Por Bloguerías

30 Sep 2011

Escrito por acastellano

30 Sep 2011 - Enlace

El recuerdo de Morente, en Boronía

¿Estás en Sevilla? Apunta un plan para esta tarde: la presentación del último número de la revista cultural Boronía, dedicado al recuerdo de Enrique Morente. A las 20.30, en la sede del Instituto Andaluz de Flamenco en la Iglesia de Santa Lucía. (C/ Santa Lucía, 10) En la presentación estará el responsable del proyecto, Gabriel Núñez, pero también habrá un recital a cargo de Tomás de Perrate, Antonio Malena y Malena Chico. La entrada es libre hasta completar aforo.

Homenajes a Morente, desde que nos dejó, ha habido muchos y los seguirá habiendo, necesarios todos. ¿Por qué es especial el que aglutina Boronía? Porque reúne los recuerdos, sentimientos y reflexiones de un grupo de personas vinculadas de alguna manera con el cantaor, bien por conocimiento personal, bien por relación profesional, bien como aficionados. Cerrado por el propio Morente, que habla en una entrevista, el libro está dividido en tres partes. Núñez ha recopilado recuerdos por escrito de autores como los periodistas Miguel Mora, Diego A. Manrique o Balbino Gutiérrez, músicos como Christina Rosenvinge, José Ignacio Lapido y Josemi Carmona, y otros nombres que a muchos le sonarán: Blanca Li, Javier Latorre, Juan Verdú, Valderrama, Gerardo Núñez...

Ente tanta firma interesante, Núñez ha colado de manera bastante inconsciente, diría yo, un texto que firmo yo, en el que explico, con una fuerte nostalgia, que nunca conocí al hombre, pero siempre adoraré al cantaor. “No quiero que me hagas una valoración de la figura de Morente”, me dijo cuando se puso en contacto conmigo. “Quiero que cuentes un recuerdo personal, un momento mágico que hayas vivido con su cante, lo que significa para ti este cantaor”. Qué difícil no elogiarle, qué difícil reducir el texto a una vivencia personal. Pero así, Boronía es un mapa de recuerdos, un puzzle de voces variadas y variopintas, todas válidas para recordar al maestro.

Una lectura muy recomendable para recordar, a través de los recuerdos de muchos, 57 voces, y revivir al maestro, que nunca se irá del todo mientras escuchemos su voz. Una lectura para revivir, y descubrir, esta tarde en Sevilla.

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11 Ago 2011

Escrito por acastellano

11 Ago 2011 - Enlace

Moraíto Chico, el toque que buscaban los cantaores

Ayer por la mañana falleció un gran guitarrista jerezano. Os dejo el obituario que publicamos hoy en El País. Descanse en paz.

Cuando el cante flamenco quería sonar a Jerez, buscaba su guitarra, la de Manuel Moreno Junquera, Moraíto Chico (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1956). El soniquete jerezano, esa peculiar manera de entender el compás, de marcarlo y jugar perdiéndose en él, no tenía mejor representante en su generación. Su guitarra siempre estaba para escuchar el cante, contestarlo y mecerlo con ese compás propio de su tierra. Había actuado con casi todos los cantaores de su época, pero será recordado por las casi dos décadas de trabajo junto a otro jerezano, José Mercé.

No le interesaba pasar a la historia ni crear un nuevo sonido en la guitarra flamenca, pero a lo largo de su carrera logró que su manera de tocar, siguiendo la más estricta tradición de su ciudad natal, también sonase profundamente personal. Recogió la herencia familiar, la que le dieron su padre, Juan Morao, y antes su tío, Manuel Morao. Pero también bebió de otras fuentes, como Parrilla de Jerez o Paco Cepero, a las que añadió nuevas melodías de factoría propia, nuevos picados o falsetas con un punto de picardía, la que lleva dentro la bulería, entendida a la manera en la que se vive en su barrio, el de Santiago, una de las cunas del flamenco.

Debutó profesionalmente al lado de La Paquera, porque el acompañante habitual de la cantaora, Parrilla de Jerez, curiosamente uno de sus referentes, estaba enfermo. Pero antes, y desde los 11 años, había participado en los Jueves Flamencos que organizaba su tío. Y nunca más soltó la guitarra.

