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El pasado domingo se celebró el 25 aniversario de la victoria socialista en España, uno de los hitos más importantes de la democracia. Con problemas mucho más importantes que hoy (en materia golpista, terrorista, de desarrollo constitucional, de crisis económica...), más gruesos, y sin muchos de los avances que hoy nos parecen normales (universalización de la salud, la educación y las pensiones), un grupo de jóvenes opositores al franquismo que habían sabido mirar más allá, ni que fuera por su edad, cogía las riendas del país.
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Abriendo ventanas, como en este spot, mirando adelante, como dice la única alocución en la voz de Felipe, con una confianza brutal en el país que querían cambiar de cuajo. Y lo hicieron. Y seguramente de aquellos pasos, también de la fatiga del camino que hicieron, viene el griterío de la eterna añoranza de una España que no confía en ella misma y que se expresa con tanta dureza.
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Però también de entonces, y de haber aprendido a vivir normalmente en una democracia (que quiere decir vivirn en carne propia sus contradicciones, sus límites, la cotidianidad después de la efervescencia, los excesos del entusiasmo, el mal de dentro...), viene un proyecto de cambio de otra Españ que lucha aún para la emancipación de la gente, de la gente más sencilla, de quienes aún no pueden decidir sobre su proyecto vital. Y que se concreta en la universalixación de la atención a la dependencia, el reconocimiento de las identidades y de las opciones personales, una política económica seria y competitiva, el horizonte de una Europa unida y fuertre, la atención preferencial por los más pobres (incremento de las pesniones mínimas, los planes de empleo, las leyes de vivienda...) y un estilo de gobierno que confía con la gente, nuevamente.
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versión en audio (en catalán)
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