Por Bloguerías

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Escrito por acastellano

07 Abr 2011 - Enlace

Molina & Montoya en Madrid

En estos días, Manuel Molina se ha dejado ver por Madrid. El guitarrista y artista flamenco, que en los 70 alcanzó un gran éxito junto a su entonces mujer, Lole Montoya (Lole y Manuel), no se deja ver mucho por los escenarios de la capital. Recientemente, sin embargo, ha venido dos veces: una para actuar en el tablao Casa Patas y ahora, con espectáculo propio, en el Teatro Calderón (y Haagen Dags).

Me intrigó ver, hace algunas semanas, los carteles que anunciaban su actuación. Salía en la imagen sentado, como patriarca, rodeado de tres mujeres, digamos, de su familia. Una de ellas lo es de sangre, su hija Alba Molina, las otras dos lo fueron por matrimonio, sus excuñadas Angelita y Carmelilla Montoya. El título de la obra fue lo que más me llamó la atención: Justicia paya, anunciado como una obra de Teatro flamenco.

Con curiosidad, acudí anoche al teatro para ver de qué se trataba. No era el estreno, que tuvo lugar el pasado 30 de marzo, pero la obra se mantiene en cartel hasta el próximo domingo. La curiosidad quedó resuelta, la intriga no tanto. Creo que aún no tengo una valoración clara de lo que ocurrió sobre las tablas. Pero como eso no es lo que interesa, mejor cuento lo que tuvo lugar en el escenario.

La obra mezcla la actuación teatral con el flamenco, y se ambienta en un tablao de nombre Nuevo día (como aquella canción de Lole y Manuel). La historia es un poco forzada, sobre todo por su resolución. En principio, se presenta un personaje (interpretado por Ricardo Barbastro) abatido, un tanto oscuro, abrazado a una urna con las cenizas de su amada, papel que interpreta Alba Molina, un personaje ambiguo que no se sabe si es sueño o realidad. Barbastro pena por la muerte de su mujer, una década después, según se explica, pero quiere organizarle un homenaje: una fiesta flamenca. Y ahí es donde entra el tablao y las hermanas Montoya: Carmelilla al baile y Angelita al cante, acompañadas ambas por otro cantaor, Juañares, las guitarras de José Acedo y Antonio Moreno y la percusión de Paco Vega.

Hasta ahí, todo bien. La propuesta escénica está bien resuelta, el espacio se utiliza con mucha agilidad, la interacción entre el texto y la música es correcta. Y aunque es cierto que los soliloquios del personaje, apesadumbrado, rompen un tanto el clima flamenco, la interpretación, de todos, está bien ejecutada. Por tientos, seguirillas, fandangos, rondeña y tangos, Angelita templa su voz, un metal que suena dulce y meloso primero y se crece y se agitana en los tonos altos, una voz que resuelve bien los cantes, que va directa al grano sin entretenerse en floreos, y que, aunque sin excesivos matices, va directa al sentimiento.

Le acompaña al baile su hermana Carmelilla Montoya (Sevilla 1962) que le puso pasión e intención, y que estuvo especialmente acertada en la soleá. No es Carmelilla una bailaora de muchos recursos, de una técnica desbordante, pero con los conocimientos que atesora y el sentimiento que le añade, resuelve con creces. En lo que no estuvo tan afortunada fue en la elección del vestuario, ni ella ni el resto del elenco femenino, que ni les favorecía ni colaboraba en la labor sobre el escenario, especialmente en el caso de la bailaora, que quiso toda la noche usar ese recurso en su baile, el manejo de la falda, y los diferentes vestidos elegidos no se lo permitieron, o al menos ni lució ni aportó nada.

El primer momento de ruptura e intriga llegó con la aparición de Alba Molina. Su papel es confuso, aunque eso le añade, si cabe, romanticismo y misterio a la obra, pero su falta de recursos flamencos rompió completamente el clima. Es una lástima, porque le sobra belleza y tiene una voz, heredada de su madre, llena de sentimiento y con muchas posibilidades. Pero le falta gracia, poder de transmisión, es fría sobre las tablas, y definitivamente le faltan conocimientos. Ni sabe cantar ni sabe bailar (flamenco). Ni en la pataíta final despertó un olé. Se lució, eso sí, interpretando su última canción estrella, que tampoco venía al caso en la obra, y parecía metida con calzador para el lucimiento de la joven: la versión del Can’t take my eyes off you (No puedo quitar mis ojos de ti), escrita por Bob Crewe and Bob Gaudio en 1967 y que ha sido utilizada (en la versión de Alba Molina) en la campaña de promoción turística de Andalucía que ha promovido el Gobierno regional.

