20 Ene 2012

Hasta pronto

Escrito por: Ángeles Mastretta el 20 Ene 2012 - URL Permanente

Hasta pronto, queridos.

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15 Ene 2012

Un poco más

Escrito por: Ángeles Mastretta el 15 Ene 2012 - URL Permanente

Dos horas antes de abandonar una fiesta, mi cómplice en la vida pide, casi ordena: "empíeza a despedirte". Sabe como nadie que tardo en decir adiós y que muchas veces inicia otra fiesta antes de que yo alcance a irme.
¿A dónde vas que más valgas? me ha preguntado un lector.
¿No podrías escribir una frase al día? ha pedido Luis.
¿Y cómo no?
Empecé este blog con el ánimo de contar el mundo en que vivo y al hacerlo ir atando un cabo a otro para tejer con las palabras la breve historia que cabe en mi vida diaria, para convocar con mi cuento el ustedes. Con ese afán. Y hemos oído maravillas.
"Qué poca cosa es decir gracias", escribió hace unos días el hijo de Francisco García Céspedes. Sin duda uno de los grandes lujos de este blog. Un hombre excepcional, un apasionado de los árboles, la música y las palabras. Qué poca cosa es decir gracias. No se acaba esta fiesta, aunque hay quien se empeña en despedirse, como yo. Sólo por un rato. Sólo hasta que amanezca.
Y dice la canción: "si la noche se espera, todo el día/ espera tú también".

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10 Ene 2012

Amores con un calé

Escrito por: Ángeles Mastretta el 10 Ene 2012 - URL Permanente

¡Salgan a ver la luna!!! ¿Se saben la canción? La cantaba mi mundo desde que nací. Qué libertad ésta de haberles dicho que me iré. Mientras me voy, retozo. En mitad de la calle, de esta avenida loca, llena de ideas e historias, que es la tira de blogs alumbrando la pantalla de mi compu.

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09 Ene 2012

Una alondra en la cabeza

Escrito por: Ángeles Mastretta el 09 Ene 2012 - URL Permanente

Por lo dioses de Paco que ayer escribí con la luna en la cabeza como una alondra. Descifré un texto con pies y sin cabeza. Y aquí ando aún, diciendo que me iré porque es mucho lo que tengo que hacer en otras partes. De una vez les aseguró que este lugar se quedará guardado para mi. Que volveré cuando el agua de quehaceres bajo mi puente, se ponga más en calma. Por lo pronto, ya lo dije, aquí ando otro ratito. En la pizca de sus experiencias y sus afectos en nuestro blog.
Me aflige pensar que no estaré por el rumbo durante las campañas para presidir la República Mexicana. Hay muchos otros blogs hablando de este México. A mi alrededor casi no se hablará de otra cosa. ¿Será por eso que he decidido inventarle cuatro maridos a Julia Corzas, el personaje que narra "Maridos", justo para el tercer hombre de su vida? Voy a ver qué le pasa por la cabeza y en qué años vive. Voy a acompañarla en su casa junto al lago y a concentrarme en su memoria y la mía. La república puede vivir sin mí, sin mi opinión desconcertada. Yo no vivo bien sin escribir, así que mi silencio no será desinterés, sino resguardo.

Punto y aparte: Escribió José Mas en su tarjeta de felicitación por las fiestas:
"la mariposa/orquesta pequeñita/de luz y tacto/ha venido a decirte/que el llanto lleva al canto".

