Por Bloguerías

16 Sep 2011

Escrito por acastellano

16 Sep 2011 - Enlace

Esperanza Fernández retoma los Jueves Flamencos de Sevilla

La gran voz trianera actual, Esperanza Fernández (Sevilla, 1966), es la elegida para el retorno de un clásico sevillano (lleva organizándose 27 años), los Jueves Flamencos de Cajasol, un ciclo que comenzó en marzo y paró en verano. Se reanuda el 6 de octubre, en la sala Joaquín Turina, con la cantaora trianera, a quien seguirán otros siete recitales para concluir en diciembre con una zambomba jerezana.

La trianera, hija de cantaor y emparentada con los Pinini de Lebrija y los Cagancho, ofrecerá su versión más directa: un recital de cante junto al guitarrista que le acompaña desde hace más de 10 años: Miguel Ángel Cortés, uno de los mejores guitarristas para el cante de la actualidad. Un auténtico lujo, ya que es una de las cantaoras que defiende la herencia de Triana con mayor solvencia de la actualidad. Esperanza canta por derecho y sin embargo, es una colaboradora habitual en otro tipo de espectáculos: montajes corales, como el Café de Chinitas del Ballet Nacional, o el que protagonizó junto a Gerardo Núñez y la New York Flamenco Reunion en 2000 en la Bienal de Flamenco de Sevilla y otro tipo de acompañamientos, como su participación en El amor brujo de Manuel de Falla en la Bienal de 2008 . En este festival, precisamente, presentó el año pasado un espectáculo propio que suponía su debut en solitario en el certamen: Raíces del alma, en el que hizo un repaso por su herencia y carrera profesional acompañada por David Peña Dorantes, pianista y director musical, y Pepa Gamboa, directora de escena.

Entonces, me contó en una entrevista en su escuela de flamenco que comenzó en el cante gracias a una nana: “Fue la primera vez que me vio Mario Maya, el primero que me dio una oportunidad fuera del ámbito familiar. Me llamó para cantarla en su espectáculo El Amargo”. Después, junto a otro grande, el cantaor Enrique Morente, dejó de ser “la “la niña de Curro Fernández”, para tomar nombre propio. Ocurrió en 1994, gracias al espectáculo A oscuras presentado en la Bienal de Flamenco de Sevilla. “Ya había estado en la Bienal antes, pero la del 94 me dio un empujón muy fuerte, di el salto como Esperanza Fernández”.

Escucharle contar sus vivencias es como hacer un recorrido por el flamenco de los últimos 30 años, porque incluso sus recuerdos infantiles están salpicados por los grandes: “Yo estaba jugando y Fernanda y Bernarda de Utrera estaban en mi casa tomando café y haciendo compás, imagínate. Claro, yo de niña no le daba importancia. Soy una persona con mucha suerte”, me explicaba.

Aunque es habitual en los escenarios, es una lástima, para quienes no tienen acceso a sus actuaciones, que esta cantaora, que participó en la grabación de Potro de Rabia y miel de Camarón de la Isla, tan solo haya grabado dos discos: Esperanza Fernández (2001) y Recuerdos (2007). Y sin embargo, ella no echa de menos haber hecho más: “Yo puedo decir con orgullo que no soy un producto discográfico, porque llevo más de 20 años trabajando y sólo he publicado dos discos. No he parado de trabajar sin necesidad de tener ningún disco. Todo lo que tengo en mi vida ha sido ganado por mi propio esfuerzo y eso lo llevo a gala”.

Además de Fernández, en los Jueves Flamencos habrá otras actuaciones interesantes. El presupuesto se anunció en marzo, cuando se inauguró (100.000 euros, frente a los 165.000 de 2010). El cartel, este trimestre, queda compuesto así:

++Esperanza Fernández y Miguel Ángel Cortés: 6 de octubre

++Manuel Lombo junto a Asunción Pérez La Choni al baile y Ricardo Rivera, Fernando Romero y Los Melli: 20 de octubre.

++Manuel Liñán compañía de baile flamenco: 3 de noviembre.

++Manuel Herrera: 10 de noviembre.

++Javier Barón: 24 de noviembre.

++Isabel Bayón: 1 de diciembre.

++Mercedes Ruiz con Santiago Lara, David Lagos, el Londro y Perico Navarro: 15 de diciembre.

++Zambomba jerezana dirigida por Fernando Moreno: 22 de diciembre.

Las entradas para cada espectáculo se pueden adquirir en la Taquilla del Centro Cultural y en Cajasol Tickets, y existe la posibilidad de adquirir abonos para la temporada completa con la reducción de un 30% sobre el precio de Taquilla.


[[Antonio Cáceres (jefe de Acción Cultural de Cajasol), Manolo Herrera (coordinador del ciclo), Manuel Lombo, Esperanza Fernández y Manuel Herrera en la presentación del ciclo, ayer. Imagen facilitada por Cajasol]].

