Por Bloguerías

16 Sep 2011

Escrito por acastellano

16 Sep 2011 - Enlace

Esperanza Fernández retoma los Jueves Flamencos de Sevilla

La gran voz trianera actual, Esperanza Fernández (Sevilla, 1966), es la elegida para el retorno de un clásico sevillano (lleva organizándose 27 años), los Jueves Flamencos de Cajasol, un ciclo que comenzó en marzo y paró en verano. Se reanuda el 6 de octubre, en la sala Joaquín Turina, con la cantaora trianera, a quien seguirán otros siete recitales para concluir en diciembre con una zambomba jerezana.

La trianera, hija de cantaor y emparentada con los Pinini de Lebrija y los Cagancho, ofrecerá su versión más directa: un recital de cante junto al guitarrista que le acompaña desde hace más de 10 años: Miguel Ángel Cortés, uno de los mejores guitarristas para el cante de la actualidad. Un auténtico lujo, ya que es una de las cantaoras que defiende la herencia de Triana con mayor solvencia de la actualidad. Esperanza canta por derecho y sin embargo, es una colaboradora habitual en otro tipo de espectáculos: montajes corales, como el Café de Chinitas del Ballet Nacional, o el que protagonizó junto a Gerardo Núñez y la New York Flamenco Reunion en 2000 en la Bienal de Flamenco de Sevilla y otro tipo de acompañamientos, como su participación en El amor brujo de Manuel de Falla en la Bienal de 2008 . En este festival, precisamente, presentó el año pasado un espectáculo propio que suponía su debut en solitario en el certamen: Raíces del alma, en el que hizo un repaso por su herencia y carrera profesional acompañada por David Peña Dorantes, pianista y director musical, y Pepa Gamboa, directora de escena.

Entonces, me contó en una entrevista en su escuela de flamenco que comenzó en el cante gracias a una nana: “Fue la primera vez que me vio Mario Maya, el primero que me dio una oportunidad fuera del ámbito familiar. Me llamó para cantarla en su espectáculo El Amargo”. Después, junto a otro grande, el cantaor Enrique Morente, dejó de ser “la “la niña de Curro Fernández”, para tomar nombre propio. Ocurrió en 1994, gracias al espectáculo A oscuras presentado en la Bienal de Flamenco de Sevilla. “Ya había estado en la Bienal antes, pero la del 94 me dio un empujón muy fuerte, di el salto como Esperanza Fernández”.

Escucharle contar sus vivencias es como hacer un recorrido por el flamenco de los últimos 30 años, porque incluso sus recuerdos infantiles están salpicados por los grandes: “Yo estaba jugando y Fernanda y Bernarda de Utrera estaban en mi casa tomando café y haciendo compás, imagínate. Claro, yo de niña no le daba importancia. Soy una persona con mucha suerte”, me explicaba.

Aunque es habitual en los escenarios, es una lástima, para quienes no tienen acceso a sus actuaciones, que esta cantaora, que participó en la grabación de Potro de Rabia y miel de Camarón de la Isla, tan solo haya grabado dos discos: Esperanza Fernández (2001) y Recuerdos (2007). Y sin embargo, ella no echa de menos haber hecho más: “Yo puedo decir con orgullo que no soy un producto discográfico, porque llevo más de 20 años trabajando y sólo he publicado dos discos. No he parado de trabajar sin necesidad de tener ningún disco. Todo lo que tengo en mi vida ha sido ganado por mi propio esfuerzo y eso lo llevo a gala”.

Además de Fernández, en los Jueves Flamencos habrá otras actuaciones interesantes. El presupuesto se anunció en marzo, cuando se inauguró (100.000 euros, frente a los 165.000 de 2010). El cartel, este trimestre, queda compuesto así:

++Esperanza Fernández y Miguel Ángel Cortés: 6 de octubre

++Manuel Lombo junto a Asunción Pérez La Choni al baile y Ricardo Rivera, Fernando Romero y Los Melli: 20 de octubre.

++Manuel Liñán compañía de baile flamenco: 3 de noviembre.

++Manuel Herrera: 10 de noviembre.

++Javier Barón: 24 de noviembre.

++Isabel Bayón: 1 de diciembre.

++Mercedes Ruiz con Santiago Lara, David Lagos, el Londro y Perico Navarro: 15 de diciembre.

++Zambomba jerezana dirigida por Fernando Moreno: 22 de diciembre.

Las entradas para cada espectáculo se pueden adquirir en la Taquilla del Centro Cultural y en Cajasol Tickets, y existe la posibilidad de adquirir abonos para la temporada completa con la reducción de un 30% sobre el precio de Taquilla.


[[Antonio Cáceres (jefe de Acción Cultural de Cajasol), Manolo Herrera (coordinador del ciclo), Manuel Lombo, Esperanza Fernández y Manuel Herrera en la presentación del ciclo, ayer. Imagen facilitada por Cajasol]].

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01 Jul 2011

Escrito por acastellano

01 Jul 2011 - Enlace

'Rojo y rosa': la fuerza y el lirismo de Antonio Carbonell, 'Bola'

La Suma Flamenca de Madrid entra en su recta final. Pero aún queda tiempo para la actuación, en el Centro Cultural Paco Rabal de Palomeras Bajas, de un guitarrista y compositor madrileño, Agustín Carbonell, Bola (Madrid, 1967), que presenta un disco que a su vez es la grabación de un espectáculo, un espectáculo que se verá en Madrid el 2 de julio, Rojo y rosa.

