03 Mar 2008
Poderes lujuriosos
El capítulo 18 del libro de Apocalipsis empieza así:
«Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder […]. Y clamó con potente voz: “¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia! Y se ha vuelto habitación de demonios, guarida de todo espíritu impuro, y albergue de toda ave sucia y aborrecible» (18: 1-2).
Pero quizá te interese saber que, según Juan el Revelador, el hecho de que “Babilonia” haya caído en la mayor depravación moral imaginable, al punto de convertirse en una sede diabólica, no impide que los poderosos del mundo hagan tratos con ella. E incluso que los incrementen, hasta que llegue la hora del juicio definitivo (versículos 8 y 9) sobre ella…
Tres presidentes estadounidenses, de rodillas ante el cadáver papal
[7.4.05] «Varias generaciones de presidentes de Estados Unidos han querido rendir homenaje al fallecido Papa Juan Pablo II. El actual presidente de ese país y su esposa visitaron la capilla ardiente de Wojtyla en la romana basílica de San Pedro. Junto a ellos estaban los ex presidentes Bill Clinton y George Bush Padre, además de la secretaria de Estado Condoleezza Rice. Todos se arrodillaron junto al cuerpo del pontífice y rezaron por él durante tres minutos.»
¿Qué había pasado? Wojtyla, supuestamente, se había opuesto a la guerra contra Irak… ¿y fueron todos éstos a rendirle homenaje? ¿Quién manda aquí?
El gobierno estadounidense y el Vaticano se erigen en nuestros tutores morales
«Ciudad del Vaticano, 8/2/2005.- [...] Comunicado sobre la visita del Secretario de Estado estadounidense Condoleezza Rice al cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado[:] Tuvo lugar un intercambio de opiniones sobre diversos problemas internacionales, en particular sobre Tierra Santa, Oriente Medio y la situación de otros países asiáticos. Se ha abordado también el tema de la libertad religiosa en diversas partes del mundo. Por último se ha pasado revista a algunas cuestiones concernientes a las relaciones internacionales, reafirmando la voluntad de colaboración en la tutela y la promoción de los valores espirituales".»
¿“Tutela” y “promoción de los valores espirituales”? ¿De qué van éstos? ¿No es ella la representante del país de la separación iglesia-estado por excelencia? ¿No es él el representante del estado-iglesia por antonomasia? ¿Qué hacen, pues, los dos “tutelando” los valores espirituales del mundo?
Putin busca el apoyo papal para hacer de Rusia una potencia
«[…] La visita oficial de Putin a la Ciudad del Vaticano reflejó una peculiar voluntad de entendimiento mutuo. Por parte del Papa, porque necesita la cooperación del Kremlin para viajar al fin a Moscú y entablar un diálogo directo con el Patriarcado ortodoxo ruso. Por parte de Putin, porque le conviene la aquiescencia vaticana en su esfuerzo por hacer de Rusia una potencia política y económica de ámbito europeo. […]
¿Por qué pensará Putin, el contumaz asesino de chechenos, oligarcas rivales y disidentes, que el papa puede ayudarle a ser una potencia? ¿Acaso no es Benedicto XVI sólo el jefe de estado del Vaticano, el país más minúsculo de la tierra?
Sarkozy se reúne con el papa con promesas a cambio de prebendas
«El papa Benedicto XVI recibió esta mañana en audiencia en el Vaticano al presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, con quien habló a solas durante 25 minutos. […]
El presidente francés aseguró que la "laicidad no puede ser la negación del pasado" y que no tiene el poder de "hacer olvidar a Francia sus raíces cristianas", tras recordar la "histórica unión (de Francia) con la Iglesia católica".
Sarkozy instó, en consecuencia, a "asumir las raíces cristianas de Francia y a darles su valor, pero defendiendo la madura laicidad a la que se ha llegado".
También exhortó a que "las diferentes religiones, y en primer lugar el mensaje cristiano, contribuyan a iluminar las decisiones y construir el futuro" de Francia.
La ceremonia sirvió para que Sarkozy tomase posesión como 'canónigo de honor' de la basílica de San Juan de Letrán, un privilegio que se remonta a 1604, en la época de la monarquía francesa de Enrique IV.
[…]»
¿Laicidad y canonjía a la vez? ¿Privilegiar a la ICR y mantener esquemas laicos al mismo tiempo? ¿Cómo no va a ser la laicidad una negación del pasado (en el sentido de superación, al menos) si éste no fue laico?
El abortista y genocida Tony Blair se hace católico romano y es recibido por la ICR con los brazos abiertos
«La noticia de la entrada en la Iglesia católica del anterior primer ministro Tony Blair poco antes de las Navidades ha suscitado un notable debate. El cardenal Cormac Murphy-O'Connor presidió la misa en la que Blair fue recibido en la Iglesia, en la casa del arzobispo, en Westminster, el 21 de diciembre. […] Diversas han sido las reacciones ante la noticia de Blair. John Smeaton, director nacional de la Sociedad para la Protección de los Niños no Nacidos, afirmaba el 22 de diciembre en una nota de prensa: «Durante el tiempo que ha sido primer ministro, Tony Blair se ha convertido en uno de los arquitectos más significativos de la cultura de la muerte, promoviendo el aborto, los experimentos sobre embriones humanos, incluyendo la clonación de embriones, y la eutanasia». […] El padre Timothy Russ, párroco de Great Missendon, la iglesia católica más cercana a la residencia del primer ministro en Chequers, defendía a Blair.
»El padre Russ, según informaba el 24 de diciembre el Times, desempeñó un importante papel en la conversión de Blair.
»Advertiría a los críticos que esperaran a ver qué tipo de hombre será, y cómo puede que ayude a nuestra causa», comentaba el padre Russ.
