Por Bloguerías

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Escrito por acastellano

05 Ago 2011 - Enlace

Montse Pérez: el deseo de cantar

Es de Almería y hace poco presentaba su segundo disco, que ha titulado Del deseo, “porque mi deseo para seguir adelante es cantar, seguir cantando”. Se llama Montse Pérez (nacida en 1.978) y tiene una voz aterciopelada, un metal muy personal y un conocimiento del flamenco más clásico, que es el que ella prefiere. Sin embargo, en esta segunda aventura se ha embarcado con el productor y músico Paco Ortega, que al clasicismo de Pérez ha dado aires complementarios procedentes del pop. “Yo no me quiero apartar de lo que a mí me realmente me gusta, pero la mezcla de ambos estilos está bastante bien, porque el disco es para todos los públicos, hay flamenco nuevo que introduce a la gente joven que después se puede interesar en escuchar flamenco puro”, explica la cantaora por teléfono.

A pesar de no ser muy conocida fuera del circuito flamenco de Andalucía oriental, Montse Pérez comenzó a cantar pronto. La afición, como suele ser habitual, le nació en casa: “Yo siempre he escuchado cantar a mi madre”, explica. “En la familia de mi madre todos son cantaores pero de familia, nunca han salido de las reuniones familiares”. Ella es la mayor de tres hermanas, y una de ellas, María José Pérez, con un metal muy parecido, también se dedica al cante profesionalmente. “Cada una tiene su estilo”, matiza Montse, “a mí me gusta más guiarme más por la dulzura, por el sentimiento, y ella se tira más por el genio. Cada tiene una forma de buscar el cante”.

Tras recorrer peñas y peñas, en 2008 grabó su primer disco, Mirada flamenca, producido por el guitarrista Pedro Sierra y compuesto fundamentalmente por cantes tradicionales. No mucho tiempo después comenzó a trabajar ya en el segundo, que presenta ahora. “Cuando terminé el primero me quedé con ganas de hacer otro en seguida, me gustó mucho la experiencia”, dice. Mano a mano con Paco Ortega, trabajaron durante un año en elegir los cortes, elaborar las letras, aprenderlos y elegir los guitarristas antes de entrar a grabar. “Este segundo disco está más trabajado, tiene más mi personalidad y está mucho más estudiado”, explica. “Aunque el corazón se pone en los dos”. En el camino le acompañaron también algunas de las grandes guitarras actuales del flamenco: Moraíto Chico, Juan Carlos Romero, José Losada o Antonio Carrión.

El disco combina una granaína con media granaína, seguiriya y soleá como mandan los cánones más ortodoxos, que interpreta con gusto y personalidad, con unas alegrías, tangos, milonga y fandangos con una producción más pop. También las sevillanas: “Paco quería hacer unas sevillanas para escuchar más que para bailar, más suaves, más calmadas, más habladas y yo vi bien su decisión y la letra me encantó”, explica sobre Vívela, muy en la línea de otras sevillanas muy populares compuestas por Ortega, las Sevillanas de la vida.

El trabajo incluye también un palo poco frecuente, la alboreá, también con arreglos más cercanos al pop. “Fue idea mía, tenía mucha ilusión de grabarla porque es un palo que siempre me han llamado la atención”, explica. “Aquí curiosamente, era Paco quien quería que la hiciera más tradicional, pero yo quería hacerla más moderna”.

El deseo de Montse Pérez no termina en el disco. Ahora, tras presentarlo en su localidad natal, lucha por mostrarlo a nivel nacional y sobre todo, hacerlo sobre un escenario. “El ambiente de tener al público al lado te motiva más y das todo lo que llevas dentro, mientras que en el estudio lo mides más, lo vas estudiando, por no salirte de la línea”, explica. “Cuando cantas ante el público lo das todo, sin pensar en cómo tiene que ir”.

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01 Jul 2011 - Enlace

'Rojo y rosa': la fuerza y el lirismo de Antonio Carbonell, 'Bola'

La Suma Flamenca de Madrid entra en su recta final. Pero aún queda tiempo para la actuación, en el Centro Cultural Paco Rabal de Palomeras Bajas, de un guitarrista y compositor madrileño, Agustín Carbonell, Bola (Madrid, 1967), que presenta un disco que a su vez es la grabación de un espectáculo, un espectáculo que se verá en Madrid el 2 de julio, Rojo y rosa.

“No quería montar una obra en torno a un título”, me explica Carbonell en una interesante charla que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Decidí titular con dos colores por lo que representan para el flamenco: el rojo es la pasión, el compromiso, la verdad artística. El rosa es más lírico, más amoroso”.

Este es el cuarto álbum de su carrera, el primero compuesto en torno al baile. Pero el Bola no es ningún recién llegado. Sobrino nieto de Sabicas (“toda mi familia se dedica al flamenco”, resume el guitarrista), primo de Aurora Carbonell, la Pelota (y por tanto, primo político de Enrique Morente), hijo, sobrino, y nieto de flamencos, Carbonell comenzó a los 13 años, pero fue junto al bailaor Eduardo Serrano El Güito, con quien trabajó durante 14 años, como logró el reconocimiento y la experiencia fundamental. Ha trabajado con tantos artistas que la enumeración no acabaría nunca y, a pesar de su gran experiencia acompañando el baile, no ha sido hasta ahora cuando se ha planteado dedicarle un disco.

“Llevo muchos años en la música, he viajado muchísimo, y ahora quería hacer algo íntimo, personal, con mis vivencias del flamenco, que han sido bastantes”, explica. “Era un reto, mi intención era hacer una especie de suite que girase en torno al baile, mostrar a la gente la fuerza que tienen el baile, la guitarra y el cante grabados en directo”.

