10 Jun 2008

SUSANA RODRÍGUEZ- DEL JARDÍN DE LAS DELICIAS A LA FRAGILIDAD DEL SER

Escrito por: Agustin Rangugni el 10 Jun 2008 - URL Permanente

Susana Rodríguez ha creado un mundo visual redefiniendo etapas, a partir de un quehacer investigativo y constante; arte y vida se funden en sus obras, nada emocional escapa al ojo de la artista que sin embargo elabora y reelabora los impulsos primeros, mientras va adueñádose de técnicas y conocimientos pictóricos, que le permiten una expresión mas exacta a sus propuestas artísticas.

Su itinerario plástico comienza, en los 70, con la serie “Escrituras”, dibujos de sintáxis compleja, donde la línea es protagonista,mas tarde, en la serie “Herbarios de pasión,”la línea se libera en expresiones barrocas donde hojas y raíces se entremezclan con formas y colores. En un despliegue de mutaciones vegetales nos sorprende la metamorfósis de la hoja en Corazón. La artista se aventura por los intrincados senderos de la naturaleza, por una botánica exhuberante, con un trazo seguro y envolvente.

A fines de los 80 y comienzos de los 90, Susana decide dejar los mundos vegetales, los follajes luminosos y la naturaleza para indagar en su propia naturaleza. Su obra se redefine, en un vuelco de óptica, abandonando el mundo externo para mirar hacia su mundo interior.

Viaja del jardín de las delicias hacia su jardín íntimo. Surge la serie “Retratos del alma”, bucea en el tiempo de la niñez, en su identidad personal; según palabras de la artista: “busca las raíces, las motivaciones y sensaciones de ese período donde se fija nuestra vida.”

En ese recorrido existencial, la artista explora diversas técnicas y domina tanto el dibujo, la pintura, como la fotografía, el grabado, el collage, el diseño, con libertad plástica pero rigor compositivo.

En su serie “Polípticos”, a comienzos del 2000, la reflexión sobre el ser se convierte en objeto visual; lo biográfico, su historia personal se plasma en imágenes que se codifican y decodifican, la artista quiere atrapar los procesos de la memoria que albergan, en sí, los procesos del olvido.

Susana nos dice: “Disfruto mucho el trabajar en mi obra. Encuentro mi centro.”

Pero su centro se expande como su universo creativo, nunca quieto, nunca conforme.

En la actual serie “De sombras”, SHADOWS, después de recorrer el mundo vegetal, los jardines de las delicias, de tejer y destejer los laberintos de la infancia, Susana viaja hacia otras visiones más despojadas, donde las imágenes se esfuman, penetra en el mundo de las sombras, en el mundo de las formas en desvanecimiento y nos enfrenta al espacio de la soledad, del vacio, de la ausencia.

De aquel jardin de las delicias nos lleva al jardín de lo que fue, a la irrevocable certidumbre de la brevedad del ser.

ADRIANA BIANCO

Prof. Filosofía y Letras.

Miembro de AACA (Asociación Argentina Críticos de Arte-AICA)

Miembro AMMPE (Asociación Mundial Mujeres Periodistas-Escritoras).

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26 May 2008

Nuevos escritores latinoamericanos, estrellas de la Feria de Libro de Madrid

Escrito por: Agustin Rangugni el 26 May 2008 - URL Permanente

Escritor mexicano Jorge Volpi

MADRID (AFP) — Los nuevos autores latinoamericanos serán las estrellas de la Feria del Libro de Madrid, que se celebrará del 30 de mayo al 15 de junio en el parque del Retiro de la capital española, dedicada a la literatura de América Latina en este 75 aniversario del evento.

"Será una ocasión de seguir valorando a los autores consagrados y de dar a conocer a los nuevos valores emergentes de la literatura latinoamericana", afirmó la presidenta de la Feria de Madrid, Pilar Gallego, en la presentación del evento en el ayuntamiento de la capital.

