
La Catedral de Sevilla, se levantó sobre una mezquita edificada por orden del califa Abu Yacub Jusuf desde el año 1172 hasta 1198, que se terminó en tiempos de su hijo.

Cuando el rey Fernando III reconquista Sevilla en 1248, convierte la mezquita almohade en catedral cristiana, sin alterar su estructura arquitectónica sino adaptando el edificio al culto cristiano hasta que en 1433 el cabildo de la Catedral decide levantar un nuevo templo, comenzando las obras dos años después, lo que significó el derribo de la mezquita casi en su totalidad excepto del alminar, es decir, “la Giralda” como popularmente se le conoce.





Las obras del nuevo templo se prolongaron durante un siglo realizándose en el estilo gótico imperante en la España del siglo XV, sucediéndose numerosos arquitectos, hasta que Alonso Rodríguez lo culminó en 1506. Y a partir de ahí, numerosas restauraciones, hasta conformar el edificio que tenemos actualmente.
Tinajas de Triana
La formación de pendiente inicialmente estaba formada por tinajas de cerámica de desecho de las alfarerías al parecer del barrio de Triana del siglo XV.
















Nave del Lagarto
Junto al cocodrilo (o lagarto), hay colgados un colmillo de elefante y una rienda de animal. La leyenda cuenta que en el siglo XIII, una embajada de un rey musulmán oriental visitó al rey Alfonso X y le trajo de regalo un cocodrilo, un elefante y una jirafa: cuando los animales murieron se depositó en la Catedral la rienda de la jirafa, el colmillo del elefante y el cocodrilo disecado. El cocodrilo está tallado en madera, pero, por su tamaño y por estar forrado de tela, que, al partirse, daba desde abajo la impresión de ser piel a jirones, en Sevilla siempre se ha creído popularmente que el Lagarto de la Catedral era un auténtico animal disecado.

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