Rojo y negro es la adaptación para el disco de un espectáculo que se estrenó en octubre en el Teatro Lara de Madrid. “Todo no se puede grabar, no puedes tener al oyente escuchando una escobilla de baile dos minutos porque no se va a entender”, explica. “El espectáculo está adaptado para el CD. Se grabó en dos días en directo, con baile y todo”.

La obra se organiza en torno a seis escenas cerradas e independientes (el disco cuenta con 12 cortes: con soleares, bulerías, tientos, cartagenera, tangos, soleá por bulerías, fandangos por bulerías), que protagonizan dos bailaoras. “Cada escena cuenta una historia, con su pequeño argumento”, explica. “Los títulos de las escenas aluden al mundo de la danza”. Cada una de las historias cuenta, además, con una pequeña explicación que se explica en el libreto para situar mejor a los que escuchen el disco.

La música es muy directa, muy auténtica, siguiendo los esquemas más tradicionales. Sin embargo, el disco se presenta con un subtítulo: Música y baile del nuevo flamenco: “Todo está dentro de lo que es cada palo, no he querido poner fuegos artificiales: hay unos tientos que son muy puros, la soleá es muy pura también…”, explica, para matizar después: “la gente no entiende lo que es el nuevo flamenco y es una pena. Tenemos la obligación de conocer la obra de los maestros, asumirla y conocerla de verdad, pero después todo va evolucionando, siempre desde el respeto y con el conocimiento que ello conlleva”, explica. “Mi apuesta es diferente, no puedo esquivar las vivencias y las experiencias con otras músicas que he vivido”.

Las dos bailaoras de la obra, madrileñas, representan los dos colores, el rojo (Tamar González) y el rosa (Karen Lugo). “Karen lleva la batuta, es un poco el alma del espectáculo”, explica Carbonell. “Su baile es música para mí, tiene un punto lírico muy fuerte. Yo le conocía de la academia de Amor de Dios de Madrid”. Tamar González entró para sustituir a otra bailaora, que en principio se unió al proyecto pero lo dejó en seguida. “Después de Karen se incorporó al espectáculo Karime Amaya, que es una sobrina nieta de Carmen Amaya, un auténtico animal bailando. Pero justo antes del estreno tuvo que volar a México”. En su lugar se incorporó Tamar González. “Es una bailaora muy moderna, con una fuerza impresionante y mucho sentido del compás, representa muy bien el rojo”.

A las dos bailaoras se unen el contrabajo de Javier Colina, la guitarra de Claudio Villanueva y el cante de Saray Muñoz (hija de Tina, de Las Grecas) y Enrique el Piculabe, dos voces agudas y muy gitanas. “Yo utilizo las mismas tonalidades que el resto de compositores flamencos”, explica Carbonell sobre su elección de cantaores, “pero trasladadas a notas más agudas, así que o lo canta una mujer o tiene que hacerlo un hombre con la voz un poco más aguda, para conseguir abarcar lo que yo quiero”.

Sobre el escenario, la obra requiere de un equipo mayor, en el que lucen nombres como Lorenzo Caprile, responsable del vestuario, o Dominique You, responsable de la iluminación. “Es impresionante que trabaje conmigo”, dice emocionado. “Ha sido compañero de Antonio Gades de toda la vida, junto a él creó Carmen y Fuenteovejuna. Es una persona muy inteligente y sabe de dónde vengo yo. Yo estuve 14 años con El Güito, la misma escuela que Gades”, explica.

Junto a él ha trabajado esta semana en los retoques para la presentación de mañana en la Suma Flamenca, y de ahí, seguirá recorriendo el mundo. “Mi reto es presentarlo en Nueva York y en otras plazas importantes”, concluye.

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17 Jun 2011 - Enlace

El flamenco de paseo por Egipto

Morena de ojos azules. Así se llama el primer disco (Al Zarqa) del guitarrista egipcio Ali Khattab (El Cairo, 1977), que con tan sólo ocho años descubrió el flamenco y ya nunca más salió de él. Y la morena de ojos azules es su música: a medio camino entre su país de origen y el de adopción, el flamenco y las músicas árabes de las que él bebe. “Me encanta la palabra, me encanta el azul, y creo que es un título muy significativo para explicar la mezcla de músicas. Mi morena con los ojos azules es esta mezcla de las dos culturas”, explica.

Concebido durante los años que residió en Jerez y grabado en Egipto, los cortes se mueven sobre la base de la soleá, seguiriya, taranta, tangos y rumbas. Es el último disco que publicó Mario Pacheco antes de fallecer, en su discográfica Nuevos Medios, aunque Ali nunca llegó a conocerle. Con motivo de la publicación del disco, hablamos con el guitarista en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

-Pregunta: Es tu primer disco. ¿Por qué hacerlo así, mezclando estilos?
-Respuesta: Esta música surge de una manera muy natural. No quiero hacer flamenco nada más. Me encanta el flamenco, me encanta escucharlo y creo que es perfecto como está. Cuando toco el laúd o la guitarra me sale el flamenco natural, porque escucho flamenco todo el tiempo, desde que tenía ocho años, y he venido muchas veces a España, a Andalucía y a Jerez. Creo que no es algo que uno hace intencionadamente, sino que sale solo. No puedo hacer otras cosas, esto es lo mío.

-P: ¿Cuándo fue tu primer viaje a España?
-R: En el año 97 ó 98. Las primeras veces que vine sólo quería ver y escuchar el flamenco. Pero descubrí que el flamenco no gira alrededor de la guitarra, que era la idea que yo tenía, sino que está basado en el cante. Así pregunté y pregunté dónde podía escuchar el cante más puro, para llegar a la raíz del flamenco, y me dijeron que en Jerez. Desde entonces he estado yendo y viniendo y en 2005, hasta el año 2007, me instalé allí.

