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    <message>Con el mismo vino 
Pablo Mora




Lejana, silenciosa, larga sombra. Alta vigilia, rastro de la tierra. Bramido sordo de la parda luz. Ventanas, goznes, muros, quemaduras. Clamor del hambre, grito poderoso. Infinita orilla, aire detenido. Sagrada apuesta, vengativa luz. Paloma, caracol y compraventa. Feraz, gloriosa, repentina, ilesa. &#205;ntima soledad amenazada. La l&#237;nea precisa del abismo. Para llegar a tientas a la nada. Desde el morir al no morir viviendo. Del otro lado de la sombra en luz. 
. 

Fresca, pronta, alegre, cabizbaja. A veces agridura, dulceamarga. A ratos torpe, en fuga pensativa. Sorpresivamente alada. Reciamente atuendo. Oscuramente lumbre. Breve lechuza lujuriosa. Temblor, magia, pluma, serran&#237;a. Alegr&#237;a, m&#250;sica, amanecer. Incandescencia, revelaci&#243;n, azar. Buena, pr&#243;xima, lejana. Larga, corta. Misterio, cercan&#237;a. Alba, sol, roc&#237;o, penumbra, nieve presurosa. Estrella, ala, gemido, canto, trino. Collage, arte, poes&#237;a. Alborozo, secreto, fracaso, marcha, contramarcha, triunfo. &#193;ngel, vuelo, lecho, pan. Hosca, dif&#237;cil, comprensiva. Latido, danza, pas de deux. Camino, ra&#237;z, ramaje, savia, canto, nido. Aleteo, presagio y aventura. Rescoldo, llama, hoguera. La mentira, la indolencia, la verdad. S&#250;bitamente viva. Humanamente cierta. Airadamente tierna. Nocturnamente yendo. Quehacer, destino, enigma. Lo que sucede, sucedi&#243; o ha de suceder. Desnuda levedad a ras de suelo. 

Llegar vivos a la muerte. Luchar. Atravesar. Desafiar. Resistir. Sobrevivir. Jugar con la muerte. Ensayar continuas eternidades. Sue&#241;o, juego, paso, triunfo, resplandor, asombro. La forma en que acontece el tiempo, el otro r&#237;o. El modo en que amanece el hombre. La forma intrincada de los sue&#241;os. La manera de llevar las horas. De llevar los d&#237;as. De llevar la sombra. Sed de abrazo y vuelo. En vuelo al sol de la noche, al coraz&#243;n de la oscuridad, para amanecerla en luz. Semilla, lucha, siembra. Hasta el &#250;ltimo segundo, el &#250;ltimo rinc&#243;n, el &#250;ltimo lugar. Esperanza de fe plenificada. Furiosa tempestad de noche y d&#237;a. Es la arena enredada entre las olas, el mar que se desborda sobre el risco, feliz morada del so&#241;ar antiguo sobre el azul espejo de las aguas. Es la mirada de la noche en vela, el paso de los duendes sobre el mar, el relente susurro de los &#225;rboles, la sal, la espuma, el sol, las madrugadas 

Dios hizo el sue&#241;o; el hombre, el vino. Cabalguemos sobre el vino. Partamos sin espuelas y sin freno rumbo al azul. Por el azul huyamos sin sosiego al para&#237;so de los sue&#241;os. Demos de beber a las botellas. Roguemos porque a las noches no les d&#233; sue&#241;o. Bebiendo cielos, como copas de &#225;rboles, lleguemos a los dioses. Bebamos nuestro j&#250;bilo de ser del vino orfebres. En esta hora incierta de los hombres, entre la herida universal del orbe, golpe a golpe, hacia adelante, rema y rema. Subsanemos hambre en libertad. Sobrevivamos. Trascendamos en sobre vida. Grabemos el sue&#241;o entre los &#225;rboles para que vaya andando en el aire, como ellos, hacia arriba. Compartamos la luz del mundo, el pan del mundo al mismo tiempo que la noche oscura. Conden&#233;monos juntos o salv&#233;monos todos con las mismas manos, con el mismo vino y con las mismas sombras. Levantemos la copa por la vida. 

http://www.analitica.com/va/arte/oya/2631240.asp

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    <message>Vivos todav&#237;a 
Pablo Mora


Cabe la lumbre de un amanecer repleto de luci&#233;rnagas. A lomo de siglo. Al comp&#225;s de un mismo sue&#241;o. Dispuestos a alcanzar el horizonte. Desde estas alboradas so&#241;olientas. Desde el relente de este portachuelo. Vivos bajo el caudal enloquecido. Bajo la lumbre agazapada, el c&#243;smico pavor de la centella. Vivos todav&#237;a. Ante la huerta, jalonando soles, siglos, madrugadas, ventisqueros. Cruzando r&#237;os en noches espantosas. Cruzando mares. Invocando orillas inasibles. Capeando turbias confusiones. Remando entre tif&#243;n o torbellino. Despu&#233;s del vendaval, el cataclismo y la vor&#225;gine. Despu&#233;s del arrebato. Despu&#233;s del llanto, el miedo, el desespero. El hombre al desamparo de los dioses. A cielo descubierto, galopando tristumbres, soledades y esperanzas. 
De mano del lucero. Junto al grano y la simiente. A la derecha de la sombra. Del remolino, el v&#243;rtice o corriente. Del lado ac&#225; del cielo navegamos. De la sombra a la pena. De la pena al sollozo. Del sollozo al sue&#241;o. De la Nada a la Vida. De la Vida a la Muerte. De la Muerte al Misterio. Sobre las entra&#241;as de la noche. Navega que navega. Rema y rema. Asombro el de los magmas furibundos. 

Vivos todav&#237;a. Huy&#233;ndole al buitre de las aguas. Huy&#233;ndole a las garras del barranco. Huy&#233;ndole a la furia, a la jaur&#237;a. Huyendo de la tarde y de la nada. De la angustia crispada de la muerte. Al pie de alg&#250;n diciembre sin enero. Sacando cuentas, esperando olvidos. Sintiendo las tinieblas y el rel&#225;mpago. El ansia desgarrada de la luz. El canto, el rezo, el grito, el desenfado. El coro, la canci&#243;n, el griter&#237;o. El aullido terrible de los hombres. En el lugar del hambre todav&#237;a. En el lugar del grito todav&#237;a. Bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros. 

Vivos, en este mundo todav&#237;a. A la espera del juicio, la sentencia. Frente a todos los triunfos y derrotas. Venimos de la muerte hacia la vida. Nos espera la sombra de la estrella. Lo saben las espumas de la mar. Lo saben las monta&#241;as diluviales. De donde brota &#8211; monstruo de la noche &#8211; y estalla de furor entre las cumbres la tormenta feroz del ventisquero. Primero fue el barro. Y el barro se hizo llanto. Siempre fue el llanto y estamos en el llanto. Seguimos en las sombras todav&#237;a. Vivos, en este barro todav&#237;a. (Le&#243;n Felipe). 

&#8220;Gira la gran rueda del tiempo.&#8221; (Enrique Bernardo N&#250;&#241;ez). El tiempo la ventana por donde la noche nos mira. &#8220;El presente es el yunque donde se forja el porvenir.&#8221; (V&#237;ctor Hugo). &#8220;El tiempo es el precio de la eternidad.&#8221; (Bourdalque). &#8220;El dolor rompe el tiempo&#8230; En tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche.&#8221; (Ernesto Sabato). 

Calladamente todo voy dejando: pensamientos, corbatas y recuerdos. El cafetal de mi primera aldea muy lejano est&#225; ya de mi conciencia. Prosaicamente todo voy dejando: los sue&#241;os, los presagios, las veredas. Es poco lo que resta ya en mi mente de lo poco que he visto aparecer. Hasta este sue&#241;o ya me est&#225; dejando: de tanto andar sobre la misma acera teme que ser&#225; en ella donde quede. Calladamente todo voy dejando. Todo en m&#237; solamente es ya recuerdo y apenas si recuerdo lo que queda. 
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Al alim&#243;n con Mario Benedetti


Pablo Mora


&#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s? &#191;junto al r&#237;o o al borde de la noche? &#191;junto  al pan o al borde de la sombra? &#191;en un pasado del que no hay que hablar o en el mejor de los ag&#252;eros? &#191;d&#243;nde? &#191;d&#243;nde? &#191;en la sabana, en la selva, en  los raudales? &#191;en la zanja azul del horizonte o en las insomnes cejas de estas teclas? &#191;en la desolaci&#243;n de la memoria?  &#191;en la desgarradura de sus soles? &#191;en los cimientos de la aldea? &#191;en los suspiros del viento? &#191;en las sogas del hambre? &#191;en los ahora libres calabozos o en las celdas de fantasmas asiduos? &#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s? &#191;en las manos abiertas y aprendices o en los mu&#241;ones del remordimiento? &#191;en las solapas del tiempo o en los relojes de le&#241;a? &#191;en los cubiertos, las sombrillas, las cucharas? &#191;simplemente en el sur? &#191;en el mar, en sus golfos, sus riberas? &#191;en el ca&#241;o, los aleros, los postigos? &#191;en qu&#233; pron&#243;stico o escape? &#191;en qu&#233; repliegue del dolor? &#191;en que surco de la trampa? &#191;en que pesta&#241;a del odio? &#191;lo llevo acaso en m&#237;? &#191;lo llevas t&#250; de lado? &#191;lo lleva el mar de leva? &#191;me espera en sue&#241;os? &#191;en qu&#233; sue&#241;os? &#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s? &#191;debajo de la nube? &#191;encima de los dioses? &#191;del lado ac&#225; del viento? &#191;del lado all&#225; del trueno? &#191;sobre cu&#225;ntos despojos? &#191;metido en qu&#233; fragores? &#191;entre anafres y acechanzas? &#191;lindante con qu&#233; alivios? &#191;distante de la suerte? &#191;lejano de su sombra? &#191;rostro en qu&#233; piedra o ci&#233;nega? &#191;petroglifo, azucena o fogarada? &#191;trompo al aire? &#191;dado suelto, cargado o en azogue? &#191;crepitando de enigmas? &#191;en soledumbres, bocanadas? &#191;en miseria, quebrantos o malezas? &#191;incontable de amores? &#191;asceta en qu&#233; triunfo? &#191;bandera en qu&#233; cima? &#191;celaje en qu&#233; puerto? &#191;pulso de qu&#233; candombe? &#191;barricada en qu&#233; lidia, en qu&#233; combate? &#191;postergado en qu&#233; olvido? &#191;sumido en qu&#233; llanto? &#191;espantado, adolorido? &#191;en qu&#233; sue&#241;o, reto o clarinada? &#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s?

&#191;ser&#233; sordo a su viejo cuchicheo o ciego ante el tiz&#243;n de sus crep&#250;sculos? &#191;prestar&#233; o&#237;dos a sus quejas?  &#191;pesta&#241;as a sus ojos? &#191;manos a sus prados? &#191;d&#243;nde est&#225;? &#191;o estar&#225;? &#191;en qu&#233; rinc&#243;n o pedacito de miedo poco ilustre? &#191;en qu&#233; grito o clar&#237;n? &#191;acurrucado, agazapado, desvelado? &#191;en pie de asombro?  &#191;d&#243;nde? &#191;en qu&#233; muralla o huerto? &#191;en qu&#233; palacio, tugurio o enramada? &#191;en qu&#233; pelda&#241;o, arena o portachuelo? &#191;en qu&#233; campana, conticinio o alboroto? &#191;d&#243;nde? &#191;d&#243;nde? &#191;d&#243;nde?  &#191;librar&#233; su pan, su calma, su cordura, su rabia o arrebato? &#191;no cesar&#233; jam&#225;s de preguntarlo? &#191;nunca vendr&#225; a mi encuentro y, si viene, con qui&#233;n? &#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s? &#191;en qu&#233; destino o alucinaci&#243;n? &#191;en qu&#233; delirio, insomnio o madrugada? &#191;en qu&#233; nido de hornero? &#191;o de v&#237;bora? &#191;o de &#225;ngeles? &#191;en que alameda, en qu&#233; tardanza? &#191;en qu&#233; crep&#250;sculo, arco iris o tonada? &#191;en qu&#233; altivez de faro tenue? &#191;en qu&#233; lugar del rostro? &#191;en qu&#233; rastrojo, cerro o emboscada? &#191;d&#243;nde? &#191;en la frontera del tel&#233;fono? &#191;en la parcela de la suspicacia? &#191;socio de la quimera? &#191;partido en dos o en tres pedazos? &#191;callado, a gritos o a zancadas? &#191;dulce de alaridos? &#191;extenuado de tr&#225;nsitos? &#191;sumiso, insigne, doblegado? &#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s? &#191;en el cuaderno, en los platos, en las planas? &#191;en la casi agobiante tensi&#243;n de la esperanza? &#191;en la alegre pesquisa de los ni&#241;os? &#191;en la sonrisa de sus soles? &#191;en las luci&#233;rnagas? &#191;en el clavel de la amnist&#237;a? &#191;en las deudas de sus montes? &#191;en las huellas del p&#225;nico? &#191;en los morrales del hambre? &#191;est&#225; en los que no est&#225;n? &#191;en el mont&#243;n de la penuria? &#191;en los umbrales y fogones? &#191;en los absurdos que sobran? &#191;en el enjambre que irrumpi&#243; en la calle? &#191;en el tel&#243;n impune? &#191;en el zanj&#243;n? &#191;en las gotas del alambre? &#191;d&#243;nde? &#191;en el pan que amanece pese a todo? &#191;en la bondad end&#233;mica? &#191;en el regreso de los nietos pr&#243;digos? &#191;en los asuntos rojizos? &#191;en las costumbres del gallo? &#191;en los luceros del d&#237;a? &#191;en la laga&#241;a del ciego? &#191;d&#243;nde est&#225; mi pa&#237;s? 
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    <message>Cuenta Abierta

Educador infatigable 
Pablo Mora


&#8220;Ch&#225;vez es un educador infatigable. No vacila en describir lo que significa el capitalismo. Va desmontando una por una todas sus mentiras. Es implacable. Describe el sentido de cada una de las medidas que el socialismo lleva al pueblo. Conoce cu&#225;nto sufre el ser humano cuando &#233;l, su mujer, sus hijos, sus padres, sus vecinos, no tienen nada, y unos pocos lo tienen todo. Demuestra el ego&#237;smo de los ricos que todo lo subordinan a las leyes ciegas e inexorables del mercado, opuestas a toda racionalidad en el empleo de las fuerzas productivas. 

Constantemente lo demuestra con la obra que se lleva a cabo en Venezuela. 
Ch&#225;vez inund&#243; Venezuela con libros. Antes promovi&#243; que todos los ciudadanos supieran leer y escribir. Abri&#243; escuelas para todos los ni&#241;os; estudios medios y t&#233;cnicos para todos los adolescentes y j&#243;venes, posibilidad de educaci&#243;n superior para todos ellos.

La flor y nata del pensamiento olig&#225;rquico y contrarrevolucionario se re&#250;ne en Caracas para declarar por todos los medios que en Venezuela no hay libertad de prensa. Ch&#225;vez los ret&#243; a participar en el "Al&#243; Presidente", que cumple su d&#233;cimo aniversario, a discutir el tema con los intelectuales venezolanos; &#233;l estar&#237;a sentado en el p&#250;blico, dispuesto a escuchar el debate. Cuando escribo esta Reflexi&#243;n, no han respondido una palabra.

A las 6 y 40, comenz&#243; de nuevo el "Al&#243;". La palabra encendida de Ch&#225;vez se escucha otra vez el segundo d&#237;a de la conmemoraci&#243;n. Se inicia con la presencia de los ministros de Cultura del ALBA que participan en una reuni&#243;n internacional de ministros de ese ramo. En la actividad se est&#225;n pronunciando brillantes discursos que enriquecen el pensamiento pol&#237;tico. Ch&#225;vez reiter&#243; su reto. Invit&#243; otra vez a las lumbreras de la oligarqu&#237;a internacional a discutir y no han respondido, son ya m&#225;s de las 7 de la noche. Me concentrar&#233; en los brillantes y sentidos discursos que se est&#225;n pronunciando. Pido excusas. 

&#8220;Al&#243;, Presidente&#8221; comenz&#243; sus transmisiones el 23 de mayo de 1999. Ese d&#237;a de este a&#241;o, Ch&#225;vez estaba en Ecuador celebrando el 187 aniversario de la Batalla de Pichincha. 

El caso de Hugo Ch&#225;vez Fr&#237;as es excepcional en la historia de la pol&#237;tica. Otros han logrado fama y celebridad a trav&#233;s de la prensa escrita, radial o televisiva, pero nunca una idea revolucionaria hizo uso de un medio de comunicaci&#243;n con tanta eficacia. En la &#233;pica lucha de la Revoluci&#243;n Bolivariana, sin ese programa, el imperialismo y la oligarqu&#237;a, con su control casi absoluto de los medios de comunicaci&#243;n masiva, sus calumnias y mentiras, habr&#237;an destruido la Revoluci&#243;n en Venezuela. 

En ese incesante intercambio, Ch&#225;vez ense&#241;aba y aprend&#237;a, educaba y era educado por el pueblo. Le&#237;a, adquir&#237;a y transmit&#237;a conocimientos. Estudiaba y recomendaba libros; recordaba la rica historia de su pa&#237;s, las luchas y los sue&#241;os prof&#233;ticos de Bol&#237;var, muchos de cuyos discursos conoc&#237;a de memoria&#8230; Ha sido un gran amigo en d&#237;as dif&#237;ciles de la Revoluci&#243;n. Hemos resistido y seguiremos resistiendo firmemente. Tenemos hoy m&#225;s razones que nunca para hacerlo&#8221;. De &#8220;Reflexiones del compa&#241;ero Fidel&#8221;. 

http://www.lanacion.com.ve/noticias.php?IdArticulo=117914&amp;XR=1
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    <message>A prop&#243;sito de la obra de Pablo Mora

Aunque nativo de Santa Ana del T&#225;chira (1942) buena parte de la existencia de Pablo Mora ha transcurrido en San Crist&#243;bal. Una afortunada frase de Heidegger en El ser y el tiempo permite explicar la actitud &#243;dica de Pablo Mora: &#8220;El mundo es a la par suelo y escenario&#8221;. Este bardo no s&#243;lo ha captado la pulsi&#243;n del vivir hist&#243;rico y del vivir cotidiano de la polis sino ubicado con propiedad en medio de la rosa de los vientos de las corrientes est&#233;ticas e ideol&#243;gicas, entrantes de manera continua por la gran puerta internacional de esa ciudad fronteriza, irgui&#243; en certeza sensible una obra l&#237;rica de interpretaci&#243;n y actuaci&#243;n sobre su entorno, de gran significancia y alcance. Heredero de la tradici&#243;n en la gaya ciencia de la jugler&#237;a de un Manuel Felipe Rugeles o de un Juan Beroes sus composiciones contribuyen a enriquecer el patrimonio literario de los Andes venezolanos. 

A partir de una actitud &#243;dica de identificaci&#243;n con su mundanidad inmediata y a la vez de apertura al pensamiento art&#237;stico universal de estas d&#233;cadas, Pablo Mora ofrenda su poes&#237;a a sus contempor&#225;neos. En ella ha aposentado el registro de sus vivencias, las intuiciones de su coraz&#243;n, las cogitaciones de su talento, la firmeza de su exigencia. Ha compuesto, con sus palabras impregnadas de libertad imaginativa, una l&#237;rica de alta latitud calol&#243;gica. 

San Crist&#243;bal al margen de la explosi&#243;n desarrollista macroecon&#243;mica pero nucleada en torno al soledoso cultivo de su armon&#237;a entre su corporeidad arquitectural y su paisaje, entre los bienes materiales y espirituales, cuenta con un pr&#243;vido poeta quien la entiende a trav&#233;s del amor y la lleva, existencialmente, en sus cantos.