»El biógrafo de Blair, Anthony Seldon, también apoyaba al primer ministro, afirmando que la fe del líder político siempre había tenido una gran influencia en su política, informaba la BBC el 22 de diciembre. […]»
Pero, ¿cómo es posible que Blair (el de Irak y Afganistán…) haya sido admitido en la ICR sin expresar primero arrepentimiento por su abortismo, su fomento de la clonación de embriones y de la eutanasia (la noticia también habla de la homosexualidad), pecados todos ellos nefandos para esa curiosa institución? ¿Está la respuesta en las palabras del “padre” Russ? En tal caso, ¿cuál es “nuestra causa” para esta gente? ¿No creías que era moral y religiosa? ¿O se trata, quizá, de una causa ante todo política? [Por otra parte, si es cierto lo que dice el biógrafo, ¿cabe concluir que el catolicismo que ya profesaba Blair durante sus años de gobierno tuvo “gran influencia” en su defensa del aborto, de la eutanasia, de la homosexualidad, de la guerra...?]
El jefe del Vaticano escoge Estados Unidos para celebrar su cumpleaños
«El Papa realizará su primera visita al país entre el 15 y el 20 de abril de 2008, fechas que coinciden con su cumpleaños, el 16 de abril. La visita es una respuesta a la invitación del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para que el Papa visite la sede de la ONU en Nueva York. […] El jueves, 17 de abril, a las 10 de la mañana, el Papa presidirá la celebración eucarística en el nuevo estadio de los Nationals, el equipo de béisbol local. Por primera vez el estadio no acogerá un partido de este deporte. [...] En la tarde de ese día, directivos de más de 200 universidades y centros universitarios, así como de representantes de las 195 diócesis católicas han sido invitados a participar un discurso de Benedicto XVI sobre la importancia de la educación católica. La conferencia tendrá lugar en la Universidad Católica de América, única institución universitaria del país dirigida por los obispos. Poco después, el Papa se reunirá con budistas, musulmanes, sijs, hindúes, judíos, y representantes de otras religiones en el Centro Cultural Juan Pablo II [...]. En la mañana del viernes, 18 de abril, el Papa dirigirá su discurso a las Naciones Unidas y poco después volará a Nueva York.
»En la tarde, tendrá un momento de oración con representantes de las demás confesiones cristianas en la Iglesia de san José, fundada en Manhattan por católicos alemanes. [...] En la noche, Benedicto XVI visitará «Ground Zero», el terreno en el que se alzaban las Torres Gemelas abatidas por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. [...]»
Los periodistas lo llaman “erótica del poder”. Pero, mucho antes que ellos, ya en el siglo I, la Biblia hablaba de “excesiva lujuria”:
«Porque todas las naciones han bebido el vino del furor de su fornicación. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su excesiva lujuria» (Apocalipsis 18: 3).
28 Feb 2008
El gran político disfrazado (III): ¿Tribuno moral, o mala hierba?
Lo que hace del tambor alguien tan notorio, lo que le ha convertido en el GLD no son sólo esas dotes verborreicas (dicho sea en sentido más admirativo que peyorativo). Es, sobre todo, su constante tono de denuncia moral (búsquese el término ‘moral’ en 1 , 2 , 3 , 4 y 5). Un tono crudo y "sincero".
Señalando los pecados, reales o supuestos, de quienes no piensan como él, en particular los gobernantes "de izquierdas", se ha investido ante muchos de una autoridad moral no menos eficaz a medio y largo plazo que sus cualidades hipnóticas y su excepcional desparpajo.
No se trata de un señalamiento cualquiera. El dedo de este gran político disfrazado se agita una y otra vez, "obsesivamente", sobre esas maldades, agigantándolas de manera persuasiva (en esto, su tono radiofónico es determinante). Un dedo que muchas veces da en la llaga, aunque lo haga a menudo sólo después de causarla. Dedo diestro y certero pero también incisivo e hiriente. Dedo-linterna y a la vez dedo-puñal.
Sea como fuere, su carismática contundencia permite al GLD descalificar “convincentemente” a infinidad de personajes ("malísimos") provocando graves y cabreados asentimientos de cabeza entre sus miles de seguidores.
A alguien tan ubicuo, con tanta notoriedad multimediática, te ves obligado a aguantarlo aunque no quieras. Cabe preguntarse, entonces, si al menos es justa y merecida esa autoridad moral de la que goza. Quizá tú, querido/a lector/a, consideras que lo es. Procedamos a analizarlo:
• Ya vimos que se jacta de ser liberal, pero sus frutos lo desmienten.
Como tras nuestra anterior entrega se suscitaron dudas sobre su defensa de ciertas dictaduras, añadamos aquí una respuesta suya respaldando al apoyo de Estados Unidos a dictadores “buenos” (su interpelante aludía a Pinochet y Videla): «Si el enemigo de los soviéticos era un dictador y no había democracia, pues apoyaban al dictador.»
• Resulta que este moralista no para de fomentar la guerra. Lo hizo contra Irak invocando la macabra calumnia de las armas de destrucción masiva. Eso era antes de la guerra. Por aquel tiempo, incluso llamaba “ganas de jorobar” a que alguien cuestionase que el régimen de Sadam las tuviera (tal era su empeño por que se iniciasen las masacres, que al moralista le “jorobaba” cualquier dilación: eso le era sin duda más molesto que las víctimas venideras...).
Después, cuando ya era obvio que no existían incluso para los más engañados, nuestro tambor puso el énfasis en otro aspecto: «Yo he defendido siempre que el arma de destrucción masiva de Irak era el régimen de Sadam Husein.» Era una variante del “Si sale cara gano yo, y si sale cruz… pierdes tú”, que tan diestro es manejando este singular propagandista.
Ahora, no contento con haber ayudado a promover una guerra con millones de víctimas, hace cuanto puede por iniciar otra que se basa en “argumentos” similares. Sobre la posibilidad de atacar a Irán, un país con casi setenta millones de personas de carne y hueso, el moralista expresa este curioso lamento: «Lo malo es que hacerle la guerra parece algo improbable.»
• No tiene reparos en sostener que el fin justifica los medios. Así, preguntado si «considera justificadas las conquistas españolas en América y la destrucción de las culturas precolombinas», responde: «Por supuesto. Como la destrucción de las culturas celtibéricas para la construcción de la civilización romana y la creación de Hispania.»
De hecho, una guerra, como la de Irak, pudo estar perfectamente justificada por el “control del petróleo”. No le parece mal defender gigantescas masacres, o incluso genocidios (en el propio Irak, o en Vietnam).