-P: ¿Y cómo fue la inmersión en el flamenco jerezano?
-R: Pues acompañé al cante en peñas, también en Sanlúcar, muchas veces, con cantaores, baialores, otros guitarristas… Creo que para tocar bien hay que saber acompañar al cante y el baile, para comprender el compás, para entender los cambios, los tiempos, las dinámicas y las melodías, porque la guitarra es una imitación del cante. En Jerez entendí muchas cosas que me ayudaron con la guitarra.

-P: En esos años fue cuando se fraguó, además, este primer disco tuyo…
-R: Sí, he tardado en componerlo tres años, y en grabarlo seis meses. Empecé a componer en Jerez, pero lo grabé en El Cairo porque mi padre estaba muy enfermo y tuve que quedarme allí. Quizás el segundo disco lo grabe aquí. También por esas circunstancias todos los músicos con los que conté son de allí, pero traté de que sonase con instrumentos de aquí: hay bajo, y guitarra, melodías del flamenco…

-P: ¿Segundo disco? ¿Ya lo estás trabajando?
-R: Así es. Y creo que el título será Sin país. En el disco nuevo tengo la misma onda, la misma intención que en el primero. Es el mismo proyecto, pero introduzco otras líneas, como ritmos y melodías sufís y cante, también. Hay alegrías, unas bulerías muy moras, tangos, y quizás una seguiriya, pero con compás, sin cante.

(Ali Khattab presenta mañana su disco en la Noche Blanca del Flamenco a iniciativa de la Casa Árabe de Córdoba (Plaza de Abades, 02:30) y estará también en Madrid el próximo 8 de julio, dentro del festival Raks).

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Escrito por acastellano

13 Jun 2011 - Enlace

Nikela: del flamenco al jazz

“Presta atención”. Nikela, una palabra en caló, da título a un disco que transita entre dos mundos, el flamenco y el jazz, y que ha publicado recientemente Flamenco Jazz Company, grupo aglutinado alrededor del piano de Pedro Ojesto y la guitarra, flamenca de David Cerreduela (y cuya lista de componentes completan el bajista Josemi Garzón, el percusionista Fernando Favier y los cantaores Israel Fernández y Miguel de la Tolea). “El título se me ocurrió a mí”, explica Josemi Garzón. “Yo propuse la idea de buscar una palabra en caló, porque hay muchas que utilizamos sin saberlo, dentro del lenguaje coloquial. Nikela me parecía una palabra mestiza, es como ‘mira’, ‘presta atención”. Pedro Ojesto añade a la explicación: “Seguro que tendrá muchos significados, porque a mí me suena a niquelado, algo que está redondo, bien hecho. Suena bien, la palabra”.

Aunque es el primer disco que publica esta formación, en realidad, el grupo de músicos no es nuevo, ni sus componentes unos recién llegados. “Nosotros llevamos mucho tiempo trabajando juntos”, me explica Pedro Ojesto, “y la idea de hacer el disco estaba ya cuajada desde hace tiempo, pero el empujón definitivo nos lo ha dado la Fundación Orange”. En este trabajo, el grupo parte del flamenco, y sus temas, casi todos, se organizan por tanto por palos (tangos, bulerías, soelares, rumba y jaleos), todos con una interpretación muy rítmica, a los que ponen voces dos cantaores de rajo muy gitano, pero se mueve en esa línea fronteriza entre lo jondo y el jazz. “Al ser el primer disco, quizás estamos energéticos”, explica Garzón. “También influye que Fernando (Favier, percusionista) y yo, que somos la base rítmica, hemos estado muchos años acompañando a Joaquín Cortés, Antonio Canales… Son muchos bailaores, y quieras que no, el punto rítmico está ahí”.

(Foto: Mariano Gutiérrez / Flamenco Jazz Company)

Esto no significa, explica a continuación Garzón, que le hagan ascos a los palos más libres. “Yo llevo cuatro o cinco años trabajando sobre los cantes libres en el piano”, aclara Ojesto. “Pero para entrar a tocar flamenco en el piano hay que entrar tal como es, por eso a los pianistas nos ha costado tanto, porque no hay tradición. Luego ya, con el tiempo, le buscas sus propios recursos”.

El piano suena en cortes como en la soleá clásica Eres tú la melodía, o en las bulerías Yepa, más cercanas al jazz. Sin embargo, “para darle color, que no suene todo igual”, como explica Ojesto, también hay temas en los que no suena, como en los jaleos Bella calí. También cabe en este trabajo un homenaje a Miles Davis en una soleá (que surge precisamente del estándar de jazz de Davis) a la que pone letra Luis Pastor, Blue in green. “Esta versión nuestra viene de largo, venimos tocándola desde hace años, y el tema siempre nos ha sonado por soleá”, explica Garzón. “La letra se la pedimos a Luis Pastor y aunque le costó, cogió la métrica, entendió muy bien la idea, y le escribió una letra muy bonita”, añade Ojesto. “A la hora de cantarla, Israel la entendió como una soleá. Le hemos hecho cirugía musical, pero surgió de una manera muy natural”.

Además de Pastor, en este disco hay espacio para otro compositor habitual del flamenco: Juan Antonio Salazar, que firma temas como Bohemio (“una rumba que cantó Potito hace muchos años y a Miguel le apetecía cantar”, explica Garzón) y Los niños soldados. “Salazar es de los pocos compositores flamencos que hacen letras que por un lado son flamencas y por otro tienen actualidad”, explica Ojesto. “Es flamenco, pero hace canciones, cosa muy poco habitual. A nosotros nos encantó, nos identificamos con el espíritu musical, porque lo hacemos desde la alegría”.