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10 Sep 2011

Escrito por acastellano

10 Sep 2011 - Enlace

Flamenco en la frontera: Morón en el mapa

"Hemos decidido que el año que viene es este año". Después de tres lustros tratando de organizar un festival en Morón, Fernando González-Caballos y un grupo de jóvenes aficionados de esta localidad se han liado la manta a la cabeza y han decidido organizar Flamenco en la frontera , un festival que combina actuaciones con cursos y conferencias y que finaliza hoy. "Llevamos 15 años mostrando nuestra buena voluntad para organizar algo así a los directivos de las peñas, que son un poco el poder fáctico en esta localidad para organizar los eventos flamencos", explica González-Caballos, organizador. "Y todos los años nos decían: el año que viene. Así que, un poco cansado de que nos dieran coba, decidimos ponernos manos a la obra este año". La idea de fondo era, según explica, "hacer una llamada de atención sobre la capacidad y la fuerza que ha tenido el flamenco de Morón en la industria cultural, recuperar ese esplendor que tuvo en su momento, pero adaptado a los tiempos de hoy".

Así que decidieron no hacer un festival al uso y romper con la estructura del Gazpacho de Morón de hacer una única noche de espectáculos. Flamenco en la frontera se alarga durante cuatro días y combina las actuaciones con actividades que inciden en la importancia de la tradición flamenca local y lo su significado para el mundo. Con un objetivo muy claro: atraer al público joven. "El flamenco necesita renovar al público, porque hay un cambio generacional artístico también", explica González-Caballos.

La conferencia inaugural, a cargo del rector de la Universidad Internacional de Andalucía , José Manuel Suárez Japón, puso el miércoles el acento sobre aquella época dorada , unos tiempos protagonizados por el guitarrista Diego del Gastor, pero en el que tuvo también mucho que ver el estadounidense Donn E. Pohren, un enamorado del flamenco que se instaló en una finca en la que recibió a multitud de compatriotas atraídos por el toque del de El Gastor, el misterio y la manera de vivir de los flamencos de una zona de Andalucía que, en los años 60, seguía siendo rural y vivía ajena a lo que ocurría en el resto del mundo. "Pohren fue el inventor del prototurismo rural y hay que darle su sitio", dice el organizador. "Gracias a él, al trabajo literario que él hizo y el lugar que le dio en todo el mundo a Diego del Gastor, los extranjeros siguen viniendo a Morón. Le llevó de lo local al mundo. Diego del Gastor era un artista muy local, que seguramente de no haber pasado Pohren por aquí no habría tenido la dimensión que tiene", explica González-Caballos.

Sobre aquella época y su evolución hasta hoy versan muchas de las conferencias y proyecciones del festival, pero los organizadores son conscientes de que, como en todos los festivales, el plato fuerte son los espectáculos. Dani de Morón y Alfredo Lagos, Carrete de Málaga, Jesús Méndez o los locales Pepe Torres, Moi de Morón, David el Galli y Rafael Rodríguez, entre otros, forman parte de un cartel en el que se ha tratado de combinar artistas locales y ajenos, además de jóvenes con otros veteranos pero que están fuera del circuito de actuaciones. "Creo que el relevo generacional artístico se está dando y hay que apoyarlo", explica González-Caballos Un relevo generacional que, en su opinión, no está siendo entendido por algunos de los veteranos del flamenco, que han protagonizado recientemente una protesta ante la Junta de Andalucía por lo que ellos consideran que es una política de contrataciones centrada en el amiguismo. "Mi opinión sobre la polémica, además de los muchos puntos y comas que pueda tener, es que veo que hay una serie de artistas que se resisten a reconocer el cambio generacional. Yo creo no es noble que, un artista que ahora es mayor, que ha sido joven y ha tenido que buscar su sitio en los tablaos de Madrid, cuando entonces había también figuras consagradas, ahora eche tierra encima de los jóvenes que están despuntando".

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16 Jun 2011

Escrito por acastellano

16 Jun 2011 - Enlace

El mejor cante de Arcángel

Paco Arcángel (Huelva, 1977) está en su mejor momento de voz y de cante y anoche lo demostró en los Teatros del Canal, dentro de la Suma Flamenca. Está pasando un momento duro en lo personal, y esto se reflejó también en su recital, que hizo con más intensidad y pasión si cabe. Es un cantaor que conoce la tradición como pocos, que sigue estudiando, y que investiga hacia dentro para proponer nuevas formas, nuevos caminos para el cante de siempre.

