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26 Nov 2009

CONSULTAR AL PSICOANALISTA

Escrito por: carlos-fernandez el 26 Nov 2009 - URL Permanente

¿CUÁNDO CONSULTAR AL PSICOANALISTA?

He recibido algunas cartas que preguntan ¿Cuándo es el momento más adecuado para consultar con un psicoanalista? Si lo pensó, si se lo preguntó es por que lo desea, es el momento preciso y si espera, si renuncia es su deseo lo que posterga y de lo único que se puede sentir culpable un sujeto es de ceder en el deseo. La vida son decisiones y el tiempo que lleva tomar una decisión es siempre psíquico, una implicación del sujeto.

El inconsciente no tiene tiempo, dicho de otra manera: maneja todos los tiempos posibles y su suceder no es lineal, ni continúo, ni cronológico. El tiempo psíquico funciona a saltos, es lógico, recurrente y paradojal. De modo tal que podemos ver a un niño jugando a ser papá y a un adulto comportarse de manera infantil. También existe el concepto físico de tiempo que, es medible, se puede calcular, es el tiempo convencional del reloj, el del calendario ya preestablecido, unidireccional, condena de lo que será por ya haber sucedido. Con ésta concepción de tiempo físico no se puede modificar el pasado, que ya pasó. Por ejemplo un antes de C. y un después. Entonces hay diferentes conceptos de tiempo y el ¿Cuándo consultar? dependerá desde donde se piensa.

La ciencia ha develado diferentes cegueras del hombre, en cada descubrimiento, y eso nos permite decir a los ciudadanos del siglo XXI que: somos unos privilegiados. Disponemos de la ciencia física, las matemáticas, la química, el materialismo histórico, el psicoanálisis, la lingüística, el derecho, la información…

Todo ello permite que puedan convivir varias generaciones en un mismo lugar con diferentes pensamientos, culturas, tradiciones y religiones, ya que el hombre es tiempo y la humanidad que nos habita no es espacial sino pura temporalidad. Otra cuestión es “la intolerancia” que el sujeto siente y padece, de modo tal que cada “otro” humano puede ser vivido como extranjero, al modo de los cuerpos extraños que fundamentan las reacciones antígeno anticuerpo del sistema inmunitario.

Ya el doctor Sigmund Freud, fundamentó que en la vida anímica individual aparece integrado “el otro” como: modelo, objeto, auxiliar o adversario. Por ello lo individual es al mismo tiempo social. Ya que uno sólo nada puede. Hasta el onanismo presenta dedicatoria. Y así como no habría existido la física sin las matemáticas, no usufructuaríamos los objetos tecnológicos sin el pensamiento psíquico que permite la articulación de las diferentes prácticas. Por ejemplo después del Banquete de Platón, se puede hablar de un discurso del amor y aunque no se haya leído al autor, aunque se desconozca la ley, no queda eximido el sujeto de su padecimiento y cumplimiento.

También podemos decir que es el efecto el que produce las causas, que no hay causa del ayer, que psíquica y socialmente no es el pasado el que determina la acción de cada sujeto. Es desde el efecto, desde la puntuación que se puede leer, desde el futuro se pueden reconstruir las operaciones y mecanismos que dan cuenta del proceso. Desde el capitalismo se pueden leer los instrumentos que intervinieron en el feudalismo. Es desde Copérnico que se pueden leer e interpretar, lo anterior al descubrimiento científico de la teoría heliocéntrica, como hechos precientíficos (lo geocéntrico) de una ideología donde el hombre y cada uno era el centro del universo, girando todo a su alrededor.

Los hechos existen después de ser interpretados, por eso, en cada vida humana, el sujeto atraviesa pensamientos donde cree, ser el centro de su madre, su familia, su pandilla. Y la vida que algunos dicen que es cruel, injusta, breve dicen otros…el poeta escribe: “en el ejemplo de vivir, vivir es el ejemplo”. “Vivir desde un principio es separarse”. Luego no es necesario estar enfermo, para psicoanalizarse.

