04 May 2013
'El País', cruzando toda “línea roja”, llama a la guerra contra Siria
Esta es una carta pública dirigida a 'El País' por un modesto bloguero de La Comunidad (la sección de blogs no oficiales de este periódico y, por tanto, ajenos a su línea editorial).
El diario obamista de referencia en español publicaba el pasado martes 29 de abril un editorial que no debiera pasar inadvertido. Bajo el título “Siria y la 'línea roja'”, era un auténtico llamamiento a la guerra imperialista abierta contra ese país, acompañado de críticas
y lamentos por su demora. La sensibilidad pacifista más elemental debiera levantarse contra un texto tan bárbaro.
(Isaías hijo de Amós)
Estimad@s responsables de El País:
Apelo a una sensibilidad moral que me gustaría creer no habéis perdido del todo. A eso que, un tanto engañosamente, suele llamarse “humanidad” (ver DRAE 5). Y lo hago esperando que, si os dignáis leer estas líneas, brote en vosotros cuando menos un mínimo impulso a recapacitar.
Aquí no tengo intención de reiterar, ni de ampliar sustancialmente, los argumentos que demuestran la falsedad de la versión sistémica sobre el conflicto sirio, entusiásticamente sostenida y promovida por vosotros. Para ello remito a mis textos previos (en particular 1, 2, 3 y 4), así como a las informaciones y análisis que en estos años han venido ofreciendo medios más o menos alternativos como RT, la Red Voltaire, Global Research y el CIAR que dirige Alfredo Embid. Lo que sí haré, con vistas a enmarcar vuestras gravísimas responsabilidades, será contextualizarlas ofreciendo algunos recordatorios y también varios detalles nuevos.
Que la suerte está echada contra Siria (e Irán) es algo palpable desde hace tiempo, al menos si nos atenemos a la poderosa campaña belicista imperial contra esos países, siniestramente avalada por los ya conocidos precedentes de destrucción de Afganistán, Irak, Libia… Aquí, como en otros sitios, vengo documentando desde hace años esa trayectoria y denunciando a muchos de los responsables de la misma, incluidos vosotros. También lo son, a su escala, no pocos cómplices pertenecientes a buena parte de la izquierda “real”: desde los pro imperialistas de facto que activamente defienden las premisas sistémicas, hasta partidos pseudoizquierdistas como ICV (ligado a IU), ERC o Equo –que incluso apoyaron explícitamente la intervención de la OTAN contra Libia y, al menos en el caso de Equo, abogan por la invasión de Siria–, pasando por otros sectores que callan o mantienen un perfil muy bajo al respecto.
Este último es el caso de la propia Izquierda Unida (IU). Esta coalición empezó, incluso, asumiendo acríticamente la versión oficial contra Siria. Después, aunque dice oponerse a la agresión imperial contra ese país, suele hacerlo en voz baja (han de resaltarse, no obstante, las insistentes denuncias del eurodiputado Willy Meyer: ver 1, 2, 3 y 4; pero se echa de menos una campaña más nítida y global, que incluya pronunciamientos de las principales figuras mediáticas del partido: Cayo Lara y Alberto Garzón). Se ve que muchos de sus miembros, abrumados por la propaganda sistémica, temen verse identificados con Asad en el caso sirio, como en su día con Gadafi en el caso libio (y, todavía, con el régimen de los ayatolás, en el iraní).
No deja de llamar la atención toda esta cobardía moral (en diferentes grados, como hemos visto) de gran parte de la izquierda. Todavía están frescos, incluso en marcha, los ya mencionados precedentes de sistemática asolación de países enteros. Parece que el camelo de la “guerra humanitaria” se ha probado (aún) más eficaz que las patrañas sobre Al Qaeda y las “armas de destrucción masiva”, sin perjuicio de que los urdidores de los planes genocidas vuelvan una y otra vez a tales infundios. El hecho es que esa izquierda se une así al coro político-mediático-militar contra pueblos enteros. Inconsciente, quizá, de que es precisamente en Siria e Irán donde, además de millones de vidas amenazadas, se encuentra hoy el principal frente de batalla por nuestras libertades.
Entretanto, los estrategas imperiales no pierden tiempo y no han dejado de instigar el terrorismo de raíz mercenaria y/o fanática contra los sirios, financiándolo y armándolo, así como reconociendo diplomáticamente a sus representantes oficiales (ver 1, 2, 3 y 4). Todo ello, en contra de los esfuerzos diplomáticos encabezados por los gobiernos de Rusia y China para lograr la paz en Siria; torpedeando incluso los acuerdos que el propio Imperio alcanza (o finge alcanzar) con el primero de esos gobiernos, como el reciente plan Kerry-Lavrov (ver también 1 y 2). Esfuerzos que quizá el reciente, y extraño, atentado contra la maratón de Boston ayude a torpedear, como ya ha sido apuntado por algunos expertos (ver además). Y justo en ese punto, pero coincidiendo (?) también con una dura racha de derrotas de los “rebeldes” a manos del ejército sirio (ejemplo), arrecia la campaña de acusaciones contra Asad por su supuesto empleo de armas químicas. En el marco de una estrategia bien coordinada, primero el gobierno de “Israel”, luego el estadounidense, luego el británico, el turco, el francés …, todos ellos jueces y parte en esta historia, han corrido a corear con mayor o menor énfasis esas imputaciones, que el buen sentido no puede sino rechazar como cuentos absurdos y miserables. (Pero aunque fueran ciertos, ¿acaso podrían justificar jamás una nueva invasión otanista, de efectos ya sobradamente conocidos?).
El País, contra Siria
Recordemos, antes de adentrarnos en vuestro reprobable editorial del martes pasado, que El País aún tiene imagen de medio progresista en España. Para muchos es el gran periódico de la “democracia” española, por su línea editorial desde la transición y, en especial, durante los años ochenta y noventa (también hay muchos que lo ven, por su afinidad con los primeros gobiernos del PSOE, como el gran defensor del felipismo corrupto y criminal). Conductas como la mostrada ante el 23-F abonaron esa imagen. Al margen de qué ocurriera realmente tras los bastidores de ese golpe de estado, es indudable que El País exhibió una firme actitud de defensa de la Constitución frente a los golpistas.
Actitud que, en cambio, no viene mostrando en los últimos años, en los que, con la excusa de la “crisis”, asistimos al triunfo de una trama golpista –de origen internacional y no tejida solo contra España– mucho más poderosa que la del 23-F. Como ya mostramos aquí, lejos de denunciarla, vosotros venís de hecho bendiciéndola (p. ej., dando por bueno, aunque en lenguaje un tanto ambiguo, el reciente robo a los ahorradores chipriotas decidido por la Troika). En realidad, se trata de algo coherente con el resuelto apoyo de vuestro periódico al golpe contra el gobierno venezolano legítimo en 2002.
Pero aún más grave es vuestra postura sobre las guerras del Imperio, dado el tremendo coste humano implicado en ellas y la nada desdeñable influencia de El País. Cronistas como Juan Miguel Muñoz (citado aquí como “JMM”), Antonio Caño (véanse aquí sus textos sobre Siria) o, más recientemente, Carmen Rengel os venís caracterizando por publicar informes tendenciosos en favor de los “rebeldes”, primero (anti)libios y luego (anti)sirios. De más largo recorrido es, que sepamos, la trayectoria objetivamente belicista de Ángeles Espinosa. Esta señora está especializada en preparar el terreno para la creciente agresión contra Irán, país del que tampoco os olvidáis en vuestro macabro editorial. Para ello, Espinosa habla sistemáticamente de “desafío iraní” cuando es a todas luces ese país el amenazado por Occidente, y no al revés (ver cinco ejemplos: 1, 2, 3, 4 y 5; ver también ¿Dejaremos que los masacren?).
En lo referente a Siria, no vamos a repetir aquí lo que hemos afirmado y documentado en artículos previos. Solo por añadir algún ejemplo reciente, puede verse cómo Antonio Caño da por buena la acusación obamista de las “armas químicas” cuando, como él mismo documenta, el propio gobierno estadounidense no hace más que contradecirse sobre las “pruebas” disponibles (nótese que Caño, a quien parece que se le va la mano, habla incluso de «arsenal nuclear» sirio; por cierto, días atrás ese término aparecía como parte de un enlace a otro texto que no hablaba de eso; aunque luego han “desenlazado” la frase, esta sigue estando ahí, al menos en este momento). En cuanto a Carmen Rengel, en los últimos días se ha venido esforzando por asegurar que Hezbolá ha confirmado públicamente su implicación directa en Siria dando a entender que lo prueba mediante declaraciones de esa milicia libanesa… que no dicen eso (ver 1, donde remite a 2; cf. web oficial de Hezbolá). Al margen de que tenga o no base dicha acusación a Hezbolá, lo cierto es que no es la primera vez que se le usa como excusa para facilitar las agresiones imperiales (ver p. ej. esta patraña). En cualquier caso, queda claro el afán de El País por suministrar pretextos para la abierta internacionalización del conflicto en Siria, es decir, para la intervención militar occidental.
Por cierto, he aquí algunas muestras del rigor informativo, analítico y predictivo que venís exhibiendo. Al final de uno de los citados textos de Rengel, la autora afirma que «las informaciones de estos grupos opositores, como las que facilita el Ejecutivo sirio, son difícilmente contrastables por la falta de fuentes independientes». Lo dices, Carmen, después de haber redactado toda tu crónica, titular incluido, desde el punto de vista de tales grupos, y sin duda dándolo por bueno. ¿Es eso periodismo? Pero cualquiera que haya seguido vuestras crónicas sobre Siria, como antes las de Libia, sabe que esa ha sido vuestra manera habitual de proceder.
Otro ejemplo. En el primer párrafo de vuestro editorial guerrerista del pasado martes, afirmabais que «la evidencia de que esas armas de terrible toxicidad –gas sarín– han sido usadas recientemente parece muy asentada, a juzgar por las opiniones coincidentes de franceses, británicos, israelíes y del propio espionaje estadounidense». Interesante lo de “parece” y lo de “opiniones”, por no hablar de que todas esas fuentes serían, desde hace años, parte interesada. Pero tan solo tres párrafos después, en el último del artículo, agregáis: «El uso del terror químico por quien antes ha lanzado misiles y aviones contra su pueblo representa ahora un desafío...» De repente ya no es cuestión ni de “pareceres” ni de “opiniones”, sino de puros hechos.
En el mismo texto, lamentabais con amargura que «la renuencia de Obama a intervenir en Siria es manifiesta». Hoy sábado, tan solo cuatro días después, Antonio Caño titula su crónica: “Obama descarta el uso de tropas terrestres en Siria”, lo que supone una manera indirecta de anunciar la agresión militar abierta. Pero quizá es que os ha leído y le habéis convencido...
Por otra parte, anteayer Rengel aseguraba que “Israel” no quiere intervenir en Siria. Al día siguiente (ayer mismo), como informaba hoy vuestro propio diario, se ha producido un ataque aéreo del ejército sionista en territorio sirio, con la excusa de las armas químicas y Hezbolá (no es el primer bombardeo “israelí” contra Siria en lo que llevamos de año).
¿Simples torpezas del “periódico global en español”? ¿O ceremonia de la confusión en el proceso de fabricación de verosimilitud? Por si tal confusionismo se quedara corto, hoy nos topamos con esta noticia de Europa Press: “El ministro de Defensa israelí asegura que las armas químicas sirias están a salvo y que Hezbolá no las quiere”.
Ahora mismo, en otro de vuestros “excesos”, la portada de El País se abre con el grueso titular “Cientos de suníes huyen de una nueva matanza del régimen de El Asad”. No cabe encontrar ningún énfasis similar en los restantes diarios españoles, por sistémicos que sean todos ellos. Ni siquiera la poco –muy poco– antiimperialista BBC pisa tan fuerte, pues, aunque animada por propósitos similares a los vuestros, titula: “El odio sectario en Siria se cobra una nueva masacre”.
Pero no soy yo, sois vosotros mismos quienes ponéis de manifiesto vuestro susodicho “exceso”: cuando se pincha el mencionado enlace de portada, ¿qué nos encontramos dentro? Primero, un titular ya menos incriminatorio. Segundo, un primer párrafo de texto que, como casi siempre, remite al llamado “Observatorio Sirio de Derechos Humanos” (el «grupo activista» que “observa” desde su sede londinense). Y tercero, lo más clarificador, que la «información no ha podido ser contrastada por fuentes independientes» (¡una vez más!). Todo lo cual, en otro alarde de antiperiodismo, no os impide insertar la citada acusación en portada ni reiterarla en otros párrafos interiores (de Carmen Rengel, por cierto).
Pero es que vuestra opción está clara: la guerra. No contentos con la que ya venís apoyando desde el principio, guerra sucia y secreta de vuestro Imperio contra todo un país usando los medios más abyectos, sin conformaros ya siquiera con el apoyo militar abierto a los “rebeldes” que veníais reclamando en editoriales previos (ver 1 y 2), parecéis obsesionados por pasar a una fase de destrucción total, con o sin aprobación de Naciones Unidas: la OTAN en Siria, haciendo lo mismo que sus ejércitos ya perpetraron al destrozar Afganistán, Irak, Libia... Fruto de tan obsceno empeño es ese último párrafo de vuestro editorial del martes, cuya primera parte ya os he citado, y que completo reza así: «Hace mucho tiempo que los crímenes de guerra de El Asad reclaman, como mínimo por imperativo moral, una contundente respuesta internacional. El uso del terror químico por quien antes ha lanzado misiles y aviones contra su pueblo representa ahora un desafío ante el que Washington debe manifestar inequívocamente su disposición a intervenir» (negrita añadida).
Conclusiones
Hasta el “verosímil” Obama, de momento, ha declarado no saber, al menos con certeza, quién usó esas armas químicas cuyos indicios los suyos afirman tener (ver también). Pero he aquí que vosotros, los responsables del diario ultraobamista español, no solo lo sabéis (en el cuarto párrafo...), sino que además apremiáis descaradamente al emperador a que inicie su ataque militar contra Siria. ¿Será que sois más obamistas que Obama? Ciertamente no. Lo que hacéis es sencillamente allanar el terreno a los planes belicistas del Imperio, de quien tanto aquel como vosotros sois meros siervos. Vuestra misión es, de una manera o de otra, fabricar verosimilitud. Sin importaros la suerte del pueblo sirio, al que de este modo, lejos de proteger, contribuís a aniquilar (aún más intensa y brutalmente) durante los próximos años, como ya lo vienen siendo los afganos, los iraquíes y los libios en lo que llevamos de “Nuevo Siglo Americano”. ¿Qué extraño afán os anima a defender y promover tanta atrocidad?
