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16
Ene 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( IX )

Escrito por: miguelmartinezfondon el 16 Ene 2009 - URL Permanente

Las primeras manifestaciones sexuales del niño.

La palabra “ masturbación “ no debe asustarte. El acto de masturbarse es un comienzo para que el niño y la niña descubran su propio cuerpo y se adentren en lo que va a ser el futuro desarrollo de su sexualidad. Debemos encuadrar los toqueteos corporales y el chupeteo dentro de las primeras manifestaciones sexuales. Masturbarse no solo tiene que ver, ni significa exclusivamente la estimulación de los genitales. Podemos considerar como masturbación la repetición continuada de cualquier acto estimulador de una zona erógena que genere placer. Chuparse el dedo pulgar con avidez, acariciarse los genitales, el lóbulo de la oreja o los márgenes anales y mecerse, deben calificarse como actos masturbatorios, cuando se realizan de una manera rítmica y continuada, porque conllevan una excitación y un placer asociado.

El chupeteo del pulgar

Definimos el chupeteo del pulgar como una de las manifestaciones más tempranas de masturbación infantil. La lactancia, ya sea mediante el pecho materno o un objeto sustituto – biberón – genera en el niño un aumento de sensibilidad en la zona bucal que le proporciona un gran placer asociado al acto de la succión. Esta conducta , que aparece en los lactantes, se conserva en ocasiones hasta la edad adulta y en algunos casos, permanece durante toda la vida ( encontramos gran número de personas que duermen con el pulgar introducido en la boca ). Consiste en un movimiento succionador, rítmicamente repetido, con ayuda de los labios que puede utilizar como objeto incluso los propios labios, la lengua, el pulgar o hasta el dedo gordo de un pie. Cuando dicho objeto no forma parte del cuerpo propio, el niño puede recurrir a cosas exteriores tales como el chupete, un juguete, un trozo de sábana etc...

En ocasiones, el chupeteo va acompañado de la acción de pellizcarse el lóbulo de la oreja o del autobalanceo de la cuna, actividades estas que suelen acaparar toda la concentración del niño y lo conducen a conciliar el sueño.

Una joven bien entrada en la pubertad, nos confesó que la satisfacción que le producía el chupeteo era parecida a la satisfacción sexual que le producían los besos de su novio. “ No todos los besos dan el placer que da el chupeteo. Es imposible describir lo que se siente en todo el cuerpo mientras se chupa. Parece que te sales de este mundo, una se encuentra totalmente feliz y satisfecha y no se desea nada más. Es una sensación maravillosa. Es algo inefable. No se siente ningún dolor, ninguna pena, y parece que te has transportado a otro mundo.”

El acto del chupeteo se debe a la búsqueda de un placer que el niño ya hubo de haber experimentado y que por medio de la succión, encuentra. Es fácil adivinar que dicha búsqueda guarda relación con el recuerdo de algo vivido.

La primera actividad importante para el ser humano, por el carácter vital que tiene para él, está ligada a la succión del pecho materno o del biberón cuando hay una imposibilidad fisiológica de la madre para la lactancia natural.

Esta asociación entre la succión, el chupeteo y el alimento provocan en el niño los primeros estados placenteros. El niño encuentra un bienestar en el acto de alimentarse; por tanto, su boca y sus labios acaban experimentado placer cada vez que siente la corriente tibia de leche pasar por ellos. En un principio, esta sensación placentera va unida a la necesidad de saciar el hambre. Sin embargo, observamos frecuentemente que aunque el niño haya calmado su apetito, lejos de retirarse del pecho materno o del biberón, sigue chupeteándolo hasta quedarse dormido.

Así, cada vez que quiere rememorar esa sensación , recurre al chupeteo de algún objeto cercano - inicialmente, una parte de su propio cuerpo - porque, debido a la inmadurez con la que viene al mundo, no puede apropiarse de los objetos externos. Cuando llega a un mayor grado de desarrollo físico, cualquier objeto a su alcance puede convertirse en objeto apropiado.

Muchas madres se preguntarán si en el futuro, su hijo va a adquirir “ el vicio” de chuparse el dedo y debemos responder que lo normal es que pase por esa etapa porque forma parte de su propio desarrollo sexual. Este hábito puede también ser adquirido debido a ciertas conductas en la madre que lo refuerzan; por ejemplo, ponerle el chupete después de haberle dado el pecho o dejarle que siga chupeteando la tetina del biberón cuando ya se ha acabado la toma. Cada vez que se tienen estas actitudes generosas, se refuerza la actividad placentera del niño .

Por sorprendente que nos parezca, mucho de los hábitos en los que está involucrada la boca y que adolescentes y adultos mantienen a lo largo de la vida son fijaciones de ese placer obtenido durante la etapa infantil. El acto de fumar, beber, besar y ciertas prácticas sexuales- felaciones – guardan relación con el recuerdo placentero que les produjo el acto de chupetear y succionar en su infancia.

¿ Qué debes hacer.?

Cuando existe una fuerte represión, por parte de la madre o de los educadores, del acto del chupeteo, puede aparecer en el niño una repugnancia a todo lo que tiene que ver con el placer bucal: asco a la comida, la bebida, los besos – a muchos niños no les gusta besar ni ser besados - etc. Un gran número de los adolescentes que presentan síntomas de anorexia-bulimia, vómitos repetidos y opresiones en la garganta, fueron en su infancia grandes “ chupeteadores “.

