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11 Ago 2009

LA ROTACIÓN DEL CAPITAL

Escrito por: carlos-fernandez el 11 Ago 2009 - URL Permanente

Rescatamos un texto de Carlos Marx (libro II de El Capital -Crítica de la economía política-) donde podemos leer en la página 165 ....La conclusión a que llegamos es que este ciclo de rotaciones encadenadas que abarca una serie de años y que el capital se haya obligado a recorrer por sus elementos fijos, sienta las bases materiales para las crisis periódicas, en que los negocios recorren las fases sucesivas de la depresión, la animación media, la exaltación y la crisis. Los periodos en que se invierte capital son, en realidad, muy distintos y dispares. Sin embargo, la crisis constituye siempre el punto de partida de una nueva gran inversión. Y también, por tanto -desde el punto de vista de la sociedad en conjunto- brinda siempre, más o menos, una nueva base material para el siguiente ciclo de rotaciones....

18 May 2009

Karl Marx - EL CAPITAL, 1867 - PROLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

Escrito por: carlos-fernandez el 18 May 2009 - URL Permanente

PROLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

La obra cuyo primer volumen entrego al público constituye la continuación de mi libro Contribución a la crítica económica política, publicado en 1859. El largo intervalo que separa el comienzo de esta obra y su continuación fue debido a una larga enfermedad que vino a interrumpir continuamente mi labor.

En el capítulo primero del presente volumen se resume el contenido de aquella obra. Y no simplemente por razones de ilación e integridad. La exposición de los problemas ha sido mejorada. Aquí aparecen desarrollados, en la medida en que lo consentía la materia, muchos puntos que allí no hacían más que esbozarse; en cambio, algunas de las cosas que allí se desarrollaban por extenso han quedado reducidas aquí a un simple esquema. Se han suprimido en su totalidad, naturalmente, los capítulos sobre la historia de la teoría del valor y del dinero. Sin embargo, el lector de aquella obra encontrará citadas en las notas que acompañan el primer capítulo nuevas fuentes sobre la historia de dicha teoría.

Aquello de que los primeros pasos son siempre difíciles, vale para todas las ciencias. Por eso el capítulo primero, sobre todo en la parte que trata del análisis de la mercancía, será para el lector el de más difícil comprensión. He procurado exponer con la mayor claridad posible lo que se refiere al análisis de la sustancia y magnitud del valor. La forma del valor, que cobra cuerpo definitivo en la forma dinero, no puede ser más sencilla y llana. Y sin embargo, el espíritu del hombre se ha pasado más de dos mil años forcejeando en vano por explicársela, a pesar de haber conseguido, por lo menos de un modo aproximado, analizar formas mucho más complicadas y preñadas de contenido. ¿Por qué? Porque es más fácil estudiar el organismo desarrollado que la simple célula. En el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno, es la capacidad de abstracción. La forma de mercancía que adopta el producto del trabajo o la forma de valor que reviste la mercancía es la célula económica de la sociedad burguesa. Al profano le parece que su análisis se pierde en un laberinto de sutilezas. Y son en efecto sutilizas; las mismas que nos depara, por ejemplo, la anatomía micrológica.

Prescindiendo del capítulo sobre la forma del valor, no se podrá decir, por tanto, que este libro resulte difícil de entender. Me refiero, naturalmente, a los lectores deseosos de aprender algo nuevo y, por consiguiente, de pensar por su cuenta.

El físico observa los procesos naturales allí donde éstos se presentan en la forma más ostensible y menos velados por influencias perturbadoras, o procura realizar, el lo posible, sus experimentos en condiciones que garanticen el desarrollo del proceso investigado en toda su pureza. En la presente obra nos proponemos investigar el régimen capitalista de producción y las relaciones de producción y circulación que a él corresponden. El hogar clásico de este régimen es, hasta ahora, Inglaterra. Por eso tomamos a este país como principal ejemplo de nuestras investigaciones teóricas. Pero el lector alemán no debe alzarse farisaicamente de hombros ante la situación de los obreros industriales y agrícolas ingleses, ni tranquilizarse optimistamente, pensando que en Alemania las cosas no están tan mal, ni mucho menos. Por si acaso, bueno será que le advirtamos: de te fabula narratur!

Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tenencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad. Los países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante de los países menos progresivos el espejo de su propio porvenir.

Pero dejemos esto a un lado. Allí donde en nuestro país la producción capitalista se halla ya plenamente aclimatada, por ejemplo en las verdaderas fábricas, la realidad alemana es mucho peor todavía que la inglesa, pues falta el contrapeso de las leyes fabriles. En todos los demás campo, nuestro país, como el resto del occidente de la Europa continental, no sólo padece los males que entraña el desarrollo de la producción capitalista, sino también los que supone su falta de desarrollo. Junto a las miserias modernas, nos agobia goda una serie de miserias heredadas, fruto de la supervivencia de tipos de producción antiquísimos y ya caducos, con todo su séquito de relaciones políticas y sociales anacrónicas. No sólo nos atormentan los vivos, sino también los muertos. Le mort saisit le vif!

Comparada con la inglesa, la estadística social de Alemania y de los demás países del occidente de la Europa continental es verdaderamente pobre. Pero, con todo, descorre el velo lo suficiente para permitirnos atisbar la cabeza de Medusa que detrás de ella se esconde. Y si nuestros gobiernos y parlamentos instituyesen periódicamente, como se hace en Inglaterra, comisiones de investigación para estudiar las condiciones económicas; si estas comisiones se lanzasen a la búsqueda de la verdad pertrechadas con la misma plenitud de poderes de que gozan en Inglaterra, y si el desempeño de esta tarea corriese a cargo de hombres tan peritos, imparciales e intransigentes como los inspectores de fábricas de aquel país, los inspectores médicos que tienen a si cargo la redacción de los informes sobre “Public Health” (sanidad pública), los comisarios ingleses encargados de investigar la explotación, etc., nos aterraríamos ante nuestra propia realidad. Perseo se envolvía en un manto de niebla para proseguir a los monstruos. Nosotros nos tapamos con nuestro empozo de niebla los oídos y los ojos para no ver ni oír las monstruosidades y poder negarlas.

Pero no nos engañemos. Del mismo modo que la guerra de independencia de los Estados Unidos en el siglo XVIII fue la gran campanada que hizo erguirse a la clase media de Europa, la guerra norteamericana de Secesión es, en el siglo XIX, el toque de rebato que pone en pie a la clase obrera europea. En Inglaterra, este proceso revolucionario se toca con las manos. Cuando alcance cierto nivel, repercutirá por fuerza sobre el continente. Y, al llegar aquí, revestirá formas más brutales o más humanas, según el grado de desarrollo logrado en cada país por la propia clase obrera. Por eso, aun haciendo caso omiso de otros motivos más nobles, el interés puramente egoísta aconseja a las clases hoy dominantes suprimir todas las trabas legales que se oponen al progreso de la clase obrera. Ésa es, entre otras, la razón de que en este volumen se dedique tanto espacio a exponer la historia, el contenido y los resultados de la legislación fabril inglesa. Las naciones pueden y deben escarmentar en cabeza ajena. Aunque una sociedad haya encontrado el rastro de la ley natural con arreglo a la cual se mueve –y la finalidad última de esta obra, es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna-, jamás podrá salta ni descartar por decreto las fases naturales de su desarrollo. Podrá únicamente acortar y mitigar los dolores del parto.

Un par de palabras para evitar posible equívocos. En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos, de color de rosa. Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas.