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08 Ene 2012

Otro ratito

Escrito por: Ángeles Mastretta el 08 Ene 2012 - URL Permanente

El sábado treinta y uno, en mitad de una mañana lluviosa, tras cuatro días de inolvidable sol, fuimos a una tienda de esas que son bodegas ralas llenas de cosas que se mezclan sin más deslinde que el de un estante distinto, -la ropa está junto al champú y los aparatos eléctricos junto a las medicinas-, a comprar un karaoke y todo el alcohol que imaginamos consumible. Gran promesa para la noche vieja. Alcohol quedó, por más que intentamos agotarlo, y el karaoke nos los trajimos bien empacado y gracias al esfuerzo cariñoso de uno de los miembros del cónclave vacacional. Esta vez fuimos veinticuatro los tripulantes de esta suerte de crucero inamovible que instalamos en el hotel Noor, único frente a la bahía y, por eso, lujoso. Del orden en la caída de agua caliente no se asegura nada, ni es por ahí que debe promoverse. Tiene abajo, con una terracita, un restorán al que hemos rebautizado como la Terraza del ángel exterminador: Uno puede llegar ahí a las nueve para desayunar y seguir ahí hasta las doce platicando con quien va cayendo. Dos terceras partes del hotel están tomadas por nosotros. Y casi siempre todo el restorán. Como a la una empieza a ser inevitable moverse. Así que los tres días de sol hicimos tres comidas frente a la mágica laguna de Bacalar, que se ilumina de colores distintos a lo largo del día. Va con el sol. Nada más es gris cuando se nubla y ni siquiera, porque entonces es que se ve plateada. Pero eso se los cuento después. Ahora, como empecé por el final, voy al día treinta y uno, ése en que amaneció lloviendo. Entramos diez de nosotros, cinco hombres, cinco mujeres. Los hombres directamente a los vinos y las cinco mujeres a debatir las cualidades de tres distintos aparatos con los que acompañarse a cantar. Seguras estamos de haber encontrado el mejor. Y nada más divertido que haberlo probado con mi sobrina Lumi, meneándose y cantando mientras el pasmado vendedor la veía como a la mismísima estampa de todos sus sueños hechos realidad. Lumi canta acompañando las letras con las manos. Todo lo explica. Como si hablara un parsimonioso lenguaje inventado para quienes no la oyen. Estábamos de tal modo divertidas con la prueba que para cuando tomamos la decisión de comprar el aparato, había a nuestro alrededor un montón de mirones. La risa de las mujeres cuando juegan, puede atraer como los ruidos del amor al otro lado de la pared. No nos dimos cuenta sino hasta que llegamos a la fila para pagar. Atrás de nosotros, en nuestra fila y las paralelas había cinco aparatos como el nuestro. Gran vendedora, la gran Lumi.

Punto: Quienes llevan tres años acompañando este puerto, ya sabían, porque llevo seis meses despidiéndome por correo, que esta correspondencia diaria se iría acabando. Pero me quiero disculpar con quienes se han llevado una sorpresa. Estaré aquí unos días más, porque me gustan las despedidas largas y porque mi amiga Mercedes quiere que yo le cuente otro poco del "rincón guapo" en el Caribe.

Punto y aparte: Me pide un lector que ustedes no conocen que, para bien nuestro, quien tenga tiempo cuente su mejor memoria de estos encuentros. ¿Qué aprendió quién de quién?, por ejemplo.

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07 Ene 2012

De fiesta en fiesta

Escrito por: Ángeles Mastretta el 07 Ene 2012 - URL Permanente

Aún andamos atados a la cola del cometa que fueron estas fiestas. Y cuesta empezar. Más aún si el principio trae consigo el deber de ir despidiéndose. La larga fiesta que ha sido este puerto tiene que irse a otra parte alguna vez. Lo escribo y me estremezco, lo escribo aquí, no en un documento de word que luego haya que pasar al blog, no en algo que me autorice a detenerme con las dudas en una carretilla. Tengo que empezar a decidir que este diario encuentro siga de otra manera, en otras partes.
Y mañana sigo porque ahora me está dando mucha tristeza despedirme. Ahora quiero darme otro rato para atorar el rebozo en este faro. Debe ser porque odio decir adiós que uso siempre un chal, un tapado, un rebozo, un pañuelo, llámese como se llame a estos trapos que me ato al cuello o me pongo en los hombros. Mil veces, al caminar hacia otra parte la punta del pañuelo se traba en algún lado, y he de volver sobre mis pasos a buscarlo y buscarme. Como ahora y todos los días, regreso a encontrarlos a ustedes y a mi destreza para no irme cuando debo.
Hasta dentro de un rato. Tardaré un poco más en despedirme. En decir hasta luego. Gracias por hoy.