Recopilado el material, lo de menos fue grabarlo. “Nosotros somos músicos de estudio y grabar es divertido. No es lo más complicado”, explica Garzón. “Lo más largo es darle forma a los temas y encontrar el camino del material”. “A nosotros nos gusta grabar en directo, todos juntos, no hacemos nada prefabricado sin errores”, añade Ojesto.

Y esa frescura de la grabación se reflejará, claro está, en los conciertos que tienen previstos para presentar el disco. En Madrid comenzarán esta noche, en el Café Central, donde estarán una semana completa. “Cuando tenemos un escenario grande nos gusta llevar un bailaor”, explica Ojesto, “que es Pol Vaquero, que no está en el grupo porque sólo viene cuando hay espacio para actuar”. Vaquero no estará en Madrid, pero les acompañará en otras fechas. “Él comunica muy bien nuestra música, porque la baila, no le acompañamos nosotros en el baile, sino al revés”.

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23 May 2011 - Enlace

Los recuerdos de Carmen Linares

Que la gran dama del cante publique disco siempre es una buena noticia para el flamenco. Que además, sea un directo, es aún mejor, porque no lo había hecho hasta ahora. Carmen Pacheco (Linares, 1951) ha decidido recordar sus 40 años de carrera con un resumen en concierto, un espectáculo presentado en el Teatro de la Maestranza de Sevilla el pasado mes de febrero.

El nuevo disco se llama Remembranzas, igual que un poema de Juan Ramón Jiménez que ella cantó, junto a Juan Carlos Romero, en su último trabajo discográfico, Raíces y alas y que ahora ha vuelto a grabar. Lo publica en su propia discográfica, Salobre, una casa que inauguró precisamente con Juan Ramón.

Este álbum, que se pone a la venta el jueves 26 de mayo, coincide con el Premio a toda una vida que acaba de recibir de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Música. La de Linares ha construido una carrera sólida, fundamentada en tres pilares que definió muy bien José Fernández Torres, Tomatito, en la entrega del premio: “Por reivindicar el papel de la mujer, por llevar el cante clásico junto con el moderno, por cantar a los grandes poetas, este merecido premio es para Carmen Linares”.

Como en el caso de Raíces y alas, Remembranzas sale a la calle con una edición muy cuidada, en un formato que, además de los cantes, incluye un amplio libreto con las letras y dos textos: uno, firmado por José Luis Ortiz Nuevo, que ejerce en el concierto de narrador y otro, la historia del concierto, firmada por los productores: Miguel Espín (marido de la cantaora), Miguel Espín Pacheco (hijo de Carmen Linares) y Pablo Martínez Samper, compañero de Espín Pacheco en la productora Cabofaro.

El recorrido por la carrera de Carmen Linares arranca en las canciones populares de Lorca y la Argentinita que ella grabó en 1993. “Fue un disco que me gustó muchísimo, porque me salí un poco de todos los trabajos que yo venía haciendo. Fue un poco rompedor en mi carrera, y además gustó al público mucho”, nos explica ella en entrevista. “Lo llevamos al terreno del flamenco, y lo actualizamos. Fue un trabajo que a mí me ha dado muchísimo prestigio”. De este trabajo están en este concierto el Romance Pascual de los Peregrinitos, que abre el disco y las Sevillanas de Lorca, que lo cierra.

(Carmen Linares en la presentación de su disco, en la sede de la Sgae. Foto: Efe)

También se acuerda en este trabajo de la Antología de la mujer en el cante (1996), una recopilación de cantes de mujer que nadie nunca antes había grabado y en la que se hizo acompañar de las mejores guitarras del flamenco. “Siempre digo que hay un ante y un después de la Antología, ha sido un trabajo muy importante para mí”, explica ella. Para este disco elige una Seguiriya y las Cantiñas, en las que además, aparece el primer invitado especial: el baile de Javier Barón. “Su baile por alegrías y su baile por soleá son sus bailes por excelencia, sobre todo las alegrías. Así que se lo puse fácil: Javier tu baile son las alegrías, baila el tiempo que tú quieras, que yo canto. También cantaron dos palmeras que venían conmigo: Ana María (González) y Rosario (Amador), porque cantan muy bien y también porque hay que dar sitio a la gente joven.

Además de Barón, este concierto tuvo un invitado muy especial, un cantaor que además de admirarle, es un buen amigo: Miguel Poveda, que se unió en La luz que a mí me alumbraba (Canto de los desengaños, una composición de Juan Carlos Romero con letra de Ortiz Nuevo) y el Canto de la resignación, que Linares grabó en el disco Un ramito de locura y que a Poveda le gustó tanto cuando la escuchó que decidió incluirla en su disco Tierra de calma.

El disco continúa con un repaso a los grandes poetas a los que Carmen ha dado voz: Juan Ramón Jiménez (en su disco Raíces y alas), Federico García Lorca (en su espectáculo, junto a la coreógrafa Blanca Li, sobre Poeta en Nueva York) y Miguel Hernández (en su montaje más reciente, Oasis abierto). ¿Por qué cantar a los poetas? “Después del disco que Enrique Morente le hizo a Miguel Hernández vimos que ahí había un camino que no estaba explorado y que era fantástico”, explica la cantaora. “Tener esos grandes poetas, tenerlos ahí y no utilizarlos, no cantarlos y no darlos a conocer, para mí es un lujo hacerlo”.

Del espectáculo sobre Poeta en Nueva York elige además la cantaora uno muy especial, que dedica a su compadre Morente, por granaínas, Asesinados por el cielo. “Enrique tiene una forma muy especial de hacer ese cante, y yo le quería recordar así. Cuando lo monté para el estreno, en Granada, Enrique estaba con nosotros y luego dije: este poema tiene que ser para Enrique, porque hay mucho de él ahí”.

