
El otro día, el viernes, un grito de dolor me sorpendió con las manos
agarradas a la moka intentando cerrarla para hacerme mi primer cafetitoo cafelito o cafecito de la jornada. A eso de las diez. El grito dedolor venía de la habitación de mi amigacompañeradepiso Romina. Elgrito decía: «La puta mierda». y por cierto era la voz de miamigacompañeradepiso Romina.
Romise había quedado bloqueada de la espalda y no se podía mover. Trasllamar la ambulancia, tras su llegada, tras la bajada de Romi-estatuade sal por los 67 escalones que separan nuestra puerta del portal de lacomunidad (por supuesto, vivimos en un tercero sin ascensor), tras elviaje en ambulancia con la sirena puesta, tras esperar cuatro horas ytras el sanguich de la máquina, tras escuchar el desahogo decuatro viejitas y un viejito que esperaban desde toda la vida, trascontestarles, movida por una especie de fuerza oculta del sitio, frasescomo «desde luego la salud lo es todo», tras elcuento del Teorico de la Cola en Urgencias que me habló de una supuestaprima suya (o de alguien más, da igual, me imaginé la Prima Universal,la de las anécdotas) que murió de dolor de
garganta esperando su turno, tras la hoja de alta por fin en las manos de
Romina estatua más plástica, tras buscar la salida, tras laenésima cola agotadora para un taxi (vaso medio lleno: «pero ¡yaestamos afuera!») y tras la cola en la farmacia para comprar losmedicamientos, tras poner Romi en la cama un poco tristolita, hepensado: «Qué puedo hacer para que Romi se sienta un poco mejor?
¡Un bizcocho!
Aquí va el bizcocho que preparé, apto para el desayuno y un dulce
despertar…lálálá
(Ah,otra cosa: Romina es celiaca, así que busqué una receta por Internetque no llevase harina de trigo (hubiera sido el golpe final para lapobre), el resultado fue muy agradecido por ella y los numerososperegrinos que
vinieron a visitarla buscando la Verdad.)
Atención: para hacer una tarta o un bizcocho o cualquier tipo de cosa
que haya que hornear, a parte de tener bastante confianza con el horno,
conocerle, saber interpretar sus ruiditos y sus lucecitas, hay que tener una
báscula que mida con precisión. Admito que el orden y la programaciónno son mi fuerte, pero cuando me pongo a cocinar un postre de estos (ylo hago con un humor particular, digamos tendiente al gris) meconvierto en una super precisa. El cambio de personalidad que conllevaesta receta es parte de la terapia.
INGREDIENTES:
100 gramos de harina de maíz
70 gramos de maizena
4 huevos
250 gramos de azúcar (aunque yo pondría un poco menos)
2 naranjas gorditas
½ sobre de levadura
PREPARACIÓN:
Prended (Romina es argentina) el horno.
Lavad bien las naranjas. Esprimidlas en una taza, filtradel zumo y volcadlo en un tazón añadiendo, antes de tirar las carscarasen la basura, un poco de ralladura de sus piel para que el sabor sea finalmentemás definido. Añadid las yemas y el azúcar, mezclad hasta obtener unacrema suave y homogénea. Poned también la harina de maíz, la maicenamezcladas con la levadura. Dad vueltas enérgicas con una cuchara. Enotro tazón, batid las claras a punto de nieve con una pizca de sal yluego
añadidlas a la crema de antes lentamente y con el amor dibujado envuestros rostros. Mezclad de manera delicada de arriba abajo duranteunos minutos.
Amor en vuestros rostros. Si en ese momento un mosquito entrase a vuestra cocina, vosotros empapados de dulzura ni siquiera lo notaríais y a él les pareceríais unos boludos.
También , como esta tarta ha sido horneada por primera vez en honor de
Romina y para conjurar su mal día, no os vendría mal exclamar de vez en cuando: «me va a salir barbara, che».
Untad una tartera con mantequilla y salpicad con harina, de manera que
la harina se pegue a la mantequilla que a su vez está pegadita al fondoy a las paredes de la tartera, de manera que la tarta NO se pegará.Perdonadme el lío pegajoso. Volcad vuestra crema en la tartera yhornead (horno a 180 grados) durante 45-50 minutos.
Dejad enfriar el bizcocho antes de comeroslo.
Consejo: podéis cortarlo en el medio y poner una ligera capa de
mermelada.Optimo con café con leche. Y con mate (por supuesto).
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