Capit&#225;n de Poetas, Pablo Mora  finca su trabajo en una actitud &#243;dica identificada con su mundanidad inmediata y de apertura. Su verdad se puede llamar humanismo, hombre, humanidad. Conduce ahora las voces de sus huestes l&#237;ricas al trav&#233;s de las p&#225;ginas de A coro en el asombro y con ello no hace otra cosa sino aportar al mundo de la poes&#237;a del mundo un canto coral para enriquecimiento de la belleza y de la espiritualidad de sus lectores.
Lubio Cardozo (Venezuela)
Ligado a la vida universitaria y tambi&#233;n excelente prosista, Pablo Mora es sin duda el autor m&#225;s prol&#237;fico de la poes&#237;a tachirense en la actualidad.
Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (Venezuela)
Poes&#237;a sobria y honda es la suya que recala en las ra&#237;ces del hombre, buceando en su destino com&#250;n y, a veces, tan tr&#225;gico. Hay un dejo de nost&#225;lgica ternura en muchos de sus versos que perduran a trav&#233;s de largos ramalazos m&#225;gicos.
&#8230; Me ha llegado su &#8220;Alm&#225;cigo 3&#8221;. Cuidadas han sido las simientes que me llegan desde su Alm&#225;cigo primero. Protegidas con esmero  y amor. Los frutos est&#225;n a la vista en este &#8220;Alm&#225;cigo 3&#8221;, donde se entremezclan los ecos de la infancia, lunas distra&#237;das,  ra&#237;ces que recalaron en el hombre, en sus miserias, en sus esperanzas,  en sus miedos y fantasmas. Pero por sobre todo anidan en &#233;l las preguntas sobre lo ya ocurrido, lo por venir; antenas vigilantes rodean la noche del poeta. Y por momentos transforman su vigilia en angustia y crispaci&#243;n. Pero tambi&#233;n,  sobrevienen los sue&#241;os. Y la vida.  Y por sobre todo ello, urticante, febril, anunci&#225;ndose con golpes de luz y sombra: la POES&#205;A.
Luisa de Pasamanik (Argentina)
Su poes&#237;a (Alm&#225;cigo) golpea con certidumbre, rasga las vestiduras y obliga a pensar, lo que no es poco en estos tiempos de tanta cordura as&#233;ptica no entrometida. Lejos de adensarse en la placidez sentimental, su estro es espada fulgurante que restalla en el aire y quiere cortar y medir cada espacio de nuestros d&#237;as. No obstante ello, ciertos rasgos del paisaje intiman con el alma y trascienden del esp&#237;ritu al entorno del c&#225;ntico.
Luis Ricardo Furlan (Argentina)
Pablo Mora es un hombre sencillo pese a que ha merecido elogios de muchos intelectuales y cr&#237;ticos de Iberoam&#233;rica e inclusive de Europa, quienes han reconocido la profundidad y el rico contenido de su obra po&#233;tica.
Alexander Contreras (Venezuela)
Es una poes&#237;a honda y preocupada la suya, una poes&#237;a que responde a una conciencia rigurosa y a un sentido humano, pero al mismo tiempo posee una expresividad muy original, de efectos muy medidos como en los excelentes poemas que cierran el cuaderno se comprueba: &#8220;Ra&#237;ces&#8221; y &#8220;Funci&#243;n&#8221;: me parecen piezas de gran aliento, abordando una problem&#225;tica que no puede ser m&#225;s actual.
Leopoldo de Luis (Espa&#241;a)
Su poes&#237;a como siempre sigue alentando con absoluta libertad expresiva, dentro a&#250;n de las modalidades cl&#225;sicas en que la resguarda.
Luis Ricardo Furlan (Argentina)
Sus poemas de Alm&#225;cigo me gustaron por su sobriedad y su brevedad. Los poetas que parece usted apreciar (Neruda, Vallejo, Whitman) son tambi&#233;n de los que yo prefiero. El ritmo interno (por lo repetitivo)  en Serie me parece un acierto. Su dominio del vocabulario po&#233;tico, el tratamiento sincero de los temas, la fuerza apoyada en la sobriedad, el no huirle al compromiso, todo ello me parece muy positivo y resumido en su Corolario que es un texto ejemplar por decir en poqu&#237;simas palabras lo que muchos sienten y piensan.
J. Garavito (Francia)
Usted ha elegido como prueba de fuego el molde cl&#225;sico y perenne del soneto. Y sale airoso de la prueba. Juega con el soneto como quien a la vez que es poeta aut&#233;ntico domina adem&#225;s la t&#233;cnica del oficio.
Fray Jer&#243;nimo Verduzco, O. P. M. (M&#233;xico)
Bastante m&#225;s que Alm&#225;cigo es este bien cuajado sembrad&#237;o de sonetos que usted sabe trabajar con arte y se&#241;or&#237;o no a todos concedido. Lo felicito; y veo que con plumas como la suya todav&#237;a hay rato para que el soneto no muera, como tantos incapaces desear&#237;an.
Pedro Pablo Barnola, S. J.  (Venezuela)
Decisamente una poesia da leggere e da ritrovare nelle parole e nei significati, anche per le modulazioni che si inseriscono come un sottofondo vocale che rende pi&#249; vibrante il contenuto.
Otello (Mario) Martinelli (Italia)
&#8220;Alm&#225;cigo 3&#8221;, una nueva obra del Poeta Pablo Mora, adquiriendo nuevas resonancias vitales, capaces de alimentar los momentos humanos. &#8220;De frente a la vida&#8221;, contando su aventura vivida, como para sentir las palabras del tiempo pasado y rever los lugares recorridos, como un noticiero de s&#237; mismo. Una obra de valor po&#233;tico con una visi&#243;n humana de fuerte ahondamiento cultural, que Pablo Mora ha escrito con sensibilidad y atenci&#243;n al dolor que el poder impone para aprovecharse del trabajo ajeno, organizando la horripilante industria de la guerra.
Otello (Mario) Martinelli (Italia)
Dentro de &#8220;Alm&#225;cigo 3&#8221; nuestro joven poeta afirma y depura al mismo tiempo sus condiciones y caracter&#237;sticas creadoras.  Se mueve con notable soltura en el desenvolvimiento de todos los temas, desde los m&#225;s intimistas como son los del amor, hasta los menos intimistas como parecen ser los francamente protestatarios. En la elaboraci&#243;n de aqu&#233;llos y de &#233;stos, el verso ha adquirido indudable precisi&#243;n y eficacia comunicativa. De manera especial en el poema breve, del que Pablo Mora se nos presenta en este libro como muy significativo representante. Alm&#225;cigo 3  es libro que se lee con deleite. Y que, desde luego, consolida la posici&#243;n del autor dentro de la m&#225;s nueva poes&#237;a venezolana de nuestros d&#237;as.
Pedro Pablo Paredes (Venezuela)
Con &#8220;Alm&#225;cigo 3&#8221; Pablo Mora ampl&#237;a la tem&#225;tica de sus libros anteriores, imbuida profundamente por el amor a la tierra &#8212;de ah&#237; sus t&#237;tulos reiterados&#8212; y por la presencia del hombre cuya existencia gravita al desamparo de este tiempo, acorralado entre las amenazas de exterminio y el resplandor de la esperanza, tambi&#233;n amenazada.  En este libro la poes&#237;a de Pablo Mora, abiertamente autobiogr&#225;fica, emotiva y ubicada en su tiempo y espacio precisos, se nos presenta m&#225;s segura, m&#225;s honda y depurada, en relaci&#243;n con sus libros anteriores, que fueron bien recibidos por la cr&#237;tica, por cuanto en ellos fue tratada con autenticidad una tem&#225;tica profundamente humana y trascendente. Con este nuevo libro, Pablo Mora ratifica una vez m&#225;s su condici&#243;n de poeta consecuente con sus propias vivencias y con el mundo que lo rodea tenazmente.
Dionisio Aymar&#225; (Venezuela)
Enemigo del odio y de la guerra, soldado de la paz y mago del amor, el poeta viene de descargar sus ca&#241;ones para que el hombre tenga derecho a la convivencia y la fraternidad. Ama la semilla, la siembra, el &#225;rbol que levanta sus brazos para atrapar el cielo. El poeta ama la espiga. Por eso sus primeros libros tomaron el nombre de Alm&#225;cigo. Ahora este Alm&#225;cigo 4 En tiempo de Guerra porque el hombre vive en guerra permanente. Siembra el odio y la destrucci&#243;n. Para que las flores no estallen en mil colores, como palacios de las mariposas. El poeta Pablo Mora viene cargado de veinte a&#241;os de versos en espuma. En nieve, en trigo, en ma&#237;z, en pomarrosas,  en caimito, frailej&#243;n, cafetos, orqu&#237;deas y ca&#241;a de az&#250;car. Viene con el alba y con la aurora, para enterrar los crep&#250;sculos. Para que no llegue la noche, cuando el hombre se encierra en su castillo de maldad, para planear la guerra. Este poeta nuestro. Poeta del pueblo. Poeta del amor. Poeta del hombre. Este es el poeta del coraz&#243;n.
Francisco Guerrero Pulido (Venezuela)
Alm&#225;cigo 2: Internarse en su lectura es no dejarla hasta haberle dado fin, tan bellamente se desliza, tan ruise&#241;or de ventanal dolido, tanta espera de vuelos resplandecientes!  Pablo Mora nos va a seguir dando su estremecido canto consustanciado y entremezclado con misterio, enigma y realidades.
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
El endecas&#237;labo, adquiere una estructura formal perfecta, incluso, en los sonetos en rima libre &#8212;perfectos tambi&#233;n. Unos y otros, son piezas muy logradas. Autor de la obra &#8220;Alm&#225;cigo 2&#8221;, re&#250;ne en ella numerosos sonetos, esas piezas que son consideradas como la m&#225;s pura expresi&#243;n del &#8220;Arte mayor de la Poes&#237;a&#8221;, en la que como verdaderos maestros brillan nuestros cl&#225;sicos, Quevedo, G&#243;ngora, Lope, Garcilaso, Bosc&#225;n, etc., y he aqu&#237; que Pablo Mora logra, en estos poemas suyos,  plasmar estampas rutilantes &#8212;muestra de ese Arte mayor&#8212;, para cuya fiel interpretaci&#243;n se requiere poseer, como &#233;l la posee, mucha imaginaci&#243;n, mucho sentido de la armon&#237;a y tambi&#233;n &#8212;unido a la riqueza idiom&#225;tica&#8212; una sensibilidad extraordinaria siempre abierta a la percepci&#243;n del emotivo instante, en el cual el aliento po&#233;tico se manifiesta como un don ang&#233;lico, en el poeta.
Jos&#233; Jurado Morales (Espa&#241;a)
Los Tr&#237;pticos dedicados a Espa&#241;a, a Jes&#250;s, a la Madre, a Bol&#237;var, pero sobre todo a C&#233;sar Vallejo son poemas que nos obligan a aceptar, sin discusi&#243;n, la presencia de Pablo Mora, dentro del reducido c&#237;rculo de los excelentes poetas venezolanos. En Tr&#237;ptico a C&#233;sar Vallejo, Mora consigue concretar con belleza y creatividad el alma de este peruano universal. La atrapa en versos que definen la vigencia del glorioso mestizo, uno de los m&#225;s grandes poetas de la Am&#233;rica Hispana.
Vladimir L&#243;pez Negretti (Venezuela)
Una de las antolog&#237;as m&#225;s interesantes en torno a uno de los modos de expresi&#243;n de nuestra poes&#237;a es esta muestra que tiene al soneto escrito en Venezuela como su tema: El soneto en Venezuela, cuyo autor es Pedro Pablo Paredes. (Caracas, Monte &#193;vila Editores, 1985. 213 p.). Al conjunto ofrecido en la primera y segundas ediciones de El soneto&#8230;  &#8212;ambas impresas en 1962&#8212; se han a&#241;adido ahora cuatro nuevos textos escritos por Mar&#237;a Luisa Alonso, Elio Jerez Valero, Pablo Mora y Germ&#225;n P&#233;rez Chiriboga. De honda belleza nos ha parecido el del joven poeta Mora &#8212;&#8220;Color de la rosa&#8221;&#8212; cincelado con sabidur&#237;a verbal, equilibrado, sin las tensiones angustiosas de su poes&#237;a.
R. J. Lovera De-Sola (Venezuela)
En su obra sobresale una tem&#225;tica profundamente imbuida en la soledad del hombre, en la angustia y el dolor y la presencia ag&#243;nica del hombre de este tiempo. El poeta consagra su fe, por una parte, y por la otra su tremendo desasosiego frente a un mundo donde a menudo falta la justicia y sobra la crueldad. Con Pablo Mora, hombre de permanente disciplina intelectual y al mismo tiempo de conmovida sensibilidad, el T&#225;chira reafirma su decisiva contribuci&#243;n a la poes&#237;a venezolana.
Dionisio Aymar&#225; (Venezuela)
Uno de los poetas nativos del T&#225;chira que son cifra permanente en el mundo de las letras venezolanas. Uno de los poetas de mayor presencia en las nuevas generaciones literarias de Venezuela.
Ram&#243;n J. Vel&#225;squez (Venezuela)
Sus alm&#225;cigos denuncian su calidad de poeta ligado a la tierra y vinculado a la ra&#237;z sufriente del hombre campesino. Los conservar&#233; a mi lado y sabr&#233; buscar en ellos cuando tenga sed el agua que derrama su manantial monta&#241;&#233;s.
Manuel Rodr&#237;guez C&#225;rdenas (Venezuela)
Mora nos comunica su particular visi&#243;n de los acontecimientos, los hechos en su dimensi&#243;n m&#225;s honda, m&#225;s profunda, la art&#237;stica funci&#243;n del hombre puesto en la esfera de los sucesos y echado sobre los caminos de la imaginaci&#243;n para perfeccionar el cauce y la voz.
Antonio Ruiz S&#225;nchez (Venezuela)
Tu poes&#237;a es un cord&#243;n de im&#225;genes sabias, trazadas como una jugada de ajedrez que va derecho al jaque mate, sin que lo vulgo del juego matem&#225;tico le quite esa alma po&#233;tica que anima lo que escribes. Eres un gran poeta. 
Waldemar Dante (Chile)
Profundos temas engalanan este poemario Alm&#225;cigo. Su &#250;ltimo poema &#8220;Funci&#243;n&#8221; (Responso al Petr&#243;leo) es en s&#237;ntesis un gran manojo de verdad, dolor y desaz&#243;n. Hac&#237;a un tiempo que  no llegaba a nosotros un canto del hombre en defensa del hombre que a veces no encuentra o no sabe por qu&#233; vivir.
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
Su poes&#237;a es una voz viva, que se nos queda con aut&#233;ntica emoci&#243;n. Y en otros planos, este Responso al Petr&#243;leo, tambi&#233;n nos viene como una foto reciente y prof&#233;tica, a los mexicanos y no s&#243;lo a nosotros, sino a tantos y tantos ilusos pa&#237;ses flagelados, que no beneficiados, por el oro negro. Ya lo dijo nuestro L&#243;pez Velarde: &#8220;El ni&#241;o Dios te escritur&#243; un establo / y los veneros de petr&#243;leo / el diablo&#8230;&#8221;.
Soledad Garc&#237;a (M&#233;xico)
He le&#237;do con placer Alm&#225;cigo y Alm&#225;cigo 2. Me gusta tener la producci&#243;n del Grupo &#8220;Parnasillo&#8221;, que afianza su presencia, d&#237;a a d&#237;a, en las letras venezolanas. Aunque vivo muy alejado de las nuevas promociones de poetas (veo que Ud. es del 42), me apasiona el conocimiento de los actuales movimientos literarios. Reciba mi reconocimiento y un cordial abrazo.
Pedro Grases (Espa&#241;a)
Siguiendo los caminos de algunos de tus poemas llego al titulado: &#8220;Funci&#243;n (Responso al Petr&#243;leo) y creo que no se puede decir m&#225;s de este monstruo inhumano que est&#225; destrozando la luz primitiva del alma de los hombres y convirtiendo la Tierra en un estercolero, porque detr&#225;s del Padre-Petr&#243;leo llegar&#225; el Hijo de Puta de las Centrales Nucleares y las multinacionales del oro destrozar&#225;n nuestro planeta con sus ambiciones, a no ser que los seres del espacio, los extraterrestres, detengan la bestialidad que el capitalismo est&#225; desencadenando y que puede conducir a una guerra nuclear.
Manuel Pacheco (Espa&#241;a)
Lo felicito por sus versos llenos de impulso juvenil y savia nueva. Me ha encantado &#8220;Funci&#243;n&#8221;, pleno de fuerza expresiva.
Mario Brice&#241;o Perozo (Venezuela)
Alm&#225;cigo 2, dividido en tres partes denominadas &#8220;Del Hombre&#8221;, &#8220;Del Amor&#8221; y &#8220;De la Vida&#8221;, contiene 52 sonetos, a trav&#233;s de los cuales se canta una tem&#225;tica variada, tratada con singular afectividad y emoci&#243;n. As&#237;, el poeta nombra la monta&#241;a, donde nacieron sus primeras miradas; la neblina, que estuvo tan &#237;ntimamente vinculada a su infancia. As&#237;, tambi&#233;n, el poeta nombra la heredad, la penumbra, el coraz&#243;n, la lejan&#237;a, el paisaje, todo ello vital y profundo. Cabe mencionar igualmente la serie de Tr&#237;pticos, en todos los cuales campea la espontaneidad, se convocan las memorias amadas, los nombres y los sitios que de alguna manera constituyen la existencia. Pablo Mora, con estos sonetos, extrae desde el fondo de su ser esa luz grande que es el amor y que se proyecta sobre todos los seres y las cosas.
Dionisio Aymar&#225; (Venezuela)
De la noche insomne es un libro que revela, como uno de sus temas fundamentales, la libertad del hombre. Un hombre oprimido por todo lo que sucede en esta vida y que debe de alguna manera escapar o evadir esa realidad.
Tina Tarantini (Venezuela)
Alm&#225;cigo 3, m&#225;s que un refugio de lentiscos es la totalidad de sentimientos expresados por un hombre que ha compartido y siente las penalidades del labriego y se asoma a la puerta de su morada, donde un mundo de silencio se empoza en sus pupilas. Mora arremete contra la soledad, eco del misterio y revelaci&#243;n de la b&#250;squeda.
Ana Cecilia Guerrero (Venezuela)
Alm&#225;cigo 4 En tiempo de guerra  de Pablo Mora tiene sabor humano. Versos cocidos con el alma. La paz la guerra la guerra la paz, juego de palabras unamuniano para rescatar verdades. Un diez para este libro hermoso de Pablo Mora.
Juan Manuel Polo (Venezuela)
En este libro Alm&#225;cigo 4, su lucha por la paz se trueca en armaz&#243;n y ariete sentimental contra la agresi&#243;n y la hecatombe, un afirmarse en que no habr&#225; &#8220;tiempo de saber de su espesor&#8221; si los hombres no se persuaden de que la pr&#243;xima guerra ser&#225; la postrera&#8230; Pablo Mora, nos parece, alcanza, en este poemario, su m&#225;s preciso aliento en la estructura que inmortalizara Garcilaso: &#8220;No importa el llanto o la primer ca&#237;da, / la vida es solamente el compromiso /  de estar donde la vida misma quiso: / al lado de la vida de por vida.&#8221; Es &#233;sta una hermosa declaratoria de fe humana en la humanidad. Contra la muerte y los traficantes de la guerra Pablo Mora subleva sus batallas aladas, los huracanes y ventiscas que arrojar&#225;n lejos llantos y dolor. Hombro a hombro
se conciliar&#225; el hombre con su infancia
se cubrir&#225;n de flores los desiertos
Gustavo Pereira (Venezuela)

