en el universo, pues no hay simetría entre los supuestos “polos”, sino de una esencia absoluta y eterna, el Bien, y una condición contingente y temporalmente tolerada, el Mal.

[2] Respecto a esta plena maldad conviene aclarar: 1. Que no tiene por qué ser constantemente visible (i.e., continuos actos reprobables); el miedo, el interés, las convenciones sociales, el freno de la conciencia (de la que luego hablaremos) y otros factores impiden, por fortuna, la plena manifestación de la maldad humana. 2. Que no debe confundirse maldad con premeditación perversa, alevosía, crueldad y otras actitudes similares; éstas, por supuesto, entrarían en el ámbito de aquélla, pero la maldad no necesariamente las exige. 3. Que la maldad es constitutiva del ser humano, y por tanto tiene que ver más bien con el ámbito de las motivaciones que con el de las intenciones; es más esencial al ser humano que sus actos.

[3] De inmediato se comprenderá, entonces, que por muy triste que sea nuestra condición natural, hay al menos un consuelo moral, y no pequeño: No somos culpables de nuestra maldad intrínseca, pues nacemos con ella (y afirmar que nacemos culpables, cosa que por cierto hacen ciertas confesiones religiosas nominalmente cristianas, es lo mismo que afirmar que somos culpables de nacer…).

04 Abr 2009

Machado, Unamuno... y la fe

Escrito por: Cordura el 04 Abr 2009 - URL Permanente

Como cada año por estas fechas, se nos echa encima la blasfema semana llamada “Santa” (este año, especialmente politizada). Muchos, con tal motivo, se ponen un poco más trascendentes que de costumbre, lo cual no está nada mal. Aprovechamos tal circunstancia para rescatar un viejo texto nuestro que nos aproxima a la fe de dos grandes literatos de la generación del 98: Antonio Machado y Miguel de Unamuno.

* * *

“Lo que más nos interesa”
(Publicado en La Excepción el 8 de abril de 2006; previamente apareció en Salud 4 en enero de 1998)

Sobre dos buscadores de Dios en la generación del 98

Por todas partes te busco
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro
sólo por irte a buscar.

(Antonio Machado)

La España decadente había perdido los últimos restos de un ya lejano imperio. Un puñado de patriotas –intelectuales ellos, un tanto renegados– se propusieron extraer las conclusiones críticas del Desastre: España necesitaba un estímulo regenerador, un nuevo impulso que la ayudase a levantarse de su estado de postración.

Era la generación del 98: Valle-Inclán, Azorín, Baroja, Maeztu, Ganivet… y, sobre todos, Miguel de Unamuno y Antonio Machado, el pensador poeta y el poeta pensador, quizá los más intimistas y profundos integrantes de aquel movimiento.

Unamuno –fogoso, idealista, inoportuno– era el hombre en crisis permanente, un auténtico “agonías” (obsesionado por la agónica experiencia humana: lucha por la vida, contradicción existencial). Concebía la vida del hombre como un “desnacer” que acaba en la muerte, cuyo conocimiento daba lugar a un “sentimiento trágico de la vida”. Y la concebía así porque así era como vivía su propia vida, siempre transparente en su obra.

A Unamuno, aunque le dolía España, le dolían aún más “las aristas de la finitud” (como bellamente lo llama el profesor Francisco Seoane en La luz de la Palabra), la conciencia de estar vivo, pero vivo de una vida mortal, cuando el hombre lo que quiere –según don Miguel– es vivir siempre. Por eso hablaba tanto, en fórmula calderoniana, de “la cruz del nacimiento”, ésa que llevamos a cuestas por el mero hecho de haber nacido, y que tanto nos pesa. Es la cruz del sufrimiento, de la angustia existencial, y es la cruz de la mortalidad.

Además, a Unamuno le angustiaba la oposición entre sentimiento y razón. Y tenía tendencia a reducir la religión al campo de lo sentimental. En virtud de ello, razón y religión aparecían como opuestos inconciliables. Pero, al no ser del todo racionalista, no podía dejar de estimar el valor del sentimiento y de la fe. De hecho, su experiencia es la de un hombre de fe (o, mejor, con voluntad de fe), y sus crisis son generalmente crisis de fe. No en vano, como sostiene en San Manuel Bueno, mártir, el objeto de la fe (Dios, la vida eterna) es «lo que más nos interesa».

Un tanto egocéntrico, pero interesante
El problema en Unamuno –en el Unamuno-persona tanto como en el Unamuno-autor– es que parece no hallar nunca la paz espiritual. Es más, llega a juzgarla una meta quimérica: «La paz entre estas dos potencias (la razón y el sentimiento) se hace imposible, y hay que vivir de su guerra. Y hacer de esta guerra, de la guerra misma, condiciones de nuestra vida espiritual» (El sentimiento trágico de la vida). Y añade: «Sólo se pone uno en paz consigo mismo, como don Quijote, para morir.»