Durante los 15 días del evento, los distintos pabellones de la feria albergarán conferencias, mesas redondas, presentaciones de libros y encuentros con distintos autores de uno y otro lado del Atlántico, como el británico Ken Follet y el español Carlos Ruíz Zafón, autor de "La sombra del viento".

Una treintena de autores latinoamericanos como el mexicano Jorge Volpi, el argentino Andrés Neuman y los colombianos Yolanda Reyes y Ricardo Cano Gaviria, entre otros, se darán cita en las distintas actividades culturales que se llevarán a cabo durante la Feria.

El objetivo es "promover el nuevo libro latinoamericano y sus autores, así como establecer lazos comerciales que permitan fortalecer las industrias locales", según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal (CERLAC), que sugirió a los organizadores de la Feria de Madrid la posibilidad de dedicar un año a Latinoamérica.

"Tuvimos en cuenta que en 2010 se celebran los bicentenarios de la independencia de los países latinoamericanos y la gran cantidad de latinoamericanos que viven en Madrid" a la hora de dedicar la feria a América Latina, dijo el director del evento, Teodoro Sacristán.

La Feria permitirá mostrar el "relevo generacional con autores menores de 40 años en Latinoamérica, promover las nuevas voces de su literatura y fortalecer las industrias del otro lado del Atlántico", añadió.

El evento literario madrileño permitirá el contacto entre autores, editores y distribuidores, cuya interacción permita superar el desequilibrio entre importaciones y exportaciones de libros entre América Latina y España.

Según datos del CERLAC, en 2005, el 29% de las importaciones de libros que realizó Latinoamérica eran de origen español, mientras que las exportaciones a España fueron de "apenas un 2,3%".

Las exportaciones latinoamericanas de libros a España rondan los 9 millones de dólares, mientras que las exportaciones de libros españoles hacia el subcontinente superan los 244 millones de dólares.

En la Feria estarán presentes 364 casetas, 20 más que el pasado año, cinco de las cuales serán del CERLAC, en las que los autores firmarán libros a los lectores que se acerquen hasta el Paseo de Coches de los Jardines del Buen Retiro de Madrid.

"Ha sido un acierto formidable vincular" la Feria con América Latina, aseguró el alcalde de Madrid, Alberto Ruíz Gallardón, quien recordó el 75º aniversario del evento pese a que en realidad se trate de la edición 67ª de la Feria.

Gallego explicó este desfase recordando que la Feria madrileña nació en 1933 como una iniciativa de libreros madrileños, pero que distintas vicisitudes como la Guerra Civil española (1936-1939) impidieron que se celebrara algunos años.

"Pero desde 1955 es una fecha fija en nuestra vida cultural", concluyó el alcalde madrileño.

25 May 2008

Las dos Venezuela

Escrito por: Agustin Rangugni el 25 May 2008 - URL Permanente


La Venezuela musical recibe un premio.

La Venezuela militar una carcajada

Una rueda de prensa del maestro José Antonio Abreu sobre el Premio Príncipe de Asturias otorgado al Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles, fue cortada bruscamente para infligirnos una cadena del más parlanchín gobernante que haya tenido Venezuela, cadena en la cual recitó una vez más la desafinada cantaleta sobre la guerra que el imperio tiene emprendida contra Venezuela. Esa interrupción no fue obra del Gobierno, sino del cielo: ella nos dio la posibilidad, "en vivo y en directo" de hacer la comparación entre las dos Venezuela que hoy coexisten en nuestro espacio y en nuestro tiempo.

El prestigioso premio internacional a la primera tiene diversas implicaciones, pero la más importante y significativa, la que la hace ejemplar, es la de estar nadando contra una de las más fuertes corrientes de la idiosincrasia venezolana, la tendencia a la improvisación.