Pero que nadie confunda escándalo con sorpresa. Esta no debiera caber en ninguna cabeza mínimamente informada. Que sepa, por ejemplo, quiénes son los miembros del Consejo de Administración de Prisa (el grupo empresarial al que pertenece vuestro diario), como ya documentó hace algo más de dos años el periodista –él sí– Pascual Serrano. Respetables ricachos de alto copete. Banqueros de Goldman Sachs, Santander, BBVA y la Caixa (alguno de ellos asesor y amigo de Sarkozy). Un Bilderberger que es en España la cara más conocida del periódico y de Prisa. El presidente de un par de empresas farmacéuticas en nuestro país (el recuerdo de cómo en 2009 alentabais el pánico a la gripe A resulta inevitable; ver también 1 y 2). El presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer (¿tal vez porque de montar películas se trata?), a su vez mecenas del “Partido Republicano” estadounidense (sic). En los currículos aparecen además conexiones con el inmoral especulador George Soros, ya hace tiempo metido a “activista” para desgracia de tantos pueblos del planeta. Y con think tanks reaccionarios como el Club de Roma y el Club de Madrid. Vínculos, incluso, con la jerarquía de la Iglesia Católica Romana (pero que seguramente no basten para explicar vuestra actual deriva papista, sobre la que algún día tenemos que hablar).
La presencia de tres estadounidenses entre los miembros del Consejo recuerda que dos de ellos son los fundadores de Liberty Acquisitions Holding, compañía norteamericana que posee la mayoría absoluta de las acciones de Prisa.
Con estos datos, ¿quién podría extrañarse de que El País haya acabado siendo, en lo esencial, el órgano más reaccionario y belicista del Sistema en España? Un halcón entre los halcones, en un ámbito –el del Gran Poder Terrenal– en el que ya apenas quedan palomas.
Concluyamos. Cuando, con vuestro estimable concurso, Siria e Irán sean abatidos, se implicará que Rusia y China han cedido en su empeño por contener al Imperio que quiere someter a todo el planeta. Los gobiernos disidentes de Iberoamérica no tardarán en caer después. A partir de ahí, por decirlo en términos popperianos, el mundo quedará cerrado. En los propios países occidentales, donde ya vemos una tiranía incipiente, esta se hará mucho más franca y descarada. Ya no habrá países con los que comparar “positivamente” los nuestros. Ya no habrá donde huir. Por eso decía al principio que en Siria e Irán se ubica actualmente el principal frente de batalla por nuestras libertades. Y por eso es preciso ayudar a esos pueblos desmontando las mentiras genocidas del Sistema-Imperio. ¡Ni siquiera los terribles efectos, ya evidentes, de la “crisis” económica en países como Grecia y España serán comparables a lo que entonces vendrá!
Pero si eso, a vosotros, responsables de un periódico “progresista”, no os dice nada; si la libertad y la democracia genuinas, de las que siempre os proclamasteis abanderados, en realidad nada significan para vosotros…, dejad que al menos sea algo todavía más importante, el respeto a la vida humana, lo que os haga reflexionar. De sobra sabéis que estáis poniendo en juego el porvenir vital de millones y millones de personas (sirios, iraníes...) con vuestra metódica siembra de calumnias guerreristas. Preguntaos qué ganáis realmente con eso, en particular quienes aún no os habéis rendido del todo a los encantos del Dinero y del Poder. Quienes os limitáis a la “obediencia debida”, al precio de sacrificar vuestra noble profesión y, lo que es mucho más grave, vuestras conciencias.
Dejadme pediros que, por amor a la humanidad, demostréis al fin sensibilidad moral y seáis valientes. ¡Rebelaos!
Última hora: En el momento de cerrar la edición de este artículo, compruebo que ahora encabeza vuestra portada el titular “Estados Unidos estudia bombardeos selectivos contra el Ejército sirio”. ¡Bravos, chic@s, lo estáis consiguiendo!
13 Abr 2013
De Chipre al fin del mundo pasando por el FMI
Vivimos tiempos apasionantes. No a todas las generaciones que nos precedieron les fue dado vivir la transición hacia una tiranía global. Lo de Chipre de estas semanas, sin ser un gran acelerón histórico, supone un nuevo paso relevante hacia ese Nuevo Orden Mundial.
(Wolfgang Münchau, Financial Times).

Con la explosión de Chipre se confirmó que los meses de calma en la Europa periférica solo eran el preludio de una nueva tempestad. Antes de que esa calma generase una visión optimista del futuro, el mazazo chipriota desencadenó una nueva oleada del pesimismo más crudo, nuevamente prefabricado por los maquiavelos que manejan el mundo a su antojo y construyen la realidad. Quedó demostrado que “2014”, el año fijado por tecnócratas y políticos para la ansiada recuperación, no era más que un nombre dado a la línea del horizonte. Del mismo modo que esta se aleja cuanto más te acercas, se asigna a la recuperación económica una fecha que podrán ir reemplazando a discreción (por “2015”, “2016”, “2017”…).
Se sentaba así la base “realista” (si las perspectivas vuelven a ser negras, algo habrá que hacer) para las nuevas exigencias destructivas. Estas no tardaron en volver a hacerse patentes sobre España. Hace escasos días los medios informaron acerca de las órdenes de Bruselas (léase, de la Troika) para proceder a más “reformas” urgentes. Primero sonaron las presiones de Durao Barroso, el presidente de la Comisión Europea y anfitrión, años atrás, de “Los Azores” que emprendieron la metódica destrucción de Irak. Al día siguiente, las del comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Exigen, por ejemplo, más recortes en los derechos laborales, nuevas subidas de impuestos y otro “pensionazo”. Y lo quieren ya. De hecho, se espera que el 26 de este mes el dócil Rajoy –aunque a la vez algo remiso por puro cálculo electoral– anuncie el paquete.
Casi al mismo tiempo llegaban los últimos datos sobre el desplome de la producción industrial en España: un 8,5% en el mes de febrero. Por si quedaran dudas de que “algo habrá que hacer”…
Así es como la realidad se sigue acomodando a las directrices del FMI, ministerio de Economía de un Gobierno Mundial cada vez más visible. Recordemos, por ejemplo, que este organismo lleva tiempo reclamando una subida adicional del IVA, insatisfecho con las que ya elevaron el tipo máximo al 18 y al 21% sucesivamente. Algo similar venía ocurriendo con las pensiones, por limitarnos a otro ejemplo.
Chipre en la diana
Hace unas semanas estallaba la noticia: anuncio del corralito chipriota y de la confiscación de parte de sus fondos a los depositantes ricos y pobres de varias entidades bancarias. Ambas medidas suponían un verdadero salto cualitativo en la “crisis económica” europea. La primera violaba un principio básico de la UE, la libre movilidad de capitales. La segunda era, con todo, aún más llamativa: de repente saltaba por los aires la seguridad oficialmente provista, en toda la Zona Euro, por la garantía de los depósitos de hasta cien mil euros.
Diseñada por los poderes internacionales que suelen resumirse en la llamada Troika, esta medida finalmente no llegó a concretarse tal cual. Como ocurre a menudo en el juego de los políticos, el anuncio inicial seguramente tenía no poco de globo sonda, en el marco de los experimentos con la realidad (tanto dialécticos como materiales) que tanto le gustan al Sistema en los últimos tiempos. La formulación inicial de la medida era una manera de probar reacciones, que ciertamente fueron muy adversas y “obligaron” a modificarla. Pero el mensaje sobre las torvas intenciones de quienes manejan Europa quedó claro para todos aquellos que no se dejan (auto)engañar: el Poder Global está dispuesto a saltarse, a la primera ocasión, las propias normas que él mismo establece. Es, de paso, una manera de ir preparando al personal. La inseguridad creada con ello hace añicos cualquier remanente de confianza en la llamada “construcción europea”.
Pero un mínimo análisis, como el que aquí nos proponemos siquiera a modo de tentativa, revela otros detalles de importancia y no menos alarmantes.
Principios de usar y tirar
La razón usada para dedicar miles de millones de dinero público a “rescatar” bancos, en particular los grandes, apelaba a salvaguardar los depósitos de la gente. De este modo, el conjunto del pueblo (no solo, como suele decirse, los “contribuyentes”, lo que ya sería mucho) soportaba el coste de “sanear” una entidad bancaria –caso de Bankia–, aunque no todos tuviéramos dinero en ella. A esto se lo llama(ba), con justicia, “socializar las pérdidas”. O sea, una forma de robar al conjunto de la sociedad para auxiliar a una empresa privada arruinada.
Ahora, súbitamente, esa razón ha cambiado. Según Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, «sacar el riesgo del sistema financiero y hacerlo caer sobre las espaldas de los contribuyentes —tal y como ha sucedido hasta la fecha con Irlanda y con España— no es la aproximación correcta». La pregunta inmediata es, entonces, a qué esperan para devolver ese dinero a los “contribuyentes” irlandeses, españoles y del resto de Europa.
Pero no parece que tengan tan buenas intenciones. El propio Dijsselbloem, en el marco de un nuevo globo sonda, anunció que la “solución” aplicada a Chipre puede ser válida en el futuro para otros países, lo que supondrá más golpes económicos a la ciudadanía (?) europea, en principio la “periférica”. Tras algún posterior desmentido (más o menos parcial), la propia Comisión Europea reconoció que ese es el plan. Así pues, se ha empezado a consagrar un principio opuesto al que se venía utilizando: los depósitos dejan de ser “sagrados” y los depositantes (de momento, dicen, solo los de más de cien mil euros) son tratados como los accionistas –y otros inversores– de las entidades bancarias en crisis.
Vamos a tratar de ver más gráficamente lo que implica este (aparente) cambio de lógica:
Lógica A: “Tenemos una crisis económica grave que, entre otras cosas, afecta a la solvencia de la banca. No se puede consentir que los bancos se vengan abajo porque entonces peligrarían los depósitos de millones de ahorradores. Así pues, financiemos con dinero de todos el rescate de las entidades afectadas, de manera que se diluya el perjuicio económico.”
Una excusa falaz. Primero, por la mencionada socialización de pérdidas que implica, máxime cuando se puede hacer pagar a los dueños –empezando por los opulentos banqueros, principales responsables de la mala gestión– y cuando apenas se atajan las enormes bolsas de fraude fiscal (en muchos casos, refugiadas en “paraísos” de esa índole por los propios bancos afectados). Segundo, porque, como implica dicha socialización de pérdidas, los fondos para ese “rescate” se detraen de un erario común, restándolos de partidas socialmente básicas como las más típicas del estado del bienestar: sanidad, educación…
Lógica B: “Lo verdaderamente correcto es que quienes paguen los rescates bancarios sean las personas más directamente relacionadas con los propios bancos, por ser las que han confiado en ellos, con el riesgo consiguiente. Esto incluye a los ahorradores, en particular a los que tienen los depósitos más voluminosos.”
Esta opción es (aún) más acorde con la ideología “neoliberal”, sobre todo con sus escuelas teóricas. Por eso tiene sentido que haya encontrado el aplauso de conspicuos portavoces de la misma. Sostienen que, frente a la socialización de las pérdidas de un banco, es más justo “privatizarlas” (¡como si no fueran privadas ya!); es decir, que sea el propio ámbito interno de la banca afectada la que peche con las pérdidas y la recapitalización de la entidad.
En principio, esta “solución” suena bien, pero en realidad no es menos falaz. Primero, porque no es una verdadera alternativa de facto a la lógica A, sino que podría acumularse a ella: como ya hemos visto, no parece que la lógica B vaya a aplicarse con “efecto retroactivo”. Esto significa que muchas personas pueden pagar por ambas (p. ej., como “contribuyentes” que ya lo hicieron antes y como ahorradores si a partir de ahora se ven afectados por las medidas contra los depósitos).
Pero es que además hay un grave “error” conceptual aquí, dada la naturaleza del bien (dinero) con que comercia la banca. Por decirlo escuetamente, no se puede equiparar el dinero de un accionista (propietario en cuanto tal) con el de un ahorrador. El primero es claramente capital de la compañía, no así el segundo. A este se le considera contablemente “pasivo”, pero sin duda es de otra índole (ajena, no propia), y hasta esa misma denominación resulta problemática.
Los ahorradores son, sencillamente, los clientes de la empresa llamada banco. Jamás se pueden equiparar a los accionistas por el hecho de que ambos tengan dinero en ella. Son dineros distintos. El de los primeros es la propia mercancía con que se transa, mientras que el de los segundos –aunque las acciones sean negociables– es esencialmente la base o prerrequisito para que el negocio pueda ponerse en marcha o crecer; es decir, el capital.
La trampa está, por tanto, en hacernos creer que, como en ambos casos se trata de “dinero en el banco”, accionistas y clientes pueden entrar por igual en el “saco” de los acreedores y, por tanto, es exigible que se responsabilicen igualmente de las pérdidas. Pero esto es como si al venirse abajo una compañía propietaria de garajes públicos, se quedasen con tu coche (o con el volante, un par de ruedas…) en caso de que tuvieras la desgracia de tenerlo allí guardado. O si por quebrar la peluquería a la que asiste Doña María, esta señora tuviera que quedarse calva. Por supuesto, usamos ejemplos y, como tales, aproximados. Pero se trata en los tres casos de empresas de servicios y no es difícil comprender que el dinero de los ahorradores es a los bancos lo que el vehículo es a los parkings y las cabelleras a las peluquerías.
Lo quieren todo
Resulta particularmente lamentable que se equipare a un ahorrador con un especulador o incluso con un inversor. ¡No es lo mismo ahorrar, poco o mucho, que invertir o especular!, ni siquiera cuando se obtiene un interés a cambio (con esto tampoco estamos afirmando que todo accionista –ni que todo bonista o inversor– sea un especulador). Pero en la práctica se los está equiparando. ¿Por qué estas semanas, en relación con el ataque a Chipre, ciertos medios tienden a hablar de “depositantes” con preferencia sobre “ahorradores”?
El hecho es que robar a los ahorradores sigue siendo recapitalización externa, no interna, respecto a la empresa (bancaria) en cuestión. Sigue tratándose de una socialización de las pérdidas (con un ámbito más restringido, pero no por ello menos cierta). Esto, aunque lo disfracen, es lo que vienen bendiciendo tanto los “liberales” ortodoxos como el respetable gurú Juan Ramón Rallo (de quien ya hemos citado antes), cuanto el influyente diario El País, viejo emblema de la progresía, que en su editorial “Sembradores de miedo” afirmaba: «Incluir sin más a los depósitos en la secuencia de activos responsables carece de sentido jurídico, porque un depósito difiere esencialmente de una inversión». En principio, un interesante reconocimiento de lo que aquí venimos diciendo. Pero el “sin más” ya nos preparaba para lo que se añadía tras el punto y seguido: «Por eso solo puede someterse al riesgo de pérdida en casos especialísimos, como el de Chipre.» ¿Solo la Troika siembra miedo? [Más chocante es que algunas voces de la izquierda real no hayan sido mucho más críticas con la experiencia chipriota, pese a sus sin duda rotundas discrepancias de fondo: ver.]
En este aspecto, y aunque no debiera sorprendernos demasiado, la incoherencia es realmente aún mayor entre los “liberales” como Rallo (versión “escuela austríaca”), que suelen oponerse al sistema bancario de reserva fraccional; es decir, a que se permita a los bancos mantener en sus arcas solo una fracción de los depósitos totales de sus clientes. Esa es la causa, llegadas las crisis, de los corralitos financieros, pero también lo es, en última instancia, de atropellos como el sufrido por los ahorradores chipriotas, finalmente solo aquellos con más de cien mil euros en sus cuentas. Si el banco no hubiera jugado con su dinero de la manera en que se lo permite el sistema de reserva fraccional, es obvio que no se habría llegado a la bancarrota presente.