Pero, cuando se lee su obra con atención, uno constata que, junto a la noble y sincera preocupación unamuniana, hay también un exceso de artificio y un mayúsculo tensar sin límite la tensión misma entre los presuntos opuestos (duda racional y fe, filosofía y religión, razón y sentimiento, mortalidad e inmortalidad). Tal vez, demasiado aficionado a los juegos de palabras y a las frases afortunadas, Unamuno deja de investigar hacia dentro y repite las mismas ideas-fuerza de mil maneras distintas (esto se echa de ver, sobre todo, en El sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo). Pudo haber profundizado en la Palabra, pero leyendo muchas páginas de Unamuno se diría que se extravió en el verbo (de verborrea, bien que siempre lúcida y sugerente). ¿Le perdió el orgullo?

Y así, tiende al desvarío especulativo. Y llega a decir que Dios es el fruto del hombre: Dios «soy yo proyectado al Todo», el resultado de la personalización del amor humano… (El sentimiento trágico de la vida). ¡Y lo dice él, que tan cerca parece estar de Jesús, el Dios personal!

Pero late, con todo, en don Miguel una vocación que podemos llamar genuinamente religiosa. Por paradójico que resulte su devenir intelectual, por conflictivas que nos parezcan sus experiencias de fe, y por más resignada que se nos muestre su actitud ante las supuestas contradicciones irresolubles, Unamuno no puede dejar de pensar en la fe. Y eso es lo que lo hace grande.

¡Cuántos escritores y artistas –de modo destacado, en el siglo XX– consintieron en dejar de ser interesantes para tornarse mediocres, anodinos, simples estetas… al negar, sin más, lo trascendente! Pero, ¿cómo pretenderán interesarnos cuando desprecian así «lo que más nos interesa»?

Unamuno (como Dostoyevski y Kierkegaard, cristianos que dudaron, o Nietzsche y Camus, ateos que no rehuyeron el debate sobre la trascendencia) se salvó de ese error que convierte el talento en futilidad, la brillantez en pobre y huera vanidad. Dudó, sí, como pocos lo han hecho, pero nunca se engañó hasta el punto de negarse –de negarnos– el derecho y la valentía de seguir pensando en la fe, fuera o no en términos de fe. Erró al afirmar tantas veces que la vida eterna es sobre todo consuelo e ilusión, pero nunca dejó de conceder un valor serio y real a la preocupación por ella.

Incluso más: pocas cosas lo molestaban tanto como el afán nihilista de algunos por robar la fe de los humildes, prácticamente lo único que tienen. En San Manuel Bueno, mártir, novelita de sabor evangélico que cabe considerar una obra maestra, don Miguel expresa su claro rechazo hacia quienes «se esfuerzan en negar al pueblo el consuelo de creer». (Sólo a los fanáticos inquisitoriales toma por el mismo rasero).

Melancolía esperanzada
No menos turbulenta que la de Unamuno, pese a su exterior más sereno y apacible, se nos aparece la aventura interior de Machado, otro ejemplar buscador de Dios en un tiempo en que los tales eran, con mucho, los menos. Él mismo desmiente en un cantarcillo esa primera impresión que podía causar:

No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada,
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.

También agónico, pero quizá en su timidez menos estentóreamente angustiado, el dulce y hondo poeta se atreve a expresar su anhelo de Dios:

Anoche cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

¿“Ilusión”? ¿Simple “consuelo”, como parecía insistir Unamuno? No, hay algo más. Hay deseo, pero también necesidad. Por eso hablábamos de anhelo, que los reúne a ambos. Hay verdadera sed. Sed de amor, sed de transformación interior:

Que el puro río,
de caridad que fluye eternamente,
fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío,
de una fe sin amor la turbia fuente!

Y esa sed se expresa en la fe en el Dios poderoso, en el único capaz de saciarla:

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

El “olmo seco” (el propio poeta), privado prematuramente de su tierna Leonor, ve su vida toda teñida de tristeza. Infinitamente solo, clama en su desesperación:

Señor, ya me arrancaste lo que más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Mezcla de reproche a Dios y afán de renovada fe, este poema –como los lamentos de Job– manifiesta impotencia pero no sucumbe a la tentación de rebelarse contra el Creador. Parece que Antonio supiera que la fe en el Salvador es una fe provista, justamente, para el trance del dolor. Que Dios no ha prometido ausencia, ya, de todo sufrimiento. Y que nos ha dado la fe para sobrellevarlo esperanzados, y aun con el gozo de quien está dispuesto a amar en medio de la adversidad. Por eso, a renglón seguido, canta:

Late, corazón… no todo
se lo ha tragado la tierra.