• Tampoco los tiene a la hora de ofender gravísimamente a las personas y organizaciones más variadas, sea mayor o menor su prestigio. Por ejemplo, a Amnistía Internacional: «La clásica pantalla soviética para deslegitimar a Occidente. Levemente actualizada, pero rascas y sale... Batasuna.»
No se corta siquiera a la hora de ensañarse con ciertas víctimas del terrorismo, incluidas algunas que de un tiempo a esta parte se han ido acercando en grado no despreciable a las posturas del GLD, como el filósofo Fernando Savater.
Pero se ceba especialmente con el presidente del gobierno español, a quien no ha dudado en llamar, entre un millón de improperios, “jefe de la matonería”.
• Defiende una especie de doble moral. Por ejemplo, sobre la postura expresa de Juan Pablo II contra la guerra de Irak, que él promovió entusiásticamente, afirma: «Yo creo que dice lo que dice por motivos morales y religiosos, que se compadecen poco con la realidad de la política y de la economía. El Papa aspira a la santidad. Bush, ni puede ni debe.»
Respecto a la reunión que en su día tuvo el cardenal Etchegaray con Tarek Aziz, viceprimer ministro de Sadam, el “valiente” tribuno declara suavemente (con la Curia, o sea, los jefes, hemos topado…): «Creo que son episodios pasajeros, de los que se producen muchos en cada contienda. Prefiero quitarle importancia, porque militarmente no la tiene y políticamente, escasa.» Y a la cuestión de si esa reunión será útil, responde con idéntica docilidad mezclada con la susodicha doble moral: «El Vaticano debe hacer lo que cree que debe hacer, aunque no salga. Véase el caso de Cuba. No ha podido salir peor, ¿Pero podían hacer otra cosa? No es fácil.»
• Parece no ver la “viga” en su ojo… incluso se diría que se escandaliza de la violencia que, obviamente, él mismo genera en su propio medio digital (pero jamás procede a rectificar): «No frecuento los foros, ni siquiera el de Libertad. Me parecen demasiado violentos.»
Su propia “viga” crece aún más cuando dice: «Es usted de un sectario que da escalofríos.»
• Y no duda en amenazar e insultar en tono barriobajero-gangsteril a quienes osen parodiarle.
Podríamos seguir casi ad infinitum.
¿Todavía crees que es justa y merecida su autoridad moral? (Si así fuera, me preocupas: quizá es que tú mismo no eres mucho mejor que este perverso tribuno).
26 Feb 2008
Testimonios del crepúsculo (¿cerca del Fin?)
«A cada hombre que pueda atraer a la categoría de individuo me empeño en hacerlo cristiano» (Søren Kierkegaard)
Siento llegada la hora de explicar el subtítulo o lema de El Blog de Cordura. No es una mera frasecita poética. Expresa la voluntad de difundir un mensaje certero en tiempos crepusculares. Encierra, aun desde la modestia, toda una declaración de intenciones.
He dicho “tiempos crepusculares” y se comprenderá que no hablo de puestas de sol. Es el ocaso de la humanidad lo que me preocupa, de la humanidad tal como la conocemos: caída, corrupta y culpable hasta la náusea.
El diagnóstico ya no es patrimonio de “agoreros” religiosos. Ciertamente prolifera, más que nunca, el milenarismo (pseudo)apocalíptico. Pero si pones en un buscador de Internet “el futuro del planeta” comprobarás que no son de ese tenor los primeros documentos en los que aparece esa frase, y no sin tintes dramáticos.
El cambio climático está ahí, por más que algunos lo cuestionen desde innobles intereses, y otros lo hagan con buena fe... “conspiranoica” (dicho sin el menor ánimo de ofender). Es contemplado, por los más, como una amenaza para la Tierra (aunque sólo los menos actúen en consecuencia). El “apocalipsis”, siquiera el laico, ya no es un delirio de mentes insanas.
Hace más de quince años que Francis Fukuyama popularizó su “fin de la historia”. No sin clamorosos fallos predictivos, pero con una intuición que el tiempo ha convertido en percepción cada vez más generalizada de que algo demasiado importante se está acabando.
Mucho antes que él, en 1923, alguien seguramente más dotado para el pensamiento y de cultura enciclopédica concluyó su magna obra La decadencia de Occidente. Oswald Spengler pronosticaba en ella que el materialismo arruinaría la “fáustica” civilización que ha marcado, sobre todo en los últimos siglos, el rumbo del planeta.
[Todavía antes, Friedrich Nietzsche, influencia tanto de Fukuyama como de Spengler, anunciaba al “último hombre”, la muerte de Dios, la consumación nihilista y, no exactamente en la misma línea, el advenimiento de la barbarie. Aun declinando ya su notoriedad, vale la pena recordar a este visionario, verdadero padre de la Posmodernidad, que tal estela dejó en el siglo XX.]
Hechos como el extraño 11-S han venido a corroborar el cambio de época, o más bien la definitiva derrota del proyecto ilustrado (¿quién se cree ya el triunfo de la Razón que esperaban los enciclopedistas, sus fábulas sobre el progreso moral, el sueño kantiano de la “paz perpetua”?). Pero todavía muy pocos han comprendido que hitos como ése señalan el fin de la época posmoderna.
Algunos llevamos no pocos años ya pregonando la llegada de la Era (Época) Neorreligiosa (véase su definición). La cronología básica de su emergencia empieza con el colapso del comunismo, la última gran ideología laica de masas. En ese momento se constató en la práctica la muerte de los “grandes relatos” que llevaba décadas augurándose (uno de los temas predilectos de los pensadores posmodernistas). Desde entonces se hizo comprensible que el ser humano, el occidental, volvería su mirada a la religiosidad, pues que una fuente quede cegada no implica que la sed se haya extinguido. Retornarían los absolutos sagrados, cosa que el posmodernismo filosófico no anduvo siempre muy fino a la hora de predecir (con excepciones como la de Derrida). Se iba a cumplir así la genial corazonada de André Malraux, quien anticipara: «El siglo XXI será espiritual o no será.» Asunto aparte es el tipo de espiritualidad que dominará entre nosotros.