No refuerces ni fomentes en tu hijo la actividad del chupeteo. Es mejor limitarte a satisfacer su necesidad alimenticia. Una vez llevada a cabo, si decides darle el chupete, hazlo con moderación. No fomentes su uso de forma asidua y continua. Úsalo si realmente va a cumplir una función necesaria, por ejemplo, calmar el llanto y exclusivamente durante el tiempo que sea preciso pero siempre de acuerdo a su desarrollo emocional . Si tu hijo está tranquilo no seas una de esas madres que “ enchufan “ al niño el chupete por que sí o para entretenerlo. Utilízalo por una causa justificada, sino, es mejor no crear en él un hábito que , después, será difícil quitarle. En algunos niños, hemos observado que la acción del chupeteo va acompañada de un movimiento rítmico de frotamiento de piernas que despierta las primeras sensaciones placenteras en los genitales y suele ser una de las causas inmediatas del descubrimiento de la masturbación genital. Algunas madres también nos han relatado que, para apaciguar el llanto de sus hijos o para hacerlos conciliar el sueño, suelen acariciarles los genitales hasta que lo logran. Evidentemente esta actitud acabará despertando precozmente en el niño su instinto sexual.

14
Ene 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( VII )

Escrito por: miguelmartinezfondon el 14 Ene 2009 - URL Permanente

Nacemos con instinto sexual.

No podemos negar las evidentes semejanzas y diferencias entre lo humano y lo animal. El hombre, como un eslabón más dentro de la cadena evolutiva , es mortal y necesita del impulso sexual para cumplir con la especie y no desaparecer. Por tanto, hay algo en la sexualidad humana puesto al servicio de la reproducción. Sin embargo lo que lo diferencia del resto de seres vivientes es el proceso educativo y represivo al cual somete su instinto sexual.

Si dejáramos a un niño criarse a su libre albedrío, sin palabras, crecería como un animal salvaje. Es gracias al proceso educativo que se irá transformando en humano. Su instinto sexual tomará la forma de una sexualidad civilizada.

Debemos partir de una cierta concepción de instinto para entender el desarrollo evolutivo de la sexualidad en el niño.

El instinto es del orden del impulso; es decir, algo que en parte no se puede controlar por estar más cerca de lo animal que de lo humano.

El niño tiene sexualidad desde que nace y esta es como una semilla dispuesta a germinar y crecer en él. A lo largo del desarrollo, la educación familiar y social la irá moldeando, sometiéndola a una represión progresiva.

No debemos olvidar que el niño siempre va a tener sexualidad, independientemente de que lo muestre o lo reprima, hecho que va a depender del ambiente educativo y de las circunstancias personales que le rodeen durante la primera época de la vida.

Hay una etapa infantil denominada PERIODO DE LATENCIA en la que, aparentemente, los niños no parecen observar ningún interés por las cuestiones sexuales. Este periodo acontece, una vez que se ha constituido en el psiquismo el mecanismo de la represión, mediante el cual se puede afrontar de una manera más civilizada el despertar de la sexualidad en la etapa de la pubertad o adolescencia.

La represión se establece a raíz de que el niño recibe sus primeras críticas y reprimendas por mostrar abiertamente aquello que debe ser privado. La familia y las instituciones educativas le transmiten la conducta socialmente aceptada en relación a la micción, la defecación, mostrar la propia desnudez en público, etc. y él, en esa oscilación entre lo conveniente o no de sus actos , aprenderá a ejercer el dominio sobre sus instintos sexuales.

Gracias a que entre los destinos de la pulsión, se encuentra la capacidad de SUBLIMAR el instinto sexual, el niño podrá centrar su energía psíquica en las actividades culturales que le corresponde hacer ; por ejemplo, ir al colegio, jugar o estudiar. La falta de concentración o la detención en el desarrollo intelectual tiene que ver, por lo general, con no poder sublimar dichos instintos, los cuales ocupan constantemente su pensamiento e interfieren con el aprendizaje de otras materias.

Tal vez, al leer estas páginas, alguna madre o algún educador se pregunte: si el instinto sexual es tan importante para el desarrollo emocional del niño ¿ por qué no dejamos que aflore permanentemente en lugar de reprimirle.? La respuesta es bien sencilla.

Durante el periodo infantil, el instinto sexual no puede cumplir con la función a la cual está destinado: formar pareja, gozar del sexo y reproducirse, por que el niño todavía no tiene capacidad funcional para ello.

Cuando algunos padres dejan que su hijo muestre abiertamente ciertas actividades sin ejercer sobre ellas ninguna labor represiva , estas terminan por producir alteraciones en el desarrollo emocional y sexual que pueden desembocar en conductas sexuales perversas.

Encontramos numerosos casos clínicos de niños que mantuvieron relaciones sexuales muy tempranas con otros del mismo o de diferente sexo; relaciones incestuosas con sus hermanos menores o con adultos e incluso, algunos con las mascotas de la familia.

Aunque nuestro propósito no es atemorizar al lector, estas y otras cosas aún más graves pueden suceder en esta etapa infantil y con mas frecuencia todavía de lo que pensamos. Sólo con prestar más atención a esa faceta tan descuidada que es la sexualidad infantil, evitaremos que acontezcan accidentes en el desarrollo educativo de nuestros hijos.

Cerramos este apartado diciendo que aunque haya un periodo de latencia, durante el cual padres y pedagogos toman a su cargo la educación del niño, la eficacia para dominar el instinto sexual infantil nunca se alcanza totalmente

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En este blog se publicarán artículos de Psicoanálisis, abordando temas como la depresión, los problemas de pareja, los trastornos de ansiedad, las obsesiones, fobias, problemas familiares...

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