Con la aparición de Juañares (Juan Carrasco Soto) la emoción fue en ascenso. Este cantaor de Jerez, cuyos apellidos ya indican su relación con el cante, tiene una voz redonda, sonora, y afinada, una interpretación que se complementó de forma muy acertada con la de Angelita Montoya, dando rienda suelta a la creatividad bailaora de Carmelilla especialmente en la soleá, pero también por carcelera y fandango.

Manuel Molina no apareció hasta prácticamente el final de la obra, y con él, se resolvió parte del misterio: el motivo de la muerte de la amada de aquel actor que había aparecido al principio. Una lástima, porque tanto detalle no añade demasiado a la historia, más allá de ser un alegato contra los males de nuestro tiempo y dar sentido al título de la obra, pero dejó completamente descolocado el flamenco desarrollado en medio. Él hizo lo que mejor sabe hacer, su peculiar canción por bulería, con letras dedicadas al amor y esa interpretación tan sentida que le caracteriza. Y con él, también, se llegó al cierre, en un baile por alegrías primero de alta intensidad, y por bulerías, después, como fin de fiesta, en la que sólo faltó que bailara el hombre triste y abatido que abrió la obra.

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Escrito por acastellano

02 Feb 2009 - Enlace

Farruquito saca 'Puro' de gira

El estreno fue en Palma de Mallorca el pasado mes de julio. Farruquito no había pisado un escenario desde que entró en la cárcel para cumplir la sentencia que le fue impuesta por el atropello mortal de una persona en Sevilla y la expectación fue mucha. Después lo presentó en Jerez, pero la puesta de largo del espectáculo, Puro, fue en su ciudad natal, Sevilla, coincidiendo con la Bienal de Flamenco. Desde entonces ha llevado este espectáculo, en el que su baile es el único protagonista, en un par de ciudades más. Ahora planea llevarlo al extranjero.

Lo anunció hace unos días en una entrevista publicada en un diario local, Diario de Sevilla. "La llevamos primero fuera por necesidad. Porque en España, hasta que vemos las cosas desde lejos no nos damos cuenta de que aquí se pueden hacer también", justifica el bailaor el motivo de comenzar a girar Puro en el extranjero. Todavía no están cerradas todas las fechas, pero, si el juez de Vigilancia Penitenciaria se lo permite, actuará en Inglaterra, EE UU, Sudamérica y Europa.

Puro es un espectáculo a la medida de Farruquito, hecho para el lucimiento de las dotes que tiene para el flamenco. Contó en Sevilla con un colaborador de lujo, Manuel Molina, pero el elenco de artistas que acompañan al bailaor en el escenario tan sólo arranca ahí. Son siete cantaores: Juan José Amador, Antonio Zúñiga, Pedro el Granaíno, La Tana, María Vizárraga y Encarna Anillo. Además, tres guitarristas (Antonio Rey, Juan Requena y Román Vicenti), un violín (en Sevilla fue Bernardo Parrilla) y un piano (Pablo Rubén Maldonado). Es un cuadro amplio. Ese es el motivo, dice Farruquito, de querer una gira corta, con pocos lugares muy escogidos.

Durante la Bienal, Farruquito anunció que durante los ensayos de Puro se estaba grabando un documental. Esto fue en septiembre y sobre este proyecto nada se sabe a estas alturas, así que es fácil pensar que el bailaor prefiere guardarlo, no hacerlo público antes de haber puesto Puro sobre el escenario en el mayor número de lugares posibles, para poder sorprender con su arte en directo a un público más amplio.

Y mientras se ultiman los detalles de la gira, Farruquito ha vuelto a sus clases de baile en la academia de baile que la familia de los Farrucos tiene en Triana. El local está en obras, así que de momento sus clases en la academia Rosa María Correa, en el barrio de La Macarena.

También prepara un disco. Farruquito siempre explica que allá donde va escribe sus pensamientos. Escribe para él mismo, pero también para otros. Las letras que se escuchan durante el espectáculo Puro son suyas. También ha hecho letras para una de las cantaoras que forman parte de este montaje, Encarna Anillo, letras que aparecen cantadas por ella en su primer trabajo, Barcas de plata. Ahora, muchas de estas letras que escribe el bailaor serán recogidas en un disco, avanza él mismo, "interpretado por diferentes artistas".