Para entonces, la sed ya había buscado nuevas aguas en manantiales neopaganos, pero con la caída del Muro y el fin de los esquemas bipolares cobrarían pujanza en Occidente soluciones más fuertes: el fundamentalismo protestante (en sus variantes y/o etiquetas como Born again Christians, Evangelicals, neopentecostales...), y el neointegrismo romanista de Wojtyla y Ratzinger. Junto a ellos, claro, y desde Oriente, los islamismos chiíta y sunnita, pero también la eclosión de un curioso “hinduismo fundamentalista” (fuertemente nacionalista).
Con su “choque de civilizaciones”, Samuel Huntington (ya en su artículo de 1993) regalaba un valioso instrumental “neoideológico” (pese, o gracias, a su simplismo teórico) a la actual camarilla genocida que hunde al mundo en la Barbarie. Estamos ante la típica profecía autocumplida. Aun así, el presente choque con el islam, artificialmente gestado, es contemplado de modo insensato por muchos como una nueva ocasión para reivindicar a Occidente (ver este siniestro ejemplo), o incluso como el cumplimiento de viejas profecías bíblicas.
Paralelamente, repuesto de heridas previas gracias al emblemático Concilio Vaticano II, otro macropoder recuperaba el primer plano bajo una notable apariencia de piedad (ver 2 Timoteo 3: 5). Con la singular astucia de siempre, renovaba su voluntad de dominio por medio de programas neoconfesionalistas adaptados a los nuevos tiempos. En ellos las parroquias tienen su sede no tanto en los templos como en los medios de comunicación, siendo “seglares” o incluso ateos sus más elocuentes predicadores.
Pese a las consecuencias previsibles de esta evolución histórica (globalización planetaria unipolar aunque bicéfala, totalitarismo emergente, recurso al cristianismo como “neoideología” del Poder), la mayoría de los occidentales no ven más allá de sus narices consumistas o de espectáculos teatrales como el debate electoral de ayer en España. Lejos de estar alerta, se hallan cada vez más aletargados. Ignorantes de que en la coyuntura presente la Barbarie, en realidad, ya está instalada entre nosotros.
Es cierto que, parafraseando a Cioran, «se libran del tormento de la presciencia». De lo contrario sabrían que hoy, hasta un acto tan sencillo como contemplar una flor recién brotada en primavera ya no nos es lícito hacerlo con el placer de siempre: incluso ella habrá perdido su inocencia.
22 Feb 2008
El gran político disfrazado (II): ¿Un liberal?
Sí, el GLD se proclama una y mil veces "liberal" (ver también, por ejemplo, esto y esto otro).
Pero eso no le impide defender la unión iglesia-estado; contribuir a rehabilitar el franquismo (ver también); justificar los privilegios de la Iglesia Católica Romana (subvenciones incluidas), la red Gladio de terrorismo de estado, el golpe de Pinochet contra Allende, la destrucción de las culturas precolombinas (y celtibéricas), la monarquía absoluta del Vaticano, el bombardeo de un medio de comunicación y la implantación de chips electrónicos en el cuerpo; o relativizar e incluso apoyar las atrocidades antiliberales que acontecen en Guantánamo; o mostrarse partidario, entre bromas y veras, de echar a los progres de España; o elogiar de manera global e irresponsable la figura del gran erudito Menéndez Pelayo (conocido sobre todo como acérrimo antiliberal defensor de la persecución de los heterodoxos); o insinuar una postura favorable a la ilegalización del islam... y en fin, un larguísimo etcétera que incluye el reconocimiento, pero sin propósito de enmienda, de su propio autoritarismo.
No extrañará, en coherencia con ello, saber que este grandísimo "liberal" practica la purga de cualquiera que disienta con sus ideas-fuerza. Así lo hizo con el grupo que él llamaba el sóviet de la Cope (léase, los que discrepaban de su línea visceral-derechosa), finalmente liquidado por él mismo. Por eso hoy en esta radio, controlada por el GLD con el plácet obispal, ya no es que haya un sóviet, sino una auténtica "Unión Soviética" (copero-losantiana, claro).
¿Cuántos liberales clásicos le contarían entre los suyos si hubieran tenido el gusto de conocerle? Atendiendo a los principios del liberalismo (ver), no parece que muchos. De dichos principios, en la práctica, sólo respeta la defensa de la propiedad privada. (El individualismo, por ejemplo, ¿cómo lo va a sostener alguien que sistemáticamente mancilla a la persona?). Los otros dos grandes principios, libertad e igualdad ante la ley, ya hemos visto que tampoco le van (¿qué diría Locke, el padre del liberalismo y el autor de la Carta sobre la tolerancia, acerca de la defensa que hace el GLD de los privilegios de la ICR y, en la práctica, de la unión iglesia-estado?).
Algunos niegan que 1984, la sombría ficción anticipadora de Orwell, se esté cumpliendo. Pero quizá el liberalismo del tambor quepa entenderse justamente en esa clave. Recordemos una de las consignas totalitarias de la citada novela: "La libertad es la esclavitud".
En la coyuntura mundial actual, cuyo rumbo nuestro ilustre "periodista" sólo puede valorar en sentido positivo, no es descabellado pensar que esa frase orwelliana define con exactitud lo que él, conscientemente o no, defiende. Y, por desgracia, como ya vimos, no estamos hablando de un simple “periodista”, aunque se disfrace de tal; incluso es mucho más que el tambor. Nos encontramos, de hecho, ante alguien que encarna y abandera en España, gracias a sus aptitudes, a su talante y a sus relevantes padrinos, todo un poder fáctico capaz de poner contra las cuerdas a representantes de los poderes legítimos (ministros, ex ministros, alcaldes, gobiernos enteros...). Una prueba más de su radical antiliberalismo; pues al GLD, ¿quién le ha elegido democráticamente?
Para concluir, no queda sino insistir en que, dada la amenaza liberticida que encarna, urge desenmascararlo. Éste es hoy por hoy un deber cívico esencial para los demócratas españoles de derechas, de izquierdas, de centro o de cualquier otro signo ideológico imaginable. Por el bien de todos (incluido, muy especialmente, el propio GLD).
17 Feb 2008
No violencia activa (III): El amor contra la voluntad de poder
Sólo hay dos caminos y son mutuamente excluyentes. El principal reto de tu vida es optar por uno o por otro. De hecho, seas consciente o no, continuamente lo haces.