Nos decían que garantizarían los depósitos en caso de crisis, pero quienes lo decían son los que ahora llegan con las “quitas” sobre esos ahorros. Los que deberían proteger al pueblo, y así se comprometieron, no solo no lo protegen sino que lo esquilman (de momento solo a una parte de él, pero no olvidemos el precedente en clave de intento más masivo).
Al pueblo se le vende la idea de que lo que pasa en Europa, y lo que viene sufriendo sobre todo la Europa periférica, es básicamente un problema económico de tipo nacionalista. “La Merkel” es la mala bestia que lo quiere todo para su país, no hay que darle más vueltas. Pero, aun cuando esa señora sea parte del problema, hay que estar muy ciegos para no ver que lo es solo en grado ejecutor (o sea, como criada –aunque con cierto caché– de instancias superiores a ella). Desde luego, el plan para asegurar la destrucción de las economías no parte de Alemania, aunque de momento este país se beneficie relativamente de él a escala macroeconómica (y microeconómica en el caso de sus grandes bancos).
La Troika tiene tres patas siniestras, pero la más feroz y poderosa es la del FMI, que por algo es el representante directo del Gobierno Mundial. Esa entidad, con la Troika o sin ella, es responsable en grado máximo de todo lo que está aconteciendo en Europa. Estuvo, pese a que luego se quisiera culpar en exclusiva al mediocre gobierno chipriota, detrás del plan inicial de robar a todos los ahorradores (ver 1, 2 y 3). Fue quien dictó el tope de deuda pública sobre el PIB (un 100%) que se impone a Chipre. Enseguida, una vez aplicada su “solución”, empezó a presionar públicamente para que ese gobierno despidiera a miles de funcionarios y rebajase sueldos públicos. Y ahora, al socaire de la crisis chipriota, aprovecha para seguir promoviendo la «unión bancaria» europea, como parte de sus planes globalistas. Las directrices del Fondo, ya lo venimos diciendo (y ver de nuevo), las acaban siguiendo escrupulosamente sus lacayos de la Europa muerta. Una Europa que se ha creído rica y poderosa antes de la “crisis”, pero que ya entonces era un continente cautivo del Imperio y, sobre todo, de la falta de unidad entre los pueblos que la componen.
Nos tienen atrapados, en realidad bajo un corralito permanente, aunque de momento, salvo el caso chipriota, solo latente. Ya llevan años enajenándonos derechos que antaño ellos mismos proclamaban intocables, y cada vez se atreverán con más, negándonos hasta el derecho a protestar (ver también). Tienen programada la destrucción del mundo tal cual lo conocemos, y está en sus manos decidir cuándo procederán a las próximas “quitas”, pero entretanto –y callamos– nos siguen quitando algo todavía más importante que el dinero y que el estado del bienestar: el estado de derecho. La libertad.
22 Feb 2013
¿Un papa que abandona? (II/II): Un paso al frente
Quizá en la renuncia papal (casi) nada es lo que parece... Tal vez solo sea el primer movimiento visible de una estrategia más compleja hacia el Gobierno Mundial de la Era Neorreligiosa... Acaso Joseph Ratzinger, aunque deje de ser papa, no
se vaya del todo realmente...
Sugeríamos hace escasos días que el abandono papal ya estaba preparado. El mediático acontecimiento, aunque no necesariamente su protagonista, había sido previsto (legislado) treinta años atrás. El propio Benito 16 había expresado esa posibilidad en 2010. Añadíamos que la renuncia llegó seguida de “análisis” periodísticos sobre la supuesta debilidad política del papa, pero sin la menor prueba solvente de esta. Tampoco faltaron, ni faltarán, los panegíricos por su afán “limpiador” y regenerador de la Iglesia Católica Romana (véase este del creyente “crítico”, pero majete, José Manuel Vidal, que en su emotiva despedida a B16 llega a extremos como el de llamar a B16 «un Papa crucificado» que «acepta con gallardía la cruz del chivo expiatorio de la pederastia clerical sobre sus hombros ancianos»). Aunque en algún medio a Ratzinger se le quiera enfrentar, «por el control del dinero», con su secretario de Estado, Tarcisio Bertone, resulta que otro texto del mismo diario reconoce y documenta cómo el propio papa mantuvo a su número dos a toda costa.
Insistimos, pues, en que no existe evidencia alguna de que el viejo Panzerkardinal haya perdido jamás el control del aparato. Sus dotes como teólogo, su tan traída y llevada timidez, en absoluto están reñidas –lleva décadas demostrándolo– con su habilidad para guiar férreamente la nave administrativa vaticana en aspectos esenciales. Ni, por supuesto, con su capacidad de cálculo.
Joseph Ratzinger es un tipo muy listo. Como buen papa y buen curial de toda la vida. Nada más conocerse públicamente su renuncia a la “Santa” Silla, disciplinados obispos y religiosos de todas partes corrieron a saludar su “valiente” decisión. Así la calificó el obispo de Bilbao. Y el arzobispo de Tlalnepantla (México). Y el obispo de Talca (Chile). Y el arzobispo de Sevilla. Y los obispos de Míchigan. Y el boliviano de Oruro. Y el cardenal, también mexicano, Norberto Rivera. Y el ex portavoz vaticano Joaquín Navarro-Valls. Y el obispo de Orlando (Florida). Y al menos varios de Texas. Y los costarricenses. Y el cardenal Cañizares. Y... Y... Y... En muchos de esos casos, hablando también de la “humildad” y la “falta de egoísmo” implicadas en tal decisión.
De haber habido una consigna, quizá la coincidencia no habría sido mayor... Pero, ¿por qué “valiente”? Cuando hace falta valor es porque se enfrenta un peligro o una amenaza u oposición serias. Ya hemos visto que no existen elementos de juicio para pensar así respecto al entorno del papa. ¿Se subraya solo la valentía de haber renunciado a un puesto tan destacado y habitualmente vitalicio? Tal referencia implica dejar mal a los papas anteriores, en particular a Wojtyla (que, mucho peor de salud, resistió dramáticamente hasta el final). Incluso quizá al propio Ratzinger, pues podría entenderse que tuvo que luchar contra su propio afán de poder y de perpetuarse...
Tanta afirmación de “valentía” y virtudes morales, suscrita también por muchos cronistas y comentaristas (católicos o no), y avalada por “críticos” como Estulin y Frattini, tiene por efecto subliminal presentar a Ratzinger como una víctima de las intrigas de la Curia y de otros poderes relacionados con el Vaticano. ¿Se trata de un efecto buscado también por la supuesta víctima?
Él subrayó que se iba libremente, cumpliendo así el requisito canónico. Pero en una comparecencia posterior advirtió sobre la necesidad de que se abandone el “egoísmo” en la ICR. Los cronistas contaron que llamaba a la “renovación” y que volvía a «arremeter duramente contra el poder» (?), lo que sería una «clara referencia a las luchas de poder que se libran en la cúpula de la jerarquía católica». Desde luego, el complemento interpretativo de los grandes medios le viene de perlas al Vaticano.
Si nos atenemos a las propias palabras del papa –que es probable previesen de antemano dicha ayuda periodística–, la traducción que parece imponerse es: “Yo puedo hablar contra el egoísmo y el afán de poder porque con mi retirada estoy dando ejemplo.” Es decir, algo ideal para contribuir a represtigiar ante propios y extraños a una institución, y a un personaje (el propio B16), que arrastran tanto lastre (in)moral. Quizá en vista de ello resulte menos sorprendente encontrar, incluso en el campo alternativo, verdaderas apologías del papa, como esa de Rebelión titulada “Los teólogos no tienen vocación de poder”.
Por si todo ello no bastara, la humildad papal quedó reforzada cuando poco después se supo, a través de su biógrafo, que Ratzinger ha declarado: «Ya no se puede esperar mucho más de mí. Soy un hombre anciano. Las fuerzas me abandonan. Creo que basta con lo que hice hasta ahora.» Parecen las palabras de alguien que anuncia, incluso pide, retirarse tranquilamente para, acaso, afrontar la muerte en breve plazo. Pero esa apariencia, en alguien tan calculador, quizá no debiera dejarnos satisfechos.
La importancia política de Joseph Ratzinger
Al observador atento debiera llamarle la atención un dato de estos días posteriores a la renuncia papal: las reacciones a la misma han ignorado la dimensión política del personaje (algo que le encantará a este). Se le ha reducido a poco más que un administrador de la Curia, y encima bastante malo (su presunto idealismo haría de él alguien poco “práctico”); o, en el mejor de los casos, a un impulsor de cambios dentro de la ICR (en línea neotridentina a la vez que hacia unas mayores cotas de moralidad y transparencia). En todo esto late una concepción errónea, fundada en una vasta ignorancia, acerca de la naturaleza de la propia Iglesia Romana. No se acaba de comprender que estamos ante una entidad de carácter religioso pero, sobre todo, político. Y que, por supuesto, políticos son sus dirigentes; con mayor razón, el supremo. Pero, además, los tentáculos mediáticos del Vaticano, que van mucho más allá de los medios más obviamente afines, consiguen que la atención se fije en el presente y se olvide el pasado, incluso el todavía muy reciente. O que el énfasis en el primero permita una reinterpretación del segundo (ejemplo de ello es el ya mencionado panegírico de Vidal).
La propia naturaleza de esa entidad abona la confusión (por no decir que esta es su esencia). Experta en mezclar sistemáticamente lo religioso y lo político, lo público y lo privado, lo “temporal” y lo “espiritual”..., lo más noble y lo más inmoral, la ICR suscita un grado de desconcierto seguramente sin parangón, máxime por ser tan longeva
(pero en absoluto trasnochada). Camaleónica, sinuosa, subrepticia, adicta al principio de sí contradicción, ha hecho del disfraz su rasgo más característico junto con el sagrado fin al que sirve aquel: el de acaparar Poder. El Gran Tapado es el mejor disfrazado, el que mejor tapa su Poder. Así, hasta críticos sinceros llegan a creerle débil. En este modesto blog hemos aludido no pocas veces a él, destapándolo en mayor o menor medida. Y hemos anticipado (ver p. ej. 1 y 2) que en los tiempos actuales tiende él mismo a destaparse cada vez más. Conviene tener esto muy en cuenta cuando se analizan los presentes acontecimientos vaticanos. Aún más si aceptamos que nos hemos adentrado en la Era Neorreligiosa, para la cual la ICR se encuentra muy bien preparada.
El descuido de esa dimensión política es tanto más grave en países como el nuestro, que han padecido la reiterada intrusión de Benedicto y sus huestes en los últimos años (fieles a una ancestral tradición, por lo demás). Siempre, claro, con su estilo confuso y solapado para evitar desenmascararse. Ahí queda el recuerdo de las teleapariciones del papa en la Plaza de Colón, o de sus amables visitas a nuestro país (con auténticos hitos en la siembra de cizaña y en la exhibición de papolatría). Toda una presión de alto nivel sumada a la de sus representantes patrios. Dejando seriamente condicionada la política española y reforzados los privilegios de la ICR.
En la esfera internacional y global, aunque no tan viajero como su predecesor, el papel de B16 no ha sido menos relevante. Recordemos que este gran político fue aupado al frente del Vaticano, cuyos hilos él mismo ya movía, a los pocos días de la adoración tripresidencial que tributó el Imperio al cadáver de Wojtyla. «Ese gesto –advertíamos– no implicaba sólo gratitud hacia el papa muerto, sino también compromiso con su sucesor.» Aunque usando el cuentagotas, las intervenciones visibles del todavía papa actual supieron estar por su parte a la altura de ese compromiso: de ahí su nada pacífica conferencia en Ratisbona alimentando la islamofobia; sus oportunas declaraciones reflejando “preocupación” por la «amenaza nuclear» en momentos en que el Imperio la señalaba en relación con Irán; sus excelentes relaciones con egregios genocidas que parecen sentirse magnetizados por él; o, lo más relevante, su “patita” mostrada para invocar la necesidad de un gobierno mundial –no ajeno a la propia autoridad papal– con la excusa de la crisis económica (ver también 1).
Su identidad con el Occidente atlantista en las grandes líneas de la política internacional parece absoluta. De ahí su actitud habitualmente acrítica respecto a las guerras “humanitarias” y a la “crisis” económica programada por la Elite Global del Sistema-Imperio. Una complicidad y un silencio que naturalmente no son gratis. El papado está bien situado ante los retos globales que, caos mediante, él mismo viene contribuyendo a crear.
¿Qué cabe esperar a partir de ahora?
Todo está mucho más medido y calculado de lo que nos dan a entender. Es la manera de actuar de Ratzinger y tiene sobrada experiencia. Él mismo dirigió todo el proceso del cónclave que, tras la muerte de Juan Pablo II, le acabó eligiendo como papa. Tampoco tendría nada de raro que ya estuviera designado el sucesor.
Durante el reinado de B16 se ha asistido a todo un récord en la “creación” de cardenales (90 en menos de ocho años; proporcionalmente, quizá como ningún otro papa). De los 117 cardenales que elegirán al nuevo jefe supremo, 67 han sido nombrados por él (los 50 restantes, por su compañero Juan Pablo II).
Sobre estas bases, no parece descartable que la renuncia de Ratzinger solo sea parte de una jugada maestra de mayor alcance. Toda ella al servicio, no tanto suyo (aunque seguramente él disfrute jugándola), como de su querida ICR. En esa institución se subordina todo, empezando por las personas (jerarcas también), al sacrosanto afán de poder. Si es necesario, con sacrificio personal incluido. Esto llega en ella a un grado desconocido en cualquier otra entidad de poder. De ahí su éxito diferencial.
El pronto ex papa es un anciano achacoso, pero, si nos atenemos a los datos disponibles, no sufre problemas perentorios de salud. Se le ha visto bien en sus últimas apariciones públicas. Parece conservar en lo básico sus facultades mentales. Cuesta mucho creer que en el convento de monjas del Vaticano donde vivirá la última etapa de su vida, se vaya a limitar a rezar. El próximo papa no será un muñeco de Joseph Ratzinger mientras dure este, pero sus comienzos y estrategias seguramente vendrán marcados por su antecesor en el cargo. También su perfil, puede que hasta su nombre y apellidos.
En algún momento, quizá incluso antes de liderar la ICR, Ratzinger se dio cuenta de que él no sería un papa definitivo. La edad ya le desbordaba y carecía del carisma suficiente. No quiso, por supuesto, perderse la gloria de asumir el papado, pero tampoco renunció con ello a un legado de mayor enjundia todavía. Sería un papa de transición sí, pero no una transición cualquiera. ¿Por qué iba a limitarse a ser cerebro en dos reinados pudiendo serlo en tres? Máxime si el tercero se le aparecía con tantas expectativas...
Estas semanas, los medios nos venden una imagen mítica de un papa que renuncia tras llegar a sentirse asfixiado por un ambiente demasiado hostil (y/o demasiado procaz, según las variantes más sensacionalistas). El cuadro de un hombre de fuertes convicciones y humildad genuina que prefiere la paz de un convento de clausura a la atmósfera enrarecida de la Curia, las altas finanzas y la alta política. Para mayor aderezo de la novela heroico-victimista, nos hablan de intrigas, masones y puñaladas traperas contra el “revolucionario limpiador”. Pero no dicen la verdad, pues, aparte de especular y exagerar sin apenas fundamento, omiten mencionar responsabilidades –incluso propias– que B16 nunca ha depurado.