Y le asaltará la duda, y luchará entre la esperanza y el desespero («Ayer soñé que oía / a Dios, gritándome: ¡Alerta! / Luego era Dios quien dormía, / y yo gritaba: ¡Despierta!»), pero siempre confiando que «hablará con Dios un día» (Ver La antisaeta de Machado ).

Caminante, sí hay camino…
Machado y Unamuno –más humilde quizá el primero– tuvieron mucho en común, incluyendo su mutua admiración. Y, de modo señalado, la búsqueda de Dios, el reconocimiento de su necesidad más trascendente.

Pero no siempre alcanzaron a ver –sobre todo, el gran Unamuno– que la razón humana es compatible con la fe (ésta, mucho más que un sentimiento) si está dispuesta a someterse al Supremo Hacedor; y que la “cruz del nacimiento” no tiene por qué suponer una carga tan pesada, porque Jesús ha prometido llevarla con nosotros (Mateo 11: 28-30), como ya llevó la suya.

Y a Machado –aparte de agradecerle sus regalos de belleza y sabiduría– a veces, de puro cariño que se le toma, viéndolo tristón y meditabundo, dan ganas de corregirle gritando:

¡Caminante, sí hay Camino ,
se hace camino al amar!

Lecturas complementarias:

Unamuno y Antonio Machado: El latido de una amistad, de Sara Ortiz Rous.

“La fe de Pío Baroja”, de Juan Antonio Monroy.

21 Mar 2009

Obameces (II): Zanahoria envenenada contra Irán

Escrito por: Cordura el 21 Mar 2009 - URL Permanente

Los medios nos inducen creer en una radical oposición entre las políticas de Obama “el bueno” y Bush “el malo”. Son los mismos medios, del Sistema, que en el fondo apoyaron (casi) tanto al “malo” como ahora apoyan al “bueno”.

Analicemos la verdadera realidad al hilo de una reciente información de un relevante diario español (destacados añadidos). Intercalamos nuestros comentarios entre sus párrafos.

Obama quiere un “nuevo comienzo” en las relaciones con Irán

«Irán celebra hoy Nowruz, la fiesta del año nuevo. Y aunque Estados Unidos está en el otro extremo del globo, el hiperactivo presidente Barack Obama se las ha ingeniado para estar allí mediante un vídeo en el que ofrece "comenzar una nueva etapa en las relaciones bilaterales". El presidente estadounidense ha declarado en el inicio de su mensaje: “En esta estación de nuevos comienzos, me gustaría hablar claramente a los líderes iraníes”.

»No tienen precedente tanto la decisión de relanzar el trato diplomático entre ambos países como el formato elegido para hacerlo (un vídeo que dispone de subtítulos en persa). El mensaje -dura tres minutos con 35 segundos- de Obama, que ofrece dejar atrás 30 años de desencuentros mediante la construcción de lazos positivos, ha sido transmitido por los canales de Medio Oriente. Por su parte, Teherán ha declarado poco después del mensaje televisado que necesita un cambio fundamental de la política de EE UU. […]

»El diálogo entre EE UU e Irán ha estado bloqueado por las intenciones nucleares de Irán y el apoyo que este país ha prestado a los militantes de grupos islamistas. La participación de Obama en Nowruz significa un cambio radical respecto de la política de aislamiento que ha caracterizado al Gobierno de George Bush, que consideraba a Irán como miembro del llamado "eje del mal". […]

»Obama ha dicho que la normalización de las relaciones diplomáticas no se conseguirá mediante amenazas: “buscamos, por el contrario, un compromiso fundado en la honestidad y el respeto mutuos”. El presidente estadounidense, que ha admitido que Irán tiene derecho a ocupar un lugar en la comunidad internacional, advirtió: “ese espacio no puede conquistarse por las armas o por el terror sino mediante acciones pacíficas que demuestren la grandeza del pueblo y la civilización iraníes”.

El nuevo embaucador del mundo utiliza su actual prestigio y su poder de seducción para dar una imagen pacifista en relación con Irán y frente al belicista Bush. Pero debería repararse en que Obama es el mismo que está multiplicando las tropas y añadiendo masacres contra el pueblo afgano; el mismo que no hace ni dos semanas anunció que prolongará las sanciones contra Irán durante un año más; y el mismo que, aunque cínicamente diga descartar las “amenazas”, ya desde años antes de acceder a la presidencia viene hablando de una “solución militar” contra ese país si éste no se arrodilla ante el Imperio. Así que de “cambio radical” frente al acoso del anterior Genocida en Jefe, nada de nada (véase, además, lo que sigue).