Hay que agradecer a dos grandes pensadores la crudeza con que los expusieron. Con estilos y talantes muy diferentes (uno más teórico, otro más práctico), pero sabios ambos, al menos según el mundo. Sinceros, claros, apasionados, radicales, "extremistas".
El primero es el camino del poder (de unos seres sobre otros), el natural e instintivo, el de las pulsiones biológicas. Es el camino que se nos impone orgánicamente, fruto de nuestro determinismo genético.
El "filósofo-martillo" contempla la vida tal cual es (bien es verdad que con una visión naturalista) y concluye que le agrada. Su célebre "sí a la vida" es un sí a la voluntad de poder. Ésta, si bien requiere la propia vida, prevalece sobre la voluntad de vivir. No desdeñemos semejante tesis, al menos en el mundo tal como hoy lo conocemos: lo confirman la conversión de Lucifer en Satanás, la opción de Eva y Adán por el fruto prohibido, y seguramente la mayor parte de la historia de la humanidad.
«Hay que ir al fondo de las cosas y prohibirse toda debilidad sentimental: vivir es esencialmente despojar, herir, violentar lo que es extraño y débil, oprimirlo, imponerle duramente sus formas propias, asimilarlo o, al menos (ésta es la solución más suave) explotarlo. […] La “explotación” no constituye el hecho de una sociedad corrompida, imperfecta o primitiva; es inherente a la 'naturaleza misma' de la vida, es la función orgánica primordial, una consecuencia de la voluntad de poder propiamente dicha, que es la voluntad misma de la vida» (F. Nietzsche, En torno a la voluntad de poder, pág. 106).
El segundo es el camino del amor, en principio ajeno a nuestra naturaleza más básica y por tanto mucho más costoso. Propiamente hablando, nada interno nos mueve a seguirlo. Pero, cuando se lo conoce, el imperativo categórico nos orienta hacia él y nos reprocha despreciarlo.
El "Mahatma" (Alma Grande), si bien no lo considera tan distante de nuestra condición antropológica (en esto discrepamos decisivamente), es un claro defensor de este camino. Contrapone el amor a la violencia (sustancia ésta de la voluntad de poder).
«No admito el más mínimo recurso a la violencia para alcanzar el éxito [...] Siempre que surge la discordia, que choca uno con la oposición, hay que intentar vencer al adversario con el amor. […] La ley del amor es más eficaz que la voz de la violencia» (Gandhi, Todos los hombres son hermanos, págs. 122, 127).
Sobre estas bases, no es raro que sus programas para la vida difieran como la noche y el día. Los individuos competitivos, gustosamente o no, se han de ver reflejados en afirmaciones como ésta:
«Sólo donde hay vida hay voluntad; mas no es voluntad de vida lo que yo os enseño sino voluntad de dominar». Pues «lo que el hombre quiere, lo que quiere la más pequeña parte de cualquier organismo vivo es un aumento de poder» (Nietzsche, op. cit., págs. 108, 107).
Nada más opuesto a lo que leemos aquí:
«La no violencia perfecta sólo es posible cuando uno ha hecho el voto de renunciar a todo». Pero ese "todo" tiene un contexto, relativo a las ambiciones materiales y de poder. El moderno apóstol de la no violencia no pide renunciar al bien, todo lo contrario: «No se puede ser no-violento de verdad y permanecer pasivo ante las injusticias sociales» (Gandhi, op. cit., págs. 129, 131).
¿Quién encarna hoy el camino del poder? Casi todos. Recordemos que la lucha por el poder es propia de cualquier marco social, no sólo del ámbito político.
¿Quién encarna hoy el camino del amor? Casi nadie, pero era previsible. Ni siquiera sus teóricos representantes (ésos, con frecuencia menos que nadie). Para seguir el primer camino basta dejarse llevar. Para andar por el segundo, hace falta determinación. De hecho, decidirse por el camino del amor exige optar contra el camino del poder.
Algunos nadan en aguas ambiguas pero en el fondo optan por el primer camino. Eso sí, se dan casos que parecen la reencarnación práctica de Nietzsche (ver y oír). Entretanto el segundo camino parece desierto...
«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2: 5-8).
¿Por qué camino optarás tú? Ya hemos visto que si no lo haces, será tu naturaleza quien lo haga. Sea como fuere, la elección es tuya.
10 Feb 2008
El gran político disfrazado (I): El tambor

(Adolf Hitler, en Hitler, de Ian Kershaw)
Al hablar de él no hemos de olvidar que es ante todo una persona. Tiene, pues, dignidad plena y como tal se le debe respetar. Lo mismo vale para sus ideas, cualesquiera que fuesen. Que él no respete ni la dignidad ni las ideas de los demás en absoluto nos da derecho a imitarle. Ni su soberbia, ni su odio, ni su desprecio deben contagiársenos. Entre otras razones, porque si lo permitiésemos nuestra crítica perdería toda base moral. Mientras analizamos su conducta, tengamos esto presente.
Algunos todavía se empeñarán en verlo como "un simple locutor de radio" (entre ellos, no pocos de buena fe). Otros, ya desde hace más de un lustro, señalaron que era mucho más que eso (verlo aquí). El tiempo les ha dado la razón, acaso muy a su pesar.
Va de valiente (no parece de natural cobarde), y muchos creen que lo es en grado sumo, pero juega con ventaja. Ser portavoz del eje Washington-Vaticano (eje W-V) en España asegura unas espaldas bien cubiertas. Y no se olvide su disfraz, fuente de "valor" pero sobre todo de poder (en su día circuló la noticia de que Aznar le había ofrecido el Ministerio de Cultura, pero lo absurdo es que lo hubiera aceptado). Embozado bajo la máscara de periodista, disfruta de una impunidad que de otro modo no tendría. La "libertad de expresión" es su gran coartada. Lo demás lo ponen su libérrima cara dura y, sobre todo, sus influyentes padrinos. De paso, el disfraz le permite hacer "lícitamente" unos suculentos negocios que no podría permitirse sin él. Se encamina así a crear su propio imperio mediático (desde la radio se proyectó hasta Internet, el mundo editorial y la televisión).