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15 Dic 2008 - Enlace

Camarón en los ojos de La Chispa

Es la enésima biografía que se escribe sobre José Monge, uno de los cantaores más importantes del siglo XX, desde que falleciera en 1992. Sin embargo, es la primera autorizada por su mujer, Dolores Montoya, La Chispa. Y no sólo eso, además, está contada en primera persona. El periodista gaditano Alfonso Rodríguez hilvana los recuerdos de la viuda, los une a los de los hermanos del cantaor y a los de sus amigos más cercanos para hacer el retrato personal de un mito del cante. Aquí es perfilado como un espíritu libre, un filósofo del pueblo, un artista de enorme talento y una persona familiar, sencilla y humilde. Un admirador del toreo y con un oído infalible, que le llevó a darse cuenta, como anécdota, de que un violín de la Orquesta Filarmónica de Londres con la que iba a grabar su disco Yo soy gitano (1989), en los míticos estudios Abbey Road, estaba desafinado. Y todo eso, salpicado por el álbum de fotos familiar que conserva La Chispa. Dónde creció, qué le gustaba comer, cuáles eran sus pensamientos de la vida…

El libro, editado por Espasa Calpe en gran formato, lo que le da mayor atractivo visual, y con una edición muy cuidada, arranca con una carta desgarradora de la viuda en la que explica que, 16 años después de la muerte de su compañero, el dolor de la pérdida, lejos de atenuarse, es más desgarrador, porque se revive conforme llegan a la mercería que regenta en La Línea los seguidores del cantaor para que les firme una foto, o en su voz que sale de un coche cuando pasa cerca de su casa…

Después, el libro hace un relato cronológico de la vida del cantaor, partiendo desde la explicación de sus orígenes. Pinta el paisaje en el que nació José Monge Cruz, Camarón de la Isla (1950-1992). La historia de San Fernando, de las dos familias, de los gitanos, de Cádiz y el cante flamenco. El libro es interesante no sólo porque permite trazar el perfil del cañaílla, también porque, para el ajeno a la materia, le permite conocer un lugar emblemático del cante en la primera mitad del siglo XX y parte de la segunda, Cádiz, y la Venta de Vargas. La forma de vivir de los flamencos, el pueblo marinero y militar de la Isla de León (San Fernando)...

La Chispa de Camarón está plagado de historias curiosas que le ocurrieron al de la Isla cuando era niño. Como que su afición estaba más en los toros que en el cante, o el interés que despertó también de niño en el representante de una niña estrella de aquel momento como era Marisol, con el que finalmente Luis Monge, el padre de la criatura, no quiso dejarle ir a convertirse en artista tan pequeño. Su cante ante la Reina del Carnaval, que no era otra que la hija de Manuel Fraga, cuando todavía no levantaba tres palmos del suelo, la relación de su familia y suya propia con el carnaval y las comparsas...

Después pasa a su evolución profesional, su etapa en los tablaos de Madrid, su encuentro con la familia Lucía y su transformación en la gran estrella que fue, su relación con otros cantaores y artistas de la época. Y no esquiva los aspectos más polémicos de la vida del cantaor, aunque La Chispa los resuelve con ojos cariñosos de viuda. Camarón era un ser libre, que no quería sentirse comprometido ni atado, al que el enorme talento que derrochaba y la sabiduría de siglos adquirida en las cuatro paredes de su casa le hacían cantar flamenco como nadie, pero sin esfuerzo y que por tanto lo hacía sólo cuando quería y le apetecía. Como artista y filósofo sin duda un modelo. Como profesional, su representante, Antonio Pulpón, lo advertía cuando cerraba los contratos para sus actuaciones: “Camarón puede que no aparezca”. No quiso cantar para Mick Jagger, por ejemplo, en una fiesta privada, a pesar de los millones que le ofrecían por hacerlo, pero también dejó a muchos aficionados sin su arte porque no le gustó el ambiente o porque no necesitaba ese dinero.

También recoge el libro la polémica con Paco de Lucía, con quien formó pareja artística durante años. Camarón y Paco se admiraban mutuamente. El cantaor amaba la guitarra, de hecho tenía una colección de instrumentos y él mismo las tocaba y afinaba. Paco era un cantaor frustrado. Y los dos eran músicos de enorme talento. Después de muchos años tocando y grabando juntos y otros tantos separados, los dos músicos volvieron a reunirse esporádicamente. De hecho, Paco volvió a grabar con él en el último trabajo discográfico de Camarón, Potro de rabia y miel (1992). La polémica surgió cercana ya la muerte de Camarón, ya que éste quiso que se le reconocieran su parte de derechos de autor en las canciones que grabó con el algecireño y lo mencionó en una entrevista emitida por Informe Semanal, programa de TVE.