Alm&#225;cigo 4 En tiempo de guerra: un mensaje c&#225;lido de paz, de fraternidad y una ancha bocanada l&#237;rica. Su voz, indudablemente, lleva consigo reminiscencias de tradici&#243;n y al mismo tiempo permanente novedad. Adjunto encontrar&#225; un programa de la &#250;ltima temporada de Yolanda. La raz&#243;n es que en el proemio va el hermoso soneto que Ud. le consagrara. Para nosotros es un honor. Ya ve, pues, que su poema nos ha merecido siempre una honda estimaci&#243;n. De Yolanda, su permanente gratitud por la hermosa exaltaci&#243;n de que la hizo objeto.
Manuel Rodr&#237;guez C&#225;rdenas (Venezuela)
Mil gracias por el env&#237;o de su denso y conmovedor y conmovido poemario Alm&#225;cigo 4 En tiempo de guerra. No es frecuente embarcarse en una empresa l&#237;rica de esta magnitud. Es m&#225;s frecuente que publiquemos un librito con varios poemas breves o extensos. Pero dedicar toda una obra a un solo tema de enorme trascendencia  con gallard&#237;a y con tales interpelaciones a la conciencia de un Continente, de un mundo, es tarea cuasi colosal. Lo felicito de coraz&#243;n.
Fray Jer&#243;nimo Verduzco, O. F. M. (M&#233;xico)
&#8220;En tiempo de Guerra&#8221; nos muestra a un Pablo Mora m&#225;s maduro a&#250;n, m&#225;s compenetrado con los aconteceres que golpean a la sociedad mundial. &#201;l lanza un Canto a la Paz, sue&#241;a con la paz, para que los ni&#241;os tengan su cuota de felicidad ahora y despu&#233;s. &#8220;se conciliar&#225; el hombre con la infancia / se cubrir&#225;n de flores los desiertos&#8221;  Para que el hombre siga guardando en su interior la pureza, los sentimientos incontaminados, la primitiva dulzura, la inviolable ternura&#8230; En alguna oportunidad enfoques realizados por quien firma fueron le&#237;dos ante el p&#250;blico uruguayo, en el af&#225;n de dar a conocer valores de hermanos latinoamericanos&#8230; No m&#225;s guerras. Coraz&#243;n adentro, gracias Pablo Mora por tu mensaje de Paz y Esperanza!
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
Visitar su p&#225;gina web de poes&#237;a es visitar un archipi&#233;lago del sue&#241;o y la resistencia dentro de la Red. La poes&#237;a ha encontrado su medio y su soporte t&#233;cnico en Internet; su fugacidad eterna, su movilidad, su aleatoriedad, su multiculturalidad, tienen unas posibilidades infinitas que permiten y permitir&#225;n a la poes&#237;a, ser el recurso definitivo de los hombres libres y de aquellos que hoy luchan por la libertad y la justicia en todos los puntos cardinales de la tierra.
Omar Garc&#237;a Ram&#237;rez (Colombia)
Pablo Mora propone la instauraci&#243;n de una nueva disciplina que venga a cubrir los vac&#237;os en el estudio de la raz&#243;n po&#233;tica: la poiesolog&#237;a, &#8220;estudiar&#237;a los signos de la creatividad y las leyes que la regulan en relaci&#243;n con la naturaleza, el hombre y el arte; al interior de la ciencia, la t&#233;cnica y la tecnolog&#237;a&#8221;&#8230;  Si el hombre camina hacia la extinci&#243;n &#8212;la autoextinci&#243;n&#8212; le quedan tres alternativas: que &#233;ste s&#243;lo sea un destino aparente; el nihilismo; la responsabilidad. Esta &#250;ltima suena a inocente y ut&#243;pica, pero, &#191;queda algo m&#225;s? Todo esto lo dice Pablo Mora en Fondo Humanitario Internacional.
Marcos Taracido (Espa&#241;a)
Pablo, soldado de la palabra, desnudo solitario insomne, en vela, velando a pensamientos desatados, es semilla del hombre, es trigo, pan, espiga, sue&#241;o, ni&#241;o, que se hunde en el ser para sentir que es; se maravilla del discurso del agua, se asoma al canto de los &#225;rboles y escucha el aplauso de los p&#225;jaros, a pesar del estruendo de los hombres. Pablo, el hombre de asombro deshojado, con el gesto de asombro en la danza espectral de los insomnes, en el silencio en que se apaga el mundo, en el silencio en que el insomne flota, desgrana cuarenta poemas en versos libres, en los que juega con la palabra, revive la palabra, estremece la palabra. 
Carmen Teresa Alcalde (Venezuela)
Para abordar la poes&#237;a de Pablo Mora es necesario acercarnos a su esp&#237;ritu de alquimista literario.  Ha sabido, este denso poeta de avanzada, orquestar, si se quiere, perfectamente, la vida misma, con todas sus virtudes y defectos,   en una sinfon&#237;a pura titulada &#8220;Alm&#225;cigo&#8221;, que no es otra cosa sino su redenci&#243;n definitiva ante el caos en que se ve&#237;a inmerso por su preocupaci&#243;n inminente: la vida humana&#8230; Pablo Mora es el camarada y amigo que nos invita a despertar del ensue&#241;o para protagonizar la nueva revoluci&#243;n. Sus poemas manifiestan  rabia, descontento y sin embargo incitan a luchar por la paz social: El hombre, &#8220;un gran dolor en viaje&#8221;, a pelo, en la yegua de la poes&#237;a&#8230;
Manuel Rojas (Venezuela)
Gracias por tus libros que me acompa&#241;ar&#225;n siempre. &#8220;Alm&#225;cigos&#8221; f&#233;rtiles que har&#225;n, un d&#237;a, bosques de belleza escrita.
Dora Castellanos (Colombia)
Pablo Mora, hasta donde lo hemos visto y le&#237;do, presenta una particularidad especial. Consiste &#233;sta en que, libro tras libro, a &#233;l le resulta indiferente el verso que utiliza. De esta manera maneja con la misma familiaridad el verso tradicional, sujeto a medida, rima, etc. Y el verso contempor&#225;neo que es en casi todos sus elementos constitutivos, irregular. 
Pedro Pablo Paredes (Venezuela)
De un esp&#237;ritu s&#243;lido en la fe de los hechos de la palabra, Pablo Mora demanda toques de campanas e implora la presencia de nuevos haces de luz. Poes&#237;a de reconciliaci&#243;n y utop&#237;a, de historia y conciencia human&#237;stica. De la noche insomne  es s&#237;ntesis de un importante trabajo sostenido desde 1978 por Pablo Mora bajo el t&#237;tulo de Alm&#225;cigo, que ya alcanz&#243; el volumen n&#250;mero seis. En ese conjunto de obras el poeta aboga por un ideario universal y universalista que toma al hombre como centro de inter&#233;s, con recursos estil&#237;sticos de especial cuidado, siempre con la met&#225;fora como espada, siempre con el canto como bandera. Constituye Pablo Mora una de las voces po&#233;ticas contempor&#225;neas de primer orden y que tendremos que estudiar con mayor profundidad y seguir leyendo con apasionamiento.
Jos&#233; P&#233;rez (Venezuela)
Disfrut&#233; mucho los textos de De la noche insomne por descubrir en ellos mucha afinidad con mi idea de que la mejor poes&#237;a es la que se escribe en prosa, o por lo menos sin pensar que se escribe en verso. Aparte de insomne, la tuya es una poes&#237;a vidente, tal vez la &#250;nica poes&#237;a vidente que nos es dado leer por estos lados. Lo que envidio m&#225;s en tu impetuosa estrofa es la fe en la posibilidad de construir el porvenir y el amor tel&#250;rico desenfadado y sin banderas. En comparaci&#243;n, mis modestos versos resultan los de un esc&#233;ptico e ir&#243;nico trasnochado, que est&#225; de regreso del futuro.
Juan Calzadilla (Venezuela)
Lo m&#225;s trascendente en Pablo Mora es su poes&#237;a. Su poes&#237;a se semeja a la m&#250;sica  en tanto su discurso sonoro plagado de im&#225;genes se origina en fonemas o palabras o motivos que &#233;l h&#225;bilmente desarrolla hasta transformarlos en un todo sonoro, en un discurso absoluto que cultiva al oyente. Sus versos han trajinado los campos, los tiempos y los espacios m&#225;s variados. Sus poemas van desde el grito desgarrador del despose&#237;do al canto &#237;ntimo del amor er&#243;tico, pasando por expresiones matem&#225;ticas, postulados, axiomas, las galaxias, cantos como el Color de la Rosa, Esperanza y La mano, sin que falten los Mandamientos, Dec&#225;logos y Moralejas y en especial nuestro Canto Universitario, hoy Himno de la UNET.
Rub&#233;n Rivas (Venezuela)
Inventario en invierno &#8212;contemplaci&#243;n del quehacer deshumanizado del hombre en su universo semi-destruido&#8212;  encierra una visi&#243;n desgarrante de la fiera realidad que desfigura el mundo actual. Hay en el poema una intencional reiteraci&#243;n de la guerra, el dolor y la desesperanza. El amor y la paz, sin embargo, aparecen transformados en una a&#241;oranza: &#8220;Por fortuna existe la monta&#241;a&#8221;. El poema termina con una esperanza real y concreta, fundada en la construcci&#243;n del devenir pr&#243;spero de una sociedad en paz, con el trabajo de todos los hombres. Este poema refleja una gran depresi&#243;n de Pablo Mora, para el momento en que lo escribi&#243;, quiz&#225;s delante de miles de noticias desalentadoras de la paz mundial, not&#225;ndose a todo lo largo del poema esa descripci&#243;n (inventario) de la guerra. Al final del poema, sin embargo, aflora un estado de &#225;nimo alentador y optimista en la b&#250;squeda de esa paz quebrantada.
Jos&#233; Luis Brice&#241;o Viloria (Venezuela)
Se le identifica en todo con su poes&#237;a, con su universidad, con su magisterio de la amistad, del servicio, de la participaci&#243;n y de la esperanza. Innato en Pablo Mora el servicio a la poes&#237;a. Innato en Pablo Mora el servicio, con su poes&#237;a, a la cultura, que es como decir a la humanidad, pues no hay m&#225;s cultura que la humanidad misma. En Pablo Mora el verso es vivo, porque lo arranca con la savia de una flor, con la sangre de una mujer, con el fuego de una piedra, con la pureza de una explosi&#243;n, con el cambio de una din&#225;mica revolucionaria. Su palabra po&#233;tica suena profunda y a la vez elevada, se proyecta en germen de siembra y vuela con la pluralidad de las estrellas. Se la conoce en Espa&#241;a, Italia y en naciones de Latinoam&#233;rica. Su militancia en una revoluci&#243;n sin nombre, que nadie hace porque los j&#243;venes se oxidan pronto al absorberlos la rutina, vive en pr&#233;dica permanente del trabajo &#8212;verdadero factor revolucionario&#8212; con esmero real y sin tregua. El compromiso principal lo concreta Pablo todos los d&#237;as en totalidad de entrega a la c&#225;tedra, a la comunicaci&#243;n social y, por supuesto, a la poes&#237;a, que es la esencia del todo, seg&#250;n el decir de Jean Aristeguieta.
Valerio Ni&#241;o (Venezuela)
El Mora de la palabra propia y madura nos evoca al mismo Vallejo y a Neruda, sobre todo en la manera de asumir el compromiso de estar vivo y de entender la vida como una lucha constante, una entrega permanente por alcanzar el deber inalienable de saber ser hombre: hombre comprometido consigo mismo, con su pueblo, con su historia&#8230; Hay un trasfondo filos&#243;fico que se refleja en su concepto peculiar del sue&#241;o, la muerte, la existencia humana y el mundo. La directriz, el tema predominante es el sue&#241;o, el cual p&#225;gina tras p&#225;gina va cobrando una densidad asombrosa, hasta el punto que desencadena una obstinaci&#243;n &#8212;feliz, po&#233;ticamente&#8212;, una sed intensa de so&#241;ar, una sed de sue&#241;o; empero, esta tem&#225;tica se incorpora en una totalidad todav&#237;a mayor, donde se acogen  otros temas recurrentes como la libertad y el destino de la patria, la pol&#237;tica, el recuerdo, el desamor, los recursos naturales, la geograf&#237;a del pa&#237;s, los viajes, la soledad, etc., todo lo cual nos confirma la necesidad de lo expresado por Rilke, en el sentido de que &#8220;los versos no son sentimientos sino experiencias. Para escribir un verso hay que haber visto muchas ciudades, hombres y cosas&#8221;.
Julio C&#233;sar Arboleda (Colombia)
Los versos del poema Es preciso de &#8220;Asombro al descubierto&#8221; tal vez resumen &#8212;en s&#237;ntesis gran&#237;tica, genitiva, de la poes&#237;a de Pablo Mora&#8212; la profunda desgarradura humana. La extensa vocaci&#243;n rebelde y desgarrada por hablar con el Padre Nuestro Sideral. El trabajo que empez&#243; con su primer libro &#8220;Alm&#225;cigo&#8221;, publicado en 1978 y que, transplantado  a tierra f&#233;rtil, ha producido ya casi veinte libros. En toda su obra los elementos fundamentales &#8212;acrisolados&#8212; est&#225;n en ese poema: Lleg&#243; el momento de morir de asombros / La hora de descargar nuestros insomnios / La hora de transplantar nuestros alm&#225;cigos&#8230;
Ibar Varas (Chile)
Universalidad humana, pareciera gritar Pablo Mora con su obra. Universalidad que converge en la sensibilidad de un hombre que tal vez hubiese preferido se le asignara otra tarea para su vida. No obstante, es lo que le ha correspondido y lo realiza con una fuerza intempestiva y con una sensibilidad que hiere a quien lo mira a trav&#233;s de sus textos. Luego de realizar una observaci&#243;n del mundo que le rodea y de visualizar sus posibilidades dentro de ese mundo, termina por desear un ut&#243;pico retorno al mundo infantil y buc&#243;lico en su aldea nativa.
Edgar Mora T. (Venezuela)
De la noche insomne &#8212;poes&#237;a-v&#233;rtigo; poes&#237;a-alucinaci&#243;n; poes&#237;a-aluvi&#243;n&#8212; es desenfreno l&#237;rico, nominalista, que s&#243;lo puede provenir del lenguaje y su libertad. A la libertad del hombre por la libertad del ni&#241;o, clamaban los anarquistas. Pablo Mora sabe que la libertad po&#233;tica s&#243;lo es posible cuando el hombre percibe que su libertad individual puede ser alienaci&#243;n, manipulaci&#243;n, domesticaci&#243;n. Por eso su voz es la de todos los hombres que temen al exterminio del industrialismo y su costra de insensibilidad. El poeta vuelve a los or&#237;genes de la palabra, como en Sumer y en Grecia, a la mitopoiesis, al v&#233;rtigo delirante, al l&#250;dico encantamiento, a la imaginaci&#243;n desbordada, a la intuici&#243;n. 
Ibar Varas (Chile)
En su estad&#237;a en las tierras lim&#237;trofes con el Brasil, su poes&#237;a evolucion&#243; con nuevos matices, adquiri&#243; el temple del acero para crear los fulgores de la guerra, la impetuosidad de las lluvias tropicales y los misteriosos encantos nocturnales, transfigur&#225;ndose su estructura vital en el insomnio que proyecta y dirige su destino existencial, en el insomnio que permite conversar con los dioses de la noche.
Rub&#233;n Dar&#237;o Becerra (Venezuela)
A trav&#233;s de los cincuenta y cinco poemas que componen el poemario Asombro al descubierto, se nos muestra el poeta en un desaf&#237;o a s&#237; mismo, sumergido en la fe y en la esperanza, siempre primaria, con un depurado estilo, a veces sincopado, pero siempre con una pureza de expresi&#243;n, en l&#250;dica s&#237;ntesis de gran fuerza espiritual y un idioma reforzado con vocablos de aut&#233;ntica creaci&#243;n literaria. Por lo dem&#225;s, Pablo Mora mantiene con fidelidad absoluta y cotidiana su car&#225;cter de poeta y como tal vive; es por eso por lo que su autenticidad l&#237;rica no deja lugar a dudas.
Mar&#237;a Luisa Alonso (Espa&#241;a)
Pablo Mora vive en la provincia del extremo occidental del pa&#237;s, el T&#225;chira, Venezuela, mas cruzan por sus libros vientos universales, preocupaciones por la paz, por la guerra nuclear. Con un lenguaje turbador, l&#250;dico  en muchas oportunidades, sabe enraizar lo tipol&#243;gico con la genuinidad. Los valores eternos del hombre con la tradici&#243;n literaria de los Andes, amalgamadas inquietudes epocales con su circunstancia regional.
Lubio Cardozo (Venezuela)
Pablo Mora le canta a la Paz, que es una manera de denunciar la guerra, de combatirla m&#225;s all&#225; del simple miedo a la muerte&#8230; En Alm&#225;cigo 4 En tiempo de guerra est&#225; presente la advertencia del bardo tachirense para quienes pretenden convertir al mundo en un horrible marem&#225;gnum de muerte.
Vladimir L&#243;pez Negretti (Venezuela)
Pablo Mora nos incita a la Paz, a la Justicia, a la Libertad, a la Vida. Entonces, la desesperanza es aparente: como la realidad cuando la oculta la niebla.
Ibar Varas (Chile)
Para Pablo Mora est&#225; destinado el triunfo. El triunfo que da la sinceridad con que se expresa, esa manera de comunicarse con el lector, original y profunda, humana. En el amplio abanico de sus manifestaciones es, de alguna manera, alguien que nos reconcilia con la verdad! 
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
El mundo cruje, la explosi&#243;n voraz amenaza, el tiempo depende de la guerra, as&#237; se conmueve Pablo Mora, mientras enciende los sem&#225;foros de la Paz, advierte y desmenuza sus reflexiones esperanzadas. Oportuno su mensaje, dram&#225;tico su grito.
Luis Ricardo Furlan (Argentina)
Cuarenta mil millardos de millas de hombres luz no es por cierto un poemario m&#225;s del autor, es sencillamente un &#250;nico poema dividido en cinco cantos triunfales &#8212;ora romance, ora delirio, ora clamor&#8212; que se hurta extra&#241;amente de su repertorio. Poema con el cual honra en cada s&#237;laba la negritud y la gallard&#237;a del &#193;frica. Seg&#250;n su autor, la admiraci&#243;n por esa negritud, impl&#237;cita en nuestra sangre y en nuestra alma, no es por cierto intelectual, sino un s&#250;bito infarto que reanima la memoria de un gen rebelde. He aqu&#237; un despertar volc&#225;nico, inmemorial, la invasi&#243;n de un latir infatigable. &#193;frica, ese lamento mudo, esa danza sin raz&#243;n que ilumina y oscurece nuestra historia, es tambi&#233;n alfa y omega de esta vertiginosa obra.
Freddy &#209;&#225;&#241;ez (Venezuela)
La poes&#237;a de Pablo Mora es el despertar del pueblo andino que se precia de ser lumbrera del sentir venezolano, trinchera en las luchas pol&#237;ticas y foro permanente en la ret&#243;rica y las bellas letras. Pablo, como amigo, como poeta y como acad&#233;mico abarca un amplio dominio del intelectual, hecho para vencer las barreras, despeinar los nubarrones e imponer su voz cantante, all&#225; donde su presencia es inexcusable. Pablo acaudilla la voz del escritor provinciano, a veces injustamente golpeado por irreverentes letrados de la metr&#243;poli. Es un poeta fecundo. En &#233;l, la t&#243;nica social vence al lirismo pasional. La preocupaci&#243;n social, el destino del hombre actual, sale en primer plano. Pablo es un h&#225;bil sonetista, a trav&#233;s de este metro rescata del olvido a los hombres que impusieron su ideolog&#237;a al precio del sacrificio; pero tambi&#233;n la vida del hombre y sus rastros.
Max Efra&#237;n P&#233;rez (Venezuela) 

