27 Jun 2008
¿Arde Argentina?
"...Protestando, la Argentina ganó una reputación no del todo inmerecida: la de que sus gobiernos son siempre, por definición, inestables, y con frecuencia se caen ante de que los ciudadanos les voten en contra. (...) Es tan inexplicable la manera en que el gobierno está manejando estos problemas que muchos de quienes protestan piensan que es el gobierno mismo el que busca instalar un clima de “golpe de estado”."
El mundo entero está muy complicado. A los problemas de origen político se han sumado ahora los derivados del aumento del petróleo y de los alimentos. Combustibles caros, comida cara, malestares sociales diversos, todo enrarece el clima de la vida cotidiana en países ricos, en país emergentes y en países pobres. ¿Y en la Argentina? Este país todavía hoy exporta más de lo que consume; todavía los alimentos son baratos y abundantes. Por añadidura, el fisco dispone de reservas y el balance de las cuentas públicas es superavitario. La economía viene creciendo a tasas muy altas desde hace cinco años, con fuerte reducción del desempleo y mejora en los indicadores sociales. Pero en la Argentina el cuadro social es parecido al de muchos otros países del mundo: se extiende la protesta, aumenta el malestar, declina el apoyo al gobierno, se enrarece el clima político. ¿Qué pasa en la Argentina?
Es difícil responder esta pregunta tan simple. Pasar, no pasa nada. Excepto que el gobierno argentino ha desatado un vendaval de protestas, bloqueos, cese de producción y confusión generalizada, por su decisión de aumentar en forma inconsulta los derechos de exportación a los granos y oleaginosas. A partir de eso, el sector agropecuario -el gran pilar productivo de la economía argentina- entró hace tres meses en estado de protesta. Poco a poco, otros sectores comenzaron a protestar. Para entender un poco de qué se trata, es preciso tener algo en cuenta: en la Argentina siempre se protesta por algo.
En la Argentina de estos días protestan cada vez más grupos sociales. Protestan los productores agrícolas en las rutas, al mismo tiempo protestan los camioneros en las mismas rutas (porque al no haber despacho de la producción agraria no hay trabajo para ellos), protestan los simpatizantes del gobierno nacional (que eran muchísimos pero ahora son cada vez menos), como de costumbre en algunas provincias protestan los maestros de escuela porque ganan poco, en otras protestan los trabajadores del petróleo por el mismo motivo (un dato relevante: los maestros que protestan ganan poco más de mil pesos por mes, los petroleros ganan no menos de cinco mil, pero a todos, claro está, les parece poco), y de pronto salieron a protestar los humildísimos vecinos de un barrio de emergencia en Buenos Aires porque no les llega el gas a sus paupérrimas viviendas, protestan vecinos más pudientes porque algunos gobiernos locales aumentan los impuestos locales y podrían protestar -y tal vez lo hicieron- muchos otros. ¿Unos contra otros? De ninguna manera. ¿Todos contra el gobierno? Ni siquiera. Se protesta porque el mundo no es como cada uno quiere.
Protestando, la Argentina ganó una reputación no del todo inmerecida: la de que sus gobiernos son siempre, por definición, inestables, y con frecuencia se caen ante de que los ciudadanos les voten en contra. El gobierno argentino cree ver en este torbellino de protestas y paralización de la actividad productiva las señales de que se avecina una movida desestabilizante. Es tan inexplicable la manera en que el gobierno está manejando estos problemas que muchos de quienes protestan piensan que es el gobierno mismo el que busca instalar un clima de “golpe de estado”. La discusión se va desplazando, de ese modo, de un eje a otro.
En la sociedad, la inquietud crece. Se habla de desabastecimiento, se teme una ola de desempleo, se desactivan inversiones, la prensa dice que se desploma el precio de las propiedades inmuebles… El país que volaba a alta velocidad de crecimiento ahora también está en crisis, como el resto del mundo, o al menos eso creen sus habitantes. Pero los problemas de este país no son “importados” ni derivan de los problemas del mundo; son enteramente de producción propia, y no es fácil entender por qué se generan.
No es fácil entender a esta sociedad que sabe protestar mejor que cualquier otra cosa pero no sabe encontrar una fórmula para generar mínimos consensos sociales estables y traducirlos a gobernabilidad. No es fácil entender a un gobierno hace pocos meses ganador de una elección presidencial, que disponía de un fuerte respaldo en la opinión pública, que tenía a su disposición una economía de producción, un mercado mundial demandando con avidez sus productos, recursos suficientes para ejercer el poder con una comodidad que a muchos ya parecía excesiva -pero incuestionable-.
¿Está el gobierno de Cristina Fernández y del aparato político construido por Néstor Kirchner buscando su suicidio político? No hay explicación racional que pueda dar cuente de ello; pero algo así parece estar sucediendo. ¿Hay una oposición política a este gobierno que se muestre preparada para capitalizar sus errores o sus falencias? No se la ve en el horizonte.
Las miradas del público informado y de los comentaristas políticos se dirigen ahora a la vieja clase política que fue derrotada por Kirchner -o por otras fuerzas locales en distintas provincias-. También miran a dirigentes mediáticos, emergentes del mundo del espectáculo político, carentes de propuestas, de organización y de seguidores pero a la vez expertos en explotar la demanda televisiva de protesta y catastrofismo. Los perdedores y los excéntricos, ¿serán la alternativa política para un país sin dirigencia? Difícil imaginarlo, si esto no fuera la Argentina, siempre propensa a arder en los llamas que surgen de la extraña hoguera de la incapacidad de gobernar con consenso.
Hay también una reserva de dirigentes que han sido legitimados por el voto ciudadano: gobernadores, intendentes, legisladores. Pero todavía no han dado un paso al frente.