Para comenzar una conversación con un psicoanalista, con un profesional especializado en la escucha poética, es decir un lugar donde se puede hablar con la seguridad de que nada ni nadie podrá tomar decisiones por uno mismo, un lugar donde poder hablar sin necesidad de cumplir con lo fantaseado, un lugar donde compro el silencio del otro por pagar con dinero, un lugar donde por psicoanalizar lo que no puede dejar de ser humano, por extraño y único que parezca, seré semejante y diferente a todo otro y esa humanidad anidando entre las palabras, no hará la vida más sencilla, en todo caso la hace posible de ser vivida. Jugarse es vivir.

Dr. Carlos Fernández del Ganso

22 Nov 2009

LA SALUD DE "NUESTROS" PROFESIONALES

Escrito por: carlos-fernandez el 22 Nov 2009 - URL Permanente

"Sólo le falta hablar". Miguel Oscar Menassa

La salud es una producción. No hay salud innata o natural (el recién nacido no cuenta con un sistema inmunitario maduro, suficiente y eficaz, las vías nerviosas no están recubiertas de mielina con lo que la musculatura no puede responder con actos adecuados, los huesos no pueden sostenerle, no puede ver ni fijar al mirada…)

Todo se construye, la salud también. Todo se construye, la enfermedad también.

Se puede padecer una enfermedad con salud o se puede padecer una enfermedad sin salud. El pronóstico y el modo de vivir la enfermedad son diferentes según sean los criterios de salud y enfermedad que se manejen.

Quiero decir que la salud no es lo opuesto a la enfermedad. Lo contrario de enfermedad es la sanidad (prevención y tratamiento de lo infecto-contagioso). Se relaciona “sanidad y consumo”. Sin embargo “salud se articula con producción”

El concepto de salud engloba y supera, conteniendo, al de enfermedad. Desde la enfermedad no se puede pensar la salud. Así como la sexualidad engloba y piensa la genitalidad y el grupo supera, engloba y considera lo individual. Conociendo, estudiando, investigando lo estructural, lo normal, lo topológico, lo fisiológico, lo psíquico, desde ahí se puede dar cuenta de lo patológico y lo posible.

Los profesionales de la medicina realizan cuando se colegian el “Juramento Hipocrático” que entre otras cosas dice: “Trataré al que me haya enseñado este arte como a mis progenitores…”. “Y haré participes de los preceptos y de las lecciones orales y de todo otro medio de aprendizaje no sólo a mis hijos, sino también a los que de quien me haya enseñado y a los discípulos inscritos y ligados por juramento según la norma médica, pero a nadie más”. “Y no daré ninguna droga letal a nadie…”. “Y si en mi práctica médica, o aun fuera de ella, viviese u oyese, con respeto a la vida de los hombres, algo que jamás deba ser revelado al exterior, me callaré considerando como secreto todo lo de este tipo…” El Juramento Hipocrático, que corona la graduación del recién licenciado comienza así: “Juro por Apolo médico y por Asclepio y por Hygiea y por Panacea y todos los dioses y diosas, poniéndoles por testigos, que cumpliré, según mi capacidad y mi criterio, este juramento y declaración escrita”

Pero la salud es una producción. Los dioses pueden no enfermar. Los dioses en todos los casos son producciones humanas, así como el mito constituye el paso con el que el individuo se separa de la psicología colectiva. Decimos que el primer mito fue seguramente de orden psicológico, el mito del padre. El primer poeta épico transformó la realidad en el sentido de sus deseos e inventó así el mito heroico.

Y todo este rodeo para señalar la salud de nuestros profesionales: ¿se cuidan los médicos o no lo necesitan? ¿a los abogados y jueces no les pasa nada en su ejercicio? ¿los profesores cuando enseñan aprenden algo? ¿los periodistas ponen su ética en cuestión alguna vez? ¿los psicólogos qué hacen por su salud? y los artistas, los técnicos, los arquitectos…

Por que los profesionales están acostumbrados a tratar y escuchar las dolencias de los pacientes, las cuitas de herencias, divorcios, las noticias cruentas y maltrato familiar, los crecimientos asimétricos y rebeldía de los jóvenes pero a ellos, a los profesionales: ¿quién los escucha?