Ha levantado su &#243;dica sobre su coraz&#243;n, su bondad,  su humanismo, su exigencia. Compone con sus palabras desatadas, libres cual su desborde imaginativo, una l&#237;rica tupida, hermosa. Dona con sus versos una escogencia: su retante encuentro con el devenir cotidiano, hombres, sucesos, entorno, para compartir en sus p&#225;ginas su alacridad o su desdicha. Intercalando a veces en sus estrofas versos de poetas amigos o lejanos rinde as&#237; su homenaje al canto mismo como obra colectiva del Dasein, bajo su eslogan &#8220;Poes&#237;a, Sociedad An&#243;nima&#8221;. Tambi&#233;n, en algunos de sus op&#250;sculos, retoma el hilo de la l&#237;rica de la georgicidad. 
Lubio Cardozo (Venezuela)
Poes&#237;a, Sociedad An&#243;nima, interpretando a Pablo Mora, en cuanto somos una sola voz quienes escribimos ahora conjuntamente con los que escribieron antes de nosotros y con los que escribir&#225;n despu&#233;s. Sociedad An&#243;nima que significa la solidaridad humana que todos tenemos, la posici&#243;n de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie. Poes&#237;a, Sociedad An&#243;nima, no s&#243;lo referida al presente sino tambi&#233;n con trascendencia futura, entendiendo la Poes&#237;a como una especie de metal&#243;gica o metalenguaje o metaespiritualidad que est&#225;, como si dij&#233;ramos, dentro de la herencia de la especie, al interior de una herencia po&#233;tica. En fin, Sociedad An&#243;nima que significa la solidaridad humana que todos tenemos, la posici&#243;n de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie. 
Mar&#237;a Luisa Alonso (Espa&#241;a)
Tu poes&#237;a es. Cualquier adjetivo (de los cuales abomino) la limitar&#237;a. Me impresiona.
Cristina Castello (Argentina)
R&#233;zame: Excelente jaculatoria.
J. M. Arbel&#225;ez (Colombia)
Reconcilia con los cl&#225;sicos. En un entorno donde, habitualmente no se  lee este tipo de poes&#237;a, a m&#237; me parece un ejercicio y un esfuerzo  por encontrar, medir, pesar las palabras y sus sonidos. Me ha gustado mucho adem&#225;s por la originalidad que hace de contrapunto al clasicismo de su forma.
Olga Mu&#241;oz (Espa&#241;a)
Me ha encantado tu Ancha soledad. Tu estilo inconfundible nos dice mucho de la angustia del hombre por entender su papel y su destino. Siempre logras llamar la atenci&#243;n sobre estos temas trascendentales y dif&#237;ciles de tratar. Tu prosa po&#233;tica muy bien hilvanada. Me ha gustado tu texto. 
Ildefonso M&#233;ndez (Venezuela)
Piedra Abril: Profunda eleg&#237;a imaginaria, Pablo, en el espejo de un C&#233;sar Vallejo que siempre fue un referente de honduras. Un poema realmente bueno.

Luis E. Prieto (Espa&#241;a)
Estimado profesor: Aunque luzca un tanto surrealista, he tenido la oportunidad de leerlo y de conocer sus escritos en las p&#225;ginas virtuales de la revista Especulo, esa extraordinaria publicaci&#243;n de la Universidad Complutense de Madrid. Para mi sorpresa, descubr&#237; que usted, un colega profesor de la U.N.E.T., instituci&#243;n a la que alguna vez fui invitado en la &#233;poca en que yo era Director de Extensi&#243;n Universitaria de la Universidad Sim&#243;n Bol&#237;var, era colaborador regular de Especulo; y que en algunos de sus art&#237;culos: &#8220;Esbozo de una raz&#243;n po&#233;tica&#8221; y &#8220;Leer es elegir&#8221;, entre otros, planteaba temas muy cercanos a interrogantes que, desde hace a&#241;os, no cesan de acompa&#241;arme. Yo, al igual que usted, tambi&#233;n contemplo el espacio acad&#233;mico como un lugar en el que la palabra de la poes&#237;a no deber&#237;a estar ausente. Y yo, al igual que usted, creo tambi&#233;n en que las razones de la academia no tienen por qu&#233; contradecir las razones po&#233;ticas que nombran la realidad de nuestro mundo humano&#8230; Siento que coincidimos en nuestras propias perspectivas ante los hechos humanos y las palabras; y que, seguramente, a usted igual que a m&#237;, el vocer&#237;o hueco y pedant&#243;n de muchos colegas enfermos de especialismo: esa diferenciaci&#243;n de forzados cen&#225;culos, puede hac&#233;rsele igualmente insufrible.
Rafael Fauqui&#233; (Venezuela)
Pablo Mora, el orfebre de la palabra, el capit&#225;n de la poes&#237;a, el artista que devela al hombre sencillo que lleva en su ser, tatuado de rimas, m&#233;trica y libros, es capaz de ahondar en el cotidiano vivir para salvar la esperanza y denunciar la desesperanza en cada una de sus obras, entre rasgu&#241;os po&#233;ticos y trajines cotidianos. Pablo Mora vive, sue&#241;a y crea. Entre p&#225;ginas de tinta se escucha el cabalgar de la poes&#237;a viva y de verso en verso se descubre al autor, quien con voz de tenor acaricia el acento humano del poema inmortal. Abstra&#237;do del mundo, para alzarse en alas del tiempo y de una imaginaci&#243;n pr&#243;diga. En sus manos un leve temblor acompa&#241;a el &#237;ndice hac&#237;a su creaci&#243;n, mientras entre pausadas y r&#225;pidas entonaciones habla del hombre que sucumbi&#243; ante el m&#225;gico universo de la poes&#237;a. 
Susana Moncada (Venezuela) 
Las palabras del poeta Pablo, son palabras que tallan su lenguaje hasta el asombro desde la muerte hasta la lumbre, desde el alm&#225;cigo hasta la profunda intemperie de quien lleva el sol en los ojos. Pablo, acumulas la mayor cantidad de eternidad posible en el tejido de tus voces, en el fuego que urdes trama a trama con el llamado de las diosas, una vez m&#225;s y por siempre, realizas tu oficio de diamante en el ejercicio de la vida viva. Todos sabemos qui&#233;n eres, mientras t&#250; lo descubres &#237;ngrimo y solo despu&#233;s de entreverar el verso con la esencia. 
Jazm&#237;n Sambrano (Venezuela)
Tu paciente trabajo alfarero molde&#243; al fin los guijarros de las palabras hasta convertirlas en recinto de una raz&#243;n po&#233;tica. S&#237;ntesis diluviana de las infinitas razones por las cuales el hombre decide, una madrugada cualquiera, trastocar los vocablos que le fueron entregados para ordenarlos al comp&#225;s de su desesperanzado coraz&#243;n. Pero labranza tambi&#233;n del poder de la palabra, cuando sale al aire puro de las ma&#241;anas a ver si ha germinado su siembra persistente de flor. Recorrido a contrapelo, desde todas las aristas de un cristal que a&#250;n est&#225; en formaci&#243;n. Traves&#237;a en tormenta de un bajel empe&#241;ado en echar peces a la mar. Raz&#243;n que no saz&#243;n, que ata&#241;e m&#225;s a ese oficio diario de ali&#241;ar abecedarios, con gajitos de suspiros, para llenar con ellos un azafate de pan de jobo.
Raz&#243;n po&#233;tica porque invoca, desde las honduras de los pozos, o desde el vuelo de un azulejo, ese deber de recomponer el lenguaje para que hable otra vez la lengua del hombre, recupere su condici&#243;n  alquimista, su contenido de p&#243;lvora, su esencia vegetal. Expediente y c&#243;digo, se&#241;uelo y llamarada. No es un texto para solazarse en la palabra, sino para irrumpir en la l&#225;mpara del alma, para apacentar alumbrajes que no sombras. Para hacer de la raz&#243;n po&#233;tica la gram&#225;tica del hombre.
Ojal&#225;, Pablo, nadie las encierre en las cercas de una p&#225;gina, o las convierta en simple melod&#237;a que se entona en los atardeceres. Ojal&#225; se disperse y se esparza en la cuenta abierta de la humanidad, en la sociedad an&#243;nima del hombre, en el contrato a tiempo indeterminado con la esperanza, el porvenir. Que tome las rutas de las aguas, los aguaceros, los vendavales, hasta trastocar la lengua que incomunica, la que espanta, la que empu&#241;a la muerte, la que se sacia en la miseria, se aposenta en el dolor.  Y haga de la raz&#243;n po&#233;tica el m&#225;gico engranaje que abra las compuertas de la vida represada, hasta hacerse combustible de los tiempos que ser&#225;n. Cuando la palabra se distinga por el acento de su ritmo, el color de su paisaje, el sortilegio de su musicalidad, y abrirla sea como acampar en un recinto de mieles, un huerto de pomarrosas, un eterno alm&#225;cigo de amor.
Mery Sananes (Venezuela)
Pr&#243;logo de &#8220;Palabra insomne&#8221; 
Pablo Mora, poes&#237;a de Azul y tierra. Yo elijo su palabra como se escoge un pu&#241;ado de semillas, cara al cielo. Es uno de los m&#225;s grandes poetas de esta Am&#233;rica doliente y "anhelada" por el Hitler 2004 de la Am&#233;rica imperial. Su palabra es himno al Absoluto por cada ser y por todos los seres. Por una Humanidad en siempre alba. 
 
Cristina Castello (Argentina)


Poeta y amigo Pablo Mora:  he abierto tu hermos&#237;sima p&#225;gina web y me he dado 
cuenta que sabes obtener el m&#225;s grande y luminoso &#233;xito que ha dado al 
hombre este recurso del ingenio y la sabidur&#237;a universal. Tu p&#225;gina es 
bella, muy bien y po&#233;ticamente confeccionada. Es un  extraordinario 
paneg&#237;rico de la poes&#237;a. Es sencillamente hermosa, para usar uno de los m&#225;s 
comunes adjetivos de Fray Luis. Le ense&#241;as a la gente que en verdad el poema 
es el alma de la tierra, de esta tierra donde estamos, sufrimos, amamos, 
lloramos, pero donde tenemos el inmenso privilegio de leer un poema. Leyendo 
tu p&#225;gina me he trasladado a "El Diamante", la magn&#237;fica estancia de tus 
mayores, refrescada por los sauces altivos, protegida por las recias 
barandas donde se empataban rosas, azucenas, bell&#237;simas, claveles y 
helechos. La m&#250;sica de tu p&#225;gina me hace recordar que al norte est&#225; la 
sonoridad espumosa del Quinimar&#237;, y al sur el rumor de la quebrada 
misteriosa, llena de recelos,  pero que en sus aguas rodantes va hablando 
de misterios, fantas&#237;as y cosas ocultas. Tu p&#225;gina es muy pedag&#243;gica para 
quienes nos atrevemos a decir y aceptar que el mundo no pudiera existir si no 
existe la poes&#237;a, a lo Gustavo Adolfo B&#233;cquer.

J.J. Villamizar Molina (Venezuela)

Escribe para la prensa como aut&#233;ntico escritor. Sabe manejar su pensamiento y, en consecuencia, sabe sacar como debe ser siempre la pluma.  Pablo Mora sabe leer y, porque sabe leer, naturalmente sabe escribir bien. Lo mismo en la cr&#243;nica que en el ensayo, y lo mismo en el ensayo que en la cr&#237;tica y en el poema. Pablo Mora es escritor, pues, y es poeta.
Pedro Pablo Paredes (Venezuela)
Pablo Mora, es una voz y todas las voces, nuestras voces.

Cristina Castello (Argentina)



Palabras antes de las palabras


	Entendemos que la Poes&#237;a y la Cr&#237;tica son dos movimientos convergentes desplazados en el tiempo. Al acto creador, responde la voz del cr&#237;tico, que no es m&#225;s que la de un lector responsable, quien toma las armas del intelecto conmovido, sacudido por el choque con la palabra ajena que comprende suya instant&#225;neamente.
	El gran descubrimiento &#8212;un descubrimiento al que solo algunos pocos tienen acceso&#8212; es que las palabras que recogemos de los textos son nuestras, siempre han sido nuestras. Son reconocidas, en un acto de desvelamiento, de sacudirse el polvo del desconocimiento, como propias.
	El acto final, la m&#237;stica final, es la comuni&#243;n total y absoluta entre creador, palabra  y receptor. Esta fusi&#243;n rompe las barreras a trav&#233;s de la profundidad emergente del acto comunicativo, en el que las distancias se anulan y el espacio de la comunicaci&#243;n se hace tiempo denso,  instantaneidad del tiempo recuperado, de la existencia reencontrada.
	El Creador se hace tal en la Palabra. El Lector se hace Creador en la Palabra. Y la Palabra hace creadores a ambos en la explosi&#243;n de la Belleza-Verdad. 
Esta Trinidad sin misterio es la que permite navegar por los mares de la historia po&#233;tica reconociendo como parte de la Patria olvidada cada fragmento de belleza que se encuentra diseminada por las obras y las palabras de otros. 
Somos Ulises; regresamos a la Patria de la Belleza navegando por mares de experiencia, vivencias necesarias para comprender-reconocer nuestros destinos en los augurios que nos interrogan en cada encuentro po&#233;tico.
	&#191;Por qu&#233; siempre escucho mi voz en la Belleza? &#191;Por qu&#233; me asaltan como recuerdos tantos pasajes hermosos escuchados por primera vez? Porque la Poes&#237;a me hace crecer, me hace avanzar hacia un destino interno que se me hace reconocible en cada transformaci&#243;n, en cada etapa de mi propia y necesaria metamorfosis. Solo cuando estoy preparado para reconocer la Belleza, &#233;sta me asalta.
	Golpes de Verdad y Belleza son los que hacen girar la ruedas de la vida; impulsos de reconocimiento en la Palabra del Otro que se me ofrece como espejo. Hermandad est&#233;tica; fraternidad de la vida.
	&#191;Quiz&#225; la Belleza inicial del Universo explosion&#243; llenando cada &#237;nfima part&#237;cula de sus efectos?  Puede que la Ley General que rige el movimiento del Universo, la Ley del Todo, sea la que logre restituir la armon&#237;a perdida y que, finalmente, el Universo al completo estalle en un schilleriano coro de voces surgidas de todos los rincones. &#161;Alegr&#237;a!
	Y rebeld&#237;a...
	S&#237;, Belleza que sacude, que hace evolucionar y revoluciona. No m&#225;s par&#225;lisis est&#233;tica. Poes&#237;a din&#225;mica; poes&#237;a como la vida: movimiento. Poes&#237;a-impulso, energ&#237;a que ayude a salir del sopor, del letargo, del olvido, de lo inhumano.
Quiz&#225; se necesite una nueva ciencia, la Poiesolog&#237;a, para comprender estos movimientos que son del Alma, de los Pueblos y de la Historia.
	Los que se acerquen a estos textos del Poeta y Profesor Mora deben estar preparados para un viaje intenso, conmovedor. Un viaje que traspasa al lector la percepci&#243;n del conjunto. Una escritura que busca el mismo efecto que la pincelada impresionista: que la sabidur&#237;a de la mirada realice la fusi&#243;n final.
	Los textos aqu&#237; reunidos nos piden que mantengamos con ellos la misma relaci&#243;n dial&#243;gica que el autor ha mantenido con la Poes&#237;a: encuentro metab&#243;lico con la Palabra.
	La aut&#233;ntica Cr&#237;tica es tambi&#233;n Creaci&#243;n. Solo es posible en el Di&#225;logo, en un encuentro de t&#250; a t&#250;. La Cr&#237;tica no juzga la Obra real; convierte el encuentro en fecundo di&#225;logo. La verdadera dimensi&#243;n de la Obra de Arte est&#225; en su capacidad para hacernos hablar, para que venzamos la tentaci&#243;n ponzo&#241;osa del silencio.
	Creo que Pablo Mora estar&#237;a de acuerdo conmigo en se&#241;alar que el camino de la Verdad po&#233;tica, esa verdad especular que nos enfrenta a nosotros mismos en los versos del Otro, solo es accesible por los senderos de la epifan&#237;a, como un destello que nos reconcilia con el Otro y nos funde en el abrazo simb&#243;lico del reconocimiento de la debilidad y la grandeza humanas.

Joaqu&#237;n M&#170; Aguirre Romero
Universidad Complutense de Madrid



"Palabras antes de las palabras" (Pr&#243;logo), en Pablo Mora: Poiesolog&#237;a, Fondo Editorial UNET (Universidad Nacional Experimental del T&#225;chira), San Crist&#243;bal (Venezuela), 2005, pp. 5-6. ISBN: 980-6300-19-X


En el verso autom&#225;tico nunca hubo tanta profundidad y belleza, tanta universalidad y tanta rareza. Pablo Mora logra mantener viva la perseguida espontaneidad dentro de los l&#237;mites (nunca un&#237;vocos) del poema, en &#233;l podemos hablar ya de una poem&#225;tica al servicio de lo maravilloso. Todas las formas literarias de las que ha sido capaz  sucumben a los estertores de su  genuina voz. Es un m&#250;sico siniestro, una canci&#243;n atea que castiga la palabra con la percusi&#243;n infatigable de su fe.  Ante el ritmo fren&#233;tico de sus versos uno logra ver, como si se tratase de un espejo, las dos caras del asombro. Sin duda alguna con &#233;l se rompe el mito generacional, el porvenir es m&#225;s suyo que nuestro: Pablo lo apuesta todo, vive la po&#233;tica de un azar deslumbrante, cada libro anuncia otro, un  futuro vigor. Su mayor haza&#241;a, en un mundo en llamas, fue haberle erigido un altar al hombre.

Freddy &#209;&#225;&#241;ez (Venezuela)


http://poesiasociedadanonima.blogspot.com/


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    <name>A prop&#243;sito de la obra de Pablo Mora</name>
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PADRE
(1906-1993)



Tambi&#233;n mi padre fue un caballo viejo.  
Muchas veces durmi&#243; a la intemperie. 
Anduvo con la vida desde lejos 
hasta que dio la muerte en su querencia.

Madrugaba temprano a los corrales, 
la noche lo encontraba de regreso. 
Cuando apenas solt&#225;banle las riendas
la nueva madrugada lo enlazaba.

Muy orondo cruzaba las corrientes. 
&#161;Mire si hubo torrentes en su vida! 
Su brida nunca le brind&#243; descanso.

Mi padre guind&#243; el tiempo en sus aperos. 
Con casi ochenta y siete galopazos, 
logr&#243; alcanzar a Dios en su carrera.