Acompañado de Miguel Ángel Cortés a la guitarra, su cómplice en la aventura renovadora (también los Mellis a palmas y coros y Agustín Diassera a la percusión), Arcángel se entregó al cante más sentido. Arrancó con una canción por bulerías que dio paso a una soleá morentiana pero con el sello muy personal de este cantaor joven de voz aguda que, con el tiempo, ha ganado en profundidad y ha trascendido sus cualidades naturales. Tiene capacidad para hacerlo, pero anoche Arcángel quiso dejar a un lado los juegos de filigrana y la profusión de melismas para entregarse al cante más adolorido, que él llevaba por las notas más altas y los tonos bajos, según le iba pidiendo el cuerpo.

Todo en el cante de anoche de Arcángel, que volverá a Madrid el día 29 acompañando, en el Teatro Real, a Mauricio Sotelo, sonó a nuevo y a sorpresa. Por fandangos abandolaos, por alegrías, en la que la guitarra de Miguel Ángel Cortés dio, si cabe, mayor protagonismo y enjundia al cante (y que levantó al público de sus asientos para ovacionar a ambos), en una seguiriya intensa desde el ayeo, por soleares y unos fandangos de su tierra dedicados a su madre, recientemente fallecida.

Sonidos blancos y carentes de profundidad

Juan Valderrama arrancó la noche. Presentaba su más reciente disco, Sonidos blancos y eso prometía hacer, flamenco en la línea que siguieron su padre, Juanito Valderrama, y otros artistas como Pepe Marchena o Pepe Pinto. Precisamente por presentar este trabajo discográfico, quiso hacer una primera parte de canción aflamencada, que es lo que lleva fundamentalmente su disco, algunas compuestas por él y otras por Luis Pastor. Con una de este autor, Me llamo Juan Valderrama, abrió la noche de pie en el escenario, acompañado por las guitarras de Daniel Casares y Rubén Levaniegos, la percusión de Manuel Luque y las palmas del grupo Jaleo. Le siguieron Quererte , Qué verdad tan grande, Ya no quedan héroes, los Tangos de Enrique, que él ha escrito para homenajear a Morente, y las Alegrías del juguete roto, para las que se hizo acompañar en el escenario de la bailaora, Pilar Astora.

Pero el público que acudió anoche a ver a Valderrama no estaba interesado en esta suerte de canción flamenca que el cantante/cantaor propone y desde el primer momento y con mucho entusiasmo le gritaron desde el patio de butacas para que cantase flamenco o incluso algunos de los éxitos de su padre. Él les respondía, “claro, a eso he venido”, “las cosas se irán aflamencando”.

Pero el flamenco no llegó, a pesar de que, tras las primeras canciones, Valderrama se sentó en una silla de enea y, micrófono en mano, La Rosa que popularizase Marchena, recogida y con gran profusión de melismas en sus versos. Hizo una seguiriya por Tomás Pavón, malagueña, taranta y levantica y cerró por fandangos. Hizo cantes bonitos, pero carentes de profundidad. En efecto, Valderrama tiene una voz blanca, muy dotada para hacer, de la manera más natural, juegos de velocidad y melismas en los tercios. Pero el flamenco es algo más que eso, y a este joven cantaor le falta profundidad. Lo que Valderrama propone sigue siendo canción aflamencada, un acercamiento al flamenco, pero le falta rebuscarse en su dolor, mirar más hacia dentro del cante, más que hacia el adorno. Para renovar el flamenco primero hay que curtirse en el estudio. Valderrama le puso ganas y de voz, estuvo correcto, pero eso en el flamenco, no es suficiente.

En el cierre por fandangos, que resolvió rápido, estuvieron especialmente acertados los guitarristas, que hicieron un auténtico duelo interpretativo, de velocidad y gusto.

(Foto: Bienal de Flamenco de Sevilla – Luis Castilla)

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15 Jun 2011

Escrito por acastellano

15 Jun 2011 - Enlace

Flamenco a dos (en femenino)

Un largo y denso paso a dos medido al milímetro, con gusto y búsqueda de lo bello, ritmo, exquisitez y baile, mucho baile en femenino. Es lo que propone Bailes alegres para personas tristes, espectáculo de la compañía de Belén Maya con la bailaora Olga Pericet como artista invitada, que anoche se pudo ver en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca.

Arropadas por el cante de tres grandes voces (las de José Valencia, Miguel Ortega y Jesús Corbacho), que anoche dieron el color y la presencia, el gusto y el rajo necesarios para la obra y las guitarras de Javier Patino y Antonia Jiménez, las dos bailaoras hicieron una reflexión sobre la eterna dualidad: la luz y la sombra, la sobriedad y lo barroco o la alegría y la tristeza, ataviadas con batas de cola que se sentían como una extensión de sus cuerpos. Con dirección escénica de Juan Carlos Lérida, el montaje, muy denso, hace un recorrido por diversos palos flamencos que explotan ese movimiento entre los extremos.