Su fuerte era el repertorio jerezano: bulería, soleá, seguiriya, malagueñas del Mellizo, tientos, fandangos y cantiñas. Pero sin duda será recordado siempre como el eterno escudero del cantaor José Mercé. Con él ha compartido giras por todo el mundo y numerosas grabaciones, incluida la del último disco del cantaor, Ruido, publicado en 2010.

Era muy admirado por su saber acompañando al cante, por lo que le buscaban todos los cantaores, los de su tierra y los de fuera. Los rasgos que definían su carácter marcaban quizás también esa personalidad artística que atraía a sus colegas como un imán. Moraíto era humilde, y su guitarra siempre ocupaba el lugar que le corresponde, junto al cantaor, dándole réplica y envoltorio, pero nunca buscando el protagonismo. Era un artista generoso con sus compañeros de escenario, que gracias a su toque brillaban aún más. También era un tipo simpático, un tanto guasón, realmente conocedor del significado de la bulería. Tanto así, que casi la defendía tan bien bailando, derrochando arte y compás, como con la guitarra, siempre buscado en el fin de fiesta para demostrarlo. Nunca necesitó alardear de conocimientos técnicos, ni le gustaba tocar con rabia (como siempre ha dicho el maestro Paco de Lucía que tocaba en su juventud), ni exhibirse con una gran velocidad en su toque. Lo suyo era otra cosa.

Fue quizás esa poca necesidad de protagonismo la que hizo que Moraíto no haya desarrollado una carrera más prolífica como concertista. Aunque ha participado en numerosas grabaciones de diferentes cantaores, solo ha dejado dos discos como solista: Morao y oro (1992) y Morao, morao (grabado en 1999 y reeditado por Nuevos Medios en 2005).

Y paradójicamente, ha sido una actuación como solista la última que hizo. El guitarrista se despedía de los escenarios, sin saberlo, el pasado mes de enero, en el Festival de Flamenco de Nimes (Francia). En España, sus trabajos postreros fueron para la televisión, en el programa que emitía Canal Sur, El sol, la sal, el son, producido por el periodista Jesús Quintero. También sus dos actuaciones en la Bienal de Flamenco de Sevilla, en septiembre de 2010.

(FOTO: GARCÍA CORDERO)

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05 Ago 2011

Escrito por acastellano

05 Ago 2011 - Enlace

Montse Pérez: el deseo de cantar

Es de Almería y hace poco presentaba su segundo disco, que ha titulado Del deseo, “porque mi deseo para seguir adelante es cantar, seguir cantando”. Se llama Montse Pérez (nacida en 1.978) y tiene una voz aterciopelada, un metal muy personal y un conocimiento del flamenco más clásico, que es el que ella prefiere. Sin embargo, en esta segunda aventura se ha embarcado con el productor y músico Paco Ortega, que al clasicismo de Pérez ha dado aires complementarios procedentes del pop. “Yo no me quiero apartar de lo que a mí me realmente me gusta, pero la mezcla de ambos estilos está bastante bien, porque el disco es para todos los públicos, hay flamenco nuevo que introduce a la gente joven que después se puede interesar en escuchar flamenco puro”, explica la cantaora por teléfono.

A pesar de no ser muy conocida fuera del circuito flamenco de Andalucía oriental, Montse Pérez comenzó a cantar pronto. La afición, como suele ser habitual, le nació en casa: “Yo siempre he escuchado cantar a mi madre”, explica. “En la familia de mi madre todos son cantaores pero de familia, nunca han salido de las reuniones familiares”. Ella es la mayor de tres hermanas, y una de ellas, María José Pérez, con un metal muy parecido, también se dedica al cante profesionalmente. “Cada una tiene su estilo”, matiza Montse, “a mí me gusta más guiarme más por la dulzura, por el sentimiento, y ella se tira más por el genio. Cada tiene una forma de buscar el cante”.