Morente fue una de las personas que sobrevoló Sevilla la noche del concierto. Un lugar muy especial para el flamenco, sin ninguna duda, en el que Carmen Linares tardó en entrar: “Yo llevaba ya tiempo cantando, pero no sé por qué, Sevilla no era una ciudad donde me llamaran para cosas importantes. Pero hubo una Bienal que me pilló muy bien, porque estas cosas, el flamenco es una cosa muy visceral, muy emotiva, que se tienen que dar muchas cosas para que tú consigas transmitir y llegarle al público. A partir de ahí, de esa Bienal, entré en Sevilla por la puerta grande, y tenemos un matrimonio, un noviazgo, no sé qué, que a mí me quieren mucho en Sevilla y a mí me encanta esa ciudad”.

Escucha las Sevillanas de Lorca y el Canto de la resignación, incluidos en el disco de Carmen Linares Remembranzas.

¿Quieres conocer los gustos musicales de Carmen Linares? Consulta sus respuestas en nuestro Audiomatón.

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Escrito por acastellano

27 Abr 2011 - Enlace

La guitarra después de Ketama

José Miguel Carmona (Madrid, 1971) estrenó ayer su primer disco en solitario, Las pequeñas cosas, publicado por Universal. El hijo del guitarrista Pepe Habichuela y la bailaora Amparo Bengala, que se hizo famoso por formar parte, junto a sus primos Antonio y Juan Carmona, del grupo Ketama, ha querido reunir en este disco sus composiciones, de ahí el título del trabajo, retazos de música que aquí interpreta junto a algunos amigos, la mayoría ajenos al flamenco.

Es un disco pop, cuidado, bien producido, de sonido limpio, sin grandes estridencias, con aires flamencos y protagonismo de las melodías. Contiene música instrumental, sazonado con varios estilos, en el que predomina el flamenco. Es un álbum amable, suave, de melodías agradables al oído. Carmona sigue, con este trabajo, la senda que ha seguido siempre: la del pop aflamencado o el flamenco pop. Y esto, a pesar de que en el disco le acompaña el maestro de todos los maestros: la guitarra de Paco de Lucía, que interpreta con él un tema por bulerías, Dos puñales, por voluntad propia, según cuenta Carmona en algunas entrevistas, y no por el llamado del artista.

"Josemi es de los guitarristas que no tocan muchas notas pero con un sentido, un aire y una sensibilidad, unas armonías., que te agarran. No sé definir la música, yo la siento y me sale un ole…" Es lo que dice sobre Josemi Carmona el maestro de Algeciras, en el vídeo sobre la grabación del disco. Es cierto. La sensibilidad a la que alude el guitarrista está en este trabajo, las armonías que definen a Carmona, también. Pero se echa de menos una mayor variedad, una ruptura, un grito, un poco de fiesta. Carmona ha querido añadir dos temas poco habituales en un disco de guitarra: una versión de un fragmento de la ópera Tosca, de Puccini, aflamencada, por supuesto, y otra de la banda sonora de la película Gran Torino, dirigida por Clint Eastwood.

Además de Paco de Lucía, en este disco acompañan a Josemi voces como las de Jorge Drexler, con quien trabajó en el último disco del uruguayo, o la del onubense Manuel Carrasco (en el tema Cuenta conmigo). Con el primero, roza la bossa nova en Un par de días antes de ti. Además, ha grabado Dave Holland, un contrabajista jazz con el que Pepe Habichuela, el padre de Carmona, grabó un disco que produjo este guitarrista. Holland aparece en Pasando por Huelva, el único tema (unos fandangos) que mantiene la estructura real, melódica y rítmica, de un palo flamenco.

Álex Cuba, compositor habitual de la cantante pop Nelly Furtado (en Ni contigo ni sin ti) y Oxmo Puccino y Bugge Wesseltoft (en De viaje) completan la lista de colaboraciones, aunque además, están los que componen la banda: Quiqui Ferrer, Borja Barrueta, Alain Perez, Antonio Ramos Maca, Martín Leiton, Adrian Schinoff, Alfonso Pérez, Israel Suárez Piraña, Luis Dulzaides, Juanito Carmona, Chaboli, Julio César Fernandez, Chika Izumi, Sergio Fernández Ruz, Eduardo del Río Robles, Bandolero, Sandra Carrasco y Antonio Montoya.

Josemi Carmona es conocido por su participación en Ketama, pero lo que no tanta gente sabe es que antes de formar parte de este grupo fundó, junto a Juan José Suárez, Paquete (hijo del cantaor Ramón el Portugués), Enrique Heredia, el Negri y Pepe Luis Carmona, hijo de Luis Habichuela, el grupo La Barbería del Sur, que después de su partida tuvo una cierta repercusión. A Ketama se unió, en 1990, tras la marcha del grupo de José Soto Sorderita y Ray Heredia, que iniciaron carrera en solitario.

Tras la disolución de Ketama, publicó junto a Carles Benavent el disco Sumando (2006), publicado por Nuevos Medios y se ha dedicado, sobre todo, a la producción y composición, trabajando con artistas como el guitarrista Pepe Habichuela (su padre), Niña Pastori, Jorge Drexler, o el reciente homenaje a Manzanita (el disco Con piel de Manzana).

Y ahora, además de trabajar en la promoción de este disco, que presentará en vivo primero en Barcelona (30 de abril, sala Luz de Gas) y después en Madrid (30 de mayo, Teatro Haagen Dags Calderón), colabora en el próximo trabajo de Estrella Morente, un disco que la cantaora estaba grabando con la producción de su padre y que quedó interrumpida por la inesperada muerte del gran maestro. “Nos hemos juntado mis primos y yo, los Ketama, para hacer unas cositas con ella. Vamos a hacer un tema que no quiero desvelar y unos tangos”, explica en una entrevista reciente publicada por la web Deflamenco.

