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21 May 2009

EL INCONSCIENTE, cosa bastante precisa

Escrito por: carlos-fernandez el 21 May 2009 - URL Permanente

EL INCONSCIENTE, cosa bastante precisa

- No obstante se acude a usted, psicoanalista, para poder vivir mejor en este mundo que usted reduce a la fantasía. ¿Es también la cura una fantasía?
- La cura es una demanda que parte de la voz del sufriente, de alguien que sufre de su cuerpo o de su pensamiento. Lo sorprendente es que haya respuesta, y que desde siempre la medicina haya dado en el blanco por las palabras.
¿Qué ocurría antes de que el inconsciente fuera descubierto? Una práctica no tiene necesidad de ser esclarecida para operar: es lo que se puede deducir.
- ¿El análisis no se distinguiría por consiguiente de la terapia más que por “ser esclarecido”? Eso no es lo que usted quiere decir. Permítame formularle de esta manera la pregunta: “Tanto el psicoanálisis como la psicoterapia sólo actúan por medio de palabras. Sin embargo se oponen. ¿En qué?”
- Para los tiempos que corren, no existe psicoterapia de la que no se exija que sea de “inspiración psicoanalítica”. Modulo la cosa con las comillas que merece. La diferencia ahí sustentada, ¿consistirá solamente en que no se va a la lona, al diván quiero decir?

Esto ayuda a los analistas carentes de pase en las “sociedades”, iguales comillas, quienes por no querer saber nada, digo: del pase, lo sustituyen por formalidades de grado, bastante elegantes para ubicar permanentemente a aquellos que despliegan más habilidad en sus relaciones que en su práctica.
Por eso voy a presentar aquello por lo cual esta práctica prevalece en la psicoterapia.
En la medida en que interesa al inconsciente, hay dos vertientes que la estructura emite, es decir el lenguaje.
La vertiente del sentido, aquella de la que se creerá que es la del análisis que con el barco sexual nos inunda con olas de sentido. Es sorprendente que este sentido se reduzca al no-sentido de la relación sexual, patente desde siempre en los decires del amor. Patente hasta el punto de ser aullante: lo que da una alta idea del humano pensamiento.
Y encima hay sentido que se hace tomar por el buen sentido, que encima se pretende sentido común. Es la cima de lo cómico, a diferencia de lo cómico conlleva el saber de la no-relación que está en el golpe, en el golpe del sexo. De ahí que nuestra dignidad asuma su descanso, incluso su relevo.
El buen sentido representa la sugestión, la comedia, la risa.
¿Es decir que bastan, aparte ser poco compatibles? Es ahí que la psicoterapia, cualquiera que sea, no alcanza, no que no ejerza algún bien, sino que nos retrotrae a lo peor.
De ahí que el inconsciente, es decir la insistencia donde se manifiesta el deseo, o aun la repetición de lo que ahí es demandado -¿no es ahí que Freud lo dice en el momento mismo que lo descubre?
De ahí que el inconsciente, si la estructura que se reconoce por hacer el lenguaje en lalengua, como yo digo, lo exige bien, nos recuerda que a la vertiente del sentido que en la palabra nos fascina -mediante lo cual el ser hace pantalla a esta palabra, este del cual Parménides imagina el pensamiento, nos recuerda que a la vertiente del sentido, concluyo, el estudio del lenguaje opone la vertiente del signo.
¿Cómo es que el síntoma, lo que se llama tal en el análisis, no señaló ahí el camino? Esto que fue necesario hasta Freud para que, dócil al histérico, llegara él a leer los sueños, los lapsus, incluso los chistes, como se descifra un mensaje cifrado.
- Pruebe que está ahí lo que dice Freud, y todo lo que él dice.
- Que se vaya a los textos de Freud repartidos en tres mayores -los títulos son ahora triviales-, para darse cuenta de que no se trata sino de un descifre de dimensión significante pura.
Es decir que uno de esos fenómenos está articulado ingenuamente: articulado quiere decir verbalizado, ingenuamente según la lógica vulgar, empleo de la lengua simplemente recibido.
Es progresando en un tejido de equívocos, de metáforas, de mentonimias, que Freud evoca una sustancia, un mito fluidico que intitula libido.
Pero lo que él opera realmente, ahí bajo nuestros ojos fijos en el texto, es una traducción en la que se demuestra que el goce que Freud supone en el linde de procesos primarios, consiste propiamente en los desfiladeros lógicos hacia donde él nos conduce con tanto arte.
No hay más que distinguir, a lo que ya había llegado desde hace mucho tiempo la sapiencia estoica, el significante del significado (para traducir los nombres latinos como Saussure), y se aprende la apariencia de fenómenos de equivalencia de los cuales se comprende que hayan podido configurar para Freud el aparato de la energética.
Es necesario un esfuerzo de pensamiento para que se funde la lingüística de su objeto, el significante. No hay lingüística que no se proponga separarlo como tal, y especialmente del sentido.
Hablé de la vertiente del signo para acentuar la asociación con el significante. Pero el significante difiere en que a la batería se la encuentra ya en la lengua.
Hablar de código no conviene, justamente por suponer un sentido.
La batería significante de la lengua no suministra más que la cifra del sentido. Cada palabra adquiere según el texto una gama enorme, disparatada, de sentido, sentido cuya heteroclicidad se comprueba a menudo en el diccionario.
LACAN

04 Feb 2009

LA RELACIÓN DE OBJETO. DEL COMPLEJO DE EDIPO. LACAN - 1957 -

Escrito por: carlos-fernandez el 04 Feb 2009 - URL Permanente

LA RELACIÓN DE OBJETO.