Pablo Mora
San Crist&#243;bal, agosto, 1993.
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proviene de una despe&#241;adura enloquecida insin&#250;a una suave sonrisa divinal respira la celeste mirada de su sol   consume la ag&#243;nica tristeza de las hojas   interpreta la silenciosa huracandad del tiempo   cavila debajo de la noche y la tormenta   desangra en las cinco parcelas de la Tierra    navega entre borrasca grito y alborada   agoniza en la nieve en el llanto y en el plato   cabalga con toda la tristumbre de los montes   transita en tempestades mundanal miseria   maldice las horrendas torturas del hermano consagra la levadura eterna de los panes   conoce los pasos permanentes de la sombra despliega temores ramalazos y portentos   se agita en el fuego brav&#237;o de la mar   se afinca en la locura en lucha con su pena   mendiga la lumbre de la gota en el alambre  quisiera recuperar el curric&#225;n perdido   tritura las ind&#243;mitas fieras que lo acosan renace de entre la podredumbre de la fosa     se entrega en las redes de un tiempo submarino    violenta volc&#225;nico la luz de otras estrellas   arremete contra la infancia alada de las rosas     se enrumba delirante al acecho de otra aurora    se astilla ante el antiguo malec&#243;n del puerto    desgarra el alma fulgurante de la flor     se inclina sobre los fogonazos de sus huesos    se aferra a las entra&#241;as de su viejo pan    llovizna sobre la polvareda de sus sue&#241;os desguaza furente el hurac&#225;n en alta mar     desgaja las indomables fauces de la sombra      se eterniza sepultado en la fragua de la guerra      se esfuma entre las ventanuras del azul       nos acusa nos grita y nos reclama

Pablo Mora

http://www.youtube.com/watch?v=I22bgj_sPps


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    <name>proviene de una despe&#241;adura enloquecida</name>
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    <message>La dial&#233;ctica de la cruz 

Pablo Mora


&#8220;La teolog&#237;a de la liberaci&#243;n es una suerte de Galileo colectivo, y, en consecuencia, no es tarea f&#225;cil borrarla del mapa eclesial. Si Galileo padeci&#243; la soledad, y a&#250;n as&#237; salv&#243; su honor para la historia con el eppur si muove, los te&#243;logos de la liberaci&#243;n disponen en cambio de la solidaridad y no tienen necesidad de acu&#241;ar ning&#250;n adagio para afirmar que la Iglesia de los pobres se mueve. El brasile&#241;o Rubem Alves, al subrayar el compromiso de Cristo con la causa de la libertad, ha destacado "el car&#225;cter dial&#233;ctico y conflictivo de la cruz". Es justamente en esa dial&#233;ctica de la cruz donde se cruzan el verticalismo de la autoridad pontificia y el horizontalismo democr&#225;tico de la TL. En su libro Iglesia: carisma y poder, Leonardo Boff critica la pir&#225;mide jer&#225;rquica de la Iglesia y propone reemplazarla por una Iglesia del pueblo de Dios.

Es verdaderamente estimulante hallar a todo un equipo de te&#243;logos que, en vez de repetir los fatigantes y anacr&#243;nicos veredictos contra el aborto, el divorcio y los m&#233;todos anticonceptivos, nos dice que "si esta teolog&#237;a habla de opresi&#243;n y de liberaci&#243;n (...), necesita saber de qu&#233; est&#225; hablando (...), necesita de los an&#225;lisis de las ciencias sociales y de todo lo que ilumine la verdad de la realidad concreta". "No es suficiente que la TL hable en nombre de los pobres, sino que ha de conseguir que los pobres recuperen el uso de la palabra y que el lenguaje de Dios deje de ser propiedad de las castas privilegia-das". (Joseph Comblin).

No es improbable que la teolog&#237;a de la liberaci&#243;n sea la &#250;ltima oportunidad que tiene la Iglesia para volver a ser la Iglesia de los pobres. Un viejo experto en el lema, Antidio Cabal, escribi&#243; en 1976 que "ha llegado el momento de que los cristianos se cristianicen o desaparecer&#225;n". Aunque al cardenal Ratzinger pueda sonarle a blasfemia, hay quienes suponen (y no son precisamente te&#243;logos de la liberaci&#243;n) que el concepto de Dios nace en la mente del hombre y va transform&#225;ndose con los cambios del hombre. Como se&#241;ala Iniesta, "ni la computadora mas perfecta podr&#237;a evaluar la cifra exacta de la riqueza que la TL ha aportado a la Iglesia de nuestro tiempo".

Todo un continente, crucificado por el Norte opulento y vaciado por los hierofantes de la banca internacional, respalda a estos nuevos Galileos (no olvidemos que el genio de Pisa defend&#237;a el compromiso del cient&#237;fico con su sociedad) que por primera vez est&#225;n logrando que los no religiosos, los no cat&#243;licos, los agn&#243;sticos, los ateos, nos sintamos aludidos y, por ende, convocados para un proyecto de vida digna, liberada. Siempre han existido sectores eclesiales, y sobre todo eclesi&#225;sticos, que han manipulado a Jes&#250;s como si fuera un latifundio. Hijo de Dios o -pese al mismo Marx- precursor de Marx, Jes&#250;s de Nazareth trajo un mensaje de justicia, una propuesta de respeto hacia el hombre y hacia la mujer, una actitud solidaria con los pobres del mundo, rasgos que despu&#233;s de todo no son propiedad privada de la Iglesia. La figura y la trascendencia humanas de Jes&#250;s pertenecen a la humanidad. En cierta manera, con su apertura y su inserci&#243;n popular, la teolog&#237;a de la liberaci&#243;n ha expropiado simb&#243;licamente a Jes&#250;s, no para quit&#225;rselo a una particular feligres&#237;a, sino para brindarlo al pueblo todo.&#8221; (De: Mario Benedetti: &#8220;La dial&#233;ctica de la cruz&#8221;. Diario El Pa&#237;s de Madrid. 24, 25/09/1984.) 
http://www.lanacion.com.ve/noticias.php?IdArticulo=119536&amp;XR=1
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    <name>Pablo Mora</name>
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    <message>ALBADA

Adi&#243;s a los que se quedan
y a los que se van tambi&#233;n.
Adi&#243;s a Huesca y provincia
a Zaragoza y Teruel.
Esta es la albada del viento
la albada del que se fue
que quiso volver un d&#237;a
pero eso no pudo ser.
Las albadas de mi tierra
se entonan por la ma&#241;ana
para animar a las gentes
a comenzar la jornada.
Arriba los compa&#241;eros
que ya ha llegado la hora
de tener en nuestras manos
lo que nos quitan de fuera.
Esta albada que yo canto
es una albada guerrera
que lucha porque regresen
los que dejaron su tierra.

(Cantata para un pa&#237;s)
Jos&#233; Antonio Labordeta










Labordeta_ALBADA




Labordeta_ALBADA




http://es.geocities.com/ferbp55/musica.html


http://www.youtube.com/watch?v=GY9M_x5PVmU&amp;NR=1


http://www.youtube.com/watch?v=P6-e664FZ3M&amp;feature=related
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Pablo Mora
 
Por J.J. Villamizar Molina

Estamos frente a un gran poeta venezolano con respetable personalidad en Europa y la Am&#233;rica Latina. Es tachirense, de la talla de Manuel Felipe Rugeles, de Juan Beroes, de Dionisio Aymar&#225; y de Pedro Pablo Paredes. La suerte se extiende a Santa Ana, donde naci&#243; el a&#241;o 1942. Siempre, cuando voy a San Joaqu&#237;n, me detengo a contemplar la casa del bardo as&#237; como cuando voy a Alcal&#225; de Henares me detengo all&#237; para adquirir un ejemplar del Quijote, o cuando voy a Florencia hago escala en la casa natal del Dante Alighieri para hacerme a un ejemplar de "Tutte le opere". Para algo soy Cronista de la ciudad de Santa Ana.

En sus 25 a&#241;os de vida art&#237;stica se me design&#243; para que yo hiciera su presentaci&#243;n en el Ateneo. Hoy, Pablo Mora no necesita presentaciones ni en Venezuela ni en la Am&#233;rica Latina. Sintetizo la obra suya en tres palabras "Alm&#225;cigo", "Asombro" e "Insomnio". Estos tres vocablos se armonizan como en un deslumbrante remolino, como en la m&#225;s completa trilog&#237;a de la concepci&#243;n l&#237;rica. Ellos son el prisma expositivo de todo su pensamiento, de toda su percepci&#243;n y sensibilidad, de todo el juicio que de la existencia hace el incesante trovador. Alm&#225;cigo recuerda la semilla, la ra&#237;z, el feliz tallo conductor, las ramazones en multiplicaci&#243;n infinita, las hojas que son "Les feuilles d` automne" de V&#237;ctor Hugo, las flores y los frutos, d&#225;divas ofrecidas desde un rosal de nuestros jardines hasta un corpulento cedro del L&#237;bano. Apreciamos aqu&#237; alm&#225;cigos de seres vivos y sensitivos en su sombra y en su generosidad. As&#237; son los &#225;rboles. Y por eso son los s&#237;mbolos de Pablo Mora. El &#225;rbol da vida, confianza, sombra y deleite de vivir. &#201;l centuplica las recompensas en el ramillete de sus flores y en su cesta de pomas. Jes&#250;s dijo que ni Salom&#243;n en medio de sus pompas se visti&#243; como un lirio del campo. Pablo Mora dice que las ramas de su alm&#225;cigo pretenden abrazar los espacios de los cielos.

Asombro es un elemento vivencial. Los seres vivos est&#225;n dotados de la percepci&#243;n dada por los &#243;rganos de sus sentidos, regidos por el portento prodigioso de la creaci&#243;n que es el cerebro humano. En este caso, parece que el poeta detuviera el ciclo existencial para embelesarse en todas las impresiones, en todos los sonidos, en todas las enso&#241;aciones de que es capaz un ser viviente. Asombro es detener las fuerzas de la vida para lograr un impacto estremecido, un tr&#233;mulo de contemplaciones, un improntus de transportaci&#243;n, un adagio cantabilis de amores. Por ello, Pablo Mora se extas&#237;a en este coro estupefacto. Si el asombro es est&#225;tico, el insomnio es din&#225;mico. El insomnio no detiene ni un momento el curso de la vida. No lo interrumpe para que la inspiraci&#243;n l&#237;rica pueda seguir el curso en su carruaje de vivencias, de enso&#241;aciones, de triunfos, de dolores, de obnibulaciones. El insomnio en este caso es un regalo de los dioses. Para &#233;l no se hicieron los hipn&#243;ticos de la farmacolog&#237;a.

Pablo Mora se gradu&#243; en Letras en la Ucab. Luego se doctor&#243; en Psicopedagog&#237;a y Periodismo en la Universidad Degli Studi de Torino y en la Universit&#225; Cattolica del Sacro Quore de Mil&#225;n. Profesor jubilado de la Unet, fue su Director de Cultura y es el autor de la letra de su himno. Es hermano de Rugeles en la pureza de la harina, en la caricia de la neblina y en el prodigio de los c&#225;ntaros. Laure&#243; su poes&#237;a en Nueva Esparta. Constantemente, a m&#225;s de sus numerosos libros de poes&#237;a y ensayos, nos est&#225; extasiando con sus poemas en prosa, que son, como dec&#237;a Pedro Pablo Paredes, "una gavilla de lumbres". Siempre est&#225; transitando en las innovaciones literarias. Porque si Rub&#233;n Dar&#237;o dijo "yo soy aqu&#233;l que ayer no m&#225;s dec&#237;a", Pablo Mora nos confiesa jubiloso en el mismo endecas&#237;labo: "Yo soy el que ahora est&#225; cantando". * Decano de los cronistas de Venezuela.
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Hermano que hoy resistes la traici&#243;n.

Hermana que esta noche enciendes en la barricada una hoguera 

y a falta de justicia, alumbra  tu rabia. 

 

Campesina, campesino &#8230;hijos del pueblo hondure&#241;o,  madres de los nuevos Lempiras&#8230; obreros de las futuras restauraciones&#8230; Desde este rinc&#243;n de Am&#233;rica tambi&#233;n se alzan pu&#241;os en tu nombre.

 

Te conozco y  me conoces 

 

T&#250; que te apellidas compatriota, t&#250; que ahora te llamas dignidad. 

En esta ciudad lejana se enciende un fuego por tu causa. No hay poes&#237;a sin tu causa.  


Hermano de Honduras, hermana de Tegucigalpa 

All&#225;, del otro lado del instante sin m&#225;s luz que el llamado de la tierra, sin m&#225;s voz que el ruido de la historia, sin m&#225;s derechos que la desobediencia. 

Con los viejos arcos de la Selva con la invencible raz&#243;n de los sin nada, con la verdad por arma. El pueblo vencer&#225;!

 

II

Desde el env&#233;s de tu pelea todos los poetas del mundo disparan su palabra eterna, contra el injusto de hoy y el de ma&#241;ana. 

 

Recibe pueblo heroico este temblor enfurecido&#8230; pasos de este  ej&#233;rcito de voces: viento de los cinco continentes, brazo indomable de la gesta.  De &#193;frica, del Asia&#8230;  voces europeas,  canci&#243;n americana,  llamado del Maya, grito de Ocean&#237;a y Guaran&#237;.  Himno  de  los  yekuanas. Temblor de ruido ancestro. Palabra del mar arado. Del Padre Nuestro,  libertario. 

 

Hermano de las trincheras de Tegucigalpa, 

hermana de la resistencia Lenca... 

los poetas del mundo escriben  tu sangre&#8230;

Sangre restauradora, sangre de los imprescindibles&#8230; 

Sangre erguida y nuestra&#8230; Roja Moraz&#225;n. 

 

III

Esta noche tan alta, tan larga  aclara por tu causa 

En la garganta. 

 

Hermano de Honduras, hermana de Tegucigalpa

cantamos tu victoria con fuego del Alba

T&#250; haz venido de otro tiempo a agregarle al himno la estrofa perdida. 

 

Pues historia es lo que  forjas en la hondura de mi Idea. Tus piedras son verdades invictas que hoy suenan en mis letras. R&#237;o de alma fuerte. 

 

Que el Chimborazo te d&#233; aguante y punter&#237;a. 

Y  que al soplar  imprima a tu bandera otra estrella

 

IV

Es O5 de julio&#8230;Bol&#237;var te cuida!

 

Hermano, hermana ha llegado la hora


&#161;Mortal es la oligarqu&#237;a...

Mortal su Prensa su  Iglesia

 Mortal el traidor y su doctrina.

 

&#161;Suena la hora  del pueblo

el Cristo est&#225; en las Trincheras!

 

Que venza la patria,  pues, que venza!  

Tu suerte ser&#225; la nuestra!  

 

con Zelaya nuestro retorno hist&#243;rico : 

Esta noche tan alta, tan larga  aclara por tu causa 

en la garganta&#8230;

 

05 de julio&#8230; la patria est&#225; de vuelta!

 

 

Freddy &#209;&#225;&#241;ez (Red Nacional de Escritores de Venezuela)
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    <name>Postal para Honduras</name>
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Gabriel Garc&#237;a M&#225;rquez 
Publicado en Voces. Arte y literatura. San Francisco - California. Marzo de 1998. N&#250;mero 2. 
________________________________________

