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14 Jun 2009

PSICOANÁLISIS - XV - EL HALLAZGO DE OBJETO Y EL COMPLEJO DE EDIPO

Escrito por: carlos-fernandez el 14 Jun 2009 - URL Permanente

Allí te espero. Miguel O. Menassa

El instinto parcial oral encuentra al principio su satisfacción con ocasión del apaciguamiento de la necesidad de alimentación y su objeto en el pecho materno. Luego se hace independiente, y, al mismo tiempo, autoerótica esto es, encuentra su objeto en el propio cuerpo. También otros instintos parciales se conducen al principio autoeróticamente y son orientados luego hacia un objeto extraño. Es un hecho muy importante el de que los instintos parciales de la zona genital pasen regularmente por un período de intensa satisfacción autoerótica. No todos los instintos parciales son igualmente utilizables para la organización genital; algunos de ellos (por ejemplo, los anales) son dados de lado, reprimidos o sufren complicadas transformaciones. Ya en los primeros años infantiles (aproximadamente entre los dos años y los cinco) se constituye una síntesis de las tendencias sexuales, cuyo objeto es, en el niño, la madre. Esta elección de objeto, junto con la correspondiente actitud de rivalidad y hostilidad contra el padre, es el contenido llamado complejo de Edipo, que en todos los humanos entraña máxima importancia para la estructuración definitiva de la vida erótica. Se ha comprobado como hecho característico que el hombre normal aprende a dominar el complejo de Edipo, mientras que el neurótico permanece envuelto en él.

Psicoanálisis y teoría de la libido. S. Freud, 1923.

04 Feb 2009

LA RELACIÓN DE OBJETO. DEL COMPLEJO DE EDIPO. LACAN - 1957 -

Escrito por: carlos-fernandez el 04 Feb 2009 - URL Permanente

LA RELACIÓN DE OBJETO.

DEL COMPLEJO DE EDIPO

1957

¿En qué se convierte el sujeto en este drama en el que se encuentra?

Tal como nos lo describe la dialéctica freudiana, es un pequeño criminal. Entra en el orden de la ley por la vía del crimen imaginario.

Pero sólo puede entrar en este orden de la ley si, por un instante al menos, ha tenido frente a él un partener real, alguien que en el Otro haya aportado efectivamente algo que no sea simplemente llamada y vuelta a llamar, par de la presencia y de la ausencia, elemento profundamente negativizador de lo simbólico — alguien que le responde.

Ahora bien, si las cosas pueden expresarse así en el plano del drama imaginario, esta experiencia debe darse en el nivel del juego imaginario. Si la imprescindible dimensión de la alteridad absoluta, de quien simplemente tiene la potencia y responde de ella, no interviene en ningún diálogo particular, es por alguna razón. Se encarna en personajes reales, pero estos personajes reales a su vez dependen de algo que a fin de cuentas se presenta como una eterna coartada. El único que podría responder absolutamente de la función del padre como padre simbólico, sería alguien que pudiera decir como el Dios del monoteísmo —Yo soy el que soy. Pero esta frase que encontramos en el texto sagrado no puede pronunciarla nadie literalmente.

Me dirán entonces —Usted nos enseñó que el mensaje que recibimos es el nuestro, en forma invertida, por lo tanto todo se resuelve con un Tú eres el que es. No lo crean, pues ¿quién soy yo para decirle esto a alguien, quienquiera que sea? En otros términos, lo que quiero indicarles es que el padre simbólico es impensable, hablando con propiedad.

El padre simbólico no está en ninguna parte. No interviene en ninguna parte.

La prueba hay que encontrarla en la misma obra de Freud. Hizo falta un espíritu como el de Freud, tan comprometido con las exigencias del pensamiento científico y positivo, para llevar a cabo esta construcción que él, como Jones nos confía, tenía en más que todo el resto de su obra. No le daba el lugar más destacado, porque su principal obra, la única —así lo escribió, lo afirmó y nunca lo desmintió—, es La interpretación de los sueños, pero su predilecta, la que consideraba un logro, una hazaña, es Tótem y tabú, nada más y nada menos un mito moderno, un mito construido para explicar lo que permanecía como un hiato en su doctrina, saber —¿Dónde está el padre?

Basta con leer Tótem y tabú simplemente con los ojos abiertos, para advertir que si no es lo que yo les digo, o sea un mito, es absolutamente absurdo. Tótem y tabú para decirnos que, para que subsista algún padre, el verdadero padre, el único padre, el padre único, ha de haber estado antes de la historia y ha de ser el padre muerto. Más aún —ha de ser el padre asesinado. Y en realidad, ¿cómo pensarlo siquiera, salvo en su valor mítico? Pues que yo sepa, el padre en cuestión, no lo concibe Freud, ni nadie, como un ser inmortal. ¿Por qué han tenido que adelantar los hijos su muerte de algún modo? Y todo esto, ¿para qué? Para, al fin y al cabo, prohibirse ellos mismos lo que se trataba de arrebatarle. Lo mataron sólo para demostrar que era imposible matarlo.

La esencia del principal drama introducido por Freud se basa en una noción estrictamente mítica, porque es propiamente la categorización de una forma de lo imposible, incluso de lo impensable, a saber, la eternización de un solo padre en el origen, con la característica de haber sido asesinado. Y esto, ¿para qué, sino para conservarlo? De paso les indico que en francés, como en algunas otras lenguas, entre ellas el alemán, tuer viene del latín tutare, que significa conservar.

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Médico Psicoanalísta.
Master en Psicología Médica.
Especialista en Dirección Deportiva.
Profesor de Formación Empresarial Superior en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Profesor en la Real Federación Española de Fútbol - Curso Superior de Directores Deportivos -

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