Manuel Mora y Araujo
www.radiomiami.us
Incapaces, reinventan
La foto del miércoles en la plaza de Mayo era impagable. Cristina abrazaba a su marido Néstor, delante de miles de seguidores que inundaban la mítica plaza con las banderas blanquiazules. Emulando las viejas escenas de Evita y Perón, perfectamente ubicadas en el subconsciente argentino, Néstor Kirchner protagonizó el punto álgido de un estudiado melodrama y, en tono de tango arrabalero, le espetó "te amo mucho", fusionando definitivamente la alcoba y el poder. En los entreactos de este escenificado clímax, todo se había cuidado al detalle, desde los amigos piqueteros, que tanto saben de secuestrar la calle, hasta las arengas a la patria, confundida la nación con el poder y el poder, con la persona. Peronismo puro, en el sentido mesiánico que puede contener el término. A partir de esa imagen de una pareja de poder, en caída libre de popularidad, agarrados a todos los mecanismos institucionales que han conseguido controlar, Cristina y Néstor reinventaban el pasado, incapaces de gobernar sensatamente el presente. Y así, con el campo sublevado, los periodistas fustigados, la clase media fatigada, los sectores de la extrema izquierda sobreprotegidos, y las expectativas económicas rozando la inestabilidad, la familia K intentaba encontrar en el viejo peronismo la última salvación a su pertrecha popularidad. Si no son buenos gobernantes, que sean buenos actores de melodrama. "Eso -me dice un ex diputado radical- siempre vende en mi país". Se preguntaba no hace mucho el fino analista argentino Joaquín Morales Solá "¿quién manda en Argentina?", y su respuesta era tajante: Néstor concentra todo el poder, convertida su mujer en el instrumento para una "implícita reelección indefinida, que la Constitución argentina prohíbe". En la práctica, ese poder casi absoluto habría implicado decidir ministros, imponer medidas económicas, dirigir a piqueteros y, en definitiva, mandar desde el lecho, como si fuera la sombra alargada del despacho. En una de las famosas 20 verdades del peronismo, el propio Perón dijo que "cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca", y esa metamorfosis parece definir hoy la pareja que gobierna la Casa Rosada. Poder casi absoluto, democracia de bajo perfil, amordazamiento de la oposición, persecución del periodismo libre, demonización de los sectores civiles opositores, confusión entre los intereses del país y los de sus gobernantes y, en definitiva, una presidencia que está más obsesionada en vigilar al ciudadano que en garantizar sus derechos. El propio Perón, que lo dijo casi todo, también había dicho esto: "El hombre es bueno, pero si se le vigila es mejor". Y parece que los Kirchner cumplen a rajatabla las enseñanzas del líder, especialmente las que tienen que ver con el control y la vigilancia... Lo peor es que Argentina, que es uno de los países más importantes de todo el continente americano, y cuya estabilidad es fundamental para la estabilidad de todo el cono sur, ha iniciado un errático proceso cuya derivada no parece ir a buen puerto. En lo económico, los errores de los Kirchner se acumulan, sorprendentemente en un momento de magnífica bonanza. En lo social, la fractura parece evidente y no mejora con cada acción del Gobierno, sino al contrario. El efecto K trabaja para ahondar dicha fractura, quizás convencidos de que el "conmigo o contra mí" aún les resulta útil. Sin embargo, ¿hasta cuando? Y en lo político, Argentina cabalga hacia un populismo de viejo cuño que, como aseguran los analistas, puede resucitar al peronismo más añejo, pero también dinamitarlo. Dice nuevamente Morales Solá: "La ruina del peronismo pondría a Argentina a las puertas de una aventura autoritaria y populista". Ergo, la acercaría a la nefasta aventura chavista. De momento, lo que tenemos es un tango cantado en plena plaza de Mayo. Melodrama en estado puro. Y es que cuando falla la política, siempre queda el teatro. Pilar Rahola www.radiomiami.us
Incapaces de gobernar sensatamente el presente, los Kirchner reinventan el peronismo del pasado.
22 Jun 2008
Caída de popularidad de Cristina arrancó en febrero
INFLACIÓN, INSEGURIDAD Y AGRO
Sergio Berenstein, director de Poliarquía, defendió los sondeos que confirman un descenso de la imagen de la Presidenta y su marido Néstor.
“La verdad que la tendencia a la baja en la imagen de la Presidenta viene definiéndose de manera bastante clara desde febrero, aún antes del conflicto por el campo, debido al incremento de la inflación”, expresó el consultor.
“En abril pasado hubo una caída aún más profunda, que decidimos no darla a conocer antes de determinar si era un fenómeno del momento”, señaló, y comentó que “la verdad que no dudamos de los resultados, a la encuesta la dimos a conocer en mayo, como lo hacemos habitualmente”.
Berenstein aconsejó no cuestionar los sondeos de opinión ni tomarlos como tendenciosos contra el oficialismo. “Es como cuando uno va al médico y le dicen que tiene el colesterol alto”, consideró.
“Estos cambios tan grandes en la tendencia de la opinión pública nunca están justificados por una sola causa”, dijo a radio América.
Entre las causas del descenso de popularidad de la gestión de Cristina Kirchner, Berenstein enumeró “la inflación, aún antes del conflicto con el campo, como la inseguridad”, además de un discurso agresivo del que “la clase media urbana y rural se ven alejados”.
Según el sociólogo de Poliarquía, los ciudadanos “reclaman mejoras institucionales, salir de la intervención del INDEC”, que se enfrentan las políticas vigentes que provocan “alejamiento de los electorados más moderados del Gobierno”
También Néstor Kirchner padece la imagen descendente de su esposa. “La sobreexposicion mediática, el protagonismo exagerado del ex presidente tuvo un costo muy importante. Los dos convergieron en el mismo discurso y en el mismo dispositivo confrontacional con el campo”, opinó Berenstein.
El consultor detalló que en la actualidad, el ex mandatario tiene una imagen favorable de 33 puntos “y es la primera vez desde que Kirchner asumió la presidencia en 2003 que tiene más imagen negativa que positiva”, advirtió.