“No quería montar una obra en torno a un título”, me explica Carbonell en una interesante charla que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Decidí titular con dos colores por lo que representan para el flamenco: el rojo es la pasión, el compromiso, la verdad artística. El rosa es más lírico, más amoroso”.

Este es el cuarto álbum de su carrera, el primero compuesto en torno al baile. Pero el Bola no es ningún recién llegado. Sobrino nieto de Sabicas (“toda mi familia se dedica al flamenco”, resume el guitarrista), primo de Aurora Carbonell, la Pelota (y por tanto, primo político de Enrique Morente), hijo, sobrino, y nieto de flamencos, Carbonell comenzó a los 13 años, pero fue junto al bailaor Eduardo Serrano El Güito, con quien trabajó durante 14 años, como logró el reconocimiento y la experiencia fundamental. Ha trabajado con tantos artistas que la enumeración no acabaría nunca y, a pesar de su gran experiencia acompañando el baile, no ha sido hasta ahora cuando se ha planteado dedicarle un disco.

“Llevo muchos años en la música, he viajado muchísimo, y ahora quería hacer algo íntimo, personal, con mis vivencias del flamenco, que han sido bastantes”, explica. “Era un reto, mi intención era hacer una especie de suite que girase en torno al baile, mostrar a la gente la fuerza que tienen el baile, la guitarra y el cante grabados en directo”.

Rojo y negro es la adaptación para el disco de un espectáculo que se estrenó en octubre en el Teatro Lara de Madrid. “Todo no se puede grabar, no puedes tener al oyente escuchando una escobilla de baile dos minutos porque no se va a entender”, explica. “El espectáculo está adaptado para el CD. Se grabó en dos días en directo, con baile y todo”.

La obra se organiza en torno a seis escenas cerradas e independientes (el disco cuenta con 12 cortes: con soleares, bulerías, tientos, cartagenera, tangos, soleá por bulerías, fandangos por bulerías), que protagonizan dos bailaoras. “Cada escena cuenta una historia, con su pequeño argumento”, explica. “Los títulos de las escenas aluden al mundo de la danza”. Cada una de las historias cuenta, además, con una pequeña explicación que se explica en el libreto para situar mejor a los que escuchen el disco.

La música es muy directa, muy auténtica, siguiendo los esquemas más tradicionales. Sin embargo, el disco se presenta con un subtítulo: Música y baile del nuevo flamenco: “Todo está dentro de lo que es cada palo, no he querido poner fuegos artificiales: hay unos tientos que son muy puros, la soleá es muy pura también…”, explica, para matizar después: “la gente no entiende lo que es el nuevo flamenco y es una pena. Tenemos la obligación de conocer la obra de los maestros, asumirla y conocerla de verdad, pero después todo va evolucionando, siempre desde el respeto y con el conocimiento que ello conlleva”, explica. “Mi apuesta es diferente, no puedo esquivar las vivencias y las experiencias con otras músicas que he vivido”.

Las dos bailaoras de la obra, madrileñas, representan los dos colores, el rojo (Tamar González) y el rosa (Karen Lugo). “Karen lleva la batuta, es un poco el alma del espectáculo”, explica Carbonell. “Su baile es música para mí, tiene un punto lírico muy fuerte. Yo le conocía de la academia de Amor de Dios de Madrid”. Tamar González entró para sustituir a otra bailaora, que en principio se unió al proyecto pero lo dejó en seguida. “Después de Karen se incorporó al espectáculo Karime Amaya, que es una sobrina nieta de Carmen Amaya, un auténtico animal bailando. Pero justo antes del estreno tuvo que volar a México”. En su lugar se incorporó Tamar González. “Es una bailaora muy moderna, con una fuerza impresionante y mucho sentido del compás, representa muy bien el rojo”.

A las dos bailaoras se unen el contrabajo de Javier Colina, la guitarra de Claudio Villanueva y el cante de Saray Muñoz (hija de Tina, de Las Grecas) y Enrique el Piculabe, dos voces agudas y muy gitanas. “Yo utilizo las mismas tonalidades que el resto de compositores flamencos”, explica Carbonell sobre su elección de cantaores, “pero trasladadas a notas más agudas, así que o lo canta una mujer o tiene que hacerlo un hombre con la voz un poco más aguda, para conseguir abarcar lo que yo quiero”.

Sobre el escenario, la obra requiere de un equipo mayor, en el que lucen nombres como Lorenzo Caprile, responsable del vestuario, o Dominique You, responsable de la iluminación. “Es impresionante que trabaje conmigo”, dice emocionado. “Ha sido compañero de Antonio Gades de toda la vida, junto a él creó Carmen y Fuenteovejuna. Es una persona muy inteligente y sabe de dónde vengo yo. Yo estuve 14 años con El Güito, la misma escuela que Gades”, explica.

Junto a él ha trabajado esta semana en los retoques para la presentación de mañana en la Suma Flamenca, y de ahí, seguirá recorriendo el mundo. “Mi reto es presentarlo en Nueva York y en otras plazas importantes”, concluye.

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15 Jun 2011

Escrito por acastellano

15 Jun 2011 - Enlace

Flamenco a dos (en femenino)

Un largo y denso paso a dos medido al milímetro, con gusto y búsqueda de lo bello, ritmo, exquisitez y baile, mucho baile en femenino. Es lo que propone Bailes alegres para personas tristes, espectáculo de la compañía de Belén Maya con la bailaora Olga Pericet como artista invitada, que anoche se pudo ver en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca.