Arranca igual que termina, con un baile por alegrías interrumpido. Primero, el de Belén Maya, al final, el de Olga Pericet. En un escenario dividido por la mitad en blanco y negro, las dos bailaoras se buscan por verdiales o en los cantos tradicionales de mujer que suenan grabados. Comparten espacio, en algunas de las escenas y en otras lo hacen con los cantaores. Fieles cada una a su estilo, el de Maya perfectamente definido con los años, el de Pericet explotando en su juventud. Las dos resaltan el lado más femenino de su baile, ese que cuida la pose, la cadera, el giro y el braceo tanto o más que el zapateado, y por encima de todo, el manejo de la bata de cola.

El punto de inflexión en el encuentro de las dos mujeres lo pone una seguiriya rematada en bulerías que interpreta con gran belleza Pericet y la guajira con abanico de Maya: el negro contra el blanco, la sensualidad contra la fuerza, la velocidad contra la cadencia. Es en este tránsito cuando la luz y la sombra se confunden y cambian de espacio y la historia se encamina hacia el final. Un final en el agua, de puro rojo.

(Foto: Jaro Muñoz)

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13 Jun 2011

Escrito por acastellano

13 Jun 2011 - Enlace

Nikela: del flamenco al jazz

“Presta atención”. Nikela, una palabra en caló, da título a un disco que transita entre dos mundos, el flamenco y el jazz, y que ha publicado recientemente Flamenco Jazz Company, grupo aglutinado alrededor del piano de Pedro Ojesto y la guitarra, flamenca de David Cerreduela (y cuya lista de componentes completan el bajista Josemi Garzón, el percusionista Fernando Favier y los cantaores Israel Fernández y Miguel de la Tolea). “El título se me ocurrió a mí”, explica Josemi Garzón. “Yo propuse la idea de buscar una palabra en caló, porque hay muchas que utilizamos sin saberlo, dentro del lenguaje coloquial. Nikela me parecía una palabra mestiza, es como ‘mira’, ‘presta atención”. Pedro Ojesto añade a la explicación: “Seguro que tendrá muchos significados, porque a mí me suena a niquelado, algo que está redondo, bien hecho. Suena bien, la palabra”.

Aunque es el primer disco que publica esta formación, en realidad, el grupo de músicos no es nuevo, ni sus componentes unos recién llegados. “Nosotros llevamos mucho tiempo trabajando juntos”, me explica Pedro Ojesto, “y la idea de hacer el disco estaba ya cuajada desde hace tiempo, pero el empujón definitivo nos lo ha dado la Fundación Orange”. En este trabajo, el grupo parte del flamenco, y sus temas, casi todos, se organizan por tanto por palos (tangos, bulerías, soelares, rumba y jaleos), todos con una interpretación muy rítmica, a los que ponen voces dos cantaores de rajo muy gitano, pero se mueve en esa línea fronteriza entre lo jondo y el jazz. “Al ser el primer disco, quizás estamos energéticos”, explica Garzón. “También influye que Fernando (Favier, percusionista) y yo, que somos la base rítmica, hemos estado muchos años acompañando a Joaquín Cortés, Antonio Canales… Son muchos bailaores, y quieras que no, el punto rítmico está ahí”.

(Foto: Mariano Gutiérrez / Flamenco Jazz Company)

Esto no significa, explica a continuación Garzón, que le hagan ascos a los palos más libres. “Yo llevo cuatro o cinco años trabajando sobre los cantes libres en el piano”, aclara Ojesto. “Pero para entrar a tocar flamenco en el piano hay que entrar tal como es, por eso a los pianistas nos ha costado tanto, porque no hay tradición. Luego ya, con el tiempo, le buscas sus propios recursos”.

El piano suena en cortes como en la soleá clásica Eres tú la melodía, o en las bulerías Yepa, más cercanas al jazz. Sin embargo, “para darle color, que no suene todo igual”, como explica Ojesto, también hay temas en los que no suena, como en los jaleos Bella calí. También cabe en este trabajo un homenaje a Miles Davis en una soleá (que surge precisamente del estándar de jazz de Davis) a la que pone letra Luis Pastor, Blue in green. “Esta versión nuestra viene de largo, venimos tocándola desde hace años, y el tema siempre nos ha sonado por soleá”, explica Garzón. “La letra se la pedimos a Luis Pastor y aunque le costó, cogió la métrica, entendió muy bien la idea, y le escribió una letra muy bonita”, añade Ojesto. “A la hora de cantarla, Israel la entendió como una soleá. Le hemos hecho cirugía musical, pero surgió de una manera muy natural”.