»Obama ha especificado que la grandeza no se mide por la capacidad de destruir sino por la de crear y edificar. No obstante, la Casa Blanca ha matizado que EE UU mantiene sus diferencias con Irán, en particular en lo que respecta a las amenazas de Teherán contra Israel y el programa nuclear que Irán trata de desarrollar. […]

Se constata aquí que, pese a los énfasis de Obama en ese engañoso vídeo, su propósito guerrero es el mismo que el de su predecesor, y basado en las mismas falsas y rastreras excusas. Así se repite la historia de engaños guerreristas que llevaron a la masacre de iraquíes con la excusa de las inexistentes “armas de destrucción masiva”, con la agravante de que ahora lo que se presume no es la posesión de esas armas sino la intención de poseerlas (y de agredir a “Israel”), en una tan delirante como prepotente vuelta de tuerca más contra los pueblos que no se someten a los dictados imperialistas (vuelta de tuerca que, como hemos visto más arriba, el medio que publica esta noticia, fiel partidario del ataque a Irán, no tiene empacho en suscribir).


»En la ceremonia de investidura, el mandatario aseguró que estaba dispuesto a “extender la mano si ustedes sueltan su puño”, un mensaje que desde entonces el Departamento de Estado ha repetido en diversas ocasiones.»

Cinismo atrozmente repulsivo por cuanto el único “puño” cerrado y amenazante, si se contempla el asunto de manera realista, es el de un Imperio atómico que lleva años acosando a Irán por “osar” construir una central nuclear (proyecto, dicho sea de paso, que ya se inició en la Persia del Sha, despótico aliado de Occidente). Un puño que ahora se envuelve en guante de seda. Pero, de diálogo real, nada de nada. Sin duda, el criminal Obama juega a esto:

“Ahora el mundo va a ver cómo, pese a mi buenísima disposición a dialogar cordialmente con vosotros, os negáis a aceptar nuestras condiciones imperiales. Comprenderá que, contumaces como sois, con vosotros no vale ni el palo del perverso Bush ni mi dulce zanahoria. Sólo valdrá el palo del pacífico Obama, a quien, por causa de vuestra obstinación, no le quedará más remedio que proceder militarmente contra vuestro país. Así es como el mundo respaldará nuestros planes genocidas contra vosotros.

Y este hombre se dice cristiano.

07 Mar 2009

Signos de los tiempos (I): ¿Y nosotros callamos?

Escrito por: Cordura el 07 Mar 2009 - URL Permanente

Abrimos una nueva serie en cuyos textos escrutaremos la actualidad para discernir sus claves. Es algo que, en realidad, ya venimos haciendo desde que este blog nació, pero esta serie servirá para compilar hechos concretos y poner énfasis en los más relevantes.

1. “¡Identifícate!”

Nos lo dicen en plan “colega”, pero no perdamos de vista el imperativo. Con la excusa de las tarjetas prepago, y de los móviles supuestamente usados con fines terroristas, nos tendrán aún más fichados. Podrán saber dónde estamos en cada momento, algo factible a través de un móvil encendido (ver, por ejemplo).

Lo hacen cuando ya han conseguido que (casi) toda la población se enganche al móvil. Una necesidad creada artificialmente no hace ni dos décadas. El paso siguiente, ya dado, es usarla para controlarnos aún más. Si quieres seguir en el mundo (de las comunicaciones), debes registrarte antes del próximo 9 de noviembre. El precio es otra porción de tu libertad.

Son muy pocos los que han alzado su voz contra este nuevo atropello. Da igual que el 11-M, pese a la célebre sentencia ajustada a la manida versión oficial, siga envuelto en la más absoluta oscuridad... de las sospechas. Una vez más el terrorismo, la seguridad, sirve como pretexto para robarnos derechos. Y nosotros callamos.

“Ojo, que el tiempo se acaba”, dijo el ministro Rubalcaba, entre simpático y amenazante. El “ojo” del Gran Hermano. El “tiempo” de la presunción de inocencia.

Pero, sin quererlo, este político de sucia trayectoria (recuérdese su portavocía durante el felipismo corrupto y asesino) nos remite a un tiempo de otra dimensión. Medidas como la que él proclama se insertan en una tendencia totalitaria que algunos llevamos ya muchos años denunciando, incluso desde antes del satánico 11-S. Y representan un signo más de que el tiempo de este mundo envilecido hasta la náusea efectivamente se acaba.

2. Fantástica manipulación

Leemos en El Mundo :

Titular: «El presidente de una asociación nazi dice que el Holocausto fue 'fantástico'»
Contenido: «El presidente del desaparecido Círculo de Estudios Indoeuropeos (CEI) -asociación de ideología neonazi-, Ramón B.P., ha asegurado estar en contra de la discriminación y el odio racial, y ha lamentado el exterminio masivo de judíos a mano de los nazis, aunque ha calificado el Holocausto de "cosa fantástica" que no hay que repetir porque fue una "auténtica barbaridad". […]»

Aunque se conocen sus sesgos, El Mundo no suele ser tan descarado. En parte por eso llama la atención lo que han hecho aquí, un verdadero linchamiento moral. (Véase el enlace antes de que, Dios lo quiera, tengan la decencia de modificar tan sucio titular, que lleva cinco días en la Red, ya que no de pedir perdón por él). Amparándose en la llamada “religión del Holocausto”, manipulan una palabra del acusado, cambiándole el género, para dar a entender que el Holocausto judío le parece algo de lo más positivo. Usan en el titular la forma verbal ‘fue’ pero no pueden ignorar que ese empleo del pasado también contribuye a cambiar el sentido de la afirmación del acusado; es obvio que éste no puede estar diciendo lo que da a entender el titular si luego, como recoge la propia noticia, llama a esos hechos históricos “auténtica barbaridad”. Pero el periodista tampoco puede ignorar que muchos lectores retienen sobre todo el titular.