Arropadas por el cante de tres grandes voces (las de José Valencia, Miguel Ortega y Jesús Corbacho), que anoche dieron el color y la presencia, el gusto y el rajo necesarios para la obra y las guitarras de Javier Patino y Antonia Jiménez, las dos bailaoras hicieron una reflexión sobre la eterna dualidad: la luz y la sombra, la sobriedad y lo barroco o la alegría y la tristeza, ataviadas con batas de cola que se sentían como una extensión de sus cuerpos. Con dirección escénica de Juan Carlos Lérida, el montaje, muy denso, hace un recorrido por diversos palos flamencos que explotan ese movimiento entre los extremos.

Arranca igual que termina, con un baile por alegrías interrumpido. Primero, el de Belén Maya, al final, el de Olga Pericet. En un escenario dividido por la mitad en blanco y negro, las dos bailaoras se buscan por verdiales o en los cantos tradicionales de mujer que suenan grabados. Comparten espacio, en algunas de las escenas y en otras lo hacen con los cantaores. Fieles cada una a su estilo, el de Maya perfectamente definido con los años, el de Pericet explotando en su juventud. Las dos resaltan el lado más femenino de su baile, ese que cuida la pose, la cadera, el giro y el braceo tanto o más que el zapateado, y por encima de todo, el manejo de la bata de cola.

El punto de inflexión en el encuentro de las dos mujeres lo pone una seguiriya rematada en bulerías que interpreta con gran belleza Pericet y la guajira con abanico de Maya: el negro contra el blanco, la sensualidad contra la fuerza, la velocidad contra la cadencia. Es en este tránsito cuando la luz y la sombra se confunden y cambian de espacio y la historia se encamina hacia el final. Un final en el agua, de puro rojo.

(Foto: Jaro Muñoz)

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11 Jun 2011

Escrito por acastellano

11 Jun 2011 - Enlace

Flamenco deformado

Es lo que ella explicaba en una entrevista antes del espectáculo: en Vinática pretende deformar la técnica. Anoche presentó la bailaora Rocío Molina (Málaga, 1984), Premio Nacional de Danza 2010, en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca con gran éxito de público, que no sólo llenó el teatro sino que además ovacionó a la bailaora tras hora y media de tensión y pasión a partes iguales.

En un escenario desnudo (literalmente) la bailaora arranca -sobre un vals de Chopin que también cierra la obra- antes de que el público termine de acomodarse ataviada con una larga cola que sobresale del escenario queriendo significar ese poso que son los orígenes de los que ella parte para crear algo inédito. Una cola que, como conclusión del montaje, se convierte precisamente en lo contrario: unos orígenes que aprisionan, limitan e impiden avanzar hacia otros lugares.

Tarda un tiempo en entrar en acción Molina, tiempo que permite al espectador diseccionar la desnudez de un escenario preparado por Roberto Frattini. Mueve su brazo como si fuera la cola de un perro, ese perro que espera, tranquilo, paciente, a que las cosas se desencadenen. Y esos hechos son su propio recorrido artístico, la niña que fue sobre la que otras personas hablan mientras ella aprende su baile y lucha contra la naturaleza para controlar el cuerpo y convertirse en bailaora.

El guitarrista Eduardo Trassierra, el cantaor José Ángel Carmona (que también toca la mandolina) y José Manuel Ramos El Oruco, a las palmas y el compás actúan no sólo como músicos con gran acierto de ejecución y sentimiento, sino como personajes que interactúan y acompañan a la bailaora. Se sirven del vino, elemento que recorre toda la obra, ese vino que a veces provoca nostalgia y otras se usa para olvidar las experiencias pasadas.

Molina ha querido descomponer aquí los bailes, diseccionarlos, en esa reflexión que quiere plantear sobre quién es, quién fue y quién quiere llegar a ser. En ocasiones entra a bailar en el silencio, antes de que arranque la guitarra o el cantaor ponga voz a sus inquietudes. Por seguiriyas, la copla de Pepe Pinto Rosa Linares, alegrías o bulerías, la bailaora va mostrando la significación que el baile tiene, un baile de fuerza, de técnica depurada, tan consciente de esa técnica que en otros momentos la doblega y la destroza, se rebela contra ella. Mantiene una tensión que se antoja excesiva en algunos momentos, que contrasta con esa pasión que le pone a su baile, expresivo y entregado al extremo.

(Foto: Cristóbal Manuel)

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02 Jun 2011

Escrito por acastellano

02 Jun 2011 - Enlace

Universo Galván

Si Solo es la esencia de Israel Galván (Sevilla, 1973), La Curva, presentada anoche en Madrid dentro del Festival de Otoño en Primavera en Matadero (y que podrá verse hasta el 5 de junio), es la completa sinfonía de su baile, su concepto de la danza y del flamenco. Si en Solo reivindicaba el silencio y la música de los objetos, en La curva añade, en un alarde casi de barroquismo, el piano contemporáneo de Sylvie Courvoisier, el cante telúrico de Inés Bacán y el compás, al que todos contribuyen pero es dirigido por el observador, enlace y generador de atmósferas que es Bobote, que en esta ocasión, además, actúa como alter ego de Galván.

