Hay 2 artículos con el tag novela en el blog Un día cualquiera. Otros artículos en La Comunidad clasificados con novela

13
Jun 2009

EL FARO DE LA PASIÓN IV (REENCUENTRO BAJO EL AGUA)

Escrito por: princesadelnilo1964 el 13 Jun 2009 - URL Permanente

cabo de palos

Cuando Katrina llegó al restaurante, Pablo ya había pedido una botella de vino y se había servido dos copas. Estuvieron hablando de cosas triviales, como si les diera reparo hablar de lo ocurrido. Fue ella quien rompió el hielo e inició una charla sobre la adquisición del Faro. Él le contó lo mal que se sentía en la casa que había compartido y lo sólo que se sentía sin María. Cuando su padre le dijo que el faro se vendía, lo compró y decidió volver a su pueblo. Katrina le dijo que si no pensaba volver a rehacer su vida. Pablo la miró y no comentó nada. Después de la comida dieron un paseo por la playa, aún no se había llenado el pueblo de turistas y la playa estaba desierta. Él le daba vueltas a la cabeza de cómo preguntarle qué pensaba hacer con su vida, más se callaba. Katrina, ante su mutismo, le dio las gracias por dejarla pasar unos días allí. Entonces, se acordó del vestido de bebé que había en un cajón de la cómoda y le preguntó. Pablo le dijo que era un vestido muy antiguo y con el que se habían bautizado varias generaciones suyas. Añadió que había soñado que su hijo también lo habría usado. Era lo único que guardó. Al llegar a casa, ella se metió en el dormitorio y él se fue a la tienda. Katrina no pudo dormir, pues recordaba cómo conoció a Saúl y lo mucho que le ayudó en sus inicios como escritor. Su marido trabajaba en un periódico regional, y varias veces habían coincidido en el Juzgado. Fue Carlos, el marido de Rocío, quien los presentó. Rápidamente se hicieron buenos amigos y de igual forma, decidieron vivir juntos, antes formalizaron la relación con una sencilla boda. Los primeros años fueron muy felices, pues aunque los hijos no llegaban, disfrutaban haciendo viajes. Katrina le apoyó en todo cuando su pareja decidió abandonar el periodismo para dedicarse de lleno a escribir. Ella era quien mantenía la unidad familiar. No le importaba, pues Saúl era feliz. Recordaba la primera vez que hicieron el amor y la dulzura que él tuvo con ella. Pero los buenos pensamientos se fueron y llegaron las preguntas que le tenía que hacer a su marido, cuando volviera a casa. ¿Por qué engañarla? y ¿en qué falló ella?. Cuando se levantó pensó que podría hacer algo de cena y darle así las gracias a Pablo por todas sus atenciones. Bajó hasta el pueblo y compró todo lo necesario para hacer unos sencillos platos. Cómo no sabía qué le podía gustar a Pablo, adquirió verduras frescas y fruta. Compró una botella de vino y unos dulces. Se metió en la cocina y comenzó a elaborarla. Cuando acabó estaba tan acalorada, que pensó no le vendría mal un baño y cambiarse de ropa para la cena. Se fue hacia el aseo y se desnudó. Se miró al espejo, hacía mucho que no lo hacía. Observó que sus pechos no eran tan firmes como antes. Pero su piel seguía siendo suave. Los años no habían hecho mella aún en su cuerpo. No era delgada, pues estaba bien proporcionada. Sin querer, cerró los ojos y se acarició su cuerpo. Fue deslizando sus manos por él y se dejó llevar por la imaginación del momento. De repente, notó unos ojos en ella. Al abrirlos vio que eran de Pablo. Se cubrió el cuerpo y cerró la puerta. ¿Qué pensaría de ella al verla así? Se sentaron a cenar en la terraza, corría una suave brisa que hacía aún más agradable la noche. Hablaron de mil cosas, pero omitieron la parte más dolorosa de cada uno. Tras la cena, Pablo recogió la mesa y sirvió una copa de licor. Katrina comenzaba a sentir, entre el vino y el licor, un calor que le recorría el cuerpo. Él le sugirió un baño en la playa. Al principio ella se resistió, pero el calor era sofocante, por lo que se puso la pieza de baño y tomó una toalla. Se adentraron en la mar y comenzaron a nadar. Las miradas se cruzaban y ambos sentían la necesidad de hacer el amor, más ninguno de los dos se decía a dar el primer paso. Katrina se marchó a su habitación para darse una ducha y quitarse la sal de la piel. Pablo comprendió que la deseaba y pensó que debía ir a su encuentro. Abrió la puerta del baño y corrió la mampara. Observó a una mujer en plena madurez, hermosa y deseable. Sin decir nada entró dentro de la bañera y fue enjabonando la espalada de la mujer. Ella cerró los ojos y deseó que él continuara. Cuando las manos de Pablo llegaron a la altura del cuello, en vez de enjabonarlo, lo fue besando lentamente, a la vez que su lengua se deslizaba por ambos lados del mismo. Ella se dio la vuelta y le besó. Sus bocas de buscaban y se saboreaban. Las salivas se mezclaban y las manos acariciaban los cuerpos que estaban aún mojados. Pablo bajó la cabeza y sus labios se dirigieron a los senos de Katrina. Les fue mordisqueando despacio, a la vez que la lengua hacía círculos sobre la aureola. Ella bajó su mano derecha al miembro sexual y lo encontró erecto y duro. El hombre, sin decir palabra, salió del baño y la tomó entre sus brazos. La llevó hasta la cama y allí fue recorriendo cada parte de la piel femenina. Cuando llegó al sexo, ella abrió las piernas y se dejó sentir cómo los labios de Pablo jugaban con su sexo. Se subió sobre ella y cabalgó despacio para ir aumentando la velocidad y la intensidad. Después del acto se durmieron abrazados. Entonces, sonó el móvil de Katrina. Era Rocío, quien le comunicaba a su amiga que no encontraba a Saúl, que había desaparecido. ¿Dónde estaba su marido?