Una cosa es execrar el odio genocida del nazismo contra los judíos y las atroces fechorías que generó (igual, por cierto, que han de reprobarse las del otro bando). Otra, que eso deba servir de excusa, desde la prepotencia que da ampararse en el tabú, para desacreditar brutalmente a una persona manipulando su declaración. Cuando el citado Ramón B.P. llama “cosa fantástica” al Holocausto se inscribe en la corriente, conocida como revisionismo histórico, de los que niegan la magnitud criminal comúnmente asociada con aquél. Eso, al margen de lo repulsivo que pueda parecer, nada tiene que ver con alegrarse de tales crímenes.

Estamos, pues, ante un grosero ejemplo de cómo el amarillismo periodístico denigra injustamente a una persona y mina su presunción de inocencia (derecho éste que, por ser un principio básico para el respeto de la dignidad humana, tiene cualquier persona con independencia de sus ideas o adscripción política). ¿Y callamos?

Tal vez porque olvidamos que, como dijera Montesquieu, «la injusticia hecha a uno solo es una amenaza dirigida a todos».

3. ¿Una propuesta inocente?

Leemos en Zenit:

«El Secretariado de la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), las Iglesias Protestantes y la Iglesia Anglicana han aplaudido la decisión de cinco miembros del Parlamento Europeo, que apoyarán la iniciativa lanzada por numerosos episcopados para solicitar el pronunciamiento del Parlamento sobre la declaración escrita acerca de “la protección del Domingo como pilar esencial de la herencia y del modelo social Europeo”.

»En un comunicado publicado en los días pasados, los obispos de la Unión Europea han indicado que la Declaración para la Protección del Domingo [como día de descanso] “puede constituir un importante compromiso de cara a la Europa Social”. […]» (Destacado añadido).

Asumimos que la noticia dejará más bien indiferente a la gran mayoría. Y entre quienes le presten atención, los más sólo le atribuirán intenciones benéficas.

Pero debería alertarles el hecho de que sean confesiones religiosas las que impulsen esta medida. Y que ya el 29 de mayo de 2005, el papa Ratzinger pronunciaba una homilía bajo el título “Sin el domingo no podemos vivir” (sic). Y que en el pasado, durante muchos siglos, se impuso la observancia del domingo bajo pena para los incumplidores. Y que los eurodiputados que defienden la iniciativa que nos ocupa son de centroderecha y centroizquierda (i.e., representativos de la mayoría).

Con propuestas como ésta, con serios visos de prosperar no tardando mucho, ¿cuánto tiempo más durará la separación iglesia-estado? ¿Qué respeto acabará existiendo para los fieles de otras confesiones que no tengan el domingo como día de reposo? Pensamos en judíos, en musulmanes… (Si se impone ese día oficialmente para descansar, los empresarios tendrán la excusa perfecta para decir que “Con uno ya vale”). [Incluso vale la pena preguntarse: ¿Qué sentido tenía la obscena y quizá, a la vista de esto, no tan descabellada iniciativa de las 65 horas semanales, rechazada hace escasos meses por la Eurocámara después de una aceptación inicial? ¿No sería, al menos por parte de algunos, uno de los preparativos para poder luego revestir la imposición del domingo (su “protección”, como dice la noticia que nos ocupa) de un matiz “social” frente a abusos como ése?]

¡Y nosotros callamos!

24 Feb 2009

Justicia elemental: Anguita vs. Aznar

Escrito por: Cordura el 24 Feb 2009 - URL Permanente

En pleno rebrote de corruptelas patrias, que al fin se ha cobrado una merecida dimisión –pero sólo una, y quizá no la más urgente–, otra noticia ha pasado casi inadvertida. Cosa lamentable, pues el tema de fondo es aún más grave, mucho más, que el que concita los intereses mediáticos.

De criminales impunes

Ignoro si Aznar, como apuntan algunos, pertenece a la siniestra y poderosa orden Skull & Bones. Sí consta que son miembros de ella prominentes figuras como George W. Bush y John Kerry (el primero, buen amigo de aquél).

En todo caso, lo que sí conoce cualquiera es la relevante implicación del que fuera presidente del gobierno español en la gestación, promoción y declaración de la sucia y genocida guerra contra Irak. Como un azor más. Pero, ojo, que sólo eran tres.