DEL COMPLEJO DE EDIPO

1957

¿En qué se convierte el sujeto en este drama en el que se encuentra?

Tal como nos lo describe la dialéctica freudiana, es un pequeño criminal. Entra en el orden de la ley por la vía del crimen imaginario.

Pero sólo puede entrar en este orden de la ley si, por un instante al menos, ha tenido frente a él un partener real, alguien que en el Otro haya aportado efectivamente algo que no sea simplemente llamada y vuelta a llamar, par de la presencia y de la ausencia, elemento profundamente negativizador de lo simbólico — alguien que le responde.

Ahora bien, si las cosas pueden expresarse así en el plano del drama imaginario, esta experiencia debe darse en el nivel del juego imaginario. Si la imprescindible dimensión de la alteridad absoluta, de quien simplemente tiene la potencia y responde de ella, no interviene en ningún diálogo particular, es por alguna razón. Se encarna en personajes reales, pero estos personajes reales a su vez dependen de algo que a fin de cuentas se presenta como una eterna coartada. El único que podría responder absolutamente de la función del padre como padre simbólico, sería alguien que pudiera decir como el Dios del monoteísmo —Yo soy el que soy. Pero esta frase que encontramos en el texto sagrado no puede pronunciarla nadie literalmente.

Me dirán entonces —Usted nos enseñó que el mensaje que recibimos es el nuestro, en forma invertida, por lo tanto todo se resuelve con un Tú eres el que es. No lo crean, pues ¿quién soy yo para decirle esto a alguien, quienquiera que sea? En otros términos, lo que quiero indicarles es que el padre simbólico es impensable, hablando con propiedad.

El padre simbólico no está en ninguna parte. No interviene en ninguna parte.

La prueba hay que encontrarla en la misma obra de Freud. Hizo falta un espíritu como el de Freud, tan comprometido con las exigencias del pensamiento científico y positivo, para llevar a cabo esta construcción que él, como Jones nos confía, tenía en más que todo el resto de su obra. No le daba el lugar más destacado, porque su principal obra, la única —así lo escribió, lo afirmó y nunca lo desmintió—, es La interpretación de los sueños, pero su predilecta, la que consideraba un logro, una hazaña, es Tótem y tabú, nada más y nada menos un mito moderno, un mito construido para explicar lo que permanecía como un hiato en su doctrina, saber —¿Dónde está el padre?

Basta con leer Tótem y tabú simplemente con los ojos abiertos, para advertir que si no es lo que yo les digo, o sea un mito, es absolutamente absurdo. Tótem y tabú para decirnos que, para que subsista algún padre, el verdadero padre, el único padre, el padre único, ha de haber estado antes de la historia y ha de ser el padre muerto. Más aún —ha de ser el padre asesinado. Y en realidad, ¿cómo pensarlo siquiera, salvo en su valor mítico? Pues que yo sepa, el padre en cuestión, no lo concibe Freud, ni nadie, como un ser inmortal. ¿Por qué han tenido que adelantar los hijos su muerte de algún modo? Y todo esto, ¿para qué? Para, al fin y al cabo, prohibirse ellos mismos lo que se trataba de arrebatarle. Lo mataron sólo para demostrar que era imposible matarlo.

La esencia del principal drama introducido por Freud se basa en una noción estrictamente mítica, porque es propiamente la categorización de una forma de lo imposible, incluso de lo impensable, a saber, la eternización de un solo padre en el origen, con la característica de haber sido asesinado. Y esto, ¿para qué, sino para conservarlo? De paso les indico que en francés, como en algunas otras lenguas, entre ellas el alemán, tuer viene del latín tutare, que significa conservar.

22 Ene 2009

LOS CUATRO CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL PSICOANALISIS, LACAN -1964-

Escrito por: carlos-fernandez el 22 Ene 2009 - URL Permanente

LOS CUATRO CONCEPTOS
FUNDAMENTALES DEL PSICOANÁLISIS

PRESENCIA DEL ANALISTA

1964

La transferencia, en la opinión común, es representada como un afecto. Se la califica, vagamente, de positiva o de negativa. De manera general, se admite no sin fundamento, que la transferencia positiva es el amor —aunque es preciso decir que este término es usado en este caso de manera muy aproximativa—. Freud formuló muy pronto la pregunta sobre la autenticidad del amor tal como se produce en la transferencia. Para decirlo de una vez, se tiende por lo general a afirmar que se trata de una especie de falso amor, de una sombra de amor. Para Freud, al contrario, la balanza de ningún modo se inclinaba hacia ese lado. Tal vez uno de los aspectos más interesantes para nosotros de la experiencia de la transferencia es que ella suscita, de manera quizá más decisiva que nunca, la pregunta por el llamado amor auténtico, eine echte Liebe.