Sobre los argentinos en general, manifestó “no somos muy pacientes. Por lo general estamos muy tentados a resultados rápidos”, aunque sopesó que “los primeros seis meses de la actual Presidenta no tuvieron mucho que ver con la agenda electoral, con las promesas de campaña”.
“(Luis) D’Elía espanta al electorado moderado. La Argentina tiene como característica un electorado que no quiere confrontación ni estar atado al pasado”, señaló Berenstein.
“La gente quiere mirar para adelante, quiere tener perspectiva de futuro, no alta inflación, alta confrontación, discurso autoritario. Para el electorado joven, que tiene de 18 a 25 años y que no vivió esto, parece que hubieran tomado el túnel del tiempo y hayan aparecido en 1974”, agregó.
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!-->!-->!-->!--El despertar del sueño americano
MIAMI.- Desde que las grandes corrientes inmigratorias europeas comenzaron a desembarcar en los Estados Unidos, existió la idea "del sueño americano". Originalmente, expresaba la posibilidad de vivir en libertad y alcanzar la prosperidad con trabajo duro, independientemente del origen, el credo o la raza.
La invención de la frase se le atribuye al escritor James Truslow Adams, quien la incluyó en su libro La épica de América, publicado en 1931. Pero con el tiempo, el concepto fue estrechándose hasta significar, básicamente, un trabajo estable, vivienda y auto propios.
En estos días, sin embargo, una combinación de desafortunadas circunstancias transforman el sueño americano en una pesadilla. El precio de la nafta, el desbarajuste hipotecario, la recesión, el desempleo y la crisis alimentaria fuerzan a la clase media, el sector de la sociedad norteamericana sobre cuya capacidad de consumo se asienta la economía, a replantearse su forma de vida. La franja que recibe ingresos entre 45.000 y 90.000 dólares se ha contraído. Seis de cada diez personas admiten que sus salarios han caído por debajo del costo de la vida; a seis de cada diez les resulta cada vez más difícil pagar la nafta; y cinco de cada diez no pueden permitirse un seguro médico, según cifras de la revista US News & World Report. El número de propietarios de viviendas que no puede pagar las cuotas de la hipoteca subió por 29º mes consecutivo. Durante el mes de mayo, uno de cada 483 hogares recibió un aviso de ejecución. El romance de los norteamericanos con el auto es cuestionado y la pasión por las 4x4 se ha extinguido. Las estaciones de servicio que sólo aceptan pagos al contado se multiplican y la gente piensa dos veces antes de sacar el auto. Las vacaciones, para la clase media, se limitan a no irse muy lejos de casa. De Europa ni hablemos; el paseo a Orlando es evaluado como si se tratara del balance de una empresa. Subirse a un avión solía ser tan corriente como tomarse un taxi; ya no lo es. Las compañías aéreas han subido las tarifas, reducido el número de vuelos y eliminado todo otro servicio. Un chiste reciente mostraba a un avión en un descenso de emergencia mientras el capitán anunciaba que se liberaría el oxígeno a 15 dólares por persona. El desperdicio de alimentos en los Estados Unidos sigue siendo monumental. Según un estudio de la Universidad de Arizona, los norteamericanos tiran 215 kilos de comida al año. Aun así, la visita al supermercado ya no es lo que era. Los precios de casi todos los productos comestibles aumentaron entre un 3 y un 5 por ciento. Los restaurantes caros ya no pueden disimular las deserciones y los baratos tienen más clientes que nunca. Por las dudas, cadenas como McDonald s y Wendy s incluyen en sus menús platos de un dólar. La recesión económica ha agudizado el desempleo, que en mayo trepó de 5 a 5,5 por ciento. Estas son 865.000 personas más que llevan el total de desempleados a 8,5 millones. Con todo, no hay signos de desesperación. Los norteamericanos son estoicos cuando se trata de capear tormentas. El verano (boreal) ayuda. En el invierno, los precios del petróleo se volcarán sobre el costo de la energía y se hará más arduo calentar las casas. Así las cosas, es probable que el despertar del sueño americano tal vez sea mucho más que un intervalo. Tal como lo plantea Gregory Green en su provocativo documental El fin del suburbio, la prosperidad norteamericana del último medio siglo fue construida sobre la premisa de la energía barata. Esta premisa no existe más. Hasta soñar se ha vuelto más caro. Mario Diament www,radiomiami.us
21 Jun 2008
Duro editorial del diario El País contra la presidenta Kirchner
La mirada internacional del conflicto
El prestigioso matutino español dijo que se "enroca en posiciones altaneras y recurre a los más impresentables tics autoritarios del peronismo"; asegura que promueve "el mensaje del miedo"
Severas críticas quedaron plasmadas hoy una editorial del diario El País
sobre el accionar y los últimos discursos de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en el marco del conflicto entre el Gobierno y el campo, que ya lleva más de 100 días.
Pero el prestigioso diario español va más allá en las críticas. En un artículo titulado "Crispación argentina" estima que la protesta está "socavando la credibilidad económica del país sudamericano y decisivamente la imagen del Gobierno de los Kirchner".
La nota, que lleva un subtítulo que reza "los oscuros modos políticos de los Kirchner agravan su dilatado pulso con los agricultores", agrega además que lo que comenzó siendo un enfrentamiento por un "desmesurado" aumento de impuestos a las exportaciones de granos derivó "en la peor crisis política desde 2001".
El País critica fundamentalmente el estilo de la primer mandataria. "La presidenta Fernández no sólo no practica el diálogo político que prometió en campaña electoral. Al amparo de la debilidad institucional argentina se enroca en posiciones altaneras y recurre a los más impresentables tics autoritarios del peronismo para contrarrestar el creciente malestar en la calle", dice el párrafo más duro.
El miedo. Para el prestigioso matutino, hay una "burda manipulación que pretende que tras la sostenida y en ocasiones inadmisible protesta agropecuaria anida un golpe de Estado en ciernes". A esto lo califica como "el mensaje del miedo".