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25 Mar 2011 - Enlace

Los sueños de José Anillo

José Anillo (Cádiz, 1978) es, como tantos otros, un cantaor joven curtido en el cante para el baile. Hace tiempo que quería dar el salto adelante, que su cante fuese el protagonista, y ese sueño lo ha plasmado en un disco, el primero, Los balcones de mi sueño. “El disco es una carta de presentación, ahora todo el mundo puede conocerme”, comenta él con una sonrisa en una amena charla que tiene lugar en Madrid.

Diez cantes, cinco guitarras (las de Juan Requena, Rafael Rodríguez, Alfredo Lagos, José Luis Montón y Paco Cruz), siete palos (bulerías, soleá apolá, tientos, tangos, malagueñas, alegrías y fandangos) y dos versiones. Un disco que mira a Cádiz (por alegrías, por malagueñas del Mellizo, por tientos y con un homenaje a Juan Villar) pero se deja querer por la amplitud y profundidad que ofrece el flamenco. “El título es una metáfora del puente Carranza, yo llevo desde los 17 años viviendo fuera de Cádiz, y cada vez que llego y paso por el puente siento como si me asomara al balcón de mis sueños, porque ese sería mi sueño, vivir en Cádiz...” ¿Un título de añoranza? Un poco más que eso: “También es refiere a todo lo que yo he grabado en el disco, es como si me asomara a ver toda mi historia como cantaor”. José tiene una voz llena de sonoridad, un metal templado que raspa el corazón cuando rompe en su cante. Una voz modulada, a la que, seguro, le queda mucho por evolucionar y aprender, pero que parte del conocimiento y el sabor.

Pero a mí, lo que más me impresiona de este cantaor es su energía, sus ganas de desarrollar su carrera, su valentía y seguridad en sí mismo. Este disco es la prueba, un trabajo en el que él ha trabajado como productor y que ha editado y publicado gracias a su tenacidad, prácticamente sin apoyos, y en cuya promoción también le va la vida. “Como no te tires a la piscina no te mojas, y como no te arriesgues y no apuestes por ti mismo no va a apostar nadie”, justifica él. “Y como tú vas a valorar lo tuyo no lo va a valorar nadie”. Además agrega, “hoy me alegro, la verdad, porque mi trabajo es mío y no me lo va a ningunear nadie”.

Este trabajo de sus sueños está dedicado a Enrique Morente, uno de los que sí quiso ayudarle con este disco y que no pudo hacerlo antes de dejarnos huérfanos de su arte. “En los dos últimos meses de vida de Enrique yo ya tenía el disco grabado y masterizado y ya no tenía ni un duro”, cuenta Anillo. “Y yo iba a las casas discográficas, porque yo no podía editarlo, a intentar a que alguien me lo sacara. Y un día llamé a Enrique y se lo conté. Ya había hablado yo antes con otras personas del flamenco reconocidas y no me echaron ni puñetera cuenta, pero Enrique, cuando le llamé me dijo: Como amigo, aficionado y veterano de esto, tengo la obligación de ayudarte”. Y habló, por él, con todos sus conocidos. “Hablé con él durante dos meses a diario. Él me había dicho que me iba a hacer el prólogo… Pero creo que la lucecita la dejó ahí, porque están pasando cosas muy singulares”.

Los balcones de mi sueño arrancó hace diez años, como una idea, una maqueta, un título y un sueño, pero comenzó a materializarse hace algo más de un año. La mayor parte de las letras son del cantaor, así que desde el principio sabía qué cantes quería grabar. Pero en el proceso, me cuenta, también hubo espacio para la sorpresa. “Los fandangos camperos de Juanito Varea [ Consuelo la granaína], los escuché en un disco que me compré en el Rastro y me dejaron enamorados”, así que se lanzó a grabarlos. Pero historia curiosa pertenece a los tientos. “Les pusimos de título Cambio de planes porque son unos tientos recuperados”, explica el cantaor. Los iba a grabar su hermana, Encarna Anillo, en su disco Barcas de plata, pero se perdieron en el camino cuando la producción pasó a manos de José. “Tampoco podíamos grabarlos otra vez porque teníamos mucho trabajo, así que los he recuperado yo para grabarlos en mi disco”.

Las dos versiones son lo menos flamenco del disco, pero las dos tienen una historia muy especial. “La Canción de las simples cosas es un regalo, porque es un tema que a mi novia le gusta de siempre, es su preferido. Así que es mi regalito para ella”, explica el cantaor. ¿Y Soñar contigo, de Tony Zenet? “Es que me encantó cuando la escuché”, explica Anillo. “Le escribí a su myspace y le dije que quería grabar el tema, así por las buenas: Hola, soy cantaor, me encanta tu canción y quiero hacer una versión. Y me contestó su productor, Juan Ibáñez, de la Warner, que habían estado escuchando el Myspace, donde yo tenía algunas cosas y que les había gustado. Total, que les dije que quería conocer a Tony personalmente, para darle las gracias, lo vi aquí en Madrid y resulta que el percusionista se llevó dos años trabajando con mi hermana…”.

Esa hermana, Encarna Anillo, tiene mucha presencia en la vida y en el disco de José. Hace algunas voces, y es autora de algunas de las letras. “Sería de muy tonto no tenerla en el disco, cantando como canta”, afirma rotundo. “Además que yo empecé en el mundo discográfico y en el cante por ella. Yo cantaba en mi casa y no me escuchaba ni mi padre, porque a mí me daba mucha vergüenza cantar. Y ella empezó bailando con cinco años y cada vez que iba a una academia… A mi hermana se la rifaban en las academias de baile. Ella no quería que le cantara nadie más que yo. Y después ella empezó a cantar porque me imitaba”.

