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27
Jul
2009
SI TANTO DICES AMARME...NO ME HAGAS LLORAR
Anoche me sucedió algo que me hizo reflexionar en lo tontas que podemos ser, a veces, las mujeres por algo que llamamos amor. Palabra que encierra muchos sentimientos, pero que no entiendo que haga llorar. Cerca de casa hay una ermita llamada Virgen del Pasico (algún día contaré la historia, pues es muy curiosa.
Estaba yo sentada en el jardín de dicho lugar, intentaba poder tomar un poco de fresco, en una noche en que era imposible casi respirar.
Me dirigí a ese lugar en el que los lugareños afirman que rebosa paz y que la madre de todos concede lo que menos esperas. Supongo que hay que tener mucha fe y en estos tiempos la hemos perdido. No es que estuviera intranquila, pero, a veces, necesitas relajarte. Me senté con un cigarrillo entre los dedos y cerré los ojos.
De vez en cuando soplaba una brisa con sabor a mar y estaba yo imaginado qué divertido sería si en esos momentos cayera agua bien fresquita del cielo. De repente, escucho lamentos profundos, acompañados de suspiros. Eran de mujer. Me di la vuelta, con mucho disimulo, y observé a una pareja de edad madura. Ella se tapaba el rostro e intentaba tragarse las lágrimas. Él no intentó, en ningún momento, acercarse y consolarla. Yo creí que por estar en la ermita les podría pasar alguna desgracia familiar o algún problema físico. Pero mi sorpresa fue cuando ella se serenó y comenzó a narrar lo que, por lo visto, la había sumido en ese estado patético. Como la escena me impactó de tal forma, intenté prestar atención a lo que la mujer le comentaba. Él seguía mudo. Me habría levantado y juro que le habría gritado: “si es que no tiene sangre en las venas o un ápice de compasión hacia la que parece es su pareja”.
Ella le dijo:” ¿No te gusto físicamente. ¿No me deseas ya? ¿Cómo es posible que un hombre vea una mujer medio desnuda, recién duchada y perfumada y que le está acariciando y no se inmute? Llevamos juntos unos meses y te quiero y deseo. Es lógico que cuando llego a casa me apetezca abrazarte, darte besos y tú me acusas de que sólo busco sexo? ¿Cuántos hombres desearían tener a una mujer con deseos y ganas de hacer el amor a diario? y tú la tienes y pasas de ella. Hace más de cuatro días que no lo hacemos”
Yo, ante esas frases, notaba que me estaba alterando y que quería levantarme y abrazarla a la vez que enviarle al tipejo a la mierda. Más, seguí escuchando. Ella no era fea ni estaba obesa, era rellenita y de buen ver. Por lo que no entendía que se pusiera a suplicar besos y caricias un hombre, a ese hombre, que desde luego no era un Adonis. Él, entonces, la miró y le dijo que no era eso, que él no la despreció, que no recordaba haberse quedado dormido ni hace lo que ella le decía.
Ella se levantó del banco y se encaró. Yo creí que era ella quien le iba a dar una torta, pero en vez de eso…con un par de ovarios le soltó: “Llegamos de la playa quemados por el sol. Preparo la cena que te puede gustar en la sala de estar. Pongo el ventilador y después de cenar melón con el puñetero jamón…abro una botella de cava, que había guardado y que estaba muy fresquito. Quito la mesa y me doy una segunda ducha con agua bien fresca. Me perfumo y me pongo una tentación de raso que quita el sentido. Te enciendo un cigarrillo y me pongo tras de ti, para darte crema por la espalda. Noto que me estoy excitando y comienzo a deslizar mis manos por tu cuerpo, a la vez que mis labios besan tu cuello y rozan los lóbulos de tus orejas. Entonces me dices: ¡estás muy caliente y con el calor que hace…!.
Te mueves como intentando que dejara de tocarte. Traigo cubitos del congelador y me los voy pasando despacito por mi cuerpo y te sugiero de hacerte lo mismo. Aceptas y pensé…bien…vamos por buen camino. Pero, entonces escucho tus ronquidos. ¡Dios! Si son las 23.00 horas nada más y es mañana no trabajamos. Me quedé hundida y muy triste. Me levanto y te digo que me voy a la cama, con un beso de buenas noches. Llegas al rato y levantas el brazo para que me cobije entre tu pecho y él. Acepto, pero sabiendo que otra noche más me quedaría sin mis dosis de besos y caricias. Me quedo de lado y comienzo a darte besos y… ¿qué haces tú?. Te quedas de nuevo dormido. ¿Qué quieres que piense? Me levanté y te dije que me quedaba un rato viendo la tele. Entonces te enfadas y eres tú quien se va a otra habitación. Ahora, intento razonar contigo, saber si te pasa algo conmigo o te sucede algo y no me respondes. No quieres disculparte y tan sólo me haces sentirme a mí culpable de no sé qué. Venimos aquí para poder hablar y razonar y en vez de consolarme y decirme qué te sucede te callas. No aguanto más. No me mereces. ¿Sabes por casualidad lo que es mendigar un beso a la persona a la que amas? ¿Sabes qué como mujer me siento una mierda?”.
Él se levantó y se marchó. La dejó allí con sus llantos. Entonces me acerqué a ella y fui yo quien la consoló. Cuando se calmó me dio las gracias. No le quise preguntar nada. La acerqué a su casa y le di la dirección de la mía, que está muy próxima a la suya, por si necesita hablar. Esta mañana tenía colgadas unas flores en la ventana de casa con una nota en la que rezaba: “Gracias”. Vosotros: ¿Qué pensáis que debe hacer esa mujer? ¿La ama de verdad? ¿Por qué está con ella? ¿Es normal que si ama a alguien lo desee con tanta necesidad física? ¿Esa relación está destinada al fracaso?
