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08 Dic 2009

ESTUDIAR, ES CON TRABAJO

Escrito por: carlos-fernandez el 08 Dic 2009 - URL Permanente

Todos los días se pone el sol y, en una estación del año estudiar con calor se hace exponencial. Todos los días se puede estudiar y, hay épocas del año con exámenes. Pruebas académicas que “cuantifican” la actividad del estudiante. Más allá de la manera de valorar lo evaluado, hay que saber que una cosa es estudiar y otra diferente aprehender. Enseñar es una tarea imposible en tanto lo posible es aprender. Y esta diferencia (entre enseñar y aprender) es tan notable como la que existe entre el conocimiento y el saber.

Es difícil proponerle al estudiante (cuando tanto suponen las notas finales, no sólo para los padres) que no debe preocuparse en exceso por los resultados. Lo mejor en épocas de exámenes es comenzar a prepararlos. Como dice el poeta Pedro Salinas “Vivir, desde el principio, es separarse”. Se trata de empezar, de leer en infinitivo, de estudiar, de estar en el proceso de aprendizaje. Cuando el estudiante se “preocupa” de los resultados antes de empezar, se encuentra “pre-ocupado” en lugar de estar “ocupado” en la tarea. El preocupado es uno que fantasea o se inquieta por el futuro de sus estudios, amores, quiere ahorrarse un trabajo (el trabajo del estudio) y eso habla de cierta haraganería del estudiante en el trabajo de estudiar. Estudiar conlleva trabajo.

Cuando el estudiante se pone “nervioso o irascible” en exceso o piensa que “no se queda” con lo que lee, debemos saber que: La memoria es una operación perfecta que transcurre siempre correctamente en una instancia psíquica. Es decir es un proceso inconsciente (del que no tenemos consciencia) pero al que, si le ponemos el trabajo necesario de lectura, método, disciplina y orden siempre en todos los casos produce sus efectos. Efectos que podemos valorar por el trabajo realizado. Después desde el producto-efecto damos cuenta de nuestra labor en el proceso de aprendizaje, pero para ello (ya que la lógica del aparato psíquico es una lógica paradojal) debemos primero trabajar-nos el estudio. La rentabilidad del estudio es de las inversiones mejor cotizadas.

Y si necesitan algún consejo, todos sabemos de los beneficios de estudiar en lugares cómodos, sosegados, con un papel donde poder escribir (cuestiones que nos abordan en el proceso de aprendizaje) la posibilidad de leer poesía ya que nos ayuda a des-realizar (por trabajar con el imaginario universal) lo que fantasmáticamente se interpone con el estudio. Lo imaginario, las fantasías no se pueden abolir, siempre están ahí, interrumpiendo lo simbólico, el trabajo. Pero se pueden transformar y diluir.

Las fantasías se pueden analizar, y en análisis del sujeto siempre vemos que aquello que se presenta como fantasía es una máscara que encubre el deseo. Es decir las ilusiones que hacen que “la cabeza que se nos vaya a…” sólo se acaban cuando el sujeto se implica por aparecer el deseo. Y el deseo de estudiar sólo aparece después de ponerse a estudiar. Nada es natural en el humano, nada es sin trabajo. Estudiar tampoco es natural, estudiar es una apropiación de lo escrito que nos civilizó. No hay dotados sin trabajo, sin deseo, sin pasión por lo que hacen. Para la holgazanería también es necesario poner trabajo. Aburrirse es un plan traicionero. Hablar, leer y escribir son tres infinitivos que generan humanidad. Son elementos de una misma fórmula: Humano.

En el estudio, lo que leemos, no puede quedar en la conciencia, ya que por ley se satura y no podría admitir más información. En el estudio interviene, de manera inconsciente, la ideología de cada sujeto. De modo tal que lo leído se almacena en el sistema de memoria, exclusivamente, por las leyes del lenguaje (otra cosa son los órganos corporales que también intervienen en el proceso) Así por ejemplo sólo en la repetición de lo leído, lo ya elaborado como lectura, se mostrará como efecto del estudio en el proceso de aprendizaje. Otro ejemplo es la diferencia que existe entre leer y escribir después de producida la lectura. No todo lo que se escribe es escritura ni todo lo que se lee es lectura. Alcanzar el nivel de lector sólo es posible en la lectura como producción. Leer no te hace la vida más fácil, la hace posible.