Seg&#250;n el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la fantas&#237;a es "una facultad que tiene el &#225;nimo de reproducir por medio de im&#225;genes". Es dif&#237;cil concebir una definici&#243;n m&#225;s pobre y confusa que esa primera acepci&#243;n. En su segunda acepci&#243;n dice que es una "ficci&#243;n, cuento o novela, o pensamiento elevado o ingenioso", lo cual no hace sino infundir mayor desconcierto en el ya creado por la definici&#243;n inicial.
De la palabra imaginaci&#243;n, el mismo diccionario dice que es "aprensi&#243;n falsa de una cosa que no hay en la realidad o no tiene fundamento". Por su parte, don Joan Corominas, ese gran detective de las palabras castellanas &#8211;cuya lengua materna no era por cierto el castellano sino el catal&#225;n&#8211; estableci&#243; que la fantas&#237;a e imaginaci&#243;n tienen el mismo origen, y que en &#250;ltima instancia puede decirse sin mucho esfuerzo que son la misma cosa. 
Uno de mis mayores defectos intelectuales es que nunca he logrado entender lo que quieren decir los diccionarios y menos que cualquier otro el terrible esperpento represivo de la Academia de la Lengua. Por una vez que he tenido curiosidad de volver a &#233;l, para establecer las diferencias entre fantas&#237;a e imaginaci&#243;n, me encuentro con la desgracia de que sus definiciones no s&#243;lo son muy poco comprensibles, sino que adem&#225;s est&#225;n al rev&#233;s. Quiero decir que, seg&#250;n yo entiendo, la fantas&#237;a es la que no tiene nada que ver con la realidad del mundo en que vivimos: es una pura invenci&#243;n fant&#225;stica, un infundio, y por cierto, de un gusto poco recomendable en las bellas artes, como muy bien lo entendi&#243; el que puso el nombre al chaleco de fantas&#237;a. Por muy fant&#225;stica que sea la concepci&#243;n de que un hombre amanezca convertido en un gigantesco insecto, a nadie se le ocurrir&#237;a decir que la fantas&#237;a sea la virtud creativa de Franz Kafka, y en cambio no cabe duda de que fue el recurso primordial de Walt Disney. Por el contrario, y al rev&#233;s de lo que dice el diccionario, pienso que la imaginaci&#243;n es una facultad especial que tienen los artistas para crear una realidad nueva a partir de la realidad en que viven. Que, por lo dem&#225;s, es la &#250;nica creaci&#243;n art&#237;stica que me parece v&#225;lida. Hablemos, pues, de la imaginaci&#243;n en la creaci&#243;n art&#237;stica en Am&#233;rica Latina, y dejemos la fantas&#237;a para uso exclusivo de los malos gobiernos.
I. Es dif&#237;cil el problema de que nos crean
En Am&#233;rica Latina y el Caribe, los artistas han tenido que inventar muy poco, y tal vez su problema ha sido el contrario: hacer cre&#237;ble su realidad. Siempre fue as&#237; desde nuestros or&#237;genes hist&#243;ricos, hasta el punto de que no hay en nuestra literatura escritores menos cre&#237;bles y al mismo tiempo m&#225;s apegados a la realidad que nuestros cronistas de Indias. Tambi&#233;n ellos &#8211;para decirlo con un lugar com&#250;n irremplazable&#8211; se encontraron con que la realidad iba m&#225;s lejos que la imaginaci&#243;n. El diario de Crist&#243;bal Col&#243;n es la pieza m&#225;s antigua de esa literatura. Empezando porque no se sabe a ciencia cierta si el texto existi&#243; en la realidad, puesto que la versi&#243;nque conocemos fue transcrita por el padre Las Casas de unos originales que dijo haber conocido. En todo caso, esa versi&#243;n es apenas un reflejo infiel de los asombrosos recursos de imaginaci&#243;n a que tuvo que apelar Crist&#243;bal Col&#243;n para que los reyes cat&#243;licos le creyeran la grandeza de sus descubrimientos. Col&#243;n dice que las gentes que salieron a recibirlo el 12 de octubre de 1492 "estaban como sus madres los parieron". Otros cronistas coinciden con &#233;l en que los caribes, como era natural en un tr&#243;pico todav&#237;a a salvo de la moral cristiana, andaban desnudos. Sin embargo, los ejemplares escogidos que llev&#243; Col&#243;n al palacio real de Barcelona estaban ataviados con hojas de palmeras pintadas y plumas y collares de dientes y garras de animales raros. La explicaci&#243;n parece simple: el primer viaje de Col&#243;n, al rev&#233;s de sus sue&#241;os, fue un desastre econ&#243;mico. Apenas si encontr&#243; el oro prometido, perdi&#243; la mayor parte de sus naves, y no pudo llevar de regreso ninguna prueba tangible del valor enorme de sus descubrimientos, ni nada que justificara los gastos de su aventura y la conveniencia de continuarla. Vestir a sus cautivos como lo hizo fue un truco convincente de publicidad. El simple testimonio oral no hubiera bastado, un siglo despu&#233;s de que Marco Polo hab&#237;a regresado de China con realidades tan novedosas e inequ&#237;vocas como los espaguetis y los gusanos de seda, y como lo hab&#237;an sido la p&#243;lvora y la br&#250;jula. Toda nuestra historia, desde el descubrimiento, se ha distinguido por la dificultad de hacerla creer. Uno de mis libros favoritos de siempre ha sido "El primer viaje en torno del globo" del italiano Antonio Pigafetta, que acompa&#241;&#243; a Magallanes en su expedici&#243;n alrededor del mundo. Pigafetta dice que vio en el Brasil unos p&#225;jaros que no ten&#237;an colas, otros que no hac&#237;an nidos porque no ten&#237;an patas, pero cuyas hembras pon&#237;an y empollaban sus huevos en la espalda del macho y en medio del mar, y otros que s&#243;lo se alimentaban de los excrementos de sus semejantes. Dice que vio cerdos con el ombligo en la espalda y unos p&#225;jaros grandes cuyos picos parec&#237;an una cuchara, pero carec&#237;an de lengua. Tambi&#233;n habl&#243; de un animal que ten&#237;a cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y cola y relincho de caballo. Fue Pigafetta quien cont&#243; la historia de c&#243;mo encontraron al primer gigante de la Patagonia, y de c&#243;mo &#233;ste se desmay&#243; cuando vio su propia cara reflejada en un espejo que le pusieron enfrente.
II. Las aventuras de los que creyeron
La leyenda del Dorado es sin duda la m&#225;s bella, la m&#225;s extra&#241;a y decisiva de nuestra historia. Buscando ese territorio fant&#225;stico, Gonzalo Jim&#233;nez de Quesada conquist&#243; casi la mitad del territorio de lo que hoy es Colombia, y Francisco de Orellana descubri&#243; el r&#237;o Amazonas. Pero lo m&#225;s fant&#225;stico es que lo descubri&#243; al derecho &#8211;es decir, navegando de las cabeceras hasta la desembocadura&#8211;, que es el sentido contrario en que se descubren los r&#237;os. El Dorado, como el tesoro de Cuauht&#233;moc, sigui&#243; siendo un enigma para siempre. Como lo siguieron siendo las once mil llamas cargadas cada una con cien libras de oro, que fueron despachadas desde el Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa, y que nunca llegaron a su destino. La realidad fue otra vez m&#225;s lejos hace menos de un siglo, cuando una misi&#243;n alemana encargada de elaborar el proyecto de construcci&#243;n de un ferrocarril trans-oce&#225;nico en el istmo de Panam&#225;, concluy&#243; que el proyecto era viable, pero con una condici&#243;n: que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal muy dif&#237;cil de conseguir en la regi&#243;n, sino que se hicieran de oro. Tanta credulidad de los conquistadores s&#243;lo era comprensible despu&#233;s de la fiebre metaf&#237;sica de la Edad Media, y del delirio literario de las novelas de caballer&#237;a. S&#243;lo as&#237; se explica la desmesurada aventura de Alvar N&#250;&#241;ez Cabeza de Vaca, que necesit&#243; ocho a&#241;os para llegar desde Espa&#241;a a M&#233;xico a trav&#233;s de todo lo que hoy es el sur de los Estados Unidos, en una expedici&#243;n cuyos miembros se comieron unos a otros, hasta que s&#243;lo quedaron cinco de los 600 originales. El incentivo de Cabeza de Vaca, al parecer, no era la b&#250;squeda del Dorado, sino algo m&#225;s noble y po&#233;tico: la fuente de la eterna juventud. 
Acostumbrado a unas novelas donde hab&#237;a ung&#252;entos para pegarles las cabezas cortadas a los caballos, Gonzalo Pizarro no pod&#237;a dudar cuando le contaron en Quito, en el siglo XVI, que muy cerca de all&#237; hab&#237;a un reino con tres mil artesanos dedicados a fabricar muebles de oro, y en cuyo palacio real hab&#237;a una escalera de oro macizo, y estaba custodiado por leones con cadenas de oro. &#161;Leones en los Andes! A Balboa le contaron un cuento semejante en Santa Mar&#237;a del Dari&#233;n, y descubri&#243; el Oc&#233;ano Pac&#237;fico. Gonzalo Pizarro no descubri&#243; nada especial, pero el tama&#241;o de su credulidad puede medirse por la expedici&#243;n que arm&#243; para buscar el reino inveros&#237;mil: 300 espa&#241;oles, 4000 indios, 150 caballos y m&#225;s de mil perros amaestrados en la caza de seres humanos.
III. Una realidad que no cabe en el idioma
Un problema muy serio que nuestra realidad desmesurada plantea a la literatura, es el de la insuficiencia de palabras. Cuando nosotros hablamos de un r&#237;o, lo m&#225;s lejos que puede llegar un lector europeo es a imaginarse algo tan grande como el Danubio, que tiene 2,790 km. Es dif&#237;cil que se imagine si no se le describe, la realidad del Amazonas, que tiene 5,500 km. de longitud. Frente a Bel&#233;n del Par&#225; no se alcanza a ver la otra orilla, y es m&#225;s ancho que el mar B&#225;ltico. Cuando nosotros escribimos la palabra tempestad, los europeos piensan en rel&#225;mpagos y truenos, pero no es f&#225;cil que est&#233;n concibiendo el mismo fen&#243;meno que nosotros queremos representar. Lomismo ocurre, por ejemplo, con la palabra lluvia. En la cordillera de los Andes, seg&#250;n la descripci&#243;n que hizo para los franceses otro franc&#233;s llamado Javier Marimier, hay tempestades que pueden durar hasta cinco meses. "Quienes no hayan visto esas tormentas &#8211;dice&#8211; no podr&#225;n formarse una idea de la violencia con que se desarrollan. Durante horas enteras los rel&#225;mpagos se suceden r&#225;pidamente a manera de cascadas de sangre y la atm&#243;sfera tiembla bajo la sacudida continua de los truenos, cuyos estampidos repercuten en la inmensidad de la monta&#241;a". La descripci&#243;n est&#225; muy lejos de ser una obra maestra, pero bastar&#237;a para estremecer de horror al europeo menos cr&#233;dulo. 
De modo que ser&#237;a necesario crear todo un sistema de palabras nuevas para el tama&#241;o de nuestra realidad. Los ejemplos de esa necesidad son interminables. F.W. Up de Graff, un explorador holand&#233;s que recorri&#243; el alto Amazonas a principios de siglo, dice que encontr&#243; un arroyo de agua hirviendo donde se hac&#237;an huevos duros en cinco minutos, y que hab&#237;a pasado por una regi&#243;n donde no se pod&#237;a hablar en voz alta porque se desataban aguaceros torrenciales. En alg&#250;n lugar de la costa de Colombia yo vi a un hombre rezar una oraci&#243;n secreta frente a una vaca que ten&#237;a gusanos en la oreja, y vi caer los gusanos muertos mientras transcurr&#237;a la oraci&#243;n. Aquel hombre aseguraba que pod&#237;a hacer la misma cura a distancia, siempre que le hicieran la descripci&#243;n del animal y le indicaran el lugar en que se encontraba. El 8 de mayo de 1902, el volc&#225;n Mont Pel&#233;, en la isla Martinica, destruy&#243; en pocos minutos el puerto Saint Pierre y mat&#243; y sepult&#243; en lava a la totalidad de sus 30.000 habitantes. Salvo uno: Ludger Sylvaris, el &#250;nico preso de la poblaci&#243;n, que fue protegido por la estructura invulnerable de la celda individual que le hab&#237;an constru&#237;do para que no pudiera escapar. 
S&#243;lo en M&#233;xico habr&#237;a que escribir muchos vol&#250;menes para expresar su realidad incre&#237;ble. Despu&#233;s de casi 20 a&#241;os de estar aqu&#237;, yo podr&#237;a pasar todav&#237;a horas enteras, como lo he hecho tantas veces, contemplando una vasija de frijoles saltarines. Racionalistas ben&#233;volos me han explicado que su movilidad se debe a una larva viva que tienen dentro, pero la explicaci&#243;n me parece pobre: lo maravilloso no es que los frijoles se muevan porque tengan larva dentro, sino que tengan una larva dentro para que puedan moverse. Otra de las extra&#241;as experiencias de mi vida fue mi primer encuentro con el ajolote (ax&#243;lotl). Julio Cort&#225;zar cuenta, en uno de sus relatos, que conoci&#243; el ajolote en el Jard&#237;n des Plantes de Par&#237;s, un d&#237;a en que quiso ver los leones. Al pasar frente a los acuarios &#8211;cuenta Cort&#225;zar&#8211; "soslay&#233; los peces vulgares hasta dar de pronto con el ax&#243;lotl". Y concluye: "Me qued&#233; mir&#225;ndoles por una hora, y sal&#237;, incapaz de otra cosa". A m&#237; me sucedi&#243; lo mismo, en P&#225;tzcuaro, s&#243;lo que no lo contempl&#233; por una hora sino por una tarde entera, y volv&#237; varias veces. Pero hab&#237;a all&#237; algo que me impresion&#243; m&#225;s que el animal mismo, y era el letrero clavado en la puerta de la casa: "Se vende jarabe de Ajolote".
IV. El Caribe: centro de gravedad de lo incre&#237;ble
Esa realidad incre&#237;ble alcanza su densidad m&#225;xima en el Caribe, que, en rigor, se extiende (por el norte) hasta el sur de los Estados Unidos, y por el sur hasta el Brasil. No se piense que es un delirio expansionista. No: es que el Caribe no es s&#243;lo un &#225;rea geogr&#225;fica, como por supuesto lo creen los ge&#243;grafos, sino un &#225;rea cultural muy homog&#233;nea. 
En el Caribe, a los elementos originales de las creencias primarias y concepciones m&#225;gicas anteriores al descubrimiento se sum&#243; la profusa variedad de culturas que confluyeron en los a&#241;os siguientes en un sincretismo m&#225;gico cuyo inter&#233;s art&#237;stico y cuya propia fecundidad art&#237;stica son inagotables. La contribuci&#243;n africana fue forzosa e indignante, pero afortunada. En esa encrucijada del mundo, de forj&#243; un sentido de libertad sin t&#233;rmino, una realidad sin Dios ni ley, donde cada quien sinti&#243; que le era posible hacer lo que quer&#237;a sin l&#237;mites de ninguna clase: y los bandoleros amanec&#237;an convertidos en reyes, los pr&#243;fugos en almirantes, las prostitutas en gobernadoras. Y tambi&#233;n lo contrario. 
Yo nac&#237; y crec&#237; en el Caribe. Lo conozco pa&#237;s por pa&#237;s, isla por isla, y tal vez de all&#237; provenga mi frustraci&#243;n de que nunca se me ha ocurrido nada ni he podido hacer nada que sea m&#225;s asombroso que la realidad. Lo m&#225;s lejos que he podido llegar es a trasponerla con recursos po&#233;ticos, pero no hay una sola l&#237;nea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real. Una de esas trasposiciones es el estigma de la cola de cerdo que tanto inquietaba a la estirpe de los Buend&#237;a en Cien a&#241;os de soledad. Yo hubiera podido recurrir a otra imagen cualquiera, pero pens&#233; que el temor al nacimiento de unhijo con cola de cerdo era la que menos probabilidades ten&#237;a de coincidir con la realidad. Sin embargo, tan pronto como la novela empez&#243; a ser conocida, surgieron en distintos lugares de las Am&#233;ricas las confesiones de hombres y mujeres que ten&#237;an algo semejante a una cola de cerdo. En Barranquilla, un joven se mostr&#243; en losperi&#243;dicos: hab&#237;a nacido y crecido con aquella cola, pero nunca lo hab&#237;a revelado, hasta que ley&#243; Cien a&#241;os de soledad. Su explicaci&#243;n era m&#225;s asombrosa que su cola: "Nunca quise decir que la ten&#237;a porque me daba verg&#252;enza", dijo. "Pero ahora, leyendo la novela y oyendo a la gente que la ha le&#237;do, me he dado cuenta de que es una cosa natural." Poco despu&#233;s, un lector me mand&#243; el recorte de la foto de una ni&#241;a de Se&#250;l, capital de Corea del Sur, que naci con una cola de cerdo. Al contrario de lo que yo pensaba cuando escrib&#237; la novela, a la ni&#241;a de Se&#250;l le cortaron la cola y sobrevivi&#243;. Acompa&#241;o esa foto a esta ponencia, como homenaje a los racionalistas incr&#233;dulos que forman parte de la concurrencia. 
Sin embargo, mi experiencia de escritor m&#225;s dif&#237;cil fue la preparaci&#243;n de El oto&#241;o del patriarca. Durante casi 10 a&#241;os le&#237; todo lo que me fue posible sobre los dictadores de Am&#233;rica Latina, y en especial del Caribe, con el prop&#243;sito de que el libro que pensaba escribir se pareciera lo menos posible a la realidad. Cada paso era una desilusi&#243;n. La intuici&#243;n de Juan Vicente G&#243;mez era muchom&#225;s penetrante que una verdadera facultad adivinatoria. El doctor Duvalier, en Hait&#237;, hab&#237;a hecho exterminar los perros negros en el pa&#237;s porque uno de sus enemigos, tratando de escapar del tirano, se hab&#237;a escabullido de su condici&#243;n humana y se hab&#237;a convertido en perro negro. El doctor Francia, cuyo prestigio de fil&#243;sofo era tan extenso que mereci&#243; un estudio de Carlyle, cerr&#243; a la rep&#250;blica del Paraguay como si fuera una casa, y s&#243;lo dej&#243; abierta una ventana para que entrara el correo. Nuestro Antonio L&#243;pez de Santana enterr&#243; su propia pierna en funerales espl&#233;ndidos. La mano cortada de Lope de Aguirre naveg&#243; r&#237;o abajo durante varios d&#237;as, y quienes la ve&#237;an pasar se estremec&#237;an de horror, pensando que aun en aquel estado de aquella mano asesina pod&#237;a blandir un pu&#241;al. Anastasio Somoza Garc&#237;a, padre del &#250;ltimo dictador nicarag&#252;ense, ten&#237;a en el patio de su casa un jard&#237;n zool&#243;gico con jaulas de dos compartimientos: en uno estaban encerradas las fieras, y en el otro separado apenas por una reja de hierro, estaban sus enemigos pol&#237;ticos. Maximiliano Hern&#225;ndez Mart&#237;nez de El Salvador, hizo forrar con papel rojo todo el alumbrado p&#250;blico del pa&#237;s para combatir una epidemia de sarampi&#243;n, y hab&#237;a inventado un p&#233;ndulo que pon&#237;a sobre los alimentos antes de comer para averiguar si no estaban envenenados. La estatua de Moraz&#225;n que a&#250;n existe en Tegucigalpa es en realidad del mariscal Ney: la comisi&#243;n oficial que viaj&#243; a Londres a buscarla, resolvi&#243; que era m&#225;s barato comprar esa estatua olvidada en un dep&#243;sito, que mandar a hacer una aut&#233;ntica de Moraz&#225;n. 
En s&#237;ntesis, los escritores de Am&#233;rica Latina y el Caribe tenemos que reconocer, con la mano en el coraz&#243;n, que la realidad es mejor escritor que nosotros. Nuestro destino, y tal vez nuestra gloria, es tratar de imitarla con humildad, y lo mejor que nos sea posible.

Encontrado en: http://members.aol.com/SFVoces/marquez.html 
                      http://www.sololiteratura.com/ggm/marquezartfantasia.htm




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Pablo Mora


Para llegar al coraz&#243;n del hombre para recoger la rabia y la ternura de los sue&#241;os para escudri&#241;arle los secretos a las piedras para adentrarnos en la memoria de los soles 

Para afinarle la guitarra a alguna tarde para dar con el nombre esacto de las cosas para descifrar la semi&#243;tica de las flores las estrellas los temblores y los pobres para levantarse a las tres de la madrugada a torear la muerte llena de una largu&#237;sima tristeza con tantos pasos para dar con uno.

Para sabernos vivos todav&#237;a bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito m&#225;s de vida para burlarnos de las comillas de modo que el plagio siga siendo eterno consubstancial al hombre

Para saludar a la nieve all&#225; en Saluggia o recordar que a veces el azul est&#225; de luto para sentir los taladros de la muerte las pisadas nocturnas del labriego los aullidos de Dios sobre el planeta

Para dar con la lluvia deshojada para la soledad el musgo el conticinio para cobijar el so&#241;ar de la demencia para saber que al hombre lo vigila el coraz&#243;n para convencernos que roja ser&#225; la rosa en el azul del sue&#241;o para llegar al mar y a tanta llamarada viva

Para caer en cuenta que calladamente todo el hombre va dejando para confiar en la vida repentina o en la dicha de vivir completamente para la verdad que solo conocen las estrellas para vigilar nuestra rebelde sembradura fogonazo total de nuestras cosas

Para entonar el sideral concierto del turpial para alojar en el alero a la antigua serenata para que el ni&#241;o de la Tierra tenga al lado de un Platero su guitarra para que la ancha pena dolorida se esfume diariamente en la alegr&#237;a para que a Jara lo lleve una paloma entre sus alas para abrirle las puertas a la noche por donde pase la ilusi&#243;n del alba para que el arco iris vesperal al hombre de la estrella nos remonte para que la aurora sea capaz de convertirse en Dios y el canto de la alondra instaure la alegr&#237;a en el viejo dividive

Para que el arma se deponga pronto y se empu&#241;e la paz de la ma&#241;ana para que cese el c&#243;smico dolor de la galaxia para que a tantas guerras desbocadas las detenga un bord&#243;n amanecido

Para esconder los dados a los dioses para decidir d&#243;nde plantar los &#225;rboles de nuevo para dejar escrito en la piedra el sue&#241;o del domingo para medir el hambre para saber bien en qu&#233; lugar hay barro hay sangre ad&#243;nde el camino quiere ir d&#243;nde queda la raz&#243;n d&#243;nde la palabra d&#243;nde la injusticia hasta que alguna vez si ya no somos si ya no vamos ni venimos estemos juntos extra&#241;amente confundidos as&#237; no acepten nuestras vidas unos cuantos hijos de puta 

De: Pablo Mora: &#8220;Sangre zurcida&#8221;. 


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A Olga Teresa Carvajal
en sus ochenta a&#241;os

Alegr&#237;a, rec&#243;ndita alegr&#237;a,
ala justa de todo lo que pasa,
alegr&#237;a tenaz, m&#250;ltiple y nueva,
para anidar la tierra cada d&#237;a.

Casa de oro en cuya blanca mesa
fluye el amor en encendida lumbre,
el luminoso pan de la fortuna
purificado por la unci&#243;n fraterna.

Buenos Aires y el alma la adivina
inmersa en los claveles de la aldea,
Olga Teresa, flor de la alegr&#237;a.

Entre el fulgor, el c&#225;ntico y el viento,
entre la paz, la vida, la dulzura,
Olga Teresa en dulce arrobamiento.
 
Triunfo de la alegr&#237;a. Advenimiento 
de la suprema luz y de la vida. 
La vida es una Olga suspendida 
entre la luz, los tr&#225;nsitos y el viento.


Pablo Mora
San Joaqu&#237;n, 11 de julio de 2009.



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Pablo Mora


El periodismo de Benedetti aparece testimoniado en &#8220;Articulario. Desexilio y perplejidades. Reflexiones desde el Sur.&#8221; Libro que re&#250;ne art&#237;culos period&#237;sticos sobre temas culturales o de pol&#237;tica internacional, expresamente en torno a la realidad latinoamericana. La denuncia de la hipocres&#237;a internacional, la defensa de una &#233;tica humanista, la solidaridad, son algunos de los temas tratados desde una &#243;ptica latinoamericana. Benedetti re&#250;ne, all&#237;, art&#237;culos, cr&#243;nicas y conferencias sobre la actualidad. Plantea cuestiones que nos enfrentan sin tapujos a la realidad mundial y latinoamericana. Fueron escritos y publicados entre 1982 y 1993 y aparecen distribuidos en dos grupos. El primero corresponde al per&#237;odo 1982-1984 y es una selecci&#243;n de la obra El desexilio y otras conjeturas; el segundo comprende el lapso 1990-1993, a su vez una selecci&#243;n del volumen Perplejidades de fin de siglo.

