El lunes pasado El Punt publicaba (en catalán) una interesante entrevista a Raimon Obiols (foto: Rita Lamsdorff), en raíz de la Convención para el Futuro que está impulsando. Obiols empieza haciendo un breve repaso a los fenómenos actuales del callejón sin salida que vive la política. Uno, la primacía del modelo liberal-thatcheriano durante estos últimos veinte años en detrimento de 'la sociedad', aquélla que no exisitia, según la Dama de Hierro. "Otra causa es que la economía también se ha desarrollado globalmente con poderes inmensos que sobrepasan los poderes de los estados y, por lo tanto, ha habido un desequilibrio creciente entre la potencia de la economía y del poder democrático. Eso, los ciudadanos lo perciben", sigue. La mediatización de la política, que homogeneiza los discursos y los devalúa, sería otro y, finalmente, el de la globalización. Lo dice así:Por una parte tiende a homogeneizar culturas, comportamientos, etc ... y, en la medida en que la gente ve que queda absorbida dentro de este marco más general de la comunicación global, tiene la reacción de afirmarse en sus identidades. Entonces crece la potencia del identitarismo, nacional, étnico, religioso, fundamentalista ... Una identidad única como defensa enfrente de las amenazas o incertidumbres que vienen del exterior.
Hay una diferencia sustancial entre algunas plataformas de la derecha independentista y de la izquierda que representamos. Para nosotros es fundamental la cuestión del modelo social y económico y consideramos que la confusión que se hace entre independentismo y ultraliberalismo es muy negativa (...) Es una de las cosas absurdas y delirantes que se producen en el mundo político catalán y sólo tiene un objetivo, que es colocar en una ERC rota a remolque de la procesión encabezada por el señor Artur Mas en un intento de restauración del gobierno de la derecha nacionalista en Cataluña.
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(...) Por contra, hay mucha gente que tiene posiciones soberanistas o independentistas pero que tiene la inteligencia, la clarividencia suficiente para ver que no está únicamente el discriminante de choque de identidades Cataluña contra España, sino que hay también un discriminante que es entre los que tienen y los que no tienen, la gente de derechas y la de izquierdas.(...) Por lo tanto, estos intentos de patrimonialización de Cataluña o de explotación al límite de la indecencia de los sentimientos de identidad de sus ciudadanos es una impostura que hay que denunciar. Una cosa es la identidad, otra es el identitarismo nacionalista y demagógico, y la otra es la conciencia colectiva de un catalanismo plural. Hoy, le aseguro, el problema de Cataluña no es el problema de la identidad catalana, es el problema de la cohesión y la conciencia colectiva y cualquier intento de fractura hablando de guetos, de lucha entre catalanes y españoles, de confrontación por motivos de origen, de idioma o de concepción política de lo que tiene que ser el porvenir de la nación catalana es una cosa que tenemos que denunciar con la máxima rotundidad. El peligro no es el peligro de una pérdida de identidad de Cataluña, sino que es el de la pérdida de conciencia colectiva del conjunto de los ciudadanos. Si en Cataluña fuéramos por la pendiente del euskaldonización, dividiendo el país, mitad y mitad, realmente se produciría un desastre que tenemos que evitar. Estoy seguro de que lo haremos.
Eso significa no únicamente mayor igualdad de condiciones económicas y sociales sino también, y éste es un tema fundamental, mayor igualdad de poder. Con una oleada de privatización de treinta años en todos los campos, se ha hablado mucho del sector público pero la más alarmante como fenómeno, también en casa nuestra, es la privatización del poder. No es moderno ni democrático que el destino de todos esté en manos de éstos pocos, unos centenares de personas que dominan los medios, los cuadros de opinión..., que esté privatizado.
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(...) Los partidos deber adaptarse a la red, a la gran oportunidad de la apertura, de la democratización, la participación comporta fundamentalmente una presencia horizontal, amplia, interactiva en internet. Deben adaptarse también al cambio de escala, ir convirtiéndose en partidos europeos y tienen que ser partidos que sepan combinar liderazgo y participación. ¿Los programas? Tienen que ser anticipadores, para aquello que viene, no sólo programas reactivos. Y lo que viene son sociedades muy fluidas con la presencia de inmigración, en nuestro caso muy importante, y con el reto fundamental de conciencia colectiva compartida. Lo que interesa no es que los hijos de un ciudadano venido del Marruecos o de Rumania se sientan identitariamente catalanes, sino que tengan la conciencia que forman parte de su pueblo de adopción, que son ciudadanos con los mismos derechos y deberes que los otros siete millones de ciudadanos de Cataluña. Por eso, contrapongo la prioridad de la conciencia colectiva y, por lo tanto, el catalanismo plural, abierto, inclusivo a lo que me parece la impostura y el peligro del identitarismo radicalizado que juega sus cartas en el juego furioso de identidades.


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