Escrito por acastellano
16 Jun 2011 - Enlace
El mejor cante de Arcángel
Paco Arcángel (Huelva, 1977) está en su mejor momento de voz y de cante y anoche lo demostró en los Teatros del Canal, dentro de la Suma Flamenca. Está pasando un momento duro en lo personal, y esto se reflejó también en su recital, que hizo con más intensidad y pasión si cabe. Es un cantaor que conoce la tradición como pocos, que sigue estudiando, y que investiga hacia dentro para proponer nuevas formas, nuevos caminos para el cante de siempre.
Acompañado de Miguel Ángel Cortés a la guitarra, su cómplice en la aventura renovadora (también los Mellis a palmas y coros y Agustín Diassera a la percusión), Arcángel se entregó al cante más sentido. Arrancó con una canción por bulerías que dio paso a una soleá morentiana pero con el sello muy personal de este cantaor joven de voz aguda que, con el tiempo, ha ganado en profundidad y ha trascendido sus cualidades naturales. Tiene capacidad para hacerlo, pero anoche Arcángel quiso dejar a un lado los juegos de filigrana y la profusión de melismas para entregarse al cante más adolorido, que él llevaba por las notas más altas y los tonos bajos, según le iba pidiendo el cuerpo.
Todo en el cante de anoche de Arcángel, que volverá a Madrid el día 29 acompañando, en el Teatro Real, a Mauricio Sotelo, sonó a nuevo y a sorpresa. Por fandangos abandolaos, por alegrías, en la que la guitarra de Miguel Ángel Cortés dio, si cabe, mayor protagonismo y enjundia al cante (y que levantó al público de sus asientos para ovacionar a ambos), en una seguiriya intensa desde el ayeo, por soleares y unos fandangos de su tierra dedicados a su madre, recientemente fallecida.
Sonidos blancos y carentes de profundidad
Juan Valderrama arrancó la noche. Presentaba su más reciente disco, Sonidos blancos y eso prometía hacer, flamenco en la línea que siguieron su padre, Juanito Valderrama, y otros artistas como Pepe Marchena o Pepe Pinto. Precisamente por presentar este trabajo discográfico, quiso hacer una primera parte de canción aflamencada, que es lo que lleva fundamentalmente su disco, algunas compuestas por él y otras por Luis Pastor. Con una de este autor, Me llamo Juan Valderrama, abrió la noche de pie en el escenario, acompañado por las guitarras de Daniel Casares y Rubén Levaniegos, la percusión de Manuel Luque y las palmas del grupo Jaleo. Le siguieron Quererte , Qué verdad tan grande, Ya no quedan héroes, los Tangos de Enrique, que él ha escrito para homenajear a Morente, y las Alegrías del juguete roto, para las que se hizo acompañar en el escenario de la bailaora, Pilar Astora.
Pero el público que acudió anoche a ver a Valderrama no estaba interesado en esta suerte de canción flamenca que el cantante/cantaor propone y desde el primer momento y con mucho entusiasmo le gritaron desde el patio de butacas para que cantase flamenco o incluso algunos de los éxitos de su padre. Él les respondía, “claro, a eso he venido”, “las cosas se irán aflamencando”.
Pero el flamenco no llegó, a pesar de que, tras las primeras canciones, Valderrama se sentó en una silla de enea y, micrófono en mano, La Rosa que popularizase Marchena, recogida y con gran profusión de melismas en sus versos. Hizo una seguiriya por Tomás Pavón, malagueña, taranta y levantica y cerró por fandangos. Hizo cantes bonitos, pero carentes de profundidad. En efecto, Valderrama tiene una voz blanca, muy dotada para hacer, de la manera más natural, juegos de velocidad y melismas en los tercios. Pero el flamenco es algo más que eso, y a este joven cantaor le falta profundidad. Lo que Valderrama propone sigue siendo canción aflamencada, un acercamiento al flamenco, pero le falta rebuscarse en su dolor, mirar más hacia dentro del cante, más que hacia el adorno. Para renovar el flamenco primero hay que curtirse en el estudio. Valderrama le puso ganas y de voz, estuvo correcto, pero eso en el flamenco, no es suficiente.
En el cierre por fandangos, que resolvió rápido, estuvieron especialmente acertados los guitarristas, que hicieron un auténtico duelo interpretativo, de velocidad y gusto.
(Foto: Bienal de Flamenco de Sevilla – Luis Castilla)








Arropadas por el cante de tres grandes voces (las de José Valencia, Miguel Ortega y Jesús Corbacho), que anoche dieron el color y la presencia, el gusto y el rajo necesarios para la obra y las guitarras de Javier Patino y Antonia Jiménez, las dos bailaoras hicieron una reflexión sobre la eterna dualidad: la luz y la sombra, la sobriedad y lo barroco o la alegría y la tristeza, ataviadas con batas de cola que se sentían como una extensión de sus cuerpos. Con dirección escénica de Juan Carlos Lérida, el montaje, muy denso, hace un recorrido por diversos palos flamencos que explotan ese movimiento entre los extremos.
Apareció solo en el escenario y tras una presentación con un tema de su último trabajo discográfico,
En un escenario desnudo (literalmente) la bailaora arranca -sobre un vals de Chopin que también cierra la obra- antes de que el público termine de acomodarse ataviada con una larga cola que sobresale del escenario queriendo significar ese poso que son los orígenes de los que ella parte para crear algo inédito. Una cola que, como conclusión del montaje, se convierte precisamente en lo contrario: unos orígenes que aprisionan, limitan e impiden avanzar hacia otros lugares.

La semana pasada salió a la venta el nuevo trabajo de
El lunes se presentó el festival de flamenco de la Comunidad: La SUMA Flamenca. Esta vez, la cuarta edición, el encuentro durará un mes y medio: entre el 7 de mayo y el 20 de junio. Serán 63 espectáculos en 30 espacios escénicos. El presupuesto, este año, más reducido que el anterior: 825.000 euros. La explicación, según Santiago Fisas, consejero de Cultura, Deporte y Turismo de la Comunidad de Madrid, está en la crisis. Los artistas cobran menos para que no caiga la calidad. Pero las cifras solo significan que habrá mucho flamenco. Más importante que eso es el cartel. Habrá buen flamenco en abundancia, en todos los rincones de la Comunidad.
La 
Habrá muchos momentos especiales con seguridad. Y no sólo por lo completo que es el cartel. Un duelo de pianos flamencos, por ejemplo, entre Diego Amador y Mie Matsumura (con el baile de Leonor Leal y Rafael Campallo). O el ciclo La música de los Espejos, el diálogo de poesía y cante que ya se ha convertido en un clásico en este festival y que este año une a la escritora Elvira Lindo con el cante de José Mercé y la poesía de Antonio Gala con el arte de la trianera Esperanza Fernández.