En su momento, Aznar contó con el apoyo del conjunto de su partido para llevar adelante aquellos planes terroristas que hoy, seis años después, siguen ensangrentando el suelo iraquí. Un partido que, como tal, no ha mostrado aún el menor signo de arrepentimiento por esa implicación.

No contento con eso, su presidente honorífico, el criminal José María Aznar López, lleva años dedicado a la promoción de otra agresión bélica, esta vez contra Irán (ver también).

De políticos honrados

A ojos de muchos, Julio Anguita es ya desde hace décadas la encarnación de algo casi inconcebible: la honradez duradera en la práctica de la política. A prueba de calumnias como la de la famosa “pinza” de IU con el PP, reiterada estos días por sus inventores; o de traiciones como las de algunos de sus propios compañeros de partido y de coalición (los Almeida, Garrido… la mayor parte de los cuales acabaron engrosando las filas del corrupto felipismo).

Entonces, como líder máximo de Izquierda Unida, no tenía empacho en llamar “Señor X” de los GAL al delincuente Felipe González. Actualmente, aunque desde un plano más discreto, tampoco lo tiene en condenar los crímenes del sucesor de aquél en la presidencia del gobierno. Hay que reconocer que el cordobés sigue siendo un ejemplo de coherencia… caiga quien caiga (si cayeran, claro).

Anguita perdió a su hijo en Irak durante la invasión co-gestada por Aznar. «Al conocer la noticia de su muerte durante un acto por la III República», leemos aquí, «manifestó lo siguiente: “Ha sido un misil iraquí, pero es igual, lo único que puedo decir es que vendré en otra ocasión y seguiré combatiendo por la tercera república. Malditas sean las guerras y los canallas que las apoyan”. Esta última frase sería utilizada por los manifestantes de las diferentes convocatorias en contra de la guerra de Irak.»

Pero cualquiera que haya seguido mínimamente la trayectoria de Anguita comprenderá que su posición sobre Irak, y sobre Aznar, no se vio especialmente influida por tan trágico y cercano hecho (salvo, si acaso, para pasar a un segundo plano durante bastante tiempo, a fin de evitar equívocos).

De justicia elemental

Por ello, a nadie debería extrañar que Julio Anguita sume su nombre a la lista de quienes pedimos un juicio a Aznar por su participación en crímenes de guerra (se suman también los cargos de violación de la Constitución, que reserva al rey la potestad de declarar la guerra, y el que alude a la relación entre la participación española en la invasión y la masacre del 11-M). Ni que “El Califa” figure, junto a otros personajes relacionados con el mundo de la política y la cultura, entre quienes presentarán, el ya próximo 27 de marzo, una querella contra el ex presidente por su responsabilidad en la guerra contra Irak.

La querella se podría interponer también contra la que fuera su ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio. Ésta, de manera singularmente obsesiva y vocinglera, hizo cuanto pudo para que la masacre de iraquíes pudiera dar comienzo (ver por ejemplo). Además, la acción penal podría recaer igualmente contra el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo (quien, por cierto, se erige estos días en juez de sus adversarios políticos, como el citado dimisionario, a pesar de que sus propias responsabilidades son mucho mayores).

La querella parece una iniciativa de justicia elemental. Según estimaciones moderadas, la guerra provocada por los Tres Azores habría provocado ya cerca de cien mil muertos sólo entre los civiles iraquíes, aparte de incontables heridos y muchos otros afectados.

La responsabilidad de estos criminales no es menor, por tanto, que la de otros terroristas que ya han pagado por sus culpas. ¿O es que por haber ostentado altos cargos políticos sus crímenes, más cuantiosos, han de resultar menos execrables?

Siempre habrá quien implícita o explícitamente sostenga que, por haber sido presidente y ministros, los citados personajes no deberían ser juzgados. Pero quien hable así estará contribuyendo a socavar las bases mismas de la democracia y el estado de derecho, que incluyen destacadamente el principio de equidad.

Con la salida del principal genocida planetario de la presidencia de Estados Unidos, el azor Bush, vivimos un momento, seguramente efímero, que conviene aprovechar para defender la paz, la justicia y las libertades. Obama, el nuevo seductor del mundo, todavía tiene que aparentar que trae brisa fresca. A la estela de su cierre de Guantánamo están surgiendo campañas que exigen transparencia y justicia. Por ejemplo, en el Reino Unido, donde un ex juez de la Cámara de los Lores y la ex jefa del servicio de inteligencia británico MI5 han denunciado que su gobierno en los últimos años explotó los macroatentados terroristas (11-S y 7-J) para tomar medidas represivas contra todos los ciudadanos. Hay también iniciativas relacionadas con la ominosa participación de ese gabinete, el del azor Tony Blair (pero del que ya era miembro el actual primer ministro, Gordon Brown), en la guerra contra Irak. Iniciativas de momento, y como era de esperar, obstruidas por el actual gobierno.