¿Cómo será el nuevo papa? Habrá de estar adaptado a lo que Ratzinger llamó ya hace años la “era neopagana” (amor al dinero, placer, poder... pero también sed de Dios). Y, más específicamente, al momento actual de la historia que los Poderes Terrenales (con el propio papado, sobre todo entre bastidores) han venido modelando. Un momento caracterizado por el Caos creciente y programado. En el cual la neorreligiosidad será cada vez más determinante.
Lo de menos es que el nuevo líder sea italiano, negro o latinoamericano. Si se le prevé definitivo, habrá de ser alguien muy
dinámico, incluso juvenil, que despierte ilusión en un mundo angustiado por la “crisis” y las guerras. Para lo cual convendrá que, además, irradie pureza –que no tenga la cara de malo de B16– después de tantos años salpicados por desórdenes financieros y escándalos de pederastia en el ámbito de la ICR; y fuera de este, por una confabulación para destruir la economía mundial a la par que en todas partes medran los corruptos y oportunistas.
Señaladamente, en España, laboratorio “privilegiado”, país en vanguardia de lo que viene. Ahí tenemos a sus dos principales diarios, mano a mano, erosionando lo poco que queda de “Régimen”: hoy Bárcenas, mañana Urdangarín, pasado otra vez Bárcenas, al día siguiente Corinna... Se impone un reajuste de la realidad nacional de acuerdo con el Sistema-Imperio. El campo de pruebas español seguro que aporta datos interesantes para posteriores experiencias, cada vez más globales.
Conclusiones
La renuncia de B16 es síntoma de que hay serios “movimientos telúricos” por detrás del escenario. De que se avecinan horas decisivas y el Vaticano quiere estar en primera línea para afrontarlas (léase, subordinarlas a sus intereses). Ahora seguramente los acontecimientos se precipiten, y no solo porque pronto habrá un nuevo papa. Inevitablemente, parte de ellos se nos escapan. Llaman la atención las prisas del propio Benedicto por celebrar el cónclave, adelantándolo si es preciso. La excusa aducida, un tanto pobre, sería evitar las “quinielas” sobre los candidatos a sucederle.
Mientras, y pese a todo, llevamos un tiempo de calma chicha. La prima de riesgo, bastante templada. La guerra contra Siria, igual de sanguinaria pero metida en un impasse porque las potencias díscolas siguen sin ceder y el Imperio aguarda al momento más propicio para dar el zarpazo decisivo.
Por supuesto, los gerifaltes políticos todavía fingen (también habrá algunos sinceros) que desean superar la “crisis”. Pero el plan de los de Arriba, cuyos más visibles representantes son los del FMI, sigue siendo destrozarlo todo.
Es probable que Ratzinger aún pueda contemplar todo esto, o buena parte de ello. Pero no lo es tanto que se limite a ser espectador. En el fondo, más que un paso atrás, con su renuncia estaría dando un paso al frente. Sea como fuere, su Vaticano ya está aggiornato otra vez para lo que se (nos) viene encima: el Nuevo Orden Mundial que será impuesto con la excusa del Caos que llevan tiempo sembrando.
17 Feb 2013
¿Un papa que abandona? (I/II): Desmontando panegíricos
Si un papa anciano y enfermo –el anterior– aguanta hasta el final en medio de una dura agonía, se le trata de mártir heroico. Si otro papa anciano y enfermo –el actual– renuncia invocando falta de fortaleza física, se le llama valiente y honrado. ¿Qué tiene esa institución para salir siempre bien parada? ¿Por qué abandona Benito 16? ¿Y qué nos espera a partir de ahora?

¿Que un papa renuncia al puesto? Qué raro... No se ajusta a la tradición histórica. Los precedentes apenas existen y en su mayoría se asemejan bastante a destituciones de facto. Solo Celestino V, el ermitaño que accedió al solio por llenar un vacío que ya duraba dos años, renunció al parecer libremente a los cinco meses de ocupar el cargo (ver p. ej. el Diccionario de los papas de César Vidal). No se trataba, por supuesto, de alguien previamente poderoso ni con influencia en la Curia.
El máximo jerarca vaticano alcanza ese grado tras la invocación cardenalicia al Espíritu Santo. A partir de ahí, su potestad es internamente reconocida como suprema. Pero la influencia y el poder externos también son conocidos, aunque no siempre bien valorados. Un bocado demasiado apetitoso para que almas ambiciosas renuncien a él.
Una renuncia preparada con tiempo
Nuestro mayor respeto hacia Joseph Ratzinger en cuanto persona. Hermano nuestro, a fin de cuentas, por nuestra común condición humana. Aquejado, sin duda, por problemas de salud en buena parte asociados a su ancianidad. Los cuales harían más fácil entender que cualquiera dejase un cargo como el suyo... Salvo si recordamos que el suyo es el de papa. Y que los papas suelen morir con la tiara puesta.
Parece que llevaba tiempo preparando el terreno. En un libro suyo de 2010 advertía que «si el Papa se da cuenta claramente de que ya no es física, psicológica y espiritualmente capaz de manejar los deberes de su cargo, entonces tiene el derecho, y bajo ciertas circunstancias la obligación, de renunciar». Palabras similares a las que usó para expresar su renuncia hace una semana, cuando aludió a su «incapacidad para cumplir adecuadamente el ministerio» debido al deterioro de su «fortaleza», en particular «la del cuerpo».
Hay, sin embargo, otro hecho que llama la atención. Hace ahora treinta años que fue reformado el Código de Derecho Canónico (promulgado el 25 de enero de 1983). Reinaba entonces Juan Pablo II. Para entonces Ratzinger llevaba más de un año como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la moderna “Santa Inquisición”). Mencionamos esto porque el nuevo Código, por primera vez, recoge la posibilidad de que un papa abandone el puesto: «Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie.» No sería el entonces papa, Wojtyla, quien pusiese en práctica esa opción (sabemos que la suya fue la opuesta). En aquel tiempo, no habría muchos que sospecharan que lo haría su sucesor, segundo de Juan Pablo II durante buena parte del reinado de este.
Especulaciones engañosas sobre los motivos del abandono
Los anteriores son datos interesantes. Por otra parte, pese a las especulaciones de los últimos días (o a otras que se remontan más atrás), no parece que estemos ante un papa políticamente débil, ni en el ámbito interno ni en el externo al Vaticano. Se habla mucho de los obstáculos que habría venido encontrando B16 en su supuesta lucha por la transparencia en los asuntos económicos vaticanos (ver p. ej.). Como «un pastor rodeado de lobos feroces», lo describe algún medio. El periodista Eric Frattini publicó el año pasado un libro, Los cuervos del Vaticano, que ofrecía la típica imagen de un papa rehén de las luchas intestinas de la Curia. Además se recuerda, una y otra vez, que B16 se habría empeñado en resolver al fin los escándalos de pederastia en el seno de la ICR. Con tal misión, llegó a afirmar que «las víctimas son nuestra prioridad». Afrontar ese problema le habría ocasionado cuando menos un importante desgaste personal.
Se nos pinta así a un Ratzinger que encarnaría a una especie de solitario luchador ante el peligro; incluso a un “Robin Hood de los papas”, defensor de la justicia y de los oprimidos. «Ha sido un Papa revolucionario y limpiador», afirma Frattini a raíz de la renuncia papal. No parece un aserto muy serio, viniendo de alguien que parece haber estudiado de cerca el presente y el pasado del Vaticano (véase su interesante libro La Santa Alianza, cinco siglos de espionaje vaticano). La imagen cuadra poco con la trayectoria conocida del personaje. Da a entender que, en sus siete años de reinado, B16 ha procurado arreglar cosas que otros antes no enfrentaron. El problema es que Ratzinger era uno de esos otros.
Recordemos que el todavía papa es desde hace no pocas décadas un hombre destacado de la ICR. Ya tuvo un papel activo en el Concilio Vaticano II (años sesenta). En 1977 fue nombrado cardenal por Pablo VI. En 1981, como hemos indicado, Juan Pablo II le designó “Gran Inquisidor” (cargo que ocuparía hasta 2005, cuando ascendió a “Romano Pontífice”). Luego le encargó la elaboración del Nuevo Catecismo, misión que cumplió entre 1986 y 1992. Suya es también la extensa declaración Dominus Iesus (2000), en la que con lenguaje estudiadamente “ecuménico” (?) se reafirma la tradicional doctrina romanista de que la ICR es la “única Iglesia de Cristo” en sentido estricto y se condena el relativismo tal como lo entiende esa entidad político-religiosa.
No hablamos de tareas triviales. Durante casi 24 años, Ratzinger fue percibido como el número dos del Vaticano. No es inusual que se afirme que él y Wojtyla eran «almas gemelas» (ver 1 y 2), e incluso ver al primero como “cerebro” del reinado del segundo (1, 2 y 3). Alguien así es difícilmente asimilable a esta afirmación que encontramos en una sinopsis del citado libro de Frattini: «No sabía entonces [al ser elegido papa] que, al igual que sus predecesores, iba a encontrarse con un hueso duro de roer: el IOR (Instituto para las Obras de Religión) o Banco Vaticano.» Se trataba más bien de un estrecho conocedor de los entresijos de la Curia Romana, en la que su Congregación para la Doctrina de la Fe ocupa un lugar prominente. Era un personaje que controlaba el aparato. Eso incluye, sin duda (es inconcebible lo contrario), estar al tanto de las enormes irregularidades asociadas a las finanzas vaticanas. Recordemos que además estas vienen de lejos y que, como documentó David Yallop en su libro En el nombre de Dios, le costaron la vida a Juan Pablo I, tras lo cual nunca se ha procedido a una limpieza a fondo dentro del Vaticano. Todo lo cual es imposible que no lo tuviera en cuenta B16 desde el comienzo de su reinado (desde mucho antes, en realidad).
Pero es que además quienes presentan a Ratzinger como ese “Robin Hood” no aducen nada concreto que haya hecho y que sea realmente revolucionario. Todo lo más, mencionan cuestiones menores como algún cambio de nombres al frente de la Banca Vaticana (¿poner a un directivo opusdeísta procedente del Banco Santander al frente del IOR, como hizo B16 en 2009, puede tranquilizar a quien espera que se acabe con el blanqueo de dinero?). Nada rompedor de verdad, como hubiera sido sacar todos los trapos sucios e investigar hasta el final todos los chanchullos ya denunciados de antiguo por Yallop y muchos otros. No ha habido nada ni remotamente comparable a eso. Más que de valentía, como han hablado tantos, ¿no se podría hablar como mínimo de cobardía? Máxime si al renunciar ni siquiera es capaz de proclamar que lo hace porque no le dejan otra opción.
Daniel Estulin, todo un “crítico” del Sistema (incluso del Vaticano), tampoco se ha quedado atrás a la hora de encomiar el gesto de renuncia papal. Atribuye esta a una «lucha a muerte entre la masonería y la fe católica» y añade que el Vaticano es «uno de los principales enemigos de algunas de las sociedades secretas más poderosas del mundo». Abona así la vieja idea victimista de que los masones odian a muerte a la ICR, tesis cultivada a menudo por los propios portavoces de esta (ver aquí un análisis basado en ejemplos aún recientes). Por supuesto, Estulin no ofrece la más mínima prueba de sus afirmaciones.
Al margen de ello, es conocido que la masonería vaticana constituye una de las corrientes de la Curia desde hace muchos años (otra, poderosa sobre todo desde Juan Pablo II, es el Opus Dei). El hecho está bien documentado en los libros de los “Discípulos de la Verdad” (etiqueta usada por autores que sin duda conocen esos ambientes por dentro) Mentiras y crímenes en el Vaticano y A la sombra del papa enfermo. Pero no sería tanto una corriente infiltrada como una tendencia perfectamente asimilada (o sea, que sus miembros serían tan vaticanos con todas las de la ley como los ajenos a la misma) y tenida en cuenta a la hora de llegar a consensos decisorios y electivos. De hecho, hay en tiempos cercanos antecedentes de dirigentes masones de la Curia vinculados al papa. Tal fue seguramente el caso del arzobispo y delincuente Marcinkus (ver 1, 2 y 3), por quien veló nada menos que el propio Wojtyla, el mismo que había nombrado al Opus “prelatura personal” suya.
No más creíble es la leyenda de B16 como “limpiador” de los escándalos de pederastia. Está sobradamente probado, pese a los esfuerzos censores de la ICR (reflejados p. ej. en la Wikipedia), que el propio Ratzinger, junto con JPII, se dedicó a encubrir tales casos, cumpliendo así el derecho canónico de la ICR. Especial interés tiene el artículo del filósofo y periodista italiano Paolo Flores d'Arcais, publicado hace escasos años, en el que resumía la responsabilidad de Wojtyla y Ratzinger en dicho encubrimiento, y además lo hacía citando (involuntarios) reconocimientos vaticanos (ver también). Una responsabilidad que requirió que Obama, el emperador, garantizase la inmunidad de B16 para que este no fuese llamado a declarar, al menos como testigo, por un tribunal estadounidense.
Primeras conclusiones
Con semejante currículum, B16 solo habría sido realmente “revolucionario y limpiador”, como lo pinta Frattini, si hubiera empezado por confesar sus propias culpas. Pero no lo hizo –¡aunque todavía está a tiempo!–, y tal omisión constituye la auténtica medida de su sinceridad en este asunto, así como una señal de hasta dónde está dispuesto a llegar el Vaticano en las reparaciones correspondientes (lo que no obsta para que se hayan pagado cuantiosas indemnizaciones, forzadas por la enorme magnitud adquirida por los escándalos). ¿De veras se ha priorizado a las víctimas?
Nuestras reflexiones previas delatan la superficialidad de muchos “análisis periodísticos” a la hora de enjuiciar a B16 en el ocaso de su reinado, así como al indagar en las claves de su renuncia al puesto. Esos textos parecen motivados más por una reverencia mal entendida que por el respeto a la verdad y la justicia. Aún hemos de ver, sin embargo, cuál puede ser la verdadera razón de la renuncia de Ratzinger. Lo haremos, Dios mediante, en la segunda y última parte de este artículo (donde habrá que hablar de la importancia de B16 en la política internacional de nuestros días; un factor sorprendentemente relegado –en el mejor de los casos– por los “análisis” susodichos).
20 Dic 2012
¿Qué fue del cristianismo? (I): Patética impostura
Más de dos décadas con la globalización “neoliberal”
arrasando, y el grueso del cristianismo nominal sigue de brazos cruzados (cuando no reforzándola activamente). Por eso, en medio de un mundo que se nos cae a pedacitos, y cuando ya tenemos encima la inevitable farsa navideña, no viene mal lanzar una mirada crítica a la cristiandad que la celebra. Se trata quizá de una tarea inexcusable para quien anhele recobrar el mensaje y la praxis auténticos.
(Nietzsche, El Anticristo)
«¡Qué bello el cristianismo, si no fuera por los cristianos!»
(atribuida a Gandhi)
«Separados de mí, nada podéis hacer.»