Tras recorrer peñas y peñas, en 2008 grabó su primer disco, Mirada flamenca, producido por el guitarrista Pedro Sierra y compuesto fundamentalmente por cantes tradicionales. No mucho tiempo después comenzó a trabajar ya en el segundo, que presenta ahora. “Cuando terminé el primero me quedé con ganas de hacer otro en seguida, me gustó mucho la experiencia”, dice. Mano a mano con Paco Ortega, trabajaron durante un año en elegir los cortes, elaborar las letras, aprenderlos y elegir los guitarristas antes de entrar a grabar. “Este segundo disco está más trabajado, tiene más mi personalidad y está mucho más estudiado”, explica. “Aunque el corazón se pone en los dos”. En el camino le acompañaron también algunas de las grandes guitarras actuales del flamenco: Moraíto Chico, Juan Carlos Romero, José Losada o Antonio Carrión.

El disco combina una granaína con media granaína, seguiriya y soleá como mandan los cánones más ortodoxos, que interpreta con gusto y personalidad, con unas alegrías, tangos, milonga y fandangos con una producción más pop. También las sevillanas: “Paco quería hacer unas sevillanas para escuchar más que para bailar, más suaves, más calmadas, más habladas y yo vi bien su decisión y la letra me encantó”, explica sobre Vívela, muy en la línea de otras sevillanas muy populares compuestas por Ortega, las Sevillanas de la vida.

El trabajo incluye también un palo poco frecuente, la alboreá, también con arreglos más cercanos al pop. “Fue idea mía, tenía mucha ilusión de grabarla porque es un palo que siempre me han llamado la atención”, explica. “Aquí curiosamente, era Paco quien quería que la hiciera más tradicional, pero yo quería hacerla más moderna”.

El deseo de Montse Pérez no termina en el disco. Ahora, tras presentarlo en su localidad natal, lucha por mostrarlo a nivel nacional y sobre todo, hacerlo sobre un escenario. “El ambiente de tener al público al lado te motiva más y das todo lo que llevas dentro, mientras que en el estudio lo mides más, lo vas estudiando, por no salirte de la línea”, explica. “Cuando cantas ante el público lo das todo, sin pensar en cómo tiene que ir”.

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01 Jul 2011

Escrito por acastellano

01 Jul 2011 - Enlace

'Rojo y rosa': la fuerza y el lirismo de Antonio Carbonell, 'Bola'

La Suma Flamenca de Madrid entra en su recta final. Pero aún queda tiempo para la actuación, en el Centro Cultural Paco Rabal de Palomeras Bajas, de un guitarrista y compositor madrileño, Agustín Carbonell, Bola (Madrid, 1967), que presenta un disco que a su vez es la grabación de un espectáculo, un espectáculo que se verá en Madrid el 2 de julio, Rojo y rosa.

“No quería montar una obra en torno a un título”, me explica Carbonell en una interesante charla que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Decidí titular con dos colores por lo que representan para el flamenco: el rojo es la pasión, el compromiso, la verdad artística. El rosa es más lírico, más amoroso”.

Este es el cuarto álbum de su carrera, el primero compuesto en torno al baile. Pero el Bola no es ningún recién llegado. Sobrino nieto de Sabicas (“toda mi familia se dedica al flamenco”, resume el guitarrista), primo de Aurora Carbonell, la Pelota (y por tanto, primo político de Enrique Morente), hijo, sobrino, y nieto de flamencos, Carbonell comenzó a los 13 años, pero fue junto al bailaor Eduardo Serrano El Güito, con quien trabajó durante 14 años, como logró el reconocimiento y la experiencia fundamental. Ha trabajado con tantos artistas que la enumeración no acabaría nunca y, a pesar de su gran experiencia acompañando el baile, no ha sido hasta ahora cuando se ha planteado dedicarle un disco.

“Llevo muchos años en la música, he viajado muchísimo, y ahora quería hacer algo íntimo, personal, con mis vivencias del flamenco, que han sido bastantes”, explica. “Era un reto, mi intención era hacer una especie de suite que girase en torno al baile, mostrar a la gente la fuerza que tienen el baile, la guitarra y el cante grabados en directo”.

Rojo y negro es la adaptación para el disco de un espectáculo que se estrenó en octubre en el Teatro Lara de Madrid. “Todo no se puede grabar, no puedes tener al oyente escuchando una escobilla de baile dos minutos porque no se va a entender”, explica. “El espectáculo está adaptado para el CD. Se grabó en dos días en directo, con baile y todo”.