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04 Ene 2012

Chetumal en el aire

Escrito por: Ángeles Mastretta el 04 Ene 2012 - URL Permanente

Aquí ando y hace frío. Ayer volvimos del mar. Nuestro mar queda en Quintana Roo. A veces en Cozumel, todos los fines de año en Chetumal, el pueblo en que nacieron mi cónyuge y sus cuatro hermanos. En el que yo encontré un aire distinto y generoso desde la primera vez que ahí estuve.

Para nosotros, Chetumal sigue siendo un pueblo engarzado en la memoria de Doña Emma, mi suegra. En homenaje a ella y a sus recuerdos, a la ingrávida voluntad de su hermana Luisa, y a la certidumbre general de que si un paraíso hay, está muy cerca de esa bahía de aguas bajas junto a la que hace apenas un siglo se fundó un poblado que, en 1955, fue avasallado por el espanto de un ciclón de nombre Janet.

Historias hay miles y las mejores las han contado los hermanos Aguilar Camín, porque su madre, su tía y su mundo vivieron cincuenta años prendidas al abismo de esa noche. Por eso es que yo no puedo hablar de esas historias, porque a pesar de que he sido la más apegada de las escuchas, porque a veces son mías de tanto escucharlas, no me siento en el derecho de nombrarlas por escrito. La memoria es toda de ellos aunque el treinta y uno de diciembre, en la noche, durante la cena, yo me sentí libre para contárselas a cuatro mujeres excepcionales, que me oyeron como si en mí estuviera la verdad por saberse. Ellas vinieron al viaje familiar este año. Greta por tercera vez, las López Lozano por primera vez. Imposible contarles, les apretuje una cosa y otra, como ahora quisiera hacer con ustedes, pero no cabe el mar en un agujero, ni la tenaz pasión de esa familia en un libro que nunca he de escribir. Todo lo que de ahí viene a mi vera es prestado, todo menos el presente que he ido volviendo mío a fuerza de tomarlo cada vez entre manos para ayudar a que otro anuden a esa tierra su infancia y su juventud.

Vamos a Chetumal la última semana del año y hacemos fiestas todos los días. Dice Efraín Villanueva, hombre de sabia prosapia en la región, que el pueblo nos espera cada vez como si algo del bullicio que acarreamos fuera a quedarse ahí. En realidad es al revés. Nosotros abrevamos en el pueblo que fue, lo reinventamos cada noche vieja y amanecemos al primer día del año en la orilla de una ciudad que nos desconoce y en el centro de un pueblo que sigue siendo el nuestro. El de antes. Y el recoveco en que hemos puesto nuestra emoción, frente a la bahía que cambia y alborota, ilumina y se entristece, tiembla bajo nuestros ojos mirándola siempre como por primera vez. “Toma una foto, Catalina”, le digo a cada instante. “Ya tengo una de cada cosa”, me aclara. Tiene de la mañana con sol y de una en que llovió, tiene de dos amigas, de tres primas, de dos nietos, de tres hermanos. Hubo una fiesta cada día. Y cada fiesta he de contarla en unas líneas. Yendo de la última a la primera diré que ayer, antes de salir rumbo al cansancio de todo principio de año, rumbo al día que se amanece como si el año estuviera terminando, comimos hojas de parra, berenjenas, aceite de oliva, jocoque y garbanza. Comida árabe para cerrar el catálogo de comidas locales en las que pasamos toda la semana. Fuimos del queso relleno, a la cochina pibil, del pescado a las brasas al sol guardándose sobre la laguna de Bacalar una tarde con la luz más brillante de que se tenga memoria. Si la suma de fiestas da una fiesta mayor. La nuestra estuvo inmensa. Feliz año. Aunque se vea tan raro, hemos de hacerlo transparente. Bien hallados sean ustedes.

