Escrito por acastellano
03 May 2009 - Enlace
Manolo Caracol, el centenario
Hablar de la trayectoria del cantaor Manolo Caracol es complicado. Primero porque es muy popular. Cada aficionado al flamenco, simpatizante o si quiera paisano tiene su propia idea de quién fue y qué significó para este arte. Segundo, porque su trayectoria y personal arte fue tan grande que resulta difícil desmenuzarlo en tres párrafos.
Manuel Ortega Juárez, más conocido como Manolo Caracol, nació el 9 de julio de 1909 en Sevilla. Este es, pues, el año de su centenario y para ello, como explicaba hace unos meses Santiago Belausteguigoitia desde Sevilla, se han organizado varios actos de conmemoración. Esta misma semana (6, 7 y 8) tiene lugar un congreso, Manolo Caracol, un cantaor de leyenda, en Sevilla. Varios estudiosos del flamenco debatirán sobre la trayectoria y el estilo de este artista. La participación en el seminario es gratuita. Seis conferencias y una mesa redonda formarán el programa. Félix Grande, Cati León, Antonio Ortega, Manuel Ríos, Manuel Bohórquez, Rafael Utrera y Antonio Murciano junto a los artistas Pansequito, Manuela Carrasco, El Yunque y El Güito son los grandes nombres protagonistas. Para los que no puedan ir, podrán acceder a lo que en el congreso se trate gracias al libro que la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco publicará con las ponencias. Además, en el congreso se presentará un disco con grabaciones inéditas del cantaor que después se pondrá a la venta.
Manolo Caracol fue una estrella de su tiempo, en solitario y gracias a la pareja artística que formó con Lola Flores. Grabó algunas películas (abajo aparece cantando y junto a Lola Flores la zambra Salvaora en la película Embrujo de 1946) y cantó zambras, más cercanas a veces a la copla que al flamenco y mucho fandango. Se hizo acompañar de piano y de orquesta y gracias a todo esto se ganó el fervor popular.
Todo con arte y entrega, pero fue mucho más que eso. Fue uno de los más grandes cantaores cuando cantaba por seguiriyas, martinetes y por el palo que dispusiera. Tenía una forma de cantar muy personal, un estilo propio y creador que dejó su huella y que hoy siguen muchos cantaores jóvenes. Tuvo un tablao imprescindible en Madrid, Los Canasteros, a donde iban otros cantaores que se ganaban la vida en la capital después de acabar su jornada con los primeros rayos de luz del día.
Puedes descargar el programa del congreso y las instrucciones para acudir a él aquí.

Pero no es solamente la visita a un clásico. "Lo que hace Alberto es poner unos arreglos de cuerda y convertir la zambra en una pieza de cámara y luego, Miguel, con ese modo de susurrar la canción... A mí me parece más que extraordinario, es impresionante este chico", dice con admiración Almodóvar. "Es muy importante esta canción al final de la película, porque se queda acompañando al espectador, que está ahí recomponiéndose". 