Me dirigí a ese lugar en el que los lugareños afirman que rebosa paz y que la madre de todos concede lo que menos esperas. Supongo que hay que tener mucha fe y en estos tiempos la hemos perdido. No es que estuviera intranquila, pero, a veces, necesitas relajarte. Me senté con un cigarrillo entre los dedos y cerré los ojos.
De vez en cuando soplaba una brisa con sabor a mar y estaba yo imaginado qué divertido sería si en esos momentos cayera agua bien fresquita del cielo. De repente, escucho lamentos profundos, acompañados de suspiros. Eran de mujer. Me di la vuelta, con mucho disimulo, y observé a una pareja de edad madura. Ella se tapaba el rostro e intentaba tragarse las lágrimas. Él no intentó, en ningún momento, acercarse y consolarla. Yo creí que por estar en la ermita les podría pasar alguna desgracia familiar o algún problema físico. Pero mi sorpresa fue cuando ella se serenó y comenzó a narrar lo que, por lo visto, la había sumido en ese estado patético. Como la escena me impactó de tal forma, intenté prestar atención a lo que la mujer le comentaba. Él seguía mudo. Me habría levantado y juro que le habría gritado: “si es que no tiene sangre en las venas o un ápice de compasión hacia la que parece es su pareja”.
Ella le dijo:” ¿No te gusto físicamente. ¿No me deseas ya? ¿Cómo es posible que un hombre vea una mujer medio desnuda, recién duchada y perfumada y que le está acariciando y no se inmute? Llevamos juntos unos meses y te quiero y deseo. Es lógico que cuando llego a casa me apetezca abrazarte, darte besos y tú me acusas de que sólo busco sexo? ¿Cuántos hombres desearían tener a una mujer con deseos y ganas de hacer el amor a diario? y tú la tienes y pasas de ella. Hace más de cuatro días que no lo hacemos”
Yo, ante esas frases, notaba que me estaba alterando y que quería levantarme y abrazarla a la vez que enviarle al tipejo a la mierda. Más, seguí escuchando. Ella no era fea ni estaba obesa, era rellenita y de buen ver. Por lo que no entendía que se pusiera a suplicar besos y caricias un hombre, a ese hombre, que desde luego no era un Adonis. Él, entonces, la miró y le dijo que no era eso, que él no la despreció, que no recordaba haberse quedado dormido ni hace lo que ella le decía.
Ella se levantó del banco y se encaró. Yo creí que era ella quien le iba a dar una torta, pero en vez de eso…con un par de ovarios le soltó: “Llegamos de la playa quemados por el sol. Preparo la cena que te puede gustar en la sala de estar. Pongo el ventilador y después de cenar melón con el puñetero jamón…abro una botella de cava, que había guardado y que estaba muy fresquito. Quito la mesa y me doy una segunda ducha con agua bien fresca. Me perfumo y me pongo una tentación de raso que quita el sentido. Te enciendo un cigarrillo y me pongo tras de ti, para darte crema por la espalda. Noto que me estoy excitando y comienzo a deslizar mis manos por tu cuerpo, a la vez que mis labios besan tu cuello y rozan los lóbulos de tus orejas. Entonces me dices: ¡estás muy caliente y con el calor que hace…!.
Te mueves como intentando que dejara de tocarte. Traigo cubitos del congelador y me los voy pasando despacito por mi cuerpo y te sugiero de hacerte lo mismo. Aceptas y pensé…bien…vamos por buen camino. Pero, entonces escucho tus ronquidos. ¡Dios! Si son las 23.00 horas nada más y es mañana no trabajamos. Me quedé hundida y muy triste. Me levanto y te digo que me voy a la cama, con un beso de buenas noches. Llegas al rato y levantas el brazo para que me cobije entre tu pecho y él. Acepto, pero sabiendo que otra noche más me quedaría sin mis dosis de besos y caricias. Me quedo de lado y comienzo a darte besos y… ¿qué haces tú?. Te quedas de nuevo dormido. ¿Qué quieres que piense? Me levanté y te dije que me quedaba un rato viendo la tele. Entonces te enfadas y eres tú quien se va a otra habitación. Ahora, intento razonar contigo, saber si te pasa algo conmigo o te sucede algo y no me respondes. No quieres disculparte y tan sólo me haces sentirme a mí culpable de no sé qué. Venimos aquí para poder hablar y razonar y en vez de consolarme y decirme qué te sucede te callas. No aguanto más. No me mereces. ¿Sabes por casualidad lo que es mendigar un beso a la persona a la que amas? ¿Sabes qué como mujer me siento una mierda?”.
Él se levantó y se marchó. La dejó allí con sus llantos. Entonces me acerqué a ella y fui yo quien la consoló. Cuando se calmó me dio las gracias. No le quise preguntar nada. La acerqué a su casa y le di la dirección de la mía, que está muy próxima a la suya, por si necesita hablar. Esta mañana tenía colgadas unas flores en la ventana de casa con una nota en la que rezaba: “Gracias”. Vosotros: ¿Qué pensáis que debe hacer esa mujer? ¿La ama de verdad? ¿Por qué está con ella? ¿Es normal que si ama a alguien lo desee con tanta necesidad física? ¿Esa relación está destinada al fracaso?
Agueda Conesa Alcaraz
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