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25 Dic 2011

Feliz Navidad

Escrito por: Ángeles Mastretta el 25 Dic 2011 - URL Permanente

Felicidades, queridos silabarios. No he descansado un momento. Ésta es la Navidad más trabajada de mi vida. Perdón por no venir a abrazarlos, con historias, en todos estos días. Vendré en una semana, con alguna. Por lo pronto, como me voy a ir al mar y al Ipad, lo que haré será dejarles títulos, porque desde ahí no puedo hacer sino éso. Y mandarles todo mi cariño, todo mi agradecimiento por su compañía diaria, por su inteligencia y su generosidad. Un abrazo de los largos, Angeles

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20 Dic 2011

A Dios rogando

Escrito por: Ángeles Mastretta el 20 Dic 2011 - URL Permanente

Pero a todas partes llego tarde. O no llego. Como si fuera poco, me ha dado por perder las cosas. El sábado perdí el monedero, con las tres tarjetas de crédito y con todo el crédito que me queda para enfrentar a quienes ya no pueden oír que algo se me perdió. Léase mi compañero de almohada, mi hijo Mateo, mi compadre José y Lupita mi asistente culinaria. Ya nadie me hace caso. “¡No encuentro el dinero!”, digo y en vez de que tiemble la casa, tiembla mi conciencia. ¿En dónde tengo la cabeza? ¿En la cena de navidad? ¿En el árbol? ¡Dioses de la redacción! Sigo sin árbol. Me pregunto si Catalina va a perdonármelo. Desde que vivo con su papá, he comprado, colocado y adornado con singular entusiasmo treinta y tres árboles. Este año tengo flojera. Y ya se me hizo tarde. Nunca he puesto los adornos de navidad antes del doce de diciembre, pero jamás había llegado al diecinueve con el caos sugiriendo la fiesta sin completarla. ¿Ante qué tribunal se pide una disculpa? Tengo velas y focos, uno que otro adorno, muchos dulces, cientos de planes y cuatro decenas de invitados entre ahora y el sábado. Un desastre y mis ganas de abrazar a quien se deje. Eso sí, con gran entusiasmo. Me ha pasado el mes en ágapes de todo tipo. Tengo negra la conciencia laboral y sin embargo estoy exhausta como si hubiera escrito la mitad de una novela. Como si algo necesitara, ayer, para descansar, Héctor me puso en la tele una película en la que un simio, por obra de no sé qué medicina destinada a curar el mal de Alzh ¿qué? , entiende señas y va dando con algo así como la inteligencia hasta que de repente, en medio de una de las veinte tragedias que lo acometen alcanza a decir “¡No!”, para de ahí convertirse en el líder de una multitud de gorilas que ataca a los humanos que están comportándose fatal. Entre tanto lío, como en toda película, hay una pareja de novios enamorados que quieren la salvación de todos.

Como a la una de la mañana, despierta en mi sillón junto a un hombre dormido bajo una maraña de tiros y aullidos, resistí el deseo de despertarlo furiosa como la mamá de cualquiera de los gorilas que brincaban por el Golden Gate en la Bahía de San Francisco.

No era su culpa, fui yo que me seguí de frente, la sesión había empezado muy bien con una peli en la que Tom Hanks y Julia Roberts nos hicieron el favor de enamorarse con la suavidad propia de lo que bien se llama comedia romántica. Película “palomitera”, decimos porque es de ésas en las que uno puede comer su palomitas sin ser perturbado por ningún sufrimiento. Ya bastante hemos tenido con este afán de los candidatos en no saberse los títulos de los libros que no leen, ni los precios de ninguna de las ocurrencias que tienen a bien plantearles los busca pelos en la sopa que son los reporteros. Y cada quien apela a su santo, Margarita Zavala, una mujer inteligente y buena, que cree en Dios como yo en la magnificencia curativa de una sopa de alubias, le pidió que conmoviera el corazón de los malvados. Hace bien en rezar. Uno qué más quisiera, están las cosas para hincarse en dos chinchetas a pedir los favores del alguien todopoderoso. Dijo mi madre un veinticinco de diciembre cuando le pregunté si ya estaba cansada. “Sí, ya vámonos a dormir, yo creo que ya todos estamos cansados de todos”. Es mi caso el día de hoy. Me voy a dormir. Que la vida bendiga sus aventuras navideñas, y las mías, cuando amanezca el cielo claro de mañana.