No se trata de quitarle méritos: el potencial de su pico de oro está fuera de toda duda, al igual que su excepcional capacidad de síntesis y de escupir veneno a diestro y siniestro (ciertamente, más a siniestro). Pero nuestro hombre ha renunciado a ser un intelectual para convertirse en un propagandista; eso sí, de una categoría tal que ha devenido el GLD (Gran Líder de la Derechosa; PP incluido, por supuesto). O sea, que él es el tambor pero no es sólo el tambor. Cual hitlerillo de la Era Neorreligiosa, con la sola fuerza de su carismática verborrea es capaz de hipnotizar a millones de personas. Muchas de ellas ya no son las mismas desde que lo escuchan regularmente (su encanto es sobre todo oral). ¿Quién no tiene amigos o conocidos que han experimentado incluso una mutación por su causa? En mayor o menor grado notamos que, si somos críticos con el personal mundo en blanco y negro de su gurú mediático, ya no es fácil hablar civilizadamente de política con ellos. De un tiempo a esta parte se hallan impregnados del espíritu losantiano, una forma específica de fanatismo. Incluso es probable que la amistad con ellos corra peligro. El gran pregonero contra la "ruptura de España" resulta ser quien más ha contribuido a romper España: es decir, la convivencia entre los españoles, lo único realmente sagrado de nuestra nación.
Y no es que los demás se hallen libres de polvo y paja. La estúpida y a menudo corrupta progresía, con sus devaneos incluso mafiosos (recuérdense el caso GAL y los escándalos financieros durante el felipismo, o la cuestionable imbricación de entonces y ahora con poderes mediático-empresariales) preparó el terreno al presente auge de la intimidatoria Brigada Antiprogre. La manida "tolerancia" (en la práctica, el "todo vale") propició la escalada de lo intolerable. Finalmente el péndulo nos trajo el auge de los intolerantes, de los cuales este tambor es sin duda el campeón. Sucesivas torpezas de Zapatero, algunas de ellas no exentas de la inmoralidad común a los políticos al uso, han sido hábilmente rentabilizadas por el "periodista" para horadar al gobierno y desmoralizar aún más a la débil izquierdilla española. El resto lo ha puesto la colosal inventiva del GLD.
Éste no es nazi, aunque sea uno de los pregoneros mundiales del IV Reich. Incluso se dice "liberal"... a pesar de que denigra a todo aquél que osa contradecirle, de que trabaja para la institución más antiliberal de la historia, de que ha callado ante las reiteradas leyes pretotalitarias y ante las torturas del Imperio, y de que niega la libertad y la vida de pueblos enteros, los mismos contra los que pide guerras (en estos días ha vuelto a alentar la agresión a Irán). Pero nada de ello le impide sentar cátedra de moral, hablar en términos de "buenos" y "malos" (colocándose con total desparpajo entre los primeros), señalar con su dedo acusador a quienes ni remotamente han acumulado ya tantos pecados como los que él tiene en su cuenta...
¿Por qué no se le ha frenado ya? ¿Por qué se le deja seguir medrando a costa de la sencillez de mucha gente y de la maldad de tantos otros a los que sirve gruesa carnaza a diario? Hemos hablado de sus padrinos, y hemos aludido a la falta de autoridad moral de la izquierdilla. Se une a ello la paradigmática ignorancia que la progresía sufre acerca de los signos de los tiempos (siempre despreció la religión...). Y, sobre todo, el motivo está en los tiempos mismos: el presente neorreligioso que camina a veloces zancadas hacia el totalitarismo propulsado por el eje W-V.
Incluido el Vaticano, sí, segunda "pata" del eje (pero no la más débil). El estado-iglesia que es la cabeza de la iglesia-estado por antonomasia. Cuyos dirigentes son también políticos disfrazados, de los cuales el sin par GLD no es más que un destacado peón.
Es tarde ya... Urgía desenmascararlo hace tiempo. Pero no dejemos de hacerlo aunque sea tarde, aunque se hayan dado pasos ya seguramente irreversibles, y aunque el tambor avance como un rayo en la sobrecogedora dirección de la historia. Siquiera evitemos que pueda seguir campando a sus anchas contra la ley y el orden este falso apóstol de la verdad. Esforcémonos para que no pueda seguir cantando victoria (la derrota de los hombres libres) en los meses venideros. Con tal fin, delatemos sus tremendas contradicciones, mostrándolo ante los españoles tal cual es: un impostor... sin miedo a creer que eso le dará más poder, pues el GLD ya tiene todo el que puede tener.
He aquí y ahora una tarea ética de primer orden.
06 Feb 2008
No violencia activa (II): El poder y la violencia

El afán de poder es una de las principales fuentes de violencia. Toda relación social involucra, al menos en principio y de manera natural, una lucha por la dominación.
El poder del que hablamos es, por tanto, poder del hombre sobre el hombre (donde "hombre", por supuesto, equivale a "ser humano"). Hay en el alma lo que Nietzsche con acierto caracterizó como voluntad de poder. Quizá con no menos acierto la soprepuso a la voluntad de vivir, subordinando ésta a aquélla y no al revés (ver En torno a la voluntad de poder, Planeta-Agostini, 1986, pág. 104).
La voluntad de poder no es más que el afán de prevalecer sobre el otro, que queda reducido a un estorbo o instrumento de los intereses propios. Es la tendencia a seguir un atajo para resolver las dificultades que continuamente se presentan en la vida. Tiene que ver también con un instinto destructivo, relacionado con lo que Freud llamase “pulsión de muerte”. Y arraiga en una honda insatisfacción interna que es común, por naturaleza, a todo ser humano. (En sucesivos textos habrá que analizar esta insatisfacción).
Todo el orden humano (político, económico, social, vivencial...) está edificado sobre la voluntad de poder. Pero ésta choca con el ansia de libertad humana, a la vez que deriva de ella (anhelar más poder implica superar todos los frenos y restricciones a mi capacidad de maniobra). Con ese choque se activa el mecanismo de acción-reacción, que torna inestable y precaria cualquier convivencia humana, favoreciendo así la guerra pero conduciendo en la mayoría de los casos a la represión (una intensificación del poder del hombre por el hombre y de la violencia consiguiente).
