29
Jul
2009
UNA NOCHE DE GUARDIA CON ÁGUEDA
Hace unos días, Justindbf, me sugería que escribiera lo que hacía en mis guardias nocturnas de trabajo y lo que pide un amigo, se intenta llevar a la práctica. Tuve que pedir permiso a mis superiores, pues no se debe nombrar ni citar a nadie sin un consentimiento previo. Yo trabajo en una residencia para la Tercera Edad. En ella, residen, en su mayor parte, ancianos enfermos de Alzheimer y, otros, con demencias seniles. Muy pocos son los llamados válidos.
Antes de dedicarme al mundo de los abuelos, quienes son personas maravillosas, era o me dedicaba al periodismo deportivo. Dicho trabajo me trajo grandes sabores de boca, pero también buenas dosis de amargura por la hipocresía que había en mi ciudad. Desde que me dedico a los abuelos me siento mejor conmigo misma. Me encanta ayudarles, cuidarles, mimarles y si me lo permiten darles besos y abrazos….quizás son los últimos que reciban. El trabajo que realizamos para muchas personas es catalogado como de “fácil”, pero no es así. En el lugar que trabajo los turnos son idénticos a los de un hospital: es decir, turnos de mañana, tarde y noche. Soy una persona muy meticulosa en mi trabajo, pues jamás olvido que trato con personas, que tienen sentimientos.
Mis compañeras/os, a veces, me dicen que repito mil veces las cosas, pero es que odio que el trabajo no se realice perfecto. De sobra se sabe que fallos cometemos todos, pero cuando se trata de vidas humanas, hay que tener mil ojos, pues un error puede costar una vida. Algunas “temen” las guardias conmigo, pues saben que conmigo no hay descanso posible, ya que la noche es para mis abuelos.
Cuando estoy de guardia hago exactamente lo que se realiza en un hospital. Es decir: se ponen insulinas, se da medicación, se cambian pañales, se cambian lencerías de las camas si un abuelo las ha ensuciado y, desde luego, se les da alimentación vía oral o por sonda. Se toman temperaturas y tensión arterial. Además, de lo que más miedo me da, que no es otro que el tener que amortajar a quien ha fallecido. Ese encuentro con la muerte, creo, que jamás lo podré superar, aunque ya he olvidado el número de abuelos a los que he visto morir.
Una noche es muy larga y puede pasar de todo o quedarse en lo que acabo de explicar. Si, por desgracia, un abuelo observas que no está bien, pues lo primero que hacemos es tomarle las constantes vitales y llamar al médico, quien determina si debe ir el 112 para el traslado a un hospital. Si ya no hace falta, pues realizamos lo que humanamente podemos: acompañarle en su último tramo de vida. No dejarle solo e intentar que se marche lo más plácidamente posible. Se le asea, se le cambia la ropa de cama y por muy duro que parezca…se espera a la “dama de la guadaña”, que entra, muchas veces sin hacer ruido y otras de forma horrible.
Depende de cada Residencia, pero normalmente somos dos Auxiliares quienes hacemos la guardia, por lo que acabas el turno agotada y deseando que sea la hora del cambio de turno.
Es un trabajo muy duro, a la vez que gratificante, pues no hay que olvidar que tratamos con personas que están solas y que muchas veces son conscientes del paso que les queda. Hay abuelos que tienen familia, pero otros muchos no la tienen y no hay más tristeza que morir en soledad.
El salario es mínimo y, a veces, las pagas “extras” están incluidas en la mensualidad, por lo que yo me pregunto ¿cuándo nos harán profesionales? y ¿cuándo se valorará realmente la labor que hacemos con vuestros padres y abuelos?
Trabajar con y para los abuelos es mucho más que hacer una cama, dar una comida o realizar un baño. En cada gesto se pone dulzura y cariño (hay de todo claro), aunque los turnos sean agotables; aunque no dispongamos de todos los fines de semana libres, ni de “puentes”. Hay que ponerse en el lugar de las personas mayores, que han estado acostumbradas a vivir en su casa o con la familia y, de repente, se encuentran en otro lugar, con otras personas desconocidas. Su espacio personal, a veces, se limita a la mitad de un dormitorio. ¿Cómo les afectan estos cambios? Hay que tener paciencia y darles tiempo para que se adapten. Algo que considero primordial y esencial de los profesionales que trabajamos con mayores es el respeto hacia ellos y su intimidad, por lo que son y representan. Personalmente, consigo todo eso con empatía, paciencia, amabilidad y mucho cariño, pues es, quizás, lo que más necesitan. A veces, más que los propios cuidados médicos. Hay que intentar que el abuelo no se sienta un “inútil a la sociedad”, que ya no sirva y se le lleva a una Residencia. La mejor forma es que colabore en pequeñas tareas. Me siento muy orgullosa de pertenecer a esta rama sanitaria y que no cambiaré por nada del mundo. Me llena y me satisface como persona y creo que es un trabajo que no está valorado. No hablo sólo de salario. Hablo de sentimientos hacia esas personas que han sido quienes nos han dado la vida y que, a veces, olvidamos cuando ya no son útiles. De lo que no hay duda es de que en mis noches de guardia no falta el humor y las típicas preguntas que les hago a mis compañeros para sacar algún tema para el blog, cosa que les agradezco
Agueda Conesa Alcaraz
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