Los amantes de la paz y los derechos humanos deben comprender que sólo si se logra evitar la impunidad de los criminales “de cuello blanco” se podrán prevenir guerras del mismo tipo en el futuro próximo. Como dice el “Manifiesto contra la impunidad por la Guerra de Iraq”, la actuación de los mismos «debe ser sometida a un examen penal que determine sus posibles responsabilidades penales y anuncie para el futuro que quienes colaboren en una guerra ilegal no resultarán impunes por el mero hecho de desempeñar un puesto de prominencia política. Entendemos que éstas son las verdaderas acciones preventivas en favor de los derechos humanos».

Hablamos aquí, lo reitero una vez más, de justicia elemental. Basada, no en la violación de la presunción de inocencia (fundamento de las guerras preventivas promovidas por estos terroristas), sino en la plena convicción de su culpabilidad. Única base moral legítima para tomar medidas saludablemente preventivas.

Preventivas, incluso, de sus nuevos crímenes futuros (ya hemos citado cómo Aznar se vuelve ahora hacia Irán...). Es decir, también por amor a ellos.

07 Feb 2009

¿Evolución, o diseño inteligente? (III): En el “Año de Darwin”

Escrito por: Cordura el 07 Feb 2009 - URL Permanente

El próximo jueves 12 se cumple el bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin, un gran naturalista que conmovió la historia de la ciencia y la cultura modernas. También este año es el del 150 aniversario de la publicación de su obra clave, El origen de las especies.

Con motivo de estas conmemoraciones se ha reavivado el viejo debate entre los partidarios de la teoría evolutiva, todavía esencialmente darwinista, y sus detractores. Estos últimos, en realidad, hace años que venían pasando a la ofensiva. Contribuye a ello, por un lado, el advenimiento de la Era Neorreligiosa (ver también). Por otro, la aparición de múltiples evidencias y novedosos argumentos (más bien, nuevos énfasis) que eclosionaron en la teoría del diseño inteligente, avalada por científicos serios como Michael Behe. De buena parte de ello, sin pretensiones eruditas ni dogmáticas, hemos dado cuenta aquí un par de veces desde hace casi un año (ver 1 y 2).

Los problemas de la selección natural darwiniana (incluso “ayudada” por las mutaciones), el desafío de la complejidad irreducible (reconocido por el propio naturalista inglés: ver cita) y las sugerentes incitaciones del principio antrópico seguirán proporcionando en los próximos años abundante material para el debate.

Por nuestra parte, para celebrar el “Año de Darwin”, ¿qué mejor que seguir impulsando dicho debate sobre sus respetables ideas y las más modernas ramificaciones de las mismas? La discusión es parte de la esencia misma de la ciencia, y nos parece que está plenamente justificado seguir discutiendo una teoría, la evolutiva, que al parecer continúa chocando con el sentido común en alto grado. En el propio país de Darwin, más de la mitad de la población considera insuficiente ese paradigma científico para explicar el origen de la vida en toda su complejidad. Es más, casi la tercera parte declaró creer en que Dios hizo el mundo «en algún momento durante los últimos 10.000 años». (Los datos son llamativos porque no hablamos de la “religiosa” Norteamérica sino del “secular” Reino Unido).

Naturalmente, los resultados de una encuesta no constituyen un argumento científico. Pero sí pueden, quizá deben, suscitar la cuestión de por qué, en plena era supertecnológica y postilustrada, hay tanta resistencia a aceptar una teoría que goza del consenso de la comunidad científica. ¿Sólo por la fuerza, renovada, de la religión? Pero es un hecho que muchas denominaciones de la Cristiandad consideran compatible la evolución con su fe. En tal caso, parece que ha de haber algo más. O, cuando menos, que vale la pena seguir indagando acerca de este asunto.

* * *

Ofrecemos dos nuevos vídeos de la conferencia crítica del doctor Tom Woodward impartida hace algo más de un año (Centro de Convenciones Mapfre de Madrid, 21.1.08). Completamos así la serie de ocho vídeos, dejando para más adelante la conferencia de su colega Geoffrey Simmons ese mismo día. Creemos que la libre investigación, cuando es seria, ha de ser promovida y que los que la realizan merecen apoyo. Reivindicar su esfuerzo resulta tanto más necesario por cuanto, como ya indicamos en su día, varias de sus conferencias fueron boicoteadas por la “ciencia” oficial.

01 Feb 2009

¿Tan poquito les gusta el tenis...?

Escrito por: Cordura el 01 Feb 2009 - URL Permanente

No soy muy dado a ver deporte por la tele. Me inspira rechazo tanta parafernalia asociada con él. No obstante a veces lo hago, pues ciertas disciplinas atléticas me atraen, y más si los partidos son de alto nivel. Pero sobre todo me interesa el aspecto “sociológico” del asunto. Normalmente éste va mucho más allá del plano deportivo (no en vano el así llamado “deporte” es mucho más que deporte).