"Más allá de las razones de un Gobierno representativo para adoptar medidas impopulares está su obligación de explicarlas convincentemente y facilitar su debate parlamentario", afirmó el editorial con relación al envío al Congreso del proyecto oficial.
No obstante, el diario ibérico indicó que la Presidenta "parece estar más interesada en el enmascaramiento de la realidad". El ejemplo que poropone para ilustrarlo es "la manipulación de los datos de la inflación argentina".
"La deliberada ficción en que vive la tercera economía latinoamericana, consagrada en el nuevo índice de precios vigente desde este mes, constituye una muestra más del desprecio presidencial por los valores que dice defender", concluyó.
!-->!-->20 Jun 2008
Nadie hizo tanto por dividir el país
La crisis argentina sólo retrocedió un paso para avanzar dos: Cristina Kirchner rompió relaciones de hecho ayer con la dirigencia agropecuaria, un día después de haber accedido al pedido rural para que el Congreso tratara las retenciones. El extenuante y destructivo conflicto, que lleva ya cerca de 100 días, se agravó seriamente tras esas palabras de furia presidencial en la Plaza de Mayo. Los “cuatro señores a los que nadie votó”, como llamó a los dirigentes de las entidades rurales, quedaron en la intimidad fulminados por la aflicción y el fastidio luego de escuchar a la Presidenta en su discurso más agresivo y rupturista desde que ocupa la Jefatura del Estado. Pocas horas después, esa cólera de los ruralistas tomaba cuerpo con una ampliación del paro vigente hasta ayer y con un llamado a un virtual estado de asamblea permanente de los campesinos. "Pedimos que nos respeten", le devolvieron a la primera mandataria. La crisis ha escalado, en definitiva, algunos peldaños más desde la áspera tarde de ayer. Los gobiernos se dedican, por lo general, a resolver problemas y no a organizar actos. Sin embargo, el kirchnerismo gasta desde hace tres meses más tiempo en preparar movilizaciones de adeptos que en solucionar las conflictos. El acto de ayer se programó para confrontar con movilizaciones del campo programadas para el mismo día que luego se suspendieron. Terminó siendo, implícitamente, una respuesta a los masivos cacerolazos del lunes. ¿Qué problemas se resolvieron ayer luego de que se llenara la Plaza de Mayo con personas movilizadas por intendentes del conurbano y por los sindicatos? Hubo muchas personas y muchos colectivos para trasladarlas. Algunos asistentes mostraron de manera tan patética su falta de entusiasmo político que abandonaron la histórica plaza antes de que la Presidenta terminara su discurso. Los pocos y raleados aplausos que hubo para esa oración presidencial indicaron también que muchos no sabían por qué estaban ahí. El problema más serio que está creando está conducción de la crisis es una seria fragmentación de la sociedad. Ningún gobierno desde la restauración democrática ha hecho tanto como el de los Kirchner para dividir a la sociedad entre sectores medios y pobres. No puede -ni debe- ocultarse la clara diferencia social que existe entre los que protagonizan las marchas de ruralistas, o los cacerolazos en las ciudades, y las multitudes de personas que moviliza el kirchnerismo desde las regiones más pobres. La Argentina es un país que se construyó sobre las bases de la movilidad y la integración sociales. La división de la sociedad entre sectores de distinta extracción económica tiene un nefasto precedente en la Venezuela de Hugo Chávez. La Presidenta fracciona la sociedad hasta cuando hace su particular lectura de la historia. Creíamos, hasta ayer, que los actuales problemas argentinos se originaron hace 50 años. Cristina Kirchner lo corrigió en su discurso de la víspera: los conflictos del presente empezaron con el Centenario; es decir, hace casi 100 años, cuando, en verdad, se echaron los cimientos de la prosperidad argentina. Pero ¿qué tienen que ver los gobernantes de hace un siglo con la carencia de combustibles de hoy, con la inflación o con las retenciones de Martín Lousteau? Nada. Esa referencia sirvió sólo para perder el tiempo. La única alusión al diálogo con los ruralistas que hizo Cristina Kirchner fue para patearlo hasta el Bicentenario; faltan todavía dos años para ese aniversario y las góndolas están vacías aquí y ahora. Hizo una sola alusión a la clase media, para pedirle implícitamente que no lea los diarios ni vea la televisión, pero es evidente que los valores de esa plaza no son los valores clásicos de los sectores medios. El Gobierno se aísla cada vez más en el reducido aparato del peronismo, en lo que Néstor Kirchner llamaba despectivamente "el pejotismo". Definitivamente, el matrimonio presidencial está convencido de que lo quieren echar del poder. La denuncia de golpismo sobrevoló ayer casi todas las palabras de la Presidenta, como lo había hecho el día antes en la particular conferencia de prensa de su marido. Pero la pareja gobernante está segura, al mismo tiempo, de que la victoria da derechos. De un lado está "el gobierno que ganó" y del otro "las corporaciones". Es el poder lo que se juega, y en ese juego no existe, para ellos, la política. La democracia como un sistema de vida (del que forman parte el diálogo, la negociación y el consenso con partidos opositores y con sectores disconformes) es un concepto abstracto e inasible para los Kirchner. La Presidenta llegó a vincular la protesta rural y los cacerolazos con los golpes de Estado y con la cultura que creó la pasada dictadura, dijo. Esos movimientos sociales contestatarios de ahora están poblados de jóvenes que nunca vivieron en dictadura. Cualquier cultura se agota con el paso del tiempo y la Argentina vive en democracia desde hace 25 años. Sólo la obsesiva mirada en el pasado puede provocar tanta desorientación sobre las conflictivas cosas del presente. Podrá decirse que todos los políticos se van de boca en una tribuna y que eso les pasó también a los dirigentes rurales en el acto de Rosario el 25 de Mayo, manifestación cuya magnitud el Gobierno no ha podido digerir aún. Pero la palabra de la Presidenta no puede compararse con los resbalones verbales de Alfredo De Angeli.