Y sin embargo, ella grabó su disco antes que él, pero él lo produjo y le acompañó en Carta de una salvaora, un homenaje a la Salvaora de Manolo Caracol. “Esa experiencia, junto con la de mi disco y ser padre, ha sido una de las responsabilidades más grandes que he tenido, porque era encargarme de la carrera de una artista como mi hermana”.

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Escrito por acastellano

18 Mar 2011 - Enlace

Homenaje a Manzanita

Es un homenaje en forma de disco, de nombre Con piel de manzana, y se publica el 3 de mayo (el 15 de abril estará disponible en iTunes). Son las canciones de José Ortega Heredia, más conocido como Manzanita (1956 – 2004), aquellas que tanto se han repetido como el Verde o Ramito de violetas, ahora interpretadas por músicos flamencos (Diego Amador, Duquende, Parrita, Guadiana o Montse Cortés) y otros no tanto (David de María, Rosana...) Todos coordinados y dirigidos por el hijo del artista y promotor de este homenaje, José Ortega Soto.

Es cierto que la música que hizo Manzanita no era flamenca, sino canción aflamencada, con mucha presencia de rumba, pero es imposible desvincular su nombre del flamenco, tanto por procedencia genética (era sobrino de Manolo Caracol y tanto su padre como su madre se dedicaron al flamenco), como por origen y ambiente en el que vivió. No en vano, empezó en la música siendo un niño como guitarrista flamenco. Debutó en Madrid, en el tablao Zambra y actuó también en Los Canasteros (propiedad de su tío Caracol), Torres Bermejas y Café de Chinitas. En aquel tiempo acompañó el cante de, entre otros, Enrique Morente. Y con 18 años, formó parte de Los Chorbos, el grupo precursor de lo que se dio en llamar el sonido Caño Roto (por el barrio madrileño en el que vivían), y del que también formaron parte otros grupos como Los Chichos, Las Grecas, y mucho después, Los Chunguitos.

Es curioso tirar de hemeroteca ahora y descubrir auténticas joyas periodísticas sobre este artista que se publicaron en su día. Como la entrevista publicada por Maruja Torres en 1983, con motivo de la publicación de su cuarto disco como Manzanita (pincha para ver el artículo completo):

A los nueve años empezó a escuchar rock y a fumar canutos al mismo tiempo, y por eso se hizo cantante -que era su forma de hacerse hombre- muy deprisa, a, la manera gitana. Nacido en Madrid, aunque de padres andaluces, crecido en Málaga hasta los cinco o seis años, sobrino de Manolo Caracol, no es, sin embargo, un ortodoxo del cante, y sí un defensor a ultranza de su propia peculiaridad. A esa edad del inicio en los canutos, acudía a los recitales de rock y trabajaba en los tablaos.

De Enrique Morente, a quien acompañó luego a la guitarra, como a otros, tomó las aficiones literarias, aunque en esto de la poesía se queda muchísimo con Bécquer, que le encabrita la cuerda romántica. "Creo que muchos de mis pensamientos ya los tuvo él antes que yo".

Tras su paso por los Chorbos, pronto inició carrera en solitario y desde su primer disco tuvo mucho éxito con sus composiciones, temas que forman parte de la memoria musical popular española. Es imposible haber crecido en este país y no reconocer los estribillos del Verde o el Ramito de violetas.

Lo que también se redescubre cuando se tira de hemeroteca es el contraste tan brutal entre las letras que componía y cantaba, la sensibilidad que derrochaba hacia las mujeres en sus letras, y sus propios pensamientos sobre su mujer y el matrimonio. En este mismo artículo citado anteriormente de Maruja Torres, la periodista relata:

Y, hablando de su vida, es uno de los pocos machistas que tienen el valor de confesarlo, lo cual no es poco. Salvajemente machista, diría una: "Que a mí no me gusta que mi mujer haga las cosas que me gusta que hagan las otras. La mujer en la cocina, fregando, y yo tomándome el café". Dice, asimismo, que los gitanos ya no están marginados, sino que se automarginan, y en eso se le ve la oreja del desclasado, del que ha conseguido emerger del subterráneo ganándose el favor de los payos y echa un tupido velo sobre la realidad que todavía yace debajo. Es, Manzanita, una manzanita sin veneno en el cesto de la raza blanca.

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18 Feb 2011 - Enlace

Diego del Morao se estrena de la mano del Cigala

Orate: (coloq.) Persona de poco juicio, moderación y prudencia. Así lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Pero Orate es también una bulería rápida, en la que suena una guitarra rítmica y limpia, dentro de los cánones de lo que uno espera escuchar cuando está en Jerez. La interpreta Diego del Morao (Diego Moreno Jiménez, Jerez, 1979), y abre el disco del mismo nombre, el primer trabajo discográfico del hijo de Moraíto, confirmado desde hace algunos años como continuador de la saga de toque jerezano. En esta primera bulería le acompaña la voz gitana del cantaor Diego el Cigala, padrino artístico en esta experiencia a través del sello Cigala Music (y auspiciado por Warner). El disco fue presentado a finales de 2010.

En este trabajo tan personal pero a la vez tan cercano a la fuente, domina el compás en el toque, como buen jerezano, y se muestra la escuela a la que pertenece este guitarrista, la de la técnica al servicio del arte y del cante. Lo demuestra en este disco, que ha hecho como él ha querido, con la libertad que da trabajar en el sello de otro músico. Como reseña Manolo Sanlúcar en el libreto que acompaña el CD, “Diego suena espontáneo, no hay afectación ni presunciones”. Su sonido es directo, auténtico.