Dr. Carlos Fernández

Médico - Psicoanalista

*Cuadro: "Recuerdos de tu paso". Miguel O. Menassa

25 Ago 2009

ÚLTIMA CARTA DE SIGMUND FREUD

Escrito por: carlos-fernandez el 25 Ago 2009 - URL Permanente

A ALBRECHT SCHAEFFER

20, Maresfield Gardens, Londres, N.W. 3

19-9-1939

Querido señor Schaeffer:
¡Con qué alegría he recibido su inesperada carta! ¡Cuántas veces he pensado en mi

poeta durante estos tiempos, vacíos en ciertos aspectos, preguntándome a qué

rincón de este desbaratajustado mundo le habían impulsado los acontecimientos de

su patria!

Me alegró muchísimo saber que lo que yo temía no ocurrió y que ha encontrado una compañera tan valiosisíma en su esposa.
No todo lo que pueda decirle de mí coincidiría con sus deseos, pero tengo más de ocheta y tres años, debería haber muerto ya y sólo me queda seguir el consejo de su poema: Espera, espera.3
Muy sinceramente suyo,
Freud.
3. Durante la noche del 22 al 23 de septiembre, a las tres de la mañana -tres días después de haber escrito estas palabras-, falleció Freud.

11 Ago 2009

LA ROTACIÓN DEL CAPITAL

Escrito por: carlos-fernandez el 11 Ago 2009 - URL Permanente

Rescatamos un texto de Carlos Marx (libro II de El Capital -Crítica de la economía política-) donde podemos leer en la página 165 ....La conclusión a que llegamos es que este ciclo de rotaciones encadenadas que abarca una serie de años y que el capital se haya obligado a recorrer por sus elementos fijos, sienta las bases materiales para las crisis periódicas, en que los negocios recorren las fases sucesivas de la depresión, la animación media, la exaltación y la crisis. Los periodos en que se invierte capital son, en realidad, muy distintos y dispares. Sin embargo, la crisis constituye siempre el punto de partida de una nueva gran inversión. Y también, por tanto -desde el punto de vista de la sociedad en conjunto- brinda siempre, más o menos, una nueva base material para el siguiente ciclo de rotaciones....

18 Mar 2009

EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y SU SECRETO, CARLOS MARX

Escrito por: carlos-fernandez el 18 Mar 2009 - URL Permanente

CARLOS MARX

EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA,

Y SU SECRETO

A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. Considerada como valor de uso, la mercancía no encierra nada de misterioso, dando lo mismo que la contemplemos desde el punto de vista de un objeto apto para satisfacer necesidades del hombre o que enfoquemos esta propiedad suya como producto del trabajo humano. Es evidente que la actividad del hombre hace cambiar a las materias naturales de forma, para servirse de ellas. La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte

en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso*.

Como vemos, el carácter místico de la mercancía no brota de su valor de uso. Pero tampoco brota del contenido de sus determinaciones de valor. En primer lugar, porque por mucho que difieran los trabajos útiles o actividades productivas, es una verdad fisiológica incontrovertible que todas esas actividades son funciones del organismo humano y que cada una de ellas, cualesquiera que sean su contenido y su forma, representa un gasto esencial de cerebro humano, de nervios, músculos, sentidos, etc. En segundo lugar, por lo que se refiere a la magnitud de valor y a lo que sirve para determinarla, o sea, la duración en el tiempo de aquel gasto o la cantidad de trabajo invertido, es evidente que la cantidad se distingue incluso mediante los sentidos de la

calidad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario para producir sus medios de vida tuvo que interesar por fuerza al hombre en todas las épocas, aunque no le interesase por igual en las diversas fases de su evolución.** Finalmente, tan pronto como los hombres trabajan los unos para los otros, de cualquier modo

que lo hagan, su trabajo cobra una forma social.

¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo.

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio

de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo.

Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos

materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción.