20
May 2009

EL FARO DE LA PASIÓN (I PARTE)

Escrito por: princesadelnilo1964 el 20 May 2009 - URL Permanente

faro

Hace un tiempo saqué éste primer capítulo de una especie de novela que intento escribir..por aquel entonces no tenía tantos amigos/as como los tengo ahora por lo que he capturado para ver qué opinais. Espero que sea de vuestro agrado..por continuar o dejar sentado que como escritora no tengo ningún futuro...por cierto más o menos es una historia real.

EL FARO DE LA PASIÓN

Cuando cerraba los ojos para intentar dormir, siempre le acudían las mismas frases, una y otra vez. “Tú eres aburrida, no sabes hacerme feliz”. “Necesito el sexo que te niegas a darme y que me corresponde como tu marido”, esas eran las frases que martilleaban su cerebro, noche tras noche. Luego, Katrina, veía las escenas. Era como si en su retina se hubieran quedado. Su marido desnudo sobre la cama y su amiga encima de él, cabalgando a un ritmo frenético. Los jadeos eran fuertes y las palabras que ella le decía eran sórdidas, algo que Katrina jamás imaginaba que diría. Acabada de tener un juicio y decidió darle una sorpresa a Saúl. Compró pescado fresco, y una botella de vino rosado, el favorito de él. Estaban atravesando una crisis y pensó que tomarse la tarde libre y dedicársela a su marido les podría venir bien. Saúl siempre se quejaba de que ella como juez era muy inteligente, pero como amante había perdido esa chispa que lo encendía cuando eran tan sólo amigos. Entonces no había prisas para hacer el amor. Tampoco importaba el lugar en el que practicarlo. Cuando abrió la puerta de casa, ya  intuyó que algo raro pasaba, su marido no estaba en el despecho. Se dirigió al dormitorio y esa escena se le clavó en su corazón. La pareja jadeante, los suspiros y los cuerpos desnudos y sudorosos. Salió de casa, sin un rumbo fijo. Tan sólo necesitaba respirar. Se acercó hasta una plaza y se sentó en un banco. Comenzó a recordar cómo había conocido a Saúl y el tiempo en el que ambos eran felices. Recordó la primera vez que hicieron el amor. Fue durante un fin de semana. Habían decidido pasarlo en un pueblo costero. ¿Cómo se llamaba? Debería mirar las fotos, pues seguro que aparecería el nombre. Recordaba haber realizado fotos en un faro precioso. Allí mismo hicieron el amor. El faro estaba en alto y soplaba un fuerte viento. La luz que desprendía era roja, por lo que intuyó que estaba entrando una embarcación. Él la abrazó y ella se giró. Ambos, sin decirse palabra alguna, se fundieron en un apasionado beso, que les llevó a olvidar el viento y el frío de la noche. Saúl le pasaba la mano por su espalda, con delicadeza. Ella realizó lo mismo por su nuca y su pecho. Se dirigieron al banco que había en el faro y allí ella se sentó encima de él. Sin decirse nada, Saúl se abrió el pantalón y ella se subió la falda y se bajó la prenda interior. Era tal la necesidad de sentirse unidos, que no pensaron