(Jesús de Nazaret a sus discípulos)
«Queremos atraer a la gente... y vamos a probar cualquier cosa que podamos para lograrlo», cuentan que declara el predicador de una iglesia bautista de Carolina del Norte (ver también). Lo dice para justificar los cursos de uso de armas de fuego que imparten, con la finalidad indicada, en el ámbito de su feligresía. No es el único caso de recurso a clases de tiro con propósitos “misioneros” en ese país tan acostumbrado a bendecir la violencia.
Es una aberración pero tiene sentido si se conoce el trasfondo. Basta pensar en cómo, desde hace más de cuatro décadas, muchos cristianos (¿cristianos?) de Estados Unidos aplauden el sionismo criminal incluso en el fragor de sus masacres. En sus delirios (anti)bíblicos, consideran que los éxitos del estado de “Israel”, aunque impliquen exterminios de palestinos, aproximarán la segunda venida de Cristo. Esperan el regreso del Maestro del Amor alentando el odio y el derramamiento de sangre de aquellos a quienes debieran considerar sus hermanos (¿no se lo enseñó el propio Maestro?). “Israel Will Live Forever”, proclaman en tono fanático las huestes de la llamada Christian Coalition. Su influencia, que es la de ese país tan grande como degenerado, se deja ver en muchos otros supuestos seguidores de Jesús, como los que en las páginas electrónicas de Fuerza Latina Cristiana dejan infames comentarios antipalestinos.
Conspiración contra la esperanza
Pero es lógico... Son ya muchos siglos desoyendo las advertencias del Maestro y de sus más fieles seguidores. Por ejemplo, la que previene contra la comunión con las tinieblas, incluidos los poderes establecidos (ver también).
Que no son tontos y se aprovechan... A mayor sintonía de una creencia con el íntimo sentir y latir del pueblo, mayor es también su valor instrumental en manos del Poder. Este, agudo sabueso de cualquier medio útil de dominación, verá en ella el chollo de su vida. Así se entiende que hasta la filosofía más liberadora pueda devenir la más atroz caricatura de sí misma, quedando casi por entero irreconocible (por desgracia, solo casi, pues justo en esa confusión radica finalmente el éxito del fraude). Con la complicidad, claro está, de tantos que se dicen cristianos, no ya sin serlo, sino en muchos casos sin saber siquiera en qué consiste...
La historia de Occidente es la de una maravillosa fe y estilo de vida tempranamente adulterados para anular su capacidad emancipatoria. Es la crónica, nunca contada del todo, de una triunfante conspiración contra la esperanza. Decisiva fue en la victoria de la impostura la “conversión” del emperador Constantino. Pero no sin la complacencia en ella de tantos cristianos que de ese modo, con la excusa de evitarse nuevas persecuciones, dejaban de ser fieles al Maestro para seguir al Poder, pensando que así lo conseguían. Entonces empezó el orden curial como prolongación de un Imperio Romano que, en realidad, nunca dejó de ser (véanse los históricos imperios “sacros”, “romanos” y “germánicos”, que llegan hasta el austrohúngaro y acaban de algún modo condensados en un diminuto pero poderoso estado actual). Muchos siglos después de la trampa constantiniana y de la puntilla de Justiniano a toda disidencia, se alzaría en muchos países de Europa una Reforma que vino a traer un respiro, ya favorecido por el preludio renacentista. El fenómeno tuvo efectos incontestablemente positivos para el avance europeo en todos los aspectos. Sin embargo, aliada con la corrupción antropológica, también entonces la inercia del Poder acabaría arruinando el proyecto. Buena parte de los cristianos reformados harían piña con los gobiernos nacionales una vez más con la excusa de la supervivencia (¡qué pronto olvidaron el reino de la fe!), y así degeneró también el grueso de la Reforma. A la cristiandad sustentadora de servidumbres y absolutismos feudales le sucedería el (pseudo)protestantismo cómplice y legitimador de un capitalismo cada vez más salvaje (y cada vez más aliado con el romanismo heredero de la cristiandad previa).
Con todo esto, ¿es raro que el “cristianismo” haya alumbrado cruzadas, inquisiciones, apartheids y “destinos manifiestos”? ¿Nos ha de extrañar que, también hoy mismo, bendiga más o menos solapadamente la voracidad financiera y belicista, a costa de los valores más genuinamente cristianos? (Pero, ¿no es esta una burla a Cristo quizá comparable a la que sufrió por parte de sus torturadores romanos?).
En esas estamos, máxime después de que fracasaran los experimentos reales de las ideologías que en mayor o menor medida “secularizaron” el cristianismo (i.e., trataron de aprovechar su potencial revolucionario sin someterse a sus valores esenciales): liberalismo, socialismo, fascismo..., vástagos todos ellos, más o menos bastardos, del etos bíblico. Víctimas hoy de una corriente equívocamente llamada “neoliberal” que es, no obstante, incapaz de contentar a las masas populares. En razón de lo cual la Elite que la impulsa se verá obligada a recurrir –ya lo hace– de nuevo a los resortes religiosos. Es decir, a manipular otra vez el cristianismo en su provecho. Algo que será cada vez más visible en los “países cristianos”.
¿Países cristianos, decimos? ¡No cabe un oxímoron más descarado! Al menos, y eso parece no tener remedio, mientras se caractericen de facto por unos valores tan opuestos a los del Maestro de Nazaret, pues fundan su estabilidad como tales (y, por tanto, su esencia y aun su existencia) en la dominación humana sobre humanos.
Cristianismo de traje y corbata
Hace ya más de veinte años que empezó la fase irrestricta del capitalismo, ha pasado más de una década desde el brutalmente engañoso 11-S, llevamos ya un lustro de “crisis” económica para gozo y disfrute de la Elite Global... ¡y el grueso de los “cristianos” calla! Lejos de acudir al grito de los cada vez más numerosos dolientes, siguen con su pasiva inercia de siglos, evitando proferir una palabra más alta que otra, procurando no enfrentarse nunca con el Sistema-Imperio (“Somos gente de paz”, te explicarán) mientras dicen amén a sus guerras, comprenden las recetas para “salir de la crisis”, y cohonestan el odio prefabricado al infiel (vía islamofobia) o a los “demonios” de usar y tirar (Hamás, Gadafi, Asad...). En su burbuja burguesona o burguesita, muchos de ellos, los más furiosos, continúan maldiciendo al ateo y al “laicista” (a pesar de Romanos 2: 14-16) a la vez que se olvidan del pobre, del maltratado sin nombre, del afgano, del libio, del congoleño, del palestino... ¿Dónde quedó el clamor del profeta Isaías a «romper todo yugo»? ¿Dónde, las diatribas del apóstol Santiago contra los ricos injustos que roban «el jornal de los obreros» mientras viven «en deleites sobre la tierra»? ¿Dónde, las propias llamadas del Maestro a hacer nuestra la suerte del débil y a llevar adelante su programa profundamente liberador en todos los terrenos (ver también)?
Han dejado esa lucha, que apenas si se plantean, sobre las espaldas de los denostados “antisistema” (15-M en España, indignados griegos, Occupy Wall Street...), o de reductos inconformistas no menos “laicos” en cuyas exiguas manos quedan las causas más subversivas. ¡¡¡Más de veinte años sin haber dado testimonio!!! (Y eso, porque empezamos a contar desde la Caída del Muro...).
Son (¿somos?) gente de orden. Cristianos de traje y corbata capaces de avergonzar a Juan el Bautista y al propio Jesús. En el “mejor” de los casos, cristianistas más que cristianos. Que han (¿que hemos?) convertido la cruz en crucifijo, la fe en mercadería, y a Cristo en un idiota mansurrón (pero no el Mishkin de Dostoyevski). Cristianos ateos, como diría el teólogo Alaiz, que no se dan cuenta de cuánto podrían aprender de los ateos cristianos.
Pseudocristianos que ignoran (¿ignoramos?) que el cristianismo SÍ era para cambiar el mundo (ver 1 y 2). Y que su Fundador lo acabará haciendo con ellos o sin ellos.
Y aun así el Sol sigue brillando...
Antes de terminar, subrayemos un interesante fenómeno que podría hacer pensar a más de uno (en este caso, sobre todo del ámbito de los no creyentes). Esos chiflados de las armas de los que hablábamos al principio son noticia, incluso en medios laicos, precisamente porque su actitud choca con el cristianismo que profesan. Lo mismo cabe decir, aunque la prensa no lo resalte tanto, de la indiferencia o la molicie de ciertos ricachos cristianos, y de la brutalidad o el cinismo de gobernantes autodeclarados creyentes (Obama, Bush, Aznar, Rajoy, Blair, Merkel, De Cospedal, Ratzinger..., todos ellos profesan serlo). Aun al menos religioso –o quizás a él más que a nadie–, a poco que lo piense, le llamará la atención tamaño contraste entre conductas y creencias.
¿Qué tendrán las últimas –a quién– que sus más siniestros “representantes” no logran empañarlas del todo? ¿A qué se debe que, pese a tanta dejación e hipocresía acumuladas, todavía su espíritu proteste contra la incoherencia? ¿Cómo es posible, incluso, que aún podamos seguir hablando de incoherencia, en lugar de haber quedado sepultada la sola evidencia de esta bajo los escombros de tantísimas prácticas negadoras de la rectitud cristiana?
Siglos y siglos de destrozo del cristianismo a cargo de los “cristianos” no han logrado borrar del todo su esencia. No han conseguido que el Sol deje de brillar. A despecho del pésimo ejemplo, se mantiene el contraste entre Cristo y los “cristianos”... ¡Sigue vivo el Modelo! Debiera hacer reflexionar.
Merecerá la pena ahondar en este asunto en sucesivas entregas. Tanto para seguir exponiendo ese contraste, como para promover la recuperación de esa esencia y de esa coherencia hoy apenas perceptible...
22 Jul 2012
25 puntos acerca del futuro que nos aguarda
Nota previa: Las líneas siguientes no tienen esta vez un propósito analítico-demostrativo (para eso están muchos otros textos del blog). Se proponen más bien ofrecer un esquema, mínimamente razonado, que pueda aplicarse a la comprensión de lo que está ocurriendo y servir además de base para la acción. Por desgracia, el tiempo ya nos ha dado la razón en el pasado (ver p. ej. 1, 2, 3, 4, 5 y 6), de modo que esta exposición quizá merezca, de partida, un buen grado de credibilidad.
(Jesús de Nazaret)
Aquel edificio no era la octava maravilla del mundo, pero era funcional, resultaba grato a la vista y se estaba calentito dentro. Con el tiempo, algunos puntos de la fachada se desconcharon, otras partes se agrietaron y proliferaban las averías en su interior. No obstante, todos se mostraban de acuerdo en que el inmueble seguía sólido y resistiría con unos mínimos arreglos y reformas. Así, llegaron los técnicos y se pusieron a la tarea. A partir de entonces, solo a partir de entonces, el edificio empezó a parecer feo, deslucido y precario. En los días siguientes, muchos comentamos con alarma que parecía tambalearse; algunos, con fuerte clamor, advirtieron que lo que hacían
aquellos operarios era demolerlo. Solo cuando ya era demasiado tarde la mayoría comprendimos al fin que la estructura entera del edificio se estaba viniendo abajo...
Los 25 puntos
1. Lo de España y buena parte del mundo no es una crisis económica de esas que de cuando en cuando resultan “inevitables”.
2. Tampoco se limita a ser, aunque haya mucho de eso, el resultado de las contradicciones internas de la economía capitalista.
3. Ni siquiera se trata de una mera estafa. España es, como Grecia, un país laboratorio de algo más grande.
4. Ya hemos tenido ocasión de contemplar la misma dinámica varias veces (véase la [pen]última): recortes para calmar a los mercados, mercados que no se calman.
5. Cada vez que hay expectativas de mejora más o menos realistas (brotes verdes en la actividad económica, nueva tanda de recortes a gusto de los mercados, concesión de “rescates”...), los órganos de la Elite corren a segarlas.
6. Así, las agencias de rating rebajan sus calificaciones, los responsables del FMI (y/o de la OCDE, del BCE...) destapan la caja de los truenos, los medios sistémicos recurren a gruesos titulares y hasta el propio gobierno emplea un lenguaje aterrador («No hay dinero», afirma Montoro; situación «insostenible», remacha García-Margallo).
7. El efecto logrado es una cada vez mayor retracción de los inversores, con sucesivas plusmarcas de la prima de riesgo y del rendimiento del bono, y con el constante agravamiento de la trampa de la deuda.
8. Frente a todo esto, no hay ni siquiera derecho al pataleo: la tan brutal como recurrente represión de los manifestantes pacíficos debería dar que pensar. Ha de haber algún plan detrás (y no es precisamente una “vuelta al franquismo”).
9. El escándalo ante su brutalidad, lejos de desarmarlos, parece estimularlos cada día más: en lugar de perseguir a los policías y a los manifestantes violentos, dejando en paz a los demás, diseñan nuevas leyes para restringir el derecho de reunión y manifestación.
10. ¿Por qué se sienten tan seguros y tan fuertes? ¿Por qué parece que no les tiembla el pulso a la hora de ejecutar fechorías cada vez mayores?
11. Porque están respaldados por los grandes Poderes
Globales, sus Amos. Los obedientes políticos no son fanáticos. Son esbirros que, eso sí, esperan su recompensa (ejemplos: 1 y 2).
12. De manera implacable, acumulan recorte sobre recorte (hachazo sobre hachazo), y represión sobre represión...
13. Además, ya con anterioridad a todo esto, los señores del Poder nos vienen aterrorizando de otras formas, como supuestas pandemias (gripe aviar, gripe porcina), proclamadas con las más aviesas intenciones sin que el pueblo parezca molestarse en preguntarse cuáles son estas.
14. O bien, por medio de brutales atentados (11-S, 11-M, 7-J, Breivik, Merah...) con serio aspecto de bandera falsa y/o con infinidad de detalles que no encajan.
15. Con tanto estímulo negativo, y sin dejar de entretenernos con otro tipo de espectáculos (sobre todo deportivos), consiguen: 1. Que no demos abasto. 2. Meternos el miedo en el cuerpo ante una conducta tan psicopática.
16. Los recortes no solo destruirán el estado del bienestar. Buscan también, como objetivo ya próximo, la integración política básica en instancias supranacionales.
17. Como, pese a todo, buena parte del pueblo reacciona ante la creciente desesperación social provocada, necesitarán aplicar un nuevo shock para frenarlo y desmoralizarlo quizá ya de manera decisiva. Algún evento multitudinario (¿los próximos Juegos de Londres, para los que han instalado misiles en los tejados?) o quizás algún otro objetivo ultrasensible (¿un parlamento, el Vaticano...?), sin descartar una masacre represiva abierta con puro afán intimidatorio, pueden ser opciones para asestar el golpe definitivo.
18. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar en su implacable determinación? Recordemos los dos extremos de la época presente: el 11-S, su comienzo; y la atroz guerra contra Siria, la otra punta hasta el momento (guerra a la que han conseguido dar un carácter secreto y cuyas víctimas se anotan siempre a la cuenta de Asad). Basten ambos para hacerse una idea de la diabólica ferocidad puesta al servicio de su afán de poder.