Dos regalos divinos Ningún angel bajó del cielo para posarse sobre la cabeza de nuestros muchachos y premiarlos con un hermoso billete de lotería. Durante casi todo el siglo XX, se nos ha conocido en el extranjero por dos cosas que para nada son producto de nuestra voluntad, sino de la de Dios Padre Todopoderoso: petróleo y reinas de belleza. Desde hace algún tiempo, y mucho más de ahora en adelante, se nos conocerá como el país de la música. Pero sobre todo, servirá para quitarnos esa fama de haraganes en la que nos acompañan casi todos los pueblos de América Latina. Porque "el Sistema", como se le suele llamar abreviadamente, no nació de la noche a la mañana, ni por generación espontánea, ni (para no ahorrarnos la ripiosa comparación jupiterina) nació armada de pies a cabeza de algún dios musical. No: es el producto de más de treinta años de trabajo.

Pero no de un trabajo rutinario como el de todos los burócratas del universo, de ocho a doce y de dos a seis: es un trabajo de cada minuto, de cada segundo, en días que la mayoría de las veces tienen más de treinta horas. No es "un puesto": es una vida.

Un tiempo muy preciso Decir que sea el producto de treinta años de trabajo lo ubica además en un tiempo muy definido y preciso de la historia venezolana: el de los gobiernos civiles. Es decir, un tiempo en que los venezolanos parecían estarse acostumbrando a pensar en años y en décadas, más que en días y en horas. A comprender que para que el trabajo pueda dar frutos perdurables, no puede provenir de un subitáneo rapto de inspiración ni va a caernos del cielo o a brotar del subsuelo.

Por mucho que las loterías y los hipódromos continuasen trabajando horas extras, esa actitud del homo ludens venezolano que tanto horrorizaba a Arturo Uslar Pietri, era relativamente inofensiva, porque no derivaba hacia la acción política. Se iba dejando en el polvoriento desván de los recuerdos el hombre que "tiraba la parada" y parecía irse instalando en nuestra mentalidad el convencimiento de que la democracia política y el desarrollo económico y social se ganaban en la pelea cotidiana y de todos, no por la acción de un demiurgo, de un santón (de un matón) de uniforme.

La otra Venezuela Pero hablábamos más arriba de dos Venezuela que coexisten. Lo hacen desde siempre, pero sólo durante los gobiernos civiles ha podido el trabajo tesonero y creador crecer en el acatamiento y la admiración públicos para poder carearse con la otra Venezuela, la de la improvisación, del golpe de mano, la viveza y la deshonestidad, la de la fuerza bruta y la pobreza intelectual y moral. En una palabra, la Venezuela militar o para ser más precisos, militarizada. La Venezuela que, para vergüenza nuestra, el mundo conoce riéndose a mandíbula batiente, porque combina la verborrea payasa y la cobardía. La Venezuela que amenaza a nuestros vecinos con el verbo de la guerra a muerte, pero cuyos batallones se devuelven despavoridos sin haber llegado ni a la frontera. No porque a nuestros soldados se les hayan aflojado las tripas, sino porque conocen muy bien la actitud de su Capitán Araña de Comandante en Jefe en la heroica batalla del Museo Militar.

El purgante Pero la característica más saliente de esta Venezuela que el electorado se impuso a partir de 1998 (creyendo que un purgante serviría para curar una diarrea) es la improvisación. Mientras que en la Venezuela del sistema de orquestas juveniles el ensayo y la corrección de los errores se combinan con la confianza en el genio y el ingenio de nuestros jóvenes para dar como fruto ese prodigio de armonía que hoy mantiene en vilo al mundo entero, en la Venezuela de botas y uniforme el destino del país se decide en los incorregidos dislates que el comandante en jefe excreta cada domingo frente a un micrófono que pareciera untado con un euforizante alcohol que pone la lengua pastosa y el verbo incoherente pero incontenible. Allá, la armonía producto de una larga paciencia. Acá, un ruido caótico, un alboroto sin orden ni concierto, donde lo único que no desafina es el caletreado aplauso de los aduladores. Y donde puede advertirse no sólo esa improvisación sino el desprecio por el trabajo serio. Para decirlo como lo hizo alguna vez su vicepresidenta Adina Bastidas, el de "esos PhD que tanto mal le han hecho al país".

