Escrito por acastellano
16 Sep 2011 - Enlace
Esperanza Fernández retoma los Jueves Flamencos de Sevilla
La gran voz trianera actual, Esperanza Fernández (Sevilla, 1966), es la elegida para el retorno de un clásico sevillano (lleva organizándose 27 años), los Jueves Flamencos de Cajasol, un ciclo que comenzó en marzo y paró en verano. Se reanuda el 6 de octubre, en la sala Joaquín Turina, con la cantaora trianera, a quien seguirán otros siete recitales para concluir en diciembre con una zambomba jerezana.
La trianera, hija de cantaor y emparentada con los Pinini de Lebrija y los Cagancho, ofrecerá su versión más directa: un recital de cante junto al guitarrista que le acompaña desde hace más de 10 años: Miguel Ángel Cortés, uno de los mejores guitarristas para el cante de la actualidad. Un auténtico lujo, ya que es una de las cantaoras que defiende la herencia de Triana con mayor solvencia de la actualidad. Esperanza canta por derecho y sin embargo, es una colaboradora habitual en otro tipo de espectáculos: montajes corales, como el Café de Chinitas del Ballet Nacional, o el que protagonizó junto a Gerardo Núñez y la New York Flamenco Reunion en 2000 en la Bienal de Flamenco de Sevilla y otro tipo de acompañamientos, como su participación en El amor brujo de Manuel de Falla en la Bienal de 2008 . En este festival, precisamente, presentó el año pasado un espectáculo propio que suponía su debut en solitario en el certamen: Raíces del alma, en el que hizo un repaso por su herencia y carrera profesional acompañada por David Peña Dorantes, pianista y director musical, y Pepa Gamboa, directora de escena.
Entonces, me contó en una entrevista en su escuela de flamenco que comenzó en el cante gracias a una nana: “Fue la primera vez que me vio Mario Maya, el primero que me dio una oportunidad fuera del ámbito familiar. Me llamó para cantarla en su espectáculo El Amargo”. Después, junto a otro grande, el cantaor Enrique Morente, dejó de ser “la “la niña de Curro Fernández”, para tomar nombre propio. Ocurrió en 1994, gracias al espectáculo A oscuras presentado en la Bienal de Flamenco de Sevilla. “Ya había estado en la Bienal antes, pero la del 94 me dio un empujón muy fuerte, di el salto como Esperanza Fernández”.
Escucharle contar sus vivencias es como hacer un recorrido por el flamenco de los últimos 30 años, porque incluso sus recuerdos infantiles están salpicados por los grandes: “Yo estaba jugando y Fernanda y Bernarda de Utrera estaban en mi casa tomando café y haciendo compás, imagínate. Claro, yo de niña no le daba importancia. Soy una persona con mucha suerte”, me explicaba.
Aunque es habitual en los escenarios, es una lástima, para quienes no tienen acceso a sus actuaciones, que esta cantaora, que participó en la grabación de Potro de Rabia y miel de Camarón de la Isla, tan solo haya grabado dos discos: Esperanza Fernández (2001) y Recuerdos (2007). Y sin embargo, ella no echa de menos haber hecho más: “Yo puedo decir con orgullo que no soy un producto discográfico, porque llevo más de 20 años trabajando y sólo he publicado dos discos. No he parado de trabajar sin necesidad de tener ningún disco. Todo lo que tengo en mi vida ha sido ganado por mi propio esfuerzo y eso lo llevo a gala”.
Además de Fernández, en los Jueves Flamencos habrá otras actuaciones interesantes. El presupuesto se anunció en marzo, cuando se inauguró (100.000 euros, frente a los 165.000 de 2010). El cartel, este trimestre, queda compuesto así:
++Esperanza Fernández y Miguel Ángel Cortés: 6 de octubre
++Manuel Lombo junto a Asunción Pérez La Choni al baile y Ricardo Rivera, Fernando Romero y Los Melli: 20 de octubre.
++Manuel Liñán compañía de baile flamenco: 3 de noviembre.
++Manuel Herrera: 10 de noviembre.
++Javier Barón: 24 de noviembre.