Además de Pastor, en este disco hay espacio para otro compositor habitual del flamenco: Juan Antonio Salazar, que firma temas como Bohemio (“una rumba que cantó Potito hace muchos años y a Miguel le apetecía cantar”, explica Garzón) y Los niños soldados. “Salazar es de los pocos compositores flamencos que hacen letras que por un lado son flamencas y por otro tienen actualidad”, explica Ojesto. “Es flamenco, pero hace canciones, cosa muy poco habitual. A nosotros nos encantó, nos identificamos con el espíritu musical, porque lo hacemos desde la alegría”.

Recopilado el material, lo de menos fue grabarlo. “Nosotros somos músicos de estudio y grabar es divertido. No es lo más complicado”, explica Garzón. “Lo más largo es darle forma a los temas y encontrar el camino del material”. “A nosotros nos gusta grabar en directo, todos juntos, no hacemos nada prefabricado sin errores”, añade Ojesto.

Y esa frescura de la grabación se reflejará, claro está, en los conciertos que tienen previstos para presentar el disco. En Madrid comenzarán esta noche, en el Café Central, donde estarán una semana completa. “Cuando tenemos un escenario grande nos gusta llevar un bailaor”, explica Ojesto, “que es Pol Vaquero, que no está en el grupo porque sólo viene cuando hay espacio para actuar”. Vaquero no estará en Madrid, pero les acompañará en otras fechas. “Él comunica muy bien nuestra música, porque la baila, no le acompañamos nosotros en el baile, sino al revés”.

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12 Jun 2011

Escrito por acastellano

12 Jun 2011 - Enlace

Impecable guitarra de Niño Josele

Estaba en la Suma Flamenca y el Niño Josele (nacido José Heredia en Almería, 1.974) decidió hacer flamenco. Y cómo lo hizo: con entrega, con ritmo y una pulcritud exquisita en su sonido. Anoche, en los Teatros del Canal, demostró por qué está considerado uno de los mejores guitarras de su generación. Es uno de los flamencos que más ha investigado en los caminos del jazz, y también, es uno de los más respetados por los músicos de este arte, y sin embargo, anoche el Niño Josele hizo un recital de flamenco sin adjetivos, con un acompañamiento musical que le acompañó pero no le robó el protagonismo a la guitarra, que sonó rápida, sin perder la emoción, bien medida y más flamenca que nunca.

Apareció solo en el escenario y tras una presentación con un tema de su último trabajo discográfico, Española (Warner, 2009), de sonido limpio y emocionante, llamó al escenario al cantaor, David Maldonado, el de la Jacoba y a Israel Suárez Piraña, que puso las percusiones. Es la de este cantaor joven una voz tostada, muy gitana pero muy matizada, con un cante que no acompaña a la guitarra y rellena los huecos que esta le deja, sino que pide su espacio propio. Al grupo se unió poco después el bajista Alain Pérez, con el que la guitarra de Josele mantuvo un diálogo interesante en el concierto.

El repertorio elegido por Josele fue muy rítmico, incluso llegó a hacer una seguiriya muy rápida, con un fuerte dominio del compás. Hizo mucha bulería, y también, su homenaje a uno de sus ídolos, el músico de jazz Bill Evans.

Se les unió, casi al final de un recital que duró una hora larga y llenó tres cuartas partes del aforo, el bailaor Juan de Juan, para acompañar en una bulería que servía de presentación de los músicos en la que el bailaor quiso acompañar el ritmo con su taconeo, porque no hizo mucho más que eso, taconear con gran intensidad. Juan de Juan se quedó también para el último tema y con su baile desbocado dio una cierta sensación de querer demostrar su valía en esta corta aparición.

Juan de Juan saldría al escenario de nuevo al final del recital, no del Niño Josele, sino de la segunda parte de la noche, que correspondió a la cantante de música tradicional húngara Marta Sebastyén. Junto al percusionista-bailarín que acompañó a esta cantante (Zoltán Batyu Farkas), Juan de Juan puso una pinceladita de unión entre músicas. Marta participó junto a Niño Josele en La Granja de San Ildefonso el año pasado, cuando ambos trabajaron en una iniciativa de intercambio musical entre países de la UE. Entiendo que de ahí viene la idea de introducir a esta cantante en el programa de la Suma, porque su música, conexión con el flamenco, no tiene ninguna. Es por esto que no reseño su actuación, porque se sale del campo de interés de este blog y por un desconocimiento prácticamente absoluto de la música que la cantante interpretó.

(FOTO: Gorka Lejarcegi)

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11 Jun 2011

Escrito por acastellano

11 Jun 2011 - Enlace

Flamenco deformado

Es lo que ella explicaba en una entrevista antes del espectáculo: en Vinática pretende deformar la técnica. Anoche presentó la bailaora Rocío Molina (Málaga, 1984), Premio Nacional de Danza 2010, en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca con gran éxito de público, que no sólo llenó el teatro sino que además ovacionó a la bailaora tras hora y media de tensión y pasión a partes iguales.