Maquiavelo decía que somos los árbitros de la mitad de nuestros actos, y que la otra mitad la comanda la fortuna. Hoy, la primera Venezuela recibe el aplauso del mundo entero. La Venezuela militar de segunda nos ha convertido en su hazmerreír. Pero no es cosa de desesperar: no debe olvidarse que la fortuna es caprichosa e inconstante.

Manuel Caballero

hemeze@cantv.net

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21 May 2008

"El capitalismo inventó el amor"

Escrito por: Agustin Rangugni el 21 May 2008 - URL Permanente

Pensamiento


La modernidad acabó con el matrimonio concertado y con la idea de Dios, dice el filósofo francés Luc Ferry. Para el autor de Aprender a vivir (Taurus), el desafío es alcanzar una espiritualidad laica que permita aceptar la muerte de quienes amamos


A simple vista, Luc Ferry puede parecer la antítesis de un filósofo. En vez de vivir en un barril, como el cínico Diógenes, este gran burgués de 56 años cultiva sus amistades en los círculos políticos de la derecha y da sus citas en el café más à la mode de París. Lejos de practicar una asidua misantropía, como la mayoría de sus históricos colegas, este brillante profesor universitario y exitoso autor es refinado, cordial y disponible. A pesar de que admira a los estoicos, no trata de disimular que le encanta ser popular y que la mayoría de sus amigos figuran en las páginas del Who s who .

Pero las apariencias suelen ser engañosas. Ex ministro de Educación, doctor en filosofía y en ciencias políticas, descendiente de Jules Ferry -padre de la escuela obligatoria, gratuita y laica en Francia-, este Ferry es un intelectual sólido, provocador y con grandes dotes de comunicación. Gracias a una auténtica capacidad de divulgación, en pocos años se ha transformado en un conspicuo miembro del reducido grupo de filósofos decididos a devolver a la filosofía su vocación original: ayudar al hombre a vivir mejor, más libre, despojado de vanos temores, cargando en el espíritu solo unas pocas verdades razonablemente adquiridas. Ese cambio comenzó hace unos 20 años, cuando algunos pensadores, como Pierre Hadot, hicieron redescubrir al público los "ejercicios de sabiduría" de las escuelas griegas y romanas.

Poco a poco, las viejas evidencias regresaron: el pensamiento modela la existencia, se puede aprender a vivir, nuestra vida moderna exige la invención de una sabiduría "a medida". ¿Qué rescatar de las doctrinas antiguas, como el epicureísmo o el estoicismo? ¿Cómo forjar preceptos adaptados al nuevo mundo? En Francia, hubo tres autores de sensibilidades diferentes que aceptaron el desafío: Michel Onfray, André Comte-Sponville y Luc Ferry. En 2002, Ferry publicó Qué es una vida realizada . En ese libro intentaba mostrar el camino hacia un nuevo humanismo a través de las grandes etapas de la historia del pensamiento, de los griegos a nuestros días, pasando por la gran limpieza hecha por Nietzsche. Saludado por la crítica, el trabajo padeció las consecuencias de las circunstancias: su autor, designado ministro de Educación del gobierno conservador de Jean-Pierre Raffarin, había dejado de ser leído como filósofo, para ser atacado como figura política.

En 2005, durante unas cortas vacaciones familiares junto a su amigo el ex primer ministro Dominique de Villepin, Luc Ferry aceptó el desafío de tratar de explicar los grandes principios de la sabiduría filosófica a su hija adoptiva -de origen colombiano- y a un grupo de adolescentes amigas. De esa experiencia nació Aprender a vivir . Tratado de filosofía para las jóvenes generaciones , que ya vendió más de 300.000 ejemplares en Francia, fue traducido a decenas de idiomas y acaba de ser publicado en español.

-Aprender a vivir se está transformando en un éxito planetario. ¿Esperaba ese maremoto?