que alguien podría estar observando. Ambos se movían a un ritmo lento, acompasado, mientras sus bocas no dejaban de buscarse y sus manos de acariciarse. Esa fue la primera vez que Katrina experimentaba con el sexo. Le gustó y desde ese momento entre los dos siempre hubo química. Con el paso del tiempo Saúl demandaba más y ella no tenía tiempo, pues él se dedicaba a escribir y vendía muy poco, y ella era quien pagaba todas las facturas.  Poco a poco la pasión fue muriendo. Hasta que descubrió que él la engañaba con otra. Caminaba, con paso firme, hacia casa, pues durante esas horas de soledad, había decidido salir y tomarse unos días libres. Llegó a casa y tan sólo encontró una nota de Saúl. Se iba unos días a casa de sus padres. ¡Que bien, ella pagaría los gastos! Ni una nota de disculpa. Le llamó al móvil, pero estaba apagado. Llamó a un compañero de trabajo para decir que estaría unos días fuera de la ciudad. Nadie le preguntó el motivo. Hizo la maleta con lo más urgente y se dirigió al garaje. Puso en marcha el coche y arrancó, sin saber con seguridad hacia dónde se dirigía. Tras varias horas de conducir llegó al mismo pueblo costero. Se dirigió a la posada en dónde habían estado años atrás. No sabía si estaría abierta y si tendrían habitaciones libres. Eran los mismos dueños quienes la regentaban. Ella solicitó una habitación. Dio los datos, dejó las cosas en el dormitorio y volvió a salir. Sus pasos la llevaron hasta el faro. Todo estaba igual. Se sentó en el mismo banco, ahora pintado de otro color. Allí pasó lo que quedaba de noche.  La casita, junto al faro, seguía igual. Nada había cambiado. Al alba, apareció un hombre quien le llevaba una taza de café. Se sentó a su lado sin decir ninguna palabra. Katrina comenzó a llorar y Pablo, simplemente la abrazó y la fue consolando, con dulces palabras.  La llevó hasta la casita y una vez en la habitación, abrió el agua caliente del baño. Ella se dejaba hacer, ya que no el importaba nada. Sentía un enorme vacío dentro de ella. Pablo, quien era el dueño de la casa, al fue desnudando y la metió en la bañera. La fue enjabonando muy despacio. Su cuerpo estaba helado y el agua caliente le sentaría bien. La envolvió en un albornoz y abrió la cama. La metió bajo las mantas y apagó la luz. Cuando iba a salir, ella le suplicó que no la dejase sola. El se acercó hasta ella, se metió dentro de la cama y la abrazó. Ella le imploró que le hiciera el amor, a lo que él le respondió con un beso dulce, con un jugueteo de lenguas y con un recorrer esa piel que ya comenzaba a entrar en calor. Estuvieron horas disfrutando del contacto de ambas pieles, del sabor de las salivas y del tacto de las manos al recorrer todos los rincones corporales, sin olvidar el sonido de esas palabras dulces e íntimas. Al fondo, tras los cristales del ventanal se divisaba la luz verde del faro. ¿Quién era Pablo?...esa es otra historia.. (Águeda Conesa)