Este carácter fetichista del mundo de las mercancías responde, como lo ha puesto ya de manifiesto el análisis anterior, al carácter social genuino y peculiar del trabajo productor de mercancías. Si los objetos útiles adoptan la forma de mercancías es, pura y simplemente, porque son productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. El conjunto de estos trabajos privados forma el trabajo colectivo de la sociedad. Como los productores entran en contacto social al cambiar entre sí los productos de su trabajo, es natural que el carácter específicamente social de sus trabajos privados sólo resalte dentro de este intercambio.

También podríamos decir que los trabajos privados sólo funcionan como eslabones del trabajo colectivo de la sociedad por medio de las relaciones que el cambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre los productores.

Por eso, ante éstos, las relaciones sociales que se establecen entre sus trabajos privados aparecen como lo que son; es decir, no como relaciones directamente sociales de las personas en sus trabajos, sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas.

* Recuérdese cómo China y las mesas rompieron a bailar cuando todo el resto del mundo parecía estar tranquilo... pour encourager les autres.

** Nota a la 2ª ed. Los antiguos germanos calculaban las dimensiones de una yugada de tierra por el trabajo de un día, razón por la cual daban a la fanega el nombre de Tagwerk (o Tagwanne) (jurnale o jurnalis, terra jurnalis, jurnalis o diornalis, en latín), Mannwerk, Mannskraft, Mannsmahd,Mannshauet, etc. Véase Jorse Luis von Maurer, Einleitung zur Geschichte der Mark-, Hof-, usw, Verfassung, Munich, 1854, pp. 128 s.

29 Dic 2008

PSICOANÁLISIS Y VIDA COTIDIANA, MIGUEL MENASSA 1983

Escrito por: carlos-fernandez el 29 Dic 2008 - URL Permanente


Llamamos vida cotidiana al espacio tiempo de nuestra vida producido por dos sobredeterminaciones: la determinación social y la determinación inconsciente, y una imposición variable: los modelos ideológicos del Estado. Las tres variables en juego hacen imposible al sujeto tener una vida cotidiana que escape a la articulación entre su posición de clase, su enfermedad mental y los modelos ideológicos del Estado. La libertad del hombre queda
reducida a las fisuras que se produzcan en dicha articulación.

Quiero decir, la libertad casi no existe y cuando existe es considerada como delincuencia, como locura o como inmoralidad.

Para comenzar a cualificar lo que digo, recurro, como tantos otros recurrieron, entre ellos Freud, a la señora poesía.

Soy un hombre moderno.
Atado de pies y manos, decido el vuelo.
Al principio me arrastraré y con el tiempo,
podré levantar un poco la cabeza.
Veré el cielo.
El infinito cosmos será,
mis pequeñas cadenas y mis babas.
Al principio conseguiré comida y me la robarán,
después, también, aprenderé a cuidar la comida.
Otra cadena más.
Y así con el tiempo podré cuidar mi dinero,
otro eslabón se cierra y otro más,
y tendré hijos, y serán mis hijos,
y tendré que conseguir comida para ellos,
y aprender a cuidarla.
Y mientras cuido la comida y no dejo
que me arrebaten mi dinero,
tendré que tener, educación para mis hijos,
para que el infinito cosmos sea,
sus pequeñas cadenas y sus babas.
Y también habré de conseguirme un amor,
como se consiguen los puestos de trabajo,
y cuidar ese amor con mi propia vida,
y no es precisamente un eslabón lo que se cierra sobre mí,
hombre moderno,
sino,
los propios tentáculos de la muerte.

Al hombre moderno se lo piden todo. Hasta tiene que entregar la educación de sus hijos y después aún el propio cuerpo de sus hijos.

A él, como castigo, se lo deja vivo para presenciar el desastre. A la cultura, como todos sabemos, se ingresa de cualquier manera. Si no has podido con las letras o con las artes y si no has podido sobresalir, ni en tus estudios, ni en tu profesión, y si no, por último, las mujeres o los hombres te consideran uno o una del montón entrarás en la Cultura como ciudadano medio, mediocre y por lo tanto desconocido y sin embargo has de tener tu monumento. Y si sólo puedes ser eso y no lo soportas, terminarás entrando en la cultura por el diván de algún psicoanalista.

Y si ni siquiera puedes alcanzar ese ser eso, puedes todavía tener tus esperanzas: a los subnormales los reeducamos y a los locos los encerramos en el hospicio.