-No, pero creo comprender las razones. Por un lado, en Occidente, sobre todo en los países democráticos, entre los que incluyo a América Latina, el ocaso de las religiones parece irreversible: la fe, las creencias religiosas ya no tienen la misma fuerza que hace 150 años. Sin embargo, el hombre sigue teniendo los mismos miedos, los mismos interrogantes, la misma necesidad de respuestas. Lo que digo en mi libro es que las grandes filosofías son también doctrinas de salvación. Doctrinas de salvación laicas, sin Dios, pero capaces de liberar al ser humano de los miedos que lo acosan. Creo que no hay actualmente otro libro que diga que las grandes filosofías son teorías de la salvación. Honestamente, creo que he sido el primero en hacerlo.

-En ese libro usted también afirma que lo que se enseña en las aulas no es filosofía.

-Es verdad. A los jóvenes se les dice que la filosofía es la reflexión, el espíritu crítico, la argumentación; que la filosofía los ayudará a pensar por sí mismos, a pensar en las grandes cuestiones de sociedad. Todo eso está muy bien, pero no tiene nada que ver con la filosofía. ¿Quién no reflexiona? Esa no es la especificidad de la filosofía. La cualidad principal de la filosofía es enseñarle al hombre a superar los miedos que le impiden vivir bien.

-¿El miedo a la muerte?

-Sí, ese miedo que engloba todos los demás. Cuando el hombre está sometido a los miedos, no puede ser íntimamente libre ni generoso con los demás. Cuando el hombre tiene miedo (a las ratas, a los ascensores, al cáncer ), está totalmente privado de libertad y cerrado a los otros. El sabio es aquel que consigue superar los miedos que lo acosan. Ese es el gran principio que recorre toda la filosofía, desde los griegos hasta Heidegger, incluido Nietzsche. Aquel que gracias a la filosofía llega a esa especie de serenidad que los griegos llaman sofía . Los grandes maestros griegos, tanto de la tradición estoica como epicúrea, que son las dos grandes tradiciones filosóficas griegas, decían a sus discípulos: "Mientras tengas miedo de la muerte, no podrás vivir una buena vida". La filosofía nació de ese miedo a la muerte, que con frecuencia no es solo miedo a la propia muerte sino también a la muerte de los seres queridos. Desde ese punto de vista, las grandes filosofías son las grandes competidoras de las religiones. Desde siempre, las grandes teorías filosóficas han sido las competidoras de las religiones. En la tradición griega, mitología y filosofía son realmente competidoras. Ambas dicen la misma cosa: una por el mito, la otra por la razón. Lo mismo que las grandes filosofías occidentales lo fueron con el cristianismo.

-¿Se puede decir que el miedo a la muerte incluye el miedo a toda pérdida irreversible?

-Así es. Como en el poema de Edgar Allan Poe, donde el cuervo dice " Never more " (nunca más). Hay en nuestras vidas cosas que pasan para siempre: un divorcio, una mudanza, la pérdida de un empleo, la disputa con un amigo. Durante la vida hay experiencias de pequeñas muertes que nos hacen palpar lo irreversible del tiempo que pasa. Es algo muy angustiante. Un poeta latino decía: "No hay nada peor que los buenos recuerdos".

-¿Y cómo perder el miedo a la muerte?

-Una fórmula estoica que me gusta mucho dice: "Sabio es aquel que lamenta un poco menos, que espera un poco menos y que ama un poco más". Nietzsche retomará esa bella idea y la llamará "la inocencia del devenir". En pocas palabras, el sabio consigue reconciliarse con la vida cuando deja de relativizar el presente con los recuerdos del pasado o con las expectativas del porvenir. En toda su historia, desde los estoicos hasta Nietzsche, la filosofía está atravesada por una misma problemática: tratar de aprender a vivir mejor.

-Dios suele ser una excelente respuesta a las angustias del hombre. ¿Por qué ese alejamiento para, después, encontrarse delante del vacío?