En economía política, la libre investigación científica tiene que luchar con enemigos que oras ciencias no conocen. El carácter especial de la materia investigada levanta contra ella las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. La venerable Iglesia anglicana, por ejemplo, perdona de mejor grado que se nieguen 38 de sus 39 artículos de fe que el que se la prive de un 1/39 de sus ingresos pecuniarios. Hoy día, el ateísmo es un pecado venial en comparación con el crimen que supone la pretensión de criticar el régimen de propiedad consagrado por el tiempo. Y, sin embargo, es innegable que también en esto se han hecho progresos. Basta consultar, por ejemplo, el Libro azul publicado hace pocas semanas y titulado Correspondance with Her Majesty’s Missions Abroad, Regarding Industrial Questions and Trades Unions. En este libro, los representantes de la Corona inglesa en el extranjero declaran con palabras escuetas que en Alemania y Francia y en todos los Estados civilizados del continente europeo, la transformación de las relaciones entre el capital y el trabajo es tan evidente y tan inevitable como en la propia Inglaterra. Y al otro lado del Océano Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de América declaraba al mismo tiempo, en una serie de asambleas, que una vez abolida la esclavitud, se ponía a la orden del día la transformación del régimen del capital y de la propiedad del suelo. Son los signos de los tiempos, y es inútil querer ocultarlos bajo manteos de púrpura o hábitos negros. No indican que mañana vayan a ocurrir milagros. Pero demuestran cómo hasta las clases gobernantes empiezan a darse cuenta vagamente de que la sociedad actual no es algo pétreo e inconmovible, sino un organismo susceptible de cambios y sujeto a un proceso constante de transformación.

El tomo segundo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro II) y de las modalidades del proceso visto en conjunto (libro III); en el volumen tercero y último) libro IV) se expondrá la historia de la teoría.

Acogeré con los brazos abiertos todos los juicio de la crítica científica. En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que jamás ha hecho concesiones, seguiré ateniéndome al lema del gran florentino:

Segui el tuo corso, e lascia dir le genti!

CARLOS MARX

Londres, 25 de Julio de 1867

24 Mar 2009

LA ROTACIÓN DEL CAPITAL. Karl Marx

Escrito por: carlos-fernandez el 24 Mar 2009 - URL Permanente

LA ROTACIÓN DEL CAPITAL

Teoría sobre el capital fijo y el capital circulante (fragmentos)

….Prescindiendo del capital-dinero, el capital-circulante no es más que otro modo de expresar el capital-mercancías. La fuerza de trabajo, mientras circula en el mercado, no es capital, no constituye ninguna forma del capital-mercancías. No es capital de ninguna clase; el obrero no es ningún capitalista, aunque aporte al mercado una mercancía, su propia piel. Sólo a partir del momento en que se vende, en que se incorpora al proceso de producción –es decir, a partir del momento en que deja de circular como mercancía-, se convierte la fuerza de trabajo en parte integrante del capital productivo: del capital variable, considerada como fuente de la plusvalía, de la parte circulante del capital productivo, con respecto a la rotación del valor-capital invertido en ella.

… La distinción entre las dos categorías de capital fijo y capital circulante sólo es aplicable a los elementos del capital productivo y que al lado de éste hay todavía una cantidad considerable de capital (el capital-mercancías y el capital-dinero) que reviste una forma bajo la cual no puede ser ni capital circulante ni fijo.

….Todos los productos son lanzados al mercado como mercancías; todos los medios de producción y de consumo, todos los elementos del consumo productivo o individual tiene, por tanto, que ser sustraídos al mercado, por compra, como mercancías. Ésta perogrullada (truism) responde, naturalmente, a la verdad. Por consiguiente, esto es aplicable tanto a los elementos fijos como a los elementos circulantes del capital productivo; tanto a los medios de trabajo como al material de trabajo en todas sus formas.