La obra se organiza en torno a seis escenas cerradas e independientes (el disco cuenta con 12 cortes: con soleares, bulerías, tientos, cartagenera, tangos, soleá por bulerías, fandangos por bulerías), que protagonizan dos bailaoras. “Cada escena cuenta una historia, con su pequeño argumento”, explica. “Los títulos de las escenas aluden al mundo de la danza”. Cada una de las historias cuenta, además, con una pequeña explicación que se explica en el libreto para situar mejor a los que escuchen el disco.

La música es muy directa, muy auténtica, siguiendo los esquemas más tradicionales. Sin embargo, el disco se presenta con un subtítulo: Música y baile del nuevo flamenco: “Todo está dentro de lo que es cada palo, no he querido poner fuegos artificiales: hay unos tientos que son muy puros, la soleá es muy pura también…”, explica, para matizar después: “la gente no entiende lo que es el nuevo flamenco y es una pena. Tenemos la obligación de conocer la obra de los maestros, asumirla y conocerla de verdad, pero después todo va evolucionando, siempre desde el respeto y con el conocimiento que ello conlleva”, explica. “Mi apuesta es diferente, no puedo esquivar las vivencias y las experiencias con otras músicas que he vivido”.

Las dos bailaoras de la obra, madrileñas, representan los dos colores, el rojo (Tamar González) y el rosa (Karen Lugo). “Karen lleva la batuta, es un poco el alma del espectáculo”, explica Carbonell. “Su baile es música para mí, tiene un punto lírico muy fuerte. Yo le conocía de la academia de Amor de Dios de Madrid”. Tamar González entró para sustituir a otra bailaora, que en principio se unió al proyecto pero lo dejó en seguida. “Después de Karen se incorporó al espectáculo Karime Amaya, que es una sobrina nieta de Carmen Amaya, un auténtico animal bailando. Pero justo antes del estreno tuvo que volar a México”. En su lugar se incorporó Tamar González. “Es una bailaora muy moderna, con una fuerza impresionante y mucho sentido del compás, representa muy bien el rojo”.

A las dos bailaoras se unen el contrabajo de Javier Colina, la guitarra de Claudio Villanueva y el cante de Saray Muñoz (hija de Tina, de Las Grecas) y Enrique el Piculabe, dos voces agudas y muy gitanas. “Yo utilizo las mismas tonalidades que el resto de compositores flamencos”, explica Carbonell sobre su elección de cantaores, “pero trasladadas a notas más agudas, así que o lo canta una mujer o tiene que hacerlo un hombre con la voz un poco más aguda, para conseguir abarcar lo que yo quiero”.

Sobre el escenario, la obra requiere de un equipo mayor, en el que lucen nombres como Lorenzo Caprile, responsable del vestuario, o Dominique You, responsable de la iluminación. “Es impresionante que trabaje conmigo”, dice emocionado. “Ha sido compañero de Antonio Gades de toda la vida, junto a él creó Carmen y Fuenteovejuna. Es una persona muy inteligente y sabe de dónde vengo yo. Yo estuve 14 años con El Güito, la misma escuela que Gades”, explica.

Junto a él ha trabajado esta semana en los retoques para la presentación de mañana en la Suma Flamenca, y de ahí, seguirá recorriendo el mundo. “Mi reto es presentarlo en Nueva York y en otras plazas importantes”, concluye.

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27 Jun 2011

Escrito por lacomunidadpais

27 Jun 2011 - Enlace

Concurso: Define tu lugar más flamenco

Con motivo del lanzamiento de la caja de discos Atlas del flamenco (Universal Music) proponemos a los lectores de este blog nuestro primer concurso. El premio, obviamente, es una caja con los diez discos en los que el músico e investigador Faustino Núñez (Vigo 1961) ha recopilado lo mejor de la historia del flamenco organizado por los lugares en los que mayor desarrollo ha tenido el arte jondo.