O vamos a pensar que no necesitan atención médica y psicoanalítica, prevención o tratamiento, por haber jurado por Apolo, Asclepio y todos los demás dioses y diosas, por haber cursado la universidad o conocer el código civil, ocupar lugares de poder, haber sido aplaudidos o tener prestigio social, les asegura salud.

Se dice: “que los médicos suelen ser malos pacientes”, “en casa del herrero…”

Quiero desde estas páginas invitar a la reflexión a los propios profesionales, más expuestos tal vez que otros trabajadores a ciertas dolencias, por que si bien las enfermedades infecto-contagiosas (es a través de la sanidad que se previene y trata) de la salud y “el deseo” (que también se contagia) de esto poco o ninguna información reciben los médicos en la Facultad de Medicina y posterior especialización. Imagino que debe ocurrir algo similar en Derecho, Periodismo, Arquitectura…

¿Dónde y con quién supervisan los profesionales de la salud su cuitas laborales, dificultades familiares, cuidados personales y proyectos sociales? o vamos a pensar que los médicos no precisan atención psíquica por haber estudiado medicina, y los profesores escriben y los ingenieros saben pensar al semejante y los periodistas saben escuchar y los abogados son tolerantes y nuestras madres todas unas santas.

Los lapsus reiterados, la desgana, la ausencia de amor propio (sobre todo en la profesión) los olvidos, la falta de tiempo, son señal de que los sentimientos siempre se oponen, distorsionan y dificultan el pensamiento. Un poco de egoísmo es saludable.

Con psicoanálisis la salud es posible.

Dr. Carlos Fernández (Psicoanalista)

20 Nov 2009

QUE NOS DICEN LOS RECUERDOS

Escrito por: carlos-fernandez el 20 Nov 2009 - URL Permanente

Nuestros más tempranos recuerdos infantiles son siempre de un gran interés, debido a que: ninguno de los productos psíquicos infantiles ha sucumbido en el adulto.

En la mayoría de las escenas infantiles importantes, el sujeto se ve así mismo en edad infantil y sabe que aquel niño que ve es él mismo; pero lo ve como lo vería un espectador. Es indudable, que esta imagen mnémica (huella en la memoria) no puede ser una fiel reproducción de la impresión recibida en aquella época, ya que el sujeto se hallaba en el centro de la situación y no atendía a su propia persona sino al mundo exterior (era el protagonista)

LOS ÓRGANOS DE LA PERCEPCIÓN SON ENGAÑOSOS.

Cuando aparece, en un recuerdo, el sujeto como un objeto entre otros objetos, puede considerarse esta oposición del sujeto actor y el sujeto evocador como una prueba de que la impresión primitiva ha experimentado una elaboración secundaria (un trabajo extra de almacenamiento de datos), algo así como si la huella de la infancia, hubiera sufrido una traducción en una época posterior (cuando se tiene el recuerdo) al lenguaje visual. Existen además situaciones, posible de ser contrastadas con otros personajes de la escena, donde el sujeto recuerda escenas falseadas, esto corresponde no tanto con una infidelidad de la memoria, sino con el proceso y mecanismos de la represión, que hace inconsciente, situaciones intolerables para la conciencia. Estos sucesos también han acontecido en momentos en los que podían influir en la vida anímica como conflictos. Se recuerdan escenas que corresponden a épocas posteriores a las que data el contenido de los recuerdos, ya que el deseo siempre se realiza en presente.

Esto acorta la distancia entre los llamados “recuerdos encubridores” y los demás recuerdos de la infancia, pudiendo pensarse que todos los recuerdos infantiles conscientes nos muestran los primeros años de nuestra existencia, no como fueron, sino como nos parecieron que fueron, al evocarlos luego en etapas posteriores de la vida.

Entonces, tales recuerdos no emergen de ningún sitio (no es que estuvieran ocultos y un ejercicio de reflexión los hiciera conscientes) sino que han sido formados, construidos en un tiempo actual, interviniendo en esta formación y en la selección de los recuerdos toda una serie de operaciones y mecanismos ajenos a la fidelidad histórica y que en realidad tienen un correlato con las representaciones finales, dicho de otro modo, todos los recuerdos que acontecen en psicoanálisis tienen que ver siempre con: la vida del paciente, lo sintomático y con la presencia del psicoanalista.