(Foto: Félix Vázquez)

El bailaor reitera en este montaje su pasión por la música de los objetos. Comienza con su chaqueta, que cerrada o abierta forma parte de su baile y le ayuda a apuntalar el compás. Pero también las sillas, las piedras de sal, la harina, la mesa, las tarimas… Un escenario que a primera vista parece estar medio desnudo, en el desarrollo de la danza se termina convirtiendo en un actor más, que interactúa y participa y sobre todo: suena. Con el apoyo en la dirección de escena de Txiki Berraondo, Galván aprovecha los espacios para transformar una y mil veces el lugar en el que baila, y transitar, como decía unos días antes de la presentación del espectáculo, en esa curva extraña que va de la caracolá lebrijana a un club de jazz en Nueva York, pasando por la calle o un espacio casi mágico en una nube de harina.

Todos los elementos característicos del baile de Galván están en La Curva. Todos esos modos de su flamenco reconstruido y arrastrado a su esencia: los perfiles, las hojas que caen, las suelas percutidas, los golpes inesperados de cadera, el toro, su singular braceo. Y con todos estos elementos que tanto ha costado entender al público, si es que alguna vez han llegado a ser comprendidos, Galván baila al son que le marca un piano que suena a arpa, a instrumento de percusión, a música disonante, flamenca o Latin jazz, pero también baila por las bulerías más festeras, una nana, una seguiriya o esas singulares sevillanas que marca en una silla de tijera atravesada en su cuello.

Y en toda esta gravedad, en esta tensión que plantea el bailaor, aún deja un resquicio de alivio para el espectador, un guiño, una mueca, una traza de humor que salpica el espectáculo y que resulta liberador al terminar, en un particular fin de fiesta con Bobote, que cierra con una sonrisa y las eternas ganas de más.

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20 May 2011

Escrito por acastellano

20 May 2011 - Enlace

Por Bloguerías y otros palos: inauguramos

Hoy inauguramos sección. Se trata de un espacio para que participen los amigos del flamenco, y también de este blog: son colaboraciones especiales. No tendrán periodicidad concreta, y serán de temática libre y abierta. Los invitados harán una reflexión sobre algún tema del flamenco que les preocupa, o contarán alguna vivencia personal con este arte. La inauguración es obligada: la hacemos con Manuel Moraga, periodista que lleva muchos años en esto y dirige, en la actualidad, el programa de Radio Exterior (RNE) El Callejón del cante en el que es generoso con las voces que invita a participar. Además, Manuel Moraga forma parte del consejo asesor de la Fundación Mario Maya y ha participado, entre otras cosas, en un espectáculo estrenado en la pasada Bienal de Flamenco, de la que habla en el texto siguiente.

Las casas cantaoras, ¿un modelo en crisis?
Por Manuel Moraga

“Hay personas con un gran oído musical y otras que no. Ahí existe un componente genético y, de hecho, se puede dar en familias, como ocurrió en la saga de los Bach: el más conocido fue Juan Sebastián, pero cuando se reunían todos eran más de cien músicos. Pero además de la genética, en la irrupción del artista interviene también la formación familiar, el ambiente en que se vive”. Es la opinión del Dr. Cecilio Paniagua, psiquiatra psicoanalista y autor del libro Visiones de España. Reflexiones de un psicoanalista, donde dedica un capítulo a la lírica del flamenco. Estos pensamientos reflejan la base de ese fenómeno que todos conocemos en el flamenco como las casas cantaoras y que -en mi opinión- en los últimos tiempos no está siendo reconocido como se merece.

“De pequeño -comenta Manuel Valencia Carrasco, Manuel de Paula- jugaba a ser cantaor”. Este gran artista nacido en Lebrija es uno de los testigos más lúcidos y privilegiados de ese proceso de la transmisión oral y vivencial del flamenco en el seno familiar. En su árbol genealógico encontramos al Tío Chozas, a Antonia Pozo, a los Sordera de Jerez, e incluso su segundo apellido, el Carrasco, comparte origen con La Macanita, Diego Carrasco, o la familia Jero. ¡Y qué decir del apellido Valencia en Jerez y Lebrija!

Manuel de Paula me ha contado en infinidad de ocasiones cómo se vivía el flamenco en su casa. Y cómo el cante de su casa tenía detalles y sutilezas diferentes al cante que se hacía en otras casas gitanas de la misma Lebrija: “Me dijo en Chache Bacán / siéntate, sobrino, aquí/ que yo te voy a enseñar / los cantes de Juaniquí” dice una letra por soleá de su último espectáculo Ancá Paula, que significa, precisamente, En casa de los Paula.

El profesor José María Poveda, Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid y autor del libro Locura y creatividad, me explicaba que “en los seis primeros años de la vida se configura el sentido del sonido y el sentido de la música. Es parecido al aprendizaje de idiomas: los idiomas que se aprendan hasta los seis años van a entrar muy fácilmente en el niño”.

Esto revela por qué en las casas flamencas -fundamentalmente gitanas- aunque no todos los integrantes sean artistas (en el sentido profesional del término), sí que cualquiera de ellos -desde los más niños o los más ancianos- son capaces de “saber estar en una fiesta”… En definitiva, estamos hablando de ese “lo llevan en la sangre”, expresión muy común y socorrida, pero que implica, como vemos, factores tan complejos como la genética o el desarrollo psico-afectivo-neuronal del individuo.

