Escrito por acastellano
01 Sep 2009 - Enlace
María José Pérez = Cante flamenco
La cantaora María José Pérez (Almería, 1985) publica un disco de debut que es toda una declaración de principios: flamenco clásico, tradicional, libre, melódico, sin más pretensiones que una gran voz, conocimiento y sensibilidad. Cante flamenco, producido por Juan Mesas, cuenta con el toque sobrio y delicado de Miguel Ochando y las colaboraciones a la guitarra de Gerardo Núñez, Rafael Santiago Habichuela y de Alfonso Alcalá en el bajo eléctrico, único elemento que, sin destacar en exceso, roba sabor añejo a la grabación. En el disco se incluyen letras tradicionales, pero también algunas composiciones de José Luis Ortiz Nuevo, que además ha asesorado a la cantaora y su productor durante todo el proceso.
El disco arranca con una canción por cantiñas en las que se entrevera una soleá, aunque como título del corte reza Alegrías. Unas cantiñas en las que la almeriense demuestra que su voz aterciopelada se mueve cómodamente por melismas y tonos, que tiene un eco antiguo de amplia tesitura pero libre, que se mueve buscando nuevas maneras de decir el cante de siempre. Sigue con unas malagueñas (Malagueña corta de la Trini) en las que Pérez se acuerda de Enrique Morente con un aire preciosista y afinado. Una soleá de escalofrío, de garganta y corazón desgarrados, granaínas, taranto y cartagenera, y seguiriya y cabal ponen la intensidad que alivian sin perder calidad los Tangos de Graná y las Bulerías reposadas y bien medidas, en las que la cantaora abre su voz, la pone al límite en tercios que se alargan melódicos y emotivos.
María José Pérez empezó como saetera a los 13 años y en seguida se hizo un hueco en peñas y festivales. Su primera gran oportunidad le llegó con 19 años de la mano de Mario Maya. Participó en Diálogo con el amargo como cantaora. Ha pasado por algunos concursos de cante, como el Festival Internacional de Cante de las Minas, en 2002, donde fue finalista, y el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, donde ganó el primer premio, el Antonio Chacón, en 2007. Además de esto, y aunque en su carrera como cantaora no tenga excesiva influencia, ha tenido tiempo de diplomarse en Logopedia y Magisterio de Audición y Lenguaje.
Lo más importante de todo, quizás, sea su juventud. María José Pérez es una cantaora cuyo máximo poder está en su voz, joven, limpia y con matices, que después de este correcto debut crecerá seguro con el tiempo y una dilatada carrera en los escenarios.

Aurora Vargas es una señora del cante. Una de esas pocas flamencas que dominan la escena y no dejan indiferente al público. Se exhibe en los cantes festeros pero imprime carácter, tensión y sentimiento en todo lo que hace. Anoche lo volvió a demostrar en el ciclo
El Cabrero es un cantaor singular. Anoche lo volvió a demostrar. El público abarrotaba los Jardines, algunos con camisetas del cantaor, expectantes, luego conmovidos con el arte del sevillano que comparte su pasión por el cante con el del campo y el cuidado de sus cabras. Anoche volvió a exhibir su voz potente, fuerte, sobria y furiosa que levantó ovaciones desde sus primeros cantes por soleares. Vestido con su atuendo característico, de negro riguroso, sombrero y pañuelo en el cuello, el Cabrero cantó con rabia y con dolor. La guitarra nerviosa y agitada de Rafael Rodríguez, algo acelerada, dificultó el disfrute del cantaor con su cante, pero incidió en la rabia y la fuerza. El público apreció, en cualquier caso, su toque rítmico, armónico, característico de la escuela de Morón.
La voz de Rocío Márquez, ganadora de la Lámpara Minera (máximo galardón) del
Cancionero del Sacromonte se estrena hoy en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada y lo hará en un lugar muy especial de dicho barrio, la Abadía del Sacromonte, que por primera vez será sede de unos de los espectáculos del Festival. Con una estética ambientada en el flamenco de los años 30 y 40 (el vestuario ha sido diseñado por Vicky Martín Berrocal), Marina Heredia quiere reflejar, a través de su cante y acompañada por los guitarristas Miguel Ochando, Luis Mariano y José Quevedo El Bola el alma del Sacromonte. Lo hará, con la dirección escénica de Irin Evans, a través de los cantes más tradicionales de Granada, recogiendo la herencia musical de las civilizaciones que han pasado por la ciudad y que han recalado en el flamenco. Fandangos, debla, martinete, tangos, saeta, granaínas, seguiriyas, o soleares, todos en la forma en que se dicen en Granada, serán los principales ingredientes del menú de esta noche, aderezado con el baile de una prima de Marina, Jara Heredia. También habrá recitados de poemas de Mario Benedetti, recientemente fallecido, y Federico García Lorca, que no podía faltar en un espectáculo flamenco de Granada.
El ciclo
El repertorio elegido arranca con una bulería, Esos cuatro capotes, escrita por el poeta jerezano Antonio Gallardo y que Poveda suele incluir también en el repertorio del espectáculo Sin Frontera en el que comparte cartel junto al cantaor jerezano Luis el Zambo y el guitarrista Moraíto Chico. Le sigue una sorprendente seguiriya, en la que la orquesta hace los compases musicales de arranque y el cierre, Canela y clavo, una composición del trío protagonista del disco (Poveda, Amargós y Chicuelo) a partir de una letra popular. Arreglada musicalmente de la misma manera que la seguiriya están las alegrías Manto de estrellas, cuya letra es de Chicuelo y su hermano Isidro Gómez. El Romance de la dulce queja, de Federico García Lorca, composición musical de nuevo del trío protagonista, Danza de Equus, una pieza orquestal de Amargós, la copla Te lo juro yo, los tientos de Chicuelo Dame la mano y la adaptación de la canción popular catalana El cant dels Ocells por bulerías completan el disco.
Para que Piñana se interesase por estos cantes tuvo que encontrarse con el segundo nombre de esta cadena. Es Antonio Grau Dauset, Rojo el Alpargatero hijo (Málaga, 1884 – Madrid, 1968), que heredó de su padre el gusto por el flamenco.
Ahora se publica un disco-libro sobre su hijo. Lo hace la editorial
En el flamenco lo de ser debutante es un concepto extraño. Cuando alguien graba un disco, por más joven que sea, suele tener una cierta trayectoria acompañando al baile o cantando en peñas. Sin embargo, el caso de Enrique Bermúdez, el Piculabe, ha sido diferente. Este gitano madrileño de 26 años es hijo de los nuevos tiempos y saltó a la popularidad gracias a una maqueta que colgó en Internet y se difundió como la espuma con la descripción de ser heredero del genial Camarón de la Isla. 