-Hay dos respuestas a esa pregunta. La primera y la más superficial es que el racionalismo moderno, el espíritu crítico que nace con la democracia, con la Revolución Francesa, se basa en la idea de que es preciso cuestionar las tradiciones (lo que se recibe de nuestros padres, de nuestros ancestros). Ese es el gesto de Descartes, de la Revolución Francesa y de todo el pensamiento moderno. Durante dos siglos, las bases del pensamiento religioso fueron fragilizadas por la presión del pensamiento racional. Pero hay otra razón mucho más profunda. La historia de Europa, de los Estados Unidos y de América Latina fue marcada por lo que Thomas Weber llamó "el desencanto del hombre" (el alejamiento de Dios), no solo por el desarrollo del espíritu crítico, sino por una consecuencia inesperada de la aparición del capitalismo en los siglos XVIII y XIX: entre otras cosas, el capitalismo fue el inventor del matrimonio por amor y del amor familiar. En la Europa medieval y campesina, la gente vivía en pueblos, en comunidades rurales y religiosas, donde había un cura y estrictos ritos religiosos. Cuando el capitalismo inventó el asalariado, no imaginó el efecto concreto que tendría en la historia del mundo: los pequeños individuos dejaron sus comunidades de origen para ir a trabajar a la ciudad y, al mismo tiempo, se emanciparon del peso de la tradición y de la religión, y adquirieron una formidable libertad. Todo eso, gracias a esa enorme autonomía financiera -aunque escasa-, por primera vez en la historia.

-Y esa escasa autonomía material daba a la gente la libertad de casarse con quien se le diera la gana

-Exactamente. Porque, hasta ese momento, los casamientos eran arreglados por los padres, por el cura o por la comunidad. La condición del hombre moderno está estrechamente ligada a ese fenómeno. Ese es el momento de la invención del "matrimonio por amor", que es una institución reciente, una institución que aún no existe en la mayor parte de los países del mundo, donde todavía se casa a los jóvenes por la fuerza.

-Y de paso, también se inventó el divorcio

-Si uno impone el casamiento por amor, cuando este desaparece, es necesario divorciarse. Con la aparición del capitalismo, para casarse dejó de contar el linaje, el patrimonio, la economía. Lo único importante es el amor, el sentimiento. Ese matrimonio por amor va a hacer aparecer dos cosas desconocidas hasta ese momento: un amor desmesurado por los hijos y el alejamiento del hecho religioso.

-¿Usted quiere decir que en la Edad Media no se quería a los hijos?

-Los niños tenían menos "valor" que los adultos. Cito siempre una frase de Montaigne, que escribió a uno de sus amigos: "He perdido dos o tres bebés " ¿Es posible imaginar en la actualidad a alguien que no sepa cuántos bebés ha perdido? Rousseau abandonó a todos sus hijos sin ningún remordimiento. Bach perdió diez hijos, Lutero perdió otros diez. En el siglo XVIII, en Francia, 30 por ciento de los niños recién nacidos eran abandonados. Y otros muchos eran confiados a nodrizas. En esa época, moría el 90 por ciento de los niños confiados a nodrizas. Los únicos hijos que contaban eran el primero y, tal vez, el segundo; los demás no existían. Como el matrimonio no estaba fundado en el amor, no había transferencia de amor hacia los hijos.

-En otras palabras, el amor a los hijos es un reflejo del amor matrimonial.

-Sí, con la aparición del amor matrimonial, se inventa una relación con los hijos, en la cual estos se transforman en el momento más importante de la vida afectiva.

-Y el hombre se alejó de Dios...

-Al mismo tiempo que se emancipa de la autoridad terrenal de la Iglesia, se priva del mensaje salvador del amor cristiano, simbolizado en la resurrección de Lázaro por Jesús. Jesús llora cuando se entera de la muerte de Lázaro porque es su amigo y lo quiere. Cuando lo resucita, envía el mensaje de que el amor es más fuerte que la muerte. Pero el hombre moderno, al alejarse del mensaje evangélico, entra en una nueva lógica, en la cual la muerte de los seres queridos se vuelve insoportable. Los creyentes estaban relativamente protegidos del dolor porque creían que volverían a ver a sus seres queridos en el más allá. Al dejar de creer en la resurrección, el hombre se ve más expuesto al vacío de la muerte y mucho menos protegido. En esa condición del hombre moderno reside, a mi parecer, el éxito de mi libro. La verdad es que el hombre ha dejado de ser creyente, e incluso cuando es creyente, no cree demasiado.

