Escrito por acastellano
07 Sep 2011 - Enlace
Por Bloguerías y otros palos: Algo pasa en 'Cai'**
Abrimos una nueva ventana a la colaboración en una sección que inauguró, hace unos meses, el periodista de RNE Manuel Moraga. Hoy nos visita Fermín Lobatón, colaborador en diferentes medios de comunicación durante más de 20 años y crítico de flamenco en El País y Diario de Cádiz, entre otros, además de estudioso, aficionado a lo jondo y muchas otras cosas más.
**...Entre el flamenco y el jazz
La cosa está por estudiar, pero no cabe duda de que algo hay entre Cádiz y el jazz. Históricamente, podría tener que ver con la condición portuaria de la ciudad -con ese tránsito e intercambio de personas, culturas y músicas, de tanta trascendencia en el flamenco-, o por su también condición balnearia, con hoteles principales que, a mediados del pasado siglo, contaban con orquestas estables, entre las que parece que era cosa normal el cultivo del swing. La pervivencia del vocablo jambá, que es una muy gaditana lectura de las Jazz Bands que se anunciaban en esa época, y que vino a nombrar en la zona tanto a la batería como a cualquier formación de las que amenizaban fiestas familiares, podría ser una prueba de esa antigua presencia del jazz en la ciudad, pero resulta pura anécdota ante la vibrante realidad que, en estos terrenos, Cádiz ha venido ofreciendo desde los años ochenta del pasado siglo.
En esa década se comienzan a detectar los primeros movimientos de músicos locales en bares, y Cádiz acoge también conciertos de grandes del jazz (Chet Baker, Art Blakey o Chic Corea). Pero sobre todo, a finales de 1987, se programan unos encuentros de jazz de músicos gaditanos en la peña Celestino Mutis, en el barrio de La Viña. De allí surgió casi de forma inmediata la celebración del I Seminario de Jazz Ciudad de Cádiz, que habría de ser impartido por el Taller de Musics de Barcelona. Nadie pone hoy en duda que la celebración de ese seminario, con intensísimas noches de jam sessions en la citada peña, supuso un revulsivo para los músicos gaditanos y el punto de inflexión por el que se canalizarían brillantes carreras profesionales posteriores. Quizás desde ese tiempo, el censo de músicos de la capital siempre ha sido lo suficientemente alto como para permitir la continuidad de toda una Big Band de 18 profesores en ella, La Sonora, fundada en 1997. Dirigida en la actualidad por el trombonista Juan José Guillamó, es poseedora de un repertorio versátil que ha abordado lo mismo el flamenco que la música del carnaval local, como quedó registrado en el disco La Sonora por Cádiz, grabado en directo en el Gran Teatro Falla (Bujío, 2007).
La escena jazzística gaditana actual está bien nutrida tanto por herederos del citado seminario como por nuevas incorporaciones. Entre sus músicos los hay que, proviniendo del flamenco, se acercan a un formato jazz (el pianista Sergio Monroy , último ganador del premio El Filón al mejor instrumentista en La Unión) y otros que, como el saxofonista Pedro Cortejosa, con varias grabaciones en su haber, no guardan ninguna relación con el flamenco en su producción. Pero, sin duda, existe una tendencia mayoritaria entre ellos que apunta a un ejercicio jazzístico en el que, con todo respeto, se incorporan elementos propios del flamenco y se establecen interesantes diálogos entre una y otra disciplina. Es este un trabajo que huye de lo fácil –ya no se trata de meter un viejo estándar en el compás de bulerías-, y persigue un encuentro positivo en el que se integran ritmos y aires flamencos dentro de las armonías y la sintaxis del jazz, buscando nuevas atmósferas y colores, persiguiendo una vía de expresión propia que pretende, a su vez, la universalidad de toda manifestación musical que se precie.