En un escenario desnudo (literalmente) la bailaora arranca -sobre un vals de Chopin que también cierra la obra- antes de que el público termine de acomodarse ataviada con una larga cola que sobresale del escenario queriendo significar ese poso que son los orígenes de los que ella parte para crear algo inédito. Una cola que, como conclusión del montaje, se convierte precisamente en lo contrario: unos orígenes que aprisionan, limitan e impiden avanzar hacia otros lugares.

Tarda un tiempo en entrar en acción Molina, tiempo que permite al espectador diseccionar la desnudez de un escenario preparado por Roberto Frattini. Mueve su brazo como si fuera la cola de un perro, ese perro que espera, tranquilo, paciente, a que las cosas se desencadenen. Y esos hechos son su propio recorrido artístico, la niña que fue sobre la que otras personas hablan mientras ella aprende su baile y lucha contra la naturaleza para controlar el cuerpo y convertirse en bailaora.

El guitarrista Eduardo Trassierra, el cantaor José Ángel Carmona (que también toca la mandolina) y José Manuel Ramos El Oruco, a las palmas y el compás actúan no sólo como músicos con gran acierto de ejecución y sentimiento, sino como personajes que interactúan y acompañan a la bailaora. Se sirven del vino, elemento que recorre toda la obra, ese vino que a veces provoca nostalgia y otras se usa para olvidar las experiencias pasadas.

Molina ha querido descomponer aquí los bailes, diseccionarlos, en esa reflexión que quiere plantear sobre quién es, quién fue y quién quiere llegar a ser. En ocasiones entra a bailar en el silencio, antes de que arranque la guitarra o el cantaor ponga voz a sus inquietudes. Por seguiriyas, la copla de Pepe Pinto Rosa Linares, alegrías o bulerías, la bailaora va mostrando la significación que el baile tiene, un baile de fuerza, de técnica depurada, tan consciente de esa técnica que en otros momentos la doblega y la destroza, se rebela contra ella. Mantiene una tensión que se antoja excesiva en algunos momentos, que contrasta con esa pasión que le pone a su baile, expresivo y entregado al extremo.

(Foto: Cristóbal Manuel)

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10 Jun 2011

Escrito por acastellano

10 Jun 2011 - Enlace

El lamento de Estrella por Morente

Difícil deshacer el nudo que Estrella Morente nos ha provocado en el corazón a los que hemos ido a verle a los Teatros del Canal, con su cante por soleá. Su voz, su dolor, me sigue estremeciendo horas más tarde. El lamento por su padre perdido, seis meses después, es grave, no tiene alivio. Y Estrella lo trasladó a su voz y ofreció, como apertura del festival Suma Flamenca, el mejor homenaje que le podía hacer al maestro: entregarse en cada una de las notas de un recital sobrio, flamenco por derecho, que cerró ataviada con mantón entonando un pregón de viva voz.

Con un vestido negro cubierto por unos tules rosas, entró Estrella con paso lento, grave en su caminar, a un escenario en el que le esperaba su familia flamenca: las guitarras de su tío, José Carbonell, Montoya y la de su primo Monty, Pedro Gabarre en las percusiones y su hermano Enrique, su tío Antonio Carbonell y Ángel Gabarre, habituales acompañantes de Enrique padre, en los jaleos y las palmas. Quiso empezar con uno de sus temas más recientes. De pie interpretó Caza al alcance, inspirado en un poema de San Juan de la Cruz, que recientemente hizo junto al pianista Michael Nyman, en la gala de entrega de los Premios de la Música. Y en seguida, se sentó en una silla de enea y entró al flamenco. Primero por fandangos de Granada, rápidos, directos, llevados por las palmas para pasar después a los tangos. Los hizo con mucho acierto, con gran movimiento de su voz más desenvueltos en los tonos medios, concentrada, sentida, con entrega.

Tras los tangos, llegó la desazón porque Estrella se entregó a la soleá. Morente, sola en el escenario con la guitarra de Montoya, entró por derecho a un cante que dejó ver el dolor tan fuerte que ha dejado la pérdida del maestro. Con una fuerza desbordante, estremecedora, entró en el ayeo, y ya desde ahí, nos dejó un nudo en el estómago y el corazón para el resto de la noche. La solemnidad de este palo, al que siguieron malagueña y una seguiriya precedida por un suspiro que sonó sin consuelo, llenó de negrura los rincones de la sala. En la seguiriya quiso cantar a la muerte de su padre (“Qué pena más grande tengo que le dejaste morir solito en el hospital”). Con un cante descorazonador, de fuerza, que contiene el lamento del mundo y en el que Estrella demostró su mejor hacer.

