24 Jun 2008

LAS MADRES QUE ODIAN DEMASIADO O LA SONATA DE OTOÑO (IGMAR BERGMAN)

Escrito por: Rafael Salin-Pascual el 24 Jun 2008 - URL Permanente

LAS MADRES QUE ODIAN DEMASIADO O LA
SONATA DE OTOÑO (IGMAR BERGMAN, 1978, SUECIA)

Las epifanías iluminatorias no necesitan de una batalla, de un rito de Eleuisis giego con cornezuelos y sacerdotisas, o su equivalente en peyote mesoamericano. Tampoco del ayuno y sacrificios. Requieren de tener los sentidos abiertos y estar rodeado de espejos, menos en un sitio, ahí poned a vuestros hijos.

Eva (Liv Ullman) recibe la visita de su otoñal madre Charlotte (Ingrid Bergman) y la sonata para hija, madre y orquesta de rencores, suena ya como una ópera trágica. Charlotte, es una pianista renombrada, pero una madre negada y ciega a sus limitaciones en esas artes. Eva, tiene a cargo las percusiones estridentes, aunque aparezca de inicio y final, tocando el tímido triangulo pandereta o quizás unas castañuelas. Los tambores, gongs, y hasta campanas tubulares, están reservados, y se irán soltando poco a poco. Por ejemplo, con su hermana Helena, el miembro de esa familia más destrozado, no sólo por la enfermedad neurodegenerativa, que la mantiene tullida, encamada y apenas con monosílabos, sino porque la perversión materna (por llamarla de algún modo) se ha engolosinado en ella.
Charlotte le reclama a Eva que tenga a su cuidado a Helena, “Si estaba tan bien en su asilo”. Pero Eva tiene una catarsis cotidiana, al cuidar y expiar sus culpas, cuidando a la hermana. Quizás fue que perdió a un hijo de tres años ahogado. Pero también, la impostura de ser hipermadre, es un estandarte, que moviéndolo un poco, da bofetadas y tortazos en la cara indiferente de la madre.
La madre es el Ogro devorador de hijas, pero no sólo eso, se deleita en hacerlo (Esto podría ser una nueva parafilia femenina, hasta ahora inexploradas, la “Misofilia materna”, esto es el deleite de manipular a una hija en particular, a la cual mediante la estrategia de degradación, agresión y respuesta iracunda, esta última de la hija, se le inyecta dosis de culpa, y en el fragor de las lágrimas, se le van colocando grilletes, cadenas, bolas de plomo, he ahí el verdadero placer materno. Para muestra leer o ver “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel, ahí está la Pita y su madre desalmada, pero bien comida), pero además no sabe hacer otra cosa, además de tocar el piano.
Eva, envalentonada por una copas, va soltando reproches adornados con serpentinas y encajes pero igual duelen. Ella fue la niña que admiraba a una madre al piano, que idolatraba lo que ella hacia, había maltratos, negligencia y ceguera afectiva. Pero un buen día, Eva descubre los pies de barro de su ídolo, no porque la descubra con su amante, sino por el dolor que ve en la cara de su padre (Earland Josephson).
La conclusión del drama, la resolución, se da con un asola pregunta sin respuesta: “¿Es mi duelo tu placer secreto?” La respuesta no sale de los labios de Charlotte, sino de la obra completa del Director, Chamán y Demiurgo conocido por los mortales como Ingmar Bergman: ¡SI!

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