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26
Oct 2009

PORTUGAL: MANOS AL PODER y CON MULETAS (II parte)

Escrito por: princesadelnilo1964 el 26 Oct 2009 - URL Permanente

masturbacion

Hoy nos hemos decantado por visitar a nuestros vecinos los “portugueses” y un querido amigo, que no sé si está dispuesto a que su nombre salga publicado, me ha enviado una historia muy tierna, pero a la vez muy excitante. Masturbarse mutuamente ante muchas personas…..o que la policía te llame al “orden”. Supongo que ese amigo cuando lea su historia, si lo desea se dará a conocer. Siempre respetaré el anonimato. Desde aquí le doy las gracias por participar en éste viaje……
No sé si será hace 20años, pero por ahí andará, es curioso como uno con el tiempo recuerda estas cosas, es más a uno no se le ha olvidado, ni quiero.

Eran las navidades, y yo acaba de romper una relación, mejor dicho, ella había decidido romper la relación, esta relación era breve, pero como todas las que empiezo, siempre pienso que son para siempre; fui a su casa y, dando una vuelta por el gélido invierno de Alcalá de Henares y me lo dijo, mirando al infinito preguntándome y preguntando el porqué, me fui a mi casa.

Para celebrar la ruptura me fui con unos amigos a los Alpes, me volví antes de tiempo con una rodilla machacada; la verdad es que el retorno, en avión, fue más cómodo que la ida, en autobús; pero vaya año que me esperaba por delante.

Ese año, con muletas conocí a otra chica, era de Asociación política de mi barrio. Es curioso, pero de esto ella nada sabe, y si lo supiera, ahora, no me importaría, después de cómo acabamos unos años después.

Un fin de semana, ya en primavera y con la escayola recién retirada, quedé con unos amigos para celebrarlo. Yo aún iba con las dos muletas, la pierna apenas la doblaba unos 10 grados con mucho dolor. Ese fin de semana quedamos por la zona de Argüelles, recuerdo que éramos cuatro, y no sé cómo, de repente me presentaron a una chica; me da mucha rabia no recordar el nombre, me acuerdo de sus rizos, de sus ojos azules… grises… según la luz, y de su sonrisa, de su amplia sonrisa que se abría como las alas de una mariposa.

Esta chica había venido con unas amigas y no sé porqué se vinieron con nosotros, recuerdo que a la altura de San Bernardo en los jardines de la rotonda, yo no podía más y me tumbe en la hierba a descansar, ella se tumbo a mi lado con sus rizos acariciando mis dedos; mis manos ya están libres de la muletas y empecé a acariciarle el pelo, primero con las yemas de mis dedos; no tardé en enredar mis dedos entre sus rizos.
Ella cambio su postura y apoyó su cabeza sobre mi pecho. Mi corazón empezó a latir más deprisa. La que era mi novia en ese momento estaba en casa de sus padres en Villalba y yo estaba ahí, con una mezcla de sentimientos de culpabilidad y excitación.

Ella deshizo mi dicotomía, acercó a sus labios a los míos y nuestras bocas se fundieron en un prolongado beso, mi manos e deslizaba por su espalda y notaba como se tropezada con el corchete de su sujetador por debajo de la ropa, ella se iba subiendo encima de mí, mientras que con sus dos manos me atrapaba la cabeza y apretaba sus labios contra los míos, y su lengua se abría paso a través de la mía para jugar al juego eterno.
Mi mano izquierda bajo hasta la altura de su nalga y la apretaba contra mí, acariciando su falda mínima. Mi mano derecha acariciaba su costado, desde la cadera hasta su axila. Noté que mi pene empezó a hincharse y ella empezó a notarlo; entre el beso …empezaba a dibujarse una sonrisa, y abrió sus piernas subiéndose su minifalda hasta la cintura y sus piernas, enfundadas en unas mallas se acoplaron en mis caderas. Yo notaba su sexo, caliente sobre mi pene y empezó a mover sus caderas acariciando mi pene, a través de la ropa.

Pensé que eyacularía en ese momento pero una patrulla de la Policía Municipal toco su sirena en ese momento; desfundamos nuestro beso y miramos al coche que, de lejos, nos daba las largas para invitarnos a abandonar esa situación.

Nos fuimos todos juntos hacia la zona de Bilbao, y por cada descanso de las muletas, ella aprovechaba para coger mis manos entre las suyas. En ese momento no pude más y le confesé que tenía novia; ella me sonrío y me dijo que no le importaba, que solo quería pasárselo bien.