El concurso, que estará activo entre hoy lunes, 27 de junio, a las 12.00 y el lunes 4 de julio a las 23.59, consiste en lo siguiente: se trata de elegir uno de los lugares de esta colección (Cádiz, Los Puertos, Jerez, Sevilla y su provincia, Málaga, Córdoba y Granada, Murcia Almería y Jaén, Huelva y Badajoz) y ponerle una definición que explique por qué es para ti el lugar más flamenco. Un ejemplo: Cádiz, la sal y el compás o Murcia, la sensibilidad de la mina.

Para participar, tienes que registrarte en Eskup y dejar en Concurso flamenco tu propuesta. La que nos parezca más original será la ganadora.

Atlas del flamenco está a la venta desde el pasado 7 de junio. Es una recopilación que reúne los estilos más genuinos de cada comarca cantaora, interpretados por las figuras más representativas de cada uno de estos estilos (artistas como Camarón de la Isla, Fosforito, Sabicas, Carmen Linares, La Sallago, Paco de Lucía, Lebrijano o Juan Habichuela, entre otros). Ha sido desglosado en 10 volúmenes, incluido un último disco titulado Otros lugares en el que se engloban aquellos estilos inclasificables desde el punto de vista geográfico, inspirados en músicas de origen cubano o argentino. Además, la colección contiene un libreto de 120 páginas con textos realizados y temas seleccionados por Faustino Núñez.

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17 Jun 2011

Escrito por acastellano

17 Jun 2011 - Enlace

El flamenco de paseo por Egipto

Morena de ojos azules. Así se llama el primer disco (Al Zarqa) del guitarrista egipcio Ali Khattab (El Cairo, 1977), que con tan sólo ocho años descubrió el flamenco y ya nunca más salió de él. Y la morena de ojos azules es su música: a medio camino entre su país de origen y el de adopción, el flamenco y las músicas árabes de las que él bebe. “Me encanta la palabra, me encanta el azul, y creo que es un título muy significativo para explicar la mezcla de músicas. Mi morena con los ojos azules es esta mezcla de las dos culturas”, explica.

Concebido durante los años que residió en Jerez y grabado en Egipto, los cortes se mueven sobre la base de la soleá, seguiriya, taranta, tangos y rumbas. Es el último disco que publicó Mario Pacheco antes de fallecer, en su discográfica Nuevos Medios, aunque Ali nunca llegó a conocerle. Con motivo de la publicación del disco, hablamos con el guitarista en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

-Pregunta: Es tu primer disco. ¿Por qué hacerlo así, mezclando estilos?
-Respuesta: Esta música surge de una manera muy natural. No quiero hacer flamenco nada más. Me encanta el flamenco, me encanta escucharlo y creo que es perfecto como está. Cuando toco el laúd o la guitarra me sale el flamenco natural, porque escucho flamenco todo el tiempo, desde que tenía ocho años, y he venido muchas veces a España, a Andalucía y a Jerez. Creo que no es algo que uno hace intencionadamente, sino que sale solo. No puedo hacer otras cosas, esto es lo mío.

-P: ¿Cuándo fue tu primer viaje a España?
-R: En el año 97 ó 98. Las primeras veces que vine sólo quería ver y escuchar el flamenco. Pero descubrí que el flamenco no gira alrededor de la guitarra, que era la idea que yo tenía, sino que está basado en el cante. Así pregunté y pregunté dónde podía escuchar el cante más puro, para llegar a la raíz del flamenco, y me dijeron que en Jerez. Desde entonces he estado yendo y viniendo y en 2005, hasta el año 2007, me instalé allí.

-P: ¿Y cómo fue la inmersión en el flamenco jerezano?
-R: Pues acompañé al cante en peñas, también en Sanlúcar, muchas veces, con cantaores, baialores, otros guitarristas… Creo que para tocar bien hay que saber acompañar al cante y el baile, para comprender el compás, para entender los cambios, los tiempos, las dinámicas y las melodías, porque la guitarra es una imitación del cante. En Jerez entendí muchas cosas que me ayudaron con la guitarra.