Obviamente, no todos los miembros de una casa cantaora terminan siendo artistas profesionales: “Además de ese vigor, hay que tener talento innato y perseverancia”, afirma el psiquiatra Cecilio Paniagua, que añade “el mito de que Mozart tenía inspiraciones y escribía a vuelapluma no es cierto. Mozart trabajaba mucho. Hay que perseverar, hay que aprender mucho”. Siguiendo con el ejemplo de Manuel de Paula –con quien mantengo una gran amistad y, por ese mismo interés mío hacia el fenómeno de las casas cantaoras, me embarqué con él en su AnCá Paula- me contaba cómo siendo un chaval se iba a Jerez haciendo autostop para poder escuchar a tío Gregorio, el Borrico: “iba a buscarle a la venta de los Cuatro Caminos -cuenta Manuel-, y con mis ahorrillos le llevaba media botella de Tío Pepe y un paquete de Ducados, que es lo que fumaba él. Y yo me quedaba encantao de escuchar ese eco. Me iba para mi casa diciendo ¡Dios mío! ¿Cómo ha hecho eso este hombre?... Y cuando volvía otra vez a escucharlo ya no lo hacía igual. Y si un día te levantaba los vellos, otro día te rompías la camisa”.

Nadie discute el papel de las casas cantaoras en la historia de este arte: los Pavón, los Torre, Paco La Luz y sus ramificaciones, los Pinini, los Perrate, los Mairena, los Parrilla, los Agujetas, los Paula, los Pelaos, los Peña, los Bacán, los Maya de Granada, los descendientes de Diego del Gastor, los Salazar de Extremadura, etc., etc., etc. Solo con estas referencias se podría componer una buena antología del cante, del toque y del baile flamenco. Pero ese papel, en los tiempos actuales -esa es mi opinión- parece quedar relegado a un segundo plano. Y estas familias lo saben y lo sufren.

Hoy cualquier persona con talento y facultades puede empaparse de cante, de guitarra o de baile a cientos o miles de kilómetros de España. Y eso es muy positivo. De hecho, muchos artistas ajenos a las casas cantaoras han demostrado esfuerzo, capacidad y creatividad y han contribuido a hacer más grande el flamenco. Pero también es cierto que en los carteles de las grandes programaciones actuales se echa de menos la presencia de los apellidos a los que aludo. La balanza, a mi juicio, no está equilibrada. Las modas van por otros caminos y con demasiada frecuencia se confunde el talento con la repetición mimética de lo ajeno aprendido: todo, eso sí, con una gran perfección técnica…pero muchas veces, sin alma. Quizá porque eso que llamamos alma tiene bastante que ver con la interiorización natural de los códigos musicales y estéticos desde la más tierna infancia.

Al flamenco no le sobra ninguna aportación. Pero sí considero necesario -insisto- que se haga una valoración justa del camino recorrido. El alma de un artista gana en riqueza cuando se ha impregnado no solo de notas musicales, sino de toda esa intranet vital, ese cúmulo de observaciones, sensaciones y aprendizajes que se da en las Casas Cantaoras. Si ellas, el flamenco que conocemos, no sería igual. Obvia decir que un artista no nace donde quiere, sino donde le toca. Pero los programadores sí que no nacen: se hacen.

(FOTO: Fidel Meneses / Luis Castilla –Bienal de Flamenco)

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19 May 2011

Escrito por acastellano

19 May 2011 - Enlace

La gala del chascarrillo

Aburrida, falta de ritmo, sin emoción y con un presentador pretendidamente simpático pero con unas bromas que rozaron el absurdo. Así fue, anoche, la gala de los XV Premios de la Música, esa que tanto se había cacareado que se dedicaría al flamenco. Visto lo visto, mejor que dejen al flamenco por el caminito por el que iba y no lo mezclen con propuestas chuscas como la de anoche. Mucho más tras oír las palabras del presidente de la Academia, Eduardo Bautista: “Estamos celebrando la grandeza del flamenco. Es enorme la responsabilidad que tenemos como conjunto de naciones y pueblos un patrimonio universal que es reconocido absolutamente por todo el mundo”.

En lo que respecta al flamenco, tan sólo hubo dos momentos (duplicados) de emoción, pero era bastante previsible que así sería, ya que tuvieron que ver con dos grandes artistas que eran homenajeados anoche: Carmen Linares y Enrique Morente, por motivos, obviamente, diferentes.

Ver a un gran guitarrista como Tomatito, curtido en grandes escenarios de todo el mundo, emocionado al punto de que no le salían las palabras para entregar el Premio a toda una vida a Carmen Linares fue muy emocionante, muy a pesar de que le tocó intervenir tras la chusca presentación de Toni Garrido, que pareció una broma de mal gusto: “Una mujer de Jaén, aceitunera y altiva”. Tomatito enumeró los méritos de la de Linares: “Por reivindicar el papel de la mujer, por llevar el cante clásico junto con el moderno, por cantar a los grandes poetas, este merecido premio es para Carmen Linares”.

Con el auditorio en pie, a una Carmen Linares muy emocionada le costó arrancar: “Estoy muy nerviosa, esto me ha superado. Es un premio muy importante porque me lo dan mis propios compañeros y es importante para mí para seguir luchando por el flamenco. Este ha sido un año de luces y sombras, para el flamenco y para mí personalmente. Aquí estamos, tenemos que seguir adelante apoyando este arte y quiero dar las gracias a mis maestros, a todos los artistas que me han enseñado tanto, ellos son los que nos han allanado el camino. Soy muy afortunada de haber podido expresarme con una música como es el flamenco, una de las mejores músicas del mundo. También quiero dar las gracias y dedicar el premio a mi familia, a mi marido y a mis hijos. Muchas gracias y viva el flamenco”, dijo.