Aquello, según la viuda, quedó zanjado, cuando Camarón fue ingresado en Barcelona, donde finalmente moriría, recibió una llamada del guitarrista para ayudarla en lo que necesitara, aunque la Chispa reconoce también, en recientes entrevistas, que realmente el aspecto económico no se resolvió nunca y que después de fallecer Camarón no volvió a recibir ninguna llamada de Paco y pasó muchas fatiguitas para sacar a sus hijos adelante. Se echa de menos la voz del guitarrista en este libro para aportar su versión.

El último aspecto espinoso tiene que ver con las adicciones. Alfonso Rodríguez, el autor, ha querido ser muy escrupuloso con ese aspecto, y no es ahí la Chispa quien habla, sino el psiquiatra que trató al cantaor por el consumo de opiáceos que éste hizo. El médico describe la personalidad y los motivos que llevaron a Camarón a verse envuelto en ese mundo de adicciones, del que nunca pudo salir del todo, si tenemos en cuenta que nunca dejó de fumar y que fue el tabaco el que le ganó la batalla (murió de un cáncer de pulmón).

La leyenda del tiempo (1979) y Soy gitano (1989) son los dos discos a los que el libro hace referencia porque fueron auténticos parteaguas, tanto en la carrera del artista como en la historia del flamenco. El proceso y la experiencia del primero lo cuentan sus otros protagonistas: Raimundo Amador, Kiko Veneno y Manuel Molina, entonces componente del dúo Lole y Manuel. Y ninguno de ellos deja de lado los aspectos más polémicos de la grabación de aquel trabajo, en los que muchos trabajaron y pocos vieron dinero.

El matrimonio, la vida familiar del mito, su etapa final, el cáncer y el ingreso en la clínica de Barcelona en la que finalmente fallecería, cierran una obra importante por ser la primera vez que su viuda la cuenta. La despedida, contada en una hoja arrancada de una libreta que Camarón dejó en el hospital a modo de testamento final: "Jóvenes y mayores dense cuenta que estamo viviendo una vida mundiana que no merese la pena vivir. Porque es mui bonita la vida y ties que fortalecerte y tener clonpeta fes en dios y ustedes mismos. Con simpatía y cariño de este que lla es libre. Camarón".

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Escrito por acastellano

14 Oct 2008 - Enlace

Vuelve Gerena

Fue el emblema flamenco antifranquista. Tanto, que estuvo vetado en Andalucía durante mucho tiempo y tuvo que refugiarse en Cataluña, desde donde proyectó su cante, fundamentalmente en círculos estudiantiles y profesionales. Cuentan que salía a cantar con camisa roja, en una época en la que todo tenía segundas lecturas por parte del régimen. Se rodeó de poetas como Blas de Otero y Alberti, que quizás sin saber mucho de flamenco, le admiraron más por su compromiso con las libertades y su coherencia ideológica. Nunca se fue del todo, pero ahora vuelve con un libro disco.

Manuel Fernández Gerena, Manuel Gerena (en la imagen, sacada de su web, entre los cantaores Antonio Mairena y Manolo Cano) ha publicado recientemente Escribir para cantar, un recopilatorio de sus poemas (fue poeta antes que cantaor) y algunos de los cantes que ha interpretado en su trayectoria, hasta 18: garrotín, caña, serrana, granaínas, malagueña y verdial, cartagenera, jabera, aires de Córdoba, polo y soleá, bambera, petenera, martinete, rondeñas, fandangos, seguiriyas, tarantos, romance y sevillanas. Esta misma semana lo ha presentado en Logroño, donde tienen lugar el Segundo Ciclo Flamenco Octubre Jondo. Y pronto, dicen, vendrá a Madrid a presentarlo también.