-Entonces Ferry les dice: "Ahora que ustedes no creen en Dios, les voy a explicar cómo ser felices".

-No, para nada. Primero les digo: "Que ustedes no sean creyentes no quiere decir que las cuestiones de espiritualidad no les interesen". No hay que confundir moral con espiritualidad. La moral es el respeto del otro. Grosso modo , moral quiere decir derechos humanos. Cualquiera sea la moral que uno escoja -hay tres o cuatro por ahí-, todas se basan en el respeto y la honestidad. Pero aunque uno sea perfectamente moral, respetuoso y honesto, igual seguirá estando expuesto a la muerte de sus seres queridos, a la vejez o a tener un hijo con cáncer. El duelo, el sufrimiento, la enfermedad, la vejez, la separación son cuestiones que dependen de la espiritualidad. Después les señalo [a los lectores] cuál es el objeto mismo de la filosofía: "Si bien usted no es creyente, recuerde que hay una espiritualidad laica". También digo que en filosofía no es importante la pregunta (¿cómo alcanzar la serenidad?), sino la respuesta. La historia de la filosofía es una serie de tentativas de responder a esa pregunta sobre la espiritualidad. En otras palabras, ¿cómo vivir con la gente que uno ama cuando se sabe que van a morir y que uno va a morir? ¿Cuál es el diálogo que uno tiene con sus padres cuando se acerca el momento de la muerte? En resumen, ¿cuál es la sabiduría del amor cuando uno es mortal?

-¿Qué responde a quienes lo acusan (lo mismo que a André Comte-Sponville y a Michel Onfray, aunque los tres tienen distintas ópticas filosóficas) de bastardear la filosofía reduciéndola a una serie de fórmulas al estilo de "cómo vivir bien en diez lecciones"?

-Primero, creo que esas críticas son producto de los celos. Es cierto que los tres somos muy diferentes, pero los tres tenemos la misma concepción de la filosofía, a saber, que su objetivo último es determinar cómo vivir mejor. La segunda razón es que nuestros libros se venden muy bien y eso es un excelente motivo para la animosidad. Por último, el argumento de la improvisación es inaceptable: tanto Comte-Sponville como yo somos universitarios de toda la vida. Yo he pasado veinte años de mi vida traduciendo a los filósofos alemanes. Soy profesor desde los treinta años y fui el profesor universitario de filosofía más joven de los últimos cincuenta años en Francia. Tanto Comte-Sponville como yo nos liberamos muy rápido de la tiranía de la nota a pie de página (característica de todo trabajo científico) y eso hace rechinar los dientes. Pero, la verdad, me importa un bledo.

-¿Y cuál es para usted, como filósofo, la cuestión fundamental?

-Lo que yo llamo "la sabiduría del amor". Para mí es fundamental porque la cuestión del amor mortal se plantea hoy en las sociedades democráticas en forma totalmente diferente a como se plantea en contextos religiosos o cosmológicos. Nuestra civilización ha salido de la deconstrucción. De aquella atmósfera de deconstrucción de las tradiciones que Nietzsche llamó "el crepúsculo de los ídolos" o "cómo filosofar con un martillo". Ese período deconstructivista, que es la marca de fábrica de Nietzsche y de Heidegger, duró, digamos, hasta la generación de Gilles Deleuze, Michel Foucault o Jacques Derrida. Creo que hemos salido de la época de las vanguardias filosóficas. Hoy la filosofía debe plantearse en términos mucho más positivos: ¿cómo vivir una espiritualidad laica y moderna? Esa es la gran pregunta.

-¿Y su respuesta?

