07 Jun 2008
Costos económicos y políticos en los peligrosos juegos del poder
ALTAS TASAS DE INTERES, CIERRE DEL CREDITO, INFLACION, FRACTURAS INTERNAS
Las entidades agropecuarias resolvieron mantener el paro hasta mañana y ensayar otras vías de negociación. Pero parece excesivo que quienes gobiernan para el conjunto y tienen un poder delegado, maniobren con problemas tan inquietantes. Puede pretenderse que en una contienda política vale todo, y también que el vale todo debe reconocer límites.
Ya sonó a dislate que, como parte de ese plan, el ministro del Interior justificase directamente el bloqueo de los camioneros: desde ya, nada compatible con las responsabilidades del cargo. Por muy atendibles que sean, los cortes vulneran leyes y, aunque uno quiera lo contrario, no hay cortes buenos y cortes malos.
Salvo a los extremos que existen en cada bando, casi tres meses enteros de conflicto provocaron fatiga en las filas de los contendientes, hartan a todo el resto y desatan comportamientos equiparables al miedo, como acumular alimentos por temor a la escasez. En fin, costos que emergen como pruebas de la manifiesta incapacidad para resolver el p
roblema, si es que de verdad se lo quiere resolver.
Por culpa de la pelea, hay poblaciones en estado beligerante. Se suceden, una tras otra, las reuniones de Néstor Kirchner con la tropa propia en un inocultable esfuerzo por evitar deserciones. Un ministro, Martín Lousteau, que se perdió en el camino cuando apenas llevaba 120 días en el cargo. Y un proyecto ambicioso, el Acuerdo del Bicentenario, que parece haber entrado en un sueño eterno.
Interminable, la cuenta sirve de muestrario. Con el PJ ya en trance deliberativo, Schiaretti, De la Sota, Reutemann y Busti se han plantado ante la estrategia impenetrable del comando central. Solá lo hace a su modo. Hay gobernadores obligados a cambiar discursos y gestos de un día para el otro, porque se apartan de la línea rígida. Mientras, en silencio, intendentes y dirigentes K mascullan el temor a perder, el año próximo, mayorías en los concejos deliberantes, tal vez sus puestos, o quedarse afuera de la elección que sea.
Existen, pues, costos presentes y costos a plazo fijo. Y si alguien cree lo contrario, o quedó preso de su propio plan de combate o mira otra película. O pretende que es posible ir por todo, contra vientos y mareas.
En su afán por detener la corrida de depósitos hacia el dólar, seguro que siguiendo instrucciones, el Banco Central debió aceptar una baja del tipo de cambio, erosionar una pieza clave del modelo que arrancó en tiempos de Eduardo Duhalde. Quizás se lo pensó, además, como un modo de sancionar a la especulación, aunque la movida también involucró a pequeños ahorristas recelosos. Parte del mismo juego es que sea interpretado como un mensaje encubierto al sector industrial: "Miren que si no se alinean con nosotros podemos bajarles el dólar".
Cualquiera fuese el plan, lo cierto es que avanzó en dirección opuesta a lo que seguramente se habría preferido. Hubo caída de reservas, saltos en las tasas de interés que golpean a empresas y particulares endeudados y se secó el mercado del crédito.
También hacia el interior de la economía, fisuras en cadenas de pago, enfriamiento de la demanda, incertidumbres que pegan en los gastos de la gente y parate en planes de inversión. Además, los fiscos provinciales sienten que ha menguado el cumplimiento impositivo.
Ciertamente ayudados por los altos precios internacionales del campo, hay números de la macroeconomía que lucen robustos. Y más de un analista considera que, llegado el momento, será posible recuperar reservas, levantar el tipo de cambio y aliviar los costos financieros.
Ese momento asomará, obviamente, cuando se encarrile alguna negociación viable con el campo. Pero aun así, insumirá tiempo enmendar los actuales desajustes y remontar la pérdida de confianza en la capacidad de gestión oficial: tal cual pasa ahora, la tarea mayor cargará sobre el Gobierno; tan solo por la inequívoca naturaleza de las responsabilidades.
Inmerso en la pelea, el Gobierno no prestó atención a otras cosas igual de urgentes. Así, entre tantos asuntos pendientes, al final del laberinto aguarda la inflación. Y si el modo como se manejó el conflicto con el campo no abre una bisagra seria en el margen de maniobra del poder, es bien posible que haya facturas a su cuenta y a las de los aliados de estos meses: costos, al fin.
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