Debutó Gerena como cantaor en 1968 en Jaén y grabó por primera vez en 1971. A partir de ahí entró en contacto con Alberti y Paco Ibáñez, que a su vez lo introdujo en los circuitos de la canción protesta, fundamentalmente en la vecina Francia y en Cataluña. Cuenta el flamencólogo (o activista flamenco según su propia denominación) José Manuel Gamboa, en su libro Una historia del flamenco, que antes que poeta y cantaor quiso Gerena ser torero. Y que en los peores tiempos de censura a Gerena sólo aceptaba acompañarlo a la guitarra Manuel Molina, por el miedo a las represalias de la dictadura, que las hubo. En 1975 Gerena se convirtió en superventas con su trabajo Cantando a la libertad, trabajo que prologó Blas de Otero. Pero poco después le fue retirado el pasaporte, por lo que estuvo un tiempo sin poder ejercer su profesión. Afortunadamente, las cosas cambiaron para él con la muerte del dictador, aunque en los 80 se dejó llevar más por la canción flamenca que por el flamenco más tradicional.

Sobre su vida y trayectoria publicó el año pasado el periodista Manuel Bohórquez (crítico de flamenco en El Correo de Andalucía) el libro Manuel Gerena. La voz prohibida, una recopilación de artículos de prensa relativos al cantaor publicados entre 1968 y 1978.

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06 Ago 2008 - Enlace

Baile de raza

Farruco inauguró la saga. No fue Antonio Montoya Flores, fallecido en Sevilla en 1997, el primero de su familia en dedicarse al flamenco. Era sobrino nieto del guitarrista Manuel Montoya, y su madre, de la que heredó el apodo, también bailaba, pero fue él el patriarca de una familia de bailaores singulares. Con un estilo netamente gitano, a Farruco le gustaba el baile corto, con energía, con rabia, directo y sin adornos. No era amigo de coreografías, ni de grandes elocuencias. Su baile era sobrio y por derecho.

Su gente mantiene la herencia del patriarca. Sus nietos (tuvo doce, y casi todos bailan), pero también dos de sus hijas (tuvo tres y un hijo que murió en accidente de coche con 18 años): Pilar Montoya, Faraona, de 46 años, y Rosario Montoya, Farruca, de 44. Ambas presentaron anoche, en los Jardines de Sabatini de la capital, un espectáculo coreografiado y dirigido por Farruca, en el marco del festival Los Veranos de la Villa, llamado De Farruca a Faraona, cuyo estreno absoluto tuvo lugar en Lebrija el pasado mes de enero.

Farruca y Faraona vivieron desde muy niñas el flamenco más gitano en su casa, y también desde muy pronto, subieron a los escenarios. Han acompañado a figuras como El Güito, Manuela Carrasco o Antonio Canales y, por supuesto, a su padre. Más tarde, estuvieron también en el primer espectáculo del primogénito de Farruca, Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito y han seguido apareciendo, hasta ahora, en los espectáculos del bailaor, llamado a suceder en grandeza a su abuelo.

Las dos dejaron de bailar cuando murió Farruco y regresaron a los escenarios después de guardar luto. Pero la tragedia hizo que Farruca dejara de bailar de nuevo. Su marido, el cantaor Juan Fernández, El Moreno, murió con 42 años, de un infarto cerebral, en un escenario de Buenos Aires. Farruquito se convirtió, con 20 años, en el patriarca de la familia, y después de tres años, volvió a llevar a su madre a los escenarios.

En la presentación de anoche estuvo como invitado especial otro de los hijos de Rosario, Antonio Fernández Montoya (Sevilla, 1988), que ha querido heredar el apodo de su abuelo. Farru ya ha estrenado en solitario, pero anoche quiso acompañar a las mujeres de su familia y a su primo, Antonio Moreno, El Polito, que con sólo 17 años apunta las maneras de sus antecesores.

Y mientras media familia actúa en Madrid, Farruquito, que con el tercer grado penitenciario obtenido hace unas semanas sólo tiene que presentarse en la cárcel dos veces al mes, presenta en Sevilla un nuevo espectáculo en solitario. Puro es el primero en el que el nieto de Farruco no está acompañado por ningún miembro de su familia, pero no por eso se aleja del baile de raza que le ha dado nombre. Con quien sí contará es con un colaborador de lujo, Manuel Molina. Farruquito eligió Palma de Mallorca para estrenarlo el pasado 24 de julio, y después de pasar por la plaza de toros de Jerez el próximo 15 de agosto, será uno de los platos fuertes de la Bienal de Flamenco de Sevilla. Ayer se presentó la fecha, el 12 de septiembre, en el Auditorio Rocío Jurado.