19. Una vez que caiga Siria, Irán no tardará en hacerlo seguidamente. Entonces los Amos, ya con menos (supuestos) enemigos realmente significativos a los que acusar de violaciones de los derechos humanos, podrán concentrarse ellos mismos en el ataque abierto a los derechos de las propias poblaciones occidentales.
20. Pero el ánimo guerrerista no parará ahí, pues seguirán necesitando “enemigos” para completar la implantación de su régimen global y, después, para mantenerlo férreamente. Recordemos que el “estado de guerra”, por ejemplo mediante la ley marcial, es una excusa perfecta para recortar libertades.
21. Por eso –también por eso– denunciar las guerras de agresión es tan importante, dado su nexo con las libertades de Occidente.
22. Los Amos que guerrean contra pueblos islámicos son los mismos Amos que diseñan “crisis económicas”. Los mismos Amos que hunden el mundo a capricho llenos de poder y violencia.
23. Los Amos lo quieren TODO. Por eso siembran el caos planetario. Un caos controlado pero bestial. Un caos del que emergerá, en parte porque el pueblo mismo –víctima del terror– lo pedirá, el Nuevo Orden Mundial.
24. El Gran Tapado no tardará ya mucho en destaparse. Seguramente mostrará una faz mucho más humanista y social que la de los (demás) prebostes políticos y económicos (p. ej., aprovechando que en estos tiempos de “crisis” se amenaza el descanso laboral, sus agentes ya han empezado a reivindicar el domingo: ver 1 y 2; se anuncia además que dentro de unos meses ofrecerá una «reflexión ética sobre [...] la crisis económica y financiera» ).
25. El objetivo de toda esta gente, ya acariciado, es la implantación de un gobierno mundial. Por supuesto, totalitario.
13 Jul 2012
España 2012: La Ley de la Porra
No es fácil encontrar el tono más adecuado para hablar de hechos tan duros y próximos. Se ha de evitar siempre dejarse arrastrar por la mala sangre. Pero a la vez, no solo el “cuerpo”, hasta la misma razón nos pide gritar que hemos iniciado un camino sin retorno (como si, paradójicamente, creyésemos que así pudiera evitarse que lo sea). Grito que en realidad llevábamos años profiriendo a modo de advertencia, y ahora ya es demasiado tarde...

Cuando Mariano Rajoy deje el gobierno es probable que disfrute, como sus antecesores, del correspondiente asiento en el Consejo de Administración de una gran empresa agradecida por los servicios prestados. Se beneficiará asimismo de las demás prebendas que el estado les ofrece (sueldo y chófer vitalicios, un puesto en el Consejo de Estado...) y, por si todo eso no bastara, seguro que impartirá plomizas conferencias generosamente retribuidas.
Será el premio por haber consumado tremendos ataques a su propio pueblo, y en particular a los más débiles. Con salvajes recortes –que todavía no han hecho más que empezar–, brutal represión y muy posiblemente muertos. Por haber hecho retroceder nuestro país a tiempos dickensianos. Será también una prueba más de que los políticos que deberían servirnos se han convertido en algunos de los agentes más nocivos para el conjunto del cuerpo social.
La extraña furia del Poder
Tras la bárbara represión de estos últimos días contra muchos ciudadanos que ejercían pacíficamente su derecho a protestar, cabe preguntarse si no habrá que acuñar la expresión “terrorismo policial”. No parece exagerado. Fueron muchos cientos los que corrieron delante de la policía. No pocos de ellos resultaron aporreados, chuleados, caídos en el suelo, víctimas de ataques de pánico o ansiedad... y en todo caso, aterrorizados.
Me centraré especialmente, por haberla vivido en gran parte, en la movilización de apoyo a los mineros del pasado miércoles por la tarde-noche en Madrid (quizá no se dieron en ella los hechos más graves de estos días, con ser gravísimos, pero resultan aleccionadores). La marcha de más de dos horas discurrió en calma, la cual se mantuvo hasta cerca de las diez ya en la Puerta del Sol. Eso sí, con el lógico cabreo frente a este gobierno del Partido Antipopular que ese mismo día había vuelto a sacrificar otras importantes porciones del bienestar de la gente en el altar de los “mercados”.
Y entonces empezó la locura... Hay que preguntarse hasta el final quiénes eran esos tipos tan atléticos con pañuelos en la cara que lanzaron las bengalas y tumbaron los contenedores de basura. A fe que no los habíamos visto hasta ese momento. Hay que explicar por qué tenían tanto espacio físico para actuar. Por qué los antidisturbios tardaron en torno a un cuarto de hora en empezar a cargar desde que se pusieron los cascos. Por qué, si hay tantas fotografías y vídeos en los que se ve claramente a los lanzadores, en lugar de detenerlos a ellos, los agentes dispersaron, golpearon y detuvieron a muchos de los que pillaban por delante y que se limitaban a escapar de esa persecución enloquecida.
Por qué, en resumidas cuentas, la emprenden contra pacíficos manifestantes (y no es la primera vez, ni la segunda, ni la tercera...) que ejercen derechos cívicos, y por qué cuando estos salen corriendo, los supuestos servidores del orden público van detrás de ellos a asustarlos y vejarlos.
Aunque sus víctimas no fueran más que niños, o poco más, como los que en Callao asistían a un evento comercial que nada tenía que ver con la manifestación, pero que se quedaron atónitos ante el espectáculo de violencia gratuita, protestaron por ello y sufrieron las consecuencias. A ellos y a los demás congregados les dice David, en nombre de los manifestantes que venían huyendo de Sol (reproducimos sus palabras tal cual las dejó escritas):
«Con todo mi respeto a la gente que estabais allí... ¿qué pensáis, que la gente que estaba en Sol y venía corriendo había hecho algo? No. Estaban igual de tranquilos como vosotros. Decís que os pilló en medio. Siento deciros que ya estáis en medio. Todos los días. No penséis que vuestros derechos van a ser respetados por levantar las manos y decir “yo no he hecho nada”. Mi consejo, desde la más profunda honestidad: cuando los veáis venir, haced lo que queráis, pero no os quedéis parados. Os van a hacer mucho más daño. Dejad de pensar que “si no he hecho nada, no me pegan”. Siempre pegan después del primer grito de “fuera”... Algunas veces, incluso antes. Cuidaros.»
Antes o después “acabaremos heridos o detenidos”
No menos interesante resulta el testimonio que nos ha hecho llegar otra persona cuyo pacifismo nos consta sin sombra de duda. Es un documento que brota de las entrañas del pueblo y refleja cómo el Poder consigue meter el terror en el cuerpo mediante sus bravos “acorazados”, como los llama la autora. Lo reproducimos a continuación, también literalmente:
«Hola. Hoy me he despertado sin despertador de susto y creo que aún me duraba el ataque de pánico que tuve ayer. He desayunado y me he duchado sin poder parar de llorar.
»No te preguntes por qué siguieron cargando después. Están locos, disfrutan y encima no se deben sentir responsables porque solo acatan órdenes.
»Ayer se vio claramente cómo las reciben. Estábamos felizmente en Sol, de risas, y de repente les vimos cómo se ponían los cascos. Ingenuos de nosotros, pensábamos que era imposible que cargaran porque había demasiada gente. A los 15 minutos empezó el terror.
»De repente una masa de gente empezó a correr hacia Preciados, les seguimos sin saber por qué y más que nada porque no nos arrollara la masa. Pasado este “momento pánico” paramos y acordamos no separarnos (íbamos unos 8).
»De repente otra masa de gente vino corriendo y ahí ya nos dispersamos todos. Yo solo veía a X. protegiéndome en todo momento y yo con la histeria desatada. Corríamos hacia Preciados, pero nos encontramos que venían por la derecha y por la izquierda y que enfrente teníamos una pared, así que X. pensó que la única opción era aplastarnos en la pared y esperar a que pasaran los porrazos.
»A mí no me pasó nada porque X. me cubrió. Y tuvo suerte, porque el policía que le pegó a él, en ese momento no le apeteció pegarle más y prefirió ir a por cualquier otro. Alrededor había muchísima gente tirada en el suelo siendo aporreada.
»En cuanto pasó el “momento porra” [sufrido por nosotros], echamos a correr despavoridos. Había terracitas con gente tomando algo, y ellos también fueron afectados por nuestras carreras y por los porrazos.
»En un momento dado, vimos a un hombre de cerca de 60 años tirado en el suelo boca arriba que no se podía levantar (se debía de haber tropezado con una valla separadora de terrazas). Nadie nos paramos a ayudarle.
»Nos tuvimos que meter al Corte Inglés de Callao porque seguían persiguiéndonos. Allí dentro hasta los dependientes estaban nerviosos. Al salir vimos llamas en Preciados.
»Pensamos reunirnos con el resto de gente en Callao, pero menos mal que X. dijo que mejor reunirnos al otro lado de Gran Vía. Al rato vimos que acertamos porque por Gran Vía subía gente corriendo aterrorizada, gente que incluso cruzaba la calle sin mirar (supongo que en ese momento es mejor que te pille un coche a que te lleven detenido).
»Ya tengo claro que X., o yo, o alguien cercano acabaremos detenidos o heridos. Y que ayer tuvimos mucha suerte para lo que pudo haber pasado. Total, X. solo tiene unas marcas rojas en el culo. Y bueno, de los nueve que íbamos, aporrearon solo a tres.
»Parece ser que el radio de acción fue Sol, Callao, Jacinto Benavente... y que recibieron órdenes fue claro, porque desde que les vimos ponerse los cascos hasta que actuaron pasaron unos 15 minutos. Hay una versión que dice que alguien les lanzó una bengala, y que antes de que les llegaran, actuaron. Imposible. No creo que una bengala tarde 15 minutos en aterrizar.
»¿Los contenedores quemados...? No me cuadran los tiempos. No sé cuánto se tarda en quemar un contenedor, pero lo único que vi fue gente huyendo, y al rezagado (bueno, y al resto), le aporreaban, así que dudo que haya tantas casualidades como para que alguien se quede rezagado, consiga zafarse de los “acorazados”, tenga en mente hacer un fuego y consiga hacerlo. Y todo eso a tal velocidad.
»A todo esto, me resulta curiosísima mi reacción. El año pasado cuando me vi envuelta en los conflictos de la JMJ [en los cuales sufrió una agresión policial], mi reacción fue de sangre fría total. Todo lo contrario a ayer, que me dejé llevar por el pánico más absoluto.
»¿Será que ya han conseguido aterrorizarme y tengo aún más miedo del que creo? ¿O que al ir sola [entonces] saqué más fuerzas sabiendo que no tendría a nadie que me protegiera?
»¿Y qué dices que no sabrías cómo reaccionarías si vieras que pegan a alguien? Ja, ayer no te hubiera dado tiempo a reaccionar. Solo a correr y correr...»
Luego, fiel a su costumbre, la delegada del gobierno bendijo esa actuación policial. ¿Apología del terrorismo? Pero no veréis ningún diario masivo que condene todo esto y exija responsabilidades hasta el final. No en vano son medios del Régimen.
Dudo mucho que ni siquiera la mayoría de los votantes del Partido Antipopular, el ala más monolítica del nefasto PPSOE, puedan corear la bendición de esa señora. Pero esto no es algo aislado ya. Nos hallamos ante un proceder sistemático. Ante un plan. Ante una dictadura englobada en el Nuevo Orden Globalitario. Hace ya casi un año que advertíamos sobre ello y, desde entonces, los casos no han hecho sino multiplicarse. Como en las más feroces tiranías, se trata de intimidar al pueblo para que no salga a la calle a defender sus derechos. Esto es muy grave.
Cuando se vaya Rajoy...
Sí, ya lo decíamos, cuando se vaya Rajoy con su macabro saldo detrás, previsiblemente gozará del ya clásico retiro dorado de un presidente. No es descartable que la Elite le agradezca de manera muy especial haber sido firme en la aplicación de la Ley de la Porra.
Pero, frente a lo que algunos pudieran pensar, la victoria de todos estos vividores a costa de la miseria ajena será pírrica. Un día llegará en el que tendrán que dar cuentas por lo que hicieron, salvo que previamente hayan sido capaces de rectificar sus caminos (ver también).
05 Jul 2012
De “la Roja” a la eternidad...
Llamadme “aguafiestas”, pero antes dejadme plantearos una cuestión... De acuerdo, los chicos de la selección son grandes jugadores y lo ganan todo, incluso dinero a espuertas. Pero, ¿es necesario que además los adoremos?
Los usos lingüísticos delatan la creciente vacuidad ideológica. Hace ya años que 'PC', en su acepción más común, dejó de significar “Partido Comunista” y designa el cacharro con el que usualmente escribimos, leemos y hasta vemos la tele.
En tiempos más recientes ocurre algo similar con “la Roja”. La etiqueta no señala a ninguna dama o corriente izquierdista sino a un grupo de encumbrados ricachos ante los que el pueblo se prosterna por sus habilidades con una grácil esfera rodante. La
ironía es aún mayor en plena “crisis”, la más grave que recordamos: sus terribles efectos no logran atenuar el fervor idolátrico de las masas por unos cuantos mortales. Más bien lo exacerban, como ya habíamos constatado otras veces.
Tal conducta es comprensible además de respetable. De suyo, los humanos son sujetos carentes que anhelan ser felices. Si no lo consiguen de manera auténtica, recurren a sucedáneos. Si la vida les niega triunfos personales, se proyectan en héroes con los que se identifican. Y si el presente y el futuro muestran su cara más sombría, corren en cuanto pueden a ahogar sus penas en la embriaguez colectiva que el éxito de otros les procura. Prorrumpe entonces el espíritu de fiesta. Repentinamente jubiloso, el pueblo se entrega a una desinhibición –y se toma unas licencias– que habitualmente ni se plantea, pero que en estos casos sabe que se le toleran.
Al Poder esto le viene de perlas. Ni siquiera necesita conspirar (demasiado) para que la gente reaccione de ese modo. El capitalismo avanzado –postindustrial, posmoderno y neorreligioso– es experto en cubrir necesidades ficticias que previamente ha creado no tanto con afán de control social como de lucro. En su día vio una gigantesca oportunidad de negocio en el júrgol, espectáculo que explota a la vez nuestra naturaleza lúdico-competitiva y el gregarismo que suele acompañarla. Y si encima se combina con esa noble variante del espíritu gregario, el patriot(er)ismo, miel sobre hojuelas. Así que el Poder, aunque sea conspirador per se, más que urdir el circo jurgolero se “limita” a aprovecharlo y exprimirlo al máximo.
Autoengaño colectivo
El susodicho capitalismo progresa imparable. En la rica y hermosa ciudad de Praga es hoy de lo más común ver a indigentes –en su gran mayoría de aspecto europeo– escarbando en las numerosas papeleras urbanas. Lo hacen sin pudor aparente, quizá como síntoma de la extensión del fenómeno. Los turistas pueden toparse con ellos lo mismo en la Plaza de la Ciudad Vieja que en la de Wenceslao o a las orillas del Moldava. Pueden verlos rescatando el cantero de un bocadillo babeado o una botella de plástico a la que solo le queda un traguito de refresco. Y uno, aun desprovisto de vanas nostalgias, se pregunta si ocurría igual cuando 'PC' todavía quería decir Partido Comunista.