….Los títulos de propiedad sobre un ferrocarril, por ejemplo, pueden cambiar diariamente de mano y la venta de estos títulos puede suministrar a sus poseedores una ganancia, incluso en el extranjero -lo cual quiere decir que los títulos de propiedad son susceptibles de exportación, auque no lo sean los mismos ferrocarriles- No obstante, estas cosas tienen que funcionar como elementos fijos del capital productivo o quedarse inutilizadas en el mismo país a que se hallan vinculadas. Del mismo modo, el fabricante A puede obtener una ganancia por la venta de su fábrica al fabricante B, lo cual no impide que la fábrica siga funcionando como capital fijo.

Por tanto, aunque los medios de trabajo vinculados al suelo de una localidad e inseparables de él, sin perjuicio de que puedan funcionar para su poseedor como capital-mercancías y no ser elementos de su capital fijo ( el cual, para él, se halla formado por los medios de trabajo que necesita para la construcción de edificios, ferrocarriles, etc.), hayan de funcionar, previsiblemente, como capital fijo dentro del mismo país, esto no quiere decir, ni mucho menos, a la inversa, que el capital fijo se halle formado necesariamente por cosas inmuebles. Un barco o una locomotora, por ejemplo, tiene como función el desplazarse y, sin embargo, son, no para su productor, pero sí para quien los emplea, capital fijo. Por otra parte, cosas que se hallan realmente adheridas al proceso de producción que viven y mueren en él y que, una vez incorporadas a él, ya nunca lo abandonan, constituyen elementos circulantes del capital productivo. Por ejemplo, el carbón empleado para mover las máquinas en el proceso de producción, el gas que se usa para el alumbrado de la fábrica, etc. Son elementos circulantes, no porque físicamente abandonen el proceso de producción con el producto y circulen como mercancías, sino porque su valor se incorpora íntegramente al valor de la mercancía que contribuyen a producir y, por tanto, tienen que reponerse íntegramente también mediante la venta de esta mercancía.

Karl Marx (Libro II de El Capital, extracto de las páginas 184-188)

23 Mar 2009

TESIS SOBRE FEUERBACH. Karl Marx. -1853-

Escrito por: carlos-fernandez el 23 Mar 2009 - URL Permanente

TESIS SOBRE FEUERBACH

1853

La falla fundamental de todo el materialismo precedente (incluyendo el de Feuerbach) radica en que sólo capta la cosa (Gegenstand), la realidad, lo sensible, como del objeto de conocimiento (Objekt) o de la contemplación (Anschauung), no como actividad humana sensible, como praxis; no de un modo subjetivo.

De ahí que el lado activo fuese desarrollado de un modo abstracto, en contraposición al materialismo, por el idealismo, el cual, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, en cuanto tal.

Feuerbach aspira a objetos sensibles, realmente distintos de los objetos de conocimiento, pero no concibe la actividad humana misma como una actividad sobre los objetos comunes (gegenständliche). Por eso, en "La esencia del cristianismo", sólo se considera como auténticamente humano el comportamiento teórico, y en cambio la práctica sólo se capta y se plasma bajo su sucia forma judía de manifestarse. De ahí que Feuerbach no comprenda la importancia de la actividad "revolucionaria", de la actividad "crítico-práctica".

2

El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico.

Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento.

La disputa en torno a la realidad o irrealidad del pensamiento -aislado de la práctica- es un problema puramente escolástico (disputa al infinito).

3

La teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la educación olvida que las circunstancias las hacen cambiar los hombres y que el educador necesita, a su vez, ser educado. Tiene, pues, que distinguir en la sociedad dos partes, una de las cuales se halla colocada por encima de ella.

La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como praxis unwälzende (inversión de la praxis), práctica revolucionaria, realmente transformadora.

4

Feuerbach parte del hecho de la autoenajenación religiosa, del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso y otro terrenal.

Su labor consiste en reducir el mundo religioso a su fundamento terrenal. Pero el hecho de que el fundamento terrenal se separe de sí mismo para plasmarse como un reino independiente que flota en las nubes, es algo que sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la contradicción de este fundamento terrenal consigo mismo. Por tanto, es necesario tanto comprenderlo en su propia contradicción como revolucionarlo prácticamente. Así, pues, por ejemplo, después de descubrir la familia terrenal como el secreto de la familia sagrada, hay que destruir teórica y prácticamente la primera.