Entramos en un pub que ya no existe, tomamos un par de copas y nos sentamos en unos sillones, eso fue impresionante. Empezamos a besarnos, primero con cuidado, como si fuéramos principiantes. Nos besábamos con dulzura en los labios, en el cuello, en las manos… Pronto deslizó mis manos por debajo de su blusa y pude notar su vientre. Empecé acariciarla alrededor del ombligo y nuestros labios se fundieron en otro largo y prolongado beso. Sus manos se metieron dentro de mi camisa y empezaron a acariciarme la espalda. Subí una mano y empecé a acariciar la copa de su sujetador; con la otra mano subí hasta el corchete y empecé a desengancharlo, ella me ayudó a cogerlo y guardarlo en su bolso.

Su pecho estaba libre para mí, acariciaba la base de sus senos y mi corazón empezaba a salirse del pecho, mientras que mi pene pugnaba por abrirse paso, se aplastaba contra los calzoncillos. Suavemente subía la mano hasta envolver a su pecho, aplastarlo contra ella, arañar delicadamente su piel, jugar con su pezón; ella bajaba su mano hasta mi entrepierna, acariciaba la cara interna de mis muslos hasta que posó su palma a lo largo, de mi pene, frotó con energía su mano, una, dos, tres, veces; empecé a jadear y mientras nuestras salivas se mezclaban.

Se separó de mis labios y me dirigió su cabeza contra su cuello, donde empecé a lamérselo y mordérselo, mientras ella me bajaba la bragueta y buceaba entre la tela de mi calzoncillo para agarrar mi enhiesto pene con su mano y empezar a masturbarme.

Cambié de mano para llevar la derecha entre sus piernas, la posé en la rodilla y empecé a acariciar su muslos, primero con suavidad, pero según me acariciaba el pene, yo apretaba con más fuerza, subí hasta debajo de su minifalda, y noté, a través de sus mallas su sexo, húmedo, caliente….Deslice mi mano por debajo de sus mallas y por debajo de sus braguitas, acaricié su vello púbico, notaba su excitación, la notaba sudar y jadear ansiosa. La palma de mi mano empezó a acariciar todo el conjunto de su sexo, hasta que con la base de mi índice, encontré su clítoris y empecé a apretar con fuerza, mientras la yema de mi dedo empezaba a explorar la entrada de su vagina.

Me costó mucho trabajo pedir que parara o que eyacularía ahí mismo, pero no me hizo caso. Me pidió que siguiera, y seguí; vaya si seguí. Al estar más tranquilo pude observar a mi alrededor como no sólo sus amigas y mis amigos nos miraban con una mezcla de estupor y envidia….sino todo el mundo en el pub no nos quitaba ojo; la exposición a los demás me excitaba aún más, apretaba con fuerza unas veces, acariciaba con dulzura otras, y al final, en un fuerte jadeo, en un gran grito, llegó al orgasmo.

Torpemente se levantó y me ayudó a levantarme para ir al baño del pub, donde con ternura para no dañar mi rodilla, consiguió bajarme los pantalones y sentarme sobre la taza, ella se bajó las mallas y se apartó las braguitas a un lado y, me confesó al oído, que estuviese tranquilo, que tomaba la píldora.

Se sentó a horcajadas sobre mí, y empezó a cabalgar con ímpetu; tal y como estaba yo de excitado no tardé en eyacular, aunque ella, siguió cabalgando hasta tener uno, dos, tres, orgasmos.

Salimos como animales borrachos del baño, muy felices. Más tarde nos despedimos; ellas se fueron por su lado, nosotros por el nuestro; y pregunté a mis amigos que quienes eran sus amigas que de dónde habían salido. Ninguno las trajo, solo se nos pegaron de casualidad.

Volví a mi vida con mi novia, con la tristeza de perder un tren en mi vida; nunca supe de esta chica y nunca esperé volver a saber de ella. La relación con mi novia se truncó un par de años después, y de muy mala manera.

Ahora con la perspectiva de los años, pienso que los años 80 fueron muy peligrosos, la mentalidad de esa época, la desinformación del SIDA, las ETS era tremenda.

¿Me arrepiento de lo que hice? No, quizá de cómo lo hice, de haber tenido el teléfono de esta chica hubiera cambiado mi vida considerablemente. Hoy soy un hombre felizmente casado y dadas las circunstancias, me alegro de no volver a ver a esta chica; pero siempre estaré alucinando con su forma de expresión sexual, con su sexualidad.