Pero la costumbre no es solo praguense. En España, el glorioso país de “la Roja”, también va a más. Con su propia variante, pues en principio se trata de buscar en los contenedores de basura no tanto restos, sino comida en buen estado, a menudo incluso envasada, pero desechada por vecinos o comercios de alimentación. En muchos casos, como una labor solidaria con los más necesitados. Pero tampoco es raro ver a personas sin hogar, españolas ya con frecuencia, metiendo la cabeza en un cubo en busca de lo que sea.
... Y en esto llegó la victoria, el 4-0, la segunda Eurocopa, nuestro ya famoso triplete. El mérito está ahí. La triunfante
“España” de Del Bosque ha conseguido, siquiera por unos días, suplantar a la España real, tan mediocre y humillada por los mercados y el Poder. Es como si una checa paupérrima o un español hambriento hurgase en la basura buscando alimentos y de repente se encontrase banqueteando en el restaurante del Ritz. Luego, claro está, el batacazo con la realidad dolerá aún más, pero entretanto –ya lo dice el sabio refrán pagano–, “que nos quiten lo bailado”.
Pero es que además son muchos los que ven, quieren ver, algo mágico y trascendente en las gestas de “la Roja”. O si se prefiere, algo religioso. Un elemento que les permite confiar en la reiteración de esas gestas en el tiempo y más allá de lo deportivo. Da igual que estos creyentes sean carcas (neo)confesionales que progres-de-toda-la-vida. Unos y otros, súbitamente, se llenan la boca hablando de la “eternidad” (ver también).
Es, claro, una religiosidad profundamente pagana. Un panteísmo “humano, demasiado humano” epidérmico y autocontemplativo que busca la fusión mística, dionisiacamente beoda, en el Todo capaz de conjurar nuestros muchos y graves problemas. «España entera se va de borrachera», grita una alegre moza en representación de esta patria unida, feliz y borracha... de un gozo (¿o un goce?) efímero que aspira a trascenderse y durar. «Somos únicos, somos los mejores, con huevos», proclama con su puntillo zafio Sergio Ramos.
Ya no importa tanto que la aterradora prima de riesgo vuelva a subir, como de hecho está ocurriendo. O que las otras primas, las de los diosecillos de “la Roja”, resulten obscenas (aunque para completar la imagen beatífica de los tales, tan bondadosos ellos, ¡qué idílico sería que las destinasen a fines sociales!). O que las historias de desahucios resulten cada vez más sangrantes (con represión estilo Pinochet) y los rudos mineros, a la desesperada, protagonicen lo que más bien parecen escenas bélicas. España, a través de “la Roja”, se ha demostrado a sí misma que puede superar los más elevados retos. La maldita “crisis” también será vencida. ¿Que no todos somos genios en lo nuestro, mucho menos en finanzas, como lo son en lo suyo esos ídolos del balón...? De acuerdo, pero lo importante es la efusión de autoestima que nos ha caído del Olimpo jurgolero, aunque en el fondo –¡qué paradójico es todo!– la sepamos efímera.
Pues, a poco que lo piensen incluso los menos dados a pensar, todo es mentira. Y el autoengaño, un autoengaño consciente (a ratos, claro), socorrida pose del que sufre con resignación pero sin dejar de anhelar ese golpe de suerte que le saque del pozo. Ya solo queda, para quien tan baqueteado se encuentra, la vocación eudaimónica resumida en el instintivo “¡Ojalá!”, pero que se agarra a un clavo ardiendo para realizarse. Aunque ese clavo sea el más inverosímil de los simulacros.
El Poder no ignora eso y lo alienta. A los millares que se congregaron junto a la diosa Cibeles el domingo, por ruidosos y excesivos que fueran, los mimó como una tierna madre a sus hijos. Allí estaban las mangueras de los bomberos para refrescar al gentío bajo el duro sol español. Nada de gases lacrimógenos, ni de arbitrarias cargas de los antidisturbios tan adictos al porrazo y a las pelotas de goma. Los escasos detenidos por provocar altercados fueron rápidamente puestos en libertad (¿o se trata solo de sucias insinuaciones de los independentistas catalanes...?). Y el cava, corriendo a discreción, de manera que la ebriedad llegase a ser literal: empezando por las deidades jurgoleras, principales homenajeadas en el magno evento patrio.
¿Y todo para esto?
El ser humano es intrínsecamente contradictorio (aunque eso no le exima del deber de coherencia). Conscientes de ello, no es cuestión de condenar a los que ayer protestaron contra el Poder y hoy se embriagan con “la Roja”. Ni siquiera a los que se limitan a lo segundo. Todos somos débiles, sea cual sea el modo en que lo manifestemos. Pero eso no hace menos necesaria la reflexión acerca de estos fenómenos. Lo que está en juego no es un campeonato de fútbol sino nuestro futuro tanto social como individual.
Sobre esta base, cabe preguntarse para qué sirvieron las lecciones de la historia... A menudo se afirma que las últimas generaciones en España son las mejor formadas de todos los tiempos. No entraremos en ese debate. Aunque fuera cierto, aunque a los mayores índices de titulación universitaria se sumase una sólida formación académica, es harto dudoso que eso garantizase el progreso genuino. La cultura, la educación, el bagaje técnico son útiles pero no suficientes –ni siquiera estrictamente necesarios– para asegurar una visión saludablemente crítica. El ser humano puede ser tan culto y preparado como se quiera pero eso no bastará jamás para redimirlo. Estos días hemos tenido ocasión de comprobar, una vez más, cómo innumerables tertulianos, comentaristas y otros sesudos analistas con currículum aparte de labia se entusiasmaban hasta el absurdo más pueril con los éxitos jurgoleros. No podían ser menos, claro. A fin de cuentas, son básicamente los mismos “líderes de opinión” que día sí, día también bendicen, por acción u omisión, los desmanes del Poder (¿cuántas veces has escuchado a alguno de ellos denunciar el mito del 11-S, condenar sin paliativos las presentes guerras imperiales, o cuestionar como se merece la gestión política de la estafa a la que se empeñan en llamar “crisis”?).
Pero entonces, insisto, ¿para qué sirvió la historia? ¿Para qué sirve conocerla? ¿Qué utilidad tiene citar una y otra vez el “pan y circo” que agudamente denunciara Juvenal hace casi veinte siglos? Si ahora resulta que el esquema se repite (¡incluso cada vez más limitado al “circo”!), ¿dónde está el progreso real logrado en todo este tiempo? ¿Qué fue de la raza humana?
Si a nuestros congéneres, cultos y todo, les sigue fascinando lo más superficial; si la mayoría de ellos babean, o asienten, ante los éxitos de Nadal y de “La Roja”, o siguen prestando atención a asuntos tan necios como el Festival de Eurovisión o los Carnavales de Río, ¿para qué han servido la Modernidad, la Ilustración, la universalización de la enseñanza y la ya secular apología de la lectura?
Si seguimos bendiciendo las guerras presentes, ¿para qué nos sirve conocer las atroces guerras de la historia, incluidas las dos contiendas mundiales del siglo XX, que no cesamos de lamentar e incluso condenar? ¿Qué hemos aprendido de Gandhi y de Martin Luther King, a quienes a menudo decimos admirar?
¿De qué nos sirvieron El Quijote y sus tan claras como atinadas lecciones sobre la condición humana si seguimos cediendo a nuestros más sanchopancescos instintos?
Seamos marxistas o no, ¿de qué nos sirvió El capital que certeramente describe la aguda tendencia del capitalismo a las crisis? O incluso –tranquilos, señores/as liberales–, ¿de qué nos sirvió Adam Smith, el economista y filósofo moral que advertía contra la colusión de los comerciantes? (Sí, pueden tranquilizarse ustedes también, señoras/es socialistas).
¿Para qué los sublimes cantos a la alegría y a la libertad de la Novena Sinfonía si a fin de cuentas preferimos ser esclavos y estar tristes?
¿Para qué ensalzar tanto a viejos luchadores por la libertad y condenar tantísimo pasados genocidios si en el presente consentimos holocaustos tan sistemáticos como el del pueblo palestino?
¿Para qué citar profusamente a Orwell, o a Kafka, si a la hora de la verdad aplaudimos de facto los manejos y manipulaciones del Poder, por falaces o absurdos que sean, mostrándonos ciegos ante su evidente obsesión totalitaria?
Vale, no todos conocen igual de bien a estos autores, héroes y obras, pero cabría esperar (¿o no?) que los más cultos, y por tanto más sensibles (?), resultasen lo bastante influyentes en el resto como para ejercer de líderes sociales positivos... Un auténtico baluarte frente a ataques de infantilización colectiva como el que, Eurocopa mediante, estos días hemos sufrido.
¿Será que nuestro supremo horizonte civilizatorio se resume de veras en el “tiqui-taca para la eternidad”? ¿Radica tal vez ahí la estrategia que nos llevará al fin de las injusticias y el sufrimiento humano?
“¡Cállate ya, aguafiestas!”, le oigo decirme a más de uno.
Está bien, ya me callo. Aunque no hagan falta los aguafiestas porque la realidad se basta para aguároslas. Pero antes dejadme deciros que, mientras vivamos, siempre nos quedará un camino de dignidad y esperanza reales, superior a todos los demás porque es el único que conjuga la sed de justicia con la capacidad para implantarla.
¿Que no te interesa ese camino?
¿Que estás a gusto con tu “Roja” y con tu vida?
¿Que te deje en paz de una vez...?
Pues ya sabes: “Italiano el que no bote” y “Yo soy español, español, español...”
23 Jun 2012
Julio Anguita: Por un Frente Cívico que defienda a la mayoría oprimida
No somos dados a loar mucho a simples mortales. Nuestro modelo y fuente suprema de inspiración es otro. Estimamos, sin embargo, la humana ejemplaridad. Como esa que, con una coherencia a prueba del tiempo, no ceja en la defensa de la dignidad. Y nos congratulamos cuando vemos
esos valores reflejados en un raro personaje público que rompe moldes. Para vergüenza, si la tuvieran, de la inmensa mayoría de los demás.
Julio Anguita ha decidido dar un nuevo paso al frente. Veterano luchador, alma sensible y profunda, lleva años horrorizado ante la deriva del mundo y en particular de España. Como tantas veces en el pasado (no a la corrupción felipista, juicio al belicista Aznar, contra la dictadura de los “mercados”...), vuelve a alzar su voz para reclamar justicia y acción en este país dominado por la pasividad de los muchos y la hiperactividad de los más aprovechados.
Y así, frente a la mediocridad política y moral exhibida por sus compañeros andaluces de IU, que subieron electoralmente protestando contra los recortes sociales y están dispuestos a practicarlos ahora, él sigue adelante caiga quien caiga (aunque fuera él mismo). Con la cruda lucidez de quien se entrega a una misión fraternal y está por encima de arribismos, demagogias y medias tintas, ya hace unos meses afirmó: «Va siendo hora de que los hombres y mujeres que nos reclamamos de la izquierda asumamos con todas sus consecuencias que hemos perdido la guerra. No se trata de una derrota parcial en una fase histórica precisa del desarrollo del sistema al que, mal que bien, hemos combatido. Es el final de un enfrentamiento multisecular que se ha saldado con el cadáver del vencido yaciendo en el campo de batalla.»
En fechas más recientes, en su propuesta de un bloque amplio que haga frente al Sistema, ha dejado claro que entiende la magnitud de los retos presentes y que lo que urge es buscar la unidad popular: «Estoy evitando hablar de izquierdas, de derechas, de socialismo, de comunismo, de república». Parece haber comprendido que aquello de la III República era un error.
Anguita sigue siendo un referente mediático de político honesto (sus enemigos, que los tiene, se pueden reír en público de sus ideas y su idealismo, pero ni en público ni en privado pueden negar su notoria integridad moral). Por este motivo, y porque su lucha vale la pena por encima de nuestras diferencias ideológicas, hemos decidido apoyar aquí su propuesta programática (“Somos mayoría”) para el citado Frente Cívico. En ella rechaza la trampa de la deuda «impagable» que nos esclaviza, denuncia que «que la corrupción se ha transformado en el hábitat cotidiano de nuestra existencia», vuelve a reclamar el cumplimiento de la Constitución y, tras muchas sabias consideraciones, acaba proponiendo esta base mínima para el debate de un programa político elaborado colectivamente:
1. Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 1.000 euros al mes. Esta cantidad es exactamente el 72% de la media de los seis países de la UE que lo tienen más alto: Luxemburgo (1.610 euros), Irlanda (1.462 euros), Holanda (1.357 euros), Bélgica (1.336 euros), Francia (1.321 euros), Gran Bretaña (1.148 euros).2. Ninguna pensión por debajo del SMI.
3. Extensión y ampliación de la prestación por desempleo. Todo lo anterior puede servir también para abordar con presupuestos concretos la posibilidad de la Renta Básica.
4. Reforma Fiscal: progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). Dotar de infraestructuras de todo tipo a la Inspección de Fiscal de la Hacienda Pública.
5. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros.
6. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía. Ley sobre la obsolescencia programada.
7. Desarrollo de los contenidos de los Títulos Preliminar y VII de la Constitución.
8. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores.
9. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado.
10. Reforma del Sistema Electoral en el sentido de implantar otro proporcional, con las CCAA como circunscripción y un colegio nacional de restos.
El texto completo de “Somos mayoría” se puede leer aquí, o bien aquí.
09 Jun 2012
Perspectivas globales (II/II): Siria (Irán) y el Imperio
En esta segunda parte se repasan los últimos acontecimientos relacionados con el belicismo hegemónico sin olvidar sus efectos liberticidas sobre los propios países occidentales.
(Sun Tzu, El arte de la guerra)
Los motivos para el acoso a Siria e Irán son múltiples. Desbordan lo económico (petróleo, gas, dólar, euro...) y lo geopolítico (control de Oriente Medio –implicación sionista– y de Asia Central, cerco a Rusia y China). Es un error pensar, como a
menudo se hace en ámbitos marxistas pero también antimarxistas, en clave meramente economicista. Ni siquiera la voluntad de poder, con ser más abarcante, agota las razones de tamaño furor belicista. Como veremos al final, existen además aquí peculiares motivaciones de origen religioso (pero no musulmán, pese a la geografía implicada) que muy raramente se tienen en cuenta.
Aunque no se desdeña a ningún país que apoye a los palestinos –casos también de Siria y de la ya extinta Libia de Gadafi–, el gran objetivo del imperialsionismo es Irán, previsto como la última parada del tren imperialista. Pero en todos estos años de política hostil y de difamaciones contra ese país no se han logrado superar los obstáculos para atacarlo abiertamente. Son numerosos los portavoces del bando agresor que, a pesar de alguna exhibición de arrogancia, han reconocido los grandes problemas implicados en tales planes (ver 1, 2 y 3). Así que de momento se limitan, que no es poco, a realizar acciones terroristas en su territorio (drones, asesinatos de científicos...) y a castigar a su población con sanciones económicas. A la vez, machacan a su aliada Siria por medio de mercenarios vinculados a Al Qaeda y a los Hermanos Musulmanes. Se busca de este modo lograr el máximo aislamiento iraní para quebrar su resistencia y, llegado el caso, proceder a la invasión del país.