El palo jerezano por excelencia, la bulería, tiene mucha presencia en este trabajo. Hay cuatro versiones diferentes por este palo (Orate, ¿Y ahora qué?, El regalo y Juan & Co.). Y en cada una de ellas, un muestrario de todo lo que puede ofrecer este palo, elige un compañero diferente, que le aporta una personalidad distinta: Diego el Cigala en la primera, otro Diego, Carrasco, en la segunda, Paco de Lucía, en la tercera y su padre, Moraíto, en la que cierra el disco al más puro estilo de la fiesta de Jerez. La presencia de la bulería es una suerte de reivindicación de una tierra y de una manera de entender el flamenco de la que Diego del Morao es heredero y continuador.

No sólo en las bulerías, sino en todo el disco, la presencia de músicos invitados es una suerte de hilado que conecta a Diego con su carrera: con todos ellos ha trabajado anteriormente. Y como no podía ser de otra manera, su aportación es fundamental para vestir una obra muy personal. Además de los compañeros de las bulerías, también incluye Diego unos tangos en los que aparecen la voz de la Niña Pastori y la percusión de su marido, Chaboli, que también toca por bulerías (en El regalo) y por rondeña (La mahora), que es, por otro lado, el único palo de estilo libre que Diego del Morao ha querido incluir en el disco. En la rumba (Drunjí), la única concesión al flamenco menos sujeto a la tradición del disco, suena el piano de Jumitus, la mandela de Paquete, la percusión de Piraña (que repite en el siguiente corte) y el contrabajo de Yelsi Heredia.

Es por tanto este disco, a la vez, una carta de presentación y un reflejo de su joven, pero sólida, carrera como guitarrista. Una demostración de que ser tradicional no quiere decir repetirse y que desde esa misma tradición se pueden incorporar propuestas heterodoxas sin dejar el camino trazado.

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21 Ene 2011 - Enlace

Terremoto, una obra póstuma muy personal

Fernando Terremoto, (Jerez, 1969 - 2010), hijo de Terremoto de Jerez, primero guitarrista y después cantaor, falleció el año pasado. Antes de hacerlo, dejó grabado un disco que se editó justo antes de finalizar 2010 gracias al empuje y la ilusión de sus compañeros de Anegro, y el trabajo de los músicos que han grabado junto a él y a la producción de Gecko Turner, un músico ajeno al flamenco con el que quiso contar Terremoto para darle un aire diferente a este trabajo. Publicado por Bujío, el disco, de mismo nombre que el cantaor, es un broche final en la cumbre sin tener pretensiones de serlo, ya que la idea del cantaor era abrir así una nueva etapa en su carrera.

Nacido y crecido en el Jerez más flamenco y huérfano de padre desde los 12 años, Terremoto quiso primero ser guitarrista, pero más tarde se decidió por el cante. Por esto debutó a una edad tardía, para la costumbre: con 20 años, junto a Moraíto. Participó en el Concurso Nacional de Córdoba en 1998 y se llevó tres premios (por seguiriyas y martinetes; soleá por bulerías y bulerías; y malagueñas y tarantos), todos los estilos que dominaba como cantaor.

Grabó tres discos en los 90: La herencia de la sangre (1989), Cantes de la campiña, bahía y sierra (1990) y Cosa natural (1997). Pero con los años, y gracias al contacto con otros artistas, Fernando Terremoto comenzó a entender el flamenco de otra manera. Sin abandonar nunca la ortodoxia, se dejó contaminar por propuestas como la del bailaor Israel Galván, con quien trabajaba desde 2005, en su espectáculo La edad de oro. Terremoto admiraba su valentía: aunque fuese muy criticado en sus inicios, Galván, para él, tenía una idea clara de lo que quería hacer y siempre siguió adelante con ella.

El cantaor quería que este cuarto trabajo fuese, precisamente, el que relanzase su carrera, el que le abriese nuevas puertas, con otros aires, partiendo desde la ortodoxia de la que había bebido. Lo inició en 2008, con la intención de publicarlo a principios de 2009, pero una grave enfermedad le impidió hacerlo. Ese mismo año, 209, tras su recuperación, retomó el proyecto, pero de nuevo se vería paralizado por la vuelta de la enfermedad, que le provocó la muerte en febrero de 2010.

Así que el disco es una suerte de testamento, y el resultado está a la altura de las circunstancias. La primera parte es Terremoto en estado puro. Cantes cuidados, la voz expuesta al extremo, una auténtica cátedra de lo mejor de un cantaor que bebe de las fuentes más tradicionales del flamenco jerezano, acompañado, además, por guitarras de su tierra (las de Manuel Parrilla, Alfredo Lagos y Diego del Morao, entre otros). Soleá por bulerías, liviana y serrana y una malagueña en la que el efecto de voz le hace sonar aún más añeja, sabiduría de siglos en su voz.

La transición la marca una canción por bulerías de José Quevedo, Bolita, que además pone la guitarra. Y a partir de aquí, el inconfundible estilo jerezano del cantaor se mezcla con las aportaciones de Gecko Turner, muy acostumbrado a trabajar con músicas africanas. Terremoto quería, en este trabajo, ir un poco más allá del cante tradicional y para eso, en la toná que sigue (Cayo negro), sus sonidos negros se hacen acompañar por las voces blancas de Piruchi Apo, una de las dos componentes de Las Hijas del Sol. También está en este bloque una versión por bulerías del tango de Gardel Cambalache y un fandango vals, para en seguida volver a los cantes jerezanos con la seguiriya y la fiesta por bulería, en la que destaca la maestría del toque de Moraíto. Una bulería más y una versión de la Canastera de Paco de Lucía y Camarón cierran el disco.

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Si eres curioso, simpatizante o aficionado al inabarcable mundo del flamenco, asómate en este blog a lo que se cuece por sus caminos de la mano de la periodista de EL PAÍS Ángeles Castellano.
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