Con excepci&#243;n del titulado &#8220;Convalecencia del compromiso&#8221;, que apareci&#243; originariamente en la revista Cuatro Semanas, todos los dem&#225;s textos fueron escritos para El Pa&#237;s, de Madrid. Varios art&#237;culos han sido reproducidos en &#243;rganos de prensa de Buenos Aires, Ciudad de M&#233;xico, Managua, Santiago de Chile, La Habana, Stanford. Se da con frecuencia el caso de art&#237;culos que han sido difundidos casi en la totalidad de los pa&#237;ses de este continente, incluido el hemisferio norte, constat&#225;ndose, as&#237;, que la voz de Mario Benedetti reson&#243; y se escuchar&#225; con inter&#233;s y respeto en &#225;mbitos lejanos y diferentes.

Los inicios de Benedetti en el periodismo se dan en tiempos de la c&#233;lebre revista-semanario Marcha, cuando en 1945 entra a formar parte del equipo de redacci&#243;n, hasta llegar a ser su director literario en 1954. Experiencia que concluye en 1974, cuando la dictadura clausura la revista. Retoma su ejercicio period&#237;stico, al colaborar semanalmente en las p&#225;ginas de Opini&#243;n del diario El Pa&#237;s.

Benedetti, quien dijera: &#171;La escritura puede ser como la fe: vas buscando cosas, por lo menos as&#237; le sacudo al alma un poco&#8230; Hubo cosas en el pasado que dolieron mucho, y que me dolieron mucho. Tambi&#233;n aparece eso en lo que uno escribe... &#191;Habr&#225; acaso una sola y final desolaci&#243;n? Le pregunto al azar al mudo sordo ciego.&#187; es alguien que sigue siendo poeta aun cuando haga prosa. La malicia y gracia de su po&#233;tica se reflejan, enteras, en su prosa period&#237;stica. La destacada figura de Miguel de Unamuno, excelso periodista entre tantos m&#233;ritos, como todos los de vieja data, reaparecen en la pluma de Benedetti. Se reflejan las figuras latinoamericanas de Mariano Pic&#243;n Salas, Luis Beltr&#225;n Guerrero, Ignacio Burk, Enrique Bernardo N&#250;&#241;ez o el Vallejo en sus grandes horas de ensayo. &#8220;&#191;Qui&#233;n hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser m&#237;os?&#8221;

Coautor de historia, de nuestra historia, de la nueva historia, Mario Benedetti, uno de los grandes, testigo de la humana faena -siempre en reflexiones desde el Sur- fija la mirada en nuestra vor&#225;gine, en las inclemencias, llagaduras cotidianas, se ocup&#243; de la racionalizaci&#243;n de las voces y alaridos locales, nacionales, mundiales, de cara a la existencia, sobrevivencia, m&#225;s ac&#225; de la paz, de la belleza, la justicia, la fraternidad y la certeza de la vida humana.

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Pablo Mora, educador, periodista y poeta, autor del himno de la Unet, navega ahora por Internet

Miles de voces han cantado sus versos
 
En su trabajo literario, Pablo Mora dedica horas y horas en la lectura y meditaci&#243;n en el amplio recibo de "La Moraleja", entre sus selectas obras pict&#243;ricas y la escultura "Fecundidad".
 
Aun cuando a diario navega por Internet a trav&#233;s de sus dos p&#225;ginas web, el poeta y periodista no utiliza la computadora para escribir sus versos. Prefiere el bol&#237;grafo para darle mayor autenticidad a su poes&#237;a.
( Germ&#225;n Car&#237;as S. )

De ni&#241;o jugaba a los versos columpiando sue&#241;os y esperanzas, all&#225; en la inmensa soledad de la monta&#241;a.
Y se hizo hombre y poeta entre alegr&#237;as y miedos, luz y sombra en su infatigable peregrinaje por los tremedales de la vida.
Pablo Ramiro Mora Quintero, sencillamente Pablo Mora, psicopedagogo, periodista y literato, naci&#243; a la sombra de cafetales en la aldea de San Joaqu&#237;n, en la parte alta de Santa Ana del T&#225;chira, el martes 28 de abril de 1942, d&#237;a de San Justino. Desde peque&#241;o, comenz&#243; a garabatear en los cuadernos escolares ideas y pensamientos, especies de sonetos en su ingenua imaginaci&#243;n.
--- Ten&#237;a entonces unos 10 a&#241;os --- y no se arredra ante los recuerdos de su infancia azarosa ---. En el patio de mi casa, sentado en el horc&#243;n de un &#225;rbol ca&#237;do, escrib&#237; a escondidas una carta de amor para una ni&#241;a que amaba en silencio. Al d&#237;a siguiente, mi maestro encontr&#243; los apuntes y los ley&#243; en alta voz en el sal&#243;n de clases, porque dec&#237;a que eran muy bonitos. Eso caus&#243; conmoci&#243;n en todo San Joaqu&#237;n. Fue esc&#225;ndalo p&#250;blico. Hasta me amenazaron con expulsarme del colegio y sacarme del pueblo
De su padre ya muerto, Francisco Mora, y su madre de 90 a&#241;os, Josefa Teresa Quintero, ambos agricultores de Santa Ana, el ni&#241;o campesino aprendi&#243; a sembrar y cosechar. Todos los mediod&#237;a ten&#237;a que subir las empinadas cuestas monta&#241;osas para llevar en viandas el almuerzo a los peones. Ya al atardecer, pese a la advertencia familiar de estar siempre alerta por la aparici&#243;n de cualquier duende, deb&#237;a cerrar el portillo de la finca La Panchera, donde ayudaba a su t&#237;o. 
--- Fue esa visi&#243;n intangible de los duendes --- el autor de las series Alm&#225;cigos, Asombros y Poiesolog&#237;a, cree intuir su inspiraci&#243;n l&#237;rica en las andanzas ilusorias de las traviesas figuras fantasmag&#243;ricas ----, lo que despert&#243; mi pasi&#243;n po&#233;tica. Tambi&#233;n el olor, color y sabor de las pomarrosas que en centenares crec&#237;an silvestres en San Joaqu&#237;n. La culpa de que me hiciera poeta la tienen esos duendes que nunca he visto y sigo buscando, pero tambi&#233;n la kinestesia por las pomarrosas, inspiraci&#243;n y canto en mi aldea natal.
El hombre poeta sigue remontando los caminos infinitos que empezaron a abrirse en la ni&#241;ez de sus ilusiones y anhelos.


Un poema en himno a la Unet
Alumno fundador de la Escuela de Letras en la Universidad Cat&#243;lica Andr&#233;s Bello extensi&#243;n T&#225;chira, obtuvo su licenciatura el 6 de agosto de 1966. Antes y durante siete a&#241;os, estudi&#243; filosof&#237;a en el Seminario Santo Tom&#225;s de Aquino. 

---- Pude quiz&#225;s hacerme cura --- el poeta so&#241;ador y rom&#225;ntico, recuerda con nostalgia aquellos pininos en las celdas de meditaci&#243;n del Seminario diocesano ---, pero mis profesores descubrieron que el sacerdocio no era precisamente mi vocaci&#243;n y claudiqu&#233; al noviciado. All&#237; en el Seminario, sin embargo, tuve oportunidad de escribir algunos ensayos que enrumbaron mi afici&#243;n l&#237;rica. Una vez, el sacerdote eudista ecuatoriano Alfonso Ruiz nos pidi&#243; que prepar&#225;ramos algunos conceptos sobre el Papa y yo que s&#243;lo asociaba el blanco del h&#225;bito pontifical a la leche, a la nieve y al az&#250;car, emplee mi percepci&#243;n idealista para redactar el trabajo, pero qu&#233; pod&#237;a saber entonces de met&#225;foras ni de comparaciones aleg&#243;ricas t&#225;citas. Ahora juego con Karol Wojtyla en un poema que le dediqu&#233; devotamente. Es indudable que aquellos ejercicios teologales, me adentraron en la poes&#237;a.
No obstante, el juglar estalla, como &#233;l mismo lo a&#241;ora complacido, cuando errabundo cerca de su casa en el centro de San Crist&#243;bal, piensa en cual ser&#225; su profesi&#243;n definitiva, barajando las p en sus lucubraciones entre periodista, psic&#243;logo y profesor. En sus ratos libres, mientras estudia Letras en la Ucabet, escribe un boceto de novela, La fuga y luego va a publicar su primer soneto en el diario Vanguardia, en la p&#225;gina literaria a cargo de quien iba a ser su extraordinario amigo, Pedro Pablo Paredes.
--- Hab&#237;a cumplido los 23 a&#241;os. Ese boceto novel&#237;stico lo titul&#233; Esperanza. Nunca lo reproduje en ninguno de mis libros. Fue simplemente un ejercicio. Su primera estrofa dec&#237;a: Y todo esperar/ espera la luz al ni&#241;o/ en el regazo de su madre/ y los a&#241;os del mortal/ la cuna de sus canas.
Al a&#241;o siguiente, ya Licenciado en Letras, Pablo Mora decide irse a Italia a estudiar doctorado en psicopedagog&#237;a en la Universidad de Tur&#237;n. Tambi&#233;n obtiene el grado de doctor en periodismo en la Universidad Cat&#243;lica de Mil&#225;n. Con ambas borlas acad&#233;micas, retorna a Venezuela en 1969 y comienza a ejercer de pedagogo. Primero, en el Liceo Alejandro Peti&#243;n de Caricuao y en la c&#225;tedra de Castellano y Literatura en el Instituto Fernando Pe&#241;alver en Campo Alegre. Despu&#233;s, en 1973 va a iniciarse como profesor fundador en el Instituto Universitario Experimental Polit&#233;cnico Guayana.
--- Tambi&#233;n fui casi fundador de la Universidad Nacional Experimental del T&#225;chira--- y el educador y poeta lo proclama con satisfacci&#243;n ---. Solicit&#233; mi traslado desde las aulas del Instituto Guayana a la Unet, que ten&#237;a un a&#241;o apenas de actividades. Por gestiones de Carlos Delgado Dugarte, gran amigo y periodista, logr&#233; que el primer rector Lorenzo Monroy me asignara la c&#225;tedra de Estudios generales, lenguaje y comunicaci&#243;n. All&#237; estuve 18 a&#241;os de profesor titular hasta mi jubilaci&#243;n al completar en total 25 a&#241;os de docencia, desde 1969 a 1994.
Durante su exitoso ejercicio pedag&#243;gico en la Unet, obtuvo igualmente uno de los reconocimientos m&#225;s plausibles de su producci&#243;n l&#237;rica, orgullo y blas&#243;n de su inspiraci&#243;n po&#233;tica. Es autor del himno universitario, la canci&#243;n emblema unetesca que han cantado miles y miles de voces desde 1984 en todos los actos acad&#233;micos de la primera casa de educaci&#243;n superior del T&#225;chira.
--- Cuando abrieron el concurso para seleccionar el himno, comenc&#233; a trabajar al lado del profesor Rub&#233;n Rivas, ese excelente m&#250;sico meride&#241;o que hab&#237;a sido director de la Cantor&#237;a de M&#233;rida y quien acababa de residenciarse en San Crist&#243;bal. En la secuencia de las estrofas, vino a mi mente la inspiraci&#243;n que tuvo nuestro gran compositor Juan Tel&#233;sforo Jaime en su bambuco El campo est&#225; florido&#8221;. Ese mismo amor por la tierra tachirense, por su gente y sus paisajes, lo plasm&#233; en prosa para exaltar el sentimiento de la comunidad universitaria, adaptando el profesor Rivas su creaci&#243;n musical. Recuerdo que en una conversaci&#243;n con nuestro eximio Alirio D&#237;az, nos sugiri&#243; que deber&#237;amos imprimirle mayor aire marcial y as&#237; lo hicimos. El canto aleg&#243;rico lo adopt&#243; definitivamente el Consejo Universitario como himno oficial de la Unet, el 4 de marzo de 1977. Cada vez que oigo la cuarteta: Recojamos del surco sus frutos/ junto al hombre que labra su af&#225;n/ afianzando en el T&#225;chira el culto/ por el campo, el trabajo y la paz, se me estruja el coraz&#243;n y lloro en silencio de emoci&#243;n y alegr&#237;a. 
Quiz&#225;s evoca tambi&#233;n el poeta en lontananza los sobresaltos de su infancia campesina entre los sustos y miedos por los duendes incorp&#243;reos de La Panchera.

Convite familiar en Moraleja

En su prol&#237;fica creatividad l&#237;rica y period&#237;stica, Pablo Mora tiene 17 obras publicadas.
Casi consecutivamente, de 1978 a 1993, edit&#243; sus 6 poemarios en Alm&#225;cigos, luego aparecen 3 testimonios de Asombros de 1996 al 2000, en 1993 la Unet le recopila 36 micros ensayos de Cuenta abierta, colecci&#243;n de art&#237;culos que publica en La Naci&#243;n desde 1970. Tambi&#233;n circul&#243; Tierra fecunda en 1969, De la noche insomne en 1993, Insomnio terminal 2002, Palabra insomne 2003, Cuarenta mil millardos de millas de hombres luz 2002, Poiesolog&#237;a y Sombra in&#233;dita en 2005.
Y en la difusi&#243;n internacional de su permanente producci&#243;n literaria, desde hace 8 a&#241;os sus versos y art&#237;culos period&#237;sticos navegan por Internet en dos p&#225;ginas web: Poiesolog&#237;a.com y Poes&#237;a.org.ve.
----Con el fortalecimiento de la imagen institucional de la Unet --- el poeta recurre ahora a cifras y gr&#225;ficos ---, la p&#225;gina web comenz&#243; a circular en 1997. Tenemos clasificados 390 poetas y 1846 poemas, 2.585 Cuentas abiertas publicadas en La Naci&#243;n, 3.618 art&#237;culos en cartelera, 768 enlaces en 4 categor&#237;as y 188 manifiestos. En la actualidad tenemos 325 mil visitantes. Los portales espa&#241;oles especializados en literatura, se nutren de nuestros trabajos y nosotros de los de ellos, en un constante intercambio de experiencias y conocimientos. Me siento orgulloso de mantener esta vitrina universal para dar a conocer a nuestros autores y proyectar su obra a trav&#233;s de Internet.
Aunque admite las ventajas y funcionalidad del sistema digitalizado, el poeta, periodista y educador no usa la computadora sino que escribe con bol&#237;grafos para copiar sus versos y sonetos. 
---- Nunca un poeta puede automatizarse ---se apresura en aclarar ---. Debe ser aut&#233;ntico, original, creativo. Vivir de la inspiraci&#243;n, saber el tama&#241;o exacto de la pena, conocer el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. Buscar la luz y navegar hacia adentro del asombro. So&#241;ar. Vivir y sufrir. Amar, siempre amar.
En el saludo asiduo a los visitantes de su p&#225;gina web, invoca desde su hogar en la quinta Moraleja de Las Acacias, a sus estrellas: Limito por el norte con mi madre. Por el sur con la luz de tres luceros. Por el Oriente con mi azul asombro. Por el oeste con el mundo entero. Y no he podido limitar conmigo
Los tres luceros son sus tres hijos, dos varones, Jos&#233; Aldebar&#225;n y Luis Arturo, ambos arquitectos, y una hembra, Almair, quien muri&#243; al nacer, pero sigue viviendo en las remembranzas familiares.
---- Y la gran estrella es Alicia Newville, quien ha iluminado mi existencia desde que nos conocimos aqu&#237; en San Crist&#243;bal, cuando vino a pasar unas vacaciones en Semana Santa. Yo iba a visitar los monumentos sacros en las Iglesias del centro cuando vi a la hermosa catira caraque&#241;a de refulgentes ojos azules a la puerta de la casa de la familia amiga, el hogar de do&#241;a Cristina Forn&#233;s de C&#225;rdenas. Al instante qued&#233; embelesado. Fue amor a primera vista. Meses despu&#233;s nos casamos por poder en 1967 y formamos esta gran familia. Ya tenemos dos bell&#237;simos reto&#241;os, nuestras nietas Mar&#237;a Altair, de 13 a&#241;os y Eugenia Almair, de 3.
Era mediod&#237;a. A la hora de almuerzo, volv&#237;an a reunirse la esposa y los descendientes del poeta en el convite fraterno de Moraleja.
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Caguair&#225;n
A Fidel Castro en sus 83 a&#241;os

 


por obra y gracia del insomnio el hombre
el hombre rayo que arde en la tormenta
alarido crispado en hurac&#225;n

por fin &#233;l ocup&#225;ndose del hombre
el hombre simplemente el hombre a solas
en paz consigo con su pena al hombro

al descubierto hermano universal
guarango chontaduro ca&#241;ahuate
chaguaramo apamate guayac&#225;n

sam&#225;n araguaney o flamboy&#225;n
universal ceniza en singladura
en pulpa en hueso en lluvia en soledad

rojo duro durable resistente
calc&#225;reo frondoso para siempre
incorruptible eterno refulgente

Caguair&#225;n indomable frente al viento
la semilla del hombre germinando
quiebra hacha fidel fuego pueblo y tierra

el hombre a punta de hombre y tempestad
semilla germinal a la intemperie
andando andando andando andando andando

Pablo Mora 
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    <message>El ser nacional
Pablo Mora


Enfermo o no nuestro ser nacional, &#8220;eso que alguien llam&#243; el alma nacional, disforme, enrevesada, m&#250;ltiple, enmara&#241;ada, revuelta, nos identifica en la diversidad, nos iguala en la desemejanza, nos solidariza en la injusticia, nos equilibra en el isocronismo y la pretendida uniformidad etnocentrista que los imperios y sus alabarderos promueven como art&#237;culo de fe.&#8221; (Gustavo Pereira).

A la luz de esta concepci&#243;n, cabe preguntarse: &#191;El concepto del alma nacional, como un conjunto de acumulaciones hereditarias, no tiene raz&#243;n de ser en Venezuela? &#191;Debemos sustituir las bald&#237;as generalizaciones sobre la llamada alma nacional? &#191;Acaso el elemento definitorio en el concepto de Naci&#243;n no es la voluntad nacional? &#191;Acaso lo que verdaderamente caracteriza a una naci&#243;n no es la voluntad de naci&#243;n? &#191;Acaso el sentimiento nacional no persiste, dentro de la generosa corriente integracionista que sacude nuestras generaciones m&#225;s j&#243;venes, entendiendo como &#233;xito de la integraci&#243;n el que logremos armonizar la realidad del sentimiento nacional con la impretermitible exigencia de la integraci&#243;n regional y subregional, es decir, en la solidaridad pluralista? &#191;En verdad, este pa&#237;s est&#225; perdiendo su alma? &#191;Dentro del vaciamiento del esp&#237;ritu y la ausencia de utop&#237;as concretas, prevalece una bien orquestada conspiraci&#243;n contra las conciencias? 

&#191;D&#243;nde, entonces, nuestros valores de solidaridad, patriotismo, soberan&#237;a, latino americanismo, integraci&#243;n, cooperaci&#243;n, ponderaci&#243;n del sacrificio, dignidad? &#191;D&#243;nde nuestras tradiciones, ese bagaje espiritual con que nos provee el pasado para nuestro viaje al porvenir? &#191;Ese presente, potencia de futuro? &#191;Ese ser que va siendo, fluyendo, en funci&#243;n de porvenir?