Siria: Acoso implacable, apoyos precarios
En su carrera fatal para acabar con el régimen de Asad (ver), los dictadores del mundo se han anotado otro tanto estas últimas semanas, puede que de los más decisivos. Ha sido tras la matanza de Hula, al hilo de la cual hemos vivido (la mayoría sin enterarse, claro está) otro monumental episodio de desinformación. Los medios sistémicos corrieron a imputar la masacre al gobierno sirio pese a las protestas de este, y los países (pro) imperiales se apresuraron a expulsar a los embajadores sirios. Resultaba curioso que, casi a la vez, el secretario general de la ONU y fiel servidor de Occidente, Ban Ki-moon, reconociera al fin la existencia de «grupos terroristas establecidos» en suelo sirio.
Entre los asesinados, decenas de niños... ¿Cabe algo más absurdo que imputárselos al gobierno sirio, obsesionado como está por evitar la invasión de su país que anhelan los codiciosos líderes occidentales? Como dice Alfredo Embid: «Hay que hacerse siempre la pregunta clave: ¿Quién gana con esta masacre? El gobierno ha aceptado el plan de paz, ha llevado a cabo elecciones, emprendido reformas, ha liberado presos, etc. Los opositores no lo han aceptado, han violado el alto el fuego repetidamente con numerosos atentados terroristas. El gobierno no quiere la intervención de la OTAN. Por el contrario los opositores han dicho que quieren la intervención militar en repetidas ocasiones y lo han reiterado últimamente.» Pero, como de costumbre, las potencias occidentales y sus siervos no se andan con escrúpulos. El subsecretario general de la ONU para las Operaciones de Paz (sic), Hervé Ladsous, habló de «sospechas contundentes» para incriminar a Damasco. Expresión delirante que refleja el uso de un lenguaje manipulador con las peores intenciones. Se acusó enseguida al gobierno sirio de emplear artillería pesada contra la población civil (ver también 1 y 2), pese a que los cadáveres no mostraban signos de ser despedazados. Hasta medios supuestamente críticos propagaron el montaje de los poderosos. Ante las delatoras evidencias de que las víctimas murieron de otro modo (más individualizada y sañuda), se “pulió” la versión acusando a unas milicias pro Asad (los Shabiha) de cuya existencia hasta ahora apenas teníamos noticias, ni pruebas de sus acciones.
A la hora de requetedemonizar a Asad no ha faltado el ya habitual fraude gráfico. Esta vez consta al menos el efectuado por la BBC: una foto con hileras de cadáveres iraquíes (tomada en 2003), a la que se presentó como una imagen relacionada con la masacre de Hula. Descubierto el engaño, la cadena británica retiró el “documento”, pero el daño ya estaba hecho. Por supuesto, para no variar, las ONG “humanitarias” al servicio del Imperio (HRW, Avaaz, Amnistía Internacional) han confirmado la inverosímil versión oficial y llaman más o menos explícitamente a una intervención de la ONU (o sea, de la OTAN). Los poderes belicistas han cosechado una condena unánime en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que significa que Rusia y China acordaron con Occidente un texto que dejaba en peor lugar al gobierno sirio que a los “rebeldes” contra el mismo. El hecho muestra cómo la postura ruso-china se va reblandeciendo a golpe de “evidencias” prefabricadas y presiones agobiantes.
Bien es cierto que luego ambos países votaron en contra de una resolución más descarada contra Siria en el seno del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Pero la evolución del lenguaje “diplomático” ruso-chino parece reflejar una correlativa adaptación del discurso de fondo. Según despacho de la agencia AFP, Liu Weimin, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, declaró: «La posición de las dos partes [Rusia y China] es clara para todos: la violencia tendría que detenerse de inmediato y el proceso de diálogo político debería empezar lo antes posible.» Añadió que «China y Rusia comparten la misma posición en estos puntos y las dos partes se oponen a una intervención extranjera en la situación siria y a un cambio de régimen por la fuerza». Como bien ha señalado el periodista Fernando Casares, estas declaraciones pueden indicar que ambas potencias estarían dispuestas a aceptar un cambio de régimen consensuado con Occidente y en el que “la fuerza” no fuera el elemento clave de la caída de Asad. Días antes, un Putin claramente a la defensiva se desmarcaba en alguna medida de Damasco en sus encuentros con Merkel, la canciller alemana, y Hollande, el flamante (y flamígero) presidente francés. Y en la, más reciente, cumbre de la Organización de Cooperación de Shangái, integrada por China, Rusia y otras cuatro repúblicas ex soviéticas, el comunicado incluyó la negativa a aceptar una «transferencia forzosa del poder» (cursiva añadida). Por su parte, consciente de la debilidad relativa de Rusia, el gobierno estadounidense no deja de presionarla para que acepte esa transferencia. Seguramente como fruto de ello, el ministro de Exteriores ruso, Sergéi Lavrov, declaraba hoy que «si los sirios se ponen de acuerdo entre sí (sobre la salida de El Asad), estaremos satisfechos de respaldar esa solución».
Mientras llegan ecos, más o menos amplificados y distorsionados, de ulteriores matanzas (Al Qubair, Hama...), el futuro sirio aparece cada vez más sombrío. Los “rebeldes” antisirios, tras sabotearlo metódicamente, consuman el fracaso del Plan de Anán y siguen reclamando la ayuda de la ONU-OTAN, confirmando así que tras más de un año de revueltas el pueblo no se ha puesto masivamente de su parte. Según algunas fuentes, el siempre dudoso Kofi Anán ya estaría acordando con la portavoz estadounidense una estrategia para la «transición política» en Siria.
Pese a ello, los medios del Sistema no dudan en recurrir una y otra vez a las medias verdades, cuando no a mentiras flagrantes, para precipitar la guerra contra Siria. A veces, como aquí, dando en una misma crónica tres cifras distintas (todas ellas, de fuentes opositoras) sobre los muertos en una matanza (en el titular, «un centenar»; el texto, sucesivamente, «al menos 78» y «24»). Y afirmando –a la vez que se imputan, como siempre, las víctimas a Asad–, que los «combates» llegan ya hasta «las afueras de la capital, Damasco, feudo del régimen aún pero cada vez menos inmune a los ataques de los alzados». Pero si estos tienen cada vez más fuerza, ¿cómo dar por bueno que hagan tan poco daño? ¿A ellos no se les “escapan” balas? Las evidencias indican que son más bien ellos los principales responsables del terror que vive Siria (incluso ayer mismo en la propia capital siria, según la agencia oficial SANA).
No hay duda de que en este país, aparte de las luchas internas, se libra una batalla por la influencia global entre las primeras potencias del planeta. Batalla en la que, por supuesto, tampoco están ausentes los intereses económicos. A este respecto resulta de interés leer el documentado artículo del analista sirio Imad Fawzi Shueibi. Su tesis es que el conflicto gira en torno al hecho de que en su país se encuentra «la más importante reserva de gas del planeta». La codicia, como siempre, detrás de los “humanitarios” movimientos imperiales. Mientras, el apoyo al pueblo sirio, que debería obedecer a principios elementales, se halla en realidad condicionado por el “pragmatismo” de gobernantes como Putin (véase además este crudo análisis al respecto).
Sabido es que sin el veto ruso-chino, la OTAN ya llevaría meses arrasando Siria. Sin embargo, el que ese veto se mantenga no significa que tal escenario no sea posible. Si Rusia y China estuvieran por la labor de impedir a toda costa ese ataque, ya habrían empleado un lenguaje realmente disuasorio, dando a entender que responderían militarmente. Pero ni lo han hecho ni lo harán. Siria no es Osetia del Sur, un país diminuto que formó parte de la URSS y se ubica en sus fronteras. Por triste que resulte, es más razonable pensar que el Imperio encontrará la manera de compensar (i.e., comprar) a Rusia a cambio de que esta permita la caída, en principio “pacífica”, del régimen de Asad. Casares apunta a posibles acuerdos sobre el escudo antimisiles europeo y a los negocios del gas ruso hacia Europa. En cualquier caso, no es creíble que un país que, como Rusia, accede a que la OTAN se instale en su territorio se vaya siquiera a plantear una respuesta militar –más allá de suministro de material bélico– a un ataque occidental a Siria. Putin y los suyos han negado reiteradamente que se propongan una nueva guerra fría (ver 1 y 2). Y no engañan porque no olvidan cómo acabó la anterior y el terrible costo que supuso la carrera armamentista para el imperio soviético. Occidente lo sabe y por eso, consciente además de su superioridad económico-militar y cultural, se siente libre para presionar a Rusia y para agredir a países aliados de esta. Que nadie se engañe: para Rusia (como para China), Siria no vale una guerra.
Ceguera de izquierdas al servicio del programa imperialista
Los que sí se engañan son los que desde hace meses, contra toda evidencia, vienen asegurando que el Imperio no desea intervenir militarmente en Siria. Algunos, desde su apoyo a una supuesta “revolución” en ese país. Son los mismos, como Santiago Alba Rico, que se cubrieron de gloria prediciendo que la OTAN no atacaría Libia. Incapaces de escarmentar, extrañamente ciegos ante la realidad más palmaria, sostienen lo mismo para el caso sirio, a pesar de que se inspira en un guión básicamente idéntico al del precedente norteafricano. Los hay entre ellos que incluso afirman (¿rayando en la demencia analítica?) que «EEUU ya no es el EEUU de 2000, ahora ha retrocedido y la OTAN es muy débil como para intervenir en Siria. Rusia ahora ha comenzado a progresar explotando el retroceso de EEUU y apoya el régimen en Siria. Por tanto, no hay posibilidad de una intervención extranjera».
Estas palabras han sido publicadas hoy mismo. A los pocos días de que Estados Unidos haya invocado la carta de la ONU para actuar contra Siria. Con las amenazas francesa y británica de intervención todavía frescas. Aún cercano el precedente libio, con el brutal despliegue por parte de los dictadores del mundo. Y sin comprender que la economía de guerra es el núcleo del Nuevo Orden Mundial –modelo “productivo” incluido– que el Imperio está imponiendo. Aunque más serio y valiente frente a este, el admirable Thierry Meyssan también a veces se deja llevar por sus buenos deseos y llega a hablar de la «cancelación del ataque programado desde hace tiempo contra Siria y finalmente descartado».
Imperio: Todo bajo control
Con los países de la “Vieja Europa” definitivamente dóciles (Hollande, ya está visto, no hará temblar la adhesión franco-alemana), los enemigos de la humanidad pueden concentrarse en su programa de destrucción del mundo presente. El programa abarca tanto la esfera socioeconómica (con Europa como «laboratorio», según ya anunciara Javier Solana), como la militar, devastando los países que aún se resisten a su dominación. Para ello, la agresiva “diplomacia” estadounidense viene por ejemplo extendiendo su sombra en Asia y el Pacífico, sin duda con la mente puesta en poner límites a la expansión de la influencia china. La descarada decisión de mantenerse en Afganistán al menos hasta el año 2024 se enmarca igualmente en esos propósitos geopolíticos (aunque algunos seguirán creyendo que todo es porque Occidente está perdiendo la guerra allí).
Entretanto, en el principal país imperial el teatro electorero viene desarrollándose sin sorpresas. En las primarias “republicanas”, se trataba –decisión político-mediática– de optar entre diferentes versiones para la continuidad de una misma política criminal. Por supuesto, Ron Paul –la única alternativa seria– estaba descartado desde el principio, pese a su indudable carisma. A este respecto, es penoso constatar el sectarismo de nuestros amigos de la izquierda real. Para una vez que se presentaba, y con ciertas posibilidades, un candidato que propugna medidas tan avanzadas como el fin de las guerras imperialistas, la eliminación de la CIA, de la OTAN, de la Reserva Federal, la abrogación de toda la legislación liberticida, el respeto a Cuba y a Hamás..., en países como el nuestro se le ha dispensado el más completo vacío. Entre las huestes izquierdistas, al parecer obsesionadas con el “programa máximo”, incapaces de comprender los signos de los tiempos, ha prevalecido el hecho de que Paul sea un paladín de la libertad de mercado (a pesar de que es a la vez un adversario del dominio oligopólico por parte de las grandes corporaciones). En su propio país, la realidad no es mucho mejor. Preguntado hace unos años sobre si en una hipotética elección entre Hillary Clinton y Ron Paul votaría por el segundo, Noam Chomsky –principal referente de la izquierda estadounidense– respondió con un seco “No”. (Hace unos meses, sin dejar de reconocer que Ron le parece «un tipo majete», Chomsky insistió en sus prejuicios hacia él).
Así es como la izquierda contribuye a allanar el camino al imperialismo irrestricto. (Muy distinta, por cierto, es la consideración que tienen por Paul amplios sectores del movimiento Occupy Wall Street, a su vez elogiado por el candidato libertario).
Ron Paul es precisamente una de las principales voces estadounidenses, si no la principal, contra la deriva fascista de su país (ver también). La que incluye, con alcance global, la política de Obama de “asesinatos selectivos”, que a la hora de la verdad parecen poco selectivos. En el último crimen por él ordenado, y perpetrado por sus drones en Pakistán, habrían sido asesinadas al menos quince personas, cuando el objetivo declarado era el presunto número dos de Al Qaeda, Abu Yaha al Libi. Sigue así la farsa de la “Guerra contra el Terror”, pese a que ya nadie pueda negar que, tanto en Libia como en Siria, Al Qaeda sea cómplice de la OTAN. Y sigue, lo que es aún peor si cabe, la progresiva consolidación de una tiranía planetaria ante la que casi todos callan, por la cual el Nobel de la Paz de 2009 puede decretar la muerte de cualquier persona en cualquier punto del planeta que él y los suyos hayan decidido que es un peligro para su país, sin presunción de inocencia, juicio previo ni garantía jurídica alguna. Como dice el periodista Pascual Serrano, “Obama es dueño de tu vida”. Lo cual se suma a otros pisoteos de derechos y libertades que se vienen padeciendo tanto en Estados Unidos como en Europa, incluida España.
Lo que todavía muchos no comprenden es la estrecha relación entre las guerras de agresión y estas violaciones de derechos. El estado de guerra permanente instaurado por Bush y mantenido por Obama es el marco ideal para perpetuar una excepcionalidad legislativa que acaba siendo la norma en el camino al totalitarismo global. Egoístas y miopes, la mayoría de los occidentales siguen sin conceder la relevancia que tienen las campañas y amenazas bélicas lanzadas por el Imperio contra otros países. No es solo, aunque ya debería bastar, el desastre de la guerra en sí, compendio de todas las barbaries. Es además la excusa que proporciona para poner fin al estado de derecho (incluyendo, por supuesto, el estado de bienestar).
Pero esas guerras, como apuntábamos arriba, tienen causas muy profundas que las tornan poco menos que inevitables, por irracional que sea en el fondo promoverlas y apoyarlas. Aunque no hubiera alicientes económicos y geopolíticos, es probable que se emprendieran igualmente debido a razones “mesiánicas” que a su vez dan aliento al sionismo. Y no tanto al sionismo judío, que también, como a otro de orígenes más oscuros y que está en la base histórica de aquel, a la vez que le sirve de soporte fundamental. Un asunto este que merecerá atención mucho más detenida en el futuro.
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