Y si horrorizado por semejante injusticia, quieres tomar justicia con tu propia mano, te cortarán la mano, y si ahora, protestas por la mano que te falta, irás a la cárcel y si en la cárcel te parece injusto haber perdido tu nada de libertad, te matarán: alguien te matará.

Me resulta difícil plantear en el desarrollo de una sola conferencia los modos de una articulación posible, porque de poder, me doy cuenta, estaría abriendo el camino de una posible teoría de las ideologías. Ya que no sólo el sujeto social es ciego a lo que lo sobredetermina, y el sujeto psíquico está determinado inconscientemente, sino que la articulación con las formas del poder ideológico se produce, si no inconscientemente, por lo menos fuera de la conciencia del sujeto. Con lo que las formas de hacer consciente, concientizar o, todavía, más madrileño, mentalizar, nos hablan en todos los casos de una intelectualización bastante alejada de la verdad,
cuando se trata de saber cómo cristaliza en nuestra vida cotidiana la ideología dominante.

Repasando, junto con ustedes, que la teoría del valor puede llegar a dar cuenta de los modos en que el hombre es sujetado, como producto- efecto de las relaciones de producción a una posición social.

Y el hombre, el famoso hombre, deja de ser sencillamente un hombre en general, para transformarse en un burgués, en un trabajador, en un pequeño burgués, es decir un intelectual, en un pequeño trabajador, es decir un lumpen, un marginado. Sin embargo, desarrollos posteriores teórico-técnicos, y ciertos fracasos en estos desarrollos, mostraron a la teoría del valor impotente para dar cuenta de los modos de dos producciones que llamaremos universales.

Producciones que llamamos universales por haberse comprobado su existencia en diferentes tipos de sociedades humanas y sus modos han permanecido inalterables a pesar de los infinitos cambios que se produjeron en la familia, el Estado y los modos de producción.

Y cuáles -habremos de preguntarnos-son esas maravillas. Y para responder utilizaremos algo muy convincente, por ejemplo, un pie de página de casi todas las ediciones de El Capital, donde marx revela no saber absolutamente nada ni del amor ni de la poesía.

Había un hombre -estaba claro- que se le escapaba a la teoría del valor. La teoría del valor -quedaba claro- carecía por ser ella misma otra cosa de una teoría del sujeto psíquico, es decir, carecía del instrumento para poder determinar el hecho de que la poesía y el amor no tienen fronteras.

Los practicantes de la teoría del valor, practicaron mal entre otras cosas, por no disponer de instrumentos apropiados de lectura de fenómenos “humanos” que escapaban a la teoría del valor y su práctica. Como ejemplo, y para que esto resulte cotidiano, diré que lo cotidiano era lo que se le escapaba a la teoría del valor.

¿Cómo es posible que después de tantas guerras, tantas muertes, tantas transformaciones, tantas iniquidades, tanta valentía, aún odiemos y amemos como nuestros antepasados? ¿Cómo es posible que la codicia anide en nuestro ser, cómo es posible que todavía aniden en nuestro ser, la voluntad de poder, el ansia de matar, morir? Quiero decir ¿cómo es posible desear, amar a esa mujer, después de tanto?

Seguramente algún poeta ruso se habrá suicidado al compás de estas preguntas inauditas. Maiacovsky me lo dijo al oído, considerando que yo también soy un poeta: me mato porque Stalin no sabe nada del amor, me mato porque el pueblo, tampoco puede con mis versos.

Siguiendo nuestro repaso -y ya para finalizar- diremos que la teoría del inconsciente viene a poner algunas cosas en su sitio, aunque no todas, ya que del amor lo dirá casi todo y de la poesía sólo podrá nombrarla como su objeto a, quiero decir, eso permanentemente cercano, pero lejano, que no puedo poseer ni ser, pero deseo. Y ahora ya lo podemos decir: ¡Cuántos murieron en tu nombre, teoría del inconsciente, sin poder encontrar la poesía, la vida cotidiana!

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Médico Psicoanalísta.
Master en Psicología Médica.
Especialista en Dirección Deportiva.
Profesor de Formación Empresarial Superior en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Profesor en la Real Federación Española de Fútbol - Curso Superior de Directores Deportivos -

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