Escrito por acastellano
03 Jun 2009 - Enlace
Derroche de talento
Tanto arte derrocha en el escenario que es difícil escribir algo nuevo sobre Miguel Poveda sin caer en el tópico. Anoche llenó el Teatro Calderón de Madrid con Sin Frontera, un espectáculo en el que el flamenco barcelonés de Poveda y Chicuelo se encuentra con el jerezano de Luis el Zambo, Moraíto Chico y Andrés Peña y se van de fiesta todos juntos. No es un espectáculo nuevo, pero como suele ocurrir con este cantaor y con los enormes artistas jerezanos que le acompañaron, se renueva cada vez que sube al escenario.
Sin frontera incluso ha pasado ya por Madrid. Pero no importa. En esta edición del festival SUMA Flamenca vuelve a verse. Y todas las entradas estaban vendidas desde el día en que se pusieron a la venta. Miguel Poveda levanta la expectación por allá donde va. Y nunca defrauda. Anoche tampoco.

Arrancó la voz profunda y jerezana de Luis el Zambo. Un cante por bulerías acompañado por los nudillos de Moraíto, Peña y los dos maestros del compás que son Carlos Grilo y Luis Cantarote. Le siguió Poveda, acompañado de la guitarra de Chicuelo, por cantes mineros. La intensidad quedó grabada desde el momento en que sonó la primera nota. Frente al cante más rítmico del Zambo, Poveda se exhibió alargando los tercios hasta lo imposible, poniendo todo el sentimiento y toda la entrega en unos cantes que él domina como pocos actualmente. Siguió una soleá corta del Zambo, con las pinceladas del mejor baile de Andrés Peña, tradicional, marcando los pies sin excederse, rítmico, preciso en los giros. Y tras la soléa, la malagueña de Poveda, los abandolaos, y el encuentro entre Poveda y el Zambo.
Tiene un cante Luis el Zambo que traslada directamente al barrio de Santiago sin escalas. Una voz profunda, adolorida sin llegar al quiebro, potente, sin necesidad de hacer muchos alardes para emocionar. Una voz que por tonás sonó la compañía perfecta para la de Poveda, que está pletórico de arte, que se exhibe en cada cante, lleno de matices, en las notas más altas y en las más bajas. Sin duda fue Poveda el protagonista de la noche, protagonista eso sí de un cuadro de factura impecable del que no sobró nadie.
Tras las tonás los dos cantaores volvieron a las bulerías. Las más fiesteras, las más rítmicas, las más de Jerez. Con el mejor de los adornos, las palmas de los invitados a la mesa del mejor flamenco. Unas bulerías que además quedaron registradas para siempre en un disco de Poveda, Zaguán (2001). Tras la borrachera de arte que derraman estos geniales flamencos, Poveda cantó por tientos y tangos de Triana, disfrutando con un cante que el público reconocía en una ovación permanente.
Las dos guitarras se mostraron entonces en una bulería dirigida por Moraíto a la que siguió el cante por seguiriyas de Luis el Zambo. Y volvió el protagonismo al baile. Andrés Peña bailó unas alegrías sin más acompañamiento que el mejor compás que le marcaban los de atrás. Bailó como se baila en Jerez, sobrado de compás, con movimientos limpios al servicio del arte, rematando los braceos con unas muñecas que se retuercen y que en Peña no sobran. A las alegrías se sumaron Chicuelo y Poveda y tras las alegrías, un cuplé por bulerías, Cuatro capotes, que recuerda a dos grandes de Jerez: La Paquera y Lola Flores. Más bulerías, las del cierre, las de la fiesta jerezana, para despedir. Y un cante por tonás entreverado de los dos cantaores para intentar cerrar la noche, que todavía dio para más: una versión del A ciegas por bulerías, la copla que ha puesto a Poveda en el universo Almodóvar y que ue seguida del clásico de este cantaor: los Alfileres de colores que no puede faltar en ningún recital suyo.


Todo está listo para el XVII Festival de Flamenco CajaMadrid que todos los años tiene lugar en la capital. Arrancará el 20 de este mismo mes, más tarde lo habitual (su mes suele ser enero), según han explicado desde la organización, por esperar a que estuvieran listos los nuevos Teatros del Canal, en los que tendrán lugar los recitales. Primera polémica. Alejandro Reyes, director del festival, se quejaba en la presentación del festival que el nuevo teatro tiene menos capacidad (840 asientos en la Sala Principal frente a los 1.100 del Teatro Albéniz, su anterior ubicación). También, de que el teatro no está en el centro y que la anterior sede, el Albéniz, tiene una gran tradición entre los madrileños aficionados al flamenco, un público que no se sabe si querrá cambiar de lugar.
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