Y lo que parecía que iba a ser un respiro, se terminó convirtiendo en un lamento aún más profundo cuando Estrella dejó solo en el escenario a Montoya, que homenajeó a Morente interpretando su Estrella en la guitarra, una Estrella que la cantaora hizo también al volver al escenario, ahora vestida de pantalón negro y camiseta con la silueta de su padre y una chaqueta de lamé plateada. Antes, por fandangos y colombiana y unas sevillanas dedicadas a Lola Flores (en las que hubo trazos de las coplas más populares de la tonadillera, pero también un recuerdo para Antonio y Lolita Flores), sacaron de Estrella la pasión que aún le quedaba en su interior. Aquí, la negrura se difuminó, aunque no el lamento, y siguió Estrella con su dolor en la garganta arriesgando, jugando con algunos de los giros que hacía su padre, entregada.

Para concluir el recital de emociones eligió un bolero de Chavela Vargas, La noche de mi amor, interpretado por bulerías. Estrella dio rienda suelta a su histrionismo, con baile, golpes de melena y cante a capella, adolorida como animal herido, levantando al público de sus asientos con una ovación cerrada que le obligó a volver y cantar una vez más, ataviada de mantón, y cerrar así con un pregón.

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02 Jun 2011

Escrito por acastellano

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Universo Galván

Si Solo es la esencia de Israel Galván (Sevilla, 1973), La Curva, presentada anoche en Madrid dentro del Festival de Otoño en Primavera en Matadero (y que podrá verse hasta el 5 de junio), es la completa sinfonía de su baile, su concepto de la danza y del flamenco. Si en Solo reivindicaba el silencio y la música de los objetos, en La curva añade, en un alarde casi de barroquismo, el piano contemporáneo de Sylvie Courvoisier, el cante telúrico de Inés Bacán y el compás, al que todos contribuyen pero es dirigido por el observador, enlace y generador de atmósferas que es Bobote, que en esta ocasión, además, actúa como alter ego de Galván.

(Foto: Félix Vázquez)

El bailaor reitera en este montaje su pasión por la música de los objetos. Comienza con su chaqueta, que cerrada o abierta forma parte de su baile y le ayuda a apuntalar el compás. Pero también las sillas, las piedras de sal, la harina, la mesa, las tarimas… Un escenario que a primera vista parece estar medio desnudo, en el desarrollo de la danza se termina convirtiendo en un actor más, que interactúa y participa y sobre todo: suena. Con el apoyo en la dirección de escena de Txiki Berraondo, Galván aprovecha los espacios para transformar una y mil veces el lugar en el que baila, y transitar, como decía unos días antes de la presentación del espectáculo, en esa curva extraña que va de la caracolá lebrijana a un club de jazz en Nueva York, pasando por la calle o un espacio casi mágico en una nube de harina.

Todos los elementos característicos del baile de Galván están en La Curva. Todos esos modos de su flamenco reconstruido y arrastrado a su esencia: los perfiles, las hojas que caen, las suelas percutidas, los golpes inesperados de cadera, el toro, su singular braceo. Y con todos estos elementos que tanto ha costado entender al público, si es que alguna vez han llegado a ser comprendidos, Galván baila al son que le marca un piano que suena a arpa, a instrumento de percusión, a música disonante, flamenca o Latin jazz, pero también baila por las bulerías más festeras, una nana, una seguiriya o esas singulares sevillanas que marca en una silla de tijera atravesada en su cuello.

Y en toda esta gravedad, en esta tensión que plantea el bailaor, aún deja un resquicio de alivio para el espectador, un guiño, una mueca, una traza de humor que salpica el espectáculo y que resulta liberador al terminar, en un particular fin de fiesta con Bobote, que cierra con una sonrisa y las eternas ganas de más.

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19 May 2011

Escrito por acastellano

19 May 2011 - Enlace

La gala del chascarrillo

Aburrida, falta de ritmo, sin emoción y con un presentador pretendidamente simpático pero con unas bromas que rozaron el absurdo. Así fue, anoche, la gala de los XV Premios de la Música, esa que tanto se había cacareado que se dedicaría al flamenco. Visto lo visto, mejor que dejen al flamenco por el caminito por el que iba y no lo mezclen con propuestas chuscas como la de anoche. Mucho más tras oír las palabras del presidente de la Academia, Eduardo Bautista: “Estamos celebrando la grandeza del flamenco. Es enorme la responsabilidad que tenemos como conjunto de naciones y pueblos un patrimonio universal que es reconocido absolutamente por todo el mundo”.

En lo que respecta al flamenco, tan sólo hubo dos momentos (duplicados) de emoción, pero era bastante previsible que así sería, ya que tuvieron que ver con dos grandes artistas que eran homenajeados anoche: Carmen Linares y Enrique Morente, por motivos, obviamente, diferentes.