Punto y seguido: Si alguien se quedó con la preocupación, el monedero apareció ahora al mediodía, dormido, él sí, en el segundo cajón de mi escritorio. Intacto. Igual a como lo dejé, seguramente, el sábado en la mañana, antes de salir con el primer aviso de que no lo encontraba. Por supuesto, las tarjetas ya estaban debidamente canceladas. A lo tonto. Si no ¿qué chiste? diría mi amiga Lilia.

Punto y aparte: Que los dioses de Paco y el de Marion, el de Margarita Zavala, el de Javier Sicilia, el Sagrado Corazón de mi tía Nena y mi tía Luisa y el de tantos de ustedes, estén con todos nosotros.


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17 Dic 2011

Segunda posada

Escrito por: Ángeles Mastretta el 17 Dic 2011 - URL Permanente

Queridos:
Hoy es la segunda posada. Aquí en México las posadas son un pretexto para celebrar lo que sea. Sobre todo, cuánto nos queremos a pesar de todo. Desde ayer traté de escribirles para celebrar la primera fiesta de esta larga serie, pero no pude entrar al blog porque así pasa de repente. Como pasa el viento, que ayer estuvo fuerte en esta ciudad de por sí negra. No saben ustedes con qué fuerza nos han tomado el polvo, el smog y lo que elegantemente se llama "partículas suspendidas" que no son más que mugre de todo tipo, puesta a girar en torno a nuestros paseos. Salir a la ciudad requiere de un atrevimiento propio de los corazones valientes, y pasar una comida al aire libre ya es como viajar a la luna en camión de redilas.
De todo eso he andado haciendo. Y en medio de todo, esta sin razón de estar celebrando el nacimiento de un personaje en cuya divinidad no creo porque en ninguna creo. Y esto, ya lo hemos hablado mucho, no porque piense que al perder la fe se encuentre la razón, sino porque se pierde sin razón aparente, como porque sí, pero al parecer sin remedio. Aunque, no sé, hay quien la deja entrar otra vez, en forma de budismo o panteísimo. Ya también lo dijimos, benditos sean y a solas nos dejan. De todos modos, en la fiesta.
Vengo después.
Confieso: que apenas ayer me enteré, al saber de su muerte, de la vida de un célebre escritor. Hitchens, se llamaba. Polémico, inteligente, audaz. Voy a leerlo y les cuento.

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Angeles Mastretta

Ángeles Mastretta es escritora. Quizás ninguna otra vocación le guste más. Sin embargo, también puede ser escucha incondicional, cantante insoportable, conversadora irredenta. Hace su trabajo sin la debida asiduidad, pero cuando quiere consigue abismarse en lo que ama. Nació y vive en México.

Sus libros son "Arráncame la vida", "Mujeres de ojos grandes"," Mal de amores", "Puerto Libre", "El mundo iluminado", "El cielo de los leones", "Ninguna eternidad como la mía" y "Maridos". Están publicados en todo el mundo de habla hispana y viajan con asiduidad por los idiomas varios de otros mundos. Han sido traducidos a veinte idiomas.

PALABRAS EN VOZ BAJA:

"Sólo la mano del deseo, sólo su aire fresco y estremecido, recorriéndonos, levantándonos a vivir"

Jaime Sabines

"A veces en medio de la noche, los recuerdos como luces de bengala, vuelven trascendental y policroma nuestra perplejidad."

Renato Leduc.

“Mi corazón lo diga

que en padrones eternos

inextinguibles guarda

testimonios del fuego”

Sor Juana Inés de la Cruz

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Puerto Libre

Quiero creer que a los puertos libres los rige un aire de tregua y fantasía propia de los lugares habitados por quienes saben que la vida es un largo juego de azar y paciencia. Quiero que éste sea un puerto libre.

Tiene un faro, pero no para guiar, sino para ir acompañando el viaje de quienes añoran la quimera y bendicen la vida. El viaje misterioso y desmemoriado de quienes tienen algo que contar.

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