17 Jun 2008
ECONÓMIA ARGENTINA: UN PANORAMA CADA DÍA MÁS COMPLICADO
Los acontecimientos políticos de dominio público han complicado sensiblemente una situación que tiene su origen real en un modelo denominado “productivista” que en realidad no es más que keynesiano en toda su dimensión. Naturalmente que insistir en las razones que hemos argumentado desde hace varios años sobre por qué el modelo económico elegido es inflacionario resultaría reiterativo. Del mismo modo, las causas de la escasez, que devienen como es sabido de los controles de precios y de las distintas trabas producidas por un intervencionismo a ultranza que convierte en impredecible cualquier escenario. Dicho en otras palabras: nadie está demasiado dispuesto a arriesgar capital cuando las condiciones del mercado dependen no solamente de éste sino de decisiones políticas como por ejemplo producir aumentos en los impuestos a las exportaciones de características confiscatorias o directamente cerrar exportaciones. Y éstos no son más que ejemplos. El panorama es decididamente complicado. Más bien es malo. Dejemos de lado acá comentarios sobre acciones políticas del sector que provinieren. Digamos sí que los problemas de escasez de energía o de productos de la canasta básica se han incrementado en estos últimos tiempos, pero no hansurgido a raiz del problema del campo, como desde no pocos medios se difunde de manera recurrente. La cuestión de las llamadas ganancias extraordinarias producidas por la escalada de los precios internacionales de los alimentos debe ser medida técnicamente, y no basarse en declamaciones, como ocurre. Los gravámenes a las exportaciones que se aplican, no solamente devienen en confiscatorios por su magnitud, sino que se basan en ingresos brutos y no en utlidades. De modo tal que cualesquiera fueran éstas últimas, y cualquiera que fuera la calificación que quiera dárseles, en verdad no sabemos de qué montos estamos hablando. No sabemos cuáles son esas utilidades, qué monto representan del ingreso bruto de los exportadores. Sí sabemos que el gobierno central ha reculado en los casos que él denomina como “pequeños y medianos productores”. Casos en los que directamente presume que las utilidades son menores, pero iguala en un determinado punto quiénes son los que obtendrían utilidades menores y presupone que en todos casos tales utilidades menores lo son en porcentajes idénticos. O en caso de ser diferentes no le interesa. Esto constituye de por sí una falacia técnica descomunal, ni observada, ni analizada, ni cuestionada por los principales referentes de la profesión dentro de las agrupaciones políticas, que sepamos. Es decir que se toma como un dato que hay ganancias extraordinarias, se toma como un dato que en un punto de producción deja de haberlas, y se presume en ambos casos que los volúmenes porcentuales de tales ganancias son idénticos para todo el universo incluido. O, como decimos, la diferencia que pudiera existir no interesa. Es por eso que en estas líneas no pretendemos incursionar en los aspectos políticos de la cuestión, sino señalar lo que a nuestro criterio constituye la norma básica de la gravabilidad de las ganancias: su determinación, contante y sonante. Por su parte la provincia de San Luis ha planteado la inconstitucionalidad de las retenciones (impuestos) de exportación, en el sentido de que al ser aplicadas éstas se restan ganancias a las empresas, y de tal modo se resta volumen al impuesto a las ganancias que le corresponde a tales empresas, siendo éste último coparticipable. Es decir que lo que a nuestro criterio se plantea con un sentido técnicamente correcto es que, a partir de la reducción del ingreso bruto de los contribuyentes, se retrae la ganancia neta obtenida y el impuesto resultante, que debe ser coparticipado. De tal modo, de manera directa el porcentaje de retenciones deteriora los ingresos tributarios coparticipables y afecta ésto a la provincia. Acá entran en juego otras cuestiones, como ser el hecho de que el gobierno central sostiene que la aplicación de retenciones está dentro del marco constitucional (artículo 4), y que además subsiste la llamada ley de emergencia económica. El texto del artículo de la Constitución es el siguiente: Art. 4º.- El Gobierno federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro nacional, formado del producto de derechos de importación y exportación, del de la venta o locación de tierras de propiedad nacional, de la renta de Correos, de las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el Congreso General, y de los empréstitos y operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso para urgencias de la Nación, o para empresas de utilidad nacional. En una rápida lectura parece surgir claramente que los “derechos de importación y exportación” aportan al tesoro nacional y proveen por lo tanto a los gastos de la Nación. Pero acá entran en juego unas cuántas cosas que deben provenir de “las leyes que reglamentan su ejercicio”. Porque hay que definir qué cosa serán los “gastos” de la Nación, y qué cosa las inversiones, y qué cosa resultará razonable y finalmente, y ya en otro orden, cuándo estaremos cayendo en la confiscatoriedad. Ello amén de determinar por ley la coparticipación federal de los impuestos, cosa que debería haberse hecho en 1996 y aún no se ha hecho. Es una realidad que si este esquema no reconoce límites el daño que puede hacerse a los estados provinciales puede ser muy grande si la Nación abusa del derecho de recurrencia