Ver a un gran guitarrista como Tomatito, curtido en grandes escenarios de todo el mundo, emocionado al punto de que no le salían las palabras para entregar el Premio a toda una vida a Carmen Linares fue muy emocionante, muy a pesar de que le tocó intervenir tras la chusca presentación de Toni Garrido, que pareció una broma de mal gusto: “Una mujer de Jaén, aceitunera y altiva”. Tomatito enumeró los méritos de la de Linares: “Por reivindicar el papel de la mujer, por llevar el cante clásico junto con el moderno, por cantar a los grandes poetas, este merecido premio es para Carmen Linares”.

Con el auditorio en pie, a una Carmen Linares muy emocionada le costó arrancar: “Estoy muy nerviosa, esto me ha superado. Es un premio muy importante porque me lo dan mis propios compañeros y es importante para mí para seguir luchando por el flamenco. Este ha sido un año de luces y sombras, para el flamenco y para mí personalmente. Aquí estamos, tenemos que seguir adelante apoyando este arte y quiero dar las gracias a mis maestros, a todos los artistas que me han enseñado tanto, ellos son los que nos han allanado el camino. Soy muy afortunada de haber podido expresarme con una música como es el flamenco, una de las mejores músicas del mundo. También quiero dar las gracias y dedicar el premio a mi familia, a mi marido y a mis hijos. Muchas gracias y viva el flamenco”, dijo.

La actuación, esa versión de La danza número cinco de Granados, junto al piano de Iván Melón Lewis, fue uno de los momentos de mayor intensidad de la gala. El baile de Carmen Amaya, proyectado como fondo, y el de Belén López, acompañaron con mucha emoción el ya de por sí emocionante cante de Linares.

Todas las actuaciones fueron flamencas. Fue el único elemento que relacionó la gala con la dirección de Javier Limón. Además de Carmen Linares, actuaron un grupo de percusionistas al inicio (que hicieron unas bulerías a tres) que fueron los responsables, además, de las cortinillas musicales (bastante insustancial todo), doce guitarristas, comandados por David e Israel Cerreduela, que interpretaron una versión del Entre dos aguas de Paco de Lucía, y Estrella Morente, que acompañada al piano de Michael Nyman, ofreció un bocado de lo que será su próximo disco. Un disco que no parece, por lo visto anoche, que haga volver a la hija mayor del maestro Morente a la senda del flamenco, porque lo que hizo anoche, con pasión y acierto, no tuvo nada que ver con lo jondo, ni en la interpretación de Estrella ni en la composición en sí.

Eso sí, la de Linares y Morente salvaron las actuaciones. Son dos animales de escenario, con una fuerte presencia y muchas tablas, y menos mal, porque le pusieron un poco de emoción a una gala completamente anodina.

Antes de actuar, Estrella, junto a sus dos hermanos, Soleá y Enrique, recogieron el premio a mejor álbum flamenco para el disco Morente+flamenco de su padre Enrique, precedidos por unas imágenes del gran maestro cantando tremendamente emocionantes. Estrella tuvo unas palabras muy sentidas sobre el premio que recogía: “Recogemos un premio que compite con la máxima actualidad de la música”, pero sobre todo, sobre su padre: “Mi padre era la música. Nuestra casa era la música. Si hay alguien músico en esta vida ese ha sido Enrique Morente. Viva Enrique Morente. Viva la música”.

Además de esto, el premio a la mayor labor de difusión (que recayó en el periodista Alfonso Eduardo Pérez Orozco, toda una vida dedicada al flamenco) y los dos premios a los festivales más importantes del flamenco (el de Cante de Las Minas, de La Unión y la Bienal de Sevilla) que fueron recogidos por un político en campaña (el alcalde de La Unión) y un director general –de la Bienal- haciendo campaña por el equipo de su jefe, el alcalde de Sevilla, muchos otros artistas no necesariamente premiados por su trabajo en el flamenco tuvieron palabras sobre este arte. Así fue con Chano Domínguez, pianista gaditano, que recogió el premio a Mejor Álbum de Jazz por su disco Piano ibérico: “Tengo que agradecer este premio primero que todo a los compositores que me han inspirado para hacer este disco, los primeros que hicieron piano flamenco: Albéniz, Granados, Falla… Para ellos va dedicado este premio…”

También con el compositor, productor y arreglista Joan Albert Amargós o con la cantante La Shica, que dijo sobre Enrique Morente que fue “un cantaor que fue tan moderno que nunca estuvo de moda”.

El pueblo de Lorca y las manifestaciones por una democracia real que tienen lugar en toda España desde el domingo pasado, también tuvieron un hueco en una gala tan sosa como insustancial con mínimos destellos de emoción.

(FOTOS: EFE)

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Si eres curioso, simpatizante o aficionado al inabarcable mundo del flamenco, asómate en este blog a lo que se cuece por sus caminos de la mano de la periodista de EL PAÍS Ángeles Castellano.
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