Estos recuerdos se constituyen después de lo que el sujeto piensa y por tanto no son recuerdos infantiles, sino que son fantasías actuales que generan un modo particular de recuerdo, generan el recuerdo como generan el habla, el síntoma, o los sueños, como una transacción entre lo reprimido y lo represor, como dos ideas contrarias (temo-deseo) trazadas en un solo vector. El Inconsciente es la memoria que nunca olvida, luego para recordar es necesario olvidar. Las cosas nunca son lo que parecen. Creemos, cuando miramos, que es el sol el que se mueve pero en realidad es la tierra la que gira alrededor del astro rey. A nuestros recuerdos le sucede algo similar, giran alrededor de lo Inconsciente sin descanso, y de noche los sueños (guardianes del reposo) del hombre normal, reaniman todas las noches su carácter infantil.

Por todo ello: la enfermedad la podemos pensar como al expresión de una inhibición del desarrollo, de ahí la importancia médica del psicoanálisis en todo tratamiento, pues aquello que en el material psíquico del hombre ha permanecido infantil y se halla reprimido, como inutilizable, constituye el nódulo de su inconsciente.

Dr. Carlos Fernández

16 Nov 2009

HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Escrito por: carlos-fernandez el 16 Nov 2009 - URL Permanente

La hipertensión arterial, es uno de los problemas de salud pública más importante en los países desarrollados. Es una enfermedad frecuente, muchas veces asintomática, fácil de diagnosticar pero en ocasiones difícil de tratar.

La mayor parte de los casos (90% - 95%) la causa de la Hipertensión Arterial es desconocida, llamándosela Hipertensión Idiopática o Esencial. Del 5 al 10% restante presenta una causa específica que suele corresponder con patología: cardiaca, renal, endocrina o neurogénica.

Todos los textos especializados destacan que el 95% de los pacientes reciben un tratamiento empírico o sintomático, es decir destinado a disminuir las cifras tensionales sin valorar al sujeto que padece el cuadro y que circunstancias pueden acompañarlo.

El pronóstico de esta dolencia es fundamental, ya que afecta a diferentes órganos pudiendo llevar incluso a la muerte, con lo que el tratamiento correcto mejora el pronóstico de la enfermedad.

Queremos llamar la atención sobre el dato que remarca el desconocimiento de las causas en el 90% de los casos y a lo frecuente que resulta encontrar en consulta el relato por parte del paciente de situaciones diversas con la coincidencia general de: nerviosismo, estrés, ansiedad, exceso de responsabilidad en el trabajo, manifestaciones todas ellas de sentimientos inconscientes de culpa, que hablan en todos los casos de una problemática psíquica, la mayor parte de las veces no tenida en cuenta en el tratamiento, ya que la terapia farmacológica (necesaria por otra parte) y la dieta que se indica, no alcanza para atender el conflicto anímico presente en el 90% de estos pacientes.

EN TODA HIPERTENSIÓN HAY QUE ESCUCHAR EL DESEO.

La moral alcanza hasta donde la mirada nos permite. Míticamente la sangre y en general el estudio de los fluidos corporales fue tabú y en épocas de inquisición más de un investigador que desafiaba las palabras divinas fue repudiado y su obra quemada, recordemos al médico y teólogo Miguel Servet, que se “atrevió” a describir por primera vez el circuito sanguíneo pulmonar, lo que chocaba frontalmente con la ideología imperante en el siglo XVI. Conocimientos que hoy se estudian en todas las Facultades de Medicina, fueron en otro tiempo motivo de disputa científica.

Sabemos que en el proceso fisiológico corporal de la circulación sanguínea intervienen diferentes factores y mecanismos: gasto cardiaco, secreción de hormonas, musculatura lisa de las arterias, filtrado glomerular...y también sabemos que participa en todos los casos el sistema nerviosos autónomo o vegetativo, es decir aquella parte del organismo que presenta una relación directa con el sistema inconsciente. De modo que el aparato psíquico debe ser valorado y tenido en cuenta (como factor etiológico, en el mecanismo etiopatogénico y en todo pronóstico) a la hora de tratar toda Hipertensión.