a los derechos de exportación. En realidad, el daño puede hacerse también a la Nación toda, porque el exceso de imposición provoca el desaliento de la inversión, como es sabido. Consideramos que sería muy útil que la Corte Suprema se expidiera en este aspecto con la mayor rapidez posible. Porque más allá de lo que ocurriere es obvio que el enfrentamiento ha llegado a extremos en los que cuesta imaginar una forma de retorno. Los planteos que se hacen desde el gobierno, y que se reiteran una y otra vez, son de que éste tiene el derecho de regular los mercados y de recaudar impuestos en defensa del interés común, para decirlo de una manera llana. Ello más allá de los argumentos políticos y de verdaderas chicanas tales como el planteo de que ciertos sectores “no quieren las retenciones” como origen de la disputa cuando claramente el motivo de ésta no son las retenciones sino el último incremento producido durante la gestión de Martín Lousteu en el Ministerio de Economía. Si bien también es cierto que son muchos los que están en desacuerdo con el régimen de retenciones a las exportaciones, comenzando por el propio gobierno kirchnerista, que ha dicho desde el año 2003 que las mismas son “distorsivas” y transitorias en tanto se supera la crisis económica. Si bien la verdad es que las autoridades políticas no parecen muy afectas a respetar las decisiones de la Corte, como ha ocurrido en el caso de las jubilaciones, por ejemplo, es una realidad que la expedición en el sentido de lo planteado por San Luis es de una necesidad pública esencial. La vieja jurisprudencia indica que gravámenes que superen 33 puntos del ingreso son confiscatorios. La presión tributaria en conjunto hace rato que ha superado (y por lejos) tal puntaje, sin que ocurriera absolutamente nada. Y cuando decimos que hace rato no nos estamos refiriendo únicamente a los gobiernos del matrimonio Kirchner sino a varios años hacia atrás inclusive. Quizás falte definir cómo se debería considerar el porcentaje en cuestión. Es decir que una medida directa como es el hecho de aplicar 35 o 40 puntos de retención sobre un ingreso bruto de exportación no implica siquiera la suma de gravámenes aplicables sobre utilidades, patrimonios, activos o cualquier otra base de medición. Simplemente es un porcentaje directo sobre un ingreso, que además no se aplica en todos los casos sino solamente cuando se exporta, lo cual por otra parte implicaría considerar la situación global de ingresos del contribuyente en cuestión, ya que lo que vende en el mercado local no está sujeto a retenciones, aunque su precio se ve afectado por tal gravamen. Bien, más allá de estas disquicisiones y de la necesidad de resolver el conflicto con la intervención del Poder Judicial de la Nación, están en juego cuestiones muy concretas como la desaparición de los mercados de futuros, en razón de la aplicación de las llamadas “retenciones móviles” que significan, simplemente, que a mayor ingreso bruto se aplicará una mayor retención. En un mercado inflacionario, con un intervencionismo despiadado en los índices de parte del Instituto encargado de la medición de los mismos, resulta muy difícil contar con datos concretos, pero está claro que los costos de producción suben de una manera manifiesta, en tanto que los valores de exportación tienden a reducirse por aplicación de tales “retenciones móviles”. Este es el verdadero dilema planteado y la razón del origen del conflicto. Las tibias modificaciones que ha encarado el gobierno muy a las cansadas y sin demasiada convicción no han sido tomadas favorablemente. Por otra parte el engorro burocrático que implica reclamar devoluciones de impuestos en los casos de los pequeños y medianos productores es una obviedad para cualquiera que simplemente ingrese a la página del Ministerio de Economía y lea las resoluciones. Con lo cual ni chicos ni medianos ni grandes están conformes. Y más allá de que hubiera una “rendición incondicional”, como ha dicho un conocido activista que regentea los sillones más cercanos al poder, lo cierto es que el incentivo a la producción exportable es virtualmente nulo. Y por lo tanto, aún así no se alcanzará una mejora sino un deterioro en la masa de producción exportable. Una vez más el modelo intervencionista a ultranza produce más daño que beneficio. Y por ello debería ser revisado adecuadamente. Ello más allá de declaraciones y acusaciones de parte de oficialistas u opositores. La recurrencia a los intervencionismos aplicados en otras latitudes suele ser una peligrosa arma de doble filo. Es conocida nuestra opinión acerca de que cualquier intervencionismo provoca reacciones en los mercados y acerca o aleja inversiones de unos sectores a otros. Pero el intervencionismo a mansalva, el intervencionismo “del pulgar” que sube o baja, no solamente provoca la acción de sectores corporativos por “no quedarse afuera”, sino que también genera esa incertidumbre patológica que todo lo paraliza, que es la que lamentablemente hemos empezado a vivir. Nadie sabe a quién le tocará en la próxima. Nadie sabe cuánto, cuándo y cómo. Pero sí todos saben que inclusive cuando le toca a unos, les toca también a los demás. Cuando se llega a un cierto rango de intervención, nadie asoma su cabeza porque puede ser “descubierto” y convertirse en la próxima “víctima”. Esa es la realidad. Y una reflexión final: no es con el miedo que se construyen las grandes naciones. Un principio tan básico parece que está siendo olvidado en la Argentina actual.