Hoy he visto, casi enteros, los dos últimos sets de la final del Open de Australia de tenis. Se enfrentaban al “número 1” y el “número 2”. Un español y un suizo, respectivamente. Era curioso, al menos para mí, escuchar los comentarios de los locutores del canal que ofrecía el evento.

El suizo ha estado muy fallón, pero aun así ha habido “puntos” de gran calidad. Esto lo destacaban los comentaristas con frases como «¡Qué maravilla ver jugar a estos dos grandes jugadores!». Realmente era un espectáculo, al menos por momentos. Se trataba de dos tipos capaces de hacer cosas que (casi) nadie puede hacer tan bien como ellos.

Hasta ahí, normal. Lo curioso a lo que me refería era cómo los locutores animaban una y otra vez al español, como si éste pudiera oírles: “¡Venga, Rafa!” “¡Vamos, a por el break!” Parecía que deseaban transmitirle su “energía positiva”. Muchas veces, además, se alegraban de los fallos del suizo. Incluso bromeaban sobre él cuando le iban mal las cosas: «Silencio, que no se despierte Federer», decía, ingeniosillo, el principal responsable de la locución (consiguiendo que yo me pusiese, cada vez más, de parte del jugador helvético). En el cuarto set, aún no mediado, uno de ellos ha llegado a decir: «Me encantaría que este set fuera el último.»

Esto me ha producido un cierto estupor. Cuando disfruto con un postre delicioso, no estoy deseando que se me acabe, sino todo lo contrario. De pequeño, cuando veía los dibujos animados por la tele y se acababa una de las historias, casi rezaba para que pusieran más. Del mismo modo, si tanto les gusta el tenis y tan “maravilloso” les parecía ver a esos grandes jugadores, ¿no sería más lógico desear que el partido durase más, agotando el máximo de cinco sets y con el mayor número de juegos posible? Lo más llamativo es que eso no lo había dicho el conductor del programa, sino uno de sus colaboradores: en concreto, Manolo Santana, quien fuera décadas atrás un brillante tenista español.

La conclusión obvia es que no es tanto el tenis lo que les gusta como que ganen “los suyos”. Y que les ocurre igual a quienes retransmiten el partido que a los que lo han practicado a nivel profesional. Sorprendente… Se diría que si lo practicaron de vocación, y si lo hicieron así de bien, tendrían que amarlo más.

Pero si así ocurre con quienes cantan las gestas deportivas, ¿no será porque eso es lo que las masas esperan?

* * *

Enseguida he caído en la cuenta de que con el tenis pasa lo mismo que mi admirado Guillermo Sánchez Vicente afirmaba sobre el júrgol, el colmo de los colmos en lo que a “deportes” de masas se refiere. En su artículo “¡Qué poco gusta el fútbol!” decía hace ya años que «son pocas las personas que muestran una afición auténtica por el fútbol como deporte, y muchas las que se entusiasman por “victorias” localistas o nacionales». (Ver también “Derrota de España”). De este modo, el deporte de alta competición viene a ser una prolongación de la politiquería que divide a la gente y a los pueblos, en lugar de contribuir a unirlos. O sea, lo contrario del proclamado “espíritu olímpico” y, en general, de lo que se esperaría del deporte como instrumento de cohesión de los terrícolas (un objetivo que va más allá de la política).

El locutor jaleaba infantilmente al “suyo”, al español… No sé si él mismo era consciente del españolismo barato, prerracista, que sus palabras reflejaban (en cualquier otro país, claro, ocurrirá igual con el “ismo” correspondiente). Tampoco, de cómo su estilo se insertaba en el competitivismo que caracteriza, no para bien, el mundo que nos hemos creado, basado en la moral del éxito y, se quiera reconocer o no, en el darwinismo social. El mismo espíritu que luego subyace a las guerras apoyadas por “patriotismo”. Quizá tampoco se daba cuenta de cómo su desmesura contribuía a seguir idolatrando a meros mortales… a los cuales, por causa de ello y del citado competitivismo, les acabará pasando como a Manolo Santana: al final no les importará tanto el tenis como ganar, lucrándose con ello, y/o que ganen “los suyos”. Además del riesgo de volverse seres primero endiosados y, más tarde, hundidos en la amargura.

Por eso, yo como Guillermo, aunque sin fútiles ensoñaciones, todavía me pregunto: «¿No se podrían rescatar los valores auténticos de este deporte, y hacer de la sana afición motivo de alegría sin caer en la manipulación social?» (explícita o implícita).

Ignoro si pensaban mínimamente en todo eso los comentaristas de esa cadena de televisión. Seguramente, en el mejor de los casos, les importaría un bledo. Respetable elección, en cualquier caso.