Escrito por acastellano
11 Ago 2011 - Enlace
Moraíto Chico, el toque que buscaban los cantaores
Ayer por la mañana falleció un gran guitarrista jerezano. Os dejo el obituario que publicamos hoy en El País. Descanse en paz.

Cuando el cante flamenco quería sonar a Jerez, buscaba su guitarra, la de Manuel Moreno Junquera, Moraíto Chico (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1956). El soniquete jerezano, esa peculiar manera de entender el compás, de marcarlo y jugar perdiéndose en él, no tenía mejor representante en su generación. Su guitarra siempre estaba para escuchar el cante, contestarlo y mecerlo con ese compás propio de su tierra. Había actuado con casi todos los cantaores de su época, pero será recordado por las casi dos décadas de trabajo junto a otro jerezano, José Mercé.
No le interesaba pasar a la historia ni crear un nuevo sonido en la guitarra flamenca, pero a lo largo de su carrera logró que su manera de tocar, siguiendo la más estricta tradición de su ciudad natal, también sonase profundamente personal. Recogió la herencia familiar, la que le dieron su padre, Juan Morao, y antes su tío, Manuel Morao. Pero también bebió de otras fuentes, como Parrilla de Jerez o Paco Cepero, a las que añadió nuevas melodías de factoría propia, nuevos picados o falsetas con un punto de picardía, la que lleva dentro la bulería, entendida a la manera en la que se vive en su barrio, el de Santiago, una de las cunas del flamenco.
Debutó profesionalmente al lado de La Paquera, porque el acompañante habitual de la cantaora, Parrilla de Jerez, curiosamente uno de sus referentes, estaba enfermo. Pero antes, y desde los 11 años, había participado en los Jueves Flamencos que organizaba su tío. Y nunca más soltó la guitarra.
Su fuerte era el repertorio jerezano: bulería, soleá, seguiriya, malagueñas del Mellizo, tientos, fandangos y cantiñas. Pero sin duda será recordado siempre como el eterno escudero del cantaor José Mercé. Con él ha compartido giras por todo el mundo y numerosas grabaciones, incluida la del último disco del cantaor, Ruido, publicado en 2010.
Era muy admirado por su saber acompañando al cante, por lo que le buscaban todos los cantaores, los de su tierra y los de fuera. Los rasgos que definían su carácter marcaban quizás también esa personalidad artística que atraía a sus colegas como un imán. Moraíto era humilde, y su guitarra siempre ocupaba el lugar que le corresponde, junto al cantaor, dándole réplica y envoltorio, pero nunca buscando el protagonismo. Era un artista generoso con sus compañeros de escenario, que gracias a su toque brillaban aún más. También era un tipo simpático, un tanto guasón, realmente conocedor del significado de la bulería. Tanto así, que casi la defendía tan bien bailando, derrochando arte y compás, como con la guitarra, siempre buscado en el fin de fiesta para demostrarlo. Nunca necesitó alardear de conocimientos técnicos, ni le gustaba tocar con rabia (como siempre ha dicho el maestro Paco de Lucía que tocaba en su juventud), ni exhibirse con una gran velocidad en su toque. Lo suyo era otra cosa.
Fue quizás esa poca necesidad de protagonismo la que hizo que Moraíto no haya desarrollado una carrera más prolífica como concertista. Aunque ha participado en numerosas grabaciones de diferentes cantaores, solo ha dejado dos discos como solista: Morao y oro (1992) y Morao, morao (grabado en 1999 y reeditado por Nuevos Medios en 2005).
Y paradójicamente, ha sido una actuación como solista la última que hizo. El guitarrista se despedía de los escenarios, sin saberlo, el pasado mes de enero, en el Festival de Flamenco de Nimes (Francia). En España, sus trabajos postreros fueron para la televisión, en el programa que emitía Canal Sur, El sol, la sal, el son, producido por el periodista Jesús Quintero. También sus dos actuaciones en la Bienal de Flamenco de Sevilla, en septiembre de 2010.
(FOTO: GARCÍA CORDERO)








“No quería montar una obra en torno a un título”, me explica Carbonell en una interesante charla que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Decidí titular con dos colores por lo que representan para el flamenco: el rojo es la pasión, el compromiso, la verdad artística. El rosa es más lírico, más amoroso”.
Apareció solo en el escenario y tras una presentación con un tema de su último trabajo discográfico, 
Orate: (coloq.) Persona de poco juicio, moderación y prudencia. Así lo define el diccionario de la
El 
+++Discos publicados:
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Su toque limpio, preciso, respetuoso del compás y del silencio vuelve en un trabajo que apuntala un estilo ya definido, una manera de decir el flamenco que busca la melodía limpia que no se repite, que transita por su guitarra de tal manera que cada nota es imprescindible. En esta ocasión se hace acompañar por las voces de José Valencia, José Mercé, la Susi y Mamá Carmen para acometer un repertorio muy completo con dos bulerías, una canción a ritmo de soleá (que interpreta Mercé), una seguiriya, una deliciosa y delicada nana y una rondeña.
Se acerca el estreno de
Cuerdas del alma, publicado por Sony Music y disponible en las tiendas desde el pasado 14 de septiembre, es un disco sencillo, en el que Cañizares quiere echar la vista atrás y recuperar el flamenco más directo, siempre desde su personal visión. Esa que suena a notas limpias, afinadas, reposadas, de una complejidad técnica que no se traduce en una escucha complicada, sino en todo lo contrario. Es un disco sin cante: la protagonista absoluta es la guitarra de Cañizares, que en algunos de los cortes aparece acompañada por la de 