HÉCTOR BLAS TRILLO www.radiomiami.us
Julio Cobos, un protagonista inesperado
Hoy podría producirse una de las crisis más serias de un sistema institucional: la pérdida de confianza del Poder Ejecutivo en el vicepresidente de la Nación. Julio Cobos deberá resolver en la tarde de hoy si convoca por su cuenta a una reunión especial del Senado para tratar el aumento en las retenciones de la soja, tal como se lo pidieron los bloques opositores en la tarde del viernes. Esa convocatoria del vicepresidente era improbable hasta que se conoció su carta pública, anteayer, en la que reclamó una activa participación del Congreso para resolver el conflicto. La gestión de Cobos era también rechazada por el peronismo hasta anoche, cuando el estallido de las cacerolas en el país doblegó a muchos dirigentes del propio partido oficial. “Las cosas han cambiado”, dijeron al final del día de ayer muy altas fuentes oficiales. Mientras otros exponentes destacados del oficialismo creían que la presidenta Cristina Kirchner reaccionaría positivamente hoy ante el fenómeno social de ayer, algunos conocedores de Néstor Kirchner aseguraban que éste redoblaría la apuesta. "En ese caso, el tiempo de descuento para el Gobierno habrá comenzado", dijeron empinados legisladores del oficialismo. La irrupción masiva y nacional de las cacerolas sacó anoche al conflicto rural del centro de la escena y convirtió la situación en una crisis política mayúscula. "La gente está pidiendo diálogo, pero también está a un paso de pedir que se vayan", sentenció un peronista con largo conocimiento de las reacciones sociales. Antes, varios senadores peronistas habían afirmado que el bloque oficialista de la Cámara alta sólo se enteró de la carta de Cobos cuando éste la hizo pública. El entorno más cercano del matrimonio presidencial también se sorprendió cuando le llegó la noticia de ese pronunciamiento del vicepresidente, en el que deslizó una velada crítica tanto a los dirigentes rurales como a la conducción oficial del conflicto. La historia debe reconstruirse. En una nota formal a Cobos, todos los líderes opositores del Senado le reclamaron, en la tarde del viernes pasado, que él convocara por su cuenta para hoy a una reunión especial del cuerpo. La oposición no quiso pedirla, porque según el reglamento ese trámite debe hacerse con 48 horas hábiles de anticipación. El feriado de ayer hubiera llevado la reunión para el jueves o el viernes. Cobos tiene facultades, en cambio, para convocarla por su cuenta. La nota opositora que ingresó al despacho vicepresidencial llevaba la firma del presidente del bloque radical, Ernesto Sanz; del socialista Rubén Giustiniani; de María Eugenia Estenssoro, de la Coalición Cívica; de Liliana Negre de Alonso, una "adolfista" de San Luis, y de Carlos Rossi, un "juecista" de Córdoba. Son todos los exponentes de la oposición al kirchnerismo. "Cobos no hará nada", se resignaron los firmantes en esas horas del viernes. Sin embargo, el domingo el vicepresidente pidió públicamente la intervención del Congreso para resolver el conflicto. Ahora, las alternativas de Cobos son dos. Una significaría la convocatoria a esa sesión especial reclamada por la oposición. "Sería una indisciplina absoluta, una manera burda de cortarse solo. Los Kirchner lo echarán al día siguiente", adelantaron fuentes kirchneristas del Senado. Anoche algunos peronistas habían cambiado de opinión, pero se resistían a dejarle a Cobos la iniciativa. La otra alternativa del vicepresidente consistiría en no hacer nada. En tal caso, la opacidad de su gestión se profundizaría aún más. "Quedaría simplemente como un charlatán, que dice lindas palabras en público pero que le tiembla la mano cuando debe ir a los hechos", anticipó un exponente opositor. La incógnita se resolverá esta tarde, a las 16.30, cuando Cobos deberá presidir una reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria, que integran los presidentes de todos los bloques. El radical Sanz, adversario acérrimo de Cobos en Mendoza, no careció de picardía cuando ayer, rápido y categórico, apoyó al vicepresidente. En verdad, lo estaba empujando para que diera el salto definitivo del kirchnerismo. Es probable que Cobos haya sido presionado por los radicales K para que se diferenciara de un gobierno con problemas de popularidad cada vez más catastróficos. De todos modos, debió existir también una decisión política propia del vicepresidente, porque él ha deslizado siempre que es consciente del delicado papel institucional que le toca jugar. Es cierto, por otro lado, que los Kirchner no se llevaron bien con los vicepresidentes. Es una figura que evidentemente les estorba para el manejo concentrado del poder. El vicepresidente es, por otro lado, un funcionario con muy pocos menesteres constitucionales, pero que convoca expectativas sustanciales en momentos de intensa crisis política. Son célebres las humillaciones a las que los Kirchner sometieron a Daniel Scioli como vicepresidente. Scioli capeó el temporal hasta que lo necesitaron para ganar arrolladoramente en la provincia de Buenos Aires. Scioli y Cobos son, de alguna manera, aliados y no pertenecen -ni pertenecieron nunca- al núcleo íntimo de confianza del matrimonio presidencial. No podían hacer de entrada, por lo tanto, el papel de sumisos empleados, que luego terminaron haciendo por presión de la máxima instancia política. Cobos quemó las naves con el radicalismo, que lo expulsó de sus filas hace muy pocas semanas. Es posible que el vicepresidente esté rearmando los pergaminos para volver a su viejo partido o que, simplemente, haya decidido exponerse como una alternativa seria en medio de la crisis más profunda desde el derrumbe nacional de principios de siglo, agravada aún más a partir de anoche.
Joaquín Morales Solá - LA NACION
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16 Jun 2008
Argentina, de paro en paro
Por cuarta vez en tres meses los agricultores argentinos dieron la orden de paro, iniciándolo luego de que la Policía detuviera al dirigente de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo de Angelis. En esta ocasión, a más de la protesta por las redadas policiales, de lo que se trata es de una intensificación del conflicto entre los empresarios del campo y el gobierno de Cristina Kirchner, que se ha negado reiteradamente a suavizar las cargas impositivas a los exportadores de productos agrícolas.
El resultado de este enfrentamiento ha agravado las condiciones de vida de los argentinos, cuyas ligas de consumidores se quejan por falta de leche, carne, frutas, verduras, harina, aceites y pan, a más del alza desmedida de los productos alimenticios básicos. Peor aún, los mercados externos comienzan a considerar a Argentina como un proveedor “en conflicto”, lo que significa que empezarán a buscar proveedores sustitutos, especialmente para reemplazar la soya gaucha.
La situación es particularmente grave para Argentina, cuyo dinámico sector agrario fue el factor principal de superación de la crisis del año 2001 y el principal sostén del importante crecimiento anual del 8%. Pero Cristina Kirchner parece empeñada en sacrificar ‘la gallina de los huevos de oro’ al aumentar los impuestos a los exportadores, principalmente de soya, cuya productividad explica el auge de la producción agraria austral.
Lo que más molesta a los dirigentes agrarios es que estas medidas lesivas de la rentabilidad en el campo sean justificadas como una “redistribución de la riqueza” cuando es bien sabido que los excedentes recaudados por el alza de impuestos se han destinado a financiar el gasto público y las medidas populistas de la administración Kirchner. La verdad es que quienes más han perdido con las alzas son los agricultores pequeños, cuyas economías no alcanzan a compensar los nuevos costos de producción. Las grandes compañías cerealeras, por el contrario, presentan balances positivos gracias a los mayores volúmenes de exportaciones que manejan.