-Para mí, los tres grandes ejes de la filosofía contemporánea ("teoría", "moral" y "doctrina de la salvación", es decir, de la serenidad) se plantean hoy en términos completamente inéditos. En el terreno teórico, la cuestión de fondo es la integración del campo histórico. Para comprender el presente, es necesario darse una vuelta por las experiencias del pasado. La teoría filosófica actual debería organizarse un poco sobre el principio del psicoanálisis: comprender el pasado como medio de entender el presente. En el plano ético, la moral contemporánea está representada por la universalización del sentimiento humanitario. La globalización de lo humanitario ha hecho estallar el marco tradicionalmente nacional de los derechos humanos, franceses o anglosajones, poco importa. En el terreno espiritual, el problema al que estamos enfrentados en la actualidad es la cuestión de la muerte de los seres queridos, la muerte del amor. ¿Cómo lograr la espiritualidad y la sabiduría que deberían acompañar esa muerte dentro de un marco laico y sin Dios? Esos son mis tres ejes de reflexión. Si tengo tiempo, si no muero antes, me gustaría escribir un libro que hable de esos tres ejes. Quizás el resultado no sea bueno, pero se tratará realmente de filosofía.

Luisa Corradini - LA NACION - PARIS 2007
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18 May 2008

Arte político: La soja tiene dibujada a Cristina Kirchner

Escrito por: Agustin Rangugni el 18 May 2008 - URL Permanente

Aunque a algunos pueda parecerles una obra de marcianos, es una creación de agricultores entrerrianos. Vea cómo lo hicieron en la galería de fotos.

CEDOC

"Cristina en el campo", la obra que hace una síntesis del conflicto agrario.

Los círculos de cultivo (Crop circles en inglés) son figuras que aparecen en el medio de pastos o plantaciones y que se dibujan aplastando los cultivos. Si bien dos hombres admitieron haber creado la mayoría de ellos, muchas personas los siguen atribuyendo a fenómenos paranormales o extraterrestres.

Ahora, un campo entrerriano amaneció con la imagen de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. ¿Creación extraterrestre? No, nada más la obra de profesionales de la Agrimensura y el Diseño Gráfico, que creen que su obra representa "una síntesis del conflicto que atraviesa a los argentinos desde hace dos meses."

"Cristina en el campo", como se titula, está dibujada sobre un rastrojo de soja en un lote de 300 hectáreas ubicadas cerca de Paraná y puede verse desde el aire con claridad, como está demostrado en el sitio del proyecto.

Bajo la dirección de Gonzalo Rodríguez, ideólogo del proyecto, el retrato fue realizado con la ayuda de instrumental de precisión y herramientas de trabajo agrario, como tractores. Llevó un total de ocho horas y media, entre las 8.30 y las 17.04 de ayer, sábado 17 de mayo.

Se realizó en un lote de 300 hectáreas ubicadas en Paraná campaña, Entre Ríos. Un grupo de creativos entrerrianos, integrado por profesionales de la Agrimensura y el Diseño Gráfico, lograron estampar una idea sobre la tierra. La imagen de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, sobre un rastrojo de soja es, para los creadores, una síntesis del conflicto que atraviesa a los argentinos desde hace dos meses.
Con la ayuda de instrumental de precisión hicieron lo que nunca antes habían intentado: dibujar sobre unas hectáreas de tierra una imagen que se viera con claridad desde el aire. El resultado del trabajo está publicado en esa página.

Idea y el diseño original de Gonzalo Rodríguez. Hicieron realidad el proyecto: el ingeniero agrimensor Guillermo Meinero, que trabajó con la colaboración de Alejandro González Carril. La foto pertenece a Juan Ignacio Pereira, de Diario UNO de Entre Ríos
Rubén Devetac y su maquinaria operada por Diego Cuenca resultaron de gran ayuda en la realización. Las labores operativas quedaron en manos de Carlos Yelpo, Franco Fascendini, Carlos Rodríguez, Patricio Cerini, Juan Pablo Damonte y Horacio Piceda.

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