-P: En esos años fue cuando se fraguó, además, este primer disco tuyo…
-R: Sí, he tardado en componerlo tres años, y en grabarlo seis meses. Empecé a componer en Jerez, pero lo grabé en El Cairo porque mi padre estaba muy enfermo y tuve que quedarme allí. Quizás el segundo disco lo grabe aquí. También por esas circunstancias todos los músicos con los que conté son de allí, pero traté de que sonase con instrumentos de aquí: hay bajo, y guitarra, melodías del flamenco…

-P: ¿Segundo disco? ¿Ya lo estás trabajando?
-R: Así es. Y creo que el título será Sin país. En el disco nuevo tengo la misma onda, la misma intención que en el primero. Es el mismo proyecto, pero introduzco otras líneas, como ritmos y melodías sufís y cante, también. Hay alegrías, unas bulerías muy moras, tangos, y quizás una seguiriya, pero con compás, sin cante.

(Ali Khattab presenta mañana su disco en la Noche Blanca del Flamenco a iniciativa de la Casa Árabe de Córdoba (Plaza de Abades, 02:30) y estará también en Madrid el próximo 8 de julio, dentro del festival Raks).

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15 Jun 2011

Escrito por acastellano

15 Jun 2011 - Enlace

Flamenco a dos (en femenino)

Un largo y denso paso a dos medido al milímetro, con gusto y búsqueda de lo bello, ritmo, exquisitez y baile, mucho baile en femenino. Es lo que propone Bailes alegres para personas tristes, espectáculo de la compañía de Belén Maya con la bailaora Olga Pericet como artista invitada, que anoche se pudo ver en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca.

Arropadas por el cante de tres grandes voces (las de José Valencia, Miguel Ortega y Jesús Corbacho), que anoche dieron el color y la presencia, el gusto y el rajo necesarios para la obra y las guitarras de Javier Patino y Antonia Jiménez, las dos bailaoras hicieron una reflexión sobre la eterna dualidad: la luz y la sombra, la sobriedad y lo barroco o la alegría y la tristeza, ataviadas con batas de cola que se sentían como una extensión de sus cuerpos. Con dirección escénica de Juan Carlos Lérida, el montaje, muy denso, hace un recorrido por diversos palos flamencos que explotan ese movimiento entre los extremos.

Arranca igual que termina, con un baile por alegrías interrumpido. Primero, el de Belén Maya, al final, el de Olga Pericet. En un escenario dividido por la mitad en blanco y negro, las dos bailaoras se buscan por verdiales o en los cantos tradicionales de mujer que suenan grabados. Comparten espacio, en algunas de las escenas y en otras lo hacen con los cantaores. Fieles cada una a su estilo, el de Maya perfectamente definido con los años, el de Pericet explotando en su juventud. Las dos resaltan el lado más femenino de su baile, ese que cuida la pose, la cadera, el giro y el braceo tanto o más que el zapateado, y por encima de todo, el manejo de la bata de cola.

El punto de inflexión en el encuentro de las dos mujeres lo pone una seguiriya rematada en bulerías que interpreta con gran belleza Pericet y la guajira con abanico de Maya: el negro contra el blanco, la sensualidad contra la fuerza, la velocidad contra la cadencia. Es en este tránsito cuando la luz y la sombra se confunden y cambian de espacio y la historia se encamina hacia el final. Un final en el agua, de puro rojo.

(Foto: Jaro Muñoz)

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12 Jun 2011

Escrito por acastellano

12 Jun 2011 - Enlace

Impecable guitarra de Niño Josele

Estaba en la Suma Flamenca y el Niño Josele (nacido José Heredia en Almería, 1.974) decidió hacer flamenco. Y cómo lo hizo: con entrega, con ritmo y una pulcritud exquisita en su sonido. Anoche, en los Teatros del Canal, demostró por qué está considerado uno de los mejores guitarras de su generación. Es uno de los flamencos que más ha investigado en los caminos del jazz, y también, es uno de los más respetados por los músicos de este arte, y sin embargo, anoche el Niño Josele hizo un recital de flamenco sin adjetivos, con un acompañamiento musical que le acompañó pero no le robó el protagonismo a la guitarra, que sonó rápida, sin perder la emoción, bien medida y más flamenca que nunca.

Apareció solo en el escenario y tras una presentación con un tema de su último trabajo discográfico, Española (Warner, 2009), de sonido limpio y emocionante, llamó al escenario al cantaor, David Maldonado, el de la Jacoba y a Israel Suárez Piraña, que puso las percusiones. Es la de este cantaor joven una voz tostada, muy gitana pero muy matizada, con un cante que no acompaña a la guitarra y rellena los huecos que esta le deja, sino que pide su espacio propio. Al grupo se unió poco después el bajista Alain Pérez, con el que la guitarra de Josele mantuvo un diálogo interesante en el concierto.