Resulta curioso, y es muestra del dinamismo de esta escena el hecho de que, en los dos últimos años, se hayan producido hasta cuatro grabaciones que abundan en unas fructíferas relaciones del jazz con el flamenco. Entre ellos, el proyecto Kind of Cai (Surfonía, 2009) es sin duda uno de los más importantes, y muestra la madurez creativa de músicos tan habituales en la escena gaditana como el guitarrista Luis Balaguer, el saxofonista Carlos Villoslada -residente en Cádiz, aunque nacido en Huelva-, y el pianista Miguel Ángel López. A ellos se suman el contrabajista de Rota D.J Foster, y el conocido percusionista brasileño Rubem Dantas.
La propuesta parte de una original relectura de la grabación Kind of blue, del trompetista Miles Davis, en su día una revolución al inaugurar el jazz modal en una música que hasta ese momento había sido tonal. La música modal, procedente de la Antigüedad, está presente en la mayoría de elementos musicales que sustentan el flamenco, cuyos principales estilos son modales. De ahí que estos músicos gaditanos, buenos conocedores de ambas disciplinas, realizaran esta fresca y original relectura de la legendaria obra añadiéndole aires y ritmos procedentes del flamenco. La grabación sigue de manera rigurosa el orden de los cinco temas que compusieron la grabación original de Davis: So what que se escucha en tiempo de bulerías al golpe, Freddie Freeloader que va por tangos, Blue in green por soleá, All blues en clave de tanguillo, y Flamenco Sketches que adopta la de la seguiriya. A esos temas se añade la propina de una versión del conocido Milestones.
En el año 2010, coinciden en su lanzamiento tres grabaciones: El jardín de las naranjas (Lunadisco), del flautista y saxofonista Carmelo Muriel; Campo de Agramante (Nómada 57), del pianista Javier Galiana, y Tabanqueando en la Plaza Niña (Surfonía), del antes citado Carlos Villoslada.
En El jardín de las naranjas -grabado en formato de cuarteto con la colaboración del guitarrista Nono García, Juan José Sainz (batería) y Piet Verbist (contrabajo)- encontramos bulerías, bulerías por soleá o unas soleares en las que la flauta canta con el acompañamiento de la guitarra. También hay unos tangos o una rondeña y la composición que da nombre al disco, un pasodoble francamente hermoso que supone todo un hallazgo, a la vez que una apuesta del autor por ese ritmo, en ocasiones tan vilipendiado, como opción creativa.
Campo de Agramante es, tras Werther en Nueva York (2008), el segundo disco de Galiana con su grupo Spice Berberechos, una formación en la que mantiene el lustre de los saxos de Carlos Cirera e incorpora la percusión de Carlos Cortés junto a la voz cantaora de un sorprendente Carlos Denia, que se ajusta a las exigencias compositoras de un pianista que viaja de la extroversión al intimismo y de los aires atlánticos al cosmopolitismo mediterráneo. Bulerías sobre Mingus, tanguillos y alegrías de la tierra, melancólicas soleares o granaínas se presentan con arreglos tan convincentes como cohesionados.
Villoslada, acreditado por las experiencias de Saguiba o Kind of Cai, muestra Tabanqueando en la Plaza Niña, su primer trabajo como líder de la vertiente más íntima, y puede que más lúcida, de una inspiración de largo aliento. Experimentación de resultados elegantes y atmósferas que viajan de la alegría de los fandangos de su tierra o los ritmos de la bulería o el tanguillo a los jondos caminos de la soleá, que aborda con un respetuoso y reposado tempo, el mismo que gobierna su nana o su toná a la que sigue una trilla por seguiriyas, todas ellas con el cante de Raúl Gálvez, el imprescindible piano de Juan Galiardo y la percusión invitada de Rubem Dantas.
Son tres distintas aproximaciones a un jazz que se contamina felizmente con el flamenco, y unos discos que nos muestran a tres compositores desplegando una vasta y surtida cultura musical que se puebla de los mejores ecos. Pero, en Cai, aún puede haber más...








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