Entre los detalles dados a conocer en la presentación está el nombre de la productora del espectáculo, Opera & Flamenco Productions, que tiene la intención de encajarlo en teatros dedicados a la lírica que den espacio a otras artes en la próxima temporada. De momento, no se han dado a conocer fechas ni emplazamientos, pero parece que el bailaor regresa con toda la fuerza.

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25 Jun 2008 - Enlace

Del flamenco al mundo (primera parte)

Hace unas semanas, la Bienal de Sevilla anunciaba que en su edición de este año reunirá, el 20 de septiembre, a algunos de los miembros de grupos de algo que se dio en llamar hace algunos años rock andaluz. El encuentro, titulado Rock y flamenco, servirá para homenajear, a 30 años de su creación, un estilo que tuvo, en sus orígenes, mucho que ver con el flamenco, o que en el flamenco, al menos, tuvo una fuerte influencia. Antoñito y Gualberto, de Smash, Eduardo Rodríguez Rodway, de Triana y Pepe Roca, de Alameda recordarán viejos éxitos de aquellos años en el Auditorio Rocío Jurado de Sevilla. Compartirán escenario con otros músicos: Lole Montoya, Cai, Guadalquivir, Tabletom, Iman Califato Independiente, Pata Negra y Manuel Molina (que después de formar parte de Smash formó matrimonio y pareja artística con Lole Montoya en Lole y Manuel).

Las tres bandas supusieron un hito cuando surgieron y todavía hoy son influencia de muchos músicos. No hacían flamenco, pero en su música, que era el rock, dejaban ver su gusto por lo jondo. Para quien no los conozca, Triana sin duda son la bandera del movimiento. Y de todo el trabajo que hicieron, yo recomiendo especialmente los tres primeros discos, y de estos tres, el primero, Hijos del agobio, publicado en 1977. Los tres tienen aires del rock progresivo de moda en aquel tiempo, que más tarde se diluyó en un rock más convencional y menos experimental. Tuvieron una corta carrera, seis discos de estudio, que se truncó con la muerte del cantante, Jesús de la Rosa, en accidente de coche, en 1983.

(En el Lago, Hijos del Agobio, Triana, 1977)

No se puede distinguir en ellos elementos claramente flamencos. No es que se marquen una seguiriya rock ni nada que se le parezca, pero la voz aflamencada de De la Rosa y algunos giros de las guitarras dejan ver las influencias flamencas. Y no deja de ser curioso observar las influencias del flamenco en un estilo mucho más popular como es el rock, hablar de la fusión nacida de dicha influencia, porque se suele hablar de lo contrario. De los elementos de otros estilos que se suman al flamenco. El caso más expuesto es seguramente La leyenda del tiempo, de Camarón de la Isla, que para muchos marca un punto de inflexión en la historia del flamenco, para algunos por lo bueno que aportó, para otros por lo contrario. (El vídeo, de la canción Volando voy, está cortado, pero merece la pena verlo).

No sería el único. Desde entonces muchos flamencos se han dejado querer por otros estilos. Pero en la relación entre flamenco y rock hay un camino de ida y vuelta. El caso del rock patrio, presente en la Bienal del próximo otoño, lo acabo de mencionar. Pero no fueron los únicos influidos por el flamenco. Los artistas de lo jondo traspasaron fronteras. Hace poco lo recodaba José Manuel Gamboa en Babelia. Gamboa menciona varios casos. El del Spanish Caravan de The Doors (del disco Waiting for the Sun, de 1968).

Gamboa lo considera cercano a una granaína montoyera, aunque yo al solo de Robbie Krieger, guitarrista del grupo californiano, lo veo más parecido al Asturias de Isaac Albéniz.

En cualquier caso, la propia letra de la canción es bastante ilustrativa de su influencia andaluza: "Carry me caravan / take me away / take me to Portugal / take me to Spain / Andalucía, with fields full of grain..." ("Llévame caravana, llévame lejos, llévame a Portugal, llévame a España, Andalucía, con campos llenos de cereales...")

Otro caso es el Mood for a day de los británicos Yes (del disco Fragile publicado en 1972), en el que Steve Howe, guitarrista de esta banda de rock progresivo que contó con diferentes formaciones, se marca algo parecido al taranto:

Otros grupos extranjeros han llevado estas influencias flamencas a otro nivel, por lo que creo que merecen posts individualizados. Los publicaré en breve porque merecen atención detallada...

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Si eres curioso, simpatizante o aficionado al inabarcable mundo del flamenco, asómate en este blog a lo que se cuece por sus caminos de la mano de la periodista de EL PAÍS Ángeles Castellano.
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