++Isabel Bayón: 1 de diciembre.
++Mercedes Ruiz con Santiago Lara, David Lagos, el Londro y Perico Navarro: 15 de diciembre.
++Zambomba jerezana dirigida por Fernando Moreno: 22 de diciembre.
Las entradas para cada espectáculo se pueden adquirir en la Taquilla del Centro Cultural y en Cajasol Tickets, y existe la posibilidad de adquirir abonos para la temporada completa con la reducción de un 30% sobre el precio de Taquilla.

[[Antonio Cáceres (jefe de Acción Cultural de Cajasol), Manolo Herrera (coordinador del ciclo), Manuel Lombo, Esperanza Fernández y Manuel Herrera en la presentación del ciclo, ayer. Imagen facilitada por Cajasol]].








“No quería montar una obra en torno a un título”, me explica Carbonell en una interesante charla que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Decidí titular con dos colores por lo que representan para el flamenco: el rojo es la pasión, el compromiso, la verdad artística. El rosa es más lírico, más amoroso”.
Arropadas por el cante de tres grandes voces (las de José Valencia, Miguel Ortega y Jesús Corbacho), que anoche dieron el color y la presencia, el gusto y el rajo necesarios para la obra y las guitarras de Javier Patino y Antonia Jiménez, las dos bailaoras hicieron una reflexión sobre la eterna dualidad: la luz y la sombra, la sobriedad y lo barroco o la alegría y la tristeza, ataviadas con batas de cola que se sentían como una extensión de sus cuerpos. Con dirección escénica de Juan Carlos Lérida, el montaje, muy denso, hace un recorrido por diversos palos flamencos que explotan ese movimiento entre los extremos.
En un escenario desnudo (literalmente) la bailaora arranca -sobre un vals de Chopin que también cierra la obra- antes de que el público termine de acomodarse ataviada con una larga cola que sobresale del escenario queriendo significar ese poso que son los orígenes de los que ella parte para crear algo inédito. Una cola que, como conclusión del montaje, se convierte precisamente en lo contrario: unos orígenes que aprisionan, limitan e impiden avanzar hacia otros lugares.
“Hay personas con un gran oído musical y otras que no. Ahí existe un componente genético y, de hecho, se puede dar en familias, como ocurrió en la saga de los Bach: el más conocido fue Juan Sebastián, pero cuando se reunían todos eran más de cien músicos. Pero además de la genética, en la irrupción del artista interviene también la formación familiar, el ambiente en que se vive”. Es la opinión del Dr. Cecilio Paniagua, psiquiatra psicoanalista y autor del libro Visiones de España. Reflexiones de un psicoanalista, donde dedica un capítulo a la lírica del flamenco. Estos pensamientos reflejan la base de ese fenómeno que todos conocemos en el flamenco como las casas cantaoras y que -en mi opinión- en los últimos tiempos no está siendo reconocido como se merece.
Obviamente, no todos los miembros de una casa cantaora terminan siendo artistas profesionales: “Además de ese vigor, hay que tener talento innato y perseverancia”, afirma el psiquiatra Cecilio Paniagua, que añade “el mito de que Mozart tenía inspiraciones y escribía a vuelapluma no es cierto. Mozart trabajaba mucho. Hay que perseverar, hay que aprender mucho”. Siguiendo con el ejemplo de Manuel de Paula –con quien mantengo una gran amistad y, por ese mismo interés mío hacia el fenómeno de las casas cantaoras, me embarqué con él en su AnCá Paula- me contaba cómo siendo un chaval se iba a Jerez haciendo autostop para poder escuchar a tío Gregorio, el Borrico: “iba a buscarle a la venta de los Cuatro Caminos -cuenta Manuel-, y con mis ahorrillos le llevaba media botella de Tío Pepe y un paquete de Ducados, que es lo que fumaba él. Y yo me quedaba encantao de escuchar ese eco. Me iba para mi casa diciendo ¡Dios mío! ¿Cómo ha hecho eso este hombre?... Y cuando volvía otra vez a escucharlo ya no lo hacía igual. Y si un día te levantaba los vellos, otro día te rompías la camisa”.
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