&#191;Urge crearle un marco digno a nuestra existencia humana, nacional, recuperar nuestra propia esencia en un como renacimiento espiritual, delante de tanta truculencia, desmoralizaci&#243;n y desesperanza? &#191;O tendremos que suicidarnos lentamente, decidirlo d&#237;a a d&#237;a con frialdad y astucia? &#191;Asomarnos a la muerte diariamente? &#191;O asirnos a la vida, a la paz, la resurrecci&#243;n, la sobrevivencia?

&#191;O rogar que nunca se nos nuble el horizonte, que nunca se nos cierren los caminos, que siempre amanezcamos con el alba, dispuestos a abrazarnos con la vida? &#191;Rogar para que a pesar de las sombras, de las llagas del camino, la esperanza la enciendan los cocuyos?

&#191;Desaparecer&#225; El Miedo y todo volver&#225; ser Altamira? &#191;Tierra ancha y tendida, toda horizontes como la esperanza, toda caminos como la voluntad? &#191;Tierra propicia para el esfuerzo, como lo fue para la haza&#241;a, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera? (PSA)

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Ep&#237;stola A Manuel Felipe Rugeles
A 50 a&#241;os de su luz





I 



Manuel Felipe, hermano de la harina,
permanente juglar de nuestra aldea,
testigo fiel de toda la odisea
de esta sufrida tierra campesina.
Manuel Felipe, acaso la neblina
&#8212;tu dulce amante&#8212; solamente sea
tenue sombra que apenas se&#241;orea
en este valle de tristeza andina.
Manuel Felipe, en lumbres jornalero,
apenas si se ven las mariposas,
apenas si se siente el ventisquero.
El oculto presagio de las rosas
nos recuerda tu claro derrotero
hacia la luz total de nuestras cosas. 





II 



La paz que t&#250; so&#241;aste ya no cuenta.
Los ni&#241;os hacen guerra apenas nacen.
Las cr&#243;nicas son todas policiales.
Ya no es nuestro el sabor de nuestra m&#250;sica.
El &#250;ltimo poema para ni&#241;os
ellos lo escriben con sus propios sue&#241;os:
es s&#243;lo una par&#225;bola a la guerra
con todas las met&#225;foras en gris.
Andr&#233;s Eloy ya no anda por aqu&#237;,
el pobre Aquiles tuvo un accidente
y se nos fue. Ya casi no contamos
con poetas que quieran a los ni&#241;os.
Manuel Felipe, hermano de las cumbres,
aqu&#237; nadie le canta a la neblina. 





III 





Manuel Felipe, ya nadie apacienta
ning&#250;n sue&#241;o detr&#225;s de los reba&#241;os;
los viejos c&#225;ntaros nos son extra&#241;os
as&#237; el crisol del horno los presienta.
La neblina quiz&#225;s apenas sienta
la ausencia de los sue&#241;os aleda&#241;os
y en el rojizo almendro de tus a&#241;os
tal vez ning&#250;n turpial ya ni se asienta.
Tal es el precio de la vida, hermano:
echar un barquichuelo en la quebrada,
echarlo de ma&#241;ana, bien temprano,
luego irse con la tarde alucinada
y estarse con la luna de la mano
para caer en cuenta de la nada.

Pablo Mora

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    <name>Ep&#236;stola a Manuel Felipe Rugeles</name>
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Manuel Felipe Rugeles
Jinete insomne en las crecidas del alma

Pablo Mora
Profesor Titular, Jubilado, UNET
San Crist&#243;bal, T&#225;chira, Venezuela
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Manuel Felipe Rugeles
Jinete insomne en las crecidas del alma

Pablo Mora
Profesor Titular, Jubilado, UNET
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Si vis pacem, para bellum
Pablo Mora

o&#237;r el llamamiento y presentarse en el patio de honor tomar el arma la lumbre genital en la batalla celarla antes despu&#233;s y en la faena alistarse entrenarse permanentemente partir de madrugada     irse al frente a primera l&#237;nea o retaguardia con trinchera o sin trinchera enfrentando al enemigo fuego a fuego defendiendo atacando resistiendo calada en el fusil la bayoneta empu&#241;ar la destreza necesaria sentir el apoyo del certero impacto de los misiles los &#225;ngeles custodios de la justa o&#237;r rumores nunca divulgarlos saber que el arte es una guerra en grande
hablar de vez en cuando de temas menores ir formando gestos lentamente usar la propia mano como almohada trasplantar los recuerdos hacer correr un pedazo de oscuridad sobre otro recortar el espacio que queda entre las cosas sacar de circulaci&#243;n nuestra imagen cambiar la propia imagen peri&#243;dicamente cambiar de imagen cada tanto como se cambia sue&#241;o cada noche
crear un marco para cada cosa cuidarse de poseer caracter&#237;sticas ajenas a nuestro destino o&#237;r todas las verdades y todas las mentiras descifrar cuidadosamente cada una de las sorpresas vespertinas o de fines de semana fin de a&#241;o o fin de siglo cambiar de voz de nombre y de oficio para averiguar lo imposible comprender la semi&#243;tica de las iguanas y las lagartijas 
subir a la locura por la parte m&#225;s accesible reparar el pensamiento para a los escamoteos de las cosas escapar de las miradas de los otros despu&#233;s de la propia mirada luego de la mirada de las cosas desmadejar las l&#237;neas de la mano entremezclar los ojos y las cosas desencajar el silencio del sue&#241;o    aprender a olvidarse del recuerdo
quebrar el hipnotismo de las cosas desenfrentarse de la vida y mirar hacia un ojo que no nos hipnotice inventar respiraciones nuevas inventar el regreso del mundo despu&#233;s de su desaparici&#243;n llevar una mirada de repuesto o comprar alguna en el mercado inventar otra mirada y si a&#250;n faltare algo inventar tambi&#233;n otra forma m&#225;s concreta del hombre 
aprender a afinar la guitarra con la punter&#237;a exacta del fusil para marchar al combate con el pueblo recoger lo poco que existe y crear lo que no existe empezar a no reflejarnos ya en los charcos disolver para siempre nuestro grotesco oficio de encuadernar la nada adorar hasta la demencia la rebeli&#243;n de Ad&#225;n y Eva tomar en cuenta las notables diferencias entre un Pont&#237;fice y un Poeta de la Liberaci&#243;n valerse de la ocasi&#243;n para renovar las seguridades de la alta y distinguida estimaci&#243;n
despertar al silencio de la vida abrir el o&#237;do al ojo o echarle ojo al o&#237;do hacer silencio para darle paso a la luz colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte   escuchar el aplauso de los p&#225;jaros cuando revienta en diapas&#243;n el d&#237;a a pesar del estruendo de las hambres 
reconquistar nuestro origen reconocer que no hay quejido mayor que el del amor estar atento al parte de guerra saber que existen caminos que no hay que seguir ciudades que no hay que asediar o atacar ej&#233;rcitos que no conviene hostigar preguntas que no hay que contestar y hasta &#243;rdenes que no hay por qu&#233; cumplir  dejarse ser dejar que toda cosa sea a pesar de tener que competir partir andar luchar llegar vivir auscultarse encontrarse y aceptarse hundirse hurgarse ser sentirse serse
saber lo estrictamente indispensable participar en el enga&#241;o en el ardid la situaci&#243;n o la apariencia llevar la astucia al m&#225;ximo posible adaptarse a la situaci&#243;n sobre todo a la situaci&#243;n ajena avanzar por caminos tan ins&#243;litos que nunca el adversario logre descubrir dar con el m&#225;s vulnerable de los puntos batirse en retirada o perseguirla contar con la moral el &#225;nimo el terreno el clima el mando la ocasi&#243;n y la doctrina 
descubrir el esquema general del enemigo    como el agua adaptarse a las formas nuevas usar ataques directos e indirectos pulsar la ventaja y desventaja de la haza&#241;a protegerse del &#225;rbol que se agita del p&#225;jaro que se espanta del polvo alborotado del llanto de la bandera en el contrario frente 
distinguir claramente entre terreno accesible deleznable angosto accidentado fronterizo clave convergente dif&#237;cil o mortal conocer al enemigo como a s&#237; mismo para que nunca la victoria sea amenazada conocer las fuerzas naturales el fuego el risco el agua por la escarpa contar con el agente secreto inevitable administrar pertrecho y proyectil 
adelantar vivir sobrevivir resistir hasta el &#250;ltimo combate huir de frente atacar de retirada volver caras triunfar en la derrota ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosi&#243;n del lauro rechazar la sentencia de la muerte asumir alto el triunfo de la vida
blandiendo diapasones subversivos llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la l&#225;grima del pueblo      coronada la lucha asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre como un golpe de amor en cada miedo como un claro de tierra en la mirada
desentra&#241;ar secretos al asombro grabar el sue&#241;o entre los &#225;rboles estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginaci&#243;n para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de ma&#237;z mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender l&#225;mparas en el t&#250;nel de la infamia enloquecida empu&#241;ar las manceras del arado 
dejar crecer el verso la vigilia el abrazo el amor la vida el juego no hay que podar la paz tal vez la rosa extasiarse asombrarse ser lumbre vino juego trashumancia ver a Dios desnudo sin hacerle caso uno no sabe si lo oyen las estrellas las piedras por la noche a solas vuelan en cada cuarto oscuro sombra insomne habr&#225; alg&#250;n &#225;rbol donde nadie llegue un horizonte que el hombre no alcance un hombre encuandecido un frailej&#243;n donde la lejan&#237;a a solas viva
saber del hospedaje del silencio mirar atentamente el horizonte mientras la muerte nos espera un rato mientras la tarde se despide lenta mientras la selva hacia la noche viaja 
saber de la escritura de las piedras del colosal silencio de los grillos abrirle los postigos al crep&#250;sculo tantearle a los sue&#241;os sus se&#241;ales fundir los versos en tenaz acero
hacer caber a Dios en un dedal al Sol en el ojo de una hormiga al mar en los labios de una perla mientras la luz ensimismada duerme
ser l&#225;mpara en la noche de la aldea sin aldaba sin llave sin silbido  reconocer el sue&#241;o entre la luz hasta bajarnos de la sombra in albis  y encontrar otro insomne en el camino   
recoger las preguntas de los ni&#241;os para que nunca el hombre pierda asombro nombrar la libertad la vida el fuego la fuerza de los sue&#241;os de los r&#237;os las canciones las hierbas de la tarde morir cantando sacudir asombros darle vida a la tierra la alegr&#237;a a la lluvia color al arco iris romper cercas sembrar enredaderas amanecer con nuevos alumbrajes preparar un manjar que a todos sacie a la gacela bajo el tamarindo
conocer las entra&#241;as de las hojas el coraz&#243;n del bosque y sus vitrales el p&#225;ramo sus cuitas y plegarias desenterrar el misterio de la rosa ahuyentar la sombra y sus reveses escapar del ladrido de la calle    del hosco mu&#241;&#243;n del peregrino    del pu&#241;al que en la acera nos espera o del barco que acecha nuestras costas dar con el &#225;mbar del primer arroyo traspapelar la terquedad del lunes aullar juntos delante de los cielos escucharle al pobre su alarido compartir esperanzas con el &#225;rbol expulsar el despojo mutilado ser libres as&#237; el fuego nos cercene quitar algunas comas al crep&#250;sculo ver la noche sin que nadie contradiga eludir la risa ensangrentada dar con una migaja de soledad marina atravesar tragedias agon&#237;as alero interrogante incertidumbre
dar forma al vac&#237;o ojos al poema para que pueda cruzar la calle alas a Dios para que llegue al hombre robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda cruzar no la aurora sino el alma en que ampara su so&#241;ar aupar asolear la eternidad escuchar la soledad y dirigirle la palabra llegar con los ojos abiertos a la mirada final pedirle a la luz que nos espere reprocharle al alba su tardanza correr con  el peligro de la vida
acercarse a los que sue&#241;an o sollozan o tienen hambre y sed bajo el cielo verse en el que tiene m&#225;s de mil a&#241;os de pedir pan y sue&#241;o en el que no tiene camino que seguir detenerse a la orilla sangrante de una pena     adentro de las peque&#241;as casas de cart&#243;n escuchar el sonido de las l&#225;grimas
acordarse del viaje hacia la sombra alumbrar la maravilla encender rel&#225;mpagos asombrar al tiempo sentir las sombras fundar los sue&#241;os  amar al viento limpiar el poder cuando corrompa unir lo posible con lo imposible llevar el infinito a cuestas sentarse en el lugar del hambre llevar a peso las palabras reinar sobre la muerte salvarse juntos saber cu&#225;ndo con qu&#233; fuerza de qu&#233; modo asumir nuestro destino 
salvaguardar al hombre que florece la lumbre lubricante de la piedra descargar nuestros alm&#225;cigos vivir mientras el alma nos suene morir cuando la hora nos llegue ver regresar la primavera pasar a tiempo la palabra abrirse desgarrarse con el otro
pronunciar la palabra decisiva confirmar que la civilizaci&#243;n no es m&#225;s que una injusticia armada que la poes&#237;a es una insurrecci&#243;n que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo cuando le dicen insurgente    decidirnos por la libertad de la palabra hasta hacerla tim&#243;n en nuestras manos para el hombre que empina su bravura
rebelarse en la muerte bochornosa ir tras la flora del variado enigma llegar a la mejilla de la tarde amar la tierra amar al monte al hombre los cangilones de hambre a la intemperie rescatar las preguntas de los otros preguntar por la rosa por el hombre
recobrar la palabra germinal su legendaria esquina memoriosa la pr&#243;diga semilla sobre el campo las claras madrugadas fornicantes transgredir lo decible y permisible    frente a una palabra enmascarada fantasiosa una clave articulada lujuriosa pertinente una palabra activa digna apasionada certera cruda furente fehaciente empu&#241;ada insomne verdadera una palabra que golpee al mundo y acompa&#241;e al hombre urgida llameante inextinguible adecuada al enigma universal y al majestuoso coraz&#243;n del hombre               a pulso de vinagre vino y j&#250;bilo dejar que asome la palabra el hombre
o&#237;rle los crujidos a las horas palpar la inofensiva algarab&#237;a sumarse a la marea la insurgencia ataque o contraataque necesarios    ponderar las armas de los perros y los p&#225;jaros el diapas&#243;n del bosque del silencio los pozos de las rosas y los muertos la rosa que nos lleve a las estrellas recobrar el derecho de las piedras conjugar sue&#241;o polvo soledades al paso de los soles que nos resten    que el sue&#241;o siempre cumpla su promesa    advertir que el rumor de un pueblo almado es m&#225;s bello m&#225;s puro que el roc&#237;o    hallarle el pan a quien lo pierda o sue&#241;e  concurrir al llamado de las flores cuando sangre el costado de la rosa pendientes del clamor de las palomas cuando aceche penumbra horror borrasca    de noche retroceden los relojes   

toparse acompa&#241;arse entusiasmarse adherirse juntarse desaislarse asociarse zurcirse reunirse    llevar en el pa&#241;uelo una granada ya pase lo que pase por si acaso alumbrarle el sendero a las luci&#233;rnagas alzar al sol la lluvia las fogatas     velar por el camino de la aurora andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qu&#233; semillas recoger      es tiempo de arrumbar los macundales de encontrarse de nuevo con las topias     usar el cielo en caso necesario a la tierra en ausencia de sus manos emborronar de lluvia los poemas      de lidia en lidia al alim&#243;n al quiebro en busca de la obranza      volar sobre el misterio de la arena labrar el d&#237;a rasgu&#241;ar el cielo     dejar en batall&#243;n nuestros silencios   deslindar terredad de abatimiento legado salvaci&#243;n andaje velas     darle de beber a las botellas    darle tiempo al camino a que regrese   porque a las noches tambi&#233;n les da sue&#241;o

De: Sangre Zurcida



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Si vis pacem&#8230;
Pablo Mora










Los intereses vitales de Estados Unidos, en torno a los cuales se organiza toda la actividad del Departamento de Defensa, comprenden: Proteger su soberan&#237;a, su territorio y su poblaci&#243;n. Prevenir la emergencia de hegemones o coaliciones regionales hostiles. Asegurar el acceso incondicional a los mercados decisivos, a los suministros de energ&#237;a y a los recursos estrat&#233;gicos. Disuadir y, si es necesario, derrotar cualquier agresi&#243;n en contra de Estados Unidos o sus aliados. Garantizar la libertad de los mares, v&#237;as de tr&#225;fico a&#233;reo y espacial y la seguridad de las l&#237;neas vitales de comunicaci&#243;n. 



En referencia a las dimensiones del escenario en el que se dirime la hegemon&#237;a mundial, &#233;ste se modific&#243; sustancialmente con algunos acontecimientos paradigm&#225;ticos, cada uno de los cuales con implicaciones y secuelas de diferente car&#225;cter: La derrota de la guerra en Vietnam, el estallido del mundo socialista y el &#8220;ataque del terrorismo&#8221;. Efectivamente, el horizonte se ampli&#243; pero su control se hizo m&#225;s difuso. Ni el mayor hegem&#243;n, constituido ahora como poder global, actualmente vulnerado, es capaz de dominar todas las fuerzas sociales, organizadas o descontroladas, que lo conforman. En este contexto el dise&#241;o de estrategias y el propio pensamiento estrat&#233;gico se colocan en un lugar central dentro de la organizaci&#243;n de la dominaci&#243;n y la competencia. Esto repercute en la tonalidad militarista que han ido adquiriendo las relaciones mundiales, y que tiene evidentes y profusas manifestaciones en la vida cotidiana y en la creaci&#243;n de imaginarios, y explica por qu&#233; la teor&#237;a y la praxis militar se han ido comiendo los espacios de expresi&#243;n de lo pol&#237;tico. 



Cuando de nuevo la cultura de la guerra enarbola sus huestes y banderas, recae en manos del dise&#241;o y el pensamiento estrat&#233;gico de la hegemon&#237;a mundial unipolar la ocasi&#243;n de optar definitivamente por la guerra o la paz. Si vis pacem, para bellum, nos lo dice claramente De Re Militari. Lleg&#243; la hora de definiciones claras y precisas. Como lo desea Federico Mayor: &#8220;Pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz. Una conciencia de paz &#8212;para la convivencia, para la ciencia y sus aplicaciones&#8212; no se genera de la noche a la ma&#241;ana ni se impone por decreto. Se va fraguando en el regreso &#8212;despu&#233;s de la decepci&#243;n del materialismo y del servilismo al mercado&#8212; a la libertad de pensar y actuar, sin fingimientos, a la austeridad, a la fuerza indomable del esp&#237;ritu, clave para la paz. Corresponde a las generaciones presentes la casi imposible tarea b&#237;blica de &#8216;transformar las lanzas en arados&#8217; y transitar desde un instinto de guerra &#8212;forjado desde el origen de los tiempos&#8212; a una conciencia de paz. &#161;Aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir! &#8216;Evitar el horror de la guerra a nuestros descendientes, construyendo los baluartes de la paz en el esp&#237;ritu&#8217; de todos los pobladores de la Tierra. 



Recoger las preguntas de los ni&#241;os para que nunca el hombre pierda asombro. Nombrar la libertad, la vida, el fuego, la fuerza de los sue&#241;os de los r&#237;os, las canciones, las hierbas de la tarde. Morir cantando, sacudir asombros, darle vida a la tierra, la alegr&#237;a a la lluvia, color al arco iris, romper cercas, sembrar enredaderas, amanecer con nuevos alumbrajes. Preparar un manjar que a todos sacie, a la gacela bajo el tamarindo.

pablumbre@hotmail.com



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