Se es más prudente, más temperado, en la manera de evocar la transferencia negativa y nunca se la identifica con el odio. Se usa más bien el término ambivalencia, término que, aún más que el primero, disimula muchas cosas, cosas confusas cuyo manejo no siempre es adecuado.

Diremos, con más exactitud, que la transferencia positiva es cuando a quien está en juego, el analista en este caso, lo miran con buenos ojos -y es negativa cuando le tienen ojeriza-.

Existe otro uso del término transferencia que vale la pena distin-guir -se dice, por ejemplo, que la transferencia estructura todas las relaciones particulares con ese otro que es el analista, y que el valor de todos los pensamientos que gravitan en torno a esa relación debe ser connotado con un signo de reserva muy particular-.

De ahí la expresión —que siempre se introduce en nota a pie de página, como una especie de paréntesis, de suspensión, de sospecha incluso, al referirse a la conducta de un sujeto— está en plena transferencia. Lo cual supone que todo su modo de apercepción está reestructurado sobre el centro prevalente de la transferencia.

No podemos, por supuesto, contentarnos de ningún modo con esto, pues nuestra meta es aproximarnos al concepto de la transferencia.

Este concepto está determinado por la función que tiene en una praxis. Este concepto rige la manera de tratar a los pacientes. A la inversa, la manera de tratarlos rige al concepto.

Puede parecer que así se zanja, desde un principio, la cuestión de si la transferencia está ligada o no a la práctica analítica, si es su producto o incluso un artificio.

De todos modos, abordar la cuestión de esa manera no es zanjarla.

Aunque tuviéramos que considerar la transferencia como un producto de la situación analítica, cabe decir que esa situación no puede crear en su totalidad el fenómeno y que, para producirlo, es preciso que, fuera de ella, ya estén presentes posibilidades a las cuales ella proporcionará su composición, quizá única.

Esto no significa en lo más mínimo que cuando no hay ningún analista a la vista no pueda haber efectos de transferencia, en sentido propio, estructurables exactamente como el juego de la transferencia en el análisis. Simplemente, el análisis al descubrirlos permite dar de ellos un modelo experimental, de ningún modo diferente del modelo, llamémoslo así, natural. De tal modo que hacer aflorar la transferencia en el análisis, donde encuentra sus fundamentos estructurales, es quizá la única manera de introducir la universalidad de aplicación de este concepto.

30 Dic 2008

LAS PSICOSIS, JACQUES LACAN 1955-56

Escrito por: carlos-fernandez el 30 Dic 2008 - URL Permanente

Del libro Las Psicosis (1955-56) de Jacques Lacan, rescatamos un fragmento del capítulo XIV: "El significante, en cuanto tal, no significa nada"

...No hay definición científica de la subjetividad, sino a partir de la posibilidad de manejar el significante con fines puramente significantes y no significativos, es decir, que no expresan ninguna relación directa que sea del orden del apetito.

Las cosas son simples. Pero aún es necesarios que el sujeto adquiera el orden del significante, lo conquiste, sea colocado respecto a él en una relación de implicación que lo afecte en su ser, lo cual culmina en la formación de lo que llamamos en nuestro lenguaje el superyó. No hace falta buscar demasiado en la literatura analítica para ver que el uso que se le da a este concepto se adecua bien a la definición del significante, que es la de no significar nada, gracias a lo cual es capaz de dar en cualquier momento significaciones diversas. El superyó plantea la cuestión de saber cuál es el orden de entrada, de introducción, de instancia presente del significante que es indispensable para que un organismo humano funcione, organismo que no sólo debe vérselas con un medio natural, sino también con un universo significante.

Volvemos a encontrar la encrucijada: ¿en qué estriban los síntomas, si no es en la implicación del organismo humano en algo que está estructurado como un lenguaje, debido a lo cual determinado elemento de su funcionamiento entrará en juego como significante? Avancemos tomando como ejemplo la histeria. La histeira es un pregunta centrada en torno a un significante que permanece enigmático en cuanto a su significación. La pregunta sobre la muerte, le del nacimineto, son en efecto, las dos preguntas últimas que carecen justamente de solución en el significante. Esto da a los neuróticos su valor existencial.

Pasemos ahora a las psicosis. ¿Qué quieren decir? ¿Cuál es la función de las relaciones del sujeto con el significante en las psicosis? Intentamos ya delimitarla en varias ocasiones. Que nos hayamos visto de este modo obligados a abordar las cosas de manera siempre periférica, debe tener su razón de ser en la pregunta misma. Nos vemos obligados por el momento a constatarlo. Hay allí un obstáculo, una resistencia que sólo nos librará su significación en la medida en que hayamos extremado las cosas lo suficiente para darnos cuenta de por qué es así...

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Psicoanálisis para todos

Médico Psicoanalísta.
Master en Psicología Médica.
Especialista en Dirección Deportiva.
Profesor de Formación Empresarial Superior en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Profesor en la Real Federación Española de Fútbol - Curso Superior de Directores Deportivos -

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