Frente a este esquema patológico y patógeno, la no violencia sólo puede prosperar sobre la base de la renuncia al poder. Todo poder implica, per se, algún grado de violencia (latente o patente y más o menos "solidificada"). La renuncia a imponerse sobre la voluntad del otro, en concreto del opresor, pero a la vez sin plegarse a ella, es la esencia de la praxis de la no violencia activa. De este modo se previene la caída en la dinámica acción-reacción, que a su vez tiende a igualar miméticamente a las dos partes enfrentadas, generando un crescendo de violencia (en la obra de René Girard Veo a Satán caer como el relámpago tenemos un magistral análisis de esta propensión mimética). Y, lo que es aún peor: la consolidación de unos esquemas basados en la rivalidad y el afán de dominación.
La cuestión es: ¿Cuántos estamos realmente dispuestos a renunciar al poder?
«El amor de nuestros enemigos al que nos llama Jesús, nos obliga a soportar con paciencia los sufrimientos que nos hacen padecer, sin utilizar contra ellos los medios que han utilizado contra nosotros. La primera exigencia del amor al enemigo es el respeto de su vida y, en primer lugar, de su vida corporal; es no ejercer sobre él violencia de ninguna clase. Es la no-violencia» (Jean-Marie Muller, El evangelio de la no-violencia, Fontanella, 1973, pág. 55).
La no violencia, sin embargo, no implica siempre silencio ante el opresor. Jesús de Nazaret, el Maestro que nos aconsejó poner la otra mejilla (y que fue él mismo ejemplo de ello), tras ser injustamente golpeado por decir algo "inconveniente", respondió: «Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me pegas?» (Juan 18: 23).
La denuncia no sólo es legítima sino que, a menudo, resulta imprescindible. La clave está en ejercerla, no como arma arrojadiza contra el opresor (en tal caso, participaríamos en su violencia), sino pensando también, y no secundariamente, en su propio beneficio moral.
Contra lo que algunos piensen, el Maestro no era un blando. Practicó la crítica dura y enérgica en diversas ocasiones, sobre todo hacia quienes detentaban el poder. Pero jamás lo hizo con odio, sino siempre con tristeza, como lo reflejan sus célebres "ayes" (ver, p. ej., Mateo 23: 13-29).
01 Feb 2008
El jefe del Vaticano quiere ver al PP en el gobierno

Todos los católicos romanos («la muchedumbre de los fieles») deben obediencia al papa, quien tiene «la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad». O sea, como le dé la real gana. Esto atañe en particular a sus obispos, los cuales han de ejercer siempre su ministerio «en comunión con el obispo de Roma», el «jefe» y «cabeza» del «colegio episcopal» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, págs. 210-211).
Sobre esa base hay que leer la nota de la Conferencia Episcopal Española (CEE) hecha pública ayer, un acto electoral más a favor del PP. No se olvide que hace un mes, el 30 de diciembre de 2007, el propio Ratzinger apareció por videoconferencia en la madrileña Plaza de Colón. El motivo era apoyar la concentración que, con la excusa de la familia, convocaron los obispos españoles en su campaña antigubernamental.
Particular atención merece la alusión al terrorismo que hace el punto 8 de la nota obispal, donde se rechaza la interlocución política entre los gobiernos y las bandas terroristas. Lo llamativo no es sólo que redunde en el tema estrella del PP contra el gobierno, sino el hecho de que la propia ICR es experta en promover y efectuar contactos diversos con bandas terroristas. En el caso etarra son célebres, por discretamente que se realizasen, las mediaciones de Roger Etchegaray, todo un cardenal, a quien se relacionó también con el proceso de paz derivado de la última tregua etarra (sin duda aludida por el comunicado obispal). O las del cura norirlandés Alec Reid, quien afirmó contar con el beneplácito de Roma. Conocidos son también los ejemplos de los obispos Setién y Uriarte, ambos de la diócesis de San Sebastián en distintas épocas, declarados partidarios del diálogo con ETA (línea que también apoyó en su momento el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, actual presidente de la CEE). O, ya al margen del caso vasco, la pública mediación de los obispos colombianos entre el gobierno de Uribe y las sanguinarias FARC.
Todo esto, aunque escandaloso, en realidad no es raro tratándose de la ICR, entidad adicta al PsíC. La propia nota obispal que nos ocupa contiene al menos un par de ejemplos más de su doble juego. En el punto 9 de la misma afirma: «La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España.» Aunque la frase resulta, como siempre cabe esperar, jesuíticamente ambigua, es obvio que concede al nacionalismo periférico una “legitimidad” que el principal órgano mediático oficial de la ICR en España, la Cadena Cope, niega tajantemente todos los días.
En el punto 5, los obispos afirman: «...no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica. Pero sí que se atengan al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo.» Pero sabido es qué entiende la ICR por “la moral fundada en la recta razón” (en todo caso, la que así lo esté según ellos) y a qué “experiencia histórica” se refiere en el caso español (la nacional-católica).
El punto 7, más que evidenciar el típico carácter contradictorio de la ICR, entraña una implícita declaración de su voluntad de poder: «No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna.» En otras palabras, consideran injusto que un gobierno, aunque sea democráticamente elegido, gobierne al margen de su tutela moral-religiosa.
En realidad el comunicado obispal no aporta nada nuevo. Pide el voto al PP (al pedir que no se le dé al PSOE), en coherencia con la línea seguida por la ICR en estos cuatro años. Muchos progres pánfilos seguirán creyendo que es porque en la CEE ha triunfado el “ala dura” (por cierto, a pesar de que Blázquez tampoco ha dimitido esta vez...). Se empeñan en ignorar u olvidar quién dirige la ICR, una organización político-religiosa estrictamente jerarquizada.
El hecho es que, una vez más, cierto jefe de estado extranjero se muestra empeñado en que se produzca un cambio de gobierno en España. Y no me refiero ni a Bush, ni a Sarkozy, ni a Merkel (todos ellos, amigos del Vaticano), quienes también están por la labor, sino al que es a la vez el líder del catolicismo romano en todo el mundo, y que no ignora el dulce momento que vive su opción de poder planetario en los albores de la Era Neorreligiosa.