El repertorio elegido por Josele fue muy rítmico, incluso llegó a hacer una seguiriya muy rápida, con un fuerte dominio del compás. Hizo mucha bulería, y también, su homenaje a uno de sus ídolos, el músico de jazz Bill Evans.

Se les unió, casi al final de un recital que duró una hora larga y llenó tres cuartas partes del aforo, el bailaor Juan de Juan, para acompañar en una bulería que servía de presentación de los músicos en la que el bailaor quiso acompañar el ritmo con su taconeo, porque no hizo mucho más que eso, taconear con gran intensidad. Juan de Juan se quedó también para el último tema y con su baile desbocado dio una cierta sensación de querer demostrar su valía en esta corta aparición.

Juan de Juan saldría al escenario de nuevo al final del recital, no del Niño Josele, sino de la segunda parte de la noche, que correspondió a la cantante de música tradicional húngara Marta Sebastyén. Junto al percusionista-bailarín que acompañó a esta cantante (Zoltán Batyu Farkas), Juan de Juan puso una pinceladita de unión entre músicas. Marta participó junto a Niño Josele en La Granja de San Ildefonso el año pasado, cuando ambos trabajaron en una iniciativa de intercambio musical entre países de la UE. Entiendo que de ahí viene la idea de introducir a esta cantante en el programa de la Suma, porque su música, conexión con el flamenco, no tiene ninguna. Es por esto que no reseño su actuación, porque se sale del campo de interés de este blog y por un desconocimiento prácticamente absoluto de la música que la cantante interpretó.

(FOTO: Gorka Lejarcegi)

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11 Jun 2011

Escrito por acastellano

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Flamenco deformado

Es lo que ella explicaba en una entrevista antes del espectáculo: en Vinática pretende deformar la técnica. Anoche presentó la bailaora Rocío Molina (Málaga, 1984), Premio Nacional de Danza 2010, en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca con gran éxito de público, que no sólo llenó el teatro sino que además ovacionó a la bailaora tras hora y media de tensión y pasión a partes iguales.

En un escenario desnudo (literalmente) la bailaora arranca -sobre un vals de Chopin que también cierra la obra- antes de que el público termine de acomodarse ataviada con una larga cola que sobresale del escenario queriendo significar ese poso que son los orígenes de los que ella parte para crear algo inédito. Una cola que, como conclusión del montaje, se convierte precisamente en lo contrario: unos orígenes que aprisionan, limitan e impiden avanzar hacia otros lugares.

Tarda un tiempo en entrar en acción Molina, tiempo que permite al espectador diseccionar la desnudez de un escenario preparado por Roberto Frattini. Mueve su brazo como si fuera la cola de un perro, ese perro que espera, tranquilo, paciente, a que las cosas se desencadenen. Y esos hechos son su propio recorrido artístico, la niña que fue sobre la que otras personas hablan mientras ella aprende su baile y lucha contra la naturaleza para controlar el cuerpo y convertirse en bailaora.

El guitarrista Eduardo Trassierra, el cantaor José Ángel Carmona (que también toca la mandolina) y José Manuel Ramos El Oruco, a las palmas y el compás actúan no sólo como músicos con gran acierto de ejecución y sentimiento, sino como personajes que interactúan y acompañan a la bailaora. Se sirven del vino, elemento que recorre toda la obra, ese vino que a veces provoca nostalgia y otras se usa para olvidar las experiencias pasadas.

Molina ha querido descomponer aquí los bailes, diseccionarlos, en esa reflexión que quiere plantear sobre quién es, quién fue y quién quiere llegar a ser. En ocasiones entra a bailar en el silencio, antes de que arranque la guitarra o el cantaor ponga voz a sus inquietudes. Por seguiriyas, la copla de Pepe Pinto Rosa Linares, alegrías o bulerías, la bailaora va mostrando la significación que el baile tiene, un baile de fuerza, de técnica depurada, tan consciente de esa técnica que en otros momentos la doblega y la destroza, se rebela contra ella. Mantiene una tensión que se antoja excesiva en algunos momentos, que contrasta con esa pasión que le pone a su baile, expresivo y entregado al extremo.