5

Feuerbach no se da por satisfecho con el pensamiento abstracto y recurre a la contemplación (Anschauung); pero no concibe la sensibilidad como actividad sensible humana práctica.

18 Mar 2009

EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y SU SECRETO, CARLOS MARX

Escrito por: carlos-fernandez el 18 Mar 2009 - URL Permanente

CARLOS MARX

EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA,

Y SU SECRETO

A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. Considerada como valor de uso, la mercancía no encierra nada de misterioso, dando lo mismo que la contemplemos desde el punto de vista de un objeto apto para satisfacer necesidades del hombre o que enfoquemos esta propiedad suya como producto del trabajo humano. Es evidente que la actividad del hombre hace cambiar a las materias naturales de forma, para servirse de ellas. La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte

en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso*.

Como vemos, el carácter místico de la mercancía no brota de su valor de uso. Pero tampoco brota del contenido de sus determinaciones de valor. En primer lugar, porque por mucho que difieran los trabajos útiles o actividades productivas, es una verdad fisiológica incontrovertible que todas esas actividades son funciones del organismo humano y que cada una de ellas, cualesquiera que sean su contenido y su forma, representa un gasto esencial de cerebro humano, de nervios, músculos, sentidos, etc. En segundo lugar, por lo que se refiere a la magnitud de valor y a lo que sirve para determinarla, o sea, la duración en el tiempo de aquel gasto o la cantidad de trabajo invertido, es evidente que la cantidad se distingue incluso mediante los sentidos de la

calidad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario para producir sus medios de vida tuvo que interesar por fuerza al hombre en todas las épocas, aunque no le interesase por igual en las diversas fases de su evolución.** Finalmente, tan pronto como los hombres trabajan los unos para los otros, de cualquier modo

que lo hagan, su trabajo cobra una forma social.

¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo.

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio

de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo.

Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos

materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción.

Este carácter fetichista del mundo de las mercancías responde, como lo ha puesto ya de manifiesto el análisis anterior, al carácter social genuino y peculiar del trabajo productor de mercancías. Si los objetos útiles adoptan la forma de mercancías es, pura y simplemente, porque son productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. El conjunto de estos trabajos privados forma el trabajo colectivo de la sociedad. Como los productores entran en contacto social al cambiar entre sí los productos de su trabajo, es natural que el carácter específicamente social de sus trabajos privados sólo resalte dentro de este intercambio.

También podríamos decir que los trabajos privados sólo funcionan como eslabones del trabajo colectivo de la sociedad por medio de las relaciones que el cambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre los productores.

Por eso, ante éstos, las relaciones sociales que se establecen entre sus trabajos privados aparecen como lo que son; es decir, no como relaciones directamente sociales de las personas en sus trabajos, sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas.

* Recuérdese cómo China y las mesas rompieron a bailar cuando todo el resto del mundo parecía estar tranquilo... pour encourager les autres.

** Nota a la 2ª ed. Los antiguos germanos calculaban las dimensiones de una yugada de tierra por el trabajo de un día, razón por la cual daban a la fanega el nombre de Tagwerk (o Tagwanne) (jurnale o jurnalis, terra jurnalis, jurnalis o diornalis, en latín), Mannwerk, Mannskraft, Mannsmahd,Mannshauet, etc. Véase Jorse Luis von Maurer, Einleitung zur Geschichte der Mark-, Hof-, usw, Verfassung, Munich, 1854, pp. 128 s.

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Médico Psicoanalísta.
Master en Psicología Médica.
Especialista en Dirección Deportiva.
Profesor de Formación Empresarial Superior en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Profesor en la Real Federación Española de Fútbol - Curso Superior de Directores Deportivos -

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