La actuación, esa versión de La danza número cinco de Granados, junto al piano de Iván Melón Lewis, fue uno de los momentos de mayor intensidad de la gala. El baile de Carmen Amaya, proyectado como fondo, y el de Belén López, acompañaron con mucha emoción el ya de por sí emocionante cante de Linares.

Todas las actuaciones fueron flamencas. Fue el único elemento que relacionó la gala con la dirección de Javier Limón. Además de Carmen Linares, actuaron un grupo de percusionistas al inicio (que hicieron unas bulerías a tres) que fueron los responsables, además, de las cortinillas musicales (bastante insustancial todo), doce guitarristas, comandados por David e Israel Cerreduela, que interpretaron una versión del Entre dos aguas de Paco de Lucía, y Estrella Morente, que acompañada al piano de Michael Nyman, ofreció un bocado de lo que será su próximo disco. Un disco que no parece, por lo visto anoche, que haga volver a la hija mayor del maestro Morente a la senda del flamenco, porque lo que hizo anoche, con pasión y acierto, no tuvo nada que ver con lo jondo, ni en la interpretación de Estrella ni en la composición en sí.

Eso sí, la de Linares y Morente salvaron las actuaciones. Son dos animales de escenario, con una fuerte presencia y muchas tablas, y menos mal, porque le pusieron un poco de emoción a una gala completamente anodina.

Antes de actuar, Estrella, junto a sus dos hermanos, Soleá y Enrique, recogieron el premio a mejor álbum flamenco para el disco Morente+flamenco de su padre Enrique, precedidos por unas imágenes del gran maestro cantando tremendamente emocionantes. Estrella tuvo unas palabras muy sentidas sobre el premio que recogía: “Recogemos un premio que compite con la máxima actualidad de la música”, pero sobre todo, sobre su padre: “Mi padre era la música. Nuestra casa era la música. Si hay alguien músico en esta vida ese ha sido Enrique Morente. Viva Enrique Morente. Viva la música”.

Además de esto, el premio a la mayor labor de difusión (que recayó en el periodista Alfonso Eduardo Pérez Orozco, toda una vida dedicada al flamenco) y los dos premios a los festivales más importantes del flamenco (el de Cante de Las Minas, de La Unión y la Bienal de Sevilla) que fueron recogidos por un político en campaña (el alcalde de La Unión) y un director general –de la Bienal- haciendo campaña por el equipo de su jefe, el alcalde de Sevilla, muchos otros artistas no necesariamente premiados por su trabajo en el flamenco tuvieron palabras sobre este arte. Así fue con Chano Domínguez, pianista gaditano, que recogió el premio a Mejor Álbum de Jazz por su disco Piano ibérico: “Tengo que agradecer este premio primero que todo a los compositores que me han inspirado para hacer este disco, los primeros que hicieron piano flamenco: Albéniz, Granados, Falla… Para ellos va dedicado este premio…”

También con el compositor, productor y arreglista Joan Albert Amargós o con la cantante La Shica, que dijo sobre Enrique Morente que fue “un cantaor que fue tan moderno que nunca estuvo de moda”.

El pueblo de Lorca y las manifestaciones por una democracia real que tienen lugar en toda España desde el domingo pasado, también tuvieron un hueco en una gala tan sosa como insustancial con mínimos destellos de emoción.

(FOTOS: EFE)

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15 Abr 2011

Escrito por acastellano

15 Abr 2011 - Enlace

El Festival de La Unión apuesta por los artistas más mediáticos

Farruquito, Estrella Morente, Diego el Cigala y Tomatito. Este es el cartel para las galas del Festival Internacional de Cante de las Minas de La Unión, que este año, en su edición número 51, tendrá lugar entre el 3 y el 13 de agosto. Un año después de cumplir medio siglo, la apuesta, no hace falta ser muy listo para llegar a esta conclusión, es hacer taquilla en un momento de crisis que, entre otras cosas, ha hecho que el ciclo de conciertos se reduzca un día.

El arranque, en cualquier caso, después del Prólogo del día 3, es la actuación de los ganadores del concurso de 2011: Miguel Ortega, premio Lámpara Minera (cante), Francisco Moncayo, premio Bordón Minero (guitarra), Jesús Fernández, premio Desplante (baile) y Abdón Alcaraz, premio El Filón (instrumental: piano). El día 5 arrancan las galas, con la actuación de Pitingo, un artista que forma parte de la historia de este festival porque pasó por su concurso de cante.

El certamen, un referente para los artistas que comienzan en el flamenco, se abrió para las inscripciones el pasado mes de febrero. “Ya se han inscrito más de cien participantes”, explicaba ayer en una rueda de prensa en el Corral de la Morería en Madrid, el alcalde de La Unión, Francisco Bernabé. Este año, la recta final (semifinales y final) y segunda parte del Festival tendrá lugar entre el 10 y el 13 de agosto.

Y mientras tanto, las actividades culturales, que incluirán actuaciones en la recientemente restaurada mina de Agrupa Vicenta Bernabé adelantó ayer que por este escenario natural pasarán Rocío Márquez y Manuel Cuevas, ambos poseedores de la Lámpara Minera y que presentarán sus nuevos trabajos discográficos.

Además de esto, un homenaje a Japón, la entrega de los Castilletes de Oro a Alejandro Sanz, Ferrán Adriá y Antonio Grau Mora Rojo el alpargatero (a título póstumo) y un homenaje a Enrique Morente, Castillete de Oro 2010, que contará con la presencia de toda la familia Morente y en el que se proyectará el documental de Emilio Ruiz Barrachina Morente, Picasso.