Para complicar aún más el panorama, la Confederación Argentina del Transporte Automotor, que se ha visto lesionada por los ceses agropecuarios, decidió entrar en paro “hasta que el Gobierno y los agraristas solucionen sus diferencias”. Innumerables piquetes de camioneros han cortado las rutas y el desabastecimiento de combustibles ha comenzado a causar traumas en los grandes centros urbanos.
Argentina parece dirigirse a una parálisis de grandes proporciones por la soberbia populista de la señora Kirchner, cuyas apelaciones a los “descamisados” se sienten completamente fuera de circunstancias de modo, tiempo y lugar. Y los ciudadanos de Buenos Aires, que no votaron por ella en las pasadas elecciones, y que no pueden viajar a causa de la parálisis del transporte interestatal en buses, parecen dispuestos a lanzarse a las calles para deshacerse de la fastidiosa mezcla de peronismo trasnochado y glamour. Es una buena muestra de los males que puede causar el populismo en América Latina.
Editorial El Tiempo -Colombia
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Argentina: Errante y violenta política gubernamental.
El conflicto agrario argentino ha dejado al descubierto la errante, y violenta, política implementada por Cristina Kirchner que, en no pocas ocasiones, atenta contra la paz social del país que ella preside.
En el campo existen luchadores sociales.

Tanto Cristina Kirchner como el Partido Justicialista, que está presidido por su esposo Néstor Kirchner, plantean que “ante el antidemocrático ataque -realizado por los productores rurales- que con ánimo destituyente y falta de respeto a la voluntad popular se ha hecho a
Esta afirmación no se condice con la realidad ya que, si bien es cierto que algunos integrantes de
En efecto, en el Congreso Anual Trabajo, producción y equidad: Para volver a ser Nación, que realizó
Entendiendo esta clara diferenciación
Mártires cristianos.
El pasado 5 de junio el Episcopado Argentino emitió un documento en el cual planteó: “Consideramos que la solución sólo puede encaminarse mediante gestos de grandeza... aunque hubieran reclamos justos, no es en las calles ni en las rutas donde solucionaremos nuestros problemas. Pedimos, por ello, encarecidamente al Gobierno de
Una vez conocido el comunicado Néstor Kirchner rápidamente desestimó la idea que el Episcopado Latinoamericano interviniera como mediador entre el gobierno y los productores rurales y, así mismo, aprovechó la oportunidad para afirmar que
Entre los numerosos mártires cristianos se encuentran, por ejemplo, el Padre Carlos Múgica quién sostenía: “minorías se han enriquecido a costa del sufrimiento del pueblo argentino y pretenden seguir usufructuando sus privilegios. En la medida en que un hombre de
Aumenta la pobreza y la represión social.
Entre los millones de argentinos que no creen que Cristina Kirchner esté realizando una verdadera “opción... por los pobres, por los que menos tienen, por los que más necesitan, por los que más sufren” (tal como lo sostuvo la presidenta argentina días atrás) se encuentran el padre Jesús Olmedo -Misionero Claretiano y ganador del Premio Internacional Luchador Destacado por los Derechos Humanos otorgado por
La mencionada manifestación, en la que muchos se crucificaron con el fin “llamar la atención de las autoridades nacionales para que vean la pobreza que hay en la puna”, concluyó con la toma de
Una vez finalizada la protesta social, el padre Jesús Olmedo planteó: “Yo tengo infinitas marchas encima, pero jamás vi una represión tan violenta, tan dura... Se puede hablar de un 60 por ciento de habitantes en la zona que están por debajo de la línea de pobreza y se hunden cada vez más. La pobreza se está agravando de nuevo. La desnutrición infantil ronda el 50 por ciento: en la región existen 89 comedores que reciben a 2000 chicos por día, es imposible alimentarlos diariamente con los 50 centavos que recibimos del gobierno... Que no se fije tanto en los trapos -vestimenta-
Así mismo el aumento de la represión estatal se vio reflejado el pasado 14 de junio cuando, en la provincia de Entre Ríos,
Y, por último, en la noche del mismo 14 de junio -lejos de procurar pacificar a la convulsionada sociedad argentina- Luís D’Elía, líder de
La soberbia gubernamental erosiona la paz social.
En respuesta a Cristina Kirchner, quién días atrás había sostenido que “la avaricia es uno de los pecados que Dios más condena, porque dice que es la que congela el corazón de los ricos y no les deja ver el sufrimiento de los pobres”, el presidente de Cáritas Argentina, América Latina y El Caribe, Monseñor Fernando Bargalló, afirmó que “el peor de los pecados es la soberbia, es el más grave, el primer pecado capital porque es el que más nos encierra en nosotros mismos y nos aleja de Dios y del prójimo”.
Continuando con esta línea de pensamiento muchos analistas sostienen que el alto índice de soberbia que parecen tener Cristina Kirchner y sus seguidores provoca que el gobierno argentino posea una errante lectura de la realidad y no acepte ninguna crítica; califique de “golpistas antidemocráticos” a quienes sólo son opositores políticos; y utilice a las fuerzas represivas del estado para dispersar a los argentinos que manifiestan su descontento contra las políticas económico – sociales que implementa la presidenta argentina.
Por las razones anteriormente señaladas millones de argentinos temen que se quiebre la paz social de su país ya que, como lo sostuvo el Episcopado Latinoamericano en el año 1968, “la paz es, ante todo, obra de la justicia. Supone y exige la instauración de un orden justo... La opresión ejercida por los grupos de poder puede dar la impresión de mantener la paz y el orden, pero en realidad no es sino el germen continuo e inevitable de rebeliones y guerras... Si -las clases dominantes- retienen celosamente sus privilegios y, sobre todo, si los defienden empleando ellos mismos medios violentos, se hacen responsables ante la historia de provocar las revoluciones explosivas de la desesperación. De su actitud depende, pues, en gran parte el porvenir pacífico de los países de América Latina”.
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