01 May 2008

ALBERT HOFFMAN, ESPECIE DE CERRAJERO QUÍMICO, QUE ABRIÓ LAS OTRAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN.

Escrito por: Rafael Salin-Pascual el 01 May 2008 - URL Permanente

En su libro: ‘Historia de la LSD: Cómo descubrí el ácido y qué pasó después en el mundo.’ Se da una visión desde varios ángulos de la actividad humana, sobre todo lo que implicó su descubrimiento.

El descubrimiento en si, es un ejemplo de constancia, pero sobre todo de curiosidad científica, mas lejos del temor de lo que pudiera sucederle. Nos narra, que alguna de las diferentes moléculas que acababa de sintetizar cierto día, derivadas de la ergotamina, había sido la responsable de un fenómeno que lejos de atemorizarlo lo llenó de curiosidad. Entonces, con el humorismo que lo caracterizaba, comentaba: Como yo no creía que la causa de los problemas de la mente fueran mis padres, como sostenían los psicoanalistas, me decidí a probar de nuevo los compuestos recién sintetizados.

El LSD-25 (Dietil Amida del Ácido Lisérgico, va acompañado del numero 25, por que ese era el orden de su síntesis). Le pidió a sus asistentes del laboratorio que lo vigilaran, y sucedió nuevamente. Las puertas de la percepción se modificaran. No por unas sustancias naturales, como había escrito Haldos Huxley, al probar el peyote y hogos en Oaxaca, sino, con una molécula que tiene gran similitud con la serotonina, uno de los neurotransmisores, que se ha implicado en funciones como la regulación hormonal, del ciclo sueño-vigilia, pero sobre todo del filtrado sensorial-perceptivo.

La investigación científica se disparó en sus teoría respecto a la psicosis ,como la esquizofrenia. ¿Sería que estas personas tenían alucinógenos o psicodislépticos endógenos?

Las famosas hipótesis de las metilaciones aberrantes, nunca se han comprobado. Pero si se ingreso a una era en la neuroquímica, en donde las moléculas que alteraban el funcionamiento del sistema nervioso, para fines hedónicos, terapéuticos o accidentales, tuvieron un común denominador: el modelo de las llaves y las cerraduras. Las primeras, son la metáfora de la selectividad, una llave que entra en una cerradura. Estas últimas, son las entelequias imaginadas por los farmacólogos, del siglo XIX, para explicarse como una misma llave, por ejemplo la acetilcolina, en intestinos aumentaba las contracciones y en el corazón disminuía los latidos. Ellos, los farmacólogos, como Albert Hoffman, propusieron cerraduras varias, para una llave.

Hoy en día, no sólo sabemos que hay múltiples receptores (cerraduras), sino que se conoce su arquitectura y funciones. En un mundo, en el que el show es el fiel de la balaza y el triunfo. En donde los futbolistas, trovadores, y telegritones, son los protagonistas, el científico, no se ve. Después de todo, en alguna tira cómica, dos sujetos caminaban lamentándose de la suerte del científico, que se entrega por completo a su tarea, noche y día. De pronto se topan con una aparato televisor, en donde está un partido de fútbol.

- Mira en cambio esos chavales, por pegarle al balón ganan todo el dinero del mundo.

- Pues si Javier, pero dime ¿Tú comprarías unos boletos para ir a ver a unos científicos trabajando en el laboratorio?

¡GRACIAS ALBERT HOFFMAN!!

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