Puedes consultar aquí el cartel completo del Festival Internacional de Cante de las minas.

FOTO: EFE (Juan Carlos Hidalgo)

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08 Abr 2011

Escrito por acastellano

08 Abr 2011 - Enlace

La 'jondura' de La Moneta recala en Huelva

“Tengo muchas ganas de bailar”. Al otro lado del hilo telefónico, la bailaora Fuensanta Fresneda Galera, más conocida por el apodo de su familia, Fuensanta La Moneta (Granada 1984), se muestra entusiasta con su próxima presentación ante el público, que tendrá lugar esta noche en el Gran Teatro de Huelva, dentro del ciclo Flamenco viene del sur. Tantas ganas tiene de bailar, que la entrevista llega a retrasarse unos 45 minutos porque su baile, sus clases, se alargan. Todo sea por el baile.

La Moneta exhibe hoy en Huelva su último espectáculo: Extremo Jondo, en el que se hace acompañar por el cante de Enrique el Extremeño (nacido Juan Antonio Santiago Salazar, en Zafra, en 1954), la guitarra de Miguel Iglesias y las percusiones de Miguel El Cheyenne. El título, me explica Fuensanta, “tiene que ver con la intención que se ha hecho el espectáculo, que está basado en el cante. A diferencia de otros espectáculos míos, el baile no está tan estructurado, todo está al servicio del cante”. ¿De qué manera? “Lo único que queremos es cantar y bailar y que salgan sensaciones y vivencias del momento. Es una sucesión de palos unidos entre sí [romance, caña, cantiñas, minera, malagueña, bulería, serrana, liviana y tientos tangos], en todo el espectáculo no se para. Por eso extremo, y por eso jondo también”.

El estreno de Extremo Jondo tuvo lugar en Granada el verano pasado. “Fue una experiencia digna de guardar en el recuerdo, con mucho cariño”, explica La Moneta. “Este espectáculo nació de una experiencia artística y personal, cuando yo conozco a Enrique el Extremeño. Estaba pensado para recordar esto y sacar de nosotros sensaciones que no saldrían en otro tipo de montaje y en el escenario lo disfrutamos mucho”.

Extremo Jondo es diferente, explica La Moneta, que otro tipo de montajes que ha hecho anteriormente, como fue, por ejemplo, De entre la luna y los hombres, su primer espectáculo en solitario, que tuvo como director escénico a uno de los creadores de la Fura dels Baus, Hansel Cereza. La Moneta es una bailaora joven, y en este espectáculo, como en sus participaciones anteriores en las compañías de otros artistas como Javier Latorre, ha demostrado un estilo muy definido. Su baile recuerda al de una grande, Carmen Amaya, porque es enérgico, racial y visceral. A La Moneta, cuando baila, quizás le sobra un poco de pasión, y probablemente con el tiempo, desarrolle un mayor reposo que, combinada con su energía, la convierta en una gran bailaora, completa y sobrada de sentimiento. Es una de las jóvenes bailaoras con mayor potencial de crecimiento.

Nacida en una familia sin precedentes artísticos, esta granaína se formó con los maestros de su tierra y, desde muy niña, con actuaciones en las cuevas y zambras granadinas. Su concepto del baile, en dichos inicios, era radical: “no entiendo las fusiones”, decía entonces. Ahora, lo matiza: “Es que entonces era muy joven, ahora ya no lo veo así”, comenta. “Yo valoro mucho la raíz, la tradición, todos los artistas tienen que tener presente de dónde vienen para saber a dónde se dirigen, pero el flamenco es un arte abierto, que se renueva constantemente, que está vivo, y es inevitable que se enriquezca de otras artes”.

En su caminar, que le llevó también a ganar el premio de baile El Desplante en el Festival de Cante de las Minas de La Unión en 2003, se encontró con el cantaor Enrique el Extremeño, en su primera visita a Japón, paso obligado de flamencos, el mismo año que ganó este premio. “Aquel encuentro marcó mi carrera, tanto que ha dado para un espectáculo”, explica. “Aprendía de cada momento, se respiraba flamenco hasta cuando íbamos por la calle. También estaba Miguel Iglesias, y ellos son mi equipo desde entonces. Nos conocemos muy bien, y hay mucha libertad en el escenario. Ellos son muy inquietos, muy aficionados, y me gusta trabajar con ellos porque nunca sabes por dónde te van a salir, no nos repetimos, nos vamos reinventando”, explica.

Precisamente este mismo mes tenían la intención de repetir aquella experiencia japonesa, esta vez con el nuevo espectáculo. Pero la tragedia que vive el país les ha obligado a posponer los planes hasta junio. “Vamos a participar en el primer festival que se organiza en Japón, porque allí hay mucho flamenco, pero nunca se ha hecho algo tan organizado”. En la Primavera Flamenca de Tokio acompañarán a La Moneta en el cartel, entre otros, Farruquito y Manuel Liñán.

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07 Abr 2011

Escrito por acastellano

07 Abr 2011 - Enlace

Molina & Montoya en Madrid

En estos días, Manuel Molina se ha dejado ver por Madrid. El guitarrista y artista flamenco, que en los 70 alcanzó un gran éxito junto a su entonces mujer, Lole Montoya (Lole y Manuel), no se deja ver mucho por los escenarios de la capital. Recientemente, sin embargo, ha venido dos veces: una para actuar en el tablao Casa Patas y ahora, con espectáculo propio, en el Teatro Calderón (y Haagen Dags).