Como profesionales de la salud mental debemos investigar cual es la tensión sistólica, diastólica (la máxima y la mínima) cual la tensión sexual, la tensión de vivir, la tensión laboral, familiar, y a qué refiere esa Hipertensión en ese paciente en particular y qué se manifiesta en el sistema circulatorio. Otra cuestión a plantearse es por qué unos pacientes responden mejor que otros al tratamiento farmacológico o la compulsión oral (consumo de tabaco, alcohol, comidas) difícil de resolver sin el enfoque adecuado.

El cuerpo es el escenario donde se representa la vida anímica, de modo que cualquier alteración que se manifiesta en el cuerpo, sea de la índole que sea, indica la participación de procesos fisiológicos y psicológicos involucrados en la afección.

Dr. Carlos Fernández

13 Nov 2009

EL PLACER, EL GOCE Y EL SUFRIMIENTO

Escrito por: carlos-fernandez el 13 Nov 2009 - URL Permanente

El Grito. E. Munch

La felicidad es una argucia del sistema capitalista, el goce es una posibilidad del trabajo humano y en el sufrimiento siempre está implicado el sujeto.
Escribió el poeta cubano José Martí “La felicidad sólo puede encontrarse en el camino del trabajo”. Quiere decir que sólo después se produce el deseo, lo humano por excelencia, ya que desear, deseamos todos lo mismo. ¿Y en qué nos diferenciamos? en la distintas maneras de renuncia, de postergación, de trabajo para conseguir lo deseado. En el sujeto psíquico hay una ley, un principio, el Principio de Placer, que le impone al sujeto, la tendencia a conseguir lo que fantasea del orden de la necesidad (sin realizar trabajo alguno) es una tendencia a lo inanimado, a un estado de tensión cero, a evitar cualquier displacer o cualquier aplazamiento que la vida, la realidad le imponga.
Si solo existiera este principio, el sujeto alucinaría comer y esperaría, sin mediar actividad humana alguna, que se realizara “lo deseado”. Afortunadamente el aparato psíquico, le impone al sujeto, para su correcto funcionamiento el Principio de Realidad, una instancia que señala los límites, la ley humana que trabaja para que se pueda producir el deseo. Es decir no hay deseo de estudiar, de trabajar; sino que es estudiando, trabajando que se produce el deseo por leer, por trabajar.

QUIEN TIENE LÍMITES, EXISTE.
De modo que la tendencia exclusiva al placer inmediato, es una alucinación (una fantasía) que no produce efectos sociales. El sujeto psíquico lo es si a su vez es sujeto social. Son los productos, los efectos producidos en la realidad, los que dan cuenta del sujeto. Sigmund Freud, escribió que un sujeto sano es aquel capaz de amar y trabajar.
Entonces una cuestión es la felicidad, como argucia del sistema capitalista, el placer sin la temporalidad necesaria del proceso de trabajo y otra muy distinta es el goce, producto del deseo y del trabajo.
“Lo instintual” es del orden de lo animal, de lo primario, esa tendencia a un estado de Nirvana, esa ilusión de haber conseguido, haber llegado, de ya poseer, lo que ignora y niega lo mortal, finito y caduco del sujeto. Sin embargo “lo pulsional” incluye no sólo al principio de placer, sino también el principio de realidad, de modo que como el deseo no tiene objeto, como le sirve cualquier objeto, le permite al sujeto seguir deseando, seguir buscando, seguir viviendo.
EL DESEO DE VIVIR PRODUCE LA VIDA.
Del mismo modo, podemos decir que sin deseo, acontece la muerte, cuando el sujeto deja de desear (motor de la vida) enferma y si se mantiene en esa actitud puede morir, explicación para algunas dolencias como la Depresión, de la que algunos pacientes se curan y otros vuelven a recaer periódicamente, por no aceptar la doble carencia constitutiva y estructural humana (nacer de humanos y ser mortales).
Cuando se suspende el deseo, viene la muerte lo que no quiere decir que si se desea viene la felicidad, lo que adviene, si se produce es el goce. Goce que hace que todo sea destinto: lo que parecía negro, sea gris y lo monotemático tenga color.
En cuanto al sufrimiento, al dolor del sujeto, como siempre está incluido en lo que pasa, decimos que en el sufrir siempre está implicado el sujeto de alguna manera. Es frecuente observar en consulta que el paciente se decepciona cuando lo que consigue, (aunque sea importante) no coincide con lo que deseaba previamente. Pudiendo incluso producirse una melancólica (grave enfermedad). La decepción es el desencuentro con esa tendencia a la completad y perfección del sujeto. La media naranja no existe.