(Foto: Cristóbal Manuel)

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10 Jun 2011

Escrito por acastellano

10 Jun 2011 - Enlace

El lamento de Estrella por Morente

Difícil deshacer el nudo que Estrella Morente nos ha provocado en el corazón a los que hemos ido a verle a los Teatros del Canal, con su cante por soleá. Su voz, su dolor, me sigue estremeciendo horas más tarde. El lamento por su padre perdido, seis meses después, es grave, no tiene alivio. Y Estrella lo trasladó a su voz y ofreció, como apertura del festival Suma Flamenca, el mejor homenaje que le podía hacer al maestro: entregarse en cada una de las notas de un recital sobrio, flamenco por derecho, que cerró ataviada con mantón entonando un pregón de viva voz.

Con un vestido negro cubierto por unos tules rosas, entró Estrella con paso lento, grave en su caminar, a un escenario en el que le esperaba su familia flamenca: las guitarras de su tío, José Carbonell, Montoya y la de su primo Monty, Pedro Gabarre en las percusiones y su hermano Enrique, su tío Antonio Carbonell y Ángel Gabarre, habituales acompañantes de Enrique padre, en los jaleos y las palmas. Quiso empezar con uno de sus temas más recientes. De pie interpretó Caza al alcance, inspirado en un poema de San Juan de la Cruz, que recientemente hizo junto al pianista Michael Nyman, en la gala de entrega de los Premios de la Música. Y en seguida, se sentó en una silla de enea y entró al flamenco. Primero por fandangos de Granada, rápidos, directos, llevados por las palmas para pasar después a los tangos. Los hizo con mucho acierto, con gran movimiento de su voz más desenvueltos en los tonos medios, concentrada, sentida, con entrega.

Tras los tangos, llegó la desazón porque Estrella se entregó a la soleá. Morente, sola en el escenario con la guitarra de Montoya, entró por derecho a un cante que dejó ver el dolor tan fuerte que ha dejado la pérdida del maestro. Con una fuerza desbordante, estremecedora, entró en el ayeo, y ya desde ahí, nos dejó un nudo en el estómago y el corazón para el resto de la noche. La solemnidad de este palo, al que siguieron malagueña y una seguiriya precedida por un suspiro que sonó sin consuelo, llenó de negrura los rincones de la sala. En la seguiriya quiso cantar a la muerte de su padre (“Qué pena más grande tengo que le dejaste morir solito en el hospital”). Con un cante descorazonador, de fuerza, que contiene el lamento del mundo y en el que Estrella demostró su mejor hacer.

Y lo que parecía que iba a ser un respiro, se terminó convirtiendo en un lamento aún más profundo cuando Estrella dejó solo en el escenario a Montoya, que homenajeó a Morente interpretando su Estrella en la guitarra, una Estrella que la cantaora hizo también al volver al escenario, ahora vestida de pantalón negro y camiseta con la silueta de su padre y una chaqueta de lamé plateada. Antes, por fandangos y colombiana y unas sevillanas dedicadas a Lola Flores (en las que hubo trazos de las coplas más populares de la tonadillera, pero también un recuerdo para Antonio y Lolita Flores), sacaron de Estrella la pasión que aún le quedaba en su interior. Aquí, la negrura se difuminó, aunque no el lamento, y siguió Estrella con su dolor en la garganta arriesgando, jugando con algunos de los giros que hacía su padre, entregada.

Para concluir el recital de emociones eligió un bolero de Chavela Vargas, La noche de mi amor, interpretado por bulerías. Estrella dio rienda suelta a su histrionismo, con baile, golpes de melena y cante a capella, adolorida como animal herido, levantando al público de sus asientos con una ovación cerrada que le obligó a volver y cantar una vez más, ataviada de mantón, y cerrar así con un pregón.

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Si eres curioso, simpatizante o aficionado al inabarcable mundo del flamenco, asómate en este blog a lo que se cuece por sus caminos de la mano de la periodista de EL PAÍS Ángeles Castellano.
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