Me intrigó ver, hace algunas semanas, los carteles que anunciaban su actuación. Salía en la imagen sentado, como patriarca, rodeado de tres mujeres, digamos, de su familia. Una de ellas lo es de sangre, su hija Alba Molina, las otras dos lo fueron por matrimonio, sus excuñadas Angelita y Carmelilla Montoya. El título de la obra fue lo que más me llamó la atención: Justicia paya, anunciado como una obra de Teatro flamenco.

Con curiosidad, acudí anoche al teatro para ver de qué se trataba. No era el estreno, que tuvo lugar el pasado 30 de marzo, pero la obra se mantiene en cartel hasta el próximo domingo. La curiosidad quedó resuelta, la intriga no tanto. Creo que aún no tengo una valoración clara de lo que ocurrió sobre las tablas. Pero como eso no es lo que interesa, mejor cuento lo que tuvo lugar en el escenario.

La obra mezcla la actuación teatral con el flamenco, y se ambienta en un tablao de nombre Nuevo día (como aquella canción de Lole y Manuel). La historia es un poco forzada, sobre todo por su resolución. En principio, se presenta un personaje (interpretado por Ricardo Barbastro) abatido, un tanto oscuro, abrazado a una urna con las cenizas de su amada, papel que interpreta Alba Molina, un personaje ambiguo que no se sabe si es sueño o realidad. Barbastro pena por la muerte de su mujer, una década después, según se explica, pero quiere organizarle un homenaje: una fiesta flamenca. Y ahí es donde entra el tablao y las hermanas Montoya: Carmelilla al baile y Angelita al cante, acompañadas ambas por otro cantaor, Juañares, las guitarras de José Acedo y Antonio Moreno y la percusión de Paco Vega.

Hasta ahí, todo bien. La propuesta escénica está bien resuelta, el espacio se utiliza con mucha agilidad, la interacción entre el texto y la música es correcta. Y aunque es cierto que los soliloquios del personaje, apesadumbrado, rompen un tanto el clima flamenco, la interpretación, de todos, está bien ejecutada. Por tientos, seguirillas, fandangos, rondeña y tangos, Angelita templa su voz, un metal que suena dulce y meloso primero y se crece y se agitana en los tonos altos, una voz que resuelve bien los cantes, que va directa al grano sin entretenerse en floreos, y que, aunque sin excesivos matices, va directa al sentimiento.

Le acompaña al baile su hermana Carmelilla Montoya (Sevilla 1962) que le puso pasión e intención, y que estuvo especialmente acertada en la soleá. No es Carmelilla una bailaora de muchos recursos, de una técnica desbordante, pero con los conocimientos que atesora y el sentimiento que le añade, resuelve con creces. En lo que no estuvo tan afortunada fue en la elección del vestuario, ni ella ni el resto del elenco femenino, que ni les favorecía ni colaboraba en la labor sobre el escenario, especialmente en el caso de la bailaora, que quiso toda la noche usar ese recurso en su baile, el manejo de la falda, y los diferentes vestidos elegidos no se lo permitieron, o al menos ni lució ni aportó nada.

El primer momento de ruptura e intriga llegó con la aparición de Alba Molina. Su papel es confuso, aunque eso le añade, si cabe, romanticismo y misterio a la obra, pero su falta de recursos flamencos rompió completamente el clima. Es una lástima, porque le sobra belleza y tiene una voz, heredada de su madre, llena de sentimiento y con muchas posibilidades. Pero le falta gracia, poder de transmisión, es fría sobre las tablas, y definitivamente le faltan conocimientos. Ni sabe cantar ni sabe bailar (flamenco). Ni en la pataíta final despertó un olé. Se lució, eso sí, interpretando su última canción estrella, que tampoco venía al caso en la obra, y parecía metida con calzador para el lucimiento de la joven: la versión del Can’t take my eyes off you (No puedo quitar mis ojos de ti), escrita por Bob Crewe and Bob Gaudio en 1967 y que ha sido utilizada (en la versión de Alba Molina) en la campaña de promoción turística de Andalucía que ha promovido el Gobierno regional.

Con la aparición de Juañares (Juan Carrasco Soto) la emoción fue en ascenso. Este cantaor de Jerez, cuyos apellidos ya indican su relación con el cante, tiene una voz redonda, sonora, y afinada, una interpretación que se complementó de forma muy acertada con la de Angelita Montoya, dando rienda suelta a la creatividad bailaora de Carmelilla especialmente en la soleá, pero también por carcelera y fandango.

Manuel Molina no apareció hasta prácticamente el final de la obra, y con él, se resolvió parte del misterio: el motivo de la muerte de la amada de aquel actor que había aparecido al principio. Una lástima, porque tanto detalle no añade demasiado a la historia, más allá de ser un alegato contra los males de nuestro tiempo y dar sentido al título de la obra, pero dejó completamente descolocado el flamenco desarrollado en medio. Él hizo lo que mejor sabe hacer, su peculiar canción por bulería, con letras dedicadas al amor y esa interpretación tan sentida que le caracteriza. Y con él, también, se llegó al cierre, en un baile por alegrías primero de alta intensidad, y por bulerías, después, como fin de fiesta, en la que sólo faltó que bailara el hombre triste y abatido que abrió la obra.

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