Dr. Carlos Fernández del Ganso

18 Mar 2009

EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y SU SECRETO, CARLOS MARX

Escrito por: carlos-fernandez el 18 Mar 2009 - URL Permanente

CARLOS MARX

EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA,

Y SU SECRETO

A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. Considerada como valor de uso, la mercancía no encierra nada de misterioso, dando lo mismo que la contemplemos desde el punto de vista de un objeto apto para satisfacer necesidades del hombre o que enfoquemos esta propiedad suya como producto del trabajo humano. Es evidente que la actividad del hombre hace cambiar a las materias naturales de forma, para servirse de ellas. La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte

en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso*.

Como vemos, el carácter místico de la mercancía no brota de su valor de uso. Pero tampoco brota del contenido de sus determinaciones de valor. En primer lugar, porque por mucho que difieran los trabajos útiles o actividades productivas, es una verdad fisiológica incontrovertible que todas esas actividades son funciones del organismo humano y que cada una de ellas, cualesquiera que sean su contenido y su forma, representa un gasto esencial de cerebro humano, de nervios, músculos, sentidos, etc. En segundo lugar, por lo que se refiere a la magnitud de valor y a lo que sirve para determinarla, o sea, la duración en el tiempo de aquel gasto o la cantidad de trabajo invertido, es evidente que la cantidad se distingue incluso mediante los sentidos de la

calidad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario para producir sus medios de vida tuvo que interesar por fuerza al hombre en todas las épocas, aunque no le interesase por igual en las diversas fases de su evolución.** Finalmente, tan pronto como los hombres trabajan los unos para los otros, de cualquier modo

que lo hagan, su trabajo cobra una forma social.

¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo.

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio

de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo.

Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos

materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción.

Este carácter fetichista del mundo de las mercancías responde, como lo ha puesto ya de manifiesto el análisis anterior, al carácter social genuino y peculiar del trabajo productor de mercancías. Si los objetos útiles adoptan la forma de mercancías es, pura y simplemente, porque son productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. El conjunto de estos trabajos privados forma el trabajo colectivo de la sociedad. Como los productores entran en contacto social al cambiar entre sí los productos de su trabajo, es natural que el carácter específicamente social de sus trabajos privados sólo resalte dentro de este intercambio.

También podríamos decir que los trabajos privados sólo funcionan como eslabones del trabajo colectivo de la sociedad por medio de las relaciones que el cambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre los productores.

Por eso, ante éstos, las relaciones sociales que se establecen entre sus trabajos privados aparecen como lo que son; es decir, no como relaciones directamente sociales de las personas en sus trabajos, sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas.

* Recuérdese cómo China y las mesas rompieron a bailar cuando todo el resto del mundo parecía estar tranquilo... pour encourager les autres.

** Nota a la 2ª ed. Los antiguos germanos calculaban las dimensiones de una yugada de tierra por el trabajo de un día, razón por la cual daban a la fanega el nombre de Tagwerk (o Tagwanne) (jurnale o jurnalis, terra jurnalis, jurnalis o diornalis, en latín), Mannwerk, Mannskraft, Mannsmahd,Mannshauet, etc. Véase Jorse Luis von Maurer, Einleitung zur Geschichte der Mark-, Hof-, usw, Verfassung, Munich, 1854, pp. 128 s.

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Psicoanálisis para todos

Médico Psicoanalísta.
Master en Psicología Médica.
Especialista en Dirección Deportiva.
Profesor de Formación Empresarial Superior en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Profesor en la Real Federación Española de Fútbol - Curso Superior de Directores Deportivos -

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