Pues resulta necio olvidar que en la época de la globalización (unipolar, pero bicéfala) la coyuntura internacional es decisiva para lo que ocurra en España (un país que, además, es contemplado como laboratorio vaticano de cara a ulteriores conquistas mundiales).
Con estos mimbres, quizá no lleguemos nunca a ver a Mariano Rajoy bajo palio (tal vez porque tiene menos carisma que el “Caudillo”). Pero, desde luego, el carácter aconfesional del estado español quedará cada vez más en entredicho.
28 Ene 2008
No violencia activa (I): Una década "pacífica"...
El día 30 del presente mes de enero se celebra, en honor a Mohandas Karamchand Gandhi (asesinado hace sesenta años), el Día Escolar de la No Violencia y la Paz.
Será sólo unos días después de que en Estados Unidos haya tenido lugar la festividad de Martin Luther King, el líder negro (asesinado hace cuarenta años) que siguió la estela del gran apóstol indio de la no violencia.
Ambas jornadas, a cuál más inútil, se enmarcan estos años en la Década Internacional para una Cultura de la Paz y la No Violencia (2001-2010), decretada por la Asamblea de la ONU en 2000 y especialmente centrada en los niños del mundo. Sabido es que, a pesar de que casi nadie conozca siquiera la existencia de tan benéfica década, ésta se viene celebrando a bomba y platillo con una generosísima abundancia de fuegos artificiales (Afganistán, Chechenia, Irak, Sudán, Haití, el Congo, Kenia…). Para que no decaiga la fiesta hay programados todavía nuevos fastos, con ruidosas tracas adicionales, en otros puntos del planeta (Irán, quizá Kosovo…), antes de que concluya el pacífico decenio. Todo ello, aderezado con el bullicioso “terrorismo islámico”, algo más modesto pero no menos espectacular (que por algo lo ha orquestado el Comité de Festejos Imperiales, de modo que no falte ningún detalle de color ni de sana alegría).
«Porque el año 2000 debe ser un nuevo comienzo para todos nosotros. Juntos podemos transformar la cultura de guerra y de violencia en una cultura de paz y de no violencia.
»Porque esta evolución exige la participación de cada uno de nosotros y ofrece a los jóvenes y a las generaciones futuras valores que les ayuden a forjar un mundo más justo, más solidario, más libre, digno y armonioso, y con mejor prosperidad para todos.
»Porque la cultura de paz hace posible el desarrollo duradero, la protección del medio ambiente y la satisfacción personal de cada ser humano» (Manifiesto 2000 para una cultura de paz y no violencia).
Etcétera, etcétera.
Pero dejémonos de palabras huecas de burócratas más o menos bienintencionados y meditemos en las de un hombre que sí llenó de contenido práctico el vocablo ‘paz’, entregando la vida al hacerlo. En ellas encontramos las claves genéricas de la única actitud humana verdaderamente revolucionaria:
«Para mí, la no violencia no se reduce a un simple principio de orden filosófico. Es regla de toda mi vida. Es su soplo. […] Para no separarse jamás de este camino de la no violencia, hay que ponerse continuamente en manos de Dios, estar siempre dispuestos a la abnegación y a la más profunda humildad. Para practicar la no violencia, hay que ser intrépido y tener un coraje a toda prueba. […] No hay ninguna salida posible fuera de la verdad y la no violencia. […] Ni la falta de verdad, ni la violencia, sino únicamente la no violencia y la verdad pueden responder a la ley de nuestro ser» (Gandhi, Todos los hombres son hermanos, pág. 64).
24 Ene 2008
Sigue a buen ritmo la campaña electoral del PP
Imagínate que te invitan para formar parte del comité de honor de un evento destacado y multitudinario. Es probable que, sean o no de tu agrado los actos públicos, te sientas honrado por la invitación.
Pero además imagínate que, una vez allí, varios de los oradores utilizan el micrófono para atacarte públicamente. Por resumir, te llaman "mentiroso", "arrogante", "sectario", "traidor", "cómplice de asesinos"... y otras cosas igual de amables. ¿Cómo te sentirías?
Ahora suponte que, antes de la celebración del evento, llegas a la conclusión de que los organizadores del mismo tienen previsto que ocurra lo susodicho: que seas duramente atacado por personas cercanas a quienes te "honraron" nombrándote para formar parte de su comité de honor. ¿Irías? ¿O tal vez comprenderías que se trata de una trampa?
Pues bien, eso mismo es lo que ha ocurrido con Zapatero y el IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo (22 y 23 del corriente), nombre dado al último macroacto electoral del PP, tal como anunciábamos en el texto inaugural de El Blog de Cordura. No contento con ello, el Partido Popular ha pedido hoy el voto a las víctimas a través de una de ellas, José María Aznar (presidente de honor del partido y ex presidente del gobierno español, que además tiene el "honor" de ser uno de los cabecillas planetarios que iniciaron la guerra terrorista contra Irak). Textualmente ha dicho: "Deben pensar bien si quieren dar su voto a alguien que les ha engañado en un asunto tan básico como es el terrorismo".
Y, por supuesto, a Zapatero le han afeado su ausencia (pero, ¿desde cuándo el líder de un partido tiene que ir a un acto electoral de otro, casualmente el más enfrentado al suyo?). Manipulando la tragedia de las víctimas presentes (no todas las existentes, pues varias asociaciones españolas de las tales se han negado a asistir, y la colombiana Clara Rojas, recientemente liberada por las FARC, adujo "cansancio" para suspender su alocución), el PP y sus compañeros mediático-eclesiásticos lo tenían todo previsto:
"Si viene Zapatero, lo humillamos. Si no viene, lo humillamos."
Pero además, previsto o no, se ha aprovechado el acontecimiento ("Ya que estamos aquí...") para solicitar el voto a los congregados con vistas a las elecciones del 9 de marzo.
A fin de cuentas, se trataba de un acto electoral. Como lo fuera la cita obispal del día 30 de diciembre en la Plaza de Colón. Y como lo serán los próximos actos de camuflaje electoral del PP (el de este domingo en Barcelona, con la excusa otra vez de la familia; el del 16 de febrero